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Poesía sensual y romántica . · Abismo
Poemas sueltos de autores hispanoamericanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Poemas sueltos de autores hispanoamericanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Es un temblor reptando por mis venas un susurro de notas que nos trajo el olvido te sueño con angustia despierta en cada calle y escucho tu canción con el miedo de todos los relojes me desespero al fin por esta muda sombra que envuelve la distancia caminas por el filo de las horas como boca gigante como engullendo el mundo que todavía me odia como odiando mis ojos que sólo ven los tuyos en el aire tiéndeme tu mirada rescátame del fondo sálame de esta mar enfurecida de esta horrible condena sólo quiero tu nombre doloroso guardar para tus manos este ramo de besos infinitos. LUIS ARRILLAGA (España, 1951)
Abro la boca para encontrar la lista de sueños que hemos dejado a punto de saltar del tintero. Cierro los ojos para soñar tus manos desde entonces desde que yo soñaba tus manos esperándolas al anochecer entre las palmeras y los vidrios rotos acunados a la par del corazón. Hace frío tiemblan las pestañas tu invierno saltan las madreperlas en vez de los sueños vuelven sobre el calendario que cuelga detrás de la puerta escribo yo este poema pensando en acomodar nuevamente sobre el pecho un sitio para la esperanza. ROSARIO MURILLO (Nicaragua, 1951)
En una cama en penumbras, hay dos cuerpos tendidos. Respiran y libremente fluyen como el agua muy pura. Uno al otro se vuelven, y vagan remotos por sus propias llanuras. Sin relojes ni prisas, habitantes de sueños que no logran compartir, y ambos sienten su lejanía, y al sentirla se palpan con la mirada. Luego acuden las manos buscadoras, dos manos que en la cama forman algo distinto, algo que no les pertenece, y abre un espacio sin dueño, vivo organismo latiendo desprendido en un enlace efímero. Diez dedos como diez ojos quieren trazar un puente, por el que nadie pasa ni pasar puede. La luz del mundo duda todavía en comenzar, y sólo es cierto, y quizá real, el calor inseguro de sus cuerpos tendidos. ANTÃN ARRUFAT (Cuba, 1935)
De los escombros elige el que te guste. Hay azules cielo despejado, para aquellos que sueñan paraísos, donde la luz no alcanza. Hay verdes, como el vientre del bosque, colmados de hojas y de alas. Los hay rojos, como la sangre que se vierte en cada guerra, en todo vino. De los escombros elige el que te guste. Hay variedad de grises olor a bruma. El negro escondido en algún rincón de la penumbra. El blanco páramo. El que inventa el calor de la canícula. Puedes llevar los colores del sol y de la flor, acaso el lila, el magenta, el rosa. Puedes llevar los colores de la luna y la semilla, los oscuros colores de la tierra. Puedes llevar el amarillo-dorado, como el alba o la tarde, como fruto maduro, como ese viento que danza en los trigales. De los escombros elige el que te guste. Sólo tú sabes el color de tu miseria. LUIS HERNANDO GUERRA (Colombia)
Allí, rubio sofoco de la siesta, allí, mujer y espiga, entre las mieses, allí fueron tus glorias y reveses y la amapola -el grito- de tu fiesta. Allí supiste todo lo que cuesta el dejarse vivir -sin que supieses que pagabas de más, aunque te dieses de menos- en el curso de una siesta. Una tarde de junio, como ésta... Si, desde allí, donde me aguardas, vieses de aquel sol tan en alto lo que resta... Ve, ve, desnuda y sola, en estos meses de estío, y no en la siesta, ve a la puesta de sol, a recordar entre las mieses. JUAN JOSÉ DOMENCHINA (1898-1960)
Si fueras el pecado y su tragedia, quien aplica tortura o simplemente firma los papeles, si te fueras con otro o compartieras cama conmigo y otros hombres, si fueras de una secta, monjita de clausura o esclava del Diablo, si huyeras de mis ojos y arropases los tuyos con una causa injusta, si asesinases a tus padres o incluso a nuestros hijos, si mintieses en todo o fueses tan sincera que tu palabra hiriese como daga o venablo. Si levantases cada minuto un falso testimonio sobre mí... te seguiría amando. LUIS FELIPE COMENDADOR (España, 1957)
... Vuelves a mí como la luna de noviembre. Diamante en el color de naranja inmadura, inmerso en un azul de noche sin distancia. Vuelves aleteando recuerdos, cenizas sepultadas en la profundidad de los volcanes. Poemario sofocado entre rabias y penas y cansancio. Regresas entre líricos versos sin destino, con el aliento triste y resignado del que se sabe preso de otro aliento imprudente, prohibido, sin reclamos. Yo me sé pasajera de tu barco sin rumbo. Tú te sabes huracán de mi calma y mi noche. Te miraré en la luna, lima limón, inmadura naranja. Recoge tú la espuma de las olas nocturnas que hecha espuma, me esconderé en tus manos. FANNY GARBINI TÉLLEZ ( Argentina )
Amor, amo tus claras mocedades, amo, Amor, tu recinto, tu pie leve; amo tu amor amante, que conmueve el reino de las tiernas heredades. Estoy amando el lirio que se atreve a juntar dos esbeltas soledades, al que ha sido, en la frente de la nieve, esposo de las albas suavidades. Te estoy amando, Amor, con el anhelo de las torres que radian tus preguntas. Te estoy amando, mido tu consuelo, apresuro la herida de tus puntas y bajo hasta las piedras de mi cielo para mirar, Amor, tus almas juntas. ALFREDO CARDONA PEÑA (Costa Rica, 1917)
Sos como una perdiz empollando, todo el día en la cama; reina de la indolencia, cuidando todo el día que no se vaya el calor. Sacerdotisa mía, panadera, dame esa hostia para ingresar al cuerpo de la bondad; andariega, zapato tibio para insultar y acariciar. Perdiz que viene volando y aterriza y queda suspendida sobre mi corazón, como una escarapela, como una fiesta nacional. Sal y harina. Pereza, panadera. FRANCISCO URONDO (Argentina, 1930 - 1976)
Yo sembraré mi voz en la carne del viento para que nazca un árbol de canciones; después me iré soñando músicas inaudibles por los ojos sin párpados del llanto. Colgada sobre el cielo dolido de la tarde habrá una pena blanca, que no será la luna. Será una fruta alta, recién amanecida, una fruta redonda de palabras sonoras, como un canto: maravilla sonámbula de un árbol crecido de canciones, semilla estremecida en la carne florecida del viento: -mi voz. FRANKLIN MIESES BURGOS (República Dominicana, 1907 - 1976)
El deseo procura archipiélagos vivos, desmesura radiante, verdor, sangre amazona. Y sólo encuentra enjaulada furia. Muslos abandonados sin salario de espuma. ANA EMILIA LAHITTE (Argentina)
La noche y sus lamentos El rumor sordo de su respiración No sé qué sangre fluye bajo el piso de la ciudad Una imagen de mí como una lenta piedra llega de las finales marejadas del día de las horas quemadas por el sol Viene del horizonte De la línea dolida de la sombra De las cenizas recientes del pasado Del fondo de esta noche sin fronteras En estos días he visto tantas cosas de mí Me he aprendido en tu voz En el atrevimiento de tus manos En tu cuerpo arrojado al reposo después de la tormenta reflejándome oyéndome Te recuerdo de pie frente al espejo tocada apenas por la luz Llenos de ti mis ojos Mis manos insaciables El húmedo cabello derramado en el lecho Tus hombros salpicados por la sombra La lengua de la luz en tus caderas blancas Al fino talle prendo garras dulces Mis brazos de hacen alas y te envuelven Hundo sobre la alfombra cascos de minotauro Embisto Rasgo Aúllo Me despeño Soy agua derramada sobre ti Soy la más tibia lengua El río más tierno Agua. * * * * * Ahora quiero gritar Contárselo a mi sombra A los geranios Pero no Hay ojos que vigilan Cada ventana es una luz La luz construye sombras Oh amante Sangre mía ¿A quién descenderán sobre nosotros? Pero no Hay ojos que vigilan Cada ventana es una luz La luz construye sombras Oh amante Sangre mía ¿A quién decirlo ahora? Piedras descenderán sobre nosotros Pero habrá que decírselo al frío y a mis manos al perro y al silencio Porque de otra manera tanta felicidad me va a estallar adentro. EFRAÍN BARTOLOMÉ ( México, 1950 )
Yo huelo a ti. Me persigue tu olor, me persigue y me posee. No es este olor un perfume sobrepuesto sobre ti, no es el aroma que llevas como una prenda más: Es tu olor más esencial, tu halo único. Y cuando ausente mi vacío te convoca, una ráfaga de ese aliento me llega del lugar más tierno de la noche. Yo huelo a ti y tu olor me impregna después de estar juntos en el lecho, y ese fino aroma me alimenta y ese aliento esencial me sustituye. Yo huelo a ti. DARÍO JARAMILLO A. (Colombia, 1947)
amor, dame olvido, dame tiempo Dame tu pelo, dame su ramo torrencial de jaspe vivo. dame tus ojos, dame sus ópalos en llamas que lastiman. Dame tus dientes, dame su brillo en el clavel y su dominio que contiene el embate de mi lengua. Dame tu pecho, dame la copa deleitosa de miel tibia. Dame tu muslo de oro, el pubis de violetas y rocío. Dame tu boca, dame la oreja de hostia fina, tu garganta de pájaro celeste. Dame tus hombros, dame la cadera caudal y la cintura, el árbol, la serpiente de tu espalda, tus piernas que se queman en el frío. Dame tus uñas, dame su filo de navaja y media luna en la secreta oscuridad del cielo. Dame tus manos largas que saben anudar tanta delicia. Tu axila de sal dame, tus nalgas siempre vivas. Como el agua cantando, atardeciendo, como el aire de nieve y aleluya me sumiré en tu mar, hablará el fuego. Dame el mar que te habita costa a costa y la niña fragancia de tus islas, la campana que tiembla en el crepúsculo, el sonido despierto, el que anochece. Dame luz y palabras y silencio. Dame tiempo y lugar, dame la nada, dame amor, dame olvido, dame muerte. FERNANDO GONZÁLEZ-URÍZAR ( Chile, 1922 )
De repente De repente se me hace extrañísimo tu nombre, tu nombre escrito en un pupitre, esas sílabas muertas clavadas a la madera entre rayas, palomas, una mosca, una estrella, un rostro, un martillo y una hoz. Tu nombre, tu nombre hoy tan extraño, alejado de ti, aquí, perdido. Sólo tengo tu nombre en una mesa en medio del silencio, solamente esos maragatos sin sentido y todo este espacio lleno de tu ausencia. Sólo tengo mi alma destrozada encima de esta mesa. Toco la fría madera: estás ausente. No quedan huellas de ti en estas letras suicidas, nada de la mano que las hizo bajo su corteza nada de ti me queda en esta mañana sin tiempo. Por qué, por qué ahora me es tu nombre tan extraño, por qué semeja sólo un espantajo tuerto, una máscara vacía colgada de la nada, una llanura sin dios. Por qué ya no te reconozco en tu nombre. Llegarás de repente y yo ya no tendré palabras para llamrte. Tú también sentirás que algo se está rompiendo. PILAR PALLARÉS (España, 1857)
tus ojos, lentamente, entregan bruma o pájaros de encendido silencio. El mar vibra en la sombra. tu cuerpo lentamente se entreduerme y respira en el centro del bosque. La sombra se hace blanca. en el sueño perdida, desde los sueños surge tu más secreta forma. MARIO HERNÁNDEZ ( España, 1945 )
No era coqueta
Era fuerte.
June Jordan
Necesito ropa, dijiste. Una blusa
alegre, de
color subido. Y fuimos
a la tienda. La chica que nos llevó
a los vestidores se llamaba Tula.
Te queda rico, dijo, te queda de novela.
Nos metimos las dos en esa caja,
entrábamos apenas.
Como no
había asientos ni percheros
te ofrecí mis brazos.
Te sacaste el vestido, la campera,
te sacaste la blusa, las
hombreras,
te sacaste el turbante, la remera,
te sacaste el corpiño,
la bolsita de mijo,
te miraste al espejo y me miraste
y yo vi tu pecho
crudo, las costillas
al aire, y después tu corazón
como una piedra, fuerte y fatal
como una piedra.
MARÍA TERESA
ANDRUETTO (Argentina)
¡Brindo por la mujer! ¡Quién pudiera caer en sus
brazos sin caer en sus manos!
Ambrose Bierce
A José María Alvarez y Carmen Marí
Hoy te has ido de fiesta con amigas,
y sin que tú lo sepas me regalas
un tiempo de estar solo que ya empieza
a ser raro en mi vida, un tiempo
útil
para intentar pensar en ti como si fueras
lo que siempre debiste
seguir siendo
cuando pensaba en ti: aquella persona,
en todo semejante
a cualquier otra,
que una noche lejana tuvo el gesto
generoso y
extraño de entregarme su amor.
Pero el amor nos cambia, nos convierte en
espías
ridículos del otro, en implacables jueces
que condenan sin
pruebas y comparten
sus estúpidas penas con el reo.
El amor nos
confunde y trata ahora
de que vea en tu fiesta una traición.
Por huir de esa trampa me amenazo
con los nombres que cuadran al que
en ella se enreda:
egoísta, ridículo, inseguro, celoso...
y como un
ejercicio de humildad pienso en ti
divirtiéndote sola: te imagino
bailando
y mirando a otros hombres;
al calor del alcohol
confiesas
a una amiga algunas cosas
que te irritan de mí sin que yo lo sospeche,
y por unos instantes saboreas
una vida distinta que esta noche te tienta
porque eres humana, aunque no me haga gracia.
Ahora caigo en la cuenta de que dudas
como yo dudo a veces, y que
también te aburres,
y que incluso algún día habrás soñado
follar como
una loca con el tipo que anuncia
la colonia de moda.
Para calmarme un
poco
tras la última idea, yo me digo
que el amor es un juego donde
cuentan
mucho más los faroles que las cartas,
y procuro ponerme
razonable,
pensar que es más hermoso que me quieras
porque existen las
fiestas, y las dudas,
y los cuerpos de anuncio de colonia.
Lo que quiero que sepas es que entiendo
mejor de lo que piensas
ciertas cosas,
que soy tu semejante, que he pensado besarte
cuando
llegues a casa; y que es el amor
-ese tipo grotesco y marrullero-
el
que va a hacerte daño con palabras
absurdas de reproche cuando vuelvas,
porque ya estás tardando, mala puta.
VICENTE GALLEGO (España,
1963)
El acorde Estás conmigo, amor, en esta cama que ya no estás: la asimetría, como un diamante multiplica la realidad: tu espacio trama ese vacío -mas entre las sábanas despojadas, la mente identifica signos, la cicatriz antigua de gestos, el olor de una gran playa de agosto. Aquí vibra conmigo la arena, el sol que no desciende a las lágrimas: ¿cuerpo al que la muerte aísla tras un muro sin sentido? estás conmigo, amor, no busco nada -el acorde de dos es una página. LÁZARO SANTANA, ( España, 1940 )
Quisiera regalarte un pedazo de mi falda, hoy florecida como la primavera. Un relámpago de color que detuviera tus ojos en mi talle -brazo de mar de olas inasibles- la ebriedad de mis pies frutales con sus pasos sin tiempo. La raíz de mi tobillo con su eterno verdor, el testimonio de una mirada que te dejara en el espejo como arquetipo de lo eterno. La voluble belleza de mi rostro, tan cerca de morir a cada instante a fuerza de vivir apresurada. La sombra de mi errante cuerpo detenida en la propia esquina de tu casa. Un abejeante sueño de mis pupilas cuando resbalan hasta tu frente. La hermosura de mi cara en una doncellez de celajes. La ribera de mi aniñada voz con tu sombra de increíble tamaño, y el ileso lenguaje que no maltrata la palabra. Mi alborozo de niña que vive el desabrigo para que tú la cubras con la armadura de tu pecho. O con la mano aérea del que va de viaje porque su sangre submarina jamás se detiene. La fiebre de mis noches con duendes y fantasmas y la virginal lluvia del río más oculto. Que a nivel del aire, de la tierra y el fuego, el vientre como abanico despliega. La espalda donde bordas tus manos hinchadas de oleaje, de nubes y de dicha. La pasión con que te desgarras en el lecho del mismo torrente inabarcable como si el mismo corazón se te hiciera líquido y escapara de tu boca como un mar sediento. El manojo de mis pies despiertos andando sobre el césped. Como si trémulos esperaran la inexpresada cita donde sólo por el silencio quedaron las cadenas rotas. Y en tus dedos apresado el apremio de la vida que en libertad dejó tu sangre, aunque con su cascada, con su racha, los árboles del deshielo, algo de ti mismo destrozaran. La cabellera que brota del aire en líquidas miniaturas irrompibles para que tus manos indemnes hagan nido como en el sexo mismo de una rosa estremecida. La entraña donde te sumerges como buscando estrellas o el sabor a polvo que hará fértiles nuestros huesos. La boca que te muerde como si paladeara ríos de aromas; o hincándote los dientes matizara la vida con la muerte. El tálamo en que mides mi cintura en suave supervivencia intransitiva, en viaje por la espuma difundido o por la sangre encendida humanizado el mundo en que vivo estremecida de gestaciones inagotables. El minuto que me unge de auroras o de iridiscencias indescriptibles. Como si el ritmo de tu efluvio soberano salvaras el instante de miel inadvertida; o dejaras en el mágico horizonte de luces apagadas el tiempo desmedido y remedido. en que apresados quedaran los sentidos y al fin ya sin idioma, desnudos totalmente. Como si ensayando el vuelo se quemaran las alas o por tener cicatrices se extenuaran los brazos. La piel que me viste, me contiene y resuma, la que ata y desata mis ramajes. La que te abre la blanca residencia de mi cuerpo y te entrega su más íntimo secreto. Mi vena, llaga viva, casi quemadura, huella del fuego que me devora. El nombre con que te llamo para que seas el bienvenido. El rostro que nace con la aurora y se custodia de ángeles en la noche. El pecho con que suspiro, el latido, el tic-tac entrañable que ilumina tu llegada. La sábana que te envuelve en tus horas de vigilia y te deja cautivo en él duerme, sueño del amor. Árbol de mi esqueleto hasta con sus mínimas bisagras. El recinto sombrío de mis fémures extendidos. La morada de mi cráneo, desgarrado lamento, pequeña molécula de carne jamás humillada. El orgullo sostenido de mis huesos al que hasta con las uñas me aferro. Mi canto perenne y obstinado que en morada de lucha y esperanza defiendo. La intemporal casa que mi polvo amoroso te va ofreciendo. El nivel del quebranto o la herida que conmigo pudo haber terminado. El llanto que me ha lavado y que este pequeño cuerpo ha trascendido. Mi sombra tendida a merced de tu recuerdo. CLEMENTINA SUÁREZ (Honduras, 1906-1992)
¿QUIÉN devoró tus manos para el polvo?
¿De qué balcón colgaste
Las sábanas blanquísimas
Estampadas en tu
cuerpo de verónica?
Lloran las ventanas,
Las paredes lloran.
Los hijos que no has parido nunca
Invocan tus
senos de verdades
Rendidas en la tierra
Ante jacas infértiles,
Eternamente locas.
Ya no hay mañana para ti. Se fueron
Las últimas
estrellas de tus noches de agosto.
¿Cómo te has muerto ahora
En estas
alcobas tan de barro,
Tan de misterio, sin sangrar los besos?
Ya no
vendrán los pinos
A llorar con sus larvas plañideras,
Ni tu boca dirá
las palabras de siempre.
Te has ido
Y parece que aún no habías llegado
A anunciar por las calles
Tu muerte vespertina.
Ya no te morirás. Tu
cuerpo aguarda
La llegada de todos los veranos,
Del otoño, del hielo.
Tu semilla
La tienes ya sembrada:
Recogerás abrojos,
cardos,
olvido.
JOSÉ LUIS
PUERTO (España,
1953)
Viene despacio entra tropieza con mi tos con mi costumbre de dejar la nuca en cualquier parte viene despacio ordena mis silencios desata las palabras necesarias recibe la correspondencia de mis ojos viene despacio a tender sus manteles de ternura viene despacio apenas hecha humo para no despertarme se abre paso entre vasos arrojados al día retratos de mujeres noches de bronca y noches de ginebra viene despacio con su enchape celeste subiéndose a mis mástiles viene despacio entra se arrodilla al borde de mi alma y junta los fragmentos de mi risa después... se vuela azul como la tarde. JORGE BOCCANERA (Argentina 1952)
fría Eres fría. A tus labios no se asoma ni la risa, ni el grito, ni la queja. Estatua fueres en la Atenas vieja, mujer no fueres en la vieja Roma. Como estatua de sal, si a veces toma gesto vibrante el arco de tu ceja, es porque en tu pupila se refleja el rojo incendio de infernal Sodoma. Tú desdeñaste a jóvenes de brío. Y en matrimonio trágico y sombrío a un anciano te uniste sin conciencia; y la justicia del amor burlado, como que eres de sal te ha condenado a que te lama el buey de la Impotencia. JOSÉ SANTOS CHOCANO (Perú, 1875 - 1934)
Te vas. algo me dejas cuando me das la espalda. Llueven colmenas desiertas y abejas sin alas. DANIELA MAZZEO (Argentina )
Esta vieja herida que me duele tanto, me fatiga el alma de un largo ensoñar; florece en el vicio, solloza en mi canto, grita en las ciudades, aúlla en el mar. Siempre va conmigo, poniendo un quebranto de noble desdicha sobre mi vagar. Cuanto mas antigua tiene mas encanto... ¡Dios quiera que nunca deje de sangrar!... Y como presiento que puede algún día secarse esta fuente de melancolía y que mi pasado recuerde sin llanto, por no ser lo mismo que toda la gente, yo voy defendiendo románticamente ¡esta vieja herida... que me duele tanto!... PEDRO SIENNA (CHILE, 1893 - 1972)
Estoy en ti buscando vegetales en tu origen. De tu vientre los musgos si levanto el árbol humedeces y transformas, si canción o río desbordado te yergues del ritmo a las orillas. Estoy en ti -desnudo- como niño que juega a las auroras. Reverbera la casa con tu nombre compañera que fuerzas a erigirme. Materna niña nuestra vuestra, heme aquí contigo rescatando la hierba a los umbrales. OSCAR WONG (México, 1948)
Roto el jarrón. La flor durmió todo un invierno. Sé cómo termina un amor, cómo se ha ido. ALFONSO CALDERÃN ( Chile, 1930 )
Gravitación del retrato
¿Acaso no he tocado tus palmas y tus yemas,
no he fluido a través de ti, y en torno de tus
talones?
¿Cómo entré? ¿No era yo acaso tú y Tú?
Ezra Pound
Entre el agua y la sombra, a orillas
de una sedosa
mirada nocturna
y en la mitad ardiente del abrazo
la lámpara nos une
como una caricia,
como una flor espejeante a un hombro perfecto.
(No sé si he respirado los rayos de su luz
y si al mirarte una
impalpable lágrima aproximo,
una abrigada pluma, una burbuja irisada,
un titubeante círculo de amor y de sueños).
Ajena al paso de mi voz, al incesante
fuego que va contra el olvido,
retirada
a música inmóvil había de escucharte,
Detenido en silencio todo cuanto tocas,
rostro, vaso de fugaz
derredor, madura espalda.
JAVIER
SOLOGUREN
( Perú, 1921 )
Para poder siquiera los dos acercarnos necesitaríamos siglos de instantes como este instante. Para que pudieran morir las aguas más sucias, para que pudieran brotar las aguas más claras. Aquella sed, los gritos, el pájaro amarillo que cantaba ayer tarde y te ponía triste. Aquel candor feroz de tus ojos de esponja en el momento cumbre, al desplegar los párpados. El viento, el mar, las más bellas palabras que pronuncia un hombre a la hora de morir. El verte y el no verte. El deslizar los dedos por las venas muertas de tus manos vivas. Todo es vana poesía. Todo se ha convertido en inútil deseo de un deseo de amor. Para poder siquiera los dos acercarnos necesitaríamos siglos de ternura como esta ternura. AGUSTÍN DELGADO ( España, 1941 )
Amaños, arterias, trucos del corazón
que aplacan la conciencia cuando les damos vuelta.
Francisco Díaz de Castro
Sospecho que jamás volveré a verte.
Sospecho que será mi amor tan corto
como el viaje en un tren de cercanías,
que no apartarás, durante el trayecto,
la mirada del libro que sostienes
con firmeza entre las manos, ajena
a la lluvia, al paisaje, a mi presencia.
Mientras, el silencio pasa rozándote,
rozándonos los labios
hablándome de ti,
de la noche que se acerca insegura,
humilde y vacía como la próxima
estación, como el próximo fracaso.
Indiferente y sola, te marchaste.
En el aire viciado del vagón
quedó flotando el poso
de la nostalgia. Perseguí a través
del cristal el fantasma de un recuerdo,
si hermoso o terrible, lo desconozco.
Pero no renunciaré -porque me pertenece-
a la lectura de ese joven cuerpo
ala deriva, a inventar un pasado,
a defender la bondad de los sueños.
Tal vez, años después, ya casi viejo,
me arrepienta de las horas perdidas
observando cómo el deseo mancha
las paredes insomnes de la casa,
cómo cubren de escombros y hojas muertas
el jardín. Tal vez piense que, en el fondo,
todo tiene un precio, que fabriqué
una historia, una vida fantástica,
irreal que -como advertía Rilke-
debo olvidar para hacerla únicamente
mía y que desdibujo sin pudor
como argumento para emborronar
unas cuartillas y engañar así
al inocente lector que me cree
sincero y siente, quizá, en su propia
carne la herida informe, no cerrada
del amor traicionado.
Depende de mí, de si continúo
o no este juego que vivas o mueras.
Con un golpe de suerte, con los dados
trucados puedo desenmascararte.
"De Corriente subterránea"
CARLOS ALCORTA (España 1959)
Tiemblas, y tus cabellos locos se desparraman como garfios de sombra en tu carne jugosa. Mis manos, hogueras de cinco llamas, lamen el mármol de tu cuerpo hasta ponerlo al rosa. Extendida a mis pies como una blanca alfombra tiemblas; con tus temblores versos de angustia plasmo. Tu labio es un sendero de sangre hacia el espasmo: eres un surtidor de fiebre entre la sombra. Mi boca como un sello en tu boca se graba y en las morbideces de tu seno caldeado tiempo. mi pupila, ampolleta de vértigos, se clava. Hincado en ti, como una garra de escalofrío, me extinguiré, mis nervios como un humo rosado irán en espirales de besos al vacío. MIGUEL ÁNGEL LEÃN (Ecuador, 1900-1942)
Si ahora digo amor tal vez no diga que la ausencia me mira del fondo de tus ojos, que aquí estuvimos juntos, que fue hermoso y que el sol conocía tu perfil de memoria. Tal vez sea imposible que alguien sepa lo claro, la luz que fue llevarte de la mano pequeña como a un tallo mecido por un viento de música hacia los territorios donde aguarda el silencio. Y ya que estás distante, qué pensarán los árboles qué dirán las canciones, cómo verá la noche mi soledad de río; dónde pondrán su ronda los niños de la tarde, adónde irán los pájaros sin tu risa y mi silbo y la calle tan sola con sus puertas inútiles y las sombras sin besos y los perros perdidos; ahora que la ausencia me interrumpe la boca, ahora que me esperas tan allá de los niños. Se nos ha muerto el año. Yo le veo el invierno hecho de un sólo frío, de un solo tajo solo a la mitad de agosto, de una dura distancia... larga, definitiva. Porque de pronto sobran los barcos, los andenes y de pronto este rumbo ya no tiene sentido como si nadie fuera hacia ninguna parte o alguien hubiera muerto a mitad de camino. Alguien. Mi voz. Tu pelo. Las cosas que no dije. La flor de tu vestido. Se nos ha muerto el año donde dejé tu nombre para que recobrara su condición de estío. Ya no sé, nunca entiendo estas precarias sílabas, cosas que no recuerdo de pronto me dominan: ¿te dije que tenías la piel como de humo? ¿que de estarme en tus ojos me conozco el origen? ¿te he enseñado el misterio de los árboles solos? ¿sabes ya que tus manos son dos siestas dormidas? No sé, nunca recuerdo tanta distancia, tanta canción que no he cantado cuando anduvimos juntos. Me dolería mucho no haberte dicho todo lo que llevo en la boca casi como otra risa. ARMANDO TEJADA ( Argentina, 1929-1992 )
Hoy me estoy abandonando de ti amor estoy fuera en las higueras cargadas y las aguas de las nubes pero no fui yo quien eligió partir una nave extraña que me robó tu mano me succionó la decisión ¡cómo parten mi amor las ramas en el río bajaban escaleras de preguntas como tu boca y mi boca se abrasan atontando esta distancia que buscamos aún no aún no podemos -arder como frágil leña en los incendios de las selvas las casas del mar como somos dos caballos cuatro peces y un larguísimo aliso tejiendo dibujos por el viento movido esas hojas el jugo de estas venas es sangre de animal asesinado! ¡cómo parten mi amor los pájaros hacia el más allá! tal vez golondrinas en los tejados posen hoy la palabra que no digo pero cómo clavaron los veleros arrastrados huyendo de la tormenta cómo clavaron nuestros movimientos secos -de un golpe- contra las paredes! ¿deserción móvil? mi amor porque te amo XELA ARIAS (España, 1962)
Una hoja resbala desde el árbol y es tu mirada la que, vuelta mano, detiene su caída unos instantes; luego toca la tierra humedecida por la blanca llovizna del verano y se confunde con un montón de hojas arrugadas. Huele a calas, jazmines, crisantemos. Das media vuelta y piensas en cuándo serás tú, si caerá nieve. Escribe un nombre propio el tiempo en cada lápida y sin embargo, hermosas, cuelgan pequeñas flores del almendro. ANDRÉS NEUMAN (Argentina, 1977)
Esta rosa en el cielo, inmóvil, pura; y este aire, que la cerca, y la convida: y ella, en su propio sueño suspendida, serena, en su voluble arquitectura. Es casi de cristal, en la segura presencia de su línea estremecida: tan perfecta, en el tono, y la medida, exactos, de su tedio y su hermosura. El aire pasa, y ella, sola, queda, embriagada en su tácito perfume, oculta entre su tálamo de seda. Y en la alta noche su virtud resume trémula gota que, en la sombra rueda, y en estéril silencio se consume! JOSÉ UMAÑA B. (Colombia, 1899-1982)
Las doncellas Una doncella tendida es un continente virgen o un inviolado bosque rodeado de misterio. Hay en la cabellera pájaros encendidos como a la orilla de los ríos sagrados, la cabellera de árbol-de-la-noche-triste. Un enjambre de besos tiembla sobre su rostro igual que las abejas sobre el rostro del nardo. Las manos, donde aprende caminos la fragancia, acuerdan los antiguos incensarios de barro. Los hombros tienen la suavidad de los helechos y el brillo de los astros anónimos y puros. Resbala en las cadenas de opulentos contornos el peligro de seda de las panteras negras. El mármol desvaría columnas en los muslos y el ónix se enloquece de límpidas arcadas. en los pequeños lagos detrás de las rodillas las libélulas soplan las flautas de los lirios. Y en los tobillos de oro la música reviven el espectro remoto de danzas primitivas. Inmóvil y desnuda es sagrada como los bosques. OTTO RAÃL GONZÁLEZ (Guatemala, 1921)
medias blancas Tengo unas medias blancas de encaje que me pongo cuando me visto el traje negro de los recuerdos. Son unas medias finas, hambrientas de fantasmas que hacen juego con los pájaros interiores, oscuros. Las piernas, penetradas por estas bocas blancas, levemente se abren con signos vegetales. Los hilos amanecen mi piel, brotan, perdiéndose, entre los elevados pensamientos más íntimos. En derredor: imágenes de ocupación pelviana, soberbias latitudes desde el puente atestiguan la entraña y las enaguas levantadas al vuelo. ¡Qué holgada está la tela de la falda de flores, la rodilla suavísima con olor a naranjas! Por los muslos se agrandan los dibujos henchidos, son copos invisibles calcinando altas cumbres. Me infunden sobresaltos, me clavan dulces flechas, tan finas son las mallas que saltan los engarces y hasta el ocre desierto los poros me rezuman feroces desatinos, presagios entreabiertos. Siento flores y manos crecer entre las piernas y más arriba el musgo tapando el azulón vellón de la albufera. No podría ponerme estas medias sabiendo la gracia que se esconde, generosa, en tu boca. Espumosas persisten, sin causa me rodean, temibles de tu roce, sin fatiga, explorando. ISLA CORREYERO ( España, 1957 )
in umbra Odalisca de harén que me enamora, la hora de su cita es la que aguardo para aspirar la esencia embriagadora de su carne, olorosa como nardo. De sus ojos la llama abrasadora me enardece, punzante como un dardo, ya su cuerpo de diosa triunfadora le rinde parias mi laúd de bardo. De la noche en la sombra misteriosa, en el muelle diván color de rosa le brindo mis caricias, mis excesos; y turbando el silencio de la alcoba en nuestras bocas, que el placer arroba, estallan, resonantes, nuestros besos. ADRIANO M. AGUIAR (Paraguay, 1864-1912)
como el canto que no acaba... Ligero como el canto que no acaba Se ondula tu recuerdo en el verbero. Regresa y es el mismo. Despierto y no es un sueño, A tu vuelta inocente encadenado. La voz no sabe lo que canta. Tallas mi vida y no lo advierto. Hablo, Y siempre ignoro de quién hablo. JOSÉ CARLOS CATAÑO (España, 1954)
Los pájaros divinos Júpiter -que en el cielo del Paganismo asoma con el supremo brillo de la más noble estrella- de un cisne se depara la forma blanca y bella por que Leda le embriague de su carnal aroma. El Espíritu Santo -que la Iglesia de Roma consagra en la trimurti donde su Dios destella- por gozar el aroma de la núbil doncella viste la forma bella de nítida paloma. ¡La paloma y el cisne! ¡Siempre el blancor alado, siempre el albor con alas, en inefables curvas, propicio a los misterios del divino pecado! ¡Oh cisnes y palomas! ¡Oh pájaros propicios al Dios en celo! Adoro lo que ignoran las turbas en vosotros: el alma de los sumos fornicios... ALFREDO ARVELO LARRIVA (Venezuela, 1883 - 1934)
« Es un / temblor reptando por mis venas »
« Abro la boca para encontrar la lista de sueños que / hemos dejado a »
« En una cama en penumbras, / hay dos cuerpos tendidos. »
« De los escombros elige el que te guste. / Hay azules cielo despejado, »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: