« A una joven italiana / Aquel mes de febrero tiritaba en su albura »
Téophile Gautier
Téophile Gautier es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras...
Vida
Téophile Gautier es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Téophile Gautier
1.
Versión de Carlos Pujol
Versión de Carlos Pujol
A una joven italiana Aquel mes de febrero tiritaba en su albura de la escarcha y la nieve; azotaba la lluvia con sus rachas el ángulo de los negros tejados; tú decías: ¡Dios mío! ¿Cuándo voy a poder encontrar en los bosques las violetas que quiero? Nuestro cielo es llorón, en las tierras de Francia la estación es friolera como si aún fuera invierno, y se sienta a la lumbre; París vive entre fango cuando en tan bellos meses ya Florencia desgrana sus tesoros que adorna un esmalte de hierba. Mira, el árbol negruzco su esqueleto perfila; se engañó tu alma cálida con su dulce calor; no hay violetas excepto en tus ojos azules, y no hay más primavera que tu rostro encendido. Versión de Carlos Pujol
2.
El
El
arte Sí, es más bella la obra trabajada con formas más rebeldes, como el verso, o el ónice o el mármol o el esmalte. ¡Huyamos de postizas sujeciones! Pero acuérdate, oh Musa, de calzar, un estrecho coturno que te apriete. Rehúye siempre cualquier ritmo cómodo como un zapato demasiado grande en el que todo pie puede meterse. Y tú, escultor, rechaza la blandura del barro al que el pulgar puede dar forma, mientras la inspiración flota lejana; es mejor que te midas con carrara o con el paros * duro y exigente, que custodian los más puros contornos; o pídele quizá a Siracusa su bronce en que resalta firmemente el rasgo más altivo y delicioso; con la delicadeza de tu mano descubre dibujando en una veta de ágata el perfil del dios Apolo. Huye, pintor, de la acuarela y fija el color demasiado desvaído en el horno de los esmaltadores. Haz que sean azules las sirenas y retuerzan de cien modos distintos los heráldicos monstruos sus figuras; en el lóbulo triple de su nimbo, la Virgen con el Niño, en cuya mano hay la esfera con una cruz encima. Todo pasa. Tan sólo el arte fuerte posee la eternidad. Ãnicamente el busto sobrevive a la ciudad. Y la moneda rústica y austera que un labriego ha encontrado bajo tierra, recuerda que existió un emperador. Hasta los mismos dioses al fin mueren. Mas los versos perfectos permanecen y duran más que imágenes de bronce. Artista, esculpe, lima o bien cincela; que se selle tu sueño fluctuante en el bloque que opone resistencia.
3.
Humo
Humo
Bajo los árboles hay una choza corcovada; con el tejado vencido, rotas paredes y musgo en el umbral de la puerta. Ciega está por sus postigos la ventana, pero igual que cuando hace mucho frío se ve como un tibio aliento de la casa que respira. Un tirabuzón de humo gira en hilillos azules y así del alma encerrada en aquel tugurio lleva noticias frescas a Dios.
4.
Las palomas
Las palomas
En el collado aquel de los sepulcros una palmera y su penacho verde se yerguen donde acuden las palomas a anidar por la noche y guarecerse. Con el alba desertan de las ramas: como un collar que se desgrana, vemos -blancas, dispersas, en el aire azul- que algún tejado buscan aún más lejos. Todas las noches es un árbol mi alma donde se posan con las alas trémulas enjambres blancos de visiones locas para echar a volar cuando clarea. Versión de Carlos Pujol
5.
Lied
Lied
Es rosada la tierra en el abril, como la juventud, como el amor; y casi no se atreve, siendo virgen, a enamorarse de la Primavera. En junio, con un pálido semblante y el corazón turbado de deseos, con el Verano de tostada piel se apresura a ocultarse en los trigales. En agosto, bacante color cobre, al Otoño le ofrece sus dos pechos, con su piel atigrada se revuelca y hace brotar la sangre de las vides. En diciembre es la anciana que se encorva, empolvada de blanco por la escarcha; en sus sueños quisiera despertar al Invierno que ronca junto a ella. Versión de Carlos Pujol
6.
Lo que dicen las golondrinas
Lo que dicen las golondrinas
Aquí y allá se ven las secas hojas sobre campos de hierba amarillenta; desde el alba a la noche el viento es fresco, éste es el fin del tiempo de verano. Veo abrirse las flores que conserva el jardín como un último tesoro: quiere lucir la dalia su divisa, la maravilla su dorada toca. La lluvia en el estanque hace burbujas; y tienen conciliábulos extraños las golondrinas sobre los tejados: ¡Ya ha llegado el invierno con sus fríos! Se reúnen por cientos con el fin de llegar a un acuerdo sobre su éxodo. Una dice: «Qué bien se está en Atenas, viéndolo todo desde la muralla. Todos los años voy allí y anido en metopas del mismo Partenón. En los frisos mi nido disimula el hueco de una bala de cañón.» Otra dice: «Yo tengo mi cuartito en Esmirna, en el techo de un café; sus granos de ámbar cuentan los hayíes en el umbral que recalienta el sol. Entro y salgo, avezada como estoy a los rubios vapores de las pipas, y entre mares humosos rozo siempre los turbanes y feces al pasar.» Ésta dice: «Yo habito en un triglifo, en el frontón de un templo, allá en Baalbek; allí me poso y me sujeto, encima de mis crías de pico puntiagudo.» Otra dice: «Sabed mi dirección: Rodas, palacio de los caballeros; cada invierno mi tienda se alza allí en capiteles de negros pilares.» Y la quinta: «Yo voy a descansar, pues la edad no permite largos vuelos, en las blancas terrazas que hay en Malta, entre el azul del agua y el del cielo.» La sexta: «¡Hay que ver qué bien se está en El Cairo y sus altos minaretes! Recubro con el barro un ornamento y mi cuartel de invierno ya está listo.» «Pues yo tengo mi nido», dice la última «donde está la segunda catarata; el exacto lugar está indicado en el psen de un monarca de granito». «Mañana cuántas leguas», dicen todas, «nuestra bandada habrá dejado atrás, pardas llanuras, picos blancos, mares azules con bordados espumosos». Entre tanto chillido y aleteo, sobre estrechas cornisas de la altura, conversan entre sí las golondrinas viendo cómo la herrumbre invade el bosque. Comprendo las palabras que se dicen porque al fin el poeta es como un pájaro; pero, ay, está cautivo, y sus impulsos se rompen contra redes invisibles. ¡Alas quiero tener, dadme unas alas!, como dice aquel cántico de Rückert, para volar con ellas hacia el oro del sol, hacia la primavera verde.
Versos y pensamientos de Téophile Gautier
4 citas« arte / Sí, es más bella la obra trabajada »
« los árboles hay / una choza corcovada; »
« En el collado aquel de los sepulcros / una palmera y su penacho verde »
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