« En esta frente, Dios, en esta frente / hubo un clamor de carne rumorosa »
Rafael Morales · A un esqueleto de muchacha
Biografía y amplia selección de poemas de Rafael Morales. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Rafael Morales. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
En esta frente, Dios, en esta frente hubo un clamor de carne rumorosa y aquí, en esta oquedad, se abrió la rosa de una fugaz mejilla adolescente. Aquí el pecho sutil dio su naciente gracia de flor incierta y venturosa, y aquí surgió la mano, deliciosa primicia de este brazo inexistente. Aquí el cuello de garza sostenía la alada soledad de la cabeza, y aquí el cabello undoso se vertía. Y aquí, en redonda y cálida pereza, el cauce de la pierna se extendía para hallar por el pie la ligereza.
¿Para qué tanto fuego y tanta loca plenitud de color y lozanía, si tan sólo tenéis por compañía la soledad de vuestra misma boca? Buscasteis el amor y se hizo roca. ¿Para quién esa llama, esa porfía, si vuestra roja y prieta valentía al aire más ajeno desemboca? Esa vibrante luz desordenada, tras la doliente piel en la que brilla se quedará en sí misma sepultada. O ha de quedarse pálida, amarilla, desmayándose lenta, calcinada, y soñando el amor desde su orilla.
Para ti tuve sueños. Yo quería darlos forma, color, límite exacto, realidad absoluta, línea, tacto, felicidad para entregarte un día. Puse toda mi fe, la vida mía en cada pensamiento, en cada acto, y sin cejar y sin ningún retracto firme seguí por si lo conseguía. Y ya lo ves, mintió mi pensamiento porque burla el destino a quien se empeña en doblegar su mar, su rudo viento, su pecho helado, su maciza peña. Mas el amante corazón violento aún sigue, esposa, firme en lo que sueña.
Estoy solo en el campo. El mundo está vacío sin ti. Yo palpo, triste, la soledad del cielo..., dejo mi alma lenta que se la lleve el río, que un pájaro se lleve mi corazón en vuelo. La soledad, la ausencia, concrétanse en la roca, y el silencio se expande como niebla en mis venas; el campo me parece la ofrenda de tu boca y acaricio tu piel si toco las arenas. Estoy solo en el campo, sin ti, de Talavera. Oigo por este árbol crecer tu sangre amada, subir hasta los cielos, colmar la primavera, mientras me sienta ausencia, suspiro.,viento, nada.
Mi sangre se me puebla de un ardor inefable y en las manos me laten incomprensibles pájaros, altas nubes oscuras, atormentados mares, cuando acerco a tus sienes rumorosas mis labios. Todo mi ser se inunda de infinito y hondura, me fundo con el cielo, con la luz, con los campos, y las piedras inertes y el arroyo tranquilo se me acercan y tiemblan, venturosos y humanos. ¿Qué misterio celeste entre tus venas fluye? ¿Qué Dios omnipotente me llama entre tus labios? ¿Qué mares increíbles me llevan poderosos entre adelfas y estrellas, entre nubes y astros? Arrebatado, enorme, como huracán perdido, mi corazón se evade y va hacia ti sangrando. ¡Ay, corazón herido de pasión y locura, pájaro sordo, inmenso, que va ciego volando!
Tu curva humilde, forma silenciosa, le pone un triste anillo a la basura. En ti se hizo redonda la ternura, se hizo redonda, suave y dolorosa. Cada cosa que encierras, cada cosa tuvo esplendor, acaso hasta hermosura. Aquí de una naranja se aventura la herida piel silente y penumbrosa. Aquí de una manzana verde y fría un resto llora zumo delicado entre un polvo que nubla su agonía. Oh, viejo cubo sucio y resignado, desde tu corazón la pena envía el llanto de lo humilde y lo olvidado.
Eres como la luz, muchacha mía, dulcemente templada y transparente; caricia toda tú, la piel te siente con plenitud frutal de mediodía. Eres la gloria tú que tiene el día, el día tú creciéndome inocente por este pecho, amor, por esta frente, por esta sangre que la tuya guía. Ay, terca luz, abrásame en tu cielo, donde la maravilla me convoca al gozo fugitivo de tu vuelo. No me des tu calor como a la roca; dame tu vida en él, que sólo anhelo hallar a Dios en tu abrasada boca.
del hombre La tristeza es arena de desierto, sombra de soledad, sombra del aire, larga ausencia de Dios que nos circula por el llanto olvidado de la sangre. Todo está triste hoy y es un desierto mi corazón, que apenas si es de alguien; todo está triste, sí, todo está triste en esta inmensa y desolada tarde. Madera de ataúd es lo que crece en esta primavera de los árboles, mientras proyecta el cielo largamente su soledad vastísima en mi carne, en mi alma sin dueño, en esta pena que me crece y me crece interminable.
toro Es la noble cabeza negra pena, que en dos furias se encuentra rematada, donde suena un rumor de sangre airada y hay un oscuro llanto que no suena. En su piel poderosa se serena su tormentosa fuerza enamorada que en los amantes huesos va encerrada para tronar volando por la arena. Encerrada en la sorda calavera, la tempestad se agita enfebrecida, hecha pasión que al músculo no altera: es un ala tenaz y enardecida, es un ansia cercada, prisionera, por las astas buscando la salida.
una tarde de desengaño y pena Soledad, soledad late en mis venas. Hay un cielo vacío, indiferente, y es una ausencia et río y sus arenas que dora el sol lejano del poniente. Todo está solo: el corazón y el viento a la deriva van por la alameda. Yo me siento vacío, sólo siento la ausencia enorme que en mis venas queda.
Es hermoso este gato de color de paraguas mojado por la lluvia. Miro su desamparo en medio de la calle, miro su islita negra de terror y de asombro. Podría tocar la noche y su silencio si acercase mi mano a su congoja, sentir entre mis dedos la esperanza de alguien o quizás a Dios mismo clamando en este gato, en este miedo oscuro, en este gran olvido de los hombres.
La tarde gris es un ensueño... Apenas si se nota la brisa, si se siente que llueve delicada, suavemente sobre rosas, claveles y azucenas. Qué tranquilo el ramaje, qué serenas las nubes lentas, leves del poniente... OH, caricia de Dios, tibia y silente, derramada en el aire y en mis venas. A ti te sueño, Concepción, te evoco en esta tarde de templada calma, donde faltan la luz y tu sonrisa, y, en la dulzura de la tarde, toco la pureza celeste de tu alma, que llega con la lluvia y con la brisa.
« En esta frente, Dios, en esta frente / hubo un clamor de carne rumorosa »
« ¿Para qué tanto fuego y / tanta loca »
« Para ti tuve sueños. Yo / quería »
« Estoy solo en el campo. El mundo está vacío / sin ti. Yo palpo, triste, »
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