« Llegué a la política a través de la poesía. »
Roque Dalton
Roque Dalton (San Salvador, 14 de mayo de 1935 - San Salvador, 10 de mayo de 1975) fue un poeta y político salvadoreño.
Poemas de Roque Dalton
1.
Alta hora de la noche
Alta hora de la noche
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre porque se detendrá la muerte y el reposo. Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos, sería el tenue faro buscado por mi niebla. Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas. Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta. No dejes que tus labios hallen mis once letras. Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio. No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto desde la oscura tierra vendría por tu voz. No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre, Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.
2.
Como la siempreviva
Como la siempreviva
Mi poesía es como la siempreviva paga su precio a la existencia en término de asperidad. Entre las piedras y el fuego, frente a la tempestad o en medio de la sequía, por sobre las banderas del odio necesario y el hermosísimo empuje de la cólera, la flor de mi poesía busca siempre el aire, el humus, la savia, el sol, de la ternura.
3.
Como tú
Como tú
Yo como tú amo el amor, la vida, el dulce encanto de las cosas el paisaje celeste de los días de enero. También mi sangre bulle y río por los ojos que han conocido el brote de las lágrimas. Creo que el mundo es bello, que la poesía es como el pan, de todos. Y que mis venas no terminan en mí, sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos.
4.
Desnuda
Desnuda
Amo tu desnudez porque desnuda me bebes con los poros, como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo. Tu desnudez derriba con su calor los límites, me abre todas las puertas para que te adivine, me toma de la mano como a un niño perdido que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas. Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo pasa a ser mi universo, el credo que se nutre; la aromática lámpara que alzo estando ciego cuando junto a la sombras los deseos me ladran. Cuando te me desnudas con los ojos cerrados cabes en una copa vecina de mi lengua, cabes entre mis manos como el pan necesario, cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra. El día en que te mueras te enterraré desnuda para que limpio sea tu reparto en la tierra, para poder besarte la piel en los caminos, trenzarte en cada río los cabellos dispersos. El día en que te mueras te enterraré desnuda, como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.
5.
El gran despecho
El gran despecho
País mío no existes sólo eres una mala silueta mía una palabra que le creí al enemigo antes creía que solamente eras muy chico que no alcanzabas a tener de una vez Norte y Sur pero ahora sé que no existes y que además parece que nadie te necesita no se oye hablar a ninguna madre de tí Ello me alegra porque prueba que me inventé un país aunque me deba entonces a los manicomios soy pues un diocesillo a tu costa (Quiero decir: por expatriado yo tú eres ex patria)
6.
El mar
El mar
Hay grandes piedras en tu oscuridad tempestuosa grandes piedras con sus fechas lavadas por tu sombra porque hasta el sol de día cómese tu sombra cruje en el frío despidiéndose del aire que no se atreve a penetrarte. Oh! mar donde los desesperados pueden dormir arrullados por explosiones impasibles alfabeto del vértigo paisaje diluido que los muros envisten las gaviotas y la espuma de los peces son tu primavera la furia es una pirámide verde una resurrección del fuego más agudo tu clima tu mejor huella sería un caracol caminando con pasos de niño el desierto. Amé siempre esas poblaciones disímiles al parecer robadas de las manos del mar pequeñas villas junto a la arena puertos escandalosos en la ebriedad del salitre caseríos tiritando entre la niebla llena de corales grandes ciudades titánicas frente a las tempestades humilladas aldeas de pescadores ciegos bajo un faro de aceite factorías acechantes entre los manglares con un largo cuchillo Valparaíso como una gran cascada en suspenso Manta Puná puertos del Ecuador que me negaron las hojas Buenaventura aromática como un gran puerto sucio Panamá con los ojos punzados por la depravación Cartagena siempre aguardando a los piratas hambrienta willemstadt náufraga en los dominios del petróleo Tenerife y su dulce copa de vino Barcelona bostezando entre los bancos y los carabineros Nápoles bellamente tumefacta Génova Leningrado Sochi La Guaira Buenos Aires Montevideo como una margarita Puerto Limón Corinto Acajutla en una lenta playa de mi patria todos mirándose en el espejo grave que surcan los delfines apartando como un sable veloz las infinitas espigas de esmeralda
7.
El vanidoso
El vanidoso
Yo sería un gran muerto. Mis vicios entonces lucirían como joyas antiguas con esos deliciosos colores del veneno. Habría flores de todos los aromas en mi tumba e imitarían los adolescentes mis gestos de júbilo, mis ocultas palabras de congoja. Tal vez alguien diría que fui leal y fui bueno. Pero solamente tú recordarías mi manera de mirar a los ojos. Una de las caras del amor es la muerte, en el humo de esta época eternamente juvenil. ¿Qué me queda ante ti sino la perplejidad de los reyes, los gestos del aprendizaje ante la crecida del río, las huellas de la caída de bruces entre la ceniza? La propia juventud decrece y trota la melancolía como una mula.
8.
Hora de la ceniza
Hora de la ceniza
Finaliza septiembre. Es hora de decirte lo difícil que ha sido no morir. Por ejemplo, esta tarde tengo en las manos grises libros hermosos que no entiendo, no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia y me cae sin motivo el recuerdo del primer perro a quien amé cuando niño. Desde ayer que te fuiste hay humedad y frío hasta en la música. Cuando yo muera, sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable, mi bandera sin derecho a cansarse, la concreta verdad que repartí desde el fuego, el puño que hice unánime con el clamor de piedra que exigió la esperanza. Hace frío sin ti. Cuando yo muera, cuando yo muera dirán con buenas intenciones que no supe llorar. Ahora llueve de nuevo. Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto como hoy. Siento deseos de reír o de matarme.
9.
María Tecum
María Tecum
Los días de leyenda en que me amabas sin hacer preguntas
hicieron que
la ciudad tomara la cara de un juguete
como en los nacimientos al dejarte en las noches
iba a mi casa
alegre por calles de aserrín
En el espejo tembloroso y tristón de los charcos
me miraba la
cara al lado de la luna
me buscaban tus besos para que no alumbrasen
los sueños de los pájaros perdidos en mi almohada
Policías de barro y gallos de hojalata en silencio
se burlaban de
mí guiñándose a saber cómo los inmóviles ojos
y es que e a mi paso
hasta los dormidos chismeaban con envidia
en sus habitaciones
decían que tú eras la novia del niño Dios
Con musgo arrancado de donde nacen los Chorros de Colón
me esperaban
los jardines del sueño con su frescura verde
pero el calor de la
punta de tus dedos había sido una puñalada tan honda
que al amanecer
el nixtamalero lavaba en mis pupilas
como en dos huacalitos de sangre
su gran ojo desnudo
Entre árboles de papel de china vestidos desde el corazón del añil
pasaba el nuevo día escuchando una orquesta de arcángeles ancianos
que con su cabello de algodón formaban nuevos ríos en la brisa
Después yo te encontraba a la par del crepúsculo
-con su alto
árbol de fuego incendiado de veras-
y lamía en tus manos la piel del
mazapán
En los alrededores los muñecos con mejillas de flor
bebían sus
cervezas de polen y humo
Ay pero a los pocos meses se te ocurrió crecer y te me fuiste lejos
con un horrible gesto de persona mayor
desde entonces la ciudad
recobró también su tamaño de siempre
y en sus negras calles de
asfalto los ciudadanos pegan con las manos
a mi alma de muchachito
triste que todavía necesita jugar
Frases y pensamientos de Roque Dalton
11 citas« Se llamaba María y era amiga de Dios. Sin embargo recuérdola mejor por sus pechos hiriendo mi mejilla en los amaneceres tibios de los domingos. »
« Supongo que (El Salvador) no existe sino en mi borrachera, pues en Inglaterra nadie sabe de él. »
« Todo es posible en un país como éste, que entre otras cosas tiene el nombre más risible del mundo: cualquiera diría que se trata de un hospital o de un remolcador. »
« Hace frío sin ti, pero se vive. »
« La rosa ciega a los campeones de tiro. »
« Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto como hoy. »
« Hablar con Roque era como vivir más intensamente, como vivir por dos. [...] Era un hombre que a los cuarenta años daba la impresión de un chico de diecinueve. Tenía algo de niño, conductas de niño, era travieso, juguetón. Era difícil saber y darse cuenta de la fuerza, la seriedad y la eficacia que se escondían detrás de ese muchacho. »
« Roquito hacía reír hasta a las piedras, como lo escribió Eduardo Galeano. Hacía reír porque rompía los lugares comunes. Nadie menos solemne que Roque Dalton, nadie más capaz de hacer reír hasta las horas negras, más dispuesto a aventarse a pecho abierto contra el peligro, nadie más accidentado. »
« ...se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos. »
« Su ética y su estética personales, forjadas en la incandescente realidad de El Salvador, produjeron a un ser humano cuya poesía y vida personal eran una sola cosa. Tenía el gran don del sentido del humor, se burlaba de todo, empezando por sí mismo, y eso lo salvó de la mojigatería que suele acompañar al fervor revolucionario. »
« Llegué a la política a través de la poesía. »
« Se llamaba María y era amiga de Dios. Sin embargo recuérdola mejor por sus pechos hiriendo mi mejilla en los amaneceres tibios de los domingos.Recordando a su niñera María. Ver: En la humedad del secreto: antología poética de Roque Dalton. »
« Supongo que (El Salvador) no existe sino en mi borrachera, pues en Inglaterra nadie sabe de él. »
« Todo es posible en un país como éste, que entre otras cosas tiene el nombre más risible del mundo: cualquiera diría que se trata de un hospital o de un remolcador. »
« Hace frío sin ti, pero se vive. »
« La rosa ciega a los campeones de tiro. »
« Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto como hoy. »
« Hablar con Roque era como vivir más intensamente, como vivir por dos. [...] Era un hombre que a los cuarenta años daba la impresión de un chico de diecinueve. Tenía algo de niño, conductas de niño, era travieso, juguetón. Era difícil saber y darse cuenta de la fuerza, la seriedad y la eficacia que se escondían detrás de ese muchacho. »
« Roquito hacía reír hasta a las piedras, como lo escribió Eduardo Galeano. Hacía reír porque rompía los lugares comunes. Nadie menos solemne que Roque Dalton, nadie más capaz de hacer reír hasta las horas negras, más dispuesto a aventarse a pecho abierto contra el peligro, nadie más accidentado. »
« ...se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos. »
« Su ética y su estética personales, forjadas en la incandescente realidad de El Salvador, produjeron a un ser humano cuya poesía y vida personal eran una sola cosa. Tenía el gran don del sentido del humor, se burlaba de todo, empezando por sí mismo, y eso lo salvó de la mojigatería que suele acompañar al fervor revolucionario. »
Poemas y obras destacadas
Antología de poemas inmortales
Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Roque Dalton, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.
Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.
Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.
Algunos libros de poesía de Roque Dalton:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: