Poesía Universal

Renato Leduc

Biografía y amplia selección de poemas de Renato Leduc. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

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Biografía y amplia selección de poemas de Renato Leduc. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Renato Leduc

7 poemas seleccionados
1.

Alusiã“n

Alusión a los cabellos castaños

		
Así como fui yo, así como eras tú, 
en la penumbra inocua de 
		nuestra juventud 
		
así quisiera ser, 
mas ya no puede ser. 

Como ya no 
		seremos como fuimos entonces, 
		
cuando límpida el alma trasmutaba en pecado 
al más leve placer, 
		
Cuando el mundo y tú eran sonrosaba sorpresa. 
Cuando hablaba yo 
		solo dialogando contigo, 
		
es decir, con tu sombra, 
por las calles desiertas, 
y la luna 
		bermeja era dulce incentivo 
		
para idilios de gatos, fechorías de ladrones 
y soñar de poetas. 
		

Cuando el orbe rodaba sin que yo lo sintiera, 
cuando yo te 
		adoraba sin que tú lo supieras 
		
-aunque siempre lo sabes, aunque siempre lo sepas- 
y el invierno 
		era un tropo y eras tú primavera 
		
y el romántico otoño corretear de hojas secas. 

Tú que nunca 
		cuidaste del rigor de los años 
		
ni supiste el castigo de un marchito ropaje; 
tú que siempre 
		tuviste los cabellos castaños 
		
y la tersa epidermis, satinado follaje. 

Tus cabellos 
		castaños, tus castaños cabellos 
		
por volver a besarlos con el viejo fervor, 
vendría yo la ciencia 
		que compré con dolor 
		
y la tela de araña que tejí en sueños. 
Así como fui yo, así como 
		eras tú, 
		
en la inconciencia tórrida de nuestra juventud, 
así quisiera 
		ser, 
		
mas ya no puede ser... 


		De 
		"Algunos poemas deliberadamente románticos 
y un prólogo en cierto 
		modo innecesario" 1933
2.

Aquí se habla del tiempo perdido que como dice el dicho, los santos lloran

Sabia virtud de conocer el tiempo; 
a tiempo amar y desatarse a 
		tiempo; 
		
como dice el refrán: dar tiempo al tiempo... 
que de amor y dolor 
		alivia el tiempo.

		
Aquel amor a quien amé a destiempo
martirizóme tanto y tanto 
		tiempo
que no sentí jamás correr el tiempo, 
		
tan acremente como en ese tiempo.

Amar queriendo como en otro 
		tiempo
-ignoraba yo aún que el tiempo es oro-
cuánto tiempo perdí 
		-ay- cuánto tiempo.

		
Y hoy que de amores ya no tengo tiempo, 
amor de aquellos 
		tiempos, cómo añoro
la dicha inicua de perder el tiempo... 
		

De "Breve glosa al Libro de buen amor" 1939
3.

Aquí

Aquí se 
		transcribe la copla que mis oídos oyeron


		Acre sabor de las tardes
en que fuimos
bizarramente cobardes.

		Primer amor... ¿la quisimos?...
Tiempo de ensueños opimos
y de 
		alardes.

		
Tiempo de aplicar el llanto
como lubricante, así
como el 
		aceite del ajonjolí
a las muchachas pálidas de espanto,
al 
		patriotismo, al arte, al desencanto
exacerbados hasta el frenesí.

		
Cansancio de haber nacido
cuando ya todo está hecho,
dicho, 
		mirado y oído;
la semilla en el barbecho
y el sentimiento raído

		que lleva el hombre en el pecho.

		
Cansancio de todas esas 
cosas: 
de las lunas, los azules y 
		las rosas
y de las blondas cabezas.
Hondo anhelo de asperezas

		ominosas.

		
Cansancio de haber nacido
en este
gran siglo empequeñecido,

		sin pasión torva o celeste.
Cueste, oh Dios, lo que cueste
mártir 
		mejor, o bandido.

		
Vivir con la vista fija
en algo
que fijeza rauda exija:
la 
		locura de un hidalgo,
la reputación de una hija
o la carrera de un 
		galgo.

		
Vivir consagrado a una
gran pasión;
no caer en tentación,

		pintar de verde la luna,
desbancar a la fortuna
o querer sin 
		corazón.

		
Quisiera yo que siquiera
al final
el arduo camino fuera

		para bien o para mal,
árbol no de ciencia artera,
sí, pecado 
		original.


		De 
		"Breve glosa al Libro de buen amor" 1939
4.

Dedicatoria

Cada día más, del mundo exorbitado,
en solitario claustro pulo el 
		verso
que he de ofrecerte.
Eludo la estridente paradoja
y la 
		luz inhumana de los cohetes
-digo- tropos que pueden ofenderte.

		
Que tus tersas pestañas no se abajen 
a luz ninguna; 
que si 
		lágrimas viertes, las recoja .
pañuelo gris, el paño de la bruma. 
		

Cada día más, del mundo exorbitado,
te doy mi vida en cada 
		verso mío.
Al verte dije: Paréceme ya tiempo
de ser romántico...

		Y a la sazón callaron las alondras
del huerto consabido,
y en el 
		sucio corral de mi convento
un gallo ilustre profirió su grito.

