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Ramiro Fonte · Cabaret modernista
Biografía y amplia selección de poemas de Ramiro Fonte. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Ramiro Fonte. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
En los cafés, oasis de inutilidades ruidosas
Pessoa -Alvaro de Campos
La ciudad proyectaba esta tragedia
al inicio del otoño con el paisaje
de los cafés soñolientos
recién
llegada la noche
en las almas despobladas. Eran todos
los mismos
personajes de novela
en otra hora muerta pero un poco
románticos y
viejos.
Conformaba
el acto y la parábola
aquella singladura de
cualquier extranjero
que nombrara los días en los que fuimos
islas
cercadas por la fiebre del otoño.
Solitarios ojos de dama
que
alguien recordaba tristes o azules en enero
eran ahora un río
perdido.
La diletancia
cercaba semejante metamorfosis.
En lo más profundo de los vasos la evocación al mito
en la otra
orilla de la noche que se abría
por caminos de gárgolas.
Los pasos
dejaban una estela de carcajadas.
Y el arte de magia de aquel telón
que nunca cae dejaba embelesado
a tan glorioso público.
Así se
deslizaba el tiempo en calendarios
con lámina de algún impresionista
francés
donde medir los días que caían
como lluvia incesante
en
sus grises corazones.
De "As ciudades de nada, 1983
Cuando estés un poco malogrado O te importune ese personaje Que la derrota, muy sutil urdiera, Puede hacer asomar en tu rostro, No arrojes tu sueño como un anillo al río, Sobre aquello que amas no puedas renunciar. Cuando estés un poco malherido, Quizás también oscuro, puede que un tanto harto Y, al procurar verso, no encuentres La música apropiada, lo que te exige el canto, Recuerda que algún día fuiste dueño, Que guardar silencio puede ser causa grande. Cuando llenes de vaho los espejos con la tristeza De ese ser que los procura, y anda errante en la casa Como un barco impaciente que abandonó el mar, Nunca pierdas el rastro de las estrellas Fugitivas, y nunca te abandones Al gesto vano, a lo falso o a la mentira. Cuando quieras vivir Por un país que esté más al norte, Más cerca de la vida; al abrigo de otros puertos A los que desciende el cielo con toda la claridad, Y lejos de estos hombres que no quieren Saber lo que tú mucho querrías, Piensa en la casa sola que, desnuda, se dirige Valiente y traicionada hacia el mar; Y que debes salvarla, dándole otros caminos. Es así que en esta hora te sucede Que estás un poco triste, malherido, Un tanto malogrado y sabes letras De esas torpes canciones del desencanto, Mi viejo capitán de las bajas horas, Olvídate de mí, pero no olvides Los pactos misteriosos a los que entre los dos llegamos, Deja que suene la música. Y que pase otra vez. De Adeus Norte, 1991
Esa flor que posabas En el vértice agudo de tus días Que eran también los míos -si me lo concedes- y era un peligro audaz, un tanto dulce, Dejarla allí, invocarla A través de la canción de los solitarios O de las grandes derrotas; esa flor Por ti acostada En la trémula frontera que tu pecho Hace con lo terrible, con lo que queda lejos, Con lo que cae allende nuestros sueños, Se mustió durante cien albas bien frías; De su ceniza brotó la única rosa. Y era aquel tiempo triste, ciertamente. Llovía mucho en torpes calendarios, En los días jueves, en los abrigos lentos; En las pálidas semanas de un amor, Y nosotros, los fugitivos De todos los deseos, Manchábamos los colores de los retratos Con gestos esquivos, con miradas Codiciosas de la insegura partida, Y era aquel tiempo grande porque teníamos rosas. A veces nos sorprendemos Persiguiendo los recuerdos como tal vez procura Un marinero ciego con sus ojos El engaño de una luz que viene del mar, Y volvemos allí para caer de nuevo, Para dejar partir esos expresos Que desgarran el amanecer porque desean Otras ciudades puras, algún lugar sin nombre; Para darle a esa noche que no nos lo merece La moneda de oro restregada Por la rara amistad que provocan los versos. No debemos dejar que el viento de la impiedad Derroque una atalaya de inocencia O que no queme el vuelo un ángel negro Derramado en las almas. Porque estamos seguros De que para ahogar de nuevo la mocedad Precisamos manos limpias y agua clara, Y saber que arrasamos un jardín Y alguna primavera, que perdimos Quizás alguna vida Para volver a la vida y encontrarnos, Pero no los recuerdos ni la rosa. De AdeusNorte, 1991
Tantas veces canté tu profundo Vacío de teatro, Que hace del hombre gárgola indefensa En la turbia plenitud de las auroras Pero no dije dónde. Fui estancado río y llegué junto a ti; Fui feliz en las estaciones de la flor Y buscaba tus noches. Sabedor me sé de cierta inclinación Que tengo hacia los largos ecos; Ya cualquier campana recuerda la medida De alguna berenguela que no hizo El póstumo poema. Ahora que ya tienes la longitud De un sueño Y podemos, a tientas, proseguir Viejos andares que van a morir al día, Cómo voy a evocarte por vez primera! Donde quise encuentros Me espera un abrazo nunca dado. De Pensar no tempestade, 1986
Quizá fuesen mejores Nuestros corazones cuando eran frágiles Y algún golpe de mar, o la noche de julio Pudieran abrirles las calladas heridas Que ahora, y para siempre, llamaremos nostalgias. Quizá fuesen mejores cuando eran Cual regatos ligeros o lluviosas tardes Que mojaban la infancia y partían Un dominio común; un valle abierto, Inmensos arenales, aquel balcón Detenido en la presencia de pulidos geranios. No eligieron barcos para partir lejos; Ni la brisa liviana de un verano Para que los apagase, con su fuego insumiso. Semejantes a los hombres, desearon A los árboles antiguos de esta tierra. De Pasa un segredo, 1988
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