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Poemas sueltos # 1 · A María Kempelfeldt
Poemas sueltos de diversos poetas hispanoamericanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Poemas sueltos de diversos poetas hispanoamericanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
¿Quién eras, oh María, misteriosa María la dueña de este libro que he encontrado al partir? En la primera página, en alemán, decía con letra temblorosa: "Te quiero hasta morir". Dulce María Kempelfeldt, aquí, en este navío que te llevaba lejos, ¿soñaste como yo? ¿tu corazón sangraba nostalgias, como el mío? ¿tampoco tu quimera de amor se realizó? "Ich liebe die, María..." ¿En qué brumoso puerto, en qué tierra lejana dejaste el corazón que gimió en estas páginas, en este libro abierto y olvidado en un barco, su ensueño y su pasión? "Ich liebe die", María. Yo guardo el libro, y leo el verso que ha veinte años escribió en alemán un hombre que te amaba, y en mis ensueños veo tu rostro rubio y triste...Y los barcos se van.... HÉCTOR P. BLOMBERG ( Argentina, 1890 - 1955 )
Quieres que hablemos?... Esta bien... Empieza. Habla a mi corazón como otros días... ¿Pero no!... qué dirías? ¿Qué podrías decir a mi tristeza? ...No intentes disculparte: todo es vano! Ya murieron las rosas en el huerto; el campo verde lo secó el verano, y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto. Amor arrepentido, ave que quieres regresar al nido al través de la escarcha y las neblinas; amor que vienes aterido y yerto, donde fuiste feliz... ya todo ha muerto! No vuelvas... ¡Todo lo hallarás en ruinas! ¿A qué has venido? ¿Para qué volviste? ¿Qué buscas?... Nadie habrá de responderte! Está sola mi alma, y estoy triste, inmensamente triste hasta la muerte. Todas las ilusiones que te amaron, las que quisieron compartir tu suerte, mucho tiempo en la sombra te esperaron, y se fueron... cansadas de no verte. Cuando por vez primera en mi camino te encontré, reía en los campos la alegre primavera... todo era luz, aromas y armonía. Hoy todo cuán distinto!... Paso a paso, y solo voy por la desierta vía, -nave sin rumbo entre revueltas olas- pensando en las tristezas del Ocaso y en las tristezas de las almas solas. En torno la mirada no columbra sino aspereza y páramos sombríos; los nidos en la nieve están vacíos, y la estrella que amamos, ya no alumbra el azul de tus sueños y los míos. Partiste para ignota lontananza cuando empezaba a descender la sombra. ...Recuerdas? Te llamaba mi esperanza, ¡pero ya mi esperanza no te nombra! No ha de nombrarte!... Para qué? Vacía está el ara y la historia yace trunca. ¡Ya para qué esperar que irradie el día! ¡Ya para qué decirnos: TODAVÍA, si una voz grita en nuestras almas: NUNCA! ................................................................... Dices que eres la misma; que en tu pecho la dulce llama de otros tiempos arde; que el nido del amor no está deshecho; que para amarnos otra vez no es tarde... Te engañas!... No lo creas!... ya la duda echó en mi corazón fuertes raíces, ya la fe de otros tiempos no me escuda; quedó de sueños mi ilusión desnuda, y no puedo creer lo que me dices. No lo puedo creer!... Mi fe burlada mi fe en tu amor perdida, es ancla de una nave destrozada, ancla en el fondo de la mar caída... ..................................................................... Anhelos de un amor, castos, risueños, ya nunca volverán... Se van... se esconden. Los llamas?... Es inútil... No responden... ¡Ya los cubre el sudario de mis sueños! Hace tiempo se fue la primavera... ¡Llegó el invierno fúnebre y sombrío! Ave fue nuestro amor, ave viajera, ¡y las aves se van cuando hace frío! ISMAEL E. ARCINIEGAS ( Colombia, 1865 - 1937 )
La silueta del cuerpo está oscura ante la turbia luz de las persianas. Acostado, siento tu rostro vuelto hacia mí como una imagen de la eucaristía. Cuando te desprendiste de mis brazos, tu susurrar "ya debo irme", sólo alcanzó los más lejanos portales de mi sueño. Ahora veo tu mano como a través de un velo, cómo ligeramente pasa la blusa blanca por los pechos. Las medias, ahora, después la falda, el pelo recogido. Ya eres otra mujer, una extraña ataviada para el mundo y el día. Entreabro la puerta. Te beso. Te devuelves, mientras avanzas, un adiós. Y te alejas. Acostado de nuevo oigo cómo se pierde tu pisada suave por el hondo caracol de la escalera. Vuelvo a estar encerrado en el aroma de tu cuerpo, que brotando de las sábanas, cálidamente invade mis sentidos. Amanece aún más. Las cortinas ondulan. Un viento joven y un sol temprano quieren penetrar. Se levantan los ruidos. Música del amanecer. Me duermo suavemente arrullado por sueños matutinos. ERNST RICHARD STADLER ( Alemania )
Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido: yo, porque tú eras lo que yo más amaba y tú porque yo era el que te amaba más. Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo: porque yo podré amar a otras como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo. ERNESTO CARDENAL ( Nicaragua, 1925 )
Casi sin ver la realidad del día ni la certeza de su claridad ando en busca de ti, de los vestigios de unos años, de un mar , de unos lugares. Porque la sombra avanza y los astros escriben sus órdenes fatales en mi frente, y es triste a solas proseguir la angustia de los caminos que iniciamos juntos. Pensar un cuerpo es inventar la noche de las islas perdidas, el fulgor olvidado en los brazos de la hierba. Es difícil ahondar en el silencio, llenar de amor el hueco que el instante abre en el grito con que te pronuncio. No escucho la presencia de tus pasos vigilando la herida de los versos escritos, ni el temblor desolado de la tarde deja en mi voz el poso transparente de lo que ardió y se fue y es ya elegía. Seguir es regresar, volver al borde del lecho aquel, de la blancura en llamas. La soledad me dicta letras anochecidas y las horas se duermen en el pulso del tiempo. Vuelve a llamarme. Esparce tus designios en las proximidades de otra hoguera. Se acabará el sonido del invierno, la mirada extendida, la sed de las palabras. El deseo que recuerda el color de unos ojos descansará en la tierra que conoce. Las calles arderán a mediodia y cantará la luz entre mis manos. De "Maneras de estar solo" ELOY SÁNCHEZ ROSILLO ( España, 1948 )
Amor callado, que jamás se queja; amor que, en la discreta madrugada, sólo acierta a poner, junto a tu reja, la ilusión de una estrofa perfumada. Amor de un alma taciturna y vieja; amor que es como música olvidada, que tiene azul resignación de oveja, que lo da todo y que no pide nada. Amor es eso, amar como te amo, sin medir tu desdén, sin que un reclamo haga que el alma de esperanza estalle. Amor sin arrebatos y sin ruido, que espera que tu hogar esté dormido para pasar entonces por tu calle. MIGUEL A. PEGUERO ( R. Dominicana, 1903 - 1864 )
Te presentí venir desde la ausencia, que no fue soledad ni lejanía. Era tanta esperanza tu presencia que, sin quererte, te llamaba mía. Torbellino de amor, mi adolescencia. Mi otoño, el huracán de travesía. Y siempre, en amorosa transparencia, nostalgia de este amor que no venía. Ahora estás. Y angustia de mi oído es la ansiada palabra que no dices y que ya el corazón ha recogido. Vuelvo hacia ti mi soledad sufriente, y ante tus ojos hondos y felices siento que estás, en mi presencia, ausente. CARLOS PENDEZ ( Chile )
Qué día de silencio enamorado vive en mi gesto vago y en mi frente. Qué día de nostalgia suavemente solloza amor al corazón cansado. Alta, dulce, distante, se ha callado tu nombre en mi voz fiel, pero presente su turbia luz mi soledad lo siente en todo lo que existe y ha soñado. En la tarde vagando, voluptuoso de horizontes sin fin, la lejanía me envuelve en tu recuerdo silencioso. Claros cabellos, cuerpo, ojos lejanos, pálidos hombros. Oh, si en este día tuviera yo tu mano entre mis manos. FERNANDO CHARRY LARA ( Colombia, 1920 )
Buscabas una flor y hallaste un fruto. Buscabas una fuente y hallaste un mar. Buscabas una mujer y hallaste un alma. ¡Estás desencantado! EDITH SÃDERGRAN ( Suecia )
Difícil escribir te quiero con locura. Hasta la misma médula. ¿Qué será de mis manos si les roban la magia sonora de tu cuerpo? Difícil. Muy difícil un poema de amor en estos tiempos. Resulta que tú estás. Feroz en tu evidencia. Resulta que yo estoy. Contrahecha. Acechante. Y resulta que estamos. La ley de gravedad no nos perdona. Difícil es decir te quiero en estos tiempos. Te quiero con urgencia. Quiero hacer un aparte. Sin dudas y sin trampas. Para decir te quiero. Así. Sencillamente. Y que tu amor me salva del aullido nocturno cuando loba demente la fiebre me arrebata. No quiero que me duela la falta de ternura. Pero amor. Qué difícil escribir que te quiero. Así. Entre tanto gris. Tanta corcova junta. Cómo puedo aspirar la transparencia. Retomar esta voz tan desgastada. Esta costumbre antigua para decir te quiero. Así. Sencillamente. Antiguamente. Digo. Si todo es tan difícil. Si duele tanto todo. Si un hombre. Y otro hombre. Y luego otro. Y otro. Destrozan los espacios donde el amor se guarda. Si no fuera difícil. Difícil y tremendo. Si no fuera imposible olvidar esta rabia. Mi reloj. Su tic-tac. La ruta hacia el cadalso. Mi sentencia ridícula con esta cuerda falsa. Si no fuera difícil. Difícil y tremendo. Plasmaría este verso con su cadencia cursi. Si fuera así de simple escribir que te quiero. MARIA ELENA CRUZ VARELA ( Cuba, 1953 )
Canciones de ausencia Aquí dijiste: "Son hermosos los ojos húmedos de los caballos". Aquí: " Me encanta el viento". Desando yo tus pasos, revivo las palabras. Y te amo en la baldosa que pisaste, en la mesa de pino que aún guarda la caricia de tu mano, en el estropeado cigarrillo olvidado en el fondo de mi bolso. Recorro cada calle que anduviste y sé que amaste este abedul y esta ventana. Aquí dijiste: "Así soy yo, como esa música triste y alegre a un mismo tiempo". Y te amo en el olor que tiene mi cuerpo de tu cuerpo, en la feliz canción que vuelve y vuelve y vuelve a mi tristeza. En el día aterido que tú estás respirando no sé donde. En el polvo, en el aire, en esa nube que tú no mirarás, en mi mirada que te calcó y fijó en mi más triste fondo, en tus besos sellados en mis labios, y en mis manos vacías, pues eres hoy vacío y en el vacío te amo. PIEDAD BONNETT VELEZ ( Colombia )
Las algas marineras y los peces, testigos son de que escribí en la arena tu bienamado nombre muchas veces. Testigos, las palmeras litorales, porque en sus verdes troncos melodiosos grabó mi amor tus claras iniciales. Testigos son la luna y los luceros que me enseñaron a esculpir tu nombre sobre la proa azul de los veleros. Sabe mi amor la página de altura de la gaviota en cuyas grises alas definí con suspiros tu hermosura. Y los cielos del sur que fueron míos. Y las islas del sur donde a buscarte arribaba mi voz en los navíos. Y la diestra fatal del vendaval. Y todas las criaturas del Océano. Y el paisaje total del litoral. Tú sola entre la mar, niña a quien llamo: ola para el naufragio de mis besos, puerto de amor, no sabes que te amo. ¡Para que tú lo sepas, yo lo digo y pongo al mar inmenso por testigo! HELCÍAS MARTAN G. ( Colombia, 1920 - 1984 )
Cuando de nuestro amor la llama apasionada dentro de tu pecho amante contemples extinguida, ya que sólo por ti la vida me es amada, el día en que me faltes, me arrancaré la vida. Porque mi pensamiento, lleno de tu cariño, que en una hora feliz me hiciera esclavo tuyo, lejos de tus pupilas es triste como un niño que se duerme, soñando en tu acento de arrullo. Para envolverte en besos quisiera ser el viento y quisiera ser todo lo que tu mano toca; ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento para poder estar más cerca de tu boca. Vivo de tu palabra y eternamente espero llamarte mía como quien espera un tesoro. Lejos de ti comprendo lo mucho que te quiero y, besando tus cartas, ingenuamente lloro. Perdona que no tenga palabras con que pueda decirte la inefable pasión que me devora; para expresar mi amor solamente me queda rasgarme el pecho, amada, y en tus manos de seda ¡dejar mi palpitante corazón que te adora! MEDARDO ANGEL SILVA ( Ecuador, 1899 - 1920)
¿Qué haré con mi felicidad? ¿Dónde ponerla? Si en la copa de un árbol, la pican los jilgueros; si en la tierra, las larvas llegarán a roerla. ¿Qué haré con mi felicidad? ¿Dónde ocultarla? Encima de las nubes la verán los luceros, dentro del mar los peces querrán acariciarla. Es tan débil, tan blanda, que la hiere aún el viento, tan tímida, que el paso de la luz la sonroja, tan pulida y tan limpia que la empaña mi aliento. Si la envuelvo en camelias sufrirá de aspereza, si la dejo desnuda un rumor la deshoja. ¡Tan aérea, tan frágil su dormida cabeza! La estrecharé en mi pecho como a un hijo ciego, alfombraré mi carne de fantásticas nubes, perfumaré mis brazos de nardos y de espliego, la dormirán con himnos dulcísimos querubes... ¡Y el amor la defienda con su espada de fuego! OCTAVIO NOVARO ( México )
Si me fuera tu vida indiferente; si yo te amara menos y tú más; si corazón y sangre y alma y mente latieran con un ritmo y un compás; Si fuéramos dos almas paralelas para volar, cantar, soñar y amar; dos gaviotas errantes y gemelas hijas del cielo azul y la ancha mar; mas somos dos quejosos manantiales que sueñan entre espinos y jarales sediento uno del otro y nada más, oyendo, bajo tálamo de frondas, tu sollozar mis ondas, yo tus ondas ¡ay! sin podernos confundir jamás. ABEL MARÍN ( Colombia )
En cada corazón arde una llama... En cada corazón arde una llama, si aún vive la ilusión y amor impera, pero en mi corazón desde que te ama sin que viva ilusión, arde una hoguera. Oye esta confesión; te amo con miedo, con el miedo del alma a tu hermosura, y te traigo a mis sueños y no puedo llevarte más allá de mi amargura. ¿Sabes lo que es vivir como yo vivo? ¿Sabes lo que es llorar sin fe ni calma? ¿Mientras se muere el corazón cautivo y en la cruz del dolor expira el alma? Eres al corazón lo que a las ruinas son los rayos del sol esplendoroso, donde el reptil se arropa en las esquinas y se avergüenza el sol del ser hermoso. Nunca podrás amarme aunque yo quiera, porque lo exige así mi suerte impía, y si esa misma suerte nos uniera tú fueras desgraciada por ser mía. Deja que te contemple y que te adore, y que escuche tu voz y que te admire, aunque al decirte adiós, con risas llore, y al volvernos a ver llore y suspire. Yo no quiero enlazar a mi destino tu dulce juventud de horas tranquilas, ni he de dar otro sol a mi camino que los soles que guardan tus pupilas. Enternézcame siempre tu belleza aunque no me des nunca tus amores, y no adornes con flores tu cabeza pues me encelan los besos de las flores. Siempre rubios, finísimos y bellos, madejas de oro, en céltica guirnalda, caigan flotando libres tus cabellos, como un manto de reina por tu espalda. Es cielo azul el que mi amor desea, la flor que más me encanta es siempre hermosa, que en tu talle gentil yo siempre vea tu veste tropical de azul y rosa. Mírame con tus ojos adormidos, sonriéndote graciosa y dulcemente, y avergüenza y maldice a mis sentidos mostrándome el rubor sobre tu frente. ¿Yo nunca seré tuyo? ¡ay! ese día, oscureciera al sol duelo profundo; mas para ser feliz sobre este mundo bástame amarte sin llamarte mía. JUAN DE DIOS PEZA ( México, 1852 - 1910 )
Esa puerta de mármol, esa losa que cae sobre mi alma si ando, donde me voy dejando nudillos, nudos, manos... He de tirarla abajo. Esa madera joven, en la que me he clavado, con ranuras estrechas, con bisagras gigantes, que envuelta de recuerdos me sale siempre al paso... He de tirarla abajo. Esa puerta que llama cuando sigo adelante, esa puerta que avanza cuando yo me he parado. Esa puerta que escucha cuando yo estoy llamando... Esa puerta -que es mía- he de tirarla abajo. De "El gato junto al agua" PALOMA PALAO ( España, 1944 - 1986 )
