Poesía Universal

Silvina Ocampo

Biografía y amplia selección de poemas de Silvina Ocampo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Silvina Ocampo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Silvina Ocampo

13 poemas seleccionados
1.

A veces te contemplo en una rama...

A veces te contemplo en 
		una rama,
en una forma, a veces horrorosa,
en la noche, en el 
		barro, en cualquier cosa,
mi corazón entero arde en tu llama.


		Y sé que el cielo entre 
		tus labios me ama,
que el aire forma tu perfil de diosa
de oro y 
		de piedra, sola y orgullosa,
que nadie existirá si no te llama.


		Entre tus manos quedaré 
		indefensa,
no viviré si no es para buscarte
y cruzaré el dolor 
		para adorarte,


		pues siempre me darás 
		tu recompensa,
que es mucho más de lo que te he pedido
y casi todo 
		lo que habré querido.
2.

Al rencor

No 
		vengas, te conjuro, con tus piedras;
con tu vetusto horror con tu 
		consejo;
con tu escudo brillante con tu espejo;
con tu verdor 
		insólito de hiedras.

		
En aquel árbol la torcaza es mía;
no cubras con tus gritos su 
		canción;
me conmueve, me llega al corazón,
repudia el mármol de tu 
		mano fría.

		
Te reconozco siempre. No, no vengas.
Prometí no mirar tu aviesa 
		cara
cada vez que lloré sola en tu avara
desolación. Y si de mí te 
		vengas,

		
que épica sea al menos tu venganza
y no cobarde, oscura, 
		impenitente,
agazapada en cada sombra ausente,
fingiendo que jamás 
		hiere tu lanza.

		
Entre rosas, jazmines que envenenas,
¿por qué no te ultimé yo en 
		mi otra vida?
Haz brotar sangre al menos de mi herida,
que estoy 
		cansada de morir apenas.
3.

Cuando

perdida vago entre sombrías...


		Cuando perdida vago 
		entre sombrías
piedras sin luz y sin admiración
llego arrepentida 
		a tu mansión,
a tus secretas y hondas galerías

		
donde me espera lo que me ofrecías.
Allí encuentro tu luz y tu 
		pasión,
allí comprendo sin superstición
que me llenas de dicha y 
		de agonías.

		
Quien no me sigue allí me perderá...
Quien no me busca allí no 
		arrancará.
una sola respuesta de mis labios.

		
En tus rosales de oro, está el futuro,
lo que veneraré, lo que es 
		más puro
porque tus pensamientos son los sabios.
4.

Diálogo

Te hablaba del jarrón azul de loza,
de un libro que me habían 
		regalado,
de las Islas Niponas, de un ahorcado,
te hablaba, qué sé 
		yo, de cualquier cosa.

		
Me hablabas de los pampas grass con plumas,
de un pueblo donde no 
		quedaba gente,
de las vías cruzadas por un puente,
de la crueldad 
		de los que matan pumas.

		
Te hablaba de una larga cabalgata,
de los baños de mar, de las 
		alturas,
de alguna flor, de algunas escrituras,
de un ojo en un 
		exvoto de hojalata.

		
Me hablabas de una fábrica de espejos,
de las calles más íntimas 
		de Almagro,
de muertes, de la muerte de Meleagro.
No sé por qué 
		nos íbamos tan lejos.

		
Temíamos caer violentamente
en el silencio como en un abismo
y 
		nos mirábamos con laconismo
como armados guerreros frente a frente.


		Y mientras proseguían 
		los catálogos
de largas, toscas enumeraciones,
hablábamos con 
		muchas perfecciones
no sé en qué aviesos, simultáneos diálogos.
5.

El perro Okinamaro

A Sei Shonagon
                                                         
		(que vivió en el siglo XI A.C)


		
Él, que paseaba un 
		día coronado
de flores de durazno y de cerezo,
el triste Okinamaro 
		como un preso
a la isla de los perros fue expulsado.
Cuando volvió 
		al palacio oscuro, herido,
lo llamaste, pero él no te miró,
y 
		nadie, nadie lo reconoció,
mas era él mismo, él mismo destituido.

		Y lo reconociste en el momento
en que lloró a tus pies y que lo viste

		desfigurado, sucio, hinchado y triste,
y lloraste con él su 
		sentimiento.
6.

El sueño recurrente

Llego como llegué, solitaria, asustada,
a la puerta de calle de 
		madera encerada.

		
Abro la puerta y entro, silenciosa, entre alfombras.
Los muros y 
		los muebles me asustan con sus sombras.

		
Subo los escalones de mármol amarillo,
con reflejos rosados. 
		Penetro en un pasillo.

		
No hay nadie, pero hay alguien escondido en las puertas.
Las 
		persianas oscuras están todas abiertas.

		
Los cielos rasos altos en el día parecen
un cielo con estrellas 
		apagadas que crecen.

		
El recuerdo conserva una antigua retórica,
se eleva como un árbol 
		o una columna dórica,

		
habitualmente duerme dentro de nuestros sueños
y somos en secreto 
		sus exclusivos dueños.
7.

En tu jardín secreto hay mercenarias...

En tu jardín secreto hay mercenarias
dulzuras, ávidas proclamaciones,

		crueldades con sutiles corazones,
hay ladrones, sirenas legendarias.

		
Hay bondades en tu aire, solitarias
multiplican arcanas 
		perfecciones.
Se ahondan en angostos callejones,
tus árboles con 
		ramas arbitrarias.

		
Alguna vez oí el chirrido frío
de un portón que al cerrarse me 
		dejaba
prisionera, perdida, siempre esclava

		
de tu felicidad que junto a un río
bajaba entre las frondas a un 
		abismo
de intermitente luz, con tu exorcismo.
8.

Envejecer

Envejecer también es cruzar un mar de humillaciones cada día; 
		
es mirar a la víctima de lejos, con una perspectiva 
que en lugar 
		de disminuir los detalles los agranda. 
		
Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida. 
Envejecer 
		transforma a una víctima en victimario. 
		

Siempre pensé que las edades son todas crueles, 
y que se 
		compensan o tendrían que compensarse 
		
las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo? 

		Espero una revelación. ¿Por qué será que un árbol 
		
embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse 
sólo con 
		los despojos de la juventud. 
		

Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios, 
		
una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón. 
Todo 
		disfraz repugna al que lo lleva. La vejez 
		
es un disfraz con aditamentos inútiles. 
Si los viejos parecen 
		disfrazados, los niños también. 
		
Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta 
ser viejo 
		porque nadie sabe serlo, 
		
como un árbol o como una piedra preciosa. 

Soñaba con ser 
		vieja para tener tiempo para muchas cosas. 
		
No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente. 

		Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar, 
		
porque todo lo que hago lo hago doblemente. 
El tiempo 
		transcurrido nos arrincona; nos parece 
		
que lo que quedó atrás tiene más realidad 
para reducir el 
		presente a un interesante precipicio.
9.

La llave maestra

La luz de su cuarto me habla de él cuando no está,
me acompaña cuando 
		tengo miedo,
y siempre tengo miedo porque soy valiente;
oye su 
		paso sobre los mosaicos de la entrada
va a su encuentro cuando abre 
		la puerta lentamente
cuando lo espero, y siempre lo espero;
lo 
		mismo es para la luz eléctrica que para la luz del sol,
lo mismo para 
		el sol que la luna o la estrella.
Un tapiz forma la luz complicada

		es la vida y siempre la vida.
Si me quedara ciega la vería con mis 
		patas
o tal vez con mi frente cuando llega.
El tapiz no lo forma 
		la luz sino su llegada, el sonido
que cambia de oscuro en claro.

		El tablero de la luz tiene varias llaves
pero una gobierna el resto:

		se llama la llave maestra.
Del mismo modo el tablero de mi luz

		tiene una sola llave que gobierna las otras
la llave que está en sus 
		manos.
Apagaría todas las luces si quisiera
pero yo cierro los 
		ojos para no ver
la oscuridad que podría ser luz
para no herirlo.
10.

La

vida infinita


		A veces me pregunto, al escuchar
como un recuerdo ya, el zorzal 
		cantar

		
en los fondos más dóciles del sueño,
qué persigue la vida en su 
		diseño

		
y en qué nos tornaremos cuando nada
nos distinga del aire y de la 
		oleada

		
del mar que baña orillas de la tierra
donde nacemos y algo nos 
		destierra.

		
Cuando llegue Átropos, supersticiosa,
con su cara de negra 
		mariposa,

		
¿tendremos el anillo de oro mágico
que nos protegerá del hado 
		trágico?

		
¿O tendremos las alas, el caballo,
que traspasará el vidrio como 
		un rayo?

		
¿O perderemos todo en un momento
con el secreto y breve 
		adiestramiento

		
que nos dan ya las cosas indistintas?
No escribiremos con las 
		mismas tintas.

		
No pasará Alejandro Nevsky sólo
con música, armadura y protocolo

		
en los cinematógrafos oscuros.
No existirán los largos, largos 
		muros

		
en el remoto imperio de la China;
ni en el Tibet los monjes, su 
		doctrina.

		
No existirán las sombras ni los piélagos.
ni las montañas ni los 
		archipiélagos,

		
ni esos bustos dorados, ni esos nombres
ni esa voz que venera el 
		pueblo, de hombres.

		
No habrá tigres ni monstruos de cemento,
ni la proclamación del 
		monumento.

		
No habrá teatros y gentes y mercados,
agapantos, lugares 
		retirados,

		
donde canta el calor con sus chicharras
o la lluvia en los techos 
		de pizarras.

		
No sabremos que existe Egipto, el Nilo,
ni leeremos las páginas 
		de Esquilo.

		
No veremos en ciertos ojos almas
que besan a la nuestra en 
		nuestras palmas.

		
En el itinerario de los días,
a veces víctimas de brujerías,

		
no omitiremos lo que más amamos
para incluir luego lo que 
		detestamos.

		
No existirá el lustral Mediterráneo,
ni las plantas, ni el sol 
		contemporáneo.

		
No habrá calles con nombres previsibles,
ni metales ni piedras 
		más sensibles.

		
No estará el mismo río sobre el barro,
las quemas de basuras ni 
		ese carro,

		
con perros que en las noches del suburbio.
se pierden junto a un 
		niño cruel y rubio.

		
No habrá reinas de Egipto, ni monedas
que conservan sus caras, ni 
		habrá sedas.

		
Si hoy existimos, para no morirnos
mañana lograremos no eximirnos

		
del universo al inventar un mundo
para vivir de nuevo. Vagabundo

		
como nosotros nuestro pensamiento
recordará quizás un alimento,

		
un dolor, un estigma, una pasión,
un rostro pálido, la comunión,

		
y por ejemplo dentro de algún verso
de San Juan de la Cruz un 
		ciervo, un cierzo,

		
para otra vez incluirnos en la historia.
¿Será como una jaula la 
		memoria?

		
El Sésamo Ábrete de recordar,
de nuevo nos pondrá en nuestro 
		lugar

		
o en lugares distintos como ciegos
que no se reconocen, como en 
		juegos.
11.

Las

caras


		Las caras de los hombres que en mi vida he encontrado
me persiguen y 
		viven adentro de mi espíritu.
Las caras de los hombres que he 
		encontrado en mi vida
me miran y me abruman. 
		
Podría dibujarlas pero nunca me atrevo.
Algunas tienen cuerpos y 
		llevan en las manos
anillos y collares, flores de terciopelo,

		algunas son mansiones, son jardines, son ríos,
algunas son un viaje, 
		una playa, un desierto.
Algunas son de mármol, algunas son fenicias,

		algunas son romanas, griegas y perniciosas
con los rasgos borrados.

		Algunas tienen penas, muchas penas algunas,
y largas cabelleras que 
		lloran en el viento.
Algunas son horribles, casi siempre me advierten

		que un peligro me acecha.
Algunas tienen horas marcadas en los ojos

		y son como clepsidras,
me despiertan de noche.
Algunas me 
		quisieron
y movieron los labios para decir mi nombre.
Algunas no 
		entendieron nunca lo que les dije
ni supieron por qué las miré 
		largamente.
Algunas son anónimas
llevan frutas y fuentes, manos de 
		terracota,
como las estaciones.
Algunas se arrodillan, buscan algo 
		en la tierra.
Algunas como pájaros siempre estiran el cuello.

		Algunas se inclinaron
y escribieron sus nombres sobre mi corazón

		sin que yo lo advirtiera.
Algunas fueron mías, algunas se alejaron

		y perdieron su sexo, su virtud y su candor;
fueron como la imagen

		del infierno en el mundo
que tratamos, en vano, de olvidar.

		Algunas fueron deidades
que no olvidaré nunca.
12.

Lecciones

de la metamorfosis


		Nube que miras en lo alto del cielo
mi condición humana y modificas

		las formas de tu cuerpo y de tus caras:
si alguna vez he visto 
		deshacerse
tu cuerpo de caballo o de sirena,
tus ojos y tu pelo 
		cruel de Erinia,
tus vírgenes perdidas con un ángel
entre las 
		sombra de una playa inmensa,
el velero que se hunde en la tormenta

		o un frágil ciervo entre las rosas de oro
de un antiguo poniente 
		indescifrable;
si alguna vez he visto desmembrarse
un reino donde 
		no gobierna nadie,
un templo en que quedaron misa rodillas

		prosternadas al pie de un muro blanco,
tan blanco que hasta el sol 
		pierde su faz,
sabrás que sos mi lecho cuando duermo,
que tus 
		lecciones de metamorfosis
he querido seguir hasta la muerte

		entregándote toda mi esperanza.
13.

Los delfines

Los delfines no juegan en las olas
como la gente cree.
Los 
		delfines se duermen bajando hasta el fondo del mar.
¿Qué buscan? No 
		sé.
Cuando tocan el fin del agua
despiertan bruscamente
y 
		vuelen a subir porque el mar es muy profundo
y cuando suben ¿qué 
		buscan? No sé.
Y ven el cielo y les vuelve a dar sueño
y vuelven a 
		bajar dormidos,
y vuelven a tocar el fondo del mar
y se despiertan 
		y vuelen a subir.
Así son nuestros sueños.

Versos y pensamientos de Silvina Ocampo

4 citas
« A veces te contemplo en / una rama, »
Silvina Ocampo · A veces te contemplo en una rama...
« No / vengas, te conjuro, con tus piedras; »
Silvina Ocampo · Al rencor
« Cuando perdida vago / entre sombrías »
Silvina Ocampo · Cuando
« Te hablaba del jarrón azul de loza, / de un libro que me habían »
Silvina Ocampo · Diálogo
Biblioteca poética

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