		
Calzo la espuela y me armo caballero
deliberadamente;
porque 
		pie a tierra he pretendido en vano
usufructuar el predio
que va 
		desde tus pies hasta tu frente.

		
Naciste en la planicie donde una
nube plateada te sirvió de cuna,

		¿qué tienes tú que ver con pedrerías
y figuras retóricas?

		
Beata virtud: permíteme que aluda
al nácar de tu carne.
¿Qué 
		tienes tú que ver con pedrerías?
Beata virtud,
mejor vestida 
		cuanto más desnuda...

		
De "Algunos poemas deliberadamente románticos 
y un prólogo 
		en cierto modo innecesario" 1933
5.

égloga

Égloga IV


		Muchacha: Ya sonó el despertador.
Parece
que amanece. 
Tu 
		marido no tardará en llegar
y si me encuentra...

		
Ya -terrones de azúcar- las estrellas
disuélvense en la leche 
		matinal;
		
ya renace la vida pueblerina;
ya los gallos comienzan a cantar...

		
Oigo mugir un buey en la barranca.

Muchacha, tu marido
no 
		tardará en llegar...

		
De "El aula" 1929
6.

Estrofas en torno de un amor menguante

Luna impoluta que miré de niño
rodar entre el verdor de la arboleda;

		verso primero escrito sin aliño
amor primero del que nada queda.

		
Sueños de gloria y esperanza incierta,
viajes absurdos de la 
		fantasía
y penetrar al cielo por la puerta
estrecha del dolor, sin 
		alegría.

		
Confín violáceo del venusto monte,
fogata temblorosa que agoniza,

		neblina que confiere al horizonte,
grises de perla o grises de 
		ceniza.

		
Turbia serenidad que otrora tuve,
perdida ya para fortuna mía.

		Desgarradora condición de nube
ardida al rojo blanco, pero fría.


		Marino 
		afán de corregir el rumbo
que Dios imprime a la perdida barca,
y 
		quedar a merced de viento y tumbo
sobre la inmensa superficie zarca.

		
Cándida confesión que no hice nunca,
amor buscado y nunca 
		conseguido,
poema nunca escrito, vida trunca,
vuelo en el acto de 
		arrancar, fallido.

		
Discreta como usted, como usted blonda,
la media luz de los 
		atardeceres.
Menguante amor prendido de la honda
noche con 
		diamantinos almeres.

		
Todo el candor que nos quitó la vida,
toda la fuerza que nos dio 
		el dolor,
todo es ahora luz desvanecida,
tibieza, soledad, último 
		amor...

		
De "Algunos poemas deliberadamente románticos 
y un prólogo 
		en cierto modo innecesario" 1933
7.

Ineludible

poema del adiós

		
Sólo un occiduo sol que disemina
en tintas jaldes la silueta 
		tuya,
extraviada en los riesgos de una esquina,
sin quien a mi 
		fervor la restituya.

		
Blanco pañuelo
que tremolaste con enhiesto brazo,
signo será 
		de adiós y desconsuelo
cuando se vuelva a presentar el caso.

		
Rueda la noche y en la noche el tren,
el uno y la otra por 
		distinta vía;
alguien habrá que en el desierto andén
consigne 
		fardos de melancolía.

		
Diáfano cielo
con un errante corazón de plata;
cuántas 
		muchachas llorarán en celo.
Oh, gemebundo amor de gato y gata.

		
El agrio viento que en Paris y en otros
turbios países torna la 
		veleta,
por falta de veleta entre nosotros
a transportar suspiros 
		se concreta.

		
Luces, fugaces luces
de una casa perdida en la llanura;

		cuántas doncellas beberán de bruces
sueños, que el sol amargo 
		desfigura.

		
Viento del mar que con hinchado aliento
al viento avienta 
		iridiscente espuma;
al cruzar tu recuerdo amarillento,
olor de 
		viaje y de marisco exhuma.

		
Estos gajos lunáticos de luna
saben a menta;
cuántas muchachas 
		llorarán a una
dicha, perdida por error de imprenta.

		
Brumoso viento que nos cuenta el cuento
del viejo Valdemar
y 
		sus hijas, que en modo truculento
sucumbieron, cansadas de esperar.

		
A viajero veloz, senda florida.
Oh, muchachas de amable 
		contextura,
hay que decir adiós porque la vida
es menos dura 
		cuanto menos dura.


		Estrella, 
		estrella
que contemplas cien mundos a la vez,
¿dónde está, di, la 
		postrimer doncella?
dónde está, pues...

		
De "Algunos poemas deliberadamente románticos 
y un prólogo 
		en cierto modo innecesario" 1933

Versos y pensamientos de Renato Leduc

4 citas
« Alusión a los cabellos castaños / Así como fui yo, así como eras tú, »
Renato Leduc · Alusiã“n
« Sabia virtud de conocer el tiempo; / a tiempo amar y desatarse a »
Renato Leduc · Aquí se habla del tiempo perdido que como dice el dicho, los santos lloran
« Aquí se / transcribe la copla que mis oídos oyeron »
Renato Leduc · Aquí
« Cada día más, del mundo exorbitado, / en solitario claustro pulo el »
Renato Leduc · Dedicatoria
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