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Seamus Heaney
Seamus Heaney es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras co...
Vida
Seamus Heaney es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Seamus Heaney
1.
Acta
Acta
de unión I Esta noche, un primer movimiento, un pulso, como si la lluvia se acumulase en el pantano hasta romper y desbordarse: una presa que estalla, un tajo abriendo la cama de helechos. Tu espalda es una firme línea de costa del este y brazos y piernas se prolongan más allá de tus colinas graduales. Acaricio la palpitante provincia donde creció nuestro pasado. Soy el reino elevado por encima de tus hombros al que no halagarías ni puedes ignorar. La conquista es mentira. Envejezco tolerando tu orilla semi-independiente dentro de cuyos límites ahora mi legado culmina inexorable. II Imperialmente soy varón todavía, dejando para ti todo el dolor, el proceso de rendición en la colonia, el ariete, la barrera que explota desde dentro. El acta germinó en una obstinada quinta columna cuya postura crece de forma unilateral. Su corazón bajo tu corazón es un tambor de guerra que llama a filas a la fuerza. Sus parasitarios e ignorantes puños pequeños ya golpearon tus fronteras y sé que apuntan hacia mí por encima del agua. No veo ningún tratado que ponga a salvo por completo tu cuerpo hollado y estirado, el gran dolor que, como campo abierto, te deja en carne viva, una vez más. De "Norte" 1975 Versión de Vicente Forés y Jenaro Talens
2.
Casa
Casa
de verano I ¿Era el viento de los vertederos o algo en el calor que nos seguía los pasos, con el verano agriándose, y un nido pestilente incubando en algún lugar? ¿De quién era la culpa?, me preguntaba, inquisidor del aire poseído. Para de pronto descubrir, al levantar la estera que había larvas, moviéndose- e hirviendo, hirviendo, hirviendo. II Mientras arreglo la puerta, con mis brazos repletos de cereza silvestre y rododendro, a través de la entrada escucho su perdido gimotear, que, carraspeando, tintinea mi nombre, una y otra vez. Oh amor, he aquí la culpa. Las flores sueltas entre nosotros se reúnen, componen una especie de altar del mes de mayo. Estos capullos francos y caídos se tiñen pronto del color de un dulce bálsamo. Asiste. Unge la herida. III Oh atendimos nuestras heridas con corrección bajo la dulzura hogareña y yacemos como si la superficie fría de una hoja nos hubiese dejado sin aliento. Postulo más y más curas gruesas, como ahora cuando te doblas en la ducha el agua vive cayendo por la pila bautismal de tus pechos. IV Con un definitivo impulso nada musical largos granos empiezan a abrirse y se separan hacia adelante y de nuevo agotamos el blanco, pateado camino al corazón. V Mis hijos lloran la calurosa noche extranjera. Caminamos por el suelo, mi boca podrida se desahoga contigo y yacemos rígidos hasta que el alba acude a la almohada, y al maíz, y la viña que sostiene su plena carga hacia la luz. Las rocas de ayer cantaban cuando las golpeábamos estalactitas en las viejas cuevas, goteando oscuridad - nuestras llamadas de amor pequeñas como un diapasón. De "Invernando" 1972 Versión de Vicente Forés y Jenaro Talens
3.
Conduciendo
Conduciendo
de noche Los olores cotidianos eran nuevos en el viaje nocturno a través de Francia: lluvia y heno y bosques en el aire creaban cálidas corrientes de aire en el coche abierto. Los postes blanqueaban sin cesar. Montreuil, Abbeville, Beauvais se prometían, prometían, llegaban y se iban, garantizando cada lugar el cumplimiento de su nombre. Una tardía trilladora gruñía por el sendero sangrando semillas a través de su luz. Un incendio forestal se extinguía. Uno a uno cerraban los pequeños cafés. Pensé en ti de forma continua unas mil millas al sur donde Italia apoya su lomo en Francia en la esfera oscurecida. Tu cotidianeidad se renovó allí. De "Puerta a la oscuridad" 1969 Versión de Vicente Forés y Jenaro Talens
4.
Día
Día
Día de boda Tengo miedo. El sonido se ha parado en el día y las imágenes se repiten sin cesar. ¿Por qué esas lágrimas, el pesar salvaje en su rostro fuera del taxi? Crece el jugo del lamento en nuestros invitados que saludan. Tras la gran tarta estás cantando como una novia abandonada que persiste, demente, y que atraviesa el ritual. Cuando fui a los lavabos había un corazón con una flecha y palabras de amor. Deja que duerma recostado en tu pecho, camino al aeropuerto. De "Invernando" 1972 Versión de Vicente Forés y Jenaro Talens
5.
El
El
metro Ahí estábamos corriendo por los túneles abovedados, tú deprisa delante, con tu abrigo de estreno y yo, yo entonces como un dios velocísimo ganándote terreno antes de que te convirtieras en un junco o alguna nueva flor blanca salpicada de rojo mientras el abrigo batía salvajemente y botón tras botón saltaban y caían, dejando un rastro entre el metro y el Albert Hall. De luna de miel, luneando, ya tarde para el Baile de Promoción, nuestros ecos mueren en ese corredor y ahora vengo como lo hizo Hansel sobre las piedras iluminadas por la luna recorriendo el sendero de nuevo, recogiendo botones para acabar en una estación con corrientes de aire y luz de lámparas cuando los trenes ya se han ido, las vías húmedas desnudas y tensas como yo, todo atención por si tus pasos me siguen, pero antes muerto que mirar atrás. De "Station Island" 1984 Versión de Vicente Forés y Jenaro Talens
6.
La
La
dificultad de Inglaterra
Me movía como un agente doble entre los conceptos.
La palabra «enemigo» tenía la eficacia dental de un
cortacésped. Era un ruido mecánico y distante más allá
de esa opaca seguridad, esa ignorancia autónoma.
«Cuando los alemanes bombardearon Belfast eran las
partes orangistas más amargas las que peor fueron golpeadas».
Me encontraba subido a los hombros de alguien, llevado
a través del patio iluminado por estrellas para ver cómo el cielo
ardía sobre Anahorish. Los mayores bajaban sus voces y se reacomodaban
en la cocina como si estuvieran cansados
después de una excursión.
Pasado el apagón, Alemania convocaba en cocinas
iluminadas por lámparas a través de bayetas desgastadas,
baterías secas, baterías húmedas, cables capilares, válvulas condenadas
que chirriaban y burbujeaban mientras
el sintonizador absolvía a Stuttgart y Leipzig.
«Es un artista, este Haw Haw. Puede tranquilamente
dejarlo dentro».
Me hospedaba con los «enemigos del Ulster» , los
pinches extramuros. Un adepto al estraperlo, cruzaba las líneas
con palabras de paso cuidadosamente enunciadas, hacía funcionar cada
discurso en los controles y no informaba a nadie.
De "Estaciones" 1975
Versión de Vicente Forés y Jenaro Talens
Versos y pensamientos de Seamus Heaney
4 citas« I / ¿Era el viento de los vertederos »
« de noche / Los olores cotidianos eran nuevos »
« Tengo miedo. / El sonido se ha parado en el día »
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