« A la manera de Salvador / Espriu »
Salvador Espriu
Salvador Espriu es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras ...
Vida
Salvador Espriu es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Salvador Espriu
1.
Versión de José
Corredor-Matheos
Versión de José Corredor-Matheos
A la manera de Salvador Espriu Mi viejo precio he de pagar, la muerte, y hoy se me cansan los ojos de la luz. Bajados con esfuerzo todos los escalones, me adentran en dominios de la muerte. En silencio me elevo rey de la noche sabiéndome al servicio de doloridos hombres. ¡Ay! y ¿cómo guiar este dolor inmenso hasta el cercado de las palabras de la noche? Pasan el viento, el triunfo, el reposo, entre hileras de llamas y de arqueros. Cautivo de mis muertos y mi nombre, en muro me convierto, camino de mí mismo. Versión de José Corredor-Matheos
2.
A la orilla del mar
A la orilla del mar
A la orilla del mar. Tenía una casa, mi sueño, a la orilla del mar Altas proa. Por libres caminos de agua, la esbelta barca que yo guiaba. Conocían los ojos el reposo y el orden de una pequeña patria. Necesito contarte qué miedo da la lluvia en los cristales. Hoy cae sobre mi casa la noche oscura. Las rocas negras me atraen al naufragio. Prisionero del cántico, mi esfuerzo inútil, ¿quién me guía hacia el alba? Junto a la mar tenía una casa, mi sueño. Versión de José Corredor Matheos
3.
Al alba
Al alba
Yo no sé qué
fría noche me alejaba
de tu silencio.
Al alba te miré
por última vez.
por las olas amargas.
¡Que caigan en los abismos
de una muerte sin gracia!
Desde la noche defiendo
la soledad ganada
con la victoria inútil
del oro y de la estatua.
4.
Árbol
Árbol
Yo te soñé, invisible majestad que planea por la faz de todas las cosas. Arraigado en el dolor de la ceniza, un hombre tan sólo, te llevaba, sepulcro, padre muerto, dentro de mí, en silencio, y te llamaba con palabras de viento de antiguos milenarios, que la ira encienden. Nunca respondiste al clamor y me dejabas en el miedo a la noche, fuego secreto, alta llama, árbol Dios en la noche. Versión de José Batlló
5.
Cementerio de Sinera
Cementerio de Sinera
Digo adiós a los que quieran mentirse perdurables en el torrente. Cosechadas son ya las flores, y se encalman recuerdos, miradas, alas, todo mi mar. Benigno aire nocturno acerca claridad de fuente, ocultas voces del fuego. Por el fiel silencio de nobles árboles por mí amados, camino al olvido, dejando atrás amores, veleros, sufrimientos, últimas señales de pasos. Versión de José Batlló
6.
Danza de la muerte
Danza de la muerte
Por el diverso azar de nuestro tiempo, la lluvia sutil ha de juntarnos. En la noche que escucha arderán lentos cirios, cera rebelde, ejército desazonado por el lejano orden de las serenas patrias de luz, de los nobles portadores del silencio. Versión de José Batlló
7.
Despedida
Despedida
¿Quién conoce la grave partida de hoy o de mañana, o quién diría todavía una palabra? Sólo sonrío y pienso en destruir el nombre con el silencio. B., 1934 - 1951 Versión de José Batlló
8.
El jardín de los cinco árboles
El jardín de los cinco árboles
Luego, cuando ya me había causado mucho daño y casi tan sólo podía sonreír, escogí las palabras más sencillas, para decirme cómo pasó un momentáneo oro de sol sobre la hiedra del jardín de los cinco árboles. Brevísimo amarillo, de puesta, en invierno, en tanto caían los últimos dedos del agua serpentina, de altas nubes, y el extraño tiempo me entraba en prisiones de silencio. Versión de José Batlló
9.
Ensayo
Ensayo
de cántico en el templo ¡Oh, qué cansado estoy de mi cobarde, vieja, tan salvaje tierra, y cómo me gustaría alejarme, hacia el norte, en donde dicen que la gente es limpia y noble, culta, rica, libre, despierta y feliz! Entonces, en la congregación, los hermanos dirían, desaprobando: «Como el pájaro que deja el nido, así el hombre que abandona su lugar», mientras yo, bien lejos, me reiría de la ley y de la antigua sabiduría de mi árido pueblo. Pero no he de realizar nunca mi sueño y aquí me quedaré hasta la muerte. Pues soy también muy cobarde y salvaje y amo, además, con desesperado dolor, a esta mi pobre, sucia, triste, desdichada patria. Versión de José Corredor-Matheos
10.
Es
Es
propia de mi mundo una reservada felicidad Detrás de esta puerta vivo, pero no sé si puedo llamarla vida. Cuando vuelvo, al atardecer, de mi diario odio contra el pan (¿no sabías que tengo la inmensa suerte de venderme a trozos por una moneda que llega ya a valer mucho menos que nada?), me quito un viejo abrigo, la esperanza, y me adentro por los caminos de mis ojos, por el vacío espanto donde siento, más allá, a mi Dios, más allá siempre, más allá de los falsos profetas y de extrañas culpas y de este viejo necio enfermo de los versos disciplinados, como éstos, con pintas de oscuras marcas que el afán de los críticos un día aclarará para vergüenza mía. Sí, puedes encontrarme, si te atreves, detrás de la glacial nada de esta puerta, aquí, en donde vivo y siento esta añoranza y el grito de Dios y soy, con los nocturnos pájaros de mi soledad, un hombre ya sin sueños en mi soledad.
11.
Espera
Espera
Entonces diré: «Cimas y nubes y tierras a lo lejos y la lenta herida del río y el incendio del cielo, muchos crepúsculos sobre el desierto y los viejos árboles amados cual dioses, aún vuelven para los hombres. Mas yo, que este día aguardaba, he aquí que estoy muerto.» Versión de José Batlló
12.
Final del laberinto
Final del laberinto
Cuando aquellos dedos sensibles
toquen frágiles músicas
y
lentamente vacilen
cambiantes luces de cirios,
sal de la fiesta.
Mira
cuánta noche, qué extrema
soledad se te lleva,
por la
risa, al hombre
justificado y libre
que nace de tu silencio.
B., 1945-1951
Vidi aquam
egredientem de templo
a latere dextro, alleluia. Et omnes
ad quos pervenit aqua ista s6alvi
facti sunt et dicent: alleluia, alleluia.
Versión de
José Batlló
13.
Versión de
José Batlló
Versión de José Batlló
Frágil espejo
Non so chi sia,
ma so ch'ei non è solo.
Purg., 14, 4.
Recordando a B. Rosselló-Pòrcel (5-1-1938)
Alejado en abismos,
donde el rostro me aguarda,
me acerco a
verme.
Cuando la sombra penetra
el cristal puro, en silencio
me
siento sonreír.
Versión de
José Batlló
14.
Galope
Galope
En tanto cabalgas temor, caminos, potradas de noche y de voces, solitario jinete ciego y ventoso, caído de golpe en la paz, no pensado para siempre jamás. Versión de José Batlló
Versos y pensamientos de Salvador Espriu
4 citas« una casa, mi sueño, / a la orilla del mar »
« Yo no sé qué / fría noche me alejaba »
« Yo te soñé, invisible majestad / que planea por la faz de todas las »
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