« Alusión a los cabellos castaños / Así como fui yo, así como eras tú, »
Renato Leduc · Alusiãn
Biografía y amplia selección de poemas de Renato Leduc. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Renato Leduc. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Alusión a los cabellos castaños Así como fui yo, así como eras tú, en la penumbra inocua de nuestra juventud así quisiera ser, mas ya no puede ser. Como ya no seremos como fuimos entonces, cuando límpida el alma trasmutaba en pecado al más leve placer, Cuando el mundo y tú eran sonrosaba sorpresa. Cuando hablaba yo solo dialogando contigo, es decir, con tu sombra, por las calles desiertas, y la luna bermeja era dulce incentivo para idilios de gatos, fechorías de ladrones y soñar de poetas. Cuando el orbe rodaba sin que yo lo sintiera, cuando yo te adoraba sin que tú lo supieras -aunque siempre lo sabes, aunque siempre lo sepas- y el invierno era un tropo y eras tú primavera y el romántico otoño corretear de hojas secas. Tú que nunca cuidaste del rigor de los años ni supiste el castigo de un marchito ropaje; tú que siempre tuviste los cabellos castaños y la tersa epidermis, satinado follaje. Tus cabellos castaños, tus castaños cabellos por volver a besarlos con el viejo fervor, vendría yo la ciencia que compré con dolor y la tela de araña que tejí en sueños. Así como fui yo, así como eras tú, en la inconciencia tórrida de nuestra juventud, así quisiera ser, mas ya no puede ser... De "Algunos poemas deliberadamente románticos y un prólogo en cierto modo innecesario" 1933
Sabia virtud de conocer el tiempo; a tiempo amar y desatarse a tiempo; como dice el refrán: dar tiempo al tiempo... que de amor y dolor alivia el tiempo. Aquel amor a quien amé a destiempo martirizóme tanto y tanto tiempo que no sentí jamás correr el tiempo, tan acremente como en ese tiempo. Amar queriendo como en otro tiempo -ignoraba yo aún que el tiempo es oro- cuánto tiempo perdí -ay- cuánto tiempo. Y hoy que de amores ya no tengo tiempo, amor de aquellos tiempos, cómo añoro la dicha inicua de perder el tiempo... De "Breve glosa al Libro de buen amor" 1939
Aquí se transcribe la copla que mis oídos oyeron Acre sabor de las tardes en que fuimos bizarramente cobardes. Primer amor... ¿la quisimos?... Tiempo de ensueños opimos y de alardes. Tiempo de aplicar el llanto como lubricante, así como el aceite del ajonjolí a las muchachas pálidas de espanto, al patriotismo, al arte, al desencanto exacerbados hasta el frenesí. Cansancio de haber nacido cuando ya todo está hecho, dicho, mirado y oído; la semilla en el barbecho y el sentimiento raído que lleva el hombre en el pecho. Cansancio de todas esas cosas: de las lunas, los azules y las rosas y de las blondas cabezas. Hondo anhelo de asperezas ominosas. Cansancio de haber nacido en este gran siglo empequeñecido, sin pasión torva o celeste. Cueste, oh Dios, lo que cueste mártir mejor, o bandido. Vivir con la vista fija en algo que fijeza rauda exija: la locura de un hidalgo, la reputación de una hija o la carrera de un galgo. Vivir consagrado a una gran pasión; no caer en tentación, pintar de verde la luna, desbancar a la fortuna o querer sin corazón. Quisiera yo que siquiera al final el arduo camino fuera para bien o para mal, árbol no de ciencia artera, sí, pecado original. De "Breve glosa al Libro de buen amor" 1939
Cada día más, del mundo exorbitado, en solitario claustro pulo el verso que he de ofrecerte. Eludo la estridente paradoja y la luz inhumana de los cohetes -digo- tropos que pueden ofenderte. Que tus tersas pestañas no se abajen a luz ninguna; que si lágrimas viertes, las recoja . pañuelo gris, el paño de la bruma. Cada día más, del mundo exorbitado, te doy mi vida en cada verso mío. Al verte dije: Paréceme ya tiempo de ser romántico... Y a la sazón callaron las alondras del huerto consabido, y en el sucio corral de mi convento un gallo ilustre profirió su grito. Calzo la espuela y me armo caballero deliberadamente; porque pie a tierra he pretendido en vano usufructuar el predio que va desde tus pies hasta tu frente. Naciste en la planicie donde una nube plateada te sirvió de cuna, ¿qué tienes tú que ver con pedrerías y figuras retóricas? Beata virtud: permíteme que aluda al nácar de tu carne. ¿Qué tienes tú que ver con pedrerías? Beata virtud, mejor vestida cuanto más desnuda... De "Algunos poemas deliberadamente románticos y un prólogo en cierto modo innecesario" 1933
Égloga IV Muchacha: Ya sonó el despertador. Parece que amanece. Tu marido no tardará en llegar y si me encuentra... Ya -terrones de azúcar- las estrellas disuélvense en la leche matinal; ya renace la vida pueblerina; ya los gallos comienzan a cantar... Oigo mugir un buey en la barranca. Muchacha, tu marido no tardará en llegar... De "El aula" 1929
Luna impoluta que miré de niño rodar entre el verdor de la arboleda; verso primero escrito sin aliño amor primero del que nada queda. Sueños de gloria y esperanza incierta, viajes absurdos de la fantasía y penetrar al cielo por la puerta estrecha del dolor, sin alegría. Confín violáceo del venusto monte, fogata temblorosa que agoniza, neblina que confiere al horizonte, grises de perla o grises de ceniza. Turbia serenidad que otrora tuve, perdida ya para fortuna mía. Desgarradora condición de nube ardida al rojo blanco, pero fría. Marino afán de corregir el rumbo que Dios imprime a la perdida barca, y quedar a merced de viento y tumbo sobre la inmensa superficie zarca. Cándida confesión que no hice nunca, amor buscado y nunca conseguido, poema nunca escrito, vida trunca, vuelo en el acto de arrancar, fallido. Discreta como usted, como usted blonda, la media luz de los atardeceres. Menguante amor prendido de la honda noche con diamantinos almeres. Todo el candor que nos quitó la vida, toda la fuerza que nos dio el dolor, todo es ahora luz desvanecida, tibieza, soledad, último amor... De "Algunos poemas deliberadamente románticos y un prólogo en cierto modo innecesario" 1933
poema del adiós Sólo un occiduo sol que disemina en tintas jaldes la silueta tuya, extraviada en los riesgos de una esquina, sin quien a mi fervor la restituya. Blanco pañuelo que tremolaste con enhiesto brazo, signo será de adiós y desconsuelo cuando se vuelva a presentar el caso. Rueda la noche y en la noche el tren, el uno y la otra por distinta vía; alguien habrá que en el desierto andén consigne fardos de melancolía. Diáfano cielo con un errante corazón de plata; cuántas muchachas llorarán en celo. Oh, gemebundo amor de gato y gata. El agrio viento que en Paris y en otros turbios países torna la veleta, por falta de veleta entre nosotros a transportar suspiros se concreta. Luces, fugaces luces de una casa perdida en la llanura; cuántas doncellas beberán de bruces sueños, que el sol amargo desfigura. Viento del mar que con hinchado aliento al viento avienta iridiscente espuma; al cruzar tu recuerdo amarillento, olor de viaje y de marisco exhuma. Estos gajos lunáticos de luna saben a menta; cuántas muchachas llorarán a una dicha, perdida por error de imprenta. Brumoso viento que nos cuenta el cuento del viejo Valdemar y sus hijas, que en modo truculento sucumbieron, cansadas de esperar. A viajero veloz, senda florida. Oh, muchachas de amable contextura, hay que decir adiós porque la vida es menos dura cuanto menos dura. Estrella, estrella que contemplas cien mundos a la vez, ¿dónde está, di, la postrimer doncella? dónde está, pues... De "Algunos poemas deliberadamente románticos y un prólogo en cierto modo innecesario" 1933
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