Poesía Universal

Sara de Ibáñez

Biografía y amplia selección de poemas de sara de Ibáñez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de sara de Ibáñez. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Sara de Ibáñez

8 poemas seleccionados
1.

Atalaya

(La batalla)

Sobre este muro frío me han dejado

	con la sombra ceñida a la garganta
donde oprime sus brotes de tormenta

	un canto vivo hasta quebrarse en ascuas.

	Yo aquí mientras el sueño los despoja
y en sueños comen su mentida baya

	para erguirse en las venas de la aurora
pábulo gris de su sonrisa vana;

	yo aquí mientras los sabios inocentes
y los tranquilos de crujiente casa

	durmiendo abajo, y aprendiendo el frío

	de sus angostos mármoles descansan;
yo aquí volteado por el viento negro

	que el olor de la noche desampara,
los cabellos fundidos en raíces

	que van abriendo turbulentas lamas;
yo solo entre planetas condenados

	que en busca de sus huesos se desmandan

	-la edad del mundo en esta pobre sangre

	que entre las quiebras de su historia clama-

	yo aquí turbado por la paz bravía
que con sagaces témpanos me aplaca,

	sintiendo entre las médulas ausentes
el duro frenesí de las espadas;

	yo aquí velando, los desiertos ojos
quemado por el soplo de la nada,

	las negras naves y los negros campos
vacíos de sus oros y sus lacras.

	Yo aquí temblando en la vigilia ciega
rodeado por un sueño de cien alas,

	vestido por mi llanto me arrodillo

	mientras vuela mi sangre en nieve airada.

	
Sobre este muro frío me recobran. 

	Oigo el rumor de los medidos pasos.
Canta la noche en fuga por mi muerte,

	y el alma sale de mi rostro blanco.
2.

Combate

imposible


	Con astuta cabeza de zafiro, 
bloque de piedra fría y transparente,

	inmóvil, la mandíbula sellada,
linda con la tiniebla el monstruo leve.

	
Mientras el polvo en que se duele el mundo

	curva su flor, su lágrima troquela,
y entre los tersos cánticos del día

	sordas espadas con su vuelo templa.

	
Ah, nunca, nunca, la terrible escama

	su fuego amargo torcerá en la lucha,
ni se abrirá para tragar mi cuerpo

	la boca acrisolada por la espuma.

	
Aquí jadeo hasta acabar la sangre

	clavada en la canción mi lanza triste,

	hasta que el fruto de su viejo vientre

	lance al estrago la materna esfinge.
3.

Hora

ciega

	
	
Quisiera abrir mis venas bajos los durazneros,
en aquel distraído 
	verano de mi boca.
Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros,

	lenta rueda comida por agrias amapolas.

	
Yo te ignoraba fina colmena vigilante.
Río de mariposas naciendo en 
	mi cintura.
Y apartaba las yemas, el temblor de los álamos,
y el 
	viento que venía con máscara de uvas.

	
Yo no quise borrarme cuando no te miraba
pero me sostenías, fresca 
	mano de olivo.
Estrella navegante no pude ver tu borda
pero me 
	atravesaste como a un mar distraído.

	
Ahora te descubro, tan herido extranjero,
paraíso cortado, esfera de 
	mi sangre.
Una hierba de hierro me atraviesa la cara...
sólo ahora mis 
	ojos desheredados se abren.

	
Ahora que no puedo derruir tu frontera
debajo de mi frente, detrás de 
	mis palabras.
Tocar mi vieja sombra poblada de azahares,
mi ciego 
	corazón perdido en la manzana.

	
Ahora estoy despierto. Nacen al fin mis ojos
pisados por el humo, 
	agujereando arañas,
duros estratos de algas con muertos veladores
que 
	sin cesar devoran sus raicillas heladas.

	
Y te cruzo despierto, fiero túnel de ortigas,
remolino de espadas, 
	vómito de la muerte.
Voy asido a las crines de un caballo espinoso
que 
	vuela con ciudades quemadas en el vientre.

	
Voy despierto, despierto y obediente a mis manos,
con un río de 
	pólvora cuajado en el aliento,
ahora que estoy solo y enemigo del aire,

	seco, desarraigado, desnudo, combatiendo.
4.

Isla

en la luz


	Se abrasó la paloma en su blancura.
Murió la corza entre la hierba fría.

	Murió la flor sin nombre todavía
y el fino lobo de inocencia oscura.

	
Murió el ojo del pez en la onda dura.
Murió el agua acosada por el 
	día.
Murió la perla en su lujosa umbría.
Cayó el olivo y la manzana 
	pura.

	
De azúcares de ala y blancas piedras
suben los arrecifes cegadores

	en invasión de lujuriosas hiedras.

	
Cementerio de angélicos desiertos:
guarda entre tus dormidos 
	pobladores
sitio también para mis ojos muertos.
5.

Isotermia

Te supe un condenado otoño
al ras de las cortezas
en el sinuoso 
	curso de meandros

	
Choque brutal de pupilas perplejas
vorágine apretando estupro con el 
	cielo
acunándonos el vértigo Iniciados babilonios

	
te supe
6.

La

muerte

	
Sol amargo, agua amarga, amargo viento
y amarga sangre para siempre 
	amarga.
Vencido y solo en carne y pensamiento,
y el sueño antiguo por 
	tesoro y carga.
Quiso callado y solo y sin lamento
sorbo a sorbo 
	agotar su fuente larga.
Miserable señor de su destino,
de espaldas a 
	la aurora abrió el camino.

	
De espaldas a su Oriente y a su gloria,
y hueso adentro una centella 
	vaga,
mordió el seco laurel de su victoria
y nunca fue curado de su 
	llaga.
Terco aguijón de luto su memoria,
en toda miel ejercitó su 
	plaga.
Y entre las brumas del silencio agrario
fue una lenta sonrisa 
	su calvario.

	
Pero entre sus espigas y sus flores,
cuando la muerte le entreabrió 
	las puertas
el guerrero de blancos y resplandores
dianas oyó por las 
	borradas huertas.
¡Mi caballo!, gritó: y en los alcores
resonaron 
	angélicos alertas.
¡Mi caballo! Montó el corcel sombrío,
y tendió su 
	galope sobre el frío.
7.

Liras

V
Voy a llorar sin 
	prisa.
voy a llorar hasta olvidar el llanto
y lograr la sonrisa
sin 
	cerrazón de espanto
que traspase mis huesos y mi canto.


	Por el árbol inerme
que 
	un corazón de pájaro calienta
y sin gemido duerme,
yal gran silencio 
	enfrenta
sin esta altiva lengua cenicienta.
Por el cordero leve
de 
	la pezuña tierna y belfo rosa;
por su vibrante nieve
que la tiniebla 
	acosa
y al final de un relámpago reposa.
Por la hormiga azorada
que 
	un bosque de cien hojas aprisiona;
por su pequeña nada
que al misterio 
	no encona
y que la enorme muerte no perdona.
Por la nube que alcanza

	los umbrales de un lirio sin semilla.
Lengua de la mudanza
sin éxtasis 
	ni orilla,
que no sabe morirse de rodillas.
Por la hierba y el astro.

	¿C6mo miden tus ojos, Dios oscuro?
Por el más leve rastro
de sombra 
	contra el muro,
mi llanto ha abierto su cristal maduro.
8.

No

puedo cerrar mis puertas...


	No puedo cerrar mis puertas
ni clausurar mis ventanas:
he de salir al 
	camino
donde el mundo gira y clama,
he de salir al camino
a ver la 
	muerte que pasa.

	
He de salir a mirar
cómo crece y se derrama 
sobre el planeta 
	encogido
la desatinada raza
que quiebra su fuente y luego
llora la 
	ausencia del agua.

	
He de salir a esperar
el turbión de las palabras
que sobre la 
	tierra cruza
y en flor los cantos arrasa,
he de salir a escuchar
el 
	fuego entre nieve y zarza.

	
No puedo cerrar las puertas
ni clausurar las ventanas,
el laúd en 
	las rodillas 
	
y de esfinges rodeada,
puliendo azules respuestas
a sus preguntas 
	en llamas.

	
Mucha sangre está corriendo
de las heridas cerradas,
mucha sangre 
	está corriendo
por el ayer y el mañana,
y un gran ruido de torrente

	viene a golpear en el alba.

	
Salgo al camino y escucho,
salgo a ver la luz turbada;
un cruel 
	resuello de ahogado
sobre las bocas estalla,
y contra el cielo 
	impasible
se pierde en nubes de escarcha.

	
Ni en el fondo de la noche 
se detiene la ola amarga,
llena de 
	niños que suben
con la sonrisa cortada,
ni en el fondo de la noche

	queda una paloma en calma.

	
No puedo cerrar mis puertas
ni clausurar mis ventanas.
A mi 
	diestra mano el sueño
mueve una iracunda espada
y echa rodando a mis 
	pies
una rosa mutilada.

	
Tengo los brazos caídos
convicta de sombra y nada;
un olvidado 
	perfume
muerde mis manos extrañas,
pero no puedo cerrar
las puertas 
	y las ventanas,
y he de salir al camino 
	
a ver la muerte que pasa.

Versos y pensamientos de Sara de Ibáñez

4 citas
« (La batalla) / Sobre este muro frío me han dejado »
Sara de Ibáñez · Atalaya
« imposible / Con astuta cabeza de zafiro, »
Sara de Ibáñez · Combate
« ciega / Quisiera abrir mis venas bajos los durazneros, »
Sara de Ibáñez · Hora
« en la luz / Se abrasó la paloma en su blancura. »
Sara de Ibáñez · Isla
Biblioteca poética

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