Poesía Universal

Poemas sueltos # 1

Poemas sueltos de diversos poetas hispanoamericanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Poemas sueltos de diversos poetas hispanoamericanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Poemas sueltos # 1

25 poemas seleccionados
1.

A María Kempelfeldt

¿Quién eras, oh María, misteriosa María
la dueña de este libro que he 
		encontrado al partir?
En la primera página, en alemán, decía
con 
		letra temblorosa: "Te quiero hasta morir".


		
		Dulce María Kempelfeldt, aquí, en este navío
que te llevaba lejos, 
		¿soñaste como yo?
¿tu corazón sangraba nostalgias, como el mío?

		¿tampoco tu quimera de amor se realizó?


		
		"Ich liebe die, María..." ¿En qué brumoso puerto,
en qué tierra 
		lejana dejaste el corazón
que gimió en estas páginas, en este libro 
		abierto
y olvidado en un barco, su ensueño y su pasión?


		
		"Ich liebe die", María. Yo guardo el libro, y leo
el verso que ha 
		veinte años escribió en alemán
un hombre que te amaba, y en mis 
		ensueños veo
tu rostro rubio y triste...Y los barcos se van....


		
		HÉCTOR P. BLOMBERG ( Argentina, 1890 - 1955 )
2.

A solas

Quieres que 
		hablemos?...   Esta bien...  Empieza.
Habla a mi 
		corazón como otros días...
¿Pero no!... qué dirías? 
		
¿Qué podrías decir a mi tristeza?

...No intentes disculparte: 
		todo es vano! 
		
Ya murieron las rosas en el huerto; 
el campo verde lo secó el 
		verano, 
		
y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.

Amor arrepentido, 

		ave que quieres regresar al nido 
		
al través de la escarcha y las neblinas; 
amor que vienes aterido 
		y yerto, 
		
donde fuiste feliz...   ya todo ha muerto! 
No 
		vuelvas...  ¡Todo lo hallarás en ruinas! 
		

¿A qué has venido?  ¿Para qué volviste? 
¿Qué buscas?...   
		Nadie habrá de responderte! 
		
Está sola mi alma, y estoy triste,
inmensamente triste hasta la 
		muerte.

		
Todas las ilusiones que te amaron,
las que quisieron compartir tu 
		suerte, 
		
mucho tiempo en la sombra te esperaron, 
y se fueron...   
		cansadas de no verte.

		
Cuando por vez primera 
en mi camino te encontré, reía 
en los 
		campos la alegre primavera...
todo era luz, aromas y armonía. 
		

Hoy todo cuán distinto!...   Paso a paso, 
y solo 
		voy por la desierta vía, 
		
-nave sin rumbo entre revueltas olas-
pensando en las tristezas 
		del Ocaso 
		
y en las tristezas de las almas solas. 
  
En torno la 
		mirada no columbra
sino aspereza y páramos sombríos; 
		
los nidos en la nieve están vacíos, 
y la estrella que amamos, ya 
		no alumbra 
		
el azul de tus sueños y los míos.
  
Partiste para ignota 
		lontananza 
		
cuando empezaba a descender la sombra. 
...Recuerdas?   
		Te llamaba mi esperanza, 
		
¡pero ya mi esperanza no te nombra! 

No ha de nombrarte!... 
		Para qué? Vacía
está el ara  y la historia yace trunca. 
		
¡Ya para qué esperar que irradie el día! 
¡Ya para qué decirnos: 
		TODAVÍA, 
		
si una voz grita en nuestras almas: NUNCA!


		
		...................................................................

		
Dices que eres la misma; que en tu pecho 
la dulce llama de otros 
		tiempos arde; 
		
que el nido del amor no está deshecho; 
que para amarnos otra vez 
		no es tarde...
  
		
Te engañas!...  No lo creas!...   ya la duda 
echó 
		en mi corazón fuertes raíces, 
		
ya la fe de otros tiempos no me escuda; 
quedó de sueños mi 
		ilusión desnuda, 
		
y no puedo creer lo que me dices.

