Poesía Universal

Ricardo Carballo Calero

Biografía y poemas de Ricardo Carballo Calero. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y poemas de Ricardo Carballo Calero. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Ricardo Carballo Calero

6 poemas seleccionados
1.

Al lado del pozo de la vida

Al lado del pozo de la vida escrutas las aguas oscuras:
acechas 
		tendiendo los oídos ansiosos a la piedra que tiras,
dura y pesada 
		pregunta que inquieta la verdad del fondo
húmeda tierra de fango que 
		los pies con que pisas ansían.
Al lado del pozo de la vida buscas en 
		ella la verdad.
Pero la verdad y la vida son una, y están sobre la 
		tierra.
Taladran, sedientos, los ojos sólo aguas y arcillas 
		estériles.

		
Pasa, entre tanto: la hermosa, como una mujer en silencio.

		Podrías besarla sino intentaras oírla;
a su talle han de ceñirse, han 
		de besar sus labios
sin preguntarle su nombre, que, púdica, niega al 
		amante,
o que, tal vez, ella ignora, la casta de la flor venturosa.

		De tu pregunta hoz, en el heno se oxide y more
-harta de segar aires- 
		que es lecho de amor para el prudente.
No rinden labios de moza más 
		dulces las mieles del beso
porque murmullen un nombre al ruego del 
		amante importuno.

		
De "Entre el verde y el azul"
2.

Alto nombre

Nombre de suave lienzo y blanco lino,
paisaje donde nevó rosas 
		heladas,
primavera cuajada en amor joven.
Cuántas huidas, cuántos 
		escalofríos
entre tú y yo levantaron nuestro puente.
Puente de 
		plata o tela de araña, dulce,
donde al amanecer la niebla se 
		columpia.
Mi vida es un acercarse a la tuya.
Al morder la primera 
		fruta de oro,
el zumo por los labios resbalaba.
Era la pasión como 
		una novia antigua.
Nombre de limpio vidrio y aire tamizado,
en 
		soledad arrodillada encendido,
de campana en campana por los campos 
		vuelas.
Como un animal sagrado vagabas;
alto zumbido de otoños 
		olvidados
bajo tus pies, arcángel de los pies blancos.
Esparciendo 
		luz y oliendo a flor,
Planeas sobre mí, ángel en ruinas.
¿Qué 
		brisa, qué amor, qué pena deshojada,
qué fuente dorada o qué cristal 
		de estrella
sueña tus sueños cuando estoy dormido?
Al latirte el 
		corazón de viento,
florezco bajo tus alas desnudas.

		
De "Angel de tierra"
3.

Belleza

mascadora de 
		chiclet...


		Belleza mascadora de chiclet,
donde la feminidad alcanza el límite 
		del vigor,
y los músculos campan durísimos,
inaprensibles al 
		pellizco galante.
Próxima a las puertas del sexo,
te mantienes un 
		milímetro distante de la salida,
y tu amenaza de desbordar el área de 
		juego
es más una travesura que subraya
la curvatura de tu 
		trayectoria,
falsamente estirada en súbito zig-zag.
En esta hora 
		de indiscriminación sexual,
tus posibilidades de cotización son 
		precarias,
y tienes que disimular tu feminidad,
para acercarte al 
		varón de cabellos largos e ideas cortas.
Así, tu cuerpo es hermoso,

		a pesar de las descuidadas prendas que lo disfrazan.
Así, tu boca es 
		dulce,
a pesar de las toscas palabras que la manchan.
Sabrosa 
		arcilla del paraíso, cubierta
por la seca ortiga del escombro.

		Eterna y pura naturaleza, avasallada
por efímera y densa cultura.

		Hay que amar la blanda pulpa de tu cielo,
por abajo y arriba
de la 
		dura corteza de tu tierra.

		
De "Avalón"
4.

Elegía veneciana

Me podéis borrar del Libro de Oro,
mis compatricios.
Hace tiempo 
		que no pienso si el Turco sube o baja,
y mis buques están anclados en 
		el muelle.

		
No me tienta ocultar mi calva
bajo la tiara de dogo.
Un cuerno 
		y un ropaje largo no me preservarían
de los arañazos de tantos 
		senadores.

		
Que otro celebre sus nupcias con el mar.
La boca de esa esposa es 
		demasiado amarga.
Me prefiero soltero, libre de tal belleza,
que 
		derriba cuando quiere y traiciona a sus hombres.

		
Tú, Fóscari; tú, Dándolo; tú, Loredano, me mirais
sin duda con el 
		horror con que a un hermano perdido.
Quizá tengo sangre de algún 
		Otelo ignorado,
y mi tono no es originario de Aquilea.

		
No me retratarán Bellini ni Tiziano;
oscuro moriré, pobre gallo 
		olvidado.
Pero veo al mar royendo las piedras de Venecia,
y 
		encuentro triste el carnaval de la vieja Serenísima.

		
De "Avalón"
5.

En lo alto del bosque está mi eremitorio...

En lo alto del bosque está mi eremitorio.
Llegaste cuando el cielo de 
		otoño auguraba nieve.
Un camino perdido te conducirá a mí.
El 
		invierno nevó fuera mientras dentro
calentaba el gozoso verano.

		Quedaste prisionera.
La nieve borró los caminos.
No sabrías 
		regresar.
Te tendré a mi lado mientras el invierno reine.
Sé que 
		te marcharás en la primavera,
cuando el deshielo abra de nuevo las 
		veredas.
Pero tengo la esperanza de que no te veré marchar
Soy ya 
		muy viejo,
y moriré antes de que puedas cruzar el umbral.
Me 
		cerrarás los ojos con tus suaves manos.
Y cuando el sol endurezca la 
		tierra,
te irás sobre tus pies ligeros como las horas.
Pero yo no 
		te veré marchar,
durmiendo para siempre con los ojos cerrados,

		soñando que aún estás, que estas siempre
cerca de mí, en lo alto del 
		bosque,
en mi eremitorio, mientras fuera
cae, día tras día, año 
		tras año,
vida tras vida, eternamente, la nieve,
que borró los 
		caminos y te impide partir.

		
De "Venusberg"
6.

Flautista

(Auletés)

En Lokbias tañe una flauta,
en Sanssouci;
así 
		consuela su nostalgia
Ptolomeo;
Friedrich también.
Estrujadora 
		Alejandría,
severa Postdam;
es melancólico ser rey,
leyendo a 
		Cátulo o a Voltaire.
Cercano a la orilla de Libia
o a la llanura 
		central de Europa,
el 
		auletés,
pensando en legionarios o cosacos,
mariposa 
		nostálgica, chupa la miel
de la triste flor de la flauta,

		combándose bajo el klaft o el tricornio
la nostálgica cabeza colgada 
		del más allá.
No importa estar borracho
y pellizcar la grupa de 
		los días, o
disponer las compañías de plomo
sobre una mesa rococó.

		Dura carga es ser rey,
basileus o könig,
capitán o sobornador

		contendiendo con césar o kaiser
mediante fuego de oro o fuego de 
		cañón.
Bañar en el río tibio de la música
el alma cansada de 
		espiar,
es natural;
hila tristeza el rey así,
el 
		auletés,
Lokhias o en Sanssouci,
larva llorosa, para 
		encapsular,
que el dolor en seda es menos ruín.
Por eso siempre al 
		atardecer,
tañe en Lokhias, en Sanssouci,
la misteriosa flauta 
		real.
Bajo la luna pura y cruel,
entre la zozobra del vivir,

		hila su lágrima el 
		auletés.

De "Oratorio"

Versos y pensamientos de Ricardo Carballo Calero

4 citas
« Al lado del pozo de la vida escrutas las aguas oscuras: / acechas »
Ricardo Carballo Calero · Al lado del pozo de la vida
« Nombre de suave lienzo y blanco lino, / paisaje donde nevó rosas »
Ricardo Carballo Calero · Alto nombre
« Belleza mascadora de chiclet, / donde la feminidad alcanza el límite »
Ricardo Carballo Calero · Belleza
« Me podéis borrar del Libro de Oro, / mis compatricios. »
Ricardo Carballo Calero · Elegía veneciana
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