Poesía Universal

Tomás Segovia

Biografía y amplia selección de poemas de Tomás Segovia. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Tomás Segovia. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Tomás Segovia

18 poemas seleccionados
1.

Algo debe morir cuando algo nace...

Algo debe morir cuando algo nace;
debe ser sofocado, y su 
		sustancia
chupada para ser riego o lactancia
en que otro ser su 
		urgencia satisface.

		
No habrá otra hora pues en que te abrace
mientras muerdo en la 
		cándida abundancia
de tus dos pechos; no habrá ya otra instancia

		en que tu cuerpo con mi cuerpo enlace;

		
no penetraré más en la garganta
anfractuosa de tu sexo alpino.

		Tú a otra luz amaneces; yo declino.

		
Mi degollado ardor tu altar levanta,
mi reprimida hambre te 
		alimenta,
y el yermo de mi lecho te cimenta.
2.

Arroyo

En la prisa de su ímpetu tiránico
No oye nada el arroyo
Desde 
		el foso sin bordes de su propio fragor
Desde aquí arriba
Se ve el 
		tropel de espaldas líquidas
Sin cesar arrojándose
Con la monótona 
		constancia
De un perpetuo desorden

		
Esta vehemencia se abalanza
Hacia un túnel del tiempo
Que no 
		debiera tener término

		
El arroyo perpetuamente empieza
Por siempre su después es otra 
		vez ahora

		
¡Ah sí! resiste
No te dejes salvar por mis palabras
No cedas 
		uno solo de tus ansiosos rasgos
A la imagen de ti
En la que te 
		amaré luego

		
Te juro que estoy mirándote
Fuera de este poema
Donde corro 
		contigo
Abrazado a un impulso y ciego a toda meta

		
Queriendo que mi vida igual que tú
No sepa nunca dónde acaba el 
		tiempo.
3.

Besos

Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica
primero uno a uno como una 
		hilera de gruesas gotas
anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia

		que revientan como claveles de sombra
luego de pronto todos juntos

		hundiéndose en tu gruta marina
chorro de besos sordos entrando hasta 
		tu fondo
perdiéndose como un chorro en el mar
en tu boca oceánica 
		de oleaje caliente
besos chafados blandos anchos como el peso de la 
		plastilina
besos oscuros como túneles de donde no se sale vivo

		deslumbrantes como el estallido de la fe
sentidos como algo que te 
		arrancan
comunicantes como los vasos comunicantes
besos 
		penetrantes como la noche glacial en que todos nos abandonaron
besaré 
		tus mejillas
tus pómulos de estatua de archilla adánica
tu piel 
		que cede bajo mis dedos
para que yo modele un rostro de carne 
		compacta 
		
                                                                   
		idéntico al tuyo
y besaré tus ojos más grandes que tú toda
y que 
		tú y yo juntos y la vida y la muerte
del color de la tersura
de 
		mirada asombrosa como encontrarse en la calle con 
		
                                                                              
		uno mismo
como encontrarse delante de un abismo
que nos obliga a 
		decir quién somos
tus ojos en cuyo fondo vives tú
como en el fondo 
		del bosque más claro del mundo
tus ojos que tú no conoces
que 
		miran con un gran golpe aturdidor
y me inmutan y me obligan a callar 
		y a ponerme serio
como si viera de pronto en una sola imagen
toda 
		la trágica indescifrable historia de la especie
tus ojos de esfinge 
		virginal
de silencio que resplandece como el hielo
tus ojos de 
		caída durante mil años en el pozo del olvido
besaré también tu cuello 
		liso y vertiginoso como un tobogán inmóvil
tu garganta donde la vida 
		se anuda como un fruto 
		
                                                              
		que se puede morder
tu garganta donde puede morderse la amargura
y 
		donde el sol en estado líquido circula por tu voz y tus venas
como un 
		cogñac ingrávido y cargado de electricidad
besaré tus hombros 
		construidos y frágiles como la ciudad 
		
