« parece / que estamos en el centro »
Roberto Juarroz · A veces me parece...
Biografía y amplia selección de poemas de Roberto Juarroz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Roberto Juarroz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
A veces me parece que estamos en el centro de la fiesta sin embargo en el centro de la fiesta no hay nadie En el centro de la fiesta está el vacío Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.
Algún día encontraré una palabra que penetre en tu vientre y lo fecunde, que se pare en tu seno como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo. Hallaré una palabra que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta, que contenga tu cuerpo y abra tus ojos como un dios sin nubes y te use tu saliva y te doble las piernas. Tú tal vez no la escuches o tal vez no la comprendas. No será necesario. Irá por tu interior como una rueda recorriéndote al fin de punta a punta, mujer mía y no mía y no se detendrá ni cuando mueras.
Así como no podemos sostener mucho tiempo una mirada, tampoco podemos sostener mucho tiempo la alegría, la espiral del amor, la gratuidad del pensamiento, la tierra en suspensión del cántico. No podemos ni siquiera sostener mucho tiempo las proporciones del silencio cuando algo lo visita. Y menos todavía cuando nada lo visita. El hombre no puede sostener mucho tiempo al hombre, ni tampoco a lo que no es el hombre. Y sin embargo puede soportar el peso inexorable de lo que no existe.
uno tiene su pedazo de tiempo... Cada uno tiene su pedazo de tiempo y su pedazo de espacio, su fragmento de vida y su fragmento de muerte. Pero a veces los pedazos se cambian y alguien vive con la vida de otro o alguien muere con la muerte de otro. Casi nadie está hecho tan sólo con lo propio. Pero hay muchos que son nada más que un error: están hechos con los trozos totalmente cambiados.
Detener la palabra un segundo antes del labio, un segundo antes de la voracidad compartida, un segundo antes del corazón del otro, para que haya por lo menos un pájaro que puede prescindir de todo nido. El destino es de aire. Las brújulas señalan uno solo de sus hilos, pero la ausencia necesita otros para que las cosas sean su destino de aire. La palabra es el único pájaro que puede ser igual a su ausencia.
El amor empieza cuando se rompen los dedos y se dan vuelta las solapas del traje, cuando ya no hace falta pero tampoco sobra la vejez de mirarse, cuando la torre de los recuerdos, baja o alta, se agacha hasta la sangre. El amor empieza cuando Dios termina Y cuando el hombre cae, mientras las cosas, demasiado eternas, comienzan a gastarse, y los signos, las bocas y los signos, se muerden mutuamente en cualquier parte. El amor empieza cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado sobre la soledad irremediable. Porque el amor es simplemente eso: la forma del comienzo tercamente escondida detrás de los finales.
El centro del amor no siempre coincide con el centro de la vida. Ambos centros se buscan entonces como dos animales atribulados. Pero casi nunca se encuentran, porque la clave de la coincidencia es otra: nacer juntos. Nacer juntos, como debieran nacer y morir todos los amantes.
El corazón empieza bajo tierra, pero acaba en tus labios y en los míos. La muerte entonces duda en las cornisas y una convalecencia de ojos largos desprende las arrugas del temblor. No hay que negar que eso nos salva, pero entre tantas cosas tan perdidas no es posible aceptar la salvación. Y las manos, sin darse cuenta aprenden el gesto incorregible de volver a enterrar el corazón.
corazón más plano de la tierra... El corazón más plano de la tierra, el corazón más seco, me mostró su ternura. y yo tuve vergüenza de la mía. Tuve vergüenza de los himnos largos, de las constelaciones derramadas, de los gestos nupciales y espumosos, de las escarapelas del amor, de los amaneceres desplomados. Y también tuve miedo. Miedo de las palabras que no cantan, miedo de las imágenes que sobran cuando tanto ser falta, miedo de los roedores que se baten en la iglesia vacía, miedo de las habitaciones bautismales que se llenan de águilas. El corazón más plano de la tierra me hizo aprender el salto en el abismo de una sola mirada.
El silencio que queda entre dos palabras no es el mismo silencio que envuelve una cabeza cuando cae, ni tampoco el que estampa la presencia del árbol cuando se apaga el incendio vespertino del viento. Así como cada voz tiene un timbre y una altura, cada silencio tiene un registro y una profundidad. El silencio de un hombre es distinto del silencio de otro y no es lo mismo callar un nombre que callar otro nombre. Existe un alfabeto del silencio, pero no nos han enseñado a deletrearlo. Sin embargo, la lectura del silencio es la única durable, tal vez más que el lector.
Estoy contigo. Pero por encima de tu hombro me dice adiós tu mano que se aleja. Entonces yo contengo mi mano para que no nos traicione ella también. E insisto: estoy contigo. Los innegables títulos del adiós abandonan entonces provisoriamente sus derechos. Y nuestras manos se aquietan en las equidistancias de estar juntos.
Hay corazones sin dueño, que no tuvieron nunca la oportunidad de regir como un péndulo casi atroz el laborioso espasmo de la carne. Hay corazones de repuesto, que esperan sabiamente o por quién sabe qué mandato el momento de asumir su locura. Hay corazones sobrantes que se descuelgan como puños de contrabando desde la permanente anomalía de ser un corazón. Y hay también un corazón perdido, una campana de silencio, que nadie sin embargo ha encontrado entre todas las cosas perdidas de la tierra. Pero todo corazón es un testigo y una segura prueba de que la vida es una escala inadecuada para trazar el mapa de la vida.
que inventar respiraciones nuevas... Hay que inventar respiraciones nuevas. Respiraciones que no sólo consuman el aire, sino que además lo enriquezcan y hasta lo liberen de ciertas combinaciones taciturnas. Respiraciones que inhalen además las ondas y los ritmos, la fragancia secreta del tiempo y su disolución entre la bruma. Respiraciones que acompañen a aquel que las respire. Respiraciones hacia adentro del sueño, del amor y la muerte. Y para eso hay que inventar un nuevo aire, unos pulmones más fervientes y un pensamiento que pueda respirarse. Y si aún faltara algo, habría que inventar también otra forma más concreta del hombre.
Hemos amado juntos tantas cosas que es difícil amarlas separados. Parece que se hubieran alejado de pronto o que el amor fuera una hormiga escalando los declives del cielo. Hemos vivido juntos tanto abismo que sin ti todo parece superficie, órbita de simulacros que resbalan, tensión sin extensiones, vigilancia de cuerpos sin presencia. Hemos perdido juntos tanta nada que el hábito persiste y se da vuelta y ahora todo es ganancia de la nada. El tiempo se convierte en antitiempo porque ya no lo piensas. Hemos callado y hablado tanto juntos que hasta callar y hablar son dos traiciones, dos sustancias sin justificación, dos sustitutos. Lo hemos buscado todo, lo hemos hallado todo, lo hemos dejado todo. Ãnicamente no nos dieron tiempo para encontrar el ojo de tu muerte, aunque fuera también para dejarlo.
La mano se extiende, pero a mitad de camino a detiene una imagen. Y se marcha entonces con ella, no para poseerla sino tan sólo para entrar en su juego. La mano ha comenzado a enamorarse en el camino y así la posesión y el don se le escapan. La mano ha cambiado su destino por un vuelo que no es el vuelo del pájaro, sino un abandono a las mareas que no tienen costa o a los desequilibrios de una sabiduría diferente. La mano ha renunciado a su objeto y ha adquirido el valor de su distracción. La mano ha renunciado a salvarse.
La vida nos acorta la vista y nos alarga la mirada. ¿Cómo poner otra figura en el paisaje sin desarticularlo como una feria invadida por la tristeza, sin que las nubes o los árboles se despeguen y salten como muñecos desarmados? ¿Cómo poner una palabra en el paisaje sin que el silencio se asuste igual que un animal sorprendido en el bosque o como una procesión que ha perdido su imagen? ¿Cómo poner una muerte en el paisaje sin que se vuelva frío y se sumerja como una flauta con todos los agujeros tapados? ¿Cómo alargar un sueño hasta que sea un punto en el paisaje, una figura, una palabra o la muerte, sin que el paisaje se desintegre como una burbuja? Nosotros ya no podemos dejar de estar en el paisaje siguiente, aunque sea un paisaje en blanco.
Las distancias no miden lo mismo de noche y de día. A veces hay que esperar la noche para que una distancia se acorte. A veces hay que esperar el día. Por otra parte la oscuridad o la luz teje de tal manera en ciertos casos el espacio y sus combinaciones que los valores se invierten: lo largo se vuelve corto, lo corto se vuelve largo. Y además, hay un hecho: la noche y el día no llenan igualmente el espacio, ni siquiera totalmente. Y no miden lo mismo las distancias llenas y las distancias vacías. Como tampoco miden lo mismo las distancias entre las cosas grandes y las distancias entre las cosas pequeñas.
« parece / que estamos en el centro »
« Algún día / encontraré una palabra »
« no podemos / sostener mucho tiempo una mirada, »
« su pedazo de tiempo / y su pedazo de espacio, »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: