Poesía Universal

René Char

René Char es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras compos...

Biografía lírica

Vida

René Char es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de René Char

16 poemas seleccionados
1.

Artina

Al Silencio de aquella que permite soñar

		

		En la cama que me prepararon había: un animal sanguinolento y maltrecho
		

		del tamaño de un bollo, un caño de plomo, una ráfaga de viento, un 
		molusco 

		helado, un cartucho sin pólvora dos dedos de un guante, una mancha de 
		aceite; 

		no había una puerta de prisión, pero sí el sabor de la amargura, un 
		diamante

		de vidriero, un pelo, un día, una silla rota, un gusano de seda, el 
		objeto robado, 

		una presilla de sobretodo, una mosca verde domesticada, una rama de 
		coral, 

		un clavo de zapatero, una rueda de ómnibus.

		

   Ofrecer un vaso de agua al paso de un caballero que se lanza a 
		rienda suelta en un 

		hipódromo invadido por la multitud supone, de una y otra parte, una 
		falta absoluta 

		de habilidad; Artina traía a los espíritus que visitaba esa aridez 
		monumental.

		

   El impaciente se daba perfecta cuenta de la clase de sueños que en 
		adelante 

		frecuentarían su cerebro, sobre todo en el dominio del amor cuya 
		actividad 

		voraz se manifestaba de ordinario fuera de la época sexual. La 
		asimilación 

		alcanzaba su desarrollo en la noche profunda de los invernaderos 
		herméticamente 

		cerrados.

		

   Artina cruzó sin dificultad el nombre de una ciudad. Es el silencio 
		que hace surgir 

		el sueño.

		

   Los objetos designados y reunidos con el nombre de 
		naturaleza-concreta forman 

		parte del escenario en el cual se desarrollan los actos de erotismo de 
		las series fatales, 

		epopeya cotidiana y nocturna. Los ardientes mundos imaginarios que 
		circulan sin interrupción por la campiña 

		en la época de las cosechas tornan el ojo agresivo y la soledad 
		intolerable para aquel que dispone del poder de destrucción. 

		En los cataclismos extraordinarios, resulta directamente preferible 
		apelar sin reservas a ellos.

		

   El estado de letargo que precedía a Artina suministraba los 
		elementos indispensables 

		para la proyección de impresiones sorprendentes sobre la pantalla de 
		ruinas flotantes: edredones llameantes 

		precipitados
		en el insondable abismo de tinieblas en perpetuo movimiento.

		

   Artina conservaba a despecho de los animales y de los ciclones una 
		inagotable frescura. 

		Al andar adquiría una transparencia absoluta.

		

   Por más que surja en medio de la más activa depresión el aparejo de 
		la belleza de Artina, 

		los espíritus curiosos no dejan de ser espíritus furiosos, los espíritus 
		indiferentes, espíritus 

		extremadamente curiosos.

		

   Las apariciones de Artina superaban el marco de esas comarcas de 
		sueño donde el pro y el

		pro están animados de igual y asesina violencia. Ellas 
		evolucionaban en los pliegues de una

		seda quemante poblada de árboles con hojas de ceniza.

		

   El carruaje de caballos lavado y renovado superaba casi siempre al 
		departamento tapizado 

		con salitre cuando se trataba de acoger en una velada interminable a la 
		multitud de los

		enemigos mortales de Artina. El semblante de leña muerta era 
		particularmente odioso. La carrera jadeante 

		de dos enamorados
		al azar de los grandes caminos se volvía de golpe una distracción 
		suficiente para permitir 

		que el drama se desarrollara, de nuevo,
		a cielo abierto.

		

   A veces una maniobra imprudente hacía caer sobre la garganta de 
		Artina una cabeza que no era la mía. El enorme 

		bloque
		de azufre se consumía entonces lentamente, sin humo, presencia de por sí 
		e inmovilidad vibrante.

		

   El libro abierto sobre las rodillas de Artina sólo era legible en 
		los días lóbregos. A intervalos regulares los héroes acudían 

		a informarse de las desgracias que de nuevo se abatirían sobre ellos, de 
		las sendas múltiples y terroríficas por las cuales 

		sus irreprochables destinos se empeñarían nuevamente. Sólo preocupados 
		por la Facultad casi todos tenían un aspecto 

		agradable. Se desplazaban lentamente, se mostraban poco locuaces. 
		Expresaban sus deseos mediante amplios e imprevistos movimientos  
		de cabeza. Parecía además que se ignoraban totalmente unos y otros.

		

   El poeta ha asesinado a su modelo.

                                                                                       
		                                                                     
		Artine


		Versión 
		de Aldo Pellegrini
2.

Bailemos en Baronnies

Vestida con falda de olivo


		                                              
		la Enamorada


		había 
		dicho:


		                      
		Cree en mi muy infantil fidelidad.


		                                    
		Y desde entonces,


		un valle 
		abierto


		                                                            
		una cuesta que brilla


		un sendero 
		de alianza


		                               
		han invadido la ciudad


		donde el 
		libre dolor se halla bajo las aguas vivas


		
		Versión de Jorge Riechmann
3.

Bebedora

Por qué seguir entregando las palabras del propio porvenir
ahora 
		que toda palabra hacia lo alto es boca ladradora de
cohete, ahora que 
		el corazón de cuanto respira es caída 
		
hedionda?
      Para que puedas exclamar 
		en un soplo: "¿De dónde 
		
vienes, bebedora, hermana con las uñas quemadas? ¿ Ya quién

		satisfaces? Nunca hallaste albergue entre tus espigas. Mi guadaña
lo 
		jura. No te denunciaré, yo te precedo."

		
Versión de Jorge Riechmann
4.

Bienvenida

¡Ojalá vuelvas a tu desorden, y el mundo al suyo. La asimetría 
		
es juventud. No se mantiene el orden más que el tiempo que se tarda 
		en odiar su carácter de mal. Entonces se avivará 

		en ti
		el deseo del porvenir, y cada peldaño de tu escalera desocupada y todos 
		los rasgos inhibidos de tu vuelo te llevarán,
      	

		te elevarán con un mismo sentimiento gozoso. Hijo de la oda ferviente, 
		abjurarás del gigantesco enmohecimiento. 

		Los solsticios cuajan el dolor difuso en una dura joya adamantina. El 
		infierno a su medida que se habían esculpido 

		los limadores
		de metales volverá a bajar vencido a su abismo. Delante del olvido 
		nuevo, la única nube en el cielo 

		será el sol.
Mintamos esperanzados a 
		quienes nos mienten: que la inmortalidad inscrita sea a la vez la piedra 
		y la lección.

Versión de Jorge Riechmann
5.

Consuelo

Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa
a dónde vaya en 
		este roto tiempo. Ya no es mi amor: el
que quiera puede hablarle. Ya 
		no se acuerda: ¿quién en
verdad le amó?

		
     Mi amor busca su semejanza en la promesa de 
		las
miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja
la 
		esperanza y en seguida la desprecia. Prevalece sin
tomar parte en 
		ello.

		
     Vivo en el fondo de él como un resto de 
		felicidad.
Sin saberlo él, mi soledad es su tesoro. Es el gran 
		meridiano 
		
donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo vacía.

     
		Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa 
		
a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi
amor: el que quiera 
		puede hablarle. Ya no se acuerda:
¿quién en verdad le amó y le 
		ilumina de lejos para que
no caiga?
6.

Cuatro edades

I

		El otoño para la hoja

		El agua hirviendo para el cangrejo

		Y el favorito el zorro

		Ebrio sobre los hombros luminosos de la Actriz

		

		Adherido al balcón naranja

		Un ventisquero de rizos

		Acampa en la ansiedad de mi corazón.

		

		II

		He estrangulado a mi hermano

		Porque no gustaba de dormir

		Con la ventana abierta

		Hermana mía

		Dijo antes de morir

		Pasé noches enteras 

		Mirándote dormir

		Inclinado sobre tu brillo en el cristal. 


		III

		Apretados los puños

		Rotos los dientes

		Con lágrimas en los ojos

		La vida

		Apostrofándome empujándome y riendo a medias

		Yo espiga anticipada de las siegas de agosto

		Distingo en la corola del Sol

		Una yegua

		Me abrevo en su orina.

		

		IV

		Mi amor es triste

		Porque es fiel

		No interpela el olvido de los demás

		No cae de la boca como un diario del bolsillo

		No es flexible en la angustia que en común se arremolina

		No se aísla en las rompientes de la península simulando

		pesimismo

		Mi amor es triste

		Pues está en la naturaleza turbada del amor ser triste

		Como la luz es triste

		La dicha triste

		No has pasado libertad tus correas de arena.


		Versión 
		de Jorge Onfray
7.

Curso de las arcillas

Mira, portero agudo, de la mañana a la mañana,
Largas, adujando su 
		chorro, a las zarzas frenéticas,
Cómo la tierra nos acucia con su 
		mirada ausente,
Cómo el dolor se embota, grillo de canto parejo,
Y 
		cómo un dios no brota sino para aumentar la sed
De aquellos cuya 
		palabra se dirige a las aguas vivas.

		
Por tanto alégrate, querida, del destino siguiente:
No clausura 
		esta muerte la memoria amorosa.


		
		Versión de Jorge Riechmann
8.

Desherencia

Antigua era la noche
Cuando la entreabrió el fuego.
Igualmente mi 
		casa.

		
No se mata a la rosa
En las guerras del cielo.
Destierran a 
		una lira.

		
Mi pena persistente 
De una nube de nieve 
Gana un lago de 
		sangre.
La crueldad ama vivir. 
		

Oh fuente que mentiste
A nuestros destinos gemelos,
Del 
		lobo trazaré
Este único retrato pensativo.


		
		Versión de Jorge Riechmann
9.

Dyne

Dejando 
		atrás al hombre extensible y al hombre traspasado
llegué ante la 
		puerta de todos los júbilos, la del Verbo desellado
de sus restos 
		mortales, formando lo nuevo, creando fuego
a partir de la verdad, y 
		fortalecido por mi verde fe llamé.
     Así 
		llegarás tú al país lavado y desierto de tu desafío. Hasta
entonces, 
		sin fechas fijas, lo irás edificando. ¡Severa vanidad!
¿Pero quién 
		hubiera apostado y optado por ti, desde los parajes
inmemoriales 
		hasta la lira fugitiva del padre?

		
Versión de Jorge Riechmann
10.

El beso

Maciza 
		lentitud, lentitud martillada;
Humana lentitud, lentitud forcejeada;

		Desierta lentitud, desanda tus ardores;
Sublime lentitud, sube desde 
		el amor;
Que la lechuza ha vuelto.


		
		Versión de Jorge Riechmann
11.

El desnudo perdido

Llevarán 
		ramos aquellos cuyo aguante pueda desgastar la 
noche nudosa que 
		precede y sigue al relámpago. Su palabra 
		
recibe existencia del fruto intermitente que la propaga 

		dilacerándose. Son los hijos incestuosos de la cortadura y del signo,

		que alzaron hasta los brocales el círculo florido de la tinaja
de la 
		adhesión. La furia de los vientos los mantiene aún desvestidos. 
		

		Contra ellos vuela una pelusa de noche negra.

Versión de 
		Jorge Riechmann
12.

El juicio de octubre

Mejilla contra mejilla dos pordioseras en su desamparo rígido;

		La helada y el viento no las han instruido, las han ignorado;
Niñas 
		de intrahistoria
Caídas de las estaciones que dejan atrás, y allí 
		apretadas de pie.
No hay labios que las traspongan, la hora pasa.

		No habrá ni rapto ni rencor.
Y el caminante pasa sin mirada ante 
		ellas, ante nosotros.
Dos rosas perforadas por un anillo profundo

		Ponen en su extrañeza algo de desafío.
¿Se pierde la vida de otro 
		modo que por las espinas?
Claro que sí: por la flor, los largos días 
		lo supieron.
Y el sol ha dejado de ser inicial.
Una noche, el día 
		bajo, todo el riesgo, dos rosas,
Como la llama a cubierto, mejilla 
		contra mejilla con quien 
		
la mato.


		
		Versión de Jorge Riechmann
13.

El molino

Un ruido 
		largo sale por el techo

		golondrinas siempre blancas

		agua que salta, agua que brilla

		el grano salta, el agua muele

		y el recinto donde el amor se arriesga

		centellea y marca el paso.


		Versión 
		de Jorge Teiller
14.

Versión de Jorge Riechmann

El refugio maltratado


		Siempre me ha gustado la proximidad, sobre un camino de tierra,
de un 
		hilillo de agua caída del cielo que viene y va persiguiéndose
a sí 
		mismo, y la tierna torpeza de la hierba mediana a la que una carga 
		
de piedras detiene -igual que un revés oscuro pone fin al 
		pensamiento.


		
		Versión de Jorge Riechmann
15.

En las alturas

Espera aún a que yo venga
A romper el frío que nos retiene.

		
Nube, en tu vida tan amenazada como la mía.

(Había un 
		precipicio en nuestra casa.
Por eso hemos partido y nos hemos 
		establecido aquí).
16.

Gozo

¡Con 
		cuánta ternura ríe la tierra cuando la nieve se despierta encima de 
		ella! Día tras día, yacente besada, llora y ríe. 

		El fuego que la evitaba se casa con ella apenas desaparece la nieve.


		
		Versión de Jorge Riechmann

Versos y pensamientos de René Char

4 citas
« Al Silencio de aquella que permite soñar / En la cama que me prepararon había: un animal sanguinolento y maltrecho »
René Char · Artina
« Vestida con falda de olivo / la Enamorada »
René Char · Bailemos en Baronnies
« Por qué seguir entregando las palabras del propio porvenir / ahora »
René Char · Bebedora
« es juventud. No se mantiene el orden más que el tiempo que se tarda / en odiar su carácter de mal. Entonces se avivará »
René Char · Bienvenida
Biblioteca poética

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