Poesía Universal

Severo Sarduy

Biografía y amplia selección de poemas de Severo Sarduy. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Severo Sarduy. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Severo Sarduy

21 poemas seleccionados
1.

Aunque ungiste el umbral y ensalivaste...

Aunque ungiste el umbral y ensalivaste
no pudo penetrar, lamida y 
		suave,
ni siquiera calar tan vasta nave,
por su volumen como por 
		su lastre.

		
Burlada mi cautela y en contraste
-linimentos, pudores ni 
		cuidados-
con exiguos anales olvidados
de golpe y sin aviso te 
		adentraste.

		
Nunca más tolerancia ni acogida
hallará en mí tan solapada inerte

		que a placeres antípodas convida

		
y en rigores simétricos se invierte:
muerte que forma parte de la 
		vida.
Vida que forma parte de la muerte.
2.

El

émbolo brillante y 
		engrasado...

		
El émbolo brillante y engrasado
embiste jubiloso la ranura
y 
		derrama su blanca quemadura
más abrasante cuanto más pausado.

		
Un testigo fugaz y disfrazado
ensaliva y escruta la abertura

		que el volumen dilata y que sutura
su propia lava. Y en el ovalado

		
mercurio tangencial sobre la alfombra
(la torre, embadurnada 
		penetrando,
chorreando de su miel, saliendo, entrando)

		
descifra el ideograma de la sombra:
el pensamiento es ilusión: 
		templando
viene despacio la que no se nombra.
3.

Entrando

en ti, cabeza con 
		cabeza...

		
Entrando en ti, cabeza con cabeza,
pelo con pelo, boca contra 
		boca:
el aire que respiras -la fijeza
del recuerdo-, respiro y en 
		la poca

		
luz de la tarde -rayo que no cesa
entre los huesos abrasados- 
		toca
los bordes de tu cuerpo; luz que apresa
la forma. Ya su cénit 
		la convoca

		
a otro vacío donde su blancura
borra, marca de arena, tu figura.

		El día devorando de sonidos

		
quema, de trecho en trecho, su espesura
y vuelca de ceniza la 
		textura
en la noche voraz de los sentidos.
4.

La transparente luz del mediodía...

La transparente luz del mediodía
filtraba por los bordes 
		paralelos
de la ventana, y el contorno de los
frutos -o el de tu 
		piel- resplandecía.

		
El sopor de la siesta: lejanía
de la isla. En el cambiante cielo

		crepuscular, o en el opaco velo
ante el rojo y naranja aparecía

		
otro fulgor, otro fulgor. Dormía
en una casa litoral y pobre:

		en el aire las lámparas de cobre

		
trazaban lentas espirales sobre
el blanco mantel, sombra que 
		urdía
el teorema de la otra geometría.
5.

Las

húmedas terrazas 
		dominaban...


		                                                                                    
		A Octavio Paz


		Las 
		húmedas terrazas dominaban
el templo, la planicie entre dos mares,

		superpuestas, azules, triangulares.
Simétricas estatuas deslizaban

		
sus fragmentos de mármol por la nieve
-fueron torsos de Apolo, 
		manos anchas
que el musgo ha devorado con sus manchas-
fresca, 
		trazando un laberinto breve.

		
Los cuerpos arrastrados por el río
han quedado en la arena 
		sepultados
bajo las piedras nítidas del lecho.

		
En el delta una mano, el globo frío
de unos ojos han sido 
		rescatados.
y más allá una frente, un brazo, el pecho.
6.

Ni la voz precedida por el eco...

Ni la voz precedida por el eco
ni el reflejo voraz de los 
		desnudos
cuerpos en el azogue de los mudos
cristales, sino el 
		trazo escueto, seco:

		
las frutas en la mesa y el paisaje
colonial. Cuando el tiempo de 
		la siesta
nos envolvía en lo denso de su oleaje,
o en el rumor de 
		su apagada fiesta,

		
cuando de uno en el otro se extinguía
la sed, cuando avanzaba por 
		la huerta
la luz que el flaboyant enrojecía,

		
abríamos entonces la gran puerta
al rumor insular del mediodía

		y a la puntual naturaleza muerta.
7.

No por azar, por gusto del dislate...

A Luce López-Baralt


		No por 
		azar, por gusto del dislate
ni por obedecer a una figura,
habló de 
		una cegante noche oscura.
Que toda exaltación o disparate

		
aparente, se indague, y no se ciña
-el lenguaje no basta- a un 
		simple juego:
de granadas y lámparas de fuego
bebió un vino, de 
		antes de la viña.

		
No percibió ni forma ni sonido,
mas con la sangre lo irrigó un 
		sentido
ajeno a la palabra y a la imagen.

		
Dejemos, de esa heráldica, que viajen
los símbolos, el mudo 
		abecedario:
agua y sed, brasa y luz, cuerpo y sudario.
8.

Omítemela más que lo omitido...

Omítemela más que lo omitido
cuando alcanza y define su aporía,

		enciende en el reverso de su día
un planeta en la noche del sentido.

		
A pulso no: que no disfruta herido,
por flecha berniniana o por 
		manía
de brusquedad, el templo humedecido
(de Venus, el segundo). 
		Ya algún día

		
lubricantes o medios naturales
pondrás entre los bordes con 
		taimada
prudencia, o con cautela ensalivada

		
que atenúen la quema de tu entrada:
pues de amor y de ardor en 
		los anales
de la historia la nupcia está cifrada.
9.

Pido la canonización de Virgilio Piñera*

Poco 
		interés presentan estas cosas
para un Concilio, que otras más 
		urgentes
-la talla de los ángeles, las fuentes
del Edén-, y sin 
		duda, más valiosas

		
apremian sin cesar. Insisto empero
para que tenga sitio en los 
		altares
este mártir de arenas insulares.
Por textual, su milagro 
		verdadero

		
dio presa fácil a los cabecillas
y a los sarcasmos que, de tanto 
		en tanto,
interrumpen las furias amarillas,

		
las madres del exilio y del espanto.
Es por eso que a Roma, y de 
		rodillas,
iré a exigir que lo proclamen santo.


		
		*Poeta, dramaturgo y narrador cubano nacido en Cárdenas 
en 1912 y 
		fallecido en 1979.
10.

Renuncia a tu cuidado, bien lo sé...

Renuncia a 
		tu cuidado, bien lo sé: tras
ese dolor que tu embestida aqueja,
en 
		alivio y placer muda la queja,
más sosegada cuanto más penetras.

		
Cerveza transmutada o sidra añeja,
del oro tibio la furiosa recta

		su apagado licor suma y proyecta
sobre el cuerpo deseoso que festeja

		
tanto derrame. A bálsamos o ardides
que atenúen la quema de tu 
		entrada
nunca recurras. Mientras menos cuides,

		
unjas, prevengas, o envaselinada
disimules, mejor. Para que 
		olvides
el mudo simulacro de la nada.
11.

Que se quede el infinito sin estrellas...

Que se quede el infinito sin estrellas,
que la curva del tiempo se 
		enderece.
Y pierda su fulgor, cuando se mece
un planeta en su 
		abismo y en las huellas

		
del estallido primordial. Aquellas
noticias recibidas del 
		comienzo
de las galaxias, del vacío inmenso,
hoy son luz fósil. 
		Paradojas bellas

		
que anuncian por venir lo transcurrido
y postulan pasado lo 
		futuro.
Universo del pensamiento puro:

		
un espacio que fluye como un río
y un tiempo sin presente, opaco 
		y frío.
El tiempo de la espera y del olvido.
12.

Corta, Changó con tu espada...

Corta, 
		Changó con tu espada
el alcohol, y haz que ese río
crecido, no 
		bien vacío,
vuelva a su cauce y, saciada
tanta sed, halle morada

		el nadador a la orilla
de tu fuente y en tu arcilla.
Que la sangre 
		que consagras
dé su fuerza a las bisagras
del puño y de la 
		rodilla.
13.

Cuerpo con cuerpo: las pieles...