                                                                         
		de Florencia
y tus brazos firmes como un río caudal
frescos como 
		la maternidad
rotundos como el momento de inspiración
tus brazos 
		redondos como la palabra de Roma
amorosos a veces como el amor de las 
		vacas por los terneros
y tus manos lisas y buenas como cucharas de 
		palo
tus manos incitadoras como la fiebre
o blandas como el regazo 
		de la madre del asesino
tus manos que apaciguan como saber que la 
		bondad existe
besaré tus pechos globos de ternura
besaré sobre 
		todo tus pechos más tibios que la convalescencia
y que pesan en el 
		hueco de mi mano como la evidencia 
		
                                                              
		en la mente del sabio
tus pechos pesados fluidos tus pechos de 
		mercurio solar
tus pechos anchos como un paisaje escogido 
		definitivamente
inolvidables como el pedazo de tierra donde habrán 
		
                                                                      
		de enterrarnos
calientes como las ganas de vivir
con pezones de 
		milagro y dulces alfileres
que son la punta donde de pronto acaba 
		chatamente
la fuerza de la vida y sus renovaciones
tus pezones de 
		botón para abrochar el paraíso
de retoño del mundo que echa flores de 
		puro júbilo
tus pezones submarinos de sabor a frescura
besaré mil 
		veces tus pechos que pesan como imanes
y cuando los aprieto se 
		desparraman como el son 
		
                                                                      
		en los trigales
tus pechos de luz materializada y de sangre 
		dulcificada
generosos como la alegría de aceptar la tristeza
tus 
		pechos en donde todo se resuelve
donde acaba la guerra la duda la 
		tortura
y las ganas de morirse
besaré tu vientre firme como el 
		planeta Tierra
tu vientre de llanura emergida del caos
de playa 
		rumorosa
de almohada para la cabeza del rey después de entrar a saco

		tu vientre misterioso cuna de la noche desesperada
remolino de la 
		rendición y del deslumbrante suicidio
donde la frente se rinde como 
		una espada fulminada
tu vientre montón de arena de oro palpitante

		montón de trigo negro cosechado en la luna
montón de tenebroso humos 
		incitante
tu vientre regado por los ríos subterráneos
donde aún 
		palpitan las convulsiones del parto de la tierra
tu vientre 
		contráctil que se endurece como un brusco 
		
                                                           
		recuerdo que se coagula
y ondula como las colinas
y palpita como 
		las capas más profundas del mar océano
tu vientre lleno de entrañas 
		de temperatura insoportable
tu vientre que ruge como un horno
o 
		que está tranquilo y pacificado como el pan
tu vientre como la 
		superficie de las olas
lleno hasta los bordes de mar de fondo y de 
		resacas
lleno de irresistible vértigo delicioso
como una caída en 
		un ascensor desbocado
interminable como el vicio y como él insensible

		tu vientre incalculadamente hermoso
valle en medio de ti en medio del 
		universo
en medio de mi pensamiento
en medio de mi beso auroral

		tu vientre plaza de todos
partido de luz y sombra y donde la muerte 
		trepida
suave al tacto como la espalda del toro negro de la muerte

		tu vientre de muerte hecha fuente para beber la vida 
		
                                                                   
		fuerte y clara
besaré tus muslos de catedral
de pinos paternales

		practicables como los postigos que se abren sobre 
		
                                                                       
		lo desconocido
tus muslos para ser acariciados como un recuerdo 
		pensativo
tensos como un arco que nunca se disparará
tus muslos 
		cuya línea representa la curva del curso de los tiempos
besaré tus 
		ingles donde anida la fragilidad de la existencia
tus ingles regadas 
		como los huertos mozárabes
translúcidas y blancas como la vía láctea

		besaré tu sexo terrible
oscuro como un signo que no puede nombrarse 
		sin tartamudear
como una cruz que marca el centro de los centros

