Biografía

Vida

Poemas de Samuel Taylor Coleridge (Devon, 21 de octubre de 1772 – Highgate, Inglaterra, 25 de julio de 1834) deslumbró por su portentosa voz lírica y su capacidad única para transformar las emociones más intensas en versos inolvidables. Su vida estuvo consagrada al arte de la palabra, explorando el misterio del amor, el destino y la belleza del mundo con enorme carisma.

Frente a las incertidumbres de su tiempo, defendió con valentía la libertad de creación y la autenticidad del sentimiento más puro. Su obra poética permanece como una joya imperecedera que sigue emocionando a lectores de todas las generaciones por su frescura y hondura humana.

Samuel Taylor Coleridge

Romanticismo oscuro inglés (1772–1834)

Romanticismo oscuro inglés · Creador de La balada del viejo marinero, Kubla Khan y la poesía de lo sobrenatural

Lírica y Versos

Poemas de Samuel Taylor Coleridge

9 poemas seleccionados
1.

Canción de glicina

MIRÉ un 
		rayo de sol,
combado en el azul, hasta la tierra,
y allí vi un 
		pájaro atrevido:
¡oh, qué encantado y dulce!

		
Bajábase y subía, parpadeaba, en círculos
volaba por el rayo de 
		soleada niebla,
con sus ojos de llama y con su pico de oro
y todo 
		su plumaje de amatista.


		Y así 
		cantaba: «¡Adiós! ¡Adiós!
Lo que sueña el amor se cumple raramente.

		Las flores no se quedan nunca, nunca;
no permanecerán las gotas de 
		rocío.
¡Oh, mayo, mayo dulce:
ya es hora de partir!
Iremos 
		lejos, lejos,
¡iremos hoy, hoy mismo!»


		
		Versión de Màrie Montand
2.

El arpa eólica

¡Mi Sara pensativa! Reclinada
tu cabeza en mi brazo, es dulce estar

		junto a nuestra cabaña recubierta
de jazmín y de mirto (los emblemas

		de la inocencia y del amor reunidos) 
		
y ver los montes rebosar la luz
de la tarde, reunirse lentamente

		y mostrar el lucero refulgente
como la sabiduría. ¡Qué hermoso
el 
		aroma del campo y qué callado 
		
el mundo! El murmullo del mar lejano
nos habla del silencio.

		
                                  
		Y esa humilde
arpa -óyela- en su lejano estuche,
acariciada por la 
		simple brisa 
		
cual tímida doncella ante el amante
es tan dulce reproche que me 
		invita
a repetir la falta. Ya sus cuerdas,
suavemente tañidas, nos 
		ofrecen
oleadas de notas que recuerdan
el embrujo sonoro que los 
		elfos
pronuncian por la tarde, cuando viajan
con la brisa que 
		llega de las hadas,
donde la música ronda las flores
salvajes como 
		aves del paraíso
¡flotando en su ala indómita, sin pausa!
¡La vida 
		dentro y fuera de nosotros,
que anima el movimiento y es su alma,

		luz en sonido, sonido en la luz,
ritmo en el pensamiento y alegría 
		
en todo! Cómo no amarlo todo
en un mundo tan pleno, donde canta

		la brisa y el aire aquietado es música
dormida en ese tácito 
		instrumento.

		
                 Así, mi amor, mientras al mediodía 
paseo por 
		las próximas colinas
con ojos entornados y contemplo
la danza de 
		la luz como diamantes,
medito sosegado en el sosiego;
cruzan por 
		mi cerebro, así indolente, 
		
pensamientos que él mismo no convoca
y revuelos de ociosas 
		fantasías
diversas y salvajes cual tormentas
que crecen y se 
		agitan sobre el arpa.
Y ¿no serán los seres animados
arpas 
		dispuestas de diverso modo
que se hacen pensamiento cuando sopla,

		viva y vasta, una brisa intelectual,
de cada una el alma, Dios de 
		todas?
Pero tus ojos serios me suponen 
		
un sereno reproche, amada, y esos
borrosos pensamientos no 
		rechazas
y me haces caminar en humildad
con Dios. ¡Hija del Cristo 
		y de su estirpe!
Con sagrada razón has despreciado 
		
conceptos de una mente aún corrupta,
pompas que brillan, se 
		levantan, rompen
con el rumor de una filosofía
vana, ¡pues nunca 
		podré hablar sin culpa
de Él, Incomprensible! Salvo cuando
con 
		temor y con fe interior alabo
a aquel cuya piedad es salvación

		para mí, miserable, pecador
e insensato. ¡Aquel que me dio paz
y a 
		ti y esta cabaña, amada mía!


		
		Versión de Gabriel Insuasti
3.

