« Al Silencio de aquella que permite soñar / En la cama que me prepararon había: un animal sanguinolento y maltrecho »
René Char
René Char es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras compos...
Vida
René Char es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de René Char
1.
Artina
Artina
Al Silencio de aquella que permite soñar
En la cama que me prepararon había: un animal sanguinolento y maltrecho
del tamaño de un bollo, un caño de plomo, una ráfaga de viento, un
molusco
helado, un cartucho sin pólvora dos dedos de un guante, una mancha de
aceite;
no había una puerta de prisión, pero sí el sabor de la amargura, un
diamante
de vidriero, un pelo, un día, una silla rota, un gusano de seda, el
objeto robado,
una presilla de sobretodo, una mosca verde domesticada, una rama de
coral,
un clavo de zapatero, una rueda de ómnibus.
Ofrecer un vaso de agua al paso de un caballero que se lanza a
rienda suelta en un
hipódromo invadido por la multitud supone, de una y otra parte, una
falta absoluta
de habilidad; Artina traía a los espíritus que visitaba esa aridez
monumental.
El impaciente se daba perfecta cuenta de la clase de sueños que en
adelante
frecuentarían su cerebro, sobre todo en el dominio del amor cuya
actividad
voraz se manifestaba de ordinario fuera de la época sexual. La
asimilación
alcanzaba su desarrollo en la noche profunda de los invernaderos
herméticamente
cerrados.
Artina cruzó sin dificultad el nombre de una ciudad. Es el silencio
que hace surgir
el sueño.
Los objetos designados y reunidos con el nombre de
naturaleza-concreta forman
parte del escenario en el cual se desarrollan los actos de erotismo de
las series fatales,
epopeya cotidiana y nocturna. Los ardientes mundos imaginarios que
circulan sin interrupción por la campiña
en la época de las cosechas tornan el ojo agresivo y la soledad
intolerable para aquel que dispone del poder de destrucción.
En los cataclismos extraordinarios, resulta directamente preferible
apelar sin reservas a ellos.
El estado de letargo que precedía a Artina suministraba los
elementos indispensables
para la proyección de impresiones sorprendentes sobre la pantalla de
ruinas flotantes: edredones llameantes
precipitados
en el insondable abismo de tinieblas en perpetuo movimiento.
Artina conservaba a despecho de los animales y de los ciclones una
inagotable frescura.
Al andar adquiría una transparencia absoluta.
Por más que surja en medio de la más activa depresión el aparejo de
la belleza de Artina,
los espíritus curiosos no dejan de ser espíritus furiosos, los espíritus
indiferentes, espíritus
extremadamente curiosos.
Las apariciones de Artina superaban el marco de esas comarcas de
sueño donde el pro y el
pro están animados de igual y asesina violencia. Ellas
evolucionaban en los pliegues de una
seda quemante poblada de árboles con hojas de ceniza.
El carruaje de caballos lavado y renovado superaba casi siempre al
departamento tapizado
con salitre cuando se trataba de acoger en una velada interminable a la
multitud de los
enemigos mortales de Artina. El semblante de leña muerta era
particularmente odioso. La carrera jadeante
de dos enamorados
al azar de los grandes caminos se volvía de golpe una distracción
suficiente para permitir
que el drama se desarrollara, de nuevo,
a cielo abierto.
A veces una maniobra imprudente hacía caer sobre la garganta de
Artina una cabeza que no era la mía. El enorme
bloque
de azufre se consumía entonces lentamente, sin humo, presencia de por sí
e inmovilidad vibrante.
El libro abierto sobre las rodillas de Artina sólo era legible en
los días lóbregos. A intervalos regulares los héroes acudían
a informarse de las desgracias que de nuevo se abatirían sobre ellos, de
las sendas múltiples y terroríficas por las cuales
sus irreprochables destinos se empeñarían nuevamente. Sólo preocupados
por la Facultad casi todos tenían un aspecto
agradable. Se desplazaban lentamente, se mostraban poco locuaces.
Expresaban sus deseos mediante amplios e imprevistos movimientos
de cabeza. Parecía además que se ignoraban totalmente unos y otros.
El poeta ha asesinado a su modelo.
Artine
Versión
de Aldo Pellegrini
2.
Bailemos en Baronnies
Bailemos en Baronnies
Vestida con falda de olivo la Enamorada había dicho: Cree en mi muy infantil fidelidad. Y desde entonces, un valle abierto una cuesta que brilla un sendero de alianza han invadido la ciudad donde el libre dolor se halla bajo las aguas vivas Versión de Jorge Riechmann
3.
Bebedora
Bebedora
Por qué seguir entregando las palabras del propio porvenir
ahora
que toda palabra hacia lo alto es boca ladradora de
cohete, ahora que
el corazón de cuanto respira es caída
hedionda?
Para que puedas exclamar
en un soplo: "¿De dónde
vienes, bebedora, hermana con las uñas quemadas? ¿ Ya quién
satisfaces? Nunca hallaste albergue entre tus espigas. Mi guadaña
lo
jura. No te denunciaré, yo te precedo."
Versión de Jorge Riechmann
4.
Bienvenida
Bienvenida
¡Ojalá vuelvas a tu desorden, y el mundo al suyo. La asimetría
es juventud. No se mantiene el orden más que el tiempo que se tarda
en odiar su carácter de mal. Entonces se avivará
en ti
el deseo del porvenir, y cada peldaño de tu escalera desocupada y todos
los rasgos inhibidos de tu vuelo te llevarán,
te elevarán con un mismo sentimiento gozoso. Hijo de la oda ferviente,
abjurarás del gigantesco enmohecimiento.
Los solsticios cuajan el dolor difuso en una dura joya adamantina. El
infierno a su medida que se habían esculpido
los limadores
de metales volverá a bajar vencido a su abismo. Delante del olvido
nuevo, la única nube en el cielo
será el sol.
Mintamos esperanzados a
quienes nos mienten: que la inmortalidad inscrita sea a la vez la piedra
y la lección.
Versión de Jorge Riechmann
5.
Consuelo
Consuelo
Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa
a dónde vaya en
este roto tiempo. Ya no es mi amor: el
que quiera puede hablarle. Ya
no se acuerda: ¿quién en
verdad le amó?
Mi amor busca su semejanza en la promesa de
las
miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja
la
esperanza y en seguida la desprecia. Prevalece sin
tomar parte en
ello.
Vivo en el fondo de él como un resto de
felicidad.
Sin saberlo él, mi soledad es su tesoro. Es el gran
meridiano
donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo vacía.
Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa
a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi
amor: el que quiera
puede hablarle. Ya no se acuerda:
¿quién en verdad le amó y le
ilumina de lejos para que
no caiga?
6.
Cuatro edades
Cuatro edades
I El otoño para la hoja El agua hirviendo para el cangrejo Y el favorito el zorro Ebrio sobre los hombros luminosos de la Actriz Adherido al balcón naranja Un ventisquero de rizos Acampa en la ansiedad de mi corazón. II He estrangulado a mi hermano Porque no gustaba de dormir Con la ventana abierta Hermana mía Dijo antes de morir Pasé noches enteras Mirándote dormir Inclinado sobre tu brillo en el cristal. III Apretados los puños Rotos los dientes Con lágrimas en los ojos La vida Apostrofándome empujándome y riendo a medias Yo espiga anticipada de las siegas de agosto Distingo en la corola del Sol Una yegua Me abrevo en su orina. IV Mi amor es triste Porque es fiel No interpela el olvido de los demás No cae de la boca como un diario del bolsillo No es flexible en la angustia que en común se arremolina No se aísla en las rompientes de la península simulando pesimismo Mi amor es triste Pues está en la naturaleza turbada del amor ser triste Como la luz es triste La dicha triste No has pasado libertad tus correas de arena. Versión de Jorge Onfray
7.
Curso de las arcillas
Curso de las arcillas
Mira, portero agudo, de la mañana a la mañana, Largas, adujando su chorro, a las zarzas frenéticas, Cómo la tierra nos acucia con su mirada ausente, Cómo el dolor se embota, grillo de canto parejo, Y cómo un dios no brota sino para aumentar la sed De aquellos cuya palabra se dirige a las aguas vivas. Por tanto alégrate, querida, del destino siguiente: No clausura esta muerte la memoria amorosa. Versión de Jorge Riechmann
8.
Desherencia
Desherencia
Antigua era la noche Cuando la entreabrió el fuego. Igualmente mi casa. No se mata a la rosa En las guerras del cielo. Destierran a una lira. Mi pena persistente De una nube de nieve Gana un lago de sangre. La crueldad ama vivir. Oh fuente que mentiste A nuestros destinos gemelos, Del lobo trazaré Este único retrato pensativo. Versión de Jorge Riechmann
9.
Dyne
Dyne
Dejando
atrás al hombre extensible y al hombre traspasado
llegué ante la
puerta de todos los júbilos, la del Verbo desellado
de sus restos
mortales, formando lo nuevo, creando fuego
a partir de la verdad, y
fortalecido por mi verde fe llamé.
Así
llegarás tú al país lavado y desierto de tu desafío. Hasta
entonces,
sin fechas fijas, lo irás edificando. ¡Severa vanidad!
¿Pero quién
hubiera apostado y optado por ti, desde los parajes
inmemoriales
hasta la lira fugitiva del padre?
Versión de Jorge Riechmann
10.
El beso
El beso
Maciza lentitud, lentitud martillada; Humana lentitud, lentitud forcejeada; Desierta lentitud, desanda tus ardores; Sublime lentitud, sube desde el amor; Que la lechuza ha vuelto. Versión de Jorge Riechmann
11.
El desnudo perdido
El desnudo perdido
Llevarán ramos aquellos cuyo aguante pueda desgastar la noche nudosa que precede y sigue al relámpago. Su palabra recibe existencia del fruto intermitente que la propaga dilacerándose. Son los hijos incestuosos de la cortadura y del signo, que alzaron hasta los brocales el círculo florido de la tinaja de la adhesión. La furia de los vientos los mantiene aún desvestidos. Contra ellos vuela una pelusa de noche negra. Versión de Jorge Riechmann
12.
El juicio de octubre
El juicio de octubre
Mejilla contra mejilla dos pordioseras en su desamparo rígido; La helada y el viento no las han instruido, las han ignorado; Niñas de intrahistoria Caídas de las estaciones que dejan atrás, y allí apretadas de pie. No hay labios que las traspongan, la hora pasa. No habrá ni rapto ni rencor. Y el caminante pasa sin mirada ante ellas, ante nosotros. Dos rosas perforadas por un anillo profundo Ponen en su extrañeza algo de desafío. ¿Se pierde la vida de otro modo que por las espinas? Claro que sí: por la flor, los largos días lo supieron. Y el sol ha dejado de ser inicial. Una noche, el día bajo, todo el riesgo, dos rosas, Como la llama a cubierto, mejilla contra mejilla con quien la mato. Versión de Jorge Riechmann
13.
El molino
El molino
Un ruido largo sale por el techo golondrinas siempre blancas agua que salta, agua que brilla el grano salta, el agua muele y el recinto donde el amor se arriesga centellea y marca el paso. Versión de Jorge Teiller
14.
Versión de Jorge Riechmann
Versión de Jorge Riechmann
El refugio maltratado Siempre me ha gustado la proximidad, sobre un camino de tierra, de un hilillo de agua caída del cielo que viene y va persiguiéndose a sí mismo, y la tierna torpeza de la hierba mediana a la que una carga de piedras detiene -igual que un revés oscuro pone fin al pensamiento. Versión de Jorge Riechmann
15.
En las alturas
En las alturas
Espera aún a que yo venga A romper el frío que nos retiene. Nube, en tu vida tan amenazada como la mía. (Había un precipicio en nuestra casa. Por eso hemos partido y nos hemos establecido aquí).
16.
Gozo
Gozo
¡Con cuánta ternura ríe la tierra cuando la nieve se despierta encima de ella! Día tras día, yacente besada, llora y ríe. El fuego que la evitaba se casa con ella apenas desaparece la nieve. Versión de Jorge Riechmann
Versos y pensamientos de René Char
4 citas« Vestida con falda de olivo / la Enamorada »
« Por qué seguir entregando las palabras del propio porvenir / ahora »
« es juventud. No se mantiene el orden más que el tiempo que se tarda / en odiar su carácter de mal. Entonces se avivará »
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