Poesía Universal

Ted Hughes

Ted Hughes es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras compo...

Biografía lírica

Vida

Ted Hughes es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Ted Hughes

8 poemas seleccionados
1.

El

señor Sartre medita sobre asuntos

                                                                                           
		de actualidad

		

     Encogido, en la enorme ala rota de su sombra,

		recrea el mundo en el interior de su cráneo, como el espectro de una 
		flor.

		

     Sus ojos son prisioneros del hecho

		de que sus manos se han convertido en moscas.

		

     Con sonrisas calaverales, las poblaciones de la tierra

		deambulan entre tumbas, como el hoguera apagada por la lluvia.


		     
		Bosteza, ladeando un ojo extinto

		hacia la mosca dormida en la tulipa.

		

     Pero su corazón sigue impertérrito...

		

     El pólipo fragmentador de cráneos de su cerebro, sobre 
		su diminuta raíz,

		se cierne irónico sobre él:

		

		los ángeles, susurra, son metáforas, a imagen del hombre,

		para diversión de la amiba.

		

     Sigue sentado en la estancia doblemente oscura,

		meditando en la raya carroñófaga.

		

     Y en sus alas, leves, blancas, como de ángel,

		y en los labios cupídicos del vientre nefasto.

		

     Y en el mar, esta lengua en su oreja, lamiendo la 
		última página.


		* * * * *

 


		II
2.

* * * * *

Kafka escribe

		

     Y él es un búho

		es un búho, «hombre», tatuado en el sobaco

		bajo el ala rota

		(aturdido por la luz cayó aquí mismo)

		bajo el ala rota de inmensa sombra que se agita sobre el suelo.

		

     Un hombre de impotentes plumas.


		* * * * *


		III
3.

Einstein

toca a Bach


		     
		Y cayó finalmente. Y la gran ala en trizas

		de sombra sobre el suelo.

		Su memoria eleva cuanto recuerda

		de ambos mundos, y unas pocas palabras.

		

     La fatigada máscara de arrugas, los ojos de luto,

		la tristeza del mono en su jaula.

		Estrella que mira estrellas a través de las paredes

		de una jaula llena de nada.

		

     Y ninguna perdiz cae

		de la nube. Ni maná

		para ángeles.

		Sólo la columna de fuego contrae su fuerza en una mota estelar.

		

     Ahora el sargazo de un solo grano de arena

		sería más dulce que un arroyo roquero

		e a una boca

		hendida por vapores estelares.

		

		Un petirrojo le vio andar...  ¡Emocionantel

		Pero las lágrimas casi vertidas fuéronse,

		una nube grande como su mano,

		una corona arrugada de relámpagos que no encontraban la tierra.

		

     Se inclina, orante, sobre música, como sobre un pozo.

		Pero es el calderón del átomo.

		Y es el ojo de Dios en el tifón.

		Es un horno, rugiente de llamas.

		

     Es una cuenca quemada y sin fondo

		llena de moscas

		en fugas

		y reza

		

		«¡Madre! ¡Madre!

                                    
		Oh madre

		

		mándame amor.»

		

                                    
		Pero las moscas

		las moscas se elevan en nube.


		Versión de Jesús 
		Pardo

		Antología poética Plaza & Janés, S.A., Editores 1971
4.

Canción

Dama, cuando la punta lunar te bendecía

		te hiciste fuego suave grácil como una nube;

		difíciles estrellas te nadaron el rostro;

		erecta estabas y era tu sombra mi lugar:

		te volviste y volvióse tu sombra entonces hielo,

                                   
		Oh, mi dama.

		

     Dama, cuando las aguas del mar te acariciaban,

		eras mármol de espuma, mas guardabas silencio.

		¿Cuándo nos abrirá la lápida su tumba?

		¿Cuándo nos cederán sus espumas las olas?

		Tú no perecerás ni volverás a casa,

                                  
		Oh, mi dama.

		

     Dama, cuando los vientos te besaban,

		música les volviste pues eras caracola.

		Yo sigo en pos del agua y de los vientos desde

		que los oyó mi alma rompiéndose en pedazos

		hurtados por vosotros, amantes desalmados,

                                 
		Oh, mi dama.

		

		Dama, piensa en el día cuando te habré perdido,

		la luna a manos llenas esparcerá sus sobras,

		las manos del mar, sucias del pecho de la tierra,

		la herrumbre del planeta bajo el tacto del viento,

		y mi cabeza, rota de amor, por fin tranquila

		entre mis manos que estarán llenas de polvo,

                                 
		Oh, mi dama.


		Versión de Jesús 
		Pardo

		Antología poética Plaza & Janés, S.A., Editores 1971
5.

Cómo

Cómo empezó a jugar el agua


		     
		Agua quería vivir

		fue al sol y volvió llorando

		Agua quería vivir

		fue a los árboles la quemaron volvió llorando

		La pudrieron volvió llorando

		Agua quería vivir

		fue a las flores la pisaron volvió llorando

		Quería vivir

		fue al vientre encontró sangre

		volvió llorando

		fue al vientre encontró cuchillo

		volvió llorando

		fue al vientre encontró gusano y podredumbre

		volvió llorando quería morir

		

     Fue al tiempo fue por la puerta de piedra

		volvió llorando

		fue por todo el espacio buscando nada

		volvió llorando quería morir

		

     Hasta que no le quedó lloro


		     
		Yacía en el fondo de todas las cosas

		

		completamente    agotada     
		completamente    claro todo

		

		Versión de Jesús Pardo

		Antología poética Plaza & Janés, S.A., Editores 1971
6.

