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Poemas sueltos · Abandonada a su dolor, un día...
Poemas sueltos de diversos poetas hispanoamericanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Poemas sueltos de diversos poetas hispanoamericanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Abandonada a su dolor, un día en que la sombra la envolvió en su velo, me dijo el corazón que ella vendría en el milagro espiritual de un vuelo. Abrí los pabellones solitarios; iluminé los vastos corredores; quemé la mirra de los incensarios, y el frío mármol alfombré de flores... Llegó, cansada de volar... Yo dije: Alma, mujer inspiradora, rige mi vida entera para siempre. Arde como la mirra el corazón que inmolo... ¡Amor no llega demasiado tarde a quien se siente demasiado solo...! AGUSTÍN ACOSTA ( Cuba, 1887 - 19?? )
Me llegaré al altar del hombre en ofrenda de huída y rebeldía. Hombre de ahora y de siempre, abre tu mano a recibirme y levántame al cielo como una hostia. aunque soy sólo pétalo de lágrima. Hombre nuevo y eterno, escúchame. sobre tu pecho roto llamo y clamo. Mi palabra golpea -obsesionante ala obsesionada- contra las sienes. Mi palabra del grito te taladra la frente, sangre de luz de la herida bautizará por un instante, hombre frágil, a la mujer eterna. eterna como el sueño fugaz. Yo te miro sin ojos desde siempre. tú me llevas en ti desde que existes. Si antes no lo sabías, ahora ya no lo puedes olvidar. Yo he crecido en el mar sobre una ola que se alargó para volverse tallo. En ese tallo de agua limpia he subido a mirar a los ojos de Dios. Ahora me inclina un hálito a tu mano, y estoy en ti como la mujer muerta por la que todos los hombres han llorado. Tú también has llorado por tu hija, por tu madre, por la mujer eterna de cuya muerte vives. Ya no lo puedes olvidar. Cuando tus ojos caminen en la sombra, sentirás todavía por el cuerpo una dulzura amarga y tibia: beso en las palmas juntas y una paloma que huye de tus dedos. Con mi cara de piedra yo estoy en la otra orilla. Existo para ti en este momento; y para mí no existo porque soy más que eterna en cinco letras. En el altar de Hombre fuerte como la vida, hombre de hierro y hielo, metal, sangre y espíritu, cae la ofrenda íntegra de la mujer lejana. Mujer de canto y llanto eterna como el sueño. YOLANDA BEDREGAL (Bolivia, 1916 - 1999)
Cada día mi amor ha ido creciendo enriquecido en tanta confianza. Si clausuró su cuenta la esperanza, más de lo prometido va cumpliendo. La juventud se fue desvaneciendo y no el amor que día a día avanza hacia más perfección y más la alcanza cuando en el corazón va atardeciendo. Hay un triste placer, una hermosura que sosiega el vivir y lo engrandece viendo el tiempo en el rostro de la amada, cada arruga tornándola más pura, más bella en la medida que envejece, más amorosamente codiciada. ILDEFONSO MANUEL GIL ( España, 1912 - 199?)
la luna, anoche, como
en otro tiempo,
como una nueva amada me encontró;
también anoche,
como en otro tiempo,
cantaba el ruiseñor.
Si como en otro tiempo, hasta la luna
hablábame de amor,
¿por qué la luna, anoche, no alumbraba
dentro de mi corazón?
Fabio Fiallo
( República Dominicana, 1866 - 1942 )
Dulce bien, ¿cómo acordarse para no herir? ¿a qué costado? Las ventanas se vuelven un coloquio. Las paredes escuchan. No acierto a contemplarme. Y aquí estoy guardando de nuevo las reliquias. Soy una tejedora que urde y trama a su solo deseo, la guirnalda, la música, las joyas, el fruto, el asta erguida, el espejo vacío: el sol de los amantes. Y aquí estoy guardando de nuevo las reliquias. Soy una tejedora que urde y trama a su solo deseo, la guirnalda, la música, las joyas, el fruto, el asta erguida, el espejo vacío: el sol de los amantes. ELVA MACÍAS ( México, 1944 )
Hoy he tenido la visión de mi niñez. Tú tenías un corazón blanco de ensueño y candidez. Al encontrarnos otra vez, hoy he tenido la visión de mi niñez. Después de tantos años, hoy te he vuelto a ver. Tú eres idéntica y yo soy una ironía de mi ayer. En mí yo siento un otro ser. Después de tantos años, hoy te he vuelto a ver. Entonces era el porvenir encantador. Los dos queríamos vivir, porque la vida era el amor. Y aunque entrevimos el dolor, entonces era el porvenir encantador. Por un momento nada más tengamos fe. ¿Por qué no han de volver jamás aquellos días en que amé? ALBERTO J. URETA ( Perú, 1887 - 1966 )
Brindis por un instante Voy a bordar de tibias lentejuelas este instante que es mío, a tapizar de fresas y esperanzas su borde inmaculado. Mientras mañana, o todos los momentos que velan tras el muro de las horas permanezcan ocultos, voy a tomar alegre de la mano el sol que ya comienza a besar mi butaca, el vaivén de las hojas que sobrepasan libres los últimos balcones, el perro que dormita confiado. Voy a beber la copa del silencio que siembra paz y amor en el ambiente para elevar un brindis de ternura por el dulce recuerdo de todos mis amigos. Ahora, cuando el pájaro del sueño revolotea lejos de mis cuatro paredes, voy a gustar el vino sorbo a sorbo de este instante de luz que me acompaña. TERESA BERENGUER ( España )
En otros tiempos, tiempos mejores, los dos cumplimos nuestro deseo, y sin querernos, de unos amores urdimos ambos el fantaseo. Los dos mentimos: ¡dulce mentira! Yo te escuchaba con calma absorta y, habla, te dije, que amor te inspira; miente y soñemos, la vida es corta. Hoy, fatigado de la comedia, porque la ruda verdad amarga, y con engaños no se remedia, pienso al oírte: la vida es larga. ¿A qué las frases que me dijiste? Mimos gastados, suspiros viejos... ¡Estoy tan solo, y estoy tan triste! Los que me quieren están muy lejos. FRANCISCO A. DE ICAZA ( México, 1863 - 1925 )
Para escribir cartas de amor no es necesaria la cautela ni el orden ni encontrar la perfecta esquela tan sólo encender la lámpara como se enciende el cuerpo del amor. Untarse toda, perfumarse toda de mieles y sortilegios elegir la caligrafía más desvelada, la más humilde. Entonces, se extiende se acaricia el empeine de sus plumajes y comienzan a recogerse las palabras como el deseo del amor. II Para escribir cartas de amor es necesario estar reposada elegir las palabras como si fueran banquetes clandestinos vestirse toda de rojo, color deseo, color relámpago y decir: en esta tarde arrodillada de luz yo te amo, te entrego un manojo de suaves palabras como la llave de mi alma III Me ilumino toda al nombrarte nada se pierde con llamarte en el bosque fallido con escribirte como sonámbula como maga toda vestida de verde escribir más que una carta de amor basta con extender mi mano hacia la tuya es esa la vigencia del perfume. MARJORIE AGOSIN ( España )
Confesión ¿Es verdad que hubiera sido posible aquella noche? Cada vez que recuerdo se me cierran los ojos. Bebimos la ginebra hasta el amanecer. Acariciando sus cabellos, junto a aquel ventanal, hablamos, por fin, de nuestras cosas (esto lleva el camino de convertirse en un poema romántico o en una confesión). Había como celos flotando en el ambiente, celos de tanta realidad. ¿Es verdad que hubiera sido posible aquella noche? Todo estaba en su punto: el amor, las ganas de gozar, el verano y cierta admiración. Así que (como siempre las cosas se pasan de vulgares) creí portarme bien prescindiendo de ti, amor, de la noche, de aquella libertad. Y quedamos citados para el día siguiente (aquello fue una trampa). Fue un error por mi parte el decirte que podía esperar, porque necesitaba sentirte junto a mí, ya para siempre, para siempre jamás. EL HOMBRE -como dicen los verdaderos chinos- ES UN ASNO QUE VUELVE A TROPEZAR EN LAS PIEDRAS DE LOS MISMOS CAMINOS JOAQUÍN MARCO ( España, 1935 )
Cuando te pienso tan lejos, se amontonan, revueltas, las nubes en mis ojos. Dejo el llanto y te recuerdo bebiendo en mis manos como un pájaro sediento. Y a pesar del dolor y aunque no me queda nada más que esta tristeza, me pregunto qué podría ofrecerle a la vida a cambio de tu vuelta. CLARA DÍAZ PASCUAL ( España )
Te propongo, con ánimo docente, Varias definiciones de tu cuerpo. La viajera: “Es un traje de turismo, entre los muchos que ha de usar tu ser cumpliendo su moción helicoidal”. La tenebrosa: “Es el cajón de muerte o el ataúd grosero en que tu alma yace y espera su liberación”. La hotelera: “Tu cuerpo es una casa que has de habitar un día y una noche”. La fabril: “Es un útil de trabajo, una herramienta noble (martillo, escoplo, arado) con que realiza el alma sus oficios terrestres”. Sea un útil o un traje, sea chalet o féretro, cuidarás ese poco de tierra necesaria. Ni adores a tu cuerpo ni le des latigazos: es un buey de ojos tristes, pero muy obediente si no lo abruma el yugo, ni le sobra la alfalfa. LEOPOLDO MARECHAL ( Argentina, 1900 - 1970 )
"...es tan corto el amor
y es tan largo el olvido... "
Pablo Neruda
Te fuiste.
Como se va la primavera.
Como
se van todas las cosas.
Como se pierden en el mar las velas.
Y yo
me quedé solo,
con las uñas clavadas en la arena,
viendo como se
alejan las mareas.
Te fuiste.
Ni tu nombre recuerdo,
ni el color de tus ojos.
Sólo que por las tardes leíamos a Neruda;
aún me llega el timbre de
tu voz profunda,
y el alarido de tu dicha, suelto,
huyendo a
medianoche por la playa.
Te fuiste.
Irremediablemente huiste de mi vida.
Fue el océano
tu cómplice fortuito:
zarpaste al borde de un balandro cualquiera
una tarde cualquiera.
Yo me quedé sobre la playa dilatada,
salpicado de ocaso, solitario en la arena.
Te fuiste.
Nos habíamos
amado con la furia de los 25 años.
Todo fue cerca al mar:
besos de
sal y yodo,
mordiscos de medusa enloquecida,
saltos de delfines en
celo,
abrazos hasta brotar la sangre marinera.
Te fuiste.
Como se fueron también la rada familiar,
las velas
madrugadoras de los camaroneros,
el lecho duro de nuestros combates
clandestinos.
Hasta el mar cambió de rostro y de fragancia;
la
codicia del hombre corrompió las aguas.
El aire mismo se llenó de
venenos y de miasmas.
Te fuiste.
Como se van todas las cosas.
Y yo me quedé solo,
con las uñas clavadas en la arena,
viendo como se alejaban las
mareas.
LUIS ZALAMEA BORDA
( Colombia, 1921 )
El momento llegó de la partida. Es hora ya de que el viajero ande. Lloras y eres más bella entristecida: yo estoy triste también, y amo mi herida pues sé que es el dolor lo único grande que hay en medio del barro de la vida. Estamos juntos, sin decirnos nada. Tu amor perfuma, mi pasión florece; tiembla el llanto encendido en tu mirada, pálida sombra en tus ojeras viste. Lloras; y en tanto que el silencio crece, yo me pongo a mirar cómo anochece en tu mirada luminosa y triste...! La calle, el libro, el oro del poniente te hablarán al oído del ausente. Oye: fija los ojos en la altura; y mientras yo por el erial me pierdo, sé buena, humilde y pura, y calienta el jardín de tu ternura con el rayo del sol de mi recuerdo! * * * Así te dije. Al fin llegóse el día de marchar. La mañana estaba fría, trivial e indiferente. Las campanas sonaban. Era el día de Ceniza. Lentamente iban los transeúntes, y llevaban la cruz de plomo en lo alto de la frente. Nosotros con el rito no cumplimos pues la ceniza en nuestro ser ya estaba. Casi serenos, la piqueta oímos que hora por hora en le olvido excava: ¿Qué importa una existencia que es mentira? se agranda el sol cuando la tarde expira... ¡como el amor cuando el placer se acaba! Juntas las manos en estrecho nudo, te di el último beso, largo y mudo, que fue como un sarcasmo de la suerte: pues él me pareció, ya enlutecido por la ausencia, a la hora de perderte, ¡un banquete de púrpura servido en la misma antesala de la muerte! Maldije, como farsa y como escoria, nombre y esfuerzo, juventud y gloria, nulos ante este idilio hecho pedazos... Y dándote el adiós de despedida, crucifiqué los sueños de mi vida sobre la cruz de mármol de tus brazos. AURELIO MARTÍNEZ MUTIS ( Colombia, 1885 - 1954 )
Digo tu nombre abierto para el mío, me ciño con tu nombre, penetro por tu nombre, me reposo en tu nombre, lo repito en mi vocabulario de quererte, y repetir tu nombre, modelarlo con voz de amorosa costumbre, es recoger palabras de sonrisa, es recibir palabras de colores, es aceptar palabras de flor nueva, de complacencia, y prosigo en tu nombre en donde todo es bueno y es de amor, en donde abro ventanas de buen tiempo y de noches desnudas para vivir en ti. Tu nombre es de piel tibia y pensamiento claro. Yo persisto en tu nombre. Soy tu nombre. ENRIQUE BADOSA ( España, 1927 )
Hoy he vuelto del baño con las carnes tostadas por el aire y el sol; con los cabellos polvoreados de arena. A mis oídos traigo pegado un caracol donde la mar resuena con su perenne arrastre de zumbidos. Traigo toda la mar en los oídos... Al salir a la playa, obstinada la mar me perseguía con el blanco mordisco de su espuma. De su seno emergía desnudándome de agua y arrastrando detrás de mí jirones de la fría túnica de sus ondas. Cuando un nuevo paso hacia la orilla daba, parecía que tras de mí tiraba de todo el mar que me siguió bramando. Se desprendía de mis carnes, roto en gotas que bañaban las arenas y evaporaba el sol con el castigo de sus irradiaciones, inyecciones de vértigo en mis venas ; pero el hecho es que el mar salió conmigo y aquí lo traigo en las palpitaciones de mis carnes morenas. Siento en mis labios el sabor salobre de sus besos, y sobre mi piel velluda el enconado diente del sol; y además siento rozar la tibia comba de mi frente el aletazo rítmico del viento. El mar me ha perseguido con su aliento. Lo siento a mis cabellos adherido; de todo el mar se penetró mi vida; por mi epidermis su contacto pasa, y siento a ese contacto renacida mi fuerza espiritual, como una brasa. Su clamor, su clamor muerde mi oído... Es que el mar me ha seguido como un perro fantástico hasta casa. EMILIO FRUGONI ( Uruguay, 1881- 19??)
Yo te pensé olvidada para siempre, o ya muerta; sin vida en el recuerdo de mi existencia incierta, sin ningún débil lazo que me ligara a ti, y hoy veo que, más fuerte que nunca, estás en mí. ¿Qué asociaciones psíquicas, qué vaga sugerencia hacen que en esta tarde vuelvas a mi existencia? Me acuerdo como antes te amara, en el pasado, allá abajo los árboles del campo perfumado; ebrios de luz, de oro y ensueños, cual de un vino, cruzábamos el bello paisaje campesino; tú alegre y sonriente, soñando tus anhelos de amor bajo la clara belleza de los cielos. Morían los crepúsculos en las tardes tranquilas con un deslumbramiento genial en tus pupilas, y el ansia de un deseo clamaba en tu mirar hondo, como el supremo misterio de la mar... ¡Cómo te he recordado, después, solo en la vida! Aunque ya sin aquella fuerza desconocida de la emoción pasada... poco a poco, lejana, te vi perderte a modo de estrella en la mañana. Fulgor sólo de un astro que se oculta en la sombra, palabra azul que luego ya el labio nunca nombra. ¿Por qué en mi vida -estancia muda y abandonada- enciendes hoy de nuevo la lámpara apagada...? Estaba hoy solo y mudo, solo frente al destino. Los cielos eran diáfanos, límpido mi camino. Nada turbaba la honda serenidad del alma; ni inquietud ni deseo alteraban la calma total de mis arterias; la paz fluía en las cosas vitales; en sutiles corrientes misteriosas, en fluídicas ondas de luz y de armonía el alma de los mundos a los seres se unía... ¿Qué vibración del éter unió nuestra existencia de pronto, en luminosa, mutua correspondencia? ¿Qué esencia de las cosas, qué ley desconocida? La paz era en mi espíritu y era en mi corazón. Pero vibraste al ritmo de lo eterno en mi vida... ¡Y he temblado en la tarde con humana emoción! REGINO PEDROSO ( Cuba, 1896 - 1983 )
He recorrido espacios contigo y ahuecado la mano paloma y nido a la vez para otra mano. Y sobre tu hombro como lo hace la luna sobre la ladera lentamente he rodado mi cabeza. Hemos ido caminos de cristal hacia dentro del cielo del alma. A veces tu voz me roza con la ternura de un ave sobre mi mejilla. Otras , me aprieta el vuelo Cuando esto sucede le cierro los ojos a la tarde y prefiero abrir mi mediodía dentro del sueño. ANA MARÍA FRESCO ( Uruguay )
Cuando dos que se han amado se separan -para siempre- algo se quiebra en el orden interno de la noche. Una mano llama al guante ya perdido y un hálito se posa tibiamente en la heredad del árbol. Cuando dos se dicen adiós ante el espejo -sin tocarse- apoyando los dedos en las sombras la forma detiene el tiempo, y en el agua la luz adquiere imagen de ventana. Puede ser que esa luz en forma deslumbrante se haga ancha como el mundo y un pájaro multicolor caiga desplomado, herido por la sed que media en el instante de esos dos que alguna vez se amaron para siempre. Cuando dos que se aman todavía -se separan- algo los cubre suavemente y un lenguaje tácito se nace en el sitio en que esos dos dejaron la recíproca tortura de olvidarse. Algo envejece para siempre sobre el aire. Posiblemente se suicide un ángel de tristeza al mirar cuando esos dos desaparecen -separados por pasos y por besos- inventando historias y cantando, mojados y oscuros de una lluvia que refleja el rumor de sus palabras. Cuando dos que se amaron se separan, el verano sube sobre las alas de la noche y una hoja, sobre el azul del cielo, abre los ojos y oculta su estupor con un conjuro. Cuando dos que se aman se separan -sin rencores o espadas- un fantasma encantado cobra vida y se inclina a recoger a esos dos labios, desnudos para siempre de lenguajes. ALFONSO CHASE ( Costa Rica, 1944 )
En
la vieja Colonia, en el oscuro
rincón de una
taberna,
tres estudiantes de Alemania un día
bebíamos cerveza.
Cerca, el Rhin murmuraba entre la bruma,
evocando leyendas,
y sobre el muerto campo y en las almas
flotaba la tristeza.
Hablamos del amor, y Frank, el triste,
el soñador poeta,
de versos enfermizos cual las hadas
de sus vagos poemas:
"Yo brindo -dijo- por la amada mía,
la que vive en las nieblas,
en los viejos castillos y en las sombras
de las mudas iglesias;
por mi pálida Musa de ojos castos
y rubia cabellera,
que cuando entro de noche en mi buhardilla
en la frente me besa."
Y Kari, el de las rimas aceradas,
el de la lira enérgica,
cantor del Sol, de los azules cielos
y de las hondas selvas;
el poeta del pueblo, el que ha narrado
sus campestres faenas,
el de los versos que en las almas vibran
cual músicas guerreras:
"Yo brindo -dijo- por la Musa mía,
la hermosa lorenesa
de ojos ardientes, de encendidos labios
y riza cabellera;
por la mujer de besos ardorosos,
que espera ya mi vuelta
en los verdes viñedos donde arrastra
sus aguas el Mosela."
"Brinda tú" -me dijeron. Yo callaba,
de codos en la mesa,
y ocultando una lágrima, alcé el vaso
y dije con voz trémula:
"Brindo por el amor que nunca acaba!",
y apuré la cerveza;
y entre risas y gritos, exclamamos:
"¡Por la pasión eterna!",
y seguimos risueños, charladores,
en nuestra alegre fiesta. ..
y allí mi corazón se me moría,
se moría de frío y de tristeza.
