Poesía Universal

Roberto Fernández Retamar

Biografía y amplia selección de poemas de Roberto Fernández Retamar. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Roberto Fernández Retamar. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Roberto Fernández Retamar

10 poemas seleccionados
1.

Agradeciendo el regalo de una pluma de faisán

Con esta hermosa pluma tornasolada puedo
Escribir las palabras en 
		que García Lorca
Dijo
Herido de amor huido.
Dijo que en tus 
		ojos
Había un constante desfile de pájaros,
Un temblor divino como 
		de agua clara
Sorprendida siempre sobre el arrayán.

		
Escribir las palabras en que Góngora dijo
A batallas de amor 
		campos de pluma.

		
Escribir las palabras en que Antonio Machado
Dijo
Hoy es 
		siempre todavía.
2.

Al devolver el original de un poema que apenas es mío

Es de quienes escribieron los versos que cité.
Es de los inventores y 
		rehacedores de sus palabras.
Es de la persona que lo guardó con tanto 
		celo que casi no
dio luego con él.
Es de alguien que decide 
		apropiárselo.
Es otra forma de la casualidad.
Es la renovada 
		ilusión de desempeñar el papel de las flores.
Es una avanzadilla de 
		la esperanza.
Es de unos ojos.
Es probablemente irreal.
3.

Alguien me pidió una rosa de Rilke

Y entonces regresaron
Las Cartas leídas por el atormentado joven 
		poeta que fui,
El anhelante Corneta adolescente en la noche de la 
		guerra,
Las páginas sobre quien dio alas a la piedra, temblor al

		bronce,
Los Cuadernos que me producían angustia
Como la América de 
		otro extraño hijo de Praga,
Las Elegías con el ángel terrible pero 
		necesario de la
belleza,
Los Sonetos y en ellos una flor cuyo 
		nombre tampoco él
sabía,
El Diario hecho a orillas del río en la 
		mansión de Florencia
Donde más tarde yo iba a estar con una marquesa 
		y unos
amigos.
Tantas horas, tantas imágenes, tanto viento de 
		infancia,
Tanta penumbra iluminada, tantos lugares que antaño

		fueron míos
En La Víbora lejana, mi total cercanía.
Registro 
		viejos papeles amados y escojo estas rosas
Escritas por la mano 
		absoluta del poeta.
Luego sería la rosa final, la de la espina.

		
La Habana, enero de 1996
4.

Con

la forastera


		Pues no tendrán en común ni un idioma
(No digamos una ciudad, un 
		hogar, un hijo),
Ni siquiera esas canciones, esos sitios,
Esos 
		olores que acaso sólo nos parecen hermosos porque
nos recuerdan un 
		recuerdo,
Porque nos recuerdan a nosotros mismos, y quizá lo que

		llamamos belleza
No sea sino la terca persistencia del ser más allá 
		de sí mismo,
Más allá de su lugar y su tiempo, como la luz de un 
		astro
hace siglos apagado.
Pero astros sí tendrán en común. Al 
		levantar los ojos
No habrá en el cielo país extranjero.
Aquellas 
		estrellas son estas mismas estrellas,
No distan más de esa ciudad 
		lejana que de ésta.
Aquellas montañas y este mar les son igualmente 
		familiares
O igualmente extraños.
Y también unas desperdigadas 
		horas de febrero
pertenecientes para siempre
Al insaciable pasado.

		
De "Siempre por primera vez"
5.

Con las mismas manos de acariciarte estoy construyendo una escuela...

Con las mismas manos de acariciarte estoy construyendo una escuela.

		
Llegué casi al amanecer, con las que pensé que serían ropas de 
		trabajo,
Pero los hombres y los muchachos que, en sus harapos 
		esperaban
Todavía me dijeron señor.
Están en un caserón a medio 
		derruir,
Con unos cuantos catres y palos: allí pasan las noches

		Ahora, en vez de dormir bajo los puentes o en los portales.
Uno sabe 
		leer, y lo mandaron a buscar cuando
supieron que yo tenía biblioteca.

		(Es alto, luminoso, y usa una barbita en el insolente rostro mulato.)

		Pasé por el que será el comedor escolar, hoy sólo señalado por una 
		zapata
Sobre la cual mi amigo traza con su dedo en el aire ventanales 
		y puertas.
Atrás estaban las piedras, y un grupo de muchachos
Las 
		trasladaban en veloces carretillas. Yo pedí una
Y me eché a aprender 
		el trabajo elemental de los hombres elementales.
Luego tuve mi 
		primera pala y tomé el agua silvestre de los trabajadores,
Y, 
		fatigado, pensé en ti, en aquella vez
Que estuviste recogiendo una 
		cosecha hasta que la vista se te nublaba
Como ahora a mí,
¡Qué 
		lejos estábamos de las cosas verdaderas,
Amor, qué lejos -como uno de 
		otro!
La conversación y el almuerzo
Fueron merecidos, y la amistad 
		del pastor
Hasta hubo una pareja de enamorados 
		
Que se ruborizaban cuando los señalábamos, riendo, 
Fumando, 
		después del café.
No hay momento
En que no piense en ti.
Hoy 
		quizás más, 
		
Y mientras ayude a construir esta escuela 
Con las mismas manos 
		de acariciarte.
6.

Duerme, sueña, haz

«Duerme bajo los Angeles, sueña bajo los Santos»
                                                                                                                                  
		Rubén Darío

Echan abajo muros que nunca debieron existir
Y 
		levantan o refuerzan otros que no deben existir tampoco
Y un día 
		serán a su vez abajados con estruendo.
Avanzan tanques en la sombra.

		Derriban estatuas de gallardos combatientes
Cuyas imágenes verdaderas 
		fueron erigidas para siempre en
                  
		el alma. 
Desaparecen o aparecen o se desgarran países 
Y otros 
		son invadidos, mutilados,
Y hay lugares donde se celebra con fiestas 
		de colores el
                  
		crimen
Que denuncia una vocecita de niña sola entre altos
                  
		cristales.
Cambian de rumbo armas que ahora sólo apuntan al Sur.

		
Y tú,
Príncipe, campe6n, pirata, capitán, copo de plumas,

		Robin por ahora de bosques de lino,
Tigre rojo
En quien tras 
		muchas décadas han reaparecido
Los nombres de los hijos mayores
De 
		quienes se alegrarían tanto de saberlo
Si no fueran ya polvo en la 
		sombra, sombra en el polvo;
Tú,
Deseado en largas noches de 
		Africa,
Concebido en Cuba por amor, para el amor,
Sin saber que en 
		tus hombros hoy de rosa
Debes sostener las constelaciones de fuego y 
		la historia,
Más rigurosa, más implacable que las constelaciones,

		Estás cumpliendo tus primeros dos meses de haber venido
A este 
		extraño planeta, a esta increíble casa en llamas.
Y como naciste 
		águila y no serpiente de cascabel,
Potro libre en la llanura y no 
		borrego,
Te toca rehacerla y engrandecerla
Palmo a palmo,
Trino 
		a trino,
Flor a flor.

		
Perdónalos,
Perdónanos,
Perdóname,
Phocás.

Playa 
		de Jibacoa, 28 de agosto de 1991
7.

El otro

Nosotros, los sobrevivientes,
¿A quiénes debemos la sobrevida?

		¿Quién se murió por mí en la ergástula,
Quién recibió la bala mía,

		La para mí, en su corazón?
¿Sobre qué muerto estoy yo vivo,
Sus 
		huesos quedando en los míos,
Los ojos que le arrancaron, viendo

		Por la mirada de mi cara,
Y la mano que no es su mano,
Que no es 
		ya tampoco la mía,
Escribiendo palabras rotas
Donde él no está, en 
		la sobrevida?

		
1 de Enero de 1959
8.

El

primer otoño de sus ojos


		Hojas color de hierro, color de sangre, color de oro,
Pedazos del 
		castillo del día
Sobre los muertos pensativos.

		
Mientras la luz se filtra entre las ramas,
El aire frío esparce 
		las memorias.

		
Es el primer otoño de sus ojos.

Cuánto camino andado hasta la 
		huesa
Donde se han ido ahilando
Los amigos nocturnos del vino
Y 
		los lejanos maestros.

		
Quedar como ellos profiriendo flores,
Quedar como ellos 
		perfumando umbrosos,
Quedar juntos y dialogar
En plantas 
		renacientes,
Para que nuevos ojos escuchen mañana
En el cristal de 
		otoño
Los murmullos de corazones desvanecidos.
9.

Está

Ella 
		está echada en la penumbra humedeciendo la
              
		madrugada inicial.
Hay un jardín en ella y él está deslumbrado en ese 
		jardín.
Florece entera para él, se estremecen, callan con el mismo
              
		rumor.
La noche va a ser cortada por un viaje como por una
              
		espada.
Intercambian libros, papeles, promesas.
Ninguno de los dos 
		sabe aún lo que se han prometido.
Se visten, se besan, se separan.

		Ella sale a la oscuridad, acaso al olvido.
Cuando él regresa al 
		cuarto, la encuentra echada en la
              
		penumbra húmeda.
Nunca ha partido, nunca partirá.
10.

Felices los normales

Felices los normales, esos seres extraños,
Los que no tuvieron una 
		madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en 
		ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido 
		calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete 
		rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los 
		arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,

		Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que 
		ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas 
		acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los 
		caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos 
		y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,

		Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices 
		las aves, el estiércol, las piedras.

		
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las 
		ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos 
		construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus 
		padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores 
		calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

Versos y pensamientos de Roberto Fernández Retamar

4 citas
« Con esta hermosa pluma tornasolada puedo / Escribir las palabras en »
Roberto Fernández Retamar · Agradeciendo el regalo de una pluma de faisán
« Es de quienes escribieron los versos que cité. / Es de los inventores y »
Roberto Fernández Retamar · Al devolver el original de un poema que apenas es mío
« Y entonces regresaron / Las Cartas leídas por el atormentado joven »
Roberto Fernández Retamar · Alguien me pidió una rosa de Rilke
« la forastera / Pues no tendrán en común ni un idioma »
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