Cuervo

Ego


		     
		Cuervo esperó a que Ulises se volviera

		gusano, y Cuervo lo comió.

		

     Luchando con las dos víboras de Hércules

		asfixió sin querer a Deyanira.

		

     El oro que rindieron las cenizas de Hércules

		es ahora electrodo en los sesos de Cuervo.

		

     Bebiendo sangre de Beowulfo y abrigándose

		con su piel, Cuervo alterna con fantasmas.

		

     Sus alas son el lomo rígido de su libro,

		él mismo única página, toda ella de tinta.

		

     Por eso mira al fondo del pasado

		como un gitano el vidrio del futuro,

		

		o un leopardo la selva pingüe.


		Versión de Jesús 
		Pardo

		Antología poética Plaza & Janés, S.A., Editores 1971
7.

Rodea mi cráneo lentamente aléjalo al espacio abierto.

El salmo de los jejenes


		El jején es de 
		linaje más antiguo que el hombre

                                                                          
		Proverbio

		

     Cuando los jejenes danzan en la tarde

		luchando en el aire, garabateando,

		y deshilachando su léxico loco,

		agitando su muda cábala

		bajo la sombra de las hojas

		

     Hojas sólo hojas

		contra las espesas saetas del sol

		contra las saetas del tardío sol

		a sus ojos frágiles y su ánimo oscuro

		

     Danzando

     Danzando

		en el aire escriben, lo que escriben borran

		anudan las letras, las hacen maraña

		y todo son yoyo de todos los otros

		

		Inmensos imanes en redor de un centro

		

     Ni escriben ni luchan pero cantan cantan

		que no son materia sus ciclos vitales

		que no tienen miedo del sol y que el único

		sol que tienen vive demasiado cerca

		rompe su canción de todos los soles

		que son ellos mismos soles de sí mismos

		su propio residuo

		suelto por la nada

		sus alas la llama van des dibujando

		cantando

		cantando

		

		que ellos son los clavos

		en los miembros ágiles del jején divino

		que el sufrir sonoro del viento ellos oyen

		por entre la hierba

		y de la colina nocturna el dolor

		y las poblaciones junto al cementerio

		vanse ensombreciendo más y más oscuras

		

     El viento se inclina con gritos raspantes

		y los aeropuertos y los tierrapuertos

		danzando en el viento

		la danza del viento, la danza mortal,

		en marjales húndense y entre la maleza

		y en ciudades como boñigas en polvo

		

     No así los jejenes, cuya agilidad

		ha sobrepasado ya estos umbrales

		y les pone a salvo de la hambrienta hierba

		danzando

		danzando

		a la sombra amiga de los sicómoros

		

		una danza que nunca cambia

		que da sus cuerpos a la hoguera

		

		sus rostros de momia no serán usados

		

		sus pequeños rostros barbudos tejiendo

		y sobrenadando en la nada, agítanse

		en el aire agítanse, agítanse

		y sus pies colgantes como pies de víctimas

		

     ¡Oh pequeños santos

		muertos de fatiga por sus propios cuerpos

		matando a fatiga a sus propios cuerpos

		sois vosotros ángeles del único cielo!


		     
		¡Dios es un jején todopoderoso!

		¡Sois la más potente de las nebulosas!

		Mis manos al aire vuelan, son locuras

		mi lengua en las hojas arriba

		y mis pensamientos se esconden

		

     Vuestra danza

		vuestra danza


		rodea mi cráneo 
		lentamente aléjalo   al   espacio abierto.


		Versión de Jesús 
		Pardo

		Antología poética Plaza & Janés, S.A., Editores 1971
8.

Estaciones

I

     De pronto su pobre cuerpo

		se quedó sin la defensa

		de su mente adormilada.

		

     Antes de que el funeral se diluyera,

		el féretro, como una lancha, se rompió a fuerza de sacudidas

		entre las grandes estrellas que nadaban por su ruta.

		

     Un rato

		

		el tallo del tulipán a la puerta superviviente

		y su chaqueta, y su esposa, y su última almohada

		cogidos unos a otros.

 


		II

     Comprendo los ojos hundidos

		de los viejos

		

		secos residuos

		

		rotos por mares que no podían vivir.


		III

     Eres extraño, sales de un huevo

		puesto por tu ausencia.

		

     En el gran vacío te sientas contento,

		mirlo entre nieve húmeda.

		

     Si pudieras hacer sólo una comparación:

		tu situación es tan triste que desistirías.

		

     Pero tú, desde el principio, rendido al vacío total,

		luego a él se lo dejas todo.

		

     Ausencia. Tu propia

		ausencia

		

		llora su reposo a través de tu música consumada,

		su capa oscura sobre tu alimentar.

		

		IV

     Ya digas, pienses, sepas

		o no, así es, así es, como

		sobre raíles sobre

		el cuello que dejan sus ruedas

		la cabeza con su vocabulario inútil,

		entre los plátanos azotados.


		Versión de Jesús 
		Pardo

		Antología poética Plaza & Janés, S.A., Editores 1971

Versos y pensamientos de Ted Hughes

4 citas
« señor Sartre medita sobre asuntos / de actualidad »
Ted Hughes · El
« Kafka escribe / Y él es un búho »
Ted Hughes · * * * * *
« toca a Bach / Y cayó finalmente. Y la gran ala en trizas »
Ted Hughes · Einstein
« Dama, cuando la punta lunar te bendecía / te hiciste fuego suave grácil como una nube; »
Ted Hughes · Canción
Biblioteca poética

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