No lo puedo creer!...  
		Mi fe burlada 
		
mi fe en tu amor perdida, 
es ancla de una nave destrozada, 

		ancla en el fondo de la mar caída...


		
		.....................................................................
  
		
Anhelos de un amor,  castos,  risueños, 
ya nunca 
		volverán... Se van...   se esconden.
Los llamas?...  
		Es inútil...   No responden... 
		
¡Ya los cubre el sudario de mis sueños! 

Hace tiempo se fue 
		la primavera... 
		
¡Llegó el invierno fúnebre y sombrío! 
Ave fue nuestro amor, ave 
		viajera, 
		
¡y las aves se van cuando hace frío! 
  
ISMAEL E. 
		ARCINIEGAS   ( Colombia, 1865 - 1937 )
3.

Al alba

La silueta del cuerpo 
		está oscura 
ante la turbia luz de las persianas. 
Acostado, 
		siento tu rostro vuelto hacia mí 
		
como una imagen de la eucaristía.
Cuando te desprendiste de mis 
		brazos, tu susurrar
"ya debo irme", sólo alcanzó los más lejanos 
		
portales de mi sueño.
Ahora veo tu mano como a través de un velo,

		cómo ligeramente 
		
pasa la blusa blanca por los pechos. 
Las medias, ahora,  
		después la falda, 
		
el pelo recogido. 
Ya eres otra mujer, una extraña 
ataviada 
		para el mundo y el día.
Entreabro la puerta. Te beso. Te devuelves, 
		
mientras avanzas, un adiós. Y te alejas.
Acostado de nuevo 

		oigo cómo se pierde tu pisada suave
por el hondo caracol de la 
		escalera.
Vuelvo a estar encerrado 
		
en el aroma de tu cuerpo, que
brotando de las sábanas, 

		cálidamente invade mis sentidos.
Amanece aún más. Las cortinas 
		ondulan.
Un viento joven y un sol temprano 
		
quieren penetrar.
Se levantan los ruidos. Música del amanecer.

		Me duermo suavemente 
		
arrullado por sueños matutinos.


		ERNST RICHARD 
		STADLER     ( Alemania )
4.

Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido...

Al perderte yo a 
		ti, tú y yo hemos perdido: 
yo, porque tú eras lo que yo más amaba 

		y tú porque yo era el que te amaba más. 
		
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo: 
porque yo podré amar 
		a otras como te amaba a ti, 
		
pero a ti no te amarán como te amaba yo. 


		ERNESTO CARDENAL    
		( Nicaragua, 1925 )
5.

Alrededores de la luz

Casi sin ver la realidad del día
ni la certeza de su claridad
ando 
		en busca de ti, de los vestigios
de unos años, de un mar , de unos 
		lugares.

		
Porque la sombra avanza y los astros escriben
sus órdenes fatales 
		en mi frente,
y es triste a solas proseguir la angustia
de los 
		caminos que iniciamos juntos.

		
Pensar un cuerpo es inventar la noche
de las islas perdidas, el 
		fulgor
olvidado en los brazos de la hierba.
Es difícil ahondar en 
		el silencio,
llenar de amor el hueco que el instante
abre en el 
		grito con que te pronuncio.

		
No escucho la presencia de tus pasos
vigilando la herida de los 
		versos escritos,
ni el temblor desolado de la tarde
deja en mi voz 
		el poso transparente
de lo que ardió y se fue y es ya elegía.

		
Seguir es regresar, volver al borde
del lecho aquel, de la 
		blancura en llamas.
La soledad me dicta letras anochecidas
y las 
		horas se duermen en el pulso del tiempo.

		
Vuelve a llamarme. Esparce tus designios
en las proximidades de 
		otra hoguera.
Se acabará el sonido del invierno,
la mirada 
		extendida, la sed de las palabras.
El deseo que recuerda el color de 
		unos ojos
descansará en la tierra que conoce.
Las calles arderán a 
		mediodia
y cantará la luz entre mis manos.

		
De "Maneras de estar solo"


		ELOY SÁNCHEZ 
		ROSILLO      ( España, 1948 )
6.

Amor callado

Amor callado, que jamás 
		se queja;
amor que, en la discreta madrugada,
sólo acierta a 
		poner, junto a tu reja,
la ilusión de una estrofa perfumada.

		
Amor de un alma taciturna y vieja;
amor que es como música 
		olvidada,
que tiene azul resignación de oveja,
que lo da todo y 
		que no pide nada.

		
Amor es eso, amar como te amo,
sin medir tu desdén, sin que un 
		reclamo
haga que el alma de esperanza estalle.

		
Amor sin arrebatos y sin ruido,
que espera que tu hogar esté 
		dormido
para pasar entonces por tu calle.


		MIGUEL A. 
		PEGUERO ( R. Dominicana, 1903 - 1864 )
7.

Ausente

Te presentí venir desde 
		la ausencia,
que no fue soledad ni lejanía.
Era tanta esperanza tu 
		presencia
que, sin quererte, te llamaba mía.


		Torbellino de 
		amor, mi adolescencia.
Mi otoño, el huracán de travesía.
Y 
		siempre, en amorosa transparencia,
nostalgia de este amor que no 
		venía.


		Ahora estás. Y 
		angustia de mi oído
es la ansiada palabra que no dices
y que ya el 
		corazón ha recogido.


		Vuelvo hacia ti 
		mi soledad sufriente,
y ante tus ojos hondos y felices
siento que 
		estás, en mi presencia, ausente.


		CARLOS PENDEZ   
		( Chile )
8.

Blanca taciturna

Qué día de 
		silencio enamorado
vive en mi gesto vago y en mi frente.
Qué día 
		de nostalgia suavemente
solloza amor al corazón cansado.


		Alta, dulce, 
		distante, se ha callado
tu nombre en mi voz fiel, pero presente
su 
		turbia luz mi soledad lo siente
en todo lo que existe y ha soñado.


		En la tarde 
		vagando, voluptuoso
de horizontes sin fin, la lejanía
me envuelve 
		en tu recuerdo silencioso.


		Claros cabellos, 
		cuerpo, ojos lejanos,
pálidos hombros. Oh, si en este día
tuviera 
		yo tu mano entre mis manos.


		FERNANDO CHARRY 
		LARA    ( Colombia, 1920 )
9.

Buscabas una flor

Buscabas una 
		flor 
		
y hallaste un fruto.
Buscabas una fuente
y hallaste un mar.

		Buscabas una mujer 
		
y hallaste un alma.
¡Estás desencantado!


		EDITH SÖDERGRAN    
		( Suecia )
10.

Canción de amor para tiempos dífíciles

Difícil escribir te quiero con locura.
Hasta la misma médula. 
		¿Qué será de mis manos
si les roban la magia sonora de tu cuerpo?

		Difícil. Muy difícil un poema de amor en estos tiempos.
Resulta que 
		tú estás. Feroz en tu evidencia.
Resulta que yo estoy. Contrahecha. 
		Acechante.
Y resulta que estamos.
La ley de gravedad no nos 
		perdona.
Difícil es decir te quiero en estos tiempos.
Te quiero 
		con urgencia.
Quiero hacer un aparte. Sin dudas y sin trampas.

		Para decir te quiero. Así. Sencillamente.
Y que tu amor me salva del 
		aullido nocturno 
		
cuando loba demente la fiebre me arrebata.
No quiero que me duela 
		la falta de ternura.
Pero amor. Qué difícil escribir que te quiero. 
		Así.
Entre tanto gris. Tanta corcova junta.
Cómo puedo aspirar la 
		transparencia.
Retomar esta voz tan desgastada.
Esta costumbre 
		antigua para decir te quiero. 
		
Así. Sencillamente. Antiguamente. Digo.
Si todo es tan difícil. 
		Si duele tanto todo.

		
Si un hombre. Y otro hombre. Y luego otro. Y otro.
Destrozan los 
		espacios donde el amor se guarda.
Si no fuera difícil. Difícil y 
		tremendo.
Si no fuera imposible olvidar esta rabia.
Mi reloj. Su 
		tic-tac. La ruta hacia el cadalso.
Mi sentencia ridícula con esta 
		cuerda falsa.
Si no fuera difícil. Difícil y tremendo.
Plasmaría 
		este verso con su cadencia cursi.
Si fuera así de simple escribir que 
		te quiero.


		MARIA ELENA CRUZ 
		VARELA   ( Cuba, 1953 )
11.

PIEDAD BONNETT VELEZ ( Colombia )

Canciones de ausencia


		Aquí dijiste:
"Son 
		hermosos 
		
los ojos húmedos de los caballos".
Aquí: " Me encanta el viento".

		Desando yo tus pasos, revivo las palabras.
Y te amo en la baldosa que 
		pisaste,
en la mesa de pino
que aún guarda la caricia de tu mano,

		en el estropeado cigarrillo
olvidado en el fondo de mi bolso.

		Recorro cada calle que anduviste
y sé
que amaste este abedul y 
		esta ventana.
Aquí dijiste:
"Así soy yo,
como esa música

		triste y alegre a un mismo tiempo".
Y te amo
en el olor que tiene 
		mi cuerpo de tu cuerpo,
en la feliz canción
que vuelve y vuelve y 
		vuelve a mi tristeza.
En el día aterido
que tú estás respirando no 
		sé donde.
En el polvo, en el aire,
en esa nube
que tú no 
		mirarás,
en mi mirada
que te calcó y fijó en mi más triste fondo,

		en tus besos sellados en mis labios,
y en mis manos vacías,
pues 
		eres hoy vacío
y en el vacío te amo.


		PIEDAD BONNETT 
		VELEZ    ( Colombia )
12.

Declaración de amor

Las algas 
		marineras y los peces,
testigos son de que escribí en la arena
tu 
		bienamado nombre muchas veces.


		Testigos, las 
		palmeras litorales,
porque en sus verdes troncos melodiosos
grabó 
		mi amor tus claras iniciales.


		Testigos son la 
		luna y los luceros
que me enseñaron a esculpir tu nombre
sobre la 
		proa azul de los veleros.


		Sabe mi amor la 
		página de altura
de la gaviota en cuyas grises alas
definí con 
		suspiros tu hermosura.


		Y los cielos del 
		sur que fueron míos.
Y las islas del sur donde a buscarte
arribaba 
		mi voz en los navíos.


		Y la diestra 
		fatal del vendaval.
Y todas las criaturas del Océano.
Y el paisaje 
		total del litoral.


		Tú sola entre la 
		mar, niña a quien llamo:
ola para el naufragio de mis besos,

		puerto de amor, no sabes que te amo.


		¡Para que tú lo 
		sepas, yo lo digo
y pongo al mar inmenso por testigo!


		HELCÍAS MARTAN 
		G.   ( Colombia, 1920 - 1984 )
13.

El alma en los labios

Cuando de nuestro amor 
		la llama apasionada
dentro de tu pecho amante contemples extinguida,

		ya que sólo por ti la vida me es amada,
el día en que me faltes, me 
		arrancaré la vida.


		Porque mi 
		pensamiento, lleno de tu cariño,
que en una hora feliz me hiciera 
		esclavo tuyo,
lejos de tus pupilas es triste como un niño
que se 
		duerme, soñando en tu acento de arrullo.


		Para envolverte 
		en besos quisiera ser el viento
y quisiera ser todo lo que tu mano 
		toca;
ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento
para poder estar 
		más cerca de tu boca.


		Vivo de tu 
		palabra y eternamente espero
llamarte mía como quien espera un 
		tesoro.
Lejos de ti comprendo lo mucho que te quiero
y, besando 
		tus cartas, ingenuamente lloro.


		Perdona que no 
		tenga palabras con que pueda
decirte la inefable pasión que me 
		devora;
para expresar mi amor solamente me queda
rasgarme el 
		pecho, amada, y en tus manos de seda
¡dejar mi palpitante corazón que 
		te adora!


		MEDARDO ANGEL 
		SILVA    ( Ecuador, 1899 - 1920)
14.

El amor custodio

¿Qué haré con mi 
		felicidad? ¿Dónde ponerla?
Si en la copa de un árbol, la pican los 
		jilgueros;
si en la tierra, las larvas llegarán a roerla.
¿Qué 
		haré con mi felicidad? ¿Dónde ocultarla?
Encima de las nubes la verán 
		los luceros,
dentro del mar los peces querrán acariciarla.
Es tan 
		débil, tan blanda, que la hiere aún el viento,
tan tímida, que el 
		paso de la luz la sonroja,
tan pulida y tan limpia que la empaña mi 
		aliento.
Si la envuelvo en camelias sufrirá de aspereza,
si la 
		dejo desnuda un rumor la deshoja.
¡Tan aérea, tan frágil su dormida 
		cabeza!
La estrecharé en mi pecho como a un hijo ciego,
alfombraré 
		mi carne de fantásticas nubes,
perfumaré mis brazos de nardos y de 
		espliego,
la dormirán con himnos dulcísimos querubes...
¡Y el amor 
		la defienda con su espada de fuego!


		OCTAVIO NOVARO    
		( México )
15.

Ella

Si me fuera tu vida 
		indiferente;
si yo te amara menos y tú más;
si corazón y sangre y 
		alma y mente
latieran con un ritmo y un compás;


		Si fuéramos dos 
		almas paralelas
para volar, cantar, soñar y amar;
dos gaviotas 
		errantes y gemelas
hijas del cielo azul y la ancha mar;


		mas somos dos 
		quejosos manantiales
que sueñan entre espinos y jarales
sediento 
		uno del otro y nada más,


		oyendo, bajo 
		tálamo de frondas,
tu sollozar mis ondas, yo tus ondas
¡ay! sin 
		podernos confundir jamás.


		ABEL MARÍN   
		( Colombia )
16.

JUAN DE DIOS PEZA ( México, 1852 - 1910 )

En cada corazón arde una 
		llama...


		En cada corazón 
		arde una llama,
si aún vive la ilusión y amor impera,
pero en mi 
		corazón desde que te ama
sin que viva ilusión, arde una hoguera.

		
Oye esta confesión; te amo con miedo,
con el miedo del alma a tu 
		hermosura,
y te traigo a mis sueños y no puedo
llevarte más allá 
		de mi amargura.

		
¿Sabes lo que es vivir como yo vivo?
¿Sabes lo que es llorar sin 
		fe ni calma?
¿Mientras se muere el corazón cautivo
y en la cruz 
		del dolor expira el alma?

		
Eres al corazón lo que a las ruinas
son los rayos del sol 
		esplendoroso,
donde el reptil se arropa en las esquinas
y se 
		avergüenza el sol del ser hermoso.

		
Nunca podrás amarme aunque yo quiera,
porque lo exige así mi 
		suerte impía,
y si esa misma suerte nos uniera
tú fueras 
		desgraciada por ser mía.

		
Deja que te contemple y que te adore,
y que escuche tu voz y que 
		te admire,
aunque al decirte adiós, con risas llore,
y al 
		volvernos a ver llore y suspire.

		
Yo no quiero enlazar a mi destino
tu dulce juventud de horas 
		tranquilas,
ni he de dar otro sol a mi camino
que los soles que 
		guardan tus pupilas.

		
Enternézcame siempre tu belleza
aunque no me des nunca tus 
		amores,
y no adornes con flores tu cabeza
pues me encelan los 
		besos de las flores.

		
Siempre rubios, finísimos y bellos,
madejas de oro, en céltica 
		guirnalda,
caigan flotando libres tus cabellos,
como un manto de 
		reina por tu espalda.

		
Es cielo azul el que mi amor desea,
la flor que más me encanta es 
		siempre hermosa,
que en tu talle gentil yo siempre vea
tu veste 
		tropical de azul y rosa.

		
Mírame con tus ojos adormidos,
sonriéndote graciosa y dulcemente,

		y avergüenza y maldice a mis sentidos
mostrándome el rubor sobre tu 
		frente.

		
¿Yo nunca seré tuyo? ¡ay! ese día,
oscureciera al sol duelo 
		profundo;
mas para ser feliz sobre este mundo
bástame amarte sin 
		llamarte mía.


		JUAN DE DIOS 
		PEZA     ( México, 1852 - 1910 )
17.

Esa puerta

Esa 
		puerta de mármol, esa losa 
		
que cae sobre mi alma 
si ando, donde me voy dejando
nudillos, 
		nudos, manos...
He de tirarla abajo.
Esa madera joven, en la que 
		me he
clavado, con ranuras
estrechas, con bisagras gigantes,

		que envuelta de recuerdos
me sale siempre al paso...
He de tirarla 
		abajo.
Esa puerta que llama cuando sigo
adelante, esa puerta que 
		avanza
cuando yo me he parado. Esa puerta
que escucha cuando yo 
		estoy
llamando...
Esa puerta -que es mía-
he de tirarla abajo.


		De "El gato 
		junto al agua"

PALOMA PALAO       ( 
		España, 1944 - 1986 )
18.

Fueron tus manos tercas...

Fueron 
		tus manos tercas y 
desnudas
las que me deshojaron.
Yo fui la 
		eterna margarita
del sí y del no:
pétalo a pétalo
talada en tu 
		cintura.
Toda ya cicatriz
abierta hacia la lluvia.


		LUZ MARIA 
		JIMÉNEZ FARO    ( España )
19.

Guitarra

Esa 
		cadera y codo en catarata.
Esa pelvis de aire y de madera,
su luna 
		de brocal o de pulsera.
Su femenina indefensión de cata.

		
Un caracol de dedos le dilata
su jungla lineal de cabellera.
Y 
		el bordón es un pájaro que espera
unos tallos de viento y hojalata.

		
Rasgada entre los bucles del fandango,
subiendo un chamariz de 
		seguiriya
o muerta en abandono por el tango.

		
Sajada en espirales de boleros,
nudo rizado, música que anilla

		pulsos entusiasmados de jilgueros.

		
De "Los viejos mitos del asombro"


		RAFAEL DUARTE             
		( España, 1948 )
20.

Historia de tu ausencia

Si ahora digo amor tal 
		vez no diga
que la ausencia me mira del fondo de tus ojos,
que 
		aquí estuvimos juntos, que fue hermoso
y que el sol conocía tu perfil 
		de memoria.
Tal vez sea imposible que alguien sepa lo claro,
la 
		luz que fue llevarte de la mano pequeña
como a un tallo mecido por un 
		viento de música
hacia los territorios donde aguarda el silencio.


		Y ya que estás 
		distante,
qué pensarán los árboles
qué dirán las canciones,

		cómo verá la noche mi soledad de río;
dónde pondrán su ronda los 
		niños de la tarde,
adónde irán los pájaros sin tu risa y mi silbo

		y la calle tan sola con sus puertas inútiles
y las sombras sin besos

		y los perros perdidos;
ahora que la ausencia me interrumpe la boca,

		ahora que me esperas tan allá de los niños.


		Se nos ha muerto 
		el año.
Yo le veo el invierno
hecho de un sólo frío,
de un solo 
		tajo solo
a la mitad de agosto,
de una dura distancia...
larga, 
		definitiva.
Porque de pronto sobran los barcos,
los andenes
y 
		de pronto este rumbo ya no tiene sentido
como si nadie fuera hacia 
		ninguna parte
o alguien hubiera muerto a mitad de camino.


		Alguien.
Mi 
		voz. Tu pelo. Las cosas que no dije.
La flor de tu vestido.
Se nos 
		ha muerto el año donde dejé tu nombre
para que recobrara su condición 
		de estío.


		Ya no sé,

		nunca entiendo estas precarias sílabas,
cosas que no recuerdo de 
		pronto me dominan:
¿te dije que tenías la piel como de humo?
¿que 
		de estarme en tus ojos me conozco el origen?
¿te he enseñado el 
		misterio de los árboles solos?
¿sabes ya que tus manos son dos 
		siestas dormidas?


		No sé,
nunca 
		recuerdo tanta distancia,
tanta canción que no he cantado 
		
cuando anduvimos juntos.
Me dolería mucho no haberte dicho todo

		lo que llevo en la boca casi como otra risa.


		ARMANDO TEJADA 
		GÓMEZ    ( Argentina, 1929-1992 )
21.

Ilusiã“n

Ilusión enternecida



	
		¿Por qué tuve que 
		amarte sin medida
si conquistar tu amor es imposible?
¿Por qué 
		sufrir esta pasión terrible
sabiendo que la lucha está perdida?


		No logra la ilusión 
		enternecida
penetrar en tu alma inconmovible,
ni la emoción que 
		brota incontenible
conmover tu ilusión adormecida.


		Y aunque luchar sin 
		término no arredra
al corazón que vibra emocionado
en la ilusión 
		que crece como hiedra…


		¡Cómo duele saber que 
		ha fracasado
en conquistar tu corazón de piedra
mi pobre corazón 
		enamorado!


		
		RAOUL DE FONT-AUX-PINS      
		( México )
22.

ISSAC FELIPE AZOFEIFA ( Costa Rica, 1909 - 1997 )

Itinerario simple de tu 
		ausencia  
		
   
Hoy no has venido al parque. 
Podría ponerme a 
		recoger del suelo 
		
la luz  desorientada y sin objeto 
que ha caído en tu banco. 
		
Para qué voy a hablar 
si no está  tu silencio. 
Para qué 
		he de mirar sin tu mirada. 
		
Y este reloj del corazón que espera 
golpeando y doliendo. 

		
Esta noche de luna, y tú, lejana. 
Necesito a mi lado tus 
		preguntas 
		
y encontrarte en el aire vuelta brasa, 
vuelta una llama dulce, 
		
vuelta silencio y regazo, 
vuelta noche y reposo, como cuando 

		guiábamos la luna nuestra hasta la casa. 
		

Qué  manojo de rosas olvidadas. 
Qué tibia pluma y mansa 
		luz, 
		
tu cuerpo como un árbol, 
como un árbol gritando, 
con tanto 
		poro abierto, con tanta sangre 
		
en olas dulces elevándose. 
Oh, sagrado torrente del naufragio.
		
Cómo amaría perderme 
y  encontrarte. 


		ISSAC FELIPE AZOFEIFA   
		( Costa Rica, 1909 - 1997 )
23.

Junio

Mas que amor lo que el verano trae es quimeras,
deseos que se 
		confunden en las manos, afanes que la tarde
acaba diluyendo. El 
		verano comienza en una ola
que rompe por sorpresa el sonido, luego 
		espuma, sólo
espuma nos queda en los pies donde vaga la mirada

		perdida.

		
El verano es un canto deshecho en las orillas,
sirenas 
		sorprendidas, náyades, deidades dispuestas
al sacrificio, surgen de 
		la más íntima dignidad de las aguas,
sirenas nuevamente suben las 
		escotillas, el saxo se pregunta
por el trayecto del caza que en el 
		cielo, no lejos, ilumina la playa
de pólvora y gemido. Luego la 
		sangre viene a invadir los océanos,
acaba por abrir las playas al 
		vacío y el hombre aquel, caído,
cencido por el tiempo, otra vez 
		incorpora su fuerza
a las fuerzas que duermen en la arena. Un hombre 
		cae
cada vez que el verano avanza por la orilla, un hombre
vencido 
		a cada instante del odio de los elfos, delodio
en las esquinas 
		expuesto.

		
Nace el verano y más que amor lo que llega
es la vida, otra vez 
		resbalando desde nuestro costado donde heridas
profundas se han hecho 
		laberintos, donde pueden venablos acudir.
Más que amor, el verano nos 
		deja renovada la soledad que flota
como escarcha de fuego, ceniza 
		para siempre
y desde siempre, en los labios.

		
De "Elegía y no"


		JOSÉ INFANTE     
		( España, 1946 )
24.

JORGE MONTOYA TORO ( Colombia, 1921 - 1990 )

La amada indefinible


		No podría encontrar la 
		verdadera
palabra que trazara tu figura.
Y a veces le pregunto a 
		mi amargura:
¿Cómo era, Dios mío, cómo era?


		¿Era un ángel que vino 
		en primavera
en forma de azucena que perdura?
¿Un poco de candor 
		entre la impura
materia terrenal, perecedera?


		Mas por mucho que 
		quiero, no defino
su encanto inmaterial, ese secreto
que encierra 
		su mirar esmeraldino:


		Y la llamo Azucena, 
		Estrella, Rosa,
sin que en ningún vocablo halle completo
el 
		perfume de su alma misteriosa.


		JORGE MONTOYA TORO     
		( Colombia, 1921 - 1990 )
25.

La doble imagen

Cuando me iba pensé en 
		ti:
en la mirada de tu ojo triste
y en el temblor de tu ojo 
		alegre;
porque cada pupila es la mitad de tu alma
y tu alma llora 
		y ríe alternativamente
y nos dice que sí, que no, que sí,
y para 
		cada instante tiene
una lágrima dulce y una lágrima amarga.

		
Al regresar pensaba en ti:
en la desesperada sonrisa de tu 
		cuerpo;
tu cuerpo, una mitad tan niña y mitad tan mujer

		-posibilidad de pasión y certeza de infancia-;
tu cuerpo, aún 
		inconsciente de ser tan sólo tu cuerpo
cruzado y recorrido por 
		arterias, por miedos,
por hoyuelos graciosos y gestos perdurables;

		tu cuerpo, que en sí mismo se refleja y reclina
con el alma del agua 
		mirándose a un espejo.


		Al despertar aún 
		pensaba en ti:
pensaba en el milagro desigual de tu voz,
belleza 
		cuya niñez permite comprender tanta espera,
comprender que no es vana 
		la pasión de escucharte,
que todas las palabras dichas por ti hasta 
		ahora
son la mitad tan sólo, son el claro hemisferio
de este mar 
		silencioso que aún en ti permanece
creándose y oculto para un día 
		clarísimo
donde voz y silencio serán dación de gracia.
Ay, sonido 
		que nace como un mimado sueño,
¿con qué temblor mereceremos 
		
esa fluencia absolutoria?


		Cuerpo, voz y mirada 
		que son mitad tan sólo
de un designio más alto que este destino 
		nuestro:
la miseria no podrá derrotarlos; la desdicha
no ha de 
		usurpar su lento continuar azulándonos,
porque al dolor y al miedo 
		
vencieron simplemente existiendo,
y la mitad de su alma, la mitad 
		de su sangre, 
		
la mitad de su vida
son la justificable persuasión de la gracia:

		rosa con que engañamos 
		
a nuestra sombra en la tierra,
camino que elegimos para andar 
		hasta Dios.


		HORACIO ARMANI       
		( Argentina, 1925 )

Versos y pensamientos de Poemas sueltos # 1

4 citas
« ¿Quién eras, oh María, misteriosa María / la dueña de este libro que he »
Poemas sueltos # 1 · A María Kempelfeldt
« todo es vano! / Ya murieron las rosas en el huerto; »
Poemas sueltos # 1 · A solas
« La silueta del cuerpo / está oscura »
Poemas sueltos # 1 · Al alba
« Al perderte yo a / ti, tú y yo hemos perdido: »
Poemas sueltos # 1 · Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido...
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