« Porque en tu sangre había / diecisiete caballos galopando, »
Rafael Montesinos · A una adolescente
Biografía y amplia selección de poemas de Rafael Montesinos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Rafael Montesinos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Porque en tu sangre había diecisiete caballos galopando, en el dulce pecado de la carne tú y yo nos encontramos, que el amor vuelve un día de repente, igual que vuelve el árbol del estéril invierno a la más verde mentira del verano. Porque en tu sangre había diecisiete caballos galopando, al corazón quisiste llegar y te quedaste entre mis manos. Mi corazón es sitio solamente de corazón. Me lo dejé olvidado en una tierra roja de olivares donde todo es más claro. Déjalo sollozar. Sólo me sirve para un amor lejano. Pero medí tu cuerpo con mis besos, tus besos con mis labios, para las altas lunas de tus pechos fui poeta romántico, porque en tu sangre había diecisiete caballos galopando.
Dios te salve, amor mío lleno de gracia... (Mi sangre por tu sangre sangabrielaba.) -¿Dónde está la cintura que te anillaba? -Se me cayó el anillo dentro del alma. -¿Y dónde, la amargura que te apenaba ? -A tristeza que huye, risa de plata. En tu seno otra infancia mi vida aguarda. Bendito sea el fruto de mi esperanza.
Al ganado, ¿y para qué?
Anónimo, final del siglo XV
¡AY!, lo poco que me queda
al
final lo perderé.
Y después de todo, ¿qué?
¡Con lo poco que me
queda!
Dímelo tú, vida mía,
todo esto ¿para qué?
Mi tristeza, mi
alegría,
mi incredulidad, mi fe,
mi pobre melancolía
por la que
me salvaré.
Dímelo tú, niña mía,
que después te cambiaré
por
otra niña más fría
para cambiarla después.
Me muero por que me quieran,
pero nunca lo diré.
y después de
todo, ¿qué?
¿Morir para que me quieran?
¿Que me quieran? ¿Para
qué?
Aquel gran amor de un día
volverá y yo no estaré,
sI es que
vuelve todavía.
Y después de todo, ¿qué?
¡Aquel pobre amor de un
día!
poeta canta el cambio de color de ojos de su amada y repite las palabras de Adán Rodeada de ensueños -¡levedad de sus años, su voz y su sonrisa!-, reclinada en su luz, digo en su brisa, niña soñada y ángel de verdad, con grácil -no aprendida suavidad el color de sus ojos me improvisa. y como ese color, así es precisa- mente mi vida: clara en su mitad. Tú si que eres ya huesos de mis huesos y carne de mi carne y pena mía y partidaria de mis altos besos, que alternamos con tu melancolía; besos que a veces dejo niña, en esos pómulos donde un sol, rojo, se enfría.
Elegía ante un retrato de mi infancia ¿Por qué tan serio, dime, con mi mano en tu frente, marinero sin mares que surcar? Como ahora, el corazón tenía un sueño adolescente y un hombre -da lo mismo.-. naufragando a deshora. Tus seis años sabían que Dios me había dado una luz que no acaba y un mundo que no quiero. Estabas ya vencido de amor y enamorado. Morías por las mismas cosas que yo me muero. Esa mirada triste -mi mirada- me enseña que presentías todo lo que vino después. Tú te quedaste en esa cartulina pequeña, yo me fui por el mundo. Lo demás, ya lo ves.
Debajo del limonero, la niña a mí me decía: -Te quiero. Y yo me puse a pensar que era mejor la corteza. Tiré las migas de pan. Debajo del limonero la niña me dio su beso primero. Y juntos vimos caer los limones por el suelo, cerca del amanecer. Debajo del limonero, la niña me dijo un día: -Me muero. Y ya no sé adónde ir , que el limonar me recuerda la gracia de su perfil.
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« poeta canta el cambio de color de ojos de su amada / y repite las palabras de Adán »
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