« Algo debe morir cuando algo nace; / debe ser sofocado, y su »
Tomás Segovia · Algo debe morir cuando algo nace...
Biografía y amplia selección de poemas de Tomás Segovia. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Tomás Segovia. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Algo debe morir cuando algo nace; debe ser sofocado, y su sustancia chupada para ser riego o lactancia en que otro ser su urgencia satisface. No habrá otra hora pues en que te abrace mientras muerdo en la cándida abundancia de tus dos pechos; no habrá ya otra instancia en que tu cuerpo con mi cuerpo enlace; no penetraré más en la garganta anfractuosa de tu sexo alpino. Tú a otra luz amaneces; yo declino. Mi degollado ardor tu altar levanta, mi reprimida hambre te alimenta, y el yermo de mi lecho te cimenta.
En la prisa de su ímpetu tiránico No oye nada el arroyo Desde el foso sin bordes de su propio fragor Desde aquí arriba Se ve el tropel de espaldas líquidas Sin cesar arrojándose Con la monótona constancia De un perpetuo desorden Esta vehemencia se abalanza Hacia un túnel del tiempo Que no debiera tener término El arroyo perpetuamente empieza Por siempre su después es otra vez ahora ¡Ah sí! resiste No te dejes salvar por mis palabras No cedas uno solo de tus ansiosos rasgos A la imagen de ti En la que te amaré luego Te juro que estoy mirándote Fuera de este poema Donde corro contigo Abrazado a un impulso y ciego a toda meta Queriendo que mi vida igual que tú No sepa nunca dónde acaba el tiempo.
Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica
primero uno a uno como una
hilera de gruesas gotas
anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia
que revientan como claveles de sombra
luego de pronto todos juntos
hundiéndose en tu gruta marina
chorro de besos sordos entrando hasta
tu fondo
perdiéndose como un chorro en el mar
en tu boca oceánica
de oleaje caliente
besos chafados blandos anchos como el peso de la
plastilina
besos oscuros como túneles de donde no se sale vivo
deslumbrantes como el estallido de la fe
sentidos como algo que te
arrancan
comunicantes como los vasos comunicantes
besos
penetrantes como la noche glacial en que todos nos abandonaron
besaré
tus mejillas
tus pómulos de estatua de archilla adánica
tu piel
que cede bajo mis dedos
para que yo modele un rostro de carne
compacta
idéntico al tuyo
y besaré tus ojos más grandes que tú toda
y que
tú y yo juntos y la vida y la muerte
del color de la tersura
de
mirada asombrosa como encontrarse en la calle con
uno mismo
como encontrarse delante de un abismo
que nos obliga a
decir quién somos
tus ojos en cuyo fondo vives tú
como en el fondo
del bosque más claro del mundo
tus ojos que tú no conoces
que
miran con un gran golpe aturdidor
y me inmutan y me obligan a callar
y a ponerme serio
como si viera de pronto en una sola imagen
toda
la trágica indescifrable historia de la especie
tus ojos de esfinge
virginal
de silencio que resplandece como el hielo
tus ojos de
caída durante mil años en el pozo del olvido
besaré también tu cuello
liso y vertiginoso como un tobogán inmóvil
tu garganta donde la vida
se anuda como un fruto
que se puede morder
tu garganta donde puede morderse la amargura
y
donde el sol en estado líquido circula por tu voz y tus venas
como un
cogñac ingrávido y cargado de electricidad
besaré tus hombros
construidos y frágiles como la ciudad
de Florencia
y tus brazos firmes como un río caudal
frescos como
la maternidad
rotundos como el momento de inspiración
tus brazos
redondos como la palabra de Roma
amorosos a veces como el amor de las
vacas por los terneros
y tus manos lisas y buenas como cucharas de
palo
tus manos incitadoras como la fiebre
o blandas como el regazo
de la madre del asesino
tus manos que apaciguan como saber que la
bondad existe
besaré tus pechos globos de ternura
besaré sobre
todo tus pechos más tibios que la convalescencia
y que pesan en el
hueco de mi mano como la evidencia
en la mente del sabio
tus pechos pesados fluidos tus pechos de
mercurio solar
tus pechos anchos como un paisaje escogido
definitivamente
inolvidables como el pedazo de tierra donde habrán