		tu sexo de sal negra
de flor nacida antes que el tiempo
delicado y 
		perverso como el interior de las caracolas
más profundo que el color 
		rojo
tu sexo de dulce infierno vegetal
emocionante como perder el 
		sentido
abierto como la semilla del mundo
tu sexo de perdón para 
		el culpable sollozante
de disolución de la amargura y de mar 
		hospitalario
y de luz enterrada y de conocimiento
de amor de lucha 
		a muerte de girar de los astros
de sobrecogimiento de hondura de 
		viaje entre sueños
de magia negra de anonadamiento de miel embrujada

		de pendiente suave como el encadenamiento de las ideas
de crisol para 
		fundir la vida y la muerte
de galaxia en expansión
tu sexo 
		triángulo sagrado besaré
besaré besaré
hasta hacer que toda tú te 
		enciendas
como un farol de papel que flota locamente en la noche.
4.

Canciones sin su música

Porque te voy a ver tal vez mañana
y porque aún palpita aunque 
		dolido el tiempo
por un instante pacto con mi historia
puedo al 
		fin dar tu rostro a este abandono
poner mi nombre a aquél que 
		desangraste
llamar mi vida a este naufragio
saber que fue todo 
		verdad tu amor
y fue tu desamor verdad del todo
eras tú quien me 
		alzaba de la sombra
y hecha sombra impensable eras tú quien me hería

		confieso que te quise salvadora o maligna
mi esplendor o mi muerte 
		eran tu ministerio
y yo te amaba en todos tus poderes
todo lo supe 
		fue ese abismo el que quise
y hoy todavía para mí ya no hay mañana

		sino por la violencia con que espero
por mi bien o mi mal volver a 
		verte
una vez más una sola vez más
siempre una sola siempre
una 
		misma vez más.
5.

Confesión

El día,

		está tan bello

		que no puede mentir:

		comemos de su luz nuestro pan de verdad.

		

		Su cuerpo se desciñe

		y se tiende y se ofrece.

		Esta dicha no engaña: nada quiere.

		

		Di: ¿no es más fuerte

		que nuestro amor altivo de la muerte

		esta sencilla gracia equilibrada

		que nada

		ejerce?

		

		Pero cuánto pavor,

		violenta alma mediata,

		te infunde todavía esa burlona voz

		que a solas te susurra «estás salvada».

		

		No, no,

		tu destino ni ha muerto ni es tu esclavo.

		Soberbia y Miedo, confesad:

		la vida toda fue verdad.
6.

Contra mi tacto evocador me afano...

Contra mi tacto evocador me afano.
Con los más duros y ásperos 
		pertrechos
he trabajado hasta dejar deshechos
por el hierro los 
		dedos de esta mano.

		
Los quiero embrutecer, pero es en vano;
en sus fibras más 
		íntimas, maltrechos,
aún guardan la memoria de tus pechos,
su 
		tibia paz, su peso soberano.

		
Ni violencias ni cóleras impiden
que fieles y calladas a porfía

		mis manos sueñen siempre en su querencia,

		
ni mil heridas lograrán que olviden
que acariciaron largamente un 
		día
la piel del esplendor y su opulencia.
7.

Desnuda aún, te habías levantado...

Desnuda aún, te habías levantado
del lecho, y por los muslos te 
		escurría,
viscoso y denso, tibio todavía,
mi semen de tu entrada 
		derramado.

		
Encendida y dichosa, habías quedado
de pie en la media luz, y en 
		tu sombría
silueta, bajo el sexo relucía
un brillo astral de 
		mercurio exudado.

		
Miraba el tiempo absorto, en el espejo
de aquel instante, una 
		figura suya
definitiva y simple como un nombre:

		
mi semen en tus muslos, su reflejo
de lava mía en luz de luna 
		tuya
alba geológica en mujer y hombre.
8.

Dicho a ciegas

Di si eran 
		éstas las palabras
Míralas bien
Córtalas con cuidado
Y vamos a 
		guardarlas
Sepultadas debajo de la casa
Tesoro rescatado

		Devuelto al culto
Palabras guarecidas
Mantenidas en vida
Que de 
		secreto se alimentan
Reverenciadas en su catacumba
Ocultas 
		mientras dure afuera
         la locura lasciva del lenguaje
Para 
		sólo sacarlas
Cuando pisemos el silencio soberano
En la 
		omnisciente noche de la afasia
Y antes de que la clave se nos borre

		Mirarlas un instante en su esplendor
Carne verbal viviente en el 
		silencio
Inmaculadas concepciones
Rompedoras del círculo vicioso

		Otra vez mediadoras
Para que se hagan mutuos mediadores
Dos que 
		dicen tú y yo
Antes de que la noche del amor los borre
Mas todo 
		está fundado si al borrarse se hablan.
9.

Dime mujer dónde escondes tu misterio...

(Para Luci Fernández de Alba, que se sorprendió)

		
Dime mujer dónde escondes tu misterio
mujer agua pesada volumen 
		transparente
más secreta cuanto más te desnudas
cuál es la fuerza 
		de tu esplendor inerme
tu deslumbrante armadura de belleza
dime no 
		puedo ya con tantas armas
mujer sentada acostada abandonada 
		
enséñame el reposo el sueño y el olvido 
enséñame la lentitud del 
		tiempo
mujer tú que convives con tu ominosa carne
como junto a un 
		animal bueno y tranquilo
mujer desnuda frente al hombre armado

		quita de mi cabeza este casco de ira
cálmame cúrame tiéndeme sobre la 
		fresca tierra
quítame este ropaje de fiebre que me asfixia 
		
húndeme debilítame envenena mi perezosa sangre
mujer roca de la 
		tribu desbandada 
		
descíñeme estas mallas y cinturones de rigidez y miedo 
con que 
		me aterro y te aterro y nos separo 
		
mujer oscura y húmeda pantano edénico 
quiero tu ancha olorosa 
		robusta sabiduría
quiero volver a la tierra y sus zumos nutricios

		que corren por tu vientre y tus pechos y que riegan tu carne
quiero 
		recuperar el peso y la rotundidad
quiero que me humedezcas me 
		ablandes me afemines
para entender la feminidad la blandura húmeda 
		del mundo
quiero apoyada la frente en tu regazo materno
traicionar 
		al acerado ejército de los hombres
mujer cómplice única terrible 
		hermana
dame la mano volvamos a inventar el mundo los dos solos

		quiero no apartar nunca de ti los ojos
mujer estatua hecha de frutas 
		paloma crecida
déjame siempre ver tu misteriosa presencia
tu 
		mirada de ala y de seda y de lago negro
tu cuerpo tenebroso y 
		radiante plasmado de una vez sin titubeos
tu cuerpo infinitamente más 
		tuyo que para mí el mío
y que entregas de una vez sin titubeos sin 
		guardar nada
tu cuerpo pleno y uno todo iluminado de generosidad

		mujer mendiga pródiga puerto del loco Ulises
no me dejes olvidar 
		nunca tu voz de ave memoriosa
tu palabra imantada que en tu interior 
		pronuncias siempre desnuda
tu palabra certera de fulgurante 
		ignorancia
la salvaje pureza de tu amor insensato
desvariado sin 
		freno brutalizado enviciado
el gemido limpísimo de la ternura
la 
		pensativa mirada de la prostitución
la clara verdad cruda
del amor 
		que sorbe y devora y se alimenta
el invisible zarpazo de la 
		adivinación
la aceptación la comprensión la sabiduría sin caminos

		la esponjosa maternidad terreno de raíces
mujer casa del doloroso 
		vagabundo
dame a morder la fruta de la vida
la firme fruta de luz 
		de tu cuerpo habitado
déjame recostar mi frente aciaga
en tu grave 
		regazo de paraíso boscoso
desnúdame apacíguame cúrame de esta culpa 
		ácida
de no ser siempre armado sino sólo yo mismo.
10.

El extranjero

No le toques los pechos Extranjero
A esta sombra con fiebre que esta 
		noche
Anocheció tan hembra
Por los linderos de los residentes

		Todo el verano es de ellos
Escúchalos dichosamente extraviados
Sin 
		saber cómo hacer
Para entender bajo sus propias voces
Este lamento 
		de la plenitud
Que tan claro se oye en tu silencio
Y tienes que 
		vagar a solas
Por las quietas afueras de su fiesta
Y poner sólo 
		ecos distantes
En tu ramo nocturno en la sombra cortado
Y bañarte 
		tan solo en murmullos de espumas
No saben que su amo
Tiene en ti 
		un siervo más
Que también el verano te devuelve un rato
Tu corazón 
		con llaga
Nadie sabe aquí el nombre
De tu amor extranjero
Y 
		tienes que alejarte al borde de la noche
A decirlo a sus muertos

		Que duermen allá afuera y que piensan en ti
Tras sus pesados párpados 
		cerrados.
11.

El quemado

De la mañana a la tarde
me consumes, sol; me secas
con tu gran ojo 
		sin alma;
pero así la noche al fin
halla en mí el duro carbón

		que no podrá disolver,
y al corazón seco vuelve,
sombría y fresca, 
		la savia
que blanca le sorbió el día.
12.

En

brazos de la noche


		Está ya oscurecida la 
		hermosura;
los árboles desnudos
se mecen en la sombra,
y un 
		gran silencio vela suspendido.

		
En brazos de la noche
se guarda y perpetúa la promesa del día,

		la prometida plenitud del día
que cumple en sólo prometerse
un don 
		que nos inclina,
y nos fuerza, y nos basta.

		
De noche la hermosura a solas habla;
a solas en el aire solo

		late oculto el ardor de su promesa
sin cesar renovada.

		
Y a través de la noche,
desde el oscuro fondo de su entraña,

		nos guía y acompaña
heridos de esperanza, al nuevo día,

		
nuevamente a cumplir bajo el sol nuevo
su plenitud igual y 
		suficiente
de prometida nuestra sin fin, siempre la misma.
13.

En las fuentes

Quién desteje el amor 
		
Ése es quien me desteje 
No es nadie 
El amor se deshace solo 
		
Como la trenza del río 
      
		destrenzada en el mar 
		
No estoy de amor tejido 
Estoy tejido de tejerlo 

De sacar 
		de mis íngrimos telares
Este despótico trabajo
Eternamente 
		abandonando
      el fleco que se aleja
A 
		la disipación y su bostezo idiota
Y sólo escapo de su horror

		Recogiéndome todo sin recelo
En el lugar donde nace la trama.
14.

Encarnaciones

Hundido el rostro en tu 
		cabello, aspiro
el sofocante aliento de la noche
que allí 
		estancado humea y flota como el sueño.
Todo el inmenso espacio 
		pesadamente yace
sobre esta tibia tierra adormecida,
sobre el 
		cuarto y el lecho y nuestros miembros,
y la casi secreta agitación

		que mueve nuestros pechos.
No respiramos aire, respiramos silencio;

		un gran silencio inmóvil
que cubre nuestra piel desnuda
como 
		oscuros aceites.
                                  
		Y de pronto,
siento que mi ternura me desborda y anega,
que 
		también con la sombra te acaricio,
y te abrazo también con el 
		espacio,
y te rozo los labios con el aire;
que toda esta solícita 
		violencia
es también este vasto silencio conmovido
que arrojado de 
		bruces encima de nosotros
se asoma a nuestro amor,
y lo recorre 
		entero un estremecimiento,
sollozo cálido, ala del destino.
15.

Entre los tibios muslos te palpita...

Entre los tibios muslos te palpita
un negro corazón febril y 
		hendido
de remoto y sonámbulo latido
que entre oscuras raíces se 
		suscita;

		
un corazón velludo que me invita,
más que el otro cordial y 
		estremecido,
a entrar como en mi casa o en mi nido
hasta tocar el 
		grito que te habita.

		
Cuando yaces desnuda toda, cuando
te abres de piernas ávida y 
		temblando
y hasta tu fondo frente a mí te hiendes,

		
un corazón puedes abrir, y si entro
con la lengua en la entrada 
		que me tiendes,
puedo besar tu corazón por dentro.
16.

La música

A Alicia Urreta

No se ve por ningún lado la fuente de 
		silencio
el estanque de sombra la secreta semilla de tiempo
de 
		donde ella ha debido levantarse
sigilosa descalza alada
mujer 
		blanca y desnuda con un antifaz negro
en su danza de suspiros jugando 
		con el fuego
música silencio viviente tesoro de irónicas monedas 
		puras
chorro de enigmas deslumbrantes surtidor de inquietud
música 
		boca sellada diosa que nada dice
por qué me clavas en el alma este 
		imposible
de qué me estás hablando
qué atávica locura quieres 
		hacerme confesar
qué serpiente dormida quisieras despertarme

		adónde me arrastras por este túnel en que has convertido el tiempo
no 
		te rías no huyas deja de socavar la tierra bajo mis pies
adónde 
		quieres precipitarme
música abismo luminoso insidioso amor
música 
		vibración de la ausencia lluvia de heridas
lluvia de claros venenos

		lluvia de mudas preguntas sin respuesta
por qué me encadenas así al 
		latido del tiempo
ah insensata avasalladora soy tu esclavo sonámbulo

		espérame déjame tocarte enloquezco de libertad
dónde tenía yo estas 
		oscuras entrañas que me acaricias
dónde estaba mi pureza límpida como 
		el rayo
y que recibo ahora de tus manos de agua
música radiante de 
		confusión 
		
mina de luz lenguaje que gravita y gira
lenguaje astral silencio 
		al fin solar
lenguaje movedizo bandada de señas y de risas
sigue 
		durando no te acabes vive
sigue sigue fundando este imperio de éter

		no te mueras fuera de ti apenas toque el mundo
va a disiparse este 
		bloque de bondad que ha hecho de mí tu amor
espera llama helada no te 
		vayas
acaba de decir la última sílaba termina esa palabra

		materialízate detente formula ya el enigma
qué dices qué decías
ah 
		no me arrebates ya tan fugitivo este blanquísimo dolor...
17.

La semana sin ti

Quisiera haber nacido 
		de tu vientre,
haber vivido alguna vez dentro de ti,
desde que te 
		conozco soy más huérfano.


		¡Oh! gruta tierna,

		rojo edén caluroso.
Qué alegría haber sido esa ceguera!


		Quisiera que tu carne 
		se acordara
de haberme aprisionado,
que cuando me miraras
algo 
		se te encogiese en las entrañas,
que sintieras orgullo al recordar

		la generosidad sin par con que tu carne
desanudaste para hacerme 
		libre.


		Por ti he empezado a 
		descifrar
los signos de la vida,
de ti quisiera haberla recibido.
18.

Lluvia estival

En la apartada noche ya sin nadie,
tibia, agitada, leve cae la 
		lluvia,
sola para sí sola.

		
Íntima bailarina por la noche,
misteriosa, alocada,
gime allá, 
		vuela, ahoga aquí una risa,
caprichosa musita, se interrumpe,

		juguetona, inquietante,
viene y va, calla, desde lejos torna
con 
		sonreídas lágrimas,
va a decir algo que en suspiro muere.

		
Y huyendo con susurros
y voces de sirena,
deja en el aire un 
		mórbido perfume
de amor difunto en punzante recuerdo,

		
y en el alma el errático, incurable,
secreto amor de todas las 
		derivas...

Versos y pensamientos de Tomás Segovia

4 citas
« Algo debe morir cuando algo nace; / debe ser sofocado, y su »
Tomás Segovia · Algo debe morir cuando algo nace...
« En la prisa de su ímpetu tiránico / No oye nada el arroyo »
Tomás Segovia · Arroyo
« Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica / primero uno a uno como una »
Tomás Segovia · Besos
« Porque te voy a ver tal vez mañana / y porque aún palpita aunque »
Tomás Segovia · Canciones sin su música
Biblioteca poética

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