ISMAEL ENRIQUE
ARCINIEGAS ( Colombia, 1865 - 1938 )
Rompo una rosa y no te encuentro. Al viento, así, columnas deshojadas, palacio de la rosa en ruinas. Ahora -rosa imposible- empiezas: por agujas de aire entretejida al mar de la delicia intacta, donde todas las rosas -antes que rosa- belleza son sin cárcel de belleza. MARIANO BRULL ( Cuba, 1891 - 1956 )
Espiga taciturna, leve sombra, pequeña alondra ciega, te miraste en las aguas del que amabas y sólo pudiste ver, flotando en ellas -entre ínsulas de musgo y lentas ramas- el pálido cadáver de tu rosa. LIL PICADO (Costa Rica )
Esta mujer que amo... y no me ama, por amar a quien nunca la ha querido, este humo que tanto he perseguido y que escapa de mí cual de la llama. Esta agua de azucena que derrama en la sed que por ella nunca ha ardido, ni arderá alguna vez, y no ha podido derramar en la boca que se inflama. Esta mujer que me persigue huyendo y en vano el horizonte persiguiendo; este cielo distante de mi senda, este juego de amor, que no comprendo, esta mujer a quien la vida ofrendo y que acaso no valga ni la ofrenda... DOMINGO ALFONSO ( Cuba, 1935 )
Estoy condenada a amar a un ojo gris a punto de quemarme quemarme la lengua con la saliva bendita por tus dedos que hechizan mi espacio cada vez que humedeces el goce Es imposible no sepultarme en esta angustia de no verte pegado a mi almohada Visto de negro porque me siento poseída por tu sombra alrededor de mi sexo Tu sexo haciendo circuito con este tejido difuso donde he aprendido a susurrar acertijos que son tu nombre de grillo húmedo Soy la esclava perfecta perfecto este instante No se parece a ti ni el mar más salado ése que me hunde en el lunar negrísimo de tu pecho Te muerdo los labios perro blanco amor mío no llegas a ser mío para ser mío hay que alborotar la danza nocturna de mis sábanas poner de cabeza mi colegio encontrarte hasta en la sopa sopa remojada por la gente que nos mira mira lo que pienso para atraparte ALEYDA QUEVEDO ROJAS ( Ecuador, 1972 )
A paloma de nieve condenado a flor de llama al viento sometido, a lluvia desgajada estatuido fruto del sueño, ciervo degollado; te meces en el aire, vulnerado fantasma de los ojos desprendido, carbón en cuyo rostro se ha encendido lo que la muerte tiene anticipado. Vienes con pasos turbios de cautela, en las frondas del sordo duermevela, como las huellas del asesinado amor que ayer nos entregó la suerte un minuto no más y que hoy se vierte sobre el fulgor del pecho derramado. ARTURO CAMACHO RAMÍREZ ( Colombia, 1910 - 1982 )
"Tú me recuerdas el prado de los soñadores,
el muro que nos separa del mar si es de noche..."
Silvio Rodríguez
Ya me dormí
en tu
perfume,
en la espuma
de tu pecho líquido.
He soñado
en el sonido
de tu fosa de misterios,
en la antología de tus lágrimas,
las mías...
Ya he dormido en tu figura
en tu escoria
en tu
regazo derritiéndose
con mis voces de monasterio.
Ya te soñé conmigo, en
mi cama,
con toda La Habana que te suda.
XAVIER OQUENDO
( Ecuador, 1972 )
He entendido por fin que escribir es amar sin amor que te bese. Comprendo que la luz solamente se enciende cuando se va apagando. He entendido que el sueño es la vida como el misterio al rito. Y, por eso, he aceptado que no hay que buscar temas para hablar sino dejar que hablen nuestras sombras. ANTONIO HERNÁNDEZ ( España )
lluvia no dice nada Mientras muere el día, llueve. Es un agonía breve. La ciudad se queda abrumada con la tristeza de la hora. La lluvia no dice nada, y llora. Ciérranse puertas y vidrieras, huye la gente como de un mal, por las aceras; y un hombre mira, indiferente. La lluvia parece cansada cual un rosal que se desflora; no dice nada, nada, nada, y llora... Viene mandada por el río, soltando besos de frescura, deshace en gotas el envío, para que alcance su ternura. Pero al sentirse rechazada, se vuelve un poco más sonora: Va a hablar... y, al fin, no dice nada, y llora... La lluvia tiene algo de loca: gime un recuerdo de canción; todo la irrita, en todo choca su vagorosa obstinación. Ve la ciudad atormentada, y la campiña verde añora; no dice nada, y llora... ¿Mira en el pueblo tanta pena, que no hace más que lagrimear? ¿O forma un lienzo de tan buena, porque nos quiere consolar? ¿Es que se sabe desdeñada, y que su inútil fin deplora? No dice nada, nada, nada, y llora... Sobre el muerto día, llueve una melodía leve. La ciudad se queda encantada bajo una luz que se evapora... La lluvia no dice nada, y llora... PEDRO MIGUEL OBLIGADO ( Argentina, 1892 - 1967 )
La noche azul ¡La noche azul intensamente dice llanto a mi corazón, paz a mi alma! Los luceros tranquilos parpadean; vierte su luz la luna solitaria. En el balcón abierto ronda el aire y se desliza hasta la oscura estancia. Y es un prodigio de constelaciones el cielo azul entre la risa clara que esparce de su seno la alba luna... La brisa viene fresca y perfumada. -No sé qué pasa en mí... La noche tiene para mi corazón todas las lágrimas... ¡Y yo siento un vacío sobre el pecho y una paz infinita sobre el alma! Íntimamente se han abierto todas mis amarguras y mis esperanzas, como las flores que a la brisa pura esparcen bajo el cielo su fragancia. RAFAEL LASSO DE LA VEGA ( España, 1890 - 1959 )
Esta rosa en el cielo, inmóvil, pura; y este aire, que la cerca, y la convida: y ella, en su propio sueño suspendida, serena, en su voluble arquitectura. Es casi de cristal, en la segura presencia de su línea estremecida: tan perfecta, en el tono, y la medida, exactos, de su tedio y su hermosura. El aire pasa, y ella, sola, queda, embriagada en su tácito perfume, oculta entre su tálamo de seda. Y en la alta noche su virtud resume trémula gota que, en la sombra rueda, y en estéril silencio se consume! JOSÉ UMAÑA BERNAL ( Colombia, 1899 - 1982 )
La voz sobre el olvido Soy la oscura mitad de tu existencia. Fruto de llanto abierto en la penumbra, alondra vegetal que se acostumbra a la rama con sangre de tu ausencia. Sombra de una memoria sin presencia bajo la noche que tu llanto alumbra, abierto corazón que no vislumbra su cielo derrumbado a tu sentencia. Colmena de ceniza, dispersado palomar de la nostalgia, voz tardía de nocturno rumor, atribulado fuego de soledad y de agonía donde la muerte con su musgo helado cubre la rama de la ausencia fría. CARLOS MARTÍN Colombia, 1914
Después de la muerte de mi esposo «Vuelves por fin, ¡oh dulce desterrada!, Con tu lira y tus sueños, Y la fuente plateada Con bullicioso júbilo te nombra, y te besan los céfiros risueños Bajo mi undoso pabellón de sombra». Así, al verme, dulcísimo gemía El bosque de mis dichas confidente; ¡Oh bosque! ¡oh bosque!, sollocé sombría, Mira esta mustia frente, Y el triste acento dolorido sella, Siglos de llanto ardiente y oscuridad de muerte traigo en ella. Mira esta mano pura ¡Ay! que ayer ostentó, resplandeciendo, El cáliz del amor y la ventura, Hoy viene sobre el seno comprimiendo Una herida mortal... ¡Bosque querido! ¡Tétricas hojas! ¡lago solitario! ¡Estrella que en el cielo oscurecido Rutilas como un cirio funerario! ¡Lúgubres brisas y desierta alfombra! Alzad eterno y funeral gemido, Que el mirto de mi amor estremecido Cerró su flor y se cubrió de sombra! Sobre la frente pálida y querida Que el genio coronaba esplendoroso, y la virtud con su inefable calma, Sobre la frente ¡oh Dios! del dulce esposo, Y la virtud con su inefable calma, Sobre la frente ¡oh Dios! del dulce esposo, Ídolo de mi alma, Y altar de humanidad y de dulzura, Alzó la muerte oscura La pavorosa noche de sus alas; Y cual la tierna alondra que en su vuelo, Atraviesan las balas Y expirante y herida Baja, bañada cn sangrc desde el cielo, Y queda yerta y rígida en el suelo Con el ala extendida, Así mi corazón de espanto frío Quedó al golpe ¡Dios mío! Que mi vida cubrió de eterno duelo. Cuando volvió a la luz el alma inerte, La tierra, la montaña, el mar, el cielo, No eran más que el sudario de la muerte. ¡Oh bosque! ¡oh caro bosque! todavía De este dolor la tempestad sombría Ruge en mi corazón estremecido, y gira el pensamiento desolado Como un astro eclipsado Entre tinieblas lóbregas perdido. Y aquí estoy otra vez... ¡oh qué tristeza Me rompe cl corazón...! Sola y errante vago cn tu melancólica maleza, Por todas partes con dolor tendiendo El mirar vacilante; Ya me detengo trémula, sintiendo El próximo rumor de un paso amante; Ora hago palpitante Ademán de silencio a bosque y prado, Para escuchar temblando y sin aliento, Un eco conocido que ha pasado En las alas del viento; Ora ¡oh Dios! de la luna entristecida A los rayos tranquilos, Miro cruzar su idolatrada sombra Por detrás de los tilos: Y la llamo y la busco estremecida Entre el ramaje umbrío, En el terso cristal de la laguna, Bajo las ramas del abeto escaso, Mas en parte alguna Hallo señal ni huella de su paso. ¡Triste y gimiente río Que los pies de estos árboles plateas! ¿Por qué no retuviste y en tus urnas de hielo no esculpiste Su fugitiva imagen? ¡Aura triste Que entre las hojas tu querella exhalas! ¿Por qué no aprisionastes en tus alas El eco tanto tiempo no escuchado De su adorada voz? ¡Oh bosque amado! ¡Oh gemebundo bosque! ya no pidas Sonrisas a estos labios sin colores Que con dolor agito: Pues no pueden nacer hojas y flores Sobre un tallo marchito. Que ya en el mundo, mis inciertos ojos Sólo ven un sepulcro que engalana Flor macilenta con cerrado broche, y allí me encuentran pálida y de hinojos Las lágrimas de luz de la mañana y los insomnes astros de la noche. Otras veces aquí ¡cuán diferente Vagué en su cariñosa compañía! El arroyo luciente Como un velo de luz se estremecía Sobre la yerba humedecida y grata, Allá el movible mar desenvolvía Encajes brillantísimos de plata, y tembladoras, pálidas y bellas En el éter azul asemejaban Abiertos lirios de oro las estrellas. Él con mi mano entre su mano pura Bajo flores que alegres sonreían, Me hablaba de sus sueños de ternura; Mientras con movimiento dulce y blando, Las copas de los álamos gemían Nuestras unidas frentes sombreando. ¡Oh vida de mi vida! ¡oh caro esposo! ¡Amante, tierno, incomparable amigo! ¿Dónde, dónde está el mundo De luz y amor que respiré contigo? ¿Dónde están ¡ay! aquellas Noches de encanto y de placer profundo En que estudié contigo las estrellas, O escuchamos los trinos De las tórtolas bellas Que cerraban las alas en los pinos? ¿Y nuestras dulces confidencias puras En estas rocas áridas sentados? ¿Dónde están nuestras íntimas lecturas Sobre la misma página inclinados? ¿Nuestra plática tierna Al eco triste de la mar en calma? ¿Y dónde la dulcísima y eterna Comunión de tu alma y de mi alma? ¡Lágrima de dolor abrasadora Que corres por mi pálida mejilla! Ya no hay flores ni aromas en el suelo, Ya el ruiseñor no llora, Ya la luna no brilla, Y en la desierta lividez del cielo Se borraron los astros y la aurora. Que ya todo pasó, pasó ¡Dios mío! Para jamás volver; ¿adónde ¡oh cielo! A dónde iré sin él, por el vacío De esta noche sin fin? ¡Fúnebre bosque! Hoy todo es muerte para mí en la tierra, En la llanura con inmenso duelo Se elevan los cipreses desolados Como espectros umbríos, Las brumas en la frente de la sierra Crespones son que pasan enlutados, Van en las nubes féretros sombríos, El mar gimiendo azota la ribera, Con sollozo de muerte el viento zumba, Y es, ante mí, la creación entera La gigantesca sobra de una tumba. LUISA PÉREZ DE ZAMBRANA ( Cuba, 1835? - 1922 )
Sentí que se desgajaba tu corazón lentamente como la rama que al peso de la nevada se vence; sentí en tu mano un desfile de golondrinas que vuelven, y vi llenando tus ojos aquella locura alegre de los pájaros que cumplen su fiesta sobre la nieve. LUIS ROSALES ( España, 1910 - 1992 )
En recuerdo de Victoria,
mi compañera desaparecida...
Rosa que el fuego de mi amor consume,
ave que llora con
mi propio llanto;
fugóse el ave y me dejó su canto,
murió la rosa
y me dejó el perfume.
Y es que ese aroma y esa melodía
que me hicieron alegre y sano y
fuerte
serán incienso y fúnebre armonía.
Así, a fuerza de amante sin fortuna
que intenta huir a su destino
adverso,
voy a forjar un amoroso verso
a la memoria de Rosario
Luna,
aquella que me dio todo lo suyo,
aquella a quien le di todo lo
mío,
la que tuvo calor para mi frío,
la que no supo hablar si no
en arrullo,
la que para aliviar en su partida
mi carga de dolor y
desconsuelo,
a cambio de mis noches de desvelo
me mostraba su faz
agradecida.
Cuando vencido por la desventura
palpé el horror de mi existencia
vana,
tendiome al punto, como buena hermana,
el mullido plumón de
su ternura.
Si en cada poro me clavaba espinas
el dolor en que estoy
crucificado,
ella sobre mi cuerpo lacerado
hizo lo que a Jesús las
golondrinas.
Al reposar de la habitual lectura
que nuestro pensamiento
fatigaba,
mi corazón sumiso se extasiaba
en la piedad de su mirada
oscura.
Corría el tiempo desapercibido
sin que nuestro silencio se
turbara,
lo mismo que una mano que pasara
por sobre el lomo de un
lebrel dormido.
A veces, al relato de algún cuento,
mientras alzaba por temor el
hombro,
parpadeaban sus ojos en asombro
como dos mariposas contra
el viento.
Y si el amor que urdió la fantasía
tras el punto final quedaba
ileso,
me pagaba el relato con un beso
por compartir conmigo su
alegría.
JULIÁN MARCHENA
( Costa Rica, 1941 )
da miedo quererte. Es mi amor tan violento... Me da miedo quererte. Es mi amor tan violento que yo mismo me asusto de mi modo de amar; de tal forma me espanto mi propio pensamiento que hay noches que no quiero dormir por soñar. No sé lo que me pasa. Pero hay veces que siento unos irresistibles deseos de matar: respiro olor a sangre y luego me arrepiento y me entran unas ganas muy grandes de llorar. ¡Oh, si en estos momentos pudiera contemplarte dormida entre mis brazos!..., si pudiera besarte como nunca hombre alguno a una mujer besó... después rodear tu cuello con un cordón de seda y apretar bien el nudo, ¡para que nadie pueda poner los labios donde feliz los puse yo! PEDRO MATTA ( España, 1875 - 1946 )
Picoteando la cáscara de algún viejo recuerdo con la lluvia de Abril nacerá mi poema le pondré mis colores los más puros y claros, una música tenue y un perfume de nardos. Como una luciérnaga brillará titilando subirá por los aires escapando de mi alma se estirarán mis manos sin poder alcanzarlo, se quedarán mis labios como siempre rogando: Que una estrella lo guíe que lo acerque a tu lado, pues si tú lo encontraras, y llegas a escucharlo mi poema de Abril quizá viva... hasta Mayo. RAMÃN DE ALMAGRO ( Argentina )
Minuto del beso Con el tiempo de amarte tan escaso el tiempo de esperarte me devora, si estoy amenazado por la aurora mientras ardo en las llamas del ocaso. Mira, tiemblan las rosas en el vaso y un gallo en el reloj gasta la hora, para quererte no me sobra ahora ni un suspiro, ni un átomo, ni un paso. Hay un amor que no se sabe dónde el minuto del beso nos esconde cuando su sed a liquidarnos entra. Y hay un tiempo del hombre que se gasta que aunque un segundo de ese amor le basta, se cansa de buscarlo y no lo encuentra! RAÃL FERRER ( Cuba, 1915 - 1993 )
Mírala por ahí viene la primavera nos llama, salió del naciente sol, descalza, sin esperarla! Su cuerpo, delgado junco, su pecho, verde manzana, blanca luna son sus ojos, su tierra, luz alfombrada. ¡Ay, de sus labios, colores, inundan rojo escarlata, en su sangre de amapolas, se abraza naciendo el alba! Aún despierto, y en mis sueños, no me canso de mirarla, sus aguas son de arco iris, sus olas, roja granada. ¡Primavera, ven conmigo, quédate, nunca te vayas! los dos soñaremos juntos, deja que tarde el mañana! EULOGIO DÍAZ GARCÍA ( España, 1935 )
(Soneto Pompadour) Amo el bronce, el cristal, las porcelanas, las vidrieras de múltiples colores, los tapices pintados de oro y flores y las brillantes lunas venecianas. Amo también las bellas castellanas, la canción de los viejos trovadores, los árabes corceles voladores, las flébiles baladas alemanas, el rico piano de marfil sonoro, el sonido del cuerno en la espesura, del pebetero la fragante esencia y el lecho de marfil, sándalo y oro, en que deja la virgen hermosura la ensangrentada flor de la inocencia. JULIÁN DEL CASAL ( Cuba, 1863 - 1893 )
Muchas veces también, por no decir que casi todas, el amor se halla en las cosas más simples, un botón desabrochado, un pañuelo con indicios de alguien, la adivinanza de una frase incompleta, o decir dos lo mismo cuando no sabíamos qué decir, o un punto de sal en la piel, o una raya de plomo en una pierna. Todo aquello que no esperábamos del amor, y que viene de él. Entonces, alargamos las manos, palpamos el objeto deseado, nos lo quedamos, y no queremos otro reino. MÁRIUS SAMPERE ( España )
Yo tenía sueños que las mujeres
desparramaban con sus caricias
para poseerme en su sombra...
Paul Éluard
Yo aprendí
la embriaguez del beso impuro.
La emoción de las citas
breves y
tempestuosas
procuraba.
Las mujeres sin fechas perdurables,
sus pasos
inexactos,
sus vestidos,
eran los visitantes de mis noches,
la
compañía de mis soledades.
Por eso
nuestro encuentro fue el
retorno
sencillo
hacia el comienzo,
al sendero de música y
latidos
donde nos aguardaba
la propia claridad inadvertida,
la
simple unión que forman dos mitades.
Por eso he comprendido
-comprendemos- ahora
la razón de la existencia.
Por eso
desde
entonces -desde ahora-
amándonos queremos a los que aman
la vida
cotidiana y sus quehaceres.
Por eso, compañera,
los corazones con
que amanecemos
salen a trabajar por la alegría
del mundo,
unidos,
como dos obreros.
ADOLFO
MENÉNDEZ ALBERDI ( Cuba, 1906 - 1985 )
No acabarán mis flores, No cesarán mis cantos. Yo cantor los elevo, Se reparten, se esparcen. Aun cuando las flores Se marchitan y amarillecen, Serán llevadas allá, Al interior de la casa Del ave de plumas de oro. Nezahualcóyotl ( México, 1402 - 1472 )
Me han contado también que allá las noches tienen ojos azules y lavan sus cabellos en ginebra. ¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas, el silencio es un viento de jazz sobre la hierba? ¿Y es cierto que allá en Vermont los geranios inclinan al crepúsculo, y en tu voz, a la hora de mi nombre, en tu voz, las tristezas? O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño, besada tarde a tarde por un idioma pálido sumerges en olvido la cabeza. Porque en barcos de nieve, diariamente, tus cartas no me llegan. Y como el prisionero que sostiene con su frente lejana las estrellas: chamuscadas las manos, diariamente te busco entre la niebla. Ni el galope del mar; atrás quedaron inmóviles sus cascos de diamante en la arena. Pero un viento más bello amanece en mi cuarto, un viento más cargado de naufragios que el mar. (Qué luna inalcanzable desmadejan tus manos en tanto el tiempo temporal golpeando como una puerta de silencio suena.) Desde el viento te escribo. Y es cual si navegaran mis palabras en los frascos de nácar que los sobrevivientes encargan al vaivén de las sirenas. A lo lejos escucho el estrujado celofán del río bajar por la ladera. (un silencio de jazz sobre la hierba.) Y pregunto y pregunto: ¿Es cierto que allá en Vermont las noches tienen ojos azules y lavan sus cabellos en ginebra? ¿Es cierto que allá en Vermont los geranios otoñan las tristezas? ¿Es cierto que allá en Vermont es agosto y en este mar, ausencia...? CÉSAR CALVO ( Perú, 1942 - 2000 )
Si pregunta por mí, traza en el suelo una cruz de silencio y de ceniza sobre el impuro nombre que padezco. Si pregunta por mí, di que me he muerto y que me pudro bajo las hormigas. Dile que soy la rama de un naranjo, la sencilla veleta de una torre. No le digas que lloro todavía acariciando el hueco de su ausencia donde su ciega estatua quedó impresa siempre al acecho de que el cuerpo vuelva. La carne es un laurel que canta y sufre y yo en vano esperé bajo su sombra. Ya es tarde. Soy un mudo pececillo. Si pregunta por mí dale estos ojos, estas grises palabras, estos dedos: y la gota de sangre en el pañuelo. Dile que me he perdido, que me he vuelto una oscura perdiz, un falso anillo a una orilla de juncos olvidados; dile que voy del azafrán al lirio. Dile que quise perpetuar sus labios, habitar el palacio de su frente. Navegar una noche en sus cabellos. Aprender el color de sus pupilas y apagarme en su pecho suavemente, nocturnamente hundido, aletargado en un rumor de venas y sordina. Ahora no puedo ver aunque suplique el cuerpo que vestí de mi cariño, me quedé fijo, roto, desprendido. Y si dudáis de mi creed al viento, mirad al norte, preguntad al cielo. Y os dirán si aún espero o si anochezco. ¡Ah! Si pregunta dile lo que sabes. De mí hablarán un día los olivos cuando yo sea el ojo de la luna, impar sobre la frente de la noche, adivinando conchas de la arena, el ruiseñor suspenso de un lucero y el hipnótico amor de las mareas. Es verdad que estoy triste, pero tengo sembrada una sonrisa en el tomillo, otra sonrisa la escondí en Saturno y he perdido la otra no sé donde. Mejor será que espere a medianoche, y a la vigilia del tejado fría. No me recuerdes su entregada sangre ni que yo puse espinas y gusanos a morder su amistad de nube y brisa. No soy el ogro que escupió en su agua ni el que un cansado amor paga en monedas. ¡No soy el que frecuenta aquella casa presidida por una sanguijuela! ( Allí se va con un ramo de lirio a que lo estruje un ángel de alas turbias.) No soy el que traiciona a las palomas, a los niños, a las constelaciones... Soy una verde luz desamparada que su inocencia busca y solicita con dulce silbo de pastor herido. Soy un árbol, la punta de una aguja, un alto gesto encuentre en equilibrio: la golondrina en cruz, el aceitado vuelo de un búho, el susto de una ardilla. Soy todo, menos eso que dibuja un índice con cieno en las paredes de los burdeles y los cementerios. Todo, menos aquello que se oculta bajo una seca máscara de esparto. Todo, menos la carne que procura voluptuosos anillos de serpiente ciñendo en espiral viscosa y lenta. Soy lo que me destines, lo que inventes para enterrar mi llanto en la neblina. Si pregunta por mí, dile que habito en la hoja del acanto y en la acacia. O dile, si prefieres, que me he muerto. Dale el suspiro mío, mi pañuelo; mi fantasma en la nave del espejo. Tal vez me llore en el laurel o buque mi recuerdo en la forma de una estrella. EMILIO BALLAGAS ( Cuba, 1908 - 1954 )
Ella duerme. La hora en que los hombres ya se han despertado, y poca luz entra todavía para herirlos. Con muy poco tenemos bastante. Solo el sentimiento de dos cosas: la tierra gira y las mujeres duermen. Conciliados, caminemos hacia el fin del mundo. No necesitamos hacer nada para ayudarlo. GABRIEL FERRATER ( España, 1922 - 1972 )
Olvídame. Es mejor. Comprende, amado, lo que ella sufriría siempre triste, viviendo de un recuerdo, de un pasado por el terrible daño que le hiciste. Ella te quiere más, es más sincera y más buena que yo, porque te ofrece una dicha real, más duradera. Bendícela como ella se merece. Tú la has querido mucho. ¿Acaso olvidas las horas de ilusión, de dicha henchidas que a su lado pasaste? No lo creo. No podrás olvidarla fácilmente. Vuelve a su lado humilde, mansamente, y ella te hará feliz. ¡Es mi deseo! ANÃNIMO
Pensaba si pudiera tocar cada mañana tu presencia en las cosas cotidianas. Entonces, el vaso, el cantar, o esta almohada, mutables, casi nada serían trascendidos; los dedos jugando torpemente recorriendo de las uñas las aristas. Tan sólo la ternura del gesto imprevisible. Tan sólo natural, querido, tu ser allí presente. ROSANA MOLLA ( Uruguay )
Pienso a veces que el mar es la nostalgia de lo que siempre está: nostalgia de nostalgia, de un irse de sí mismo a su recuerdo más azul, más hondo, más eterno... Y pienso en nuestro amor que algunas veces sueña con la idea de no serlo, en huir de sí mismo y contemplarse aún más alto, más puro, más sereno... JOSÉ LUIS HIDALGO ( España, 1919 - 1947 )
Poema de la distancia aniquilada Extiende tú la mano y mira como alcanzas la mía en la distancia; si pareciera casi que un volcán de kilómetros, en erupción fantástica, se transformara en nube de cenizas, se convirtiera en nada. Tan cerca estás... tan lejos, que casi siento encima tu fragancia; que casi tacto el viento que surgía de tus manos abiertas, como pampas! Vuelve tus ojos como quien no quiere y encontrarás los míos en cada madrugada; en el temblor que deja el horizonte con cada sol que se alza; en cada nubarrón que trasnochó en la selva y llevó apenas una gota de agua hasta la cara misma de la tierra donde dejé una lágrima... quizá dirás entonces que amaneció llorando la tierra abandonada! Lanza un grito hacia el cielo y espera... La lejana oquedad del abismo le hará nacer un eco a tu llamada, multiplicada en el vacío inmenso que habita en mi garganta... No será más el eco de tu grito sino el alma del eco del grito de mi alma! Ya ves, estamos lejos... Estamos cerca... Estamos juntos... ¡En medio de una enorme distancia aniquilada! ORLANDO TIJERINO ( Nicaragua, 1930
Tus manos son dos nardos que mi boca ensortija de besos. En tus manos, transformose el manojo de mis penas en manojos de cantos. Cuando acarician mi cabeza negra hay en mi frente pensamientos blancos. Surgieron en el mar de mi agonía y se tendieron en mi sueño náufrago. Y no son manos consteladas -iris de zafiros, diamantes y topacios-: son manos que adornaron las virtudes con las ásperas joyas del trabajo. Deja verlas, Amada. Que mis besos endulcen el dolor de su cansancio y déjame anunciarte que el mañana es una blanca redención de nardos. JESÃS ORTA RUIZ ( Cuba, 1922 )
Ellos están allí, sobre la borda. El buque lento arriba a mi ciudad; en marzo, el mar de la mañana sube una brisa helada hacia el futuro. Ella lleva un abrigo y un pañuelo, él parece un actor americano, es primavera fría sobre el mundo, muy cerca los parientes esperan en el puerto. Yo los miro llegar desde la foto, el tiempo ha detenido su espuma en el paisaje, el horizonte vive detrás de los susurros, y el mar no es una tarde con campanas. Muy cerca de sus ojos los nombres de sus hijos, el mío, fue el tercero, será de algún poeta, delfines y palabras tocando la muralla y el tiempo de nosotros presentido sin serlo. Están mirando el agua que salpica, las olas levantadas del sueño de la vida, la orilla de otra patria de luz de mi futuro llegando ya mis padres a tierras de regreso. JOSELA MATURANA ( España )
Algún día vendrás, sabes que miento, que no puedo ya más tender la seda lunar de la esperanza. Algún día vendrás como una horca, el fiero corazón guardando la armadura y los labios en flor como limones sangrados para el beso. Peregrino lo sé, sé que algún día recabarás aquí tu singladura y yo te aguardaré, aguardaré tu oído del vacío, sé que miento, que no oiré nunca más tu caracola niña. Puede ser que vengas algún día de otoño o una noche de fuego en las ventanas, algún día puede ser, pero sabes que miento, yo no sé si algún día. JUANA CASTRO ( España )
¡Cómo llegar a tu alma sin un puente de aéreas alas para tal altura! Pájaro que llevara sabiamente mis pedazos de fuego a tu alma oscura. ¡Cómo darte mi sangre incandescente que es un infierno casi de locura, si estrecho no hay, ni paso que alimente mis pies desnudos sin arquitectura! No lloraré jamás tal coyuntura, aunque la fuerza de mi sangre aliente tristeza grande de esa desventura. Si muriese mi amor tan fácilmente, estaría empinado inútilmente queriéndome alcanzar en tu estatura. GUILLERMO GÃMEZ BRENES ( Nicaragua, 1930 )
¿Qué es dolor? ¿Preguntas qué es dolor?... Un viejo amigo inspirador de mis profundas quejas, que se halla ausente cuando estás conmigo, que está conmigo cuando tú te alejas. JOSÉ MARÍA RIVAS GROOT ( Colombia, 1865 - 1923 )
He venido hasta acá porque la vida con fronteras exactas me asediaba, he venido de lejos: pretendía embriagarme de espacio y libertad, ver mi pupila en el azul diluida, quitar toda la herrumbre de mi espíritu, bañándolo en las fuentes de mi primera edad; quería festejar a mis retinas con orgías de luz lejana, con derroches de forma y de color; he venido hasta aquí porque sentía sed de paisaje, sed de clorofila, avidez de montaña, hambre de sol... Y estoy aquí, tendido en la hojarasca, las hojas -allá arriba- recortan el zafir, pero ¿qué significan las lluvias de azahares que el follaje desata sobre mí? ¡Ah, -si no me equivoco- mi naranjal amigo me está retribuyendo los suspiros que di! -¿Te acuerdas todavía de aquel abril dorado, hace unos años? Allí escribiste los primeros versos para el ideal de entonces, que prefirió ser nada, y en cada espina de mi fronda oscura hay siquiera una sílaba clavada.. Guardas aquel amor, mi juventud quedóse prisionera entre tus ramas, yo guardo tu dolor y tus suspiros, tú guardas todo...menos la esperanza; esa se fue conmigo, se hizo añicos contra la ruda arena de la vida, surgió de nuevo entre las ruinas grises, más rebelde, más fuerte... dejó de ser la misma... ¡Ojalá que sí hubiera cuajado esa ilusión! Ojalá - dice mi alma-, volando hasta aquel día de ayer, en que el futuro fingía florecer -, ojalá -dice ahora- pero no es lo que ansía porque no puede ansiarse lo que no puede ser.... Mas el dolor que quiso ser eje de mi vida ya no hará de mis sueños sumisa caravana, ya logré rebelarme, y haré de cada herida un surco en que se gesten los trigos del mañana. Han pasado esos años, y todo está como antes: el naranjal, las aves, la eterna lejanía...... ¿El? Está como entonces, no ha cambiado, sus ojos siguen siendo la noche donde florece el día; yo sé que al fin ha vuelto, de nuevo para verme, mas, aunque él es como antes, el pasado no es hoy; él en nada ha cambiado, pero ya no es el mismo, pero ya no es el mismo porque he cambiado yo. Sé que todo concluye y a los minutos prófugos no volveré a llamar, todo concluye -sí-, pero el paisaje se esmera en repetirme aquel abril y en mí siento que un átomo rebelde se encapricha en gritar: ¡Eternidad! JAIME FONTANA ( Honduras )
Si de nuestro dolor somos los dueños nadie podrá impedir que yo destruya mi corazón, para la dicha tuya, y sacrifique los más caros sueños. Si de lo nuestro es el dolor la esencia, tanto más propio cuanto más profundo, para que tú no sufras ni un segundo yo he de sufrir por toda mi existencia, Si el dolor que me hiere es solo mío, puedo darlo a mi antojo y mi albedrío, porque tú logres ser feliz, amada. Que el verdadero amor es darlo todo pro el amor en sí... y dar de modo tan simple, cual sin no se diera nada. JUAN BURGHI ( Uruguay, 1959 )
Yo no sé dónde fue a parar mi acento; tembló un instante y se perdió en el viento... Y pasó por tu espíritu, lo mismo que una estrella sin luz por el abismo Yo no sé dónde fue a expirar tu acento: flotó como un perfume sobre el viento, llegó como una música a mi oído... ¡Pero mi corazón siguió dormido!... ¿Para qué hablar?...Sigamos el camino, ¡mudos hasta morir!...¡Es el destino!... Ayer te vi llorar...Por tu mejilla bruna, las lágrimas caían en gotas , una a una... El cielo estaba claro, la tarde era tranquila, y era como si fuera de noche en tu pupila. ¡Y yo no sabré nunca la causa de tu pena! Tal vez era tu espíritu como un ánfora plena tal vez te dio la muerte su beso largo y frío, o te envolvió en sus alas viscosas el hastío. Tu frente está sellada, cerrada como un huerto. Mi grito es el estéril clamor en el desierto. las almas están lejos, perdidas y calladas. Estamos solos... ¡Solos!... Jamás sabremos nada. CARLOS MONCADA ( Chile )
Para la frente de Pepilla Vidaurreta Aquella frente tuya, rumorosa, hecha de luna y caracol marino fue la dueña absoluta de la rosa cuando emprendimos, juntos, el camino; aquel erguido vaso peregrino que encendió su presencia numerosa ante cada dolor, y a toda cosa impuso la pasión de su destino, es esta misma frente conmovida y quieta en su clamor, lumbre nacida de las sombras mortales de la hora, que vuelve en tiempo y luz y en la alborada toda flecha enemiga disparada sobre su fiel planicie vencedora. JUAN MARINELLO ( Cuba, 1898 - 1977 )
« Abandonada a su dolor, un / día »
« Me llegaré al altar del hombre / en ofrenda de huída y rebeldía. »
« Cada día mi amor ha ido creciendo / enriquecido en tanta confianza. »
« la luna, anoche, como / en otro tiempo, »
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