Poesía Universal

Sully Prudhome

Sully Prudhome es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras c...

Biografía lírica

Vida

Sully Prudhome es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Sully Prudhome

8 poemas seleccionados
1.

A

la orilla


		Sentarse los dos a la orilla del agua que pasa 
y verla pasar. Si se 
		desliza una nube en el espacio, 
		
verla, los dos, deslizarse. 
Si en el horizonte humea un tejado 
		de paja, 
		
verlo humear. 
Si alguna flor perfuma los alrededores, 

		perfumarse en ella también. 
		
Si nos apetece algún fruto 
que prueban las abejas, 
probarlo. 
		
Si en los bosques que lo escuchan, 
canta algún pájaro, 

		escuchar. 
		

A los pies de un sauce 
donde el agua murmura, 
oír el 
		agua murmurar, 
		
y no sentir pasar el tiempo 
mientras dura ese sueño, 
ni 
		poner una pasión profunda 
		
más que en adorarse. 

No preocuparse de las mundanales 
		querellas, 
		
ignorarlas. 
¡Y, solos, felices sin cansarse ante todo lo que 
		cansa, 
		
sentir, ante todo lo que pasa, 
no pasar el amor!


		
		Versión de Max Grillo
2.

Aquí abajo

Aquí  todas las lilas 
en la tarde fenecen,
todos los cantos 
		de las aves pasan.
¡Yo sueño con estíos que perfuman
eternamente!

		
Aquí los labios besan
con un calor muy breve.
Yo sueño con 
		besos que no terminan jamás... 
		

Aquí a todos los hombres
esclaviza la muerte,
todos lloran 
		amores o amistades.
Yo sueño  con lazos que  perduran

		eternamente...


		
		Versión de Max Grillo
3.

Cadenas

Queriendo amarlo todo creció mi desventura,
y así de mi martirio 
		multipliqué las fuentes.
De mi ser parten lazos frágiles y dolientes

		hacia todas las cosas, para toda criatura.

		
Mi corazón atraen con igual atractivo
la Verdad con sus faros, lo 
		Ignoto con sus velos;
por un rayo de oro van al sol mis anhelos;

		voy, en la blonda red de una estrella, cautivo.

		
La cadencia es cadena que mi alma esclaviza;
encadenan mi mano 
		los pétalos que toca;
a mis ojos, cadena les pone una sonrisa,

		cadena es en mis labios el roce de una boca.

		
De tan caducos lazos mi existencia va uncida;
ser cautivo de todo 
		lo que adoro es mi suerte;
a su menor quebranto suspensa está mi vida

		cual si diera llamadas en mi pecho la Muerte.


		
		Versión de Carlos López Narváez
4.

Versión de Miguel Antonio Caro

Combatientes íntimos

¿Y pasto del amor serás inerte?
¿Ni 
		voluntad bastante
tienes para pugnar osado y fuerte
y a la insana 
		pasión sobreponerte
  con ánimo arrogante.

		
Cual sobre el tigre el domador se asienta.
Habiéndole rendido,

		y con mano terrífica y sangrienta
le mantiene postrado, ¿y le 
		amedrenta
   aun después que ha mordido?

		
Metido él en la jaula, en sí confía,
y protección no espera;

		nadie con él terciara en tal porfía,
ni el tácito lenguaje hablar 
		sabría
   con que él doma a la fiera.

		
Ni hay quien, en pugna tú y el apetito,
te auxilie ni rescate;

		nadie, tú bajo el diente, oirá tu grito;
vencerás o caerás, santo o 
		precito,
   en singular combate.


		
		Versión de Miguel Antonio Caro
5.

El

búcaro roto


		El vaso donde muere esta verbena
un golpe de abanico lo rompió
el 
		golpe lo debió rozar apenas,
pues ni un leve ruido se advirtió.

		Mas no obstante, la leve rozadura
fue rajando el cristal muy 
		lentamente
y con avance invisible y muy seguro
completamente roto 
		lo dejó. 
		

El agua ha huido, gota tras gota
y el jugo de las flores se 
		ha secado ya
nadie nota la leve rajadura
mas no lo toquéis, está 
		quebrado.

		
Así también la mano más amada
rozando el corazón hace una herida;

		y el corazón, después, por sí se rompe
y la flor de un amor pierde la 
		vida.

		
A los ojos del amor sigue intacto
pero siente crecer, tan 
		resignado
la herida cruel que lleva allá en su fondo
Mas no lo 
		toquéis: ¡el búcaro roto está!


		
		Versión de Max Grillo
6.

La costumbre

La costumbre es una forastera 
que suplanta a nuestra razón, 
		
una vieja ama de casa que se instala en el hogar. 
Es discreta, 
		humilde y leal. 
		
Conoce todos los rincones. 
Nunca nos ocupamos de ella 
porque 
		sus atenciones son invisibles. 
		

Conduce los pasos del hombre 
por el camino que él hubiera 
		elegido. 
		
Sabe los fines que este persigue 
sin que él haya de 
		señalárselos, 
		
y le dice con voz queda: «Por aquí. »

Trabajando en silencio 
		para nosotros 
		
con ademán seguro y siempre idéntico, 
tiene la vigilancia en la 
		mirada 
		
y la dulzura del sueño en los labios. 
Pero imprudente aquel 

		que se abandone a su yugo, una vez conocido! 
		

Esta vieja de paso monótono 
va adormeciendo la joven 
		libertad, 
		
y todos los que, insensiblemente, 
se han dejado ganar por su 
		fuerza oscura, 
		
son hombres por la fisonomía, 
pero son cosas por los 
		movimientos. 
		

Versión de Max Grillo
7.

Las

cadenas


		Deseé amarlo todo y ahora soy desgraciado, 
		
porque he multiplicado las causas de mis penas. 
Innumerables 
		lazos sutiles y dolorosos 
		
unen mi alma a las cosas en todo el universo. 

Todo me atrae 
		al mismo tiempo 
		
y con igual atractivo: lo cierto, por sus resplandores, 
y lo 
		desconocido por sus velos. 
		
Un estremecido trazo de oro une mi corazón al sol, 
y largos 
		hilos de seda lo enlazan con las estrellas. 
		

La armonía me encadena al aire melodioso, 
la suavidad del 
		terciopelo a las rosas que acaricio. 
		
He hecho de una sonrisa cadena de mis ojos, 
y de un beso cadena 
		de mi boca. 
		

Mi vida pende de esos frágiles lazos, 
y estoy cautivo de los 
		mil seres que amo. 
		
A la menor sacudida que un soplo les imprime, 
siento que se 
		desgarra algo de mí mismo. 
		


		
		Versión de Max Grillo
8.

Las flores

¡Insensato poeta! En todo cuanto ves 
prendes una cuerda de lira y 
		nos dices: 
		
«¡Inclinaos, escuchad como todo respira!»
¡Ay! ¡Es cierto! ¡Es la 
		voz!

		
Las flores no respiran. Un soplo errante 
les arrebata su aroma 
		al pasar, 
		
y ese suspiro no pidió nunca gracia para ellas 
a los inviernos 
		destructores. 
		

Y, sin embargo, ¡tiene tanta ternura 
la belleza de las 
		flores! ¿Será posible 
		
que no tengan amor? ¿No las veis cómo 
se tienden al calor y se 
		vuelven hacia la luz?

		
La ligera risa del alba, que es su madre 
y su amiga, despabila 
		su sueño. 
		
¿No habrá causado a la menos dormida de todas 
una sensación de 
		despertar?

		
¿No concebís el alma liberada de ideas, 
un corazón completamente 
		puro, 
		
unos labios que sólo se dirigen a la llama, 
unas flores que sólo 
		buscan el azul?

		
En la convalecencia, cuando vivimos como ellas, 
dejándonos en 
		las manos de Dios, 
		
el más discreto saludo del sol a las pupilas 
nos hace sonreír. 
		

Cuando la vida nos entorna sus puertas, 
las plantas son 
		nuestras hermanas, 
		
y entonces comprendemos el hermético sueño de las rosas 
y sus 
		vagas dulzuras. 
		

Por débiles que estemos, 
sentimos la dulzura de seguir 
		vegetando, 
		
y de dar gracias a un amigo ignorado 
por aquel beso recibido. 
		
Lo mismo ocurre con las flores. 
Esos frágiles seres tienen 
		también caprichos, 
		
y en su efímera vida hay horas agradables. 
No desconocen los 
		placeres. 
		

La planta, resignada, 
ama el lugar en que su pie descansa, 
		
y bendice el camino, feliz por abrirse 
a todo lo qua la 
		acaricia, 
		
y por perfumar la mano;
por hacer una visita intercambiando un 
		sueño 
		
en alas del aire mensajero, y por ofrecer llorando 
lo mejor de 
		su savia a un amante versátil; 
		
por decir: «Tómame: yo lo haré más bonita, 
niña que puedes 
		correr; en tus mano podré viajar, 
		
aunque haya de morir después. 

«Quiero ir al baile y reinar 
		lánguidamente 
		
en un hermoso búcaro. Ver el mundo, agradarle 
y acabar en un 
		éxtasis, 
		
a la sombra, prendida sobre un corazón.»

Versión de Max 
		Grillo

Versos y pensamientos de Sully Prudhome

4 citas
« la orilla / Sentarse los dos a la orilla del agua que pasa »
Sully Prudhome · A
« Aquí todas las lilas / en la tarde fenecen, »
Sully Prudhome · Aquí abajo
« Queriendo amarlo todo creció mi desventura, / y así de mi martirio »
Sully Prudhome · Cadenas
« Combatientes íntimos / ¿Y pasto del amor serás inerte? »
Sully Prudhome · Versión de Miguel Antonio Caro
Biblioteca poética

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