Poesía Universal

Roberto Juarroz

Biografía y amplia selección de poemas de Roberto Juarroz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

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Biografía y amplia selección de poemas de Roberto Juarroz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Roberto Juarroz

17 poemas seleccionados
1.

A veces me parece...

A veces me 
		parece

		que estamos en el centro

		de la fiesta

		sin embargo

		en el centro de la fiesta

		no hay nadie

		En el centro de la fiesta

		está el vacío

		Pero en el centro del vacío

		hay otra fiesta.
2.

Algún día encontraré una palabra...

Algún día 
		encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que 
		se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.


		Hallaré 
		una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu 
		cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva

		y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la 
		comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda

		recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía
y no se 
		detendrá ni cuando mueras.
3.

Así como no podemos...

Así como 
		no podemos

		sostener mucho tiempo una mirada,

		tampoco podemos sostener mucho tiempo la alegría,

		la espiral del amor,

		la gratuidad del pensamiento,

		la tierra en suspensión del cántico.

		

		No podemos ni siquiera sostener mucho tiempo

		las proporciones del silencio

		cuando algo lo visita.

		Y menos todavía

		cuando nada lo visita.

		

		El hombre no puede sostener mucho tiempo al hombre,

		ni tampoco a lo que no es el hombre.

		

		Y sin embargo puede

		soportar el peso inexorable

		de lo que no existe.
4.

Cada

uno tiene su 
		pedazo de tiempo...


		Cada uno 
		tiene

		su pedazo de tiempo

		y su pedazo de espacio,

		su fragmento de vida

		y su fragmento de muerte.

		

		Pero a veces los pedazos se cambian

		y alguien vive con la vida de otro

		o alguien muere con la muerte de otro.

		

		Casi nadie está hecho

		tan sólo con lo propio.

		Pero hay muchos que son

		nada más que un error:

		están hechos con los trozos

		totalmente cambiados.
5.

Detener la palabra...

Detener la 
		palabra

		un segundo antes del labio,

		un segundo antes de la voracidad compartida,

		un segundo antes del corazón del otro,

		para que haya por lo menos un pájaro

		que puede prescindir de todo nido.

		

		El destino es de aire.

		Las brújulas señalan uno solo de sus hilos,

		pero la ausencia necesita otros

		para que las cosas sean

		su destino de aire.

		

		La palabra es el único pájaro 

		que puede ser igual a su ausencia.
6.

El amor empieza cuando se rompen...

El amor 
		empieza cuando se rompen 
los dedos
y se dan vuelta las solapas 
		del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco
sobra
la vejez 
		de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o
alta,
se 
		agacha hasta la sangre.


		El amor 
		empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las 
		cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las 
		bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.


		El amor 
		empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado

		sobre la soledad irremediable.


		Porque el 
		amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente 
		escondida
detrás de los finales.
7.

El centro del amor...

El centro del amor
no siempre coincide 
con el centro de la vida.

		Ambos centros se buscan entonces
como dos animales atribulados.

		Pero casi nunca se encuentran,
porque la clave de la coincidencia es 
		otra:
nacer juntos.
Nacer juntos,
como debieran nacer y morir

		todos los amantes.
8.

El corazón empieza bajo tierra...

El corazón 
		empieza bajo tierra,
pero acaba en tus labios y en los míos.
La 
		muerte entonces duda en las cornisas
y una convalecencia de ojos 
		largos
desprende las arrugas del temblor.


		No hay que 
		negar que eso nos salva,
pero entre tantas cosas tan perdidas
no 
		es posible aceptar la salvación.


		Y las 
		manos, sin darse cuenta aprenden
el gesto incorregible
de volver a 
		enterrar el corazón.
9.

El

corazón más plano de la 
		tierra...


		El corazón 
		más plano de la tierra,
el corazón más seco,
me mostró su ternura.

		y yo tuve vergüenza de la mía.

		
Tuve vergüenza de los himnos largos,
de las constelaciones 
		derramadas,
de los gestos nupciales y espumosos,
de las 
		escarapelas del amor,
de los amaneceres desplomados.

		
Y también tuve miedo.
Miedo de las palabras que no cantan,

		miedo de las imágenes que sobran
cuando tanto ser falta,
miedo de 
		los roedores que se baten
en la iglesia vacía,
miedo de las 
		habitaciones bautismales
que se llenan de águilas.

		
El corazón más plano de la tierra
me hizo aprender el salto en el 
		abismo
de una sola mirada.
10.

El silencio que queda entre dos palabras...

El 
		silencio que queda entre dos palabras
no es el mismo silencio que 
		envuelve una cabeza cuando cae,
ni tampoco el que estampa la 
		presencia del árbol
cuando se apaga el incendio vespertino del 
		viento. 
		

Así como cada voz tiene un timbre y una altura,
cada silencio 
		tiene un registro y una profundidad.
El silencio de un hombre es 
		distinto del silencio de otro
y no es lo mismo callar un nombre que 
		callar otro nombre. 
		
  
Existe un alfabeto del silencio,
pero no nos han 
		enseñado a deletrearlo.
Sin embargo, la lectura del silencio es la 
		única durable,
tal vez más que el lector.
11.

Estoy contigo...

Estoy 
		contigo.
Pero por encima de tu hombro
me dice adiós tu mano que se 
		aleja.


		Entonces 
		yo contengo mi mano
para que no nos traicione ella también.


		E insisto:

		estoy contigo.
Los innegables títulos del adiós
abandonan entonces 
		provisoriamente sus derechos.


		Y nuestras 
		manos se aquietan
en las equidistancias de estar juntos.
12.

Hay corazones sin dueño...

Hay corazones sin 
		dueño,

		que no tuvieron nunca la oportunidad

		de regir como un péndulo casi atroz

		el laborioso espasmo de la carne.

		

		Hay corazones de repuesto,

		que esperan sabiamente

		o por quién sabe qué mandato

		el momento de asumir su locura.

		

		Hay corazones sobrantes

		que se descuelgan como puños de contrabando

		desde la permanente anomalía

		de ser un corazón.

		

		Y hay también un corazón perdido,

		una campana de silencio,

		que nadie sin embargo ha encontrado

		entre todas las cosas perdidas de la tierra.

		

		Pero todo corazón es un testigo

		y una segura prueba

		de que la vida es una escala inadecuada

		para trazar el mapa de la vida.
13.

Hay

que inventar 
		respiraciones nuevas...


		Hay que inventar 
		respiraciones nuevas.

		Respiraciones que no sólo consuman el aire,

		sino que además lo enriquezcan

		y hasta lo liberen

		de ciertas combinaciones taciturnas. 

		

		Respiraciones que inhalen además

		las ondas y los ritmos,

		la fragancia secreta del tiempo

		y su disolución entre la bruma. 

		

		Respiraciones que acompañen

		a aquel que las respire. 

		

		Respiraciones hacia adentro del sueño,

		del amor y la muerte.

		

		Y para eso hay que inventar un nuevo aire,

		unos pulmones más fervientes

		y un pensamiento que pueda respirarse. 

		

		Y si aún faltara algo,

		habría que inventar también

		otra forma más concreta del hombre.
14.

Hemos amado juntos tantas cosas...

Hemos amado juntos 
		tantas cosas 
		
que es difícil amarlas separados. 
Parece que se hubieran alejado 
		de pronto 
		
o que el amor fuera una hormiga 
escalando los declives del 
		cielo. 
		


		Hemos vivido juntos 
		tanto abismo 
		
que sin ti todo parece superficie, 
órbita de simulacros que 
		resbalan, 
		
tensión sin extensiones, 
vigilancia de cuerpos sin presencia. 
		


		Hemos perdido juntos 
		tanta nada 
		
que el hábito persiste y se da vuelta 
y ahora todo es ganancia 
		de la nada. 
		
El tiempo se convierte en antitiempo 
porque ya no lo piensas. 
		


		Hemos callado y hablado 
		tanto juntos 
		
que hasta callar y hablar son dos traiciones, 
dos sustancias sin 
		justificación, 
		
dos sustitutos. 


		Lo hemos buscado todo, 
		
lo hemos hallado todo, 
lo hemos dejado todo. 


		Únicamente no nos 
		dieron tiempo 
		
para encontrar el ojo de tu muerte, 
aunque fuera también para 
		dejarlo.
15.

La mano se extiende...

La mano se extiende,
pero a mitad de camino
a detiene una imagen.

		Y se marcha entonces con ella,
no para poseerla
sino tan sólo para 
		entrar en su juego.
La mano ha comenzado a enamorarse en el camino

		y así la posesión y el don se le escapan.
La mano ha cambiado su 
		destino
por un vuelo que no es el vuelo del pájaro,
sino un 
		abandono a las mareas que no tienen costa
o a los desequilibrios de 
		una sabiduría diferente.
La mano ha renunciado a su objeto
y ha 
		adquirido el valor de su distracción.
La mano ha renunciado a 
		salvarse.
16.

La vida nos acorta la vista...

La vida nos acorta la vista
y nos alarga la mirada.
¿Cómo poner 
		otra figura en el paisaje
sin desarticularlo como una feria invadida 
		por la tristeza,
sin que las nubes o los árboles se despeguen
y 
		salten como muñecos desarmados?
¿Cómo poner una palabra en el paisaje

		sin que el silencio se asuste
igual que un animal sorprendido en el 
		bosque
o como una procesión que ha perdido su imagen?
¿Cómo poner 
		una muerte en el paisaje
sin que se vuelva frío
y se sumerja como 
		una flauta
con todos los agujeros tapados?
¿Cómo alargar un sueño

		hasta que sea un punto en el paisaje,
una figura, una palabra o la 
		muerte,
sin que el paisaje se desintegre como una burbuja?

		Nosotros ya no podemos dejar de estar en el paisaje siguiente,
aunque 
		sea un paisaje en blanco.
17.

Las distancias no miden lo mismo...

Las distancias no miden lo mismo 
		
de noche y de día. 
A veces hay que esperar la noche 
para que 
		una distancia se acorte. 
		
A veces hay que esperar el día. 
Por otra parte 
la oscuridad 
		o la luz 
		
teje de tal manera en ciertos casos 
el espacio y sus 
		combinaciones 
		
que los valores se invierten: 
lo largo se vuelve corto, 
lo 
		corto se vuelve largo. 
		
Y además, hay un hecho: 
la noche y el día no llenan igualmente 
		el espacio, 
		
ni siquiera totalmente. 
Y no miden lo mismo 
las distancias 
		llenas 
		
y las distancias vacías. 
Como tampoco miden lo mismo 
las 
		distancias entre las cosas grandes 
		
y las distancias entre las cosas pequeñas.

Versos y pensamientos de Roberto Juarroz

4 citas
« parece / que estamos en el centro »
Roberto Juarroz · A veces me parece...
« Algún día / encontraré una palabra »
Roberto Juarroz · Algún día encontraré una palabra...
« no podemos / sostener mucho tiempo una mirada, »
Roberto Juarroz · Así como no podemos...
« su pedazo de tiempo / y su pedazo de espacio, »
Roberto Juarroz · Cada
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