Poesía Universal

Serafina Núñez

Biografía y amplia selección de poemas de Serafina Núñez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Serafina Núñez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Serafina Núñez

7 poemas seleccionados
1.

A un ruiseñor amaneciendo

Dulce señor del reino que enamora
inventando la estatua del desvelo

		por el agua sin fin donde ya es vuelo
la partida granada de su 
		aurora.

		
¿Para la alcoba de qué dios implora
el herido diamante de ese 
		cielo
goteando en tu garganta?...¿Qué alto 
		
tu canto muda en brasa, y fluye y dora,

alba perfecta en 
		música inaudita,
y sostiene las ideas del rocío
y detiene la 
		muerte a su albedrío?

		
Un ángel en tu voz alza su coro
y en las serenas márgenes habita,

		en pura nieve derramado oro.
2.

Canciã“n

Canción del tenaz alborozo


		Si, bien lo sé,
el tiempo de mi llanto es tan antiguo:
pero los 
		ojos resisten como gemas el fuego
consumiendo la vasta llanura de la 
		tristeza.
Islas de la esperanza se niegan al ardiente conjuro
sin 
		embargo, a veces
ellas parecen aletear en mi sangre.
Sube desde 
		las venas el alborozo de sus seguras selvas,
me inunda el verde de la 
		palabra por nacer,
el tacto de las terrestres cosas
rinde entonces 
		sus frutos de cielo sosegado,
y la orilla del olvido se me entrega

		como un rostro distante que retornara dulcemente
a la sorda música de 
		mis miradas.
Torbellino, vorágine,
tumulto de otoños y promesas

		devorando los límites del alma.
Puedo en ese instante murmurar: Dios 
		me entiende.
El amor abre sus cien puertas cada mañana
a los 
		huracanes y a los testigos videntes;
el hombre es una ventana
que 
		cada alba encuentra en el alféizar
su sonrisa y su gemido.

		Entonces, humildemente ruego;
islas de la esperanza, sed sordas al 
		sollozo
yo soy ahora la de enfrente,
la que pasea por aquella 
		esquina
de pañuelos alegres.
Desde lejos me miran las viejas 
		tinieblas,
mis labios, mis manos, presagios, palabras,
mis 
		temores, las voraces mentiras...
Me miran desde lejos,
se 
		insinúan, me llaman, y yo vuelvo la espalda.
(La de enfrente se 
		pliega en su cifra remota.)
Islas de la esperanza... Las veletas 
		sostienen
las ciudades del mundo,
y claros hombres encienden sus 
		hogueras
en las fronteras de la noche
recuperando el territorio 
		virginal de la canción.
El aire es un tatuaje de luces en mi frente

		y el acordado rumor del arroyo y la yerba fina
humedece recónditas 
		gargantas.
Elabora secreta lámpara tu llama para siempre,
apegada 
		a mi pecho siento crecer la vida.
3.

Contemplación

Desde el balcón donde anochezco miro,
devorado por oros y por llamas

		de suaves rojos, al poniente esclavo
del exacto vivir, que le 
		sentencia
en preludio de vuelos fatigados,
al eterno escapar en 
		lumbre y lumbre,
abriendo la mansión de la lechuza
de socrático 
		elixir poseída,
cortejado de pinos y responsos.
Hacia donde la 
		noche alza su trono
de profecía y rosas extasiadas
en perenne 
		rocío, sombra en la sombra
de sus soledades.
Tomando cuerpo y 
		liberando el alma.

		
abril 1994
4.

Estancia de lo eterno

Amor de ti mi alma desdoblada 
		
jadeando tu presencia a hez de hombres, 
angustia de tu rostro la 
		ganaba 
		
en rara geometría y rudos cobres.

Polvo cansado por mi sien 
		pasaba 
		
-fechas, palomas, universos, nombres-
y el terrestre cuidado 
		iluminaba 
		
clima a tu reino en soledades pobres.

Amor de ti era sollozo 
		ardiente 
		
mordiendo el fruto de mi triste tarde. 
Ahora te sello: ¡Oh 
		huésped diferente!

		
Tu lluvia me desciende olor temprano, 
tierno misterio entre mis 
		venas arde 
		
y es ya tu sombra el único verano.
5.