de enterrarnos
calientes como las ganas de vivir
con pezones de
milagro y dulces alfileres
que son la punta donde de pronto acaba
chatamente
la fuerza de la vida y sus renovaciones
tus pezones de
botón para abrochar el paraíso
de retoño del mundo que echa flores de
puro júbilo
tus pezones submarinos de sabor a frescura
besaré mil
veces tus pechos que pesan como imanes
y cuando los aprieto se
desparraman como el son
en los trigales
tus pechos de luz materializada y de sangre
dulcificada
generosos como la alegría de aceptar la tristeza
tus
pechos en donde todo se resuelve
donde acaba la guerra la duda la
tortura
y las ganas de morirse
besaré tu vientre firme como el
planeta Tierra
tu vientre de llanura emergida del caos
de playa
rumorosa
de almohada para la cabeza del rey después de entrar a saco
tu vientre misterioso cuna de la noche desesperada
remolino de la
rendición y del deslumbrante suicidio
donde la frente se rinde como
una espada fulminada
tu vientre montón de arena de oro palpitante
montón de trigo negro cosechado en la luna
montón de tenebroso humos
incitante
tu vientre regado por los ríos subterráneos
donde aún
palpitan las convulsiones del parto de la tierra
tu vientre
contráctil que se endurece como un brusco
recuerdo que se coagula
y ondula como las colinas
y palpita como
las capas más profundas del mar océano
tu vientre lleno de entrañas
de temperatura insoportable
tu vientre que ruge como un horno
o
que está tranquilo y pacificado como el pan
tu vientre como la
superficie de las olas
lleno hasta los bordes de mar de fondo y de
resacas
lleno de irresistible vértigo delicioso
como una caída en
un ascensor desbocado
interminable como el vicio y como él insensible
tu vientre incalculadamente hermoso
valle en medio de ti en medio del
universo
en medio de mi pensamiento
en medio de mi beso auroral
tu vientre plaza de todos
partido de luz y sombra y donde la muerte
trepida
suave al tacto como la espalda del toro negro de la muerte
tu vientre de muerte hecha fuente para beber la vida
fuerte y clara
besaré tus muslos de catedral
de pinos paternales
practicables como los postigos que se abren sobre
lo desconocido
tus muslos para ser acariciados como un recuerdo
pensativo
tensos como un arco que nunca se disparará
tus muslos
cuya línea representa la curva del curso de los tiempos
besaré tus
ingles donde anida la fragilidad de la existencia
tus ingles regadas
como los huertos mozárabes
translúcidas y blancas como la vía láctea
besaré tu sexo terrible
oscuro como un signo que no puede nombrarse
sin tartamudear
como una cruz que marca el centro de los centros
tu sexo de sal negra
de flor nacida antes que el tiempo
delicado y
perverso como el interior de las caracolas
más profundo que el color
rojo
tu sexo de dulce infierno vegetal
emocionante como perder el
sentido
abierto como la semilla del mundo
tu sexo de perdón para
el culpable sollozante
de disolución de la amargura y de mar
hospitalario
y de luz enterrada y de conocimiento
de amor de lucha
a muerte de girar de los astros
de sobrecogimiento de hondura de
viaje entre sueños
de magia negra de anonadamiento de miel embrujada
de pendiente suave como el encadenamiento de las ideas
de crisol para
fundir la vida y la muerte
de galaxia en expansión
tu sexo
triángulo sagrado besaré
besaré besaré
hasta hacer que toda tú te
enciendas
como un farol de papel que flota locamente en la noche.
Porque te voy a ver tal vez mañana y porque aún palpita aunque dolido el tiempo por un instante pacto con mi historia puedo al fin dar tu rostro a este abandono poner mi nombre a aquél que desangraste llamar mi vida a este naufragio saber que fue todo verdad tu amor y fue tu desamor verdad del todo eras tú quien me alzaba de la sombra y hecha sombra impensable eras tú quien me hería confieso que te quise salvadora o maligna mi esplendor o mi muerte eran tu ministerio y yo te amaba en todos tus poderes todo lo supe fue ese abismo el que quise y hoy todavía para mí ya no hay mañana sino por la violencia con que espero por mi bien o mi mal volver a verte una vez más una sola vez más siempre una sola siempre una misma vez más.