Cuerpo con 
		cuerpo: las pieles
se aproximan y se alejan
entre espejos que 
		reflejan
su deseo. No develes
la imagen -esos laureles

		fenecen-; no te aconsejo
confiar en ese reflejo,
porque ese doble 
		perverso
te revelará el reverso:
hueso con hueso, pellejo.
14.

El mar con destructora música invocando la helada quietud...

El mar con destructora música invocando la helada quietud, la ciudad que 
		la luz 

		redescubre jubilosa. El ave gritando toscamente hacia un círculo que el 
		agua desdibuja. 

		Todo su amplia vigilia lo gobierna -a tientas sus señales conjuro, sus 
		palabras invoco- 

		menos el agua amenazando desde un duro jardín, menos el agua.

		El hombre está solo frente a la luz soñada por Dios. Los gritos de los 
		ángeles, las aguas 

		de la tierra por él han sido nombradas. He aquí que él se descubre 
		soñado y acepta su señal: 

		la furia de los ángeles, la nada, el olvido de Dios.
15.

El gamo

El 
		gamo, contra el naranja
del bosque, pasa mojado,
veloz. El aire 
		cuajado
añade al bosque una franja

		
de aros dispersos. En esos
Cartílagos de paisaje
se divide, o 
		en el oleaje,
o en el jardín de sus huesos.
16.

Flauta. Son. La madrugada...

Flauta. Son. La madrugada
se descompone en su prisma
de grises 
		donde se abisma
el gris de tu voz rajada.
Blanco. La línea borrada

		de una guitarra. Lo sabes:
corresponden con los graves
las 
		diferentes texturas
del tres. El color sutura
y da el compás de 
		las claves.
17.

La

letra con sangre entra...

		
                                             
		A Arturo Carrera


		La letra 
		con sangre entra
como el amor. Mas no dura
en el cuerpo la 
		escritura,
ni con esa herida encuentra
paz el amante. Se adentra

		en el cuerpo deseoso
y más aumenta su gozo
con su mal. Alegoría

		de nuestra postrimería:
jeroglífico morboso.
18.

No acudas a linimento...

No acudas 
		a linimento,
alcanfor, miel o saliva,
que atenúen el momento
de 
		más ardor. No se esquiva
con ardid, ni se deriva
esa quema: se 
		convierte
en su contrario. Divierte
el placer así obtenido
por 
		el sendero invertido:
más vida cuanto más muerte
19.

No porfíes. No rememores...

No 
		porfíes. No rememores
que no se olvida el olvido
ni su embriaguez: 
		lo que ha sido,
es y será. Sinsabores,
dramas discretos y amores

		sin nombre, van a la quema
final, como un torpe emblema
de 
		eternidad. No perdura
más que el goce y la textura
de un instante: 
		ése es mi lema.
20.

Se esforzaba. Su jadeo...

Se 
		esforzaba. Su jadeo
ante el jardín clausurado
era el de un ciervo 
		asustado.
La furia -más que el deseo-
de penetrar, era el reo

		que lo impedía... Que ejerza,
según la torre se tuerza,
jaque 
		anexo, desviada,
y cifre, en esa morada:
"más vale maña que 
		fuerza".
21.

Tanto arder, tanto valor...

Tanto 
		arder, tanto valor
tanto ataque y retirada
ante ese umbral en que 
		nada
alivia más el dolor
que su incremento. O mejor:
hay un 
		punto en que el exceso
-y que mediten en eso
los mesurados- 
		bascula
en su contrario. Calcula:
ir más allá es un regreso.

Versos y pensamientos de Severo Sarduy

4 citas
« Aunque ungiste el umbral y ensalivaste / no pudo penetrar, lamida y »
Severo Sarduy · Aunque ungiste el umbral y ensalivaste...
« El émbolo brillante y engrasado / embiste jubiloso la ranura »
Severo Sarduy · El
« Entrando en ti, cabeza con cabeza, / pelo con pelo, boca contra »
Severo Sarduy · Entrando
« La transparente luz del mediodía / filtraba por los bordes »
Severo Sarduy · La transparente luz del mediodía...
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