El recuerdo

...El heno removido y los primeros frutos,
el heno removido y las 
		mieses de un campo
dicen: se fue el estío. La digital, muy alta,

		esparce campanillas de púrpura en el viento,
o cuando se remonta, 
		rozándola, una alondra
o se posa un pinzón en su tallo. El rosal

		(en vano predilecto de amores complacidos)
yérguese al modo de una 
		belleza de otros tiempos,
con las espinas, pero se fueron ya las 
		rosas.
Ni logro hallar, en mi paseo solitario,
junto a fuentes o 
		arroyos o en húmedo camino,
la flor azul que brilla, mirando, en la 
		ribera
y es gema de esperanza: el dulce nomeolvides.
Mas no han de 
		marchitarse las flores que Emelina,
con dedos delicados, en la nevada 
		seda
trazó ( bien sabe ella que son mis predilectas),
ni, más 
		querido aún, su cabello de ámbar.

		
Versión de Màrie Montand
4.

El ruiseñor

...Y un bosque yo me sé,
vasto, muy cerca de un castillo enorme,

		que su señor no habita. Y en el bosque
los zarzales indómitos se 
		enlazan
y quiebran los senderos, y la hierba apretada
y los 
		botones de oro cubren las avenidas.
Mas nunca supe de un lugar tan 
		lleno
de ruiseñores. Cerca o a lo lejos,
en árbol o zarzal, por 
		todo el bosque,
se contestan e incitan en su canto,
con la pugna 
		de trinos caprichosos,
murmullos musicales y rápidos gorjeos
y un 
		leve silbo de mayor dulzura...
Tanto llenan el aire de armonía,

		que, cerrando los ojos, olvidarías casi
que no era día. En los 
		arbustos plateados
de luna, que abren leves hojuelas con relente,

		tal vez los vieras sobre ramas finas,
sus ojos muy brillantes y 
		redondos
centelleando, mientras un gusano de luz
ya su antorcha de 
		amor alza en la sombra...


		
		Versión de Màrie Montand
5.

Hay una mente, una mente omnipresente...

Hay una 
		mente, una mente omnipresente

		y omnífica. Su nombre sagrado es el Amor.

		¡Oh verdad de sublime grandeza! Quien se nutre

		sacia con ella su alma constante, escapa

		con una bendición de este ínfimo mundo.

		

		Es lo más alto del hombre,

		nuestra meridiana majestad, sabernos

		partes de una maravillosa totalidad.

		Esto hermana al hombre y asienta

		su caridad y su conducta. Pero es Dios,

		difundiéndose en todo, quien hace todo una unidad.

		Y ésta es la peor superstición: desear algo

		que no sea Él mismo, suprema realidad (...)

		

		Versión de Gabriel Insuasti
6.

Helada a medianoche

La helada cumple su secreto oficio
sin ayuda del viento. Un búho deja

		su chillido en la noche -escucha- inmensa.
Todos descansan ya y me 
		entrego a esa
soledad que propicia el desvarío. 
		
Tan sólo queda junto a mí, en su cuna,
el reposado sueño de mi 
		hijo.
¡Es tan tranquilo! Tanto que perturba
el pensamiento con su 
		extremo y raro
silencio. ¡Mar, colina y arboleda,
junto a este 
		pueblo! ¡Mar, colina y bosque
con los hechos diarios de la vida,

		inaudibles cual sueños! La azul llama
se aquieta en el hogar y ya no 
		tiembla;
sólo esa cinta interrumpe la calma, 
		
agitándose aún sobre la verja.
Su meneo en la calma de esta 
		escena
le da una semejanza con mi vida,
la toma una amistosa forma 
		cuyo
endeble flamear hace un juguete 
		
del pensamiento y es interpretada
a su modo por el alma, que 
		busca
en cada cosa espejo de sí misma(...)


		
		Versión de Gabriel Insuasti
7.

Inscripciã“n

Inscripción para una fuente que mana en un brezal


		¡SICÓMORO, a menudo con música de abejas!
Tales tiendas querían los 
		Patriarcas. Cubran
esas añosas ramas intactas largo tiempo
la taza 
		pequeñita y redonda, que ampara
de las hojas caídas una piedra. y 
		envíe,
tranquila como el hálito de un infante dormido,
primavera 
		esas aguas frías al caminante,
con palpitar seguro y suave. Que no 
		cese
el cono de arenita en su mudo danzar,
al fondo, como un paje 
		de los Ellos, pues baila
ahora, tan menudo y alegre como ellos,

		sin turbar a la fuente en su tersura clara.
Aquí hallarás frescor y 
		crepúsculo y musgo,
un blando asiento y una sombra profunda y vasta.

		Más árboles no busques: ni lejos los verías.
Bebe, pues, peregrino, y 
		descansa. y si tienes
muy limpio el corazón, también podrá tu 
		espíritu
refrigerarse, oyendo algún sonido dulce
de las brisas o 
		las abejas murmurantes.


		
		Versión de Màrie Montand
8.

Kubla Khan

EN Xanadú, 
		Kubla Khan
mandó que levantaran su cúpula señera:
allí donde 
		discurre Alfa, el río sagrado,
por cavernas que nunca ha sondeado el 
		hombre,
hacia una mar que el sol no alcanza nunca.
Dos veces cinco 
		millas de tierra muy feraz
ciñeron de altas torres y murallas:
y 
		había allí jardines con brillo de arroyuelos,
donde, abundoso, el 
		árbol de incienso florecía,
y bosques viejos como las colinas

		cercando los rincones de verde soleado.

