Poesía Universal

Susana March

Biografía y amplia selección de poemas de Susana March. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Susana March. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Susana March

14 poemas seleccionados
1.

Amor

Me dolerás todavía muchas 
	veces.
Iré apartando sueños
y tú estarás al fondo de todos mis 
	paisajes.
Tú con tu misterio
y tu extraña victoria.
Amor, ¿quién te 
	ha dado esa fuerza de pájaro,
esa libre arrogancia
de mirar las 
	estrellas por encima del hombro?
¿Quién eres que destruyes
mi corazón 
	y puedo, sin embargo, existir?
¿Se vive en la muerte? Se vive
con el 
	alma en desorden y la carne
desmoronándose en el vacío?
Nunca te tuve 
	miedo
y, sin embargo, ahora te rehuyo
porque eres como un dios que me 
	hace daño
cada vez que me mira.
Abandonaré todo lo que me estorba,

	todo lo que dificulta la huida
y escaparé por la noche adelante,

	temerosa de ti, temerosa
de esta grandeza que intuyo,
de este fulgor, 
	de este cielo
que palpita en tus manos abiertas.
Me dolerás todavía 
	muchas veces
y cada vez me extasiaré en mi daño.
2.

A un hombre

Salvar este gran abismo del sexo
y luego, todo será sencillo.
Yo podré 
	decirte que soy feliz
o desdichada,
que amo todavía
irrealizables 
	cosas.
Tú me dirás tus secretos de hombre,
tu orfandad ante la vida,

	tu miserable grandeza.
Seremos dos hermanos,
dos amigos, dos almas

	que alientan por una misma causa.
Hace tiempo que dejé la coquetería

	olvidada en el rincón oscuro
y polvoriento
de mi primera, balbuciente 
	feminidad.
¡Ahora sólo quiero que me des la mano
con la fraternal 
	melancolía
de todos los seres que padecen el mismo destino!
No afiles, 
	porque soy mujer,
tu desdén o tu galantería,
no me des la limosna

	de tu caballerosidad insalvable y amarga.
3.

Apenas ayer mismo

¿Me reconocéis?
Hace poco, apenas ayer mismo,
yo era una muchacha

	con una grave voz de adolescente,
un cándido amor por la vida,
una 
	crédula fe.

	
¿Me reconocéis?

Apenas ayer mismo,
yo llevaba un traje de 
	colegiala,
un lazo azul celeste sobre el pecho,
una cartera de cuero 
	bajo el brazo,
me sabía de memoria todos los cuentos de hadas,
tenía 
	amigas
con calcetines blancos...

	
¿Me reconocéis?

Apenas ayer mismo,
yo acunaba a un niño 
	pequeño entre mis brazos,
besaba a un hombre por primera vez,
obedecía 
	las órdenes de mi madre,
dibujaba anagramas en las sábanas de boda.


	¿Me reconocéis?
Apenas 
	ayer mismo, yo era una mujer joven...
4.

Cada vez que levante los ojos.

..


	Cada vez que levante los 
	ojos
beberé toda el agua del cielo.
Su agua azul, temblorosa de 
	pájaros,
se me irá derramando por dentro.

	
Y allá donde las sombras mezquinas 
me despierten un mal pensamiento,

	allá donde se agiten las alas
nocturnas y vagas de tristes deseos,

	
formará el claro río una charca
de profundo y tersísimo espejo,

	zodiacales los signos en torno,
y la estrella de Sur en el centro.

	
Y si un día me siento agobiada 
de tener tanto cielo en el pecho

	me hundiré en una charca clarísima 
	
con un rayo de sol en el cuello.

Suicida de azules riberas,

	yaceré sobre un lodo arcangélico.
Un reposo de miles de años
me estará 
	acariciando los huesos...
5.

Compañeros

"...Mal vestido y triste,
                                
	voy caminando por la calle vieja".
                                                                            
	A. Machado 
                              
      


	Y yo te acompaño. Voy 
	contigo. Hablamos.
No nos separa nada: ni distancia, ni sexos.
Vamos 
	del brazo juntos, caminando
como dos compañeros.
A veces te detienes. 
	Levantas la cabeza.
Miras, sin ver, el cielo.
Y es como una cascada

	de luz sobre mis hombros tu silencio.
Sonríes contemplando
la inmensa 
	soledad del campo abierto,
y dices algo hermoso
sobre el río, los 
	álamos, el pueblo...
6.

Desdén

Después de todo, tú no me 
	haces falta.
Al fin, ¿quién eres tú? Nervios y sangre,
carne que ha de 
	podrirse en el sepulcro;
un puñado de polvo solamente.

	
Si he de morir después de haberte amado
¿la muerte me será más 
	llevadera?
¿Qué haré en la tumba con tus dulces besos
temblándome en 
	la boca descarnada?

	
¿Podré seguir soñando? ¿Habrás de darme
nueva vida quizá? ¡Eres tan 
	poco!
Nada importa que alientes si algún día
has de dejar de ser. Hoy 
	eres fuerte.

	
Mañana jugará un niño en el campo
con tus huesos antiguos, 
	destruidos.
¿Para qué un alma que no tienes,
que no tendrás jamás? ¡No 
	me haces falta!

	
Voy recogiendo pálidas estrellas,
hierba estelar con que formar mi 
	tumba.
Allá, en las sombras, tú estarás inmóvil.
¡Mas yo me agitaré en 
	las margaritas!
7.

Deseo

Ayúdame.
Estoy
ciega.

	Mi sed
me ciega.
Cúbreme.
Estoy desnuda.
Abre
las puertas

	de mi reino.
Esclavo mío,
asume
tu importancia,
dame
tu ley.


	Exijo
tu fuerza.

	¡Ámame!


	La tierra,
el viento,

	el fuego,
el mar
con su oleaje....
¿Qué importa,
di,
qué 
	importa?
Me bebo el Universo
en tus labios,
amante.
8.

De ti y de mí

Si 
	tú eres la montaña,
yo soy la flor, el aire, la llanura,
la fuente 
	limpia y pura,
el río que te baña,
la hondonada,
la cubre y el 
	paisaje;
el zafiro del cielo y la nube de encaje.
Todo y nada.

	
Tú eres lo duradero,
lo que persiste y queda, la verdad de las cosas.

	Yo soy como las rosas.
Doy mi perfume y muero.
Tú eres el titán
que 
	a fuerza de constancia perforaste las rocas.
Yo soy una de esas vírgenes 
	locas
que nunca saben donde van.

	
Inconstante y alada,
tan pronto rozo estrellas como me mancha el 
	lodo.
Lo quiero siempre todo, 
	
y nunca tengo nada.
Sí; tú eres el más fuerte
y el más bueno 
	quizás.
Tú sabes dónde vas.
Yo sólo voy donde quiere la suerte.

	
Nos encontramos un extraño día.
Tú el hierro; y la luz.
y nos 
	unimos en una misma cruz
de poesía.


	Si tú eres la montaña

	que aguarda sin temor el vendaval,
yo soy la fuente de cristal
que 
	florece en su extraña.


	Y no puedes conmigo,

	valeroso y profundo monte del Himalaya.
Para no sucumbir, necesitas que 
	vaya
a sembrar en ti mi trigo.
9.

Diciembre

Si 
	un día rompo a cantar,
todo cantará conmigo.

	
Esta mudez de los campos
se rasgará con mi grito.

Las nubes 
	vagan sin prisa
desnudándome el camino.

	
¡Qué desolado horizonte
en este mes de los fríos!

Hay un 
	revuelo de escarcha
sobre los jóvenes pinos.

	
Diciembre levanta un cáliz
de pájaros en exilio.

Yo dormida, 
	voy soñando
dulces lares encendidos...
10.

El

hijo

	

	¿Quién eras antes, dime?

	¿Un ángel? ¿Un príncipe de cuento?

	¿Tal vez un dios? ¿O un pájaro?

	¿O un álamo esbelto?

	¿Quién eras? ¿Un claro arroyo

	cruzando un verde bosque de abetos?

	¿El capullo de un jardín?¿ Un pedazo

	de viento?

	¿Quién eras antes, dime? ¿Por qué 

	diste a mi vida tanto deslumbramiento?

	Me basta con tocarte

	para que se me apacigüe el pensamiento.

	Y me basta con verte

	para sentirme a gusto con mi cuerpo.

	¿Quién eras, dime?¡Oh mago

	de mi ser descontento!

	Con tu varita mágica

	me vas cambiando los sueños,

	me vas cambiando la vida...

	¡Ya no me quejo!
11.

Enamorada

Hiéreme. No me importa.

	Duéleme en todo lo mío;
en mi sangre y mi alma,
en mi corazón y en mis 
	pensamientos.
Dame un hondo dolor
si no puedes darme un perdurable 
	gozo.
¡Está en mí como sea!
Mi vida va bordeando tus orillas
como 
	un río profundo, como un río
sin nacimiento y sin muerte,
dilatado en 
	tus márgenes, sujeto
al cauce que le des...
12.

Eternidad

Yo sé que estaba entonces 
	cuando nada existía...
Estaba allí, en las sombras de un valle solitario

	donde aún no fluía la música del agua.
Mi desnudez se alzaba sobre el 
	vago paisaje
como un grito de auxilio en el mortal vacío.
Fueron mis 
	senos las primeras flores,
y mi vientre la almohada de la vida;

	nacieron de mis ojos las estrellas
y mi mano encendió la viva antorcha

	de la continuidad. Bestias y plantas
latían a la vez en mis arterias.

	Avanzaba insegura entre las sombras
y a mi paso las tierras florecían....


	¡Ya ves si es vieja el alma 
	que te busca!
¡Qué corte de milenios la acompaña!
Presencié la 
	erupción de los volcanes,
el duro nacimiento de los montes;
vi 
	marchitarse inmensos vegetales
que ya no conocieron los humanos.
Y 
	hundida en las tinieblas inauditas,
escuché los aullidos de los monstruos

	que mataban la luz a cuchilladas.


	Heme aquí, tan antigua como 
	el mundo,
con este amor nacido de mi frente,
con esta enorme sed que 
	no he saciado.
No me exijas virginidad alguna.
Allá, en aquel silencio 
	pavoroso,
la Vida me violó bárbaramente...
Manchada estoy por la 
	humedad del musgo,
por la tierra y el fuego y la lascivia
milagrosa 
	del aire. Si me quieres,
tómame fecundada por los sueños,
preñada por 
	la gracia de los siglos.
13.

Hace

mucho tiempo...

                                                                     
	A Carmen Conde

	
Hace mucho tiempo: ayer.
-¡Qué palabra, ayer, más lejana!-
Ayer 
	había pájaros por todos los rincones del cielo,
era primavera en las 
	calles,
y también era primavera aquí, en mi piel,
debajo del vestido,

	debajo de los encajes
de mi enagua.
Sí, yo sentía la primavera
como 
	se siente el primer dolor del parto,
el primer beso en la boca,
la 
	primera deserción de un amigo.
Pero luego todo eso pasó.
Me acostumbré 
	a ser dañada y poseída,
a renunciar y a equivocarme.
Me acostumbré a 
	ser una mujer indiferente
y discreta,
que apenas permite que le suban 
	a los labios
los tumultos del corazón.
Digo: «Buenos días», sonrío al 
	vecino,
tengo amigos plácidos que no me comprenden,
y envejezco un 
	poco
todas las mañanas...
Me miro al espejo,
me encojo de hombros.

	¿Soy yo? ¡Qué me importa! Va la primavera
lejana
por valles,
por 
	montes azules...
Va la primavera -¡quién lo sabe!- lejos.
Yo ya no la 
	siento.
Yo estoy como muerta.
14.

He cambiado todas mis rosas por un lugar cerca del fuego...

He cambiado todas mis rosas 
	por un lugar cerca del fuego, 
por el sosiego de mi alma la negra seda de 
	mi pelo, 
	
he vendido mis esperanzas por un puñado de recuerdos, 
mi corazón por 
	un reloj que sólo cuenta el tiempo muerto, 
	
mi última moneda de oro se la di de limosna al viento, 
ahora ya no 
	me queda nada, desnuda estoy como el desierto, 
	
un oasis de mansedumbre está brotándome en el pecho.

Versos y pensamientos de Susana March

4 citas
« Me dolerás todavía muchas / veces. »
Susana March · Amor
« Salvar este gran abismo del sexo / y luego, todo será sencillo. »
Susana March · A un hombre
« ¿Me reconocéis? / Hace poco, apenas ayer mismo, »
Susana March · Apenas ayer mismo
« Cada vez que levante los / ojos »
Susana March · Cada vez que levante los ojos.
Biblioteca poética

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