« Adónde, qué las flores de tu cuerpo / el perfume que escancian y que »
Ricardo Peña · Adónde
Biografía y amplia selección de poemas de Ricardo Peña. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Ricardo Peña. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Adónde, qué las flores de tu cuerpo el perfume que escancian y que recoge el alba? Adónde tu sonrisa que va de labio en labio? Como una luna muerta se abre tu mirada. Y son tus manos, tímidas como dos golondrinas que giran perdiéndose en el aire.
Albor de cielo y mar. En la campiña el mar -lebrel de espuma- se enroscaba en mi pecho salpicando de angustia mis cabellos. Las algas transparentes bajo el agua arrastraban sus músicas vivientes. Oh, campo azul lunar Mis sueños, qué delirio! Velados por la niebla estelar? Oh, míos, míos míos.
Aquella flor de luz inmarcesible recogida en su vuelo de armonía. Sobre campo de nieve oscurecida la sangre oculta de su rostro en llamas. En la cumbre más alta, donde el aire se prende y se entrega en cada rama. Más pura que el azar y la agonía de las absurdas noches que nos llaman.
Bebíamos el mar... Bebíamos el mar -licor ansiado que el aire derramaba por sus contornos claros La tierra parecía un niño enamorado. Se quemaba la luna en un bosque de olvido. En un árbol la naranja, ah, tan alta, de una estrella nevada.
Blanca, blanca, blanca la melodía ardiendo de sus hojas. Nació la tierra enferma. Nació la luna con la sal del sueño. Llovió el asombro de mis ojos. Con el dolor la vida se filtraba. Enloquccida ya entre mis manos. Sola, sola, tán sólo sola.
Corría el aire puro... Corría el aire puro por mis cabellos negros. Mi sueño blaríco era un pétalo finísimo. Un ópalo que el aire besaba con delicia. Qué bien que olían campo el mar, la leve brisa.
En el jardín del cielo está tu nombre como el malva de luz de la mañana. En el jardín del cielo, un ángel niño jugando está con tu sonrisa, hermana. Déjame que te llame, que me asombre de verte aquí con tu delirio grana. Blanco, como la luna de tu nombre como el marfil de luz de la mañana. Oh dulce niña, que del cielo vienes a escrutar el dolor de tus hermanos, y te deshojas en rosal y nieves, en manantial de música divina. Celeste coro de ángeles enanos en torno de tu alma matutina.
malva azul tendida niña... En malva azul tendida niña, geranio de ojos de gacela sobre el cristal de la campiña. La pierna corre por la arena lebrel de espuma que despide la nalga limpia azul morena. Es negro el pelo que la encinta desde la nuca hasta el ombligo azul morena y verde en pinta. Fulgor de aristas y querubes. Jugando a solas con el sexo se van sus ojos por las nubes.
Es un cristal tu cuerpo y su hermosura, en soledad mi alma la enamora. Cuando más fría está, vibra más pura, que si la toca el aire se evapora. Herida en su tristeza el alma vuela buscando la apariencia de otra fuente. El silbo de la luz, la luz que anhela para la oscura noche en que se miente. Mas torna a tu presencia, mira el oro que en sándalo transforma tus cabellos; la gracia de arpa de tu fino lloro, la púrpura amorosa que se vierte. Y disuélvese mi alma en mil destellos sobre la noche de tu dulce muerte.
piel azul de tu sonrisa, el fuego... La piel azul de tu sonrisa, el fuego de cada estrella, de cada flor dorada. Emerge el canto de tu cabellera. Emerge el sueño y la voz perdida. Pienso que todo lo que tú trajiste no ha muerto todavía. Está en la flor del aire. Está en la flor del fuego. Golfo de luz apenas perceptible. Arca de sal apenas entreabierta. Mas, cómo habría de morir lo que nevó tu sombra, lo que calló la angustia de tu Muerte?
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« Albor de cielo y mar. / En la campiña »
« Aquella flor de luz inmarcesible / recogida en su vuelo de armonía. »
« Bebíamos el mar / -licor ansiado »
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