Hombre y tiempo

El tiempo te vigila, te sorprende, te encarcela, te anula.
Ardemos en 
		su llama como un frágil pabilo intrascendente;
altivo crees vencerlo. 
		Él siempre posee el as de oro;
el reya de la corona nada facilita la 
		derrota.
¡Ay, precarios pueblos de la nieve!
Son la única riqueza 
		de lo eterno, hombre,
eres el fantasma de ti mismo en el instante

		y apenas puedes descifrar el preámbulo
donde nacen las aguas de tu 
		existencia.
Estás a tiempo -oyes decir a las comadres.
¿A tiempo 
		para qué, señoras lívidas?
Ni siquiera tiempo para morir por ti 
		dispuesto.
"Él" es el tañedor de los variados
y el de los mágicos 
		y sublimes salmos,
el señor de paroxismos, sorpresas deslumbrantes

		o funestas y de tu voluntad,
el poderoso señor de la memoria,
y 
		tú, una gota cayendo, espléndida sonrisa acaso
del inocente sin 
		realeza, que vendió sus juegos de existir
y se refugia en las caídas 
		hojas de su ala
donde lo apresan las redes de lo inerte.
6.

Jazmín

Jazmín de la presencia


		Qué dulcísimo asombro de nube o de gacela
encendiendo, apagando, 
		persiguiendo, ondulando,
marea gris-azul, azul-gris, rosa-tibio

		clava en el aire ausente el ángel de tu ruego
y destrenza la gracia y 
		dona olas ilesas de asustado misterio
para remos y velas.

		
¿En qué soplada tierra de huracanes seráficos,
por qué nieves 
		tatuadas en el azul errante,
la inocencia del hombre, su llama 
		imperturbable,
obedientes prodigios, y bestias y relámpagos

		transparentes respiran en tu seno abrigado?

		
Esa comarca del rocío
que algunas veces siento pesar sobre mis 
		párpados.
Novia del coral de ultra-cielo,
Espuma de Dios 
		sonriente,
paloma de mis venas poseída.
Tu frente de girasol en 
		éxtasis
llueve la deslumbrante atmósfera de una playa amorosa

		donde todos podemos recoger un consuelo
como tesoros, conchas o 
		astros por la arena.

		
Tu frente, que avanza provincias
donde el caballo del viento 
		rinde sus azares.
Tu hombro reposado de arpas
para que cada 
		criatura le tome el color a su llanto
y te lo entregue.

		
Tu piel centelleando de amanecidos misterios.
Tu pecho acantilado 
		del suspiro,
tu celada mejilla donde el ámbar
nutre su cambiante 
		raza fina.
Tus ojos fluyen entre las voces,
resbalan por las 
		plegarias, por los gemidos
como cabellera peinada tiernamente.
Y 
		aquí yo; te pulso alabanzas, convoco:
vengan algas, sirenas, 
		extasiados corales,
tierras de los náufragos entreguen sus tragedias

		y la paz desgarrada en húmedos remolinos,
de vacíos crepúsculos.

		
Vengan risueños elfos y rostros de los dioses
y su haz de 
		tormentas;
miremos a sus manos devolviéndole al oro
la cálida 
		vivencia,
la minúscula rosa que aletea en su cuello
y esa paloma 
		fiel vigilándole el paso.

		
¡Ay temeroso cristal de mi sosiego!
Avecillas del otoño indeciso

		que muere en el confín de la tarde,
sombras de mi sangre y de mi 
		rezo,
flautas vistiendo de dulzura el aire;
vengan a este 
		alborozo.

		
Yo le miro la espuma, la impalpable azucena,
el talle columpiado 
		de musicales universos
y un hemisferio puro me invade silencioso.
7.

Madrigal de una antigua voz

A Ramón Gainza, amigo


		Cuando tu 
		voz se pierda en las veloces
veleidades del aire,
y forme 
		torbellinos de crepúsculos o de quemantes oros,
si todavía escucho,

		si todavía al alma le impresionan los sonidos,
recordaré tus tiernas 
		servidumbres,
tus estériles soledades
y el destino de las palabras 
		pronunciadas.
Como si mirara un relicario
donde viviera escondido 
		tu retrato.


		Junio 
		1993

Versos y pensamientos de Serafina Núñez

4 citas
« Dulce señor del reino que enamora / inventando la estatua del desvelo »
Serafina Núñez · A un ruiseñor amaneciendo
« Canción del tenaz alborozo / Si, bien lo sé, »
Serafina Núñez · Canciã“n
« Desde el balcón donde anochezco miro, / devorado por oros y por llamas »
Serafina Núñez · Contemplación
« Amor de ti mi alma desdoblada / jadeando tu presencia a hez de hombres, »
Serafina Núñez · Estancia de lo eterno
Biblioteca poética

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