Fueron tus manos tercas y desnudas las que me deshojaron. Yo fui la eterna margarita del sí y del no: pétalo a pétalo talada en tu cintura. Toda ya cicatriz abierta hacia la lluvia. LUZ MARIA JIMÉNEZ FARO ( España )
Esa cadera y codo en catarata. Esa pelvis de aire y de madera, su luna de brocal o de pulsera. Su femenina indefensión de cata. Un caracol de dedos le dilata su jungla lineal de cabellera. Y el bordón es un pájaro que espera unos tallos de viento y hojalata. Rasgada entre los bucles del fandango, subiendo un chamariz de seguiriya o muerta en abandono por el tango. Sajada en espirales de boleros, nudo rizado, música que anilla pulsos entusiasmados de jilgueros. De "Los viejos mitos del asombro" RAFAEL DUARTE ( España, 1948 )
Si ahora digo amor tal vez no diga que la ausencia me mira del fondo de tus ojos, que aquí estuvimos juntos, que fue hermoso y que el sol conocía tu perfil de memoria. Tal vez sea imposible que alguien sepa lo claro, la luz que fue llevarte de la mano pequeña como a un tallo mecido por un viento de música hacia los territorios donde aguarda el silencio. Y ya que estás distante, qué pensarán los árboles qué dirán las canciones, cómo verá la noche mi soledad de río; dónde pondrán su ronda los niños de la tarde, adónde irán los pájaros sin tu risa y mi silbo y la calle tan sola con sus puertas inútiles y las sombras sin besos y los perros perdidos; ahora que la ausencia me interrumpe la boca, ahora que me esperas tan allá de los niños. Se nos ha muerto el año. Yo le veo el invierno hecho de un sólo frío, de un solo tajo solo a la mitad de agosto, de una dura distancia... larga, definitiva. Porque de pronto sobran los barcos, los andenes y de pronto este rumbo ya no tiene sentido como si nadie fuera hacia ninguna parte o alguien hubiera muerto a mitad de camino. Alguien. Mi voz. Tu pelo. Las cosas que no dije. La flor de tu vestido. Se nos ha muerto el año donde dejé tu nombre para que recobrara su condición de estío. Ya no sé, nunca entiendo estas precarias sílabas, cosas que no recuerdo de pronto me dominan: ¿te dije que tenías la piel como de humo? ¿que de estarme en tus ojos me conozco el origen? ¿te he enseñado el misterio de los árboles solos? ¿sabes ya que tus manos son dos siestas dormidas? No sé, nunca recuerdo tanta distancia, tanta canción que no he cantado cuando anduvimos juntos. Me dolería mucho no haberte dicho todo lo que llevo en la boca casi como otra risa. ARMANDO TEJADA GÃMEZ ( Argentina, 1929-1992 )
Ilusión enternecida ¿Por qué tuve que amarte sin medida si conquistar tu amor es imposible? ¿Por qué sufrir esta pasión terrible sabiendo que la lucha está perdida? No logra la ilusión enternecida penetrar en tu alma inconmovible, ni la emoción que brota incontenible conmover tu ilusión adormecida. Y aunque luchar sin término no arredra al corazón que vibra emocionado en la ilusión que crece como hiedra… ¡Cómo duele saber que ha fracasado en conquistar tu corazón de piedra mi pobre corazón enamorado! RAOUL DE FONT-AUX-PINS ( México )
Itinerario simple de tu ausencia Hoy no has venido al parque. Podría ponerme a recoger del suelo la luz desorientada y sin objeto que ha caído en tu banco. Para qué voy a hablar si no está tu silencio. Para qué he de mirar sin tu mirada. Y este reloj del corazón que espera golpeando y doliendo. Esta noche de luna, y tú, lejana. Necesito a mi lado tus preguntas y encontrarte en el aire vuelta brasa, vuelta una llama dulce, vuelta silencio y regazo, vuelta noche y reposo, como cuando guiábamos la luna nuestra hasta la casa. Qué manojo de rosas olvidadas. Qué tibia pluma y mansa luz, tu cuerpo como un árbol, como un árbol gritando, con tanto poro abierto, con tanta sangre en olas dulces elevándose. Oh, sagrado torrente del naufragio. Cómo amaría perderme y encontrarte. ISSAC FELIPE AZOFEIFA ( Costa Rica, 1909 - 1997 )
Mas que amor lo que el verano trae es quimeras, deseos que se confunden en las manos, afanes que la tarde acaba diluyendo. El verano comienza en una ola que rompe por sorpresa el sonido, luego espuma, sólo espuma nos queda en los pies donde vaga la mirada perdida. El verano es un canto deshecho en las orillas, sirenas sorprendidas, náyades, deidades dispuestas al sacrificio, surgen de la más íntima dignidad de las aguas, sirenas nuevamente suben las escotillas, el saxo se pregunta por el trayecto del caza que en el cielo, no lejos, ilumina la playa de pólvora y gemido. Luego la sangre viene a invadir los océanos, acaba por abrir las playas al vacío y el hombre aquel, caído, cencido por el tiempo, otra vez incorpora su fuerza a las fuerzas que duermen en la arena. Un hombre cae cada vez que el verano avanza por la orilla, un hombre vencido a cada instante del odio de los elfos, delodio en las esquinas expuesto. Nace el verano y más que amor lo que llega es la vida, otra vez resbalando desde nuestro costado donde heridas profundas se han hecho laberintos, donde pueden venablos acudir. Más que amor, el verano nos deja renovada la soledad que flota como escarcha de fuego, ceniza para siempre y desde siempre, en los labios. De "Elegía y no" JOSÉ INFANTE ( España, 1946 )
La amada indefinible No podría encontrar la verdadera palabra que trazara tu figura. Y a veces le pregunto a mi amargura: ¿Cómo era, Dios mío, cómo era? ¿Era un ángel que vino en primavera en forma de azucena que perdura? ¿Un poco de candor entre la impura materia terrenal, perecedera? Mas por mucho que quiero, no defino su encanto inmaterial, ese secreto que encierra su mirar esmeraldino: Y la llamo Azucena, Estrella, Rosa, sin que en ningún vocablo halle completo el perfume de su alma misteriosa. JORGE MONTOYA TORO ( Colombia, 1921 - 1990 )
Cuando me iba pensé en ti: en la mirada de tu ojo triste y en el temblor de tu ojo alegre; porque cada pupila es la mitad de tu alma y tu alma llora y ríe alternativamente y nos dice que sí, que no, que sí, y para cada instante tiene una lágrima dulce y una lágrima amarga. Al regresar pensaba en ti: en la desesperada sonrisa de tu cuerpo; tu cuerpo, una mitad tan niña y mitad tan mujer -posibilidad de pasión y certeza de infancia-; tu cuerpo, aún inconsciente de ser tan sólo tu cuerpo cruzado y recorrido por arterias, por miedos, por hoyuelos graciosos y gestos perdurables; tu cuerpo, que en sí mismo se refleja y reclina con el alma del agua mirándose a un espejo. Al despertar aún pensaba en ti: pensaba en el milagro desigual de tu voz, belleza cuya niñez permite comprender tanta espera, comprender que no es vana la pasión de escucharte, que todas las palabras dichas por ti hasta ahora son la mitad tan sólo, son el claro hemisferio de este mar silencioso que aún en ti permanece creándose y oculto para un día clarísimo donde voz y silencio serán dación de gracia. Ay, sonido que nace como un mimado sueño, ¿con qué temblor mereceremos esa fluencia absolutoria? Cuerpo, voz y mirada que son mitad tan sólo de un designio más alto que este destino nuestro: la miseria no podrá derrotarlos; la desdicha no ha de usurpar su lento continuar azulándonos, porque al dolor y al miedo vencieron simplemente existiendo, y la mitad de su alma, la mitad de su sangre, la mitad de su vida son la justificable persuasión de la gracia: rosa con que engañamos a nuestra sombra en la tierra, camino que elegimos para andar hasta Dios. HORACIO ARMANI ( Argentina, 1925 )
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« todo es vano! / Ya murieron las rosas en el huerto; »
« La silueta del cuerpo / está oscura »
« Al perderte yo a / ti, tú y yo hemos perdido: »
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