« la orilla / Sentarse los dos a la orilla del agua que pasa »
Sully Prudhome
Sully Prudhome es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras c...
Vida
Sully Prudhome es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Sully Prudhome
1.
A
A
la orilla Sentarse los dos a la orilla del agua que pasa y verla pasar. Si se desliza una nube en el espacio, verla, los dos, deslizarse. Si en el horizonte humea un tejado de paja, verlo humear. Si alguna flor perfuma los alrededores, perfumarse en ella también. Si nos apetece algún fruto que prueban las abejas, probarlo. Si en los bosques que lo escuchan, canta algún pájaro, escuchar. A los pies de un sauce donde el agua murmura, oír el agua murmurar, y no sentir pasar el tiempo mientras dura ese sueño, ni poner una pasión profunda más que en adorarse. No preocuparse de las mundanales querellas, ignorarlas. ¡Y, solos, felices sin cansarse ante todo lo que cansa, sentir, ante todo lo que pasa, no pasar el amor! Versión de Max Grillo
2.
Aquí abajo
Aquí abajo
Aquí todas las lilas en la tarde fenecen, todos los cantos de las aves pasan. ¡Yo sueño con estíos que perfuman eternamente! Aquí los labios besan con un calor muy breve. Yo sueño con besos que no terminan jamás... Aquí a todos los hombres esclaviza la muerte, todos lloran amores o amistades. Yo sueño con lazos que perduran eternamente... Versión de Max Grillo
3.
Cadenas
Cadenas
Queriendo amarlo todo creció mi desventura, y así de mi martirio multipliqué las fuentes. De mi ser parten lazos frágiles y dolientes hacia todas las cosas, para toda criatura. Mi corazón atraen con igual atractivo la Verdad con sus faros, lo Ignoto con sus velos; por un rayo de oro van al sol mis anhelos; voy, en la blonda red de una estrella, cautivo. La cadencia es cadena que mi alma esclaviza; encadenan mi mano los pétalos que toca; a mis ojos, cadena les pone una sonrisa, cadena es en mis labios el roce de una boca. De tan caducos lazos mi existencia va uncida; ser cautivo de todo lo que adoro es mi suerte; a su menor quebranto suspensa está mi vida cual si diera llamadas en mi pecho la Muerte. Versión de Carlos López Narváez
4.
Versión de Miguel Antonio Caro
Versión de Miguel Antonio Caro
Combatientes íntimos ¿Y pasto del amor serás inerte? ¿Ni voluntad bastante tienes para pugnar osado y fuerte y a la insana pasión sobreponerte con ánimo arrogante. Cual sobre el tigre el domador se asienta. Habiéndole rendido, y con mano terrífica y sangrienta le mantiene postrado, ¿y le amedrenta aun después que ha mordido? Metido él en la jaula, en sí confía, y protección no espera; nadie con él terciara en tal porfía, ni el tácito lenguaje hablar sabría con que él doma a la fiera. Ni hay quien, en pugna tú y el apetito, te auxilie ni rescate; nadie, tú bajo el diente, oirá tu grito; vencerás o caerás, santo o precito, en singular combate. Versión de Miguel Antonio Caro
5.
El
El
búcaro roto El vaso donde muere esta verbena un golpe de abanico lo rompió el golpe lo debió rozar apenas, pues ni un leve ruido se advirtió. Mas no obstante, la leve rozadura fue rajando el cristal muy lentamente y con avance invisible y muy seguro completamente roto lo dejó. El agua ha huido, gota tras gota y el jugo de las flores se ha secado ya nadie nota la leve rajadura mas no lo toquéis, está quebrado. Así también la mano más amada rozando el corazón hace una herida; y el corazón, después, por sí se rompe y la flor de un amor pierde la vida. A los ojos del amor sigue intacto pero siente crecer, tan resignado la herida cruel que lleva allá en su fondo Mas no lo toquéis: ¡el búcaro roto está! Versión de Max Grillo
6.
La costumbre
La costumbre
La costumbre es una forastera que suplanta a nuestra razón, una vieja ama de casa que se instala en el hogar. Es discreta, humilde y leal. Conoce todos los rincones. Nunca nos ocupamos de ella porque sus atenciones son invisibles. Conduce los pasos del hombre por el camino que él hubiera elegido. Sabe los fines que este persigue sin que él haya de señalárselos, y le dice con voz queda: «Por aquí. » Trabajando en silencio para nosotros con ademán seguro y siempre idéntico, tiene la vigilancia en la mirada y la dulzura del sueño en los labios. Pero imprudente aquel que se abandone a su yugo, una vez conocido! Esta vieja de paso monótono va adormeciendo la joven libertad, y todos los que, insensiblemente, se han dejado ganar por su fuerza oscura, son hombres por la fisonomía, pero son cosas por los movimientos. Versión de Max Grillo
7.
Las
Las
cadenas Deseé amarlo todo y ahora soy desgraciado, porque he multiplicado las causas de mis penas. Innumerables lazos sutiles y dolorosos unen mi alma a las cosas en todo el universo. Todo me atrae al mismo tiempo y con igual atractivo: lo cierto, por sus resplandores, y lo desconocido por sus velos. Un estremecido trazo de oro une mi corazón al sol, y largos hilos de seda lo enlazan con las estrellas. La armonía me encadena al aire melodioso, la suavidad del terciopelo a las rosas que acaricio. He hecho de una sonrisa cadena de mis ojos, y de un beso cadena de mi boca. Mi vida pende de esos frágiles lazos, y estoy cautivo de los mil seres que amo. A la menor sacudida que un soplo les imprime, siento que se desgarra algo de mí mismo. Versión de Max Grillo
8.
Las flores
Las flores
¡Insensato poeta! En todo cuanto ves prendes una cuerda de lira y nos dices: «¡Inclinaos, escuchad como todo respira!» ¡Ay! ¡Es cierto! ¡Es la voz! Las flores no respiran. Un soplo errante les arrebata su aroma al pasar, y ese suspiro no pidió nunca gracia para ellas a los inviernos destructores. Y, sin embargo, ¡tiene tanta ternura la belleza de las flores! ¿Será posible que no tengan amor? ¿No las veis cómo se tienden al calor y se vuelven hacia la luz? La ligera risa del alba, que es su madre y su amiga, despabila su sueño. ¿No habrá causado a la menos dormida de todas una sensación de despertar? ¿No concebís el alma liberada de ideas, un corazón completamente puro, unos labios que sólo se dirigen a la llama, unas flores que sólo buscan el azul? En la convalecencia, cuando vivimos como ellas, dejándonos en las manos de Dios, el más discreto saludo del sol a las pupilas nos hace sonreír. Cuando la vida nos entorna sus puertas, las plantas son nuestras hermanas, y entonces comprendemos el hermético sueño de las rosas y sus vagas dulzuras. Por débiles que estemos, sentimos la dulzura de seguir vegetando, y de dar gracias a un amigo ignorado por aquel beso recibido. Lo mismo ocurre con las flores. Esos frágiles seres tienen también caprichos, y en su efímera vida hay horas agradables. No desconocen los placeres. La planta, resignada, ama el lugar en que su pie descansa, y bendice el camino, feliz por abrirse a todo lo qua la acaricia, y por perfumar la mano; por hacer una visita intercambiando un sueño en alas del aire mensajero, y por ofrecer llorando lo mejor de su savia a un amante versátil; por decir: «Tómame: yo lo haré más bonita, niña que puedes correr; en tus mano podré viajar, aunque haya de morir después. «Quiero ir al baile y reinar lánguidamente en un hermoso búcaro. Ver el mundo, agradarle y acabar en un éxtasis, a la sombra, prendida sobre un corazón.» Versión de Max Grillo
Versos y pensamientos de Sully Prudhome
4 citas« Aquí todas las lilas / en la tarde fenecen, »
« Queriendo amarlo todo creció mi desventura, / y así de mi martirio »
« Combatientes íntimos / ¿Y pasto del amor serás inerte? »
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