Poesía Universal

Rosa Lentini

Biografía y amplia selección de poemas de Rosa Lentini. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Rosa Lentini. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Rosa Lentini

6 poemas seleccionados
1.

De "La noche es una voz soñada" 1994

Ahora que la noche me 
		susurra...

		

		Ahora que la noche me susurra que la noche me susurra que ella y el agua 
		son una misma

		presencia, ahora que la voz del agua vuelve y nos invade, ahora que en 
		esa religión del agua 

		he olvidado hablarte y hablarme y por tanto nombrar al mundo y sus 
		gestos, tú deberías 

		insistir, para que recuerde decir "tus manos" por ejemplo, o "mi 
		lengua",  para que no olvide 

		que es con los labios, la lengua y los dientes del origen con los que 
		velamos sobre nuestros nombres, más allá de esa boca asustada, dormida y 
		por todos olvidada, acaso por el recuerdo 

		de esa saliva y de esos dientes en tu boca, que lamen con ansiedad tu 
		lengua, para que ella me diga, para que ella descanse conmigo en el agua 
		sin fluido, y no recuerde que el agua y la

		noche son dos ausencias que crecen sobre un mismo nombre.


		De "La 
		noche es una voz soñada" 1994
2.

Cuenta

el bosque


		Corteza de 
		árbol el vestido de novia,

		fantasma blanco de resina.

		Los días nacen de las noches,

		no entre pliegues de luz,

		una colina es sólo fango endurecido,

		el nacimiento una lejana estrella,

		y el poema únicamente voz.

		Caza nocturna de sueños,

		fisura en la mirada ajena.


		De "El 
		sur hacia mí"  Igitur, 2001
3.

Desnudos,

asomados...

		

		Desnudos, asomados

		a un pasaje colmado de pinturas,

		donde, vueltos de espaldas,

		las figuras parecen mirar

		hacia el interior de cada cuadro

		las nubes, un tronco, unas piedras.

		Olvidadas de sí, sus miradas

		habitan el cuerpo del retrato:

		una piedra, esa desvencijada puerta,

		aquel sendero que llega,

		pasos en la página que elude guarecerlas,

		donde la palabra quizás escucha

		un viento brusco en las horas

		y de golpe el silencio:

		solos sus ojos

		al mirar de soslayo

		un pájaro aleteando,

		deseo de percepción;

		el frío, su figura en lo azul,

		nuestra sola cosecha.


		De "El 
		sur hacia mí"  Igitur, 2001
4.

El

daño

		

		Del cordón umbilical de las preguntas

		sólo tira hacia afuera lo que quema,

		una apuesta sostenida,

		un color remoto y dócil que se fue.

		Perdimos incluso el rastro de la rabia

		en mundos insomnes.

		La noche y la humedad

		llenaron de polvo tu canto,

		y ahora acoges el pálido silencio

		que acerca el eco a lo sagrado.

		Más allá las palabras se cosen a la voz,

		las lenguas se visten con alientos

		que se desvanecen en espejos,

		pues la imagen del mundo

		espera aún en la zarza,

		con un nuevo asombro y un tiempo vacío.


		De "El 
		sur hacia mí"  Igitur, 2001
5.

La

rosa de hielo

		

		La rosa esculpe

		sus violentos colores en el frío,

		y no es sino quimera de la rosa

		en la nieve, rosa de invierno,

		agua helada, blanco en lo blanco,

		ofreciéndose .

		La rosa crepita en la llama,

		y en la desolación de la nieve

		no hay deshielo demasiado lento.


		De "El 
		sur hacia mí"  Igitur, 2001
6.

Leyendo

a Alejandra Pizarnik

		

		I

          Sólo un nombre se 
		murmuraba Alejandra a sí misma en 1956, el año en que yo fui concebida. 
		Cuarenta años más tarde leo el nombre en minúscula "alejandra", en boca 
		de quien poseyó la muerte como la niña que en vientos grises espera la 
		otra orilla, y escribe:

		

                 
		"debajo estoy yo

                 
		alejandra"

		

          A su lado otra, enamorada 
		de la niebla, dice no creer en el cuerpo que nunca existió.

		Pienso ahora en la eternidad que sus palabras, en ese estar por debajo, 
		despliegan en mi lectura.

		

		II

		Antigua sombra en el centro,

		donde en la oscuridad

		el doble es el contrario,

		ambos, desgarraduras en la música

		de la última sobreviviente,

		juego cercando la avenida,

		deshojada, de una poeta

		que asienta su niebla;

		más tarde el lugar se precipita,

		tras escribir mucho

		las fragmentaciones

		suceden a los silencios,

		irse sin quedarse

		o hablar por los desmemoriados,

		el hueco o el exceso,

		el poema imponderable, alguna vez

		en equilibrio cósmico

		o con más flores,

		el cuaderno escolar en el agua,

		donde una bandada de pájaros

		con antifaz golpea el aire.

		

		“Y yo soy el temblor de todo lo azul,

		la caída”, decía.

		

		III

		"Caer hasta tocar el fondo desolado".

		Del otro lado el lazo mortal

		sin para qué ni para quién.

		Hay que escribir en la promesa,

		cavando en la sombra, luz adentro.

		Y dice: "el invierno sube por mí",

		y es más en el interior consigo.

		El silencio poseyó tu puerta,

		zanja y hueco. Pasa alguien

		como lobo gris en la noche

		con su camada desollada,

		mientras la muerte talla sus huesos

		como esculturas, como flautas.

		El silencio es de plata, la música

		de diamante y la muerte no es

		un puñal de oro.

		

		IV

		De cara al cielo

		se clausura

		al terminar, al recomenzar,

		lo que no es otro

		ni es nada;

		buscar fue un vértigo,

		ángel petrificado

		o desposesión de lluvia,

		palabras adolescentes que,

		maleza entre escombros,

		no quieren volverse;

		girar la ausencia

		en los colores del bosque

		ni voz lejanísima

		ni cruzar sin alas.

		

		“Hablo del lugar en el que se forman

		los cuerpos poéticos” dijo.

		

		V

		La vida no desplegó su término

		en una sola mañana, alguna vez

		el centro del mundo tampoco es

		su resignación, lugar de metamorfosis

		en contra, saliva de los árboles.

		Una cosa es ella misma si

		no sabemos ocultarla. Restos,

		como el duelo, muriendo de orfandad.

		Ojos, muriendo de espejos.

		La viajera visitando la mirada.

		

		VI

		La forma de alejarse de la rada

		cuando empezaba a aprender

		en la luz mortecina de su rostro

		y a escuchar como si pudiera oírse

		bajo el agua; criatura del fondo.

		

		Una voz

                   
		y otra voz detrás,

		los lentos pliegues de la doble memoria.

		

		Con dormidas cortezas de árbol sobre el pecho

		ahora es fácil saberla abrazada a la tierra,

		mirar el jardín por donde decía no venir,

		sus palabras de cueva de espaldas a las nubes.

		

		Verla transformarse en Virgen de las Rocas.

		

		De "Leyendo a Alejandra Pizarnik"  Igitur, 1999

Versos y pensamientos de Rosa Lentini

4 citas
« Ahora que la noche me susurra que la noche me susurra que ella y el agua / son una misma »
Rosa Lentini · De "La noche es una voz soñada" 1994
« Corteza de / árbol el vestido de novia, »
Rosa Lentini · Cuenta
« Desnudos, asomados / a un pasaje colmado de pinturas, »
Rosa Lentini · Desnudos,
« daño / Del cordón umbilical de las preguntas »
Rosa Lentini · El
Biblioteca poética

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