		
¡Oh sima de misterio, que se abría
bajo la verde loma, cruzando 
		entre los cedros!
Era un lugar salvaje, tan sacro y hechizado
como 
		el que frecuentara, bajo menguante luna,
una mujer, gimiendo de amor 
		por un espíritu.
Y del abismo hirviente y con fragores
sin fin, 
		cual si la tierra jadeara,
hízose que brotara un agua caudalosa,

		entre cuyo manar veloz e intermitente
se enlazaban fragmentos 
		enormes, a manera
de granizo o de mieses que el trillador separa:

		y en medio de las rocas danzantes, para siempre,
lanzóse el sacro 
		río.
Cinco millas de sierpe, como en un laberinto,
siguió el 
		sagrado río por valles y collados,
hacia aquellas cavernas que no ha 
		medido el hombre,
y hundióse con fragor en una mar sin vida:
y en 
		medio del estruendo, oyó Kubla, lejanas,
las voces de otros tiempos, 
		augurio de la guerra.

		
La sombra de la cúpula deliciosa flotaba
encima de las ondas,

		y allí se oía aquel rumor mezclado
del agua y las cavernas.
¡Oh, 
		singular, maravillosa fábrica:
sobre heladas cavernas la cúpula de 
		sol!

		
Un día, en mis ensueños,
una joven con un salterio aparecía

		llegaba de Abisinia esa doncella
y pulsaba el salterio;
cantando 
		las montañas de Aboré.
Si revivir lograra en mis entrañas
su 
		música y su canto,
tal fuera mi delicia,
que con la melodía 
		potente y sostenida
alzaría en el aire aquella cúpula,
la cúpula 
		de sol y las cuevas de hielo.
Y cuantos me escucharan las verían
y 
		todos clamarían: «¡Deteneos!
¡Ved sus ojos de llama y su cabello 
		loco!
Tres círculos trazad en torno suyo
y los ojos cerrad con 
		miedo sacro,
pues se nutrió con néctar de las flores
y la leche 
		probó del Paraíso».

		
Versión de Màrie Montand
9.

La canción del viejo marino

Argumento



Cómo un barco, habiendo pasado la línea, es impulsado por las tormentas hacia 
las frías comarcas del Polo Sur; 

y cómo de allí siguió la ruta a las latitudes tropicales del gran Océano 
Pacífico; y de los extraños sucesos que padecieron 

de qué manera el viejo marino tornó a su patria.

Versos y pensamientos de Samuel Taylor Coleridge

Selección destacada
« Es un viejo marinero, y detiene a uno de tres. Por tu larga barba gris y tu ojo brillante, »
Samuel Taylor Coleridge · La balada del viejo marinero (Fragmento inicial)
« ¡Agua, agua por todas partes, y todas las tablas se encogían; agua, agua por todas partes, »
Samuel Taylor Coleridge · La balada del viejo marinero (La maldición del Albatros)
« El sentido común es lo que comunmente’ se llama sabiduría. »
Poemas de Samuel Taylor Coleridge
« El único y verdadero espíritu de tolerancia consiste en tolerar conscientemente la mutua intolerancia. »
Poemas de Samuel Taylor Coleridge
« Hay ocasiones en las que se puede aprender más de la historia de una palabra que de la historia de una guerra. »
Poemas de Samuel Taylor Coleridge
« La admiración, en principio, es una forma de imitar sin perder la originalidad. »
Poemas de Samuel Taylor Coleridge
« No hay un espíritu bien conformado al que le falte el sentido del humor. [No mind is thoroughly well organized that is deficient in a sense of humour]. »
Poemas de Samuel Taylor Coleridge
« Nadie fue jamás un gran poeta sin ser al mismo tiempo un profundo filósofo. »
Poemas de Samuel Taylor Coleridge
« Para muchos, la experiencia es como las luces de popa de un barco, que iluminan solo el camino que queda a la espalda. »
Poemas de Samuel Taylor Coleridge
« ¿Qué es un epigrama? sino un enano completo:Su cuerpo es la brevedad, y su alma el ingenio.[What is an Epigram? a dwarfish whole,Its body brevity, and wit its soul.]. »
Poemas de Samuel Taylor Coleridge
« Solo los sabios poseen ideas; los demás hombres, en su mayoría, son poseídos por ellas. [The wise only possess ideas; the greater part of mankind are possessed by them]. »
Poemas de Samuel Taylor Coleridge
« Agua, agua, por todas partesy todas las tablas se encogieron;agua, agua, por todas partes,ni una gota para beber. [Water, water, everywhere,And all the boards did shrink;Water, water, everywhere,Nor any drop to drink.]. »
Poemas de Samuel Taylor Coleridge
Trayectoria lírica

Poemas y obras destacadas

Antología de poemas inmortales

Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Poemas de Samuel Taylor Coleridge, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.

Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.

Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.

Algunos libros de poesía de Samuel Taylor Coleridge:

Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: