Poesía Universal

Ramón de Garcíasol

Biografía y amplia selección de poemas de Ramón Garcíasol. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

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Biografía y amplia selección de poemas de Ramón Garcíasol. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Ramón de Garcíasol

7 poemas seleccionados
1.

Arenga a las rosas

Rosas, creced, pujad, 
		multiplicaos 
		
hasta invadir las cajas de caudales,  
hasta impedir las 
		ametralladoras,  
		
hasta sembrar la pólvora y el hierro 
de luz y primavera,  
		
hasta ocupar el odio y las entrañas 
de obuses, bombas, balas y 
		morteros. 
		


		¡Creced, rosas, creced! 
		¡Pujad sin tregua! 
Llenad los ojos de los tocineros, 
floreced 
		los cerebros belicosos,  
		
corroed de esperanza a los podridos, 
iluminad la mente de las 
		bestias,  
		
que se alimentan de oro, y sangre, y lágrimas;  
que son 
		capaces de matar la vida 
		
porque palpita y brilla en nuestras manos. 
Árboles, aguas, 
		pájaros, frutales, 
		
mieses, vides, obreros, plantas, madres, 
óleos, músicas, 
		máquinas, ideas, 
		
vamos a proclamar la resistencia 
de amor contra la guerra.


		Están sembrando el aire 
		de temores 
		
para amargarnos la alegría, 
para que nos matemos tú y yo, 
		hermano, 
		
ahora que ya maduran los dolores, y el sentido 
va a revelarse al 
		mundo. 
		
Trabajad 
de espaldas al temor. Abrid los ojos, 
Rosas, 
		hombres, al bien y a la belleza. 
		
¡Creced! ¡Cantad! La vida es nuestra. 
La tierra es nuestra, y 
		nuestro es el futuro. 
		
Trabajos, pensamientos, esperanzas,  
vuestros y nuestros, 
		rosas, hombres. 
		
Nosotros encendemos las estrellas 
y traemos el día,  
y 
		por nosotros se hará la paz. 
		
Estamos en peligro, rosas, hombres,  
perfume, sol, materia, 
		inteligencia,  
		
ciencia, fe, muerte, piedra, gracia, Dios. 


		¡Ahoguemos a los 
		bárbaros en luces! 
		
¡Avanzad, rosas, hombres! ¡Ocupad el mundo!
2.

Canción del silencio de Castilla

A cortar silencio, 
		esposa.
Está Castilla crecida
de silencio y sonorosa
paz, oreo 
		por la herida


		melancólica. Qué olores

		tiene el campo que amanece.
Alamillos reidores
con el viento que 
		les mece


		están cribando en sus 
		hojas
sol y sombra por el suelo.
Coge silencio sin duelo,
que 
		se viertan las congojas.


		Huele el campo que 
		alimenta
de serenidad, y canta
un sabor en la garganta
que va 
		de romero a menta.


		Disuelve el terrón 
		reseco,
silencio, y dale a la tierra
arada. Rellena el hueco
de 
		sombra con luz de sierra,


		y ponme a cantar a coro

		con el color de la jara,
con el arbolillo de oro
-cuatro hojicas 
		en la vara-,


		con el arroyo serrano

		y el pájaro que gotea
uvas de armonía. Sea
grano de trigo en 
		verano


		y buche de agua 
		marcera,
y carmín en el poniente,
sagrada sombra de higuera
y 
		diamante en el relente.


		Fúndeme a tu ritmo 
		eterno,
silencio del campo mío.
El pensamiento hace invierno
y 
		metafísico frío.


		Corta la invisible 
		rosa.
Está crecida Castilla
de silencio para trilla
de 
		corazones, esposa.
3.

Cancioncilla de la esposa

Mariuca, esposica, 
		madre:
Dios te salve
en este día y siempre.
dios te guarde,

		y mi corazón de rabia y trigo
y sangre,
esta luz amorosa que en el 
		filo
de las palabras arde.
¡Cuánta pasión, que sólo sabe

		morder, callar, rugir,
ponerse grave
o niña, desesperarse

		porque no puede saltar la carne
y fundirse contigo eternamente,

		Mariuca, esposica, madre!


		¡Que calle
ese tener 
		que ir a las cosas,
este dejarse
los ojos entre las ideas,
el 
		oleaje
que rompe contra las cuartillas!
¡Hoy es todo Mariuca, 
		esposa, madre!


		Reza por mí, Mariuca, 
		esposa.
Yo te rezo a mi modo. Sale
el corazón en ritmo por la 
		boca, me renace
tanto amor que no sé decirte,
y me resuena dentro 
		en los panales
del sentimiento y en los huesos. Dame
la palabra 
		sencilla, la sonrisa
Ingenua de la infancia, madre,
Mariuca, 
		esposica, amor.
Tú me salves.
4.

Cancioncilla de la invitación a la serenidad

Dulce te quiero, 
		serena-
mente profunda te quiero.
Un silencio colmenero

		melifica la colmena


		que no quiere ser 
		locura,
sino luz medida. Mira
y di con los ojos. Tira
esa 
		prisa, criatura.


		Moneditas atesora
de 
		sol y tiempo. Se ve
mejor el paisaje a pie,
como manda Dios. Ahora


		nace la palabra, brilla

		con la hoja, con la nube.
Savia, sangre, sabe, sube
al árbol, a la 
		mejilla.


		Ven a recoger dulzura

		para el invierno y la pena.
El secreto de la vena
va aclarando su 
		escritura.
5.

Dehesa de la villa

( Madrid )


		¡Dehesa de la villa!

		Desde esa hora,
el azul se te espesa,
se te enamora.


		¡Qué maravilla!
En 
		tu hierba, Dehesa,
fue su mejilla.


		¡Fue tu mejilla, 
		esposa!
Cómo lucía
en el aire la rosa
de tu alegría.


		¡Viva mi suerte!

		Sobre la hierba un día, 
		
volveré a verte.
6.

Del amor de cada día

Es posible que se haya 
		dicho todo
y que hayamos nacido tal vez tarde.
Mas esta gloria que 
		en mis venas arde,
nadie -¡nadie!- la vive de este modo.


		Todo es posible. Todo 
		ha sido en nombre:
todo. Pero este beso tuyo y mío,
esta luz, esta 
		flor, este rocío,
son nuestros nada más, mujer y hombre.


		Mujer y hombre únicos, 
		primeros,
-tú y yo, yo y tú- con nombres y apellidos
que no se han 
		de dar más en criatura.


		Empezamos la Historia, 
		verdaderos
primer hombre y mujer reconocidos,
proclamando el amor 
		y su aventura.
7.

Desafío de amor frente a las sombras

Otro doce de octubre, 
		compañera,
con la serena flor de la alegría
y más luz en los ojos. 
		Se diría,
coraje renaciente, que te espera


		nuevo «milagro de la 
		primavera».
seria la hora, dura la sangría,
el aire temeroso, 
		esposa mía,
atormentado el ceño, sementera


		de tiempo anubarrado. 
		¿habrá mañana
con plazuelas y niños juguetones,
espigas candeales 
		la besana,


		mozas de arracimado 
		amor, parejas
como tú y como yo, los corazones
empavesados, dime? 
		Sí: de tejas


		abajo está muy grave la 
		esperanza,
y de tejas arriba silenciosos,
mudos los astros, tan 
		majestuosos
como siempre en sus órbitas. alcanza


		el terror con la mano 
		el hombre, avanza
entre fuerzas hostiles, tormentosos
los pulsos, 
		con espanto los sabrosos
frutos sobre la mesa. la balanza


		no está en el fiel de 
		la justicia, pesa
espanto y más espanto. ¿Qué nos trae
a la 
		espalda el futuro? Niebla espesa,


		perdidiza y cobarde, 
		sin agallas
el verbo imbécil. El vigor decae.
Y tú Dios, ¿por qué 
		duermes, por qué callas?


		Mas frente al miedo, 
		mientras viva, digo
que no a las sombras. Trae la mano, esposa,
y 
		avancemos. ¡Atrás los monstruos! ¡Rosa,
florece contra el hielo! 
		¡Sube, trigo,


		más gallardo que nunca! 
		¡Ven, amigo,
a cantar con nosotros la gloriosa
salud trabajadora, 
		la grandiosa
coral voz del Océano! ¡Conmigo


		los vientres y las 
		tiernas labrantías,
la rabia y el honor de los talleres
forjadores 
		de panes y de días!


		¡Adelante, a la vida 
		sin fracaso!
si todos desertores, sé que eres,
Mariuca, la bandera 
		de mi paso.

Versos y pensamientos de Ramón de Garcíasol

4 citas
« Rosas, creced, pujad, / multiplicaos »
Ramón de Garcíasol · Arenga a las rosas
« esposa. / Está Castilla crecida »
Ramón de Garcíasol · Canción del silencio de Castilla
« Dios te salve / en este día y siempre. »
Ramón de Garcíasol · Cancioncilla de la esposa
« serena- / mente profunda te quiero. »
Ramón de Garcíasol · Cancioncilla de la invitación a la serenidad
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