El día, está tan bello que no puede mentir: comemos de su luz nuestro pan de verdad. Su cuerpo se desciñe y se tiende y se ofrece. Esta dicha no engaña: nada quiere. Di: ¿no es más fuerte que nuestro amor altivo de la muerte esta sencilla gracia equilibrada que nada ejerce? Pero cuánto pavor, violenta alma mediata, te infunde todavía esa burlona voz que a solas te susurra «estás salvada». No, no, tu destino ni ha muerto ni es tu esclavo. Soberbia y Miedo, confesad: la vida toda fue verdad.
Contra mi tacto evocador me afano. Con los más duros y ásperos pertrechos he trabajado hasta dejar deshechos por el hierro los dedos de esta mano. Los quiero embrutecer, pero es en vano; en sus fibras más íntimas, maltrechos, aún guardan la memoria de tus pechos, su tibia paz, su peso soberano. Ni violencias ni cóleras impiden que fieles y calladas a porfía mis manos sueñen siempre en su querencia, ni mil heridas lograrán que olviden que acariciaron largamente un día la piel del esplendor y su opulencia.
Desnuda aún, te habías levantado del lecho, y por los muslos te escurría, viscoso y denso, tibio todavía, mi semen de tu entrada derramado. Encendida y dichosa, habías quedado de pie en la media luz, y en tu sombría silueta, bajo el sexo relucía un brillo astral de mercurio exudado. Miraba el tiempo absorto, en el espejo de aquel instante, una figura suya definitiva y simple como un nombre: mi semen en tus muslos, su reflejo de lava mía en luz de luna tuya alba geológica en mujer y hombre.
Di si eran
éstas las palabras
Míralas bien
Córtalas con cuidado
Y vamos a
guardarlas
Sepultadas debajo de la casa
Tesoro rescatado
Devuelto al culto
Palabras guarecidas
Mantenidas en vida
Que de
secreto se alimentan
Reverenciadas en su catacumba
Ocultas
mientras dure afuera
la locura lasciva del lenguaje
Para
sólo sacarlas
Cuando pisemos el silencio soberano
En la
omnisciente noche de la afasia
Y antes de que la clave se nos borre
Mirarlas un instante en su esplendor
Carne verbal viviente en el
silencio
Inmaculadas concepciones
Rompedoras del círculo vicioso
Otra vez mediadoras
Para que se hagan mutuos mediadores
Dos que
dicen tú y yo
Antes de que la noche del amor los borre
Mas todo
está fundado si al borrarse se hablan.
(Para Luci Fernández de Alba, que se sorprendió) Dime mujer dónde escondes tu misterio mujer agua pesada volumen transparente más secreta cuanto más te desnudas cuál es la fuerza de tu esplendor inerme tu deslumbrante armadura de belleza dime no puedo ya con tantas armas mujer sentada acostada abandonada enséñame el reposo el sueño y el olvido enséñame la lentitud del tiempo mujer tú que convives con tu ominosa carne como junto a un animal bueno y tranquilo mujer desnuda frente al hombre armado quita de mi cabeza este casco de ira cálmame cúrame tiéndeme sobre la fresca tierra quítame este ropaje de fiebre que me asfixia húndeme debilítame envenena mi perezosa sangre mujer roca de la tribu desbandada descíñeme estas mallas y cinturones de rigidez y miedo con que me aterro y te aterro y nos separo mujer oscura y húmeda pantano edénico quiero tu ancha olorosa robusta sabiduría quiero volver a la tierra y sus zumos nutricios que corren por tu vientre y tus pechos y que riegan tu carne quiero recuperar el peso y la rotundidad quiero que me humedezcas me ablandes me afemines para entender la feminidad la blandura húmeda del mundo quiero apoyada la frente en tu regazo materno traicionar al acerado ejército de los hombres mujer cómplice única terrible hermana dame la mano volvamos a inventar el mundo los dos solos quiero no apartar nunca de ti los ojos mujer estatua hecha de frutas paloma crecida déjame siempre ver tu misteriosa presencia tu mirada de ala y de seda y de lago negro tu cuerpo tenebroso y radiante plasmado de una vez sin titubeos tu cuerpo infinitamente más tuyo que para mí el mío y que entregas de una vez sin titubeos sin guardar nada tu cuerpo pleno y uno todo iluminado de generosidad mujer mendiga pródiga puerto del loco Ulises no me dejes olvidar nunca tu voz de ave memoriosa tu palabra imantada que en tu interior pronuncias siempre desnuda tu palabra certera de fulgurante ignorancia la salvaje pureza de tu amor insensato desvariado sin freno brutalizado enviciado el gemido limpísimo de la ternura la pensativa mirada de la prostitución la clara verdad cruda del amor que sorbe y devora y se alimenta el invisible zarpazo de la adivinación la aceptación la comprensión la sabiduría sin caminos la esponjosa maternidad terreno de raíces mujer casa del doloroso vagabundo dame a morder la fruta de la vida la firme fruta de luz de tu cuerpo habitado déjame recostar mi frente aciaga en tu grave regazo de paraíso boscoso desnúdame apacíguame cúrame de esta culpa ácida de no ser siempre armado sino sólo yo mismo.
No le toques los pechos Extranjero A esta sombra con fiebre que esta noche Anocheció tan hembra Por los linderos de los residentes Todo el verano es de ellos Escúchalos dichosamente extraviados Sin saber cómo hacer Para entender bajo sus propias voces Este lamento de la plenitud Que tan claro se oye en tu silencio Y tienes que vagar a solas Por las quietas afueras de su fiesta Y poner sólo ecos distantes En tu ramo nocturno en la sombra cortado Y bañarte tan solo en murmullos de espumas No saben que su amo Tiene en ti un siervo más Que también el verano te devuelve un rato Tu corazón con llaga Nadie sabe aquí el nombre De tu amor extranjero Y tienes que alejarte al borde de la noche A decirlo a sus muertos Que duermen allá afuera y que piensan en ti Tras sus pesados párpados cerrados.
De la mañana a la tarde me consumes, sol; me secas con tu gran ojo sin alma; pero así la noche al fin halla en mí el duro carbón que no podrá disolver, y al corazón seco vuelve, sombría y fresca, la savia que blanca le sorbió el día.
brazos de la noche Está ya oscurecida la hermosura; los árboles desnudos se mecen en la sombra, y un gran silencio vela suspendido. En brazos de la noche se guarda y perpetúa la promesa del día, la prometida plenitud del día que cumple en sólo prometerse un don que nos inclina, y nos fuerza, y nos basta. De noche la hermosura a solas habla; a solas en el aire solo late oculto el ardor de su promesa sin cesar renovada. Y a través de la noche, desde el oscuro fondo de su entraña, nos guía y acompaña heridos de esperanza, al nuevo día, nuevamente a cumplir bajo el sol nuevo su plenitud igual y suficiente de prometida nuestra sin fin, siempre la misma.
Quién desteje el amor
Ése es quien me desteje
No es nadie
El amor se deshace solo
Como la trenza del río
destrenzada en el mar
No estoy de amor tejido
Estoy tejido de tejerlo
De sacar
de mis íngrimos telares
Este despótico trabajo
Eternamente
abandonando
el fleco que se aleja
A
la disipación y su bostezo idiota
Y sólo escapo de su horror
Recogiéndome todo sin recelo
En el lugar donde nace la trama.
Hundido el rostro en tu
cabello, aspiro
el sofocante aliento de la noche
que allí
estancado humea y flota como el sueño.
Todo el inmenso espacio
pesadamente yace
sobre esta tibia tierra adormecida,
sobre el
cuarto y el lecho y nuestros miembros,
y la casi secreta agitación
que mueve nuestros pechos.
No respiramos aire, respiramos silencio;
un gran silencio inmóvil
que cubre nuestra piel desnuda
como
oscuros aceites.
Y de pronto,
siento que mi ternura me desborda y anega,
que
también con la sombra te acaricio,
y te abrazo también con el
espacio,
y te rozo los labios con el aire;
que toda esta solícita
violencia
es también este vasto silencio conmovido
que arrojado de
bruces encima de nosotros
se asoma a nuestro amor,
y lo recorre
entero un estremecimiento,
sollozo cálido, ala del destino.
Entre los tibios muslos te palpita un negro corazón febril y hendido de remoto y sonámbulo latido que entre oscuras raíces se suscita; un corazón velludo que me invita, más que el otro cordial y estremecido, a entrar como en mi casa o en mi nido hasta tocar el grito que te habita. Cuando yaces desnuda toda, cuando te abres de piernas ávida y temblando y hasta tu fondo frente a mí te hiendes, un corazón puedes abrir, y si entro con la lengua en la entrada que me tiendes, puedo besar tu corazón por dentro.
A Alicia Urreta No se ve por ningún lado la fuente de silencio el estanque de sombra la secreta semilla de tiempo de donde ella ha debido levantarse sigilosa descalza alada mujer blanca y desnuda con un antifaz negro en su danza de suspiros jugando con el fuego música silencio viviente tesoro de irónicas monedas puras chorro de enigmas deslumbrantes surtidor de inquietud música boca sellada diosa que nada dice por qué me clavas en el alma este imposible de qué me estás hablando qué atávica locura quieres hacerme confesar qué serpiente dormida quisieras despertarme adónde me arrastras por este túnel en que has convertido el tiempo no te rías no huyas deja de socavar la tierra bajo mis pies adónde quieres precipitarme música abismo luminoso insidioso amor música vibración de la ausencia lluvia de heridas lluvia de claros venenos lluvia de mudas preguntas sin respuesta por qué me encadenas así al latido del tiempo ah insensata avasalladora soy tu esclavo sonámbulo espérame déjame tocarte enloquezco de libertad dónde tenía yo estas oscuras entrañas que me acaricias dónde estaba mi pureza límpida como el rayo y que recibo ahora de tus manos de agua música radiante de confusión mina de luz lenguaje que gravita y gira lenguaje astral silencio al fin solar lenguaje movedizo bandada de señas y de risas sigue durando no te acabes vive sigue sigue fundando este imperio de éter no te mueras fuera de ti apenas toque el mundo va a disiparse este bloque de bondad que ha hecho de mí tu amor espera llama helada no te vayas acaba de decir la última sílaba termina esa palabra materialízate detente formula ya el enigma qué dices qué decías ah no me arrebates ya tan fugitivo este blanquísimo dolor...
Quisiera haber nacido de tu vientre, haber vivido alguna vez dentro de ti, desde que te conozco soy más huérfano. ¡Oh! gruta tierna, rojo edén caluroso. Qué alegría haber sido esa ceguera! Quisiera que tu carne se acordara de haberme aprisionado, que cuando me miraras algo se te encogiese en las entrañas, que sintieras orgullo al recordar la generosidad sin par con que tu carne desanudaste para hacerme libre. Por ti he empezado a descifrar los signos de la vida, de ti quisiera haberla recibido.
En la apartada noche ya sin nadie, tibia, agitada, leve cae la lluvia, sola para sí sola. Íntima bailarina por la noche, misteriosa, alocada, gime allá, vuela, ahoga aquí una risa, caprichosa musita, se interrumpe, juguetona, inquietante, viene y va, calla, desde lejos torna con sonreídas lágrimas, va a decir algo que en suspiro muere. Y huyendo con susurros y voces de sirena, deja en el aire un mórbido perfume de amor difunto en punzante recuerdo, y en el alma el errático, incurable, secreto amor de todas las derivas...
« Algo debe morir cuando algo nace; / debe ser sofocado, y su »
« En la prisa de su ímpetu tiránico / No oye nada el arroyo »
« Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica / primero uno a uno como una »
« Porque te voy a ver tal vez mañana / y porque aún palpita aunque »
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