Poesía Universal

Poemas sueltos

Poemas sueltos de diversos poetas hispanoamericanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

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Poemas sueltos de diversos poetas hispanoamericanos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Poemas sueltos

58 poemas seleccionados
1.

Abandonada a su dolor, un día...

Abandonada a su dolor, un 
		día
en que la sombra la envolvió en su velo,
me dijo el corazón 
		que ella vendría
en el milagro espiritual de un vuelo.

		
Abrí los pabellones solitarios;
iluminé los vastos corredores;

		quemé la mirra de los incensarios,
y el frío mármol alfombré de 
		flores...

		
Llegó, cansada de volar... Yo dije:
Alma, mujer inspiradora, rige

		mi vida entera para siempre. Arde

		
como la mirra el corazón que inmolo...
¡Amor no llega demasiado 
		tarde
a quien se siente demasiado solo...!


		AGUSTÍN ACOSTA       
		( Cuba, 1887 - 19?? )
2.

Al hombre sin nombre la mujer eterna

Me llegaré al altar del hombre 
en ofrenda de huída y rebeldía. 
		

Hombre de ahora y de siempre, 
abre tu mano a recibirme 
y 
		levántame al cielo como una hostia. 
		
aunque soy sólo pétalo de lágrima. 

Hombre nuevo y eterno, 
		
escúchame. 
sobre tu pecho roto 
llamo y clamo. 

Mi 
		palabra golpea 
		
-obsesionante ala obsesionada- 
contra las sienes. 

Mi 
		palabra del grito 
		
te taladra la frente, 
sangre de luz de la herida 
bautizará 
		por un instante, 
		
hombre frágil, 
a la mujer eterna. 

eterna como el sueño 
		fugaz. 
		

Yo te miro sin ojos desde siempre. 
tú me llevas en ti desde 
		que existes. 
		
Si antes no lo sabías, 
ahora 
ya no lo puedes olvidar. 

		
Yo he crecido en el mar 
sobre una ola que se alargó 
para 
		volverse tallo. 
		
En ese tallo de agua limpia 
he subido a mirar a los ojos de 
		Dios. 
		

Ahora me inclina un hálito a tu mano, 
y estoy en ti como la 
		mujer muerta 
		
por la que todos los hombres han llorado. 

Tú también has 
		llorado 
		
por tu hija, por tu madre, 
por la mujer eterna de cuya muerte 
		vives. 
		

Ya no lo puedes olvidar. 

Cuando tus ojos caminen en la 
		sombra, 
		
sentirás todavía por el cuerpo 
una dulzura amarga y tibia: 

		beso en las palmas juntas 
		
y una paloma que huye de tus dedos. 

Con mi cara de piedra 
		
yo estoy en la otra orilla. 

Existo para ti en este momento; 
		
y para mí no existo 
porque soy más que eterna en cinco letras. 
		

En el altar de Hombre fuerte como la vida, 
hombre de hierro 
		y hielo, 
		
metal, sangre y espíritu, 
cae la ofrenda íntegra 
de la mujer 
		lejana. 
		

Mujer de canto y llanto 
eterna como el sueño. 


		YOLANDA BEDREGAL        
		(Bolivia, 1916 - 1999)
3.

Aniversario

Cada día mi amor ha ido creciendo
enriquecido en tanta confianza.

		Si clausuró su cuenta la esperanza,
más de lo prometido va 
		cumpliendo.

		
La juventud se fue desvaneciendo
y no el amor que día a día 
		avanza
hacia más perfección y más la alcanza
cuando en el corazón 
		va atardeciendo.

		
Hay un triste placer, una hermosura
que sosiega el vivir y lo 
		engrandece
viendo el tiempo en el rostro de la amada,

		
cada arruga tornándola más pura,
más bella en la medida que 
		envejece,
más amorosamente codiciada.


		ILDEFONSO MANUEL GIL     
		( España, 1912 - 199?)
4.

Astro muerto

la luna, anoche, como 
		en otro tiempo,
como una nueva amada me encontró;
también anoche, 
		como en otro tiempo,
     cantaba el ruiseñor.

		Si como en otro tiempo, hasta la luna
     
		hablábame de amor,
¿por qué la luna, anoche, no alumbraba
     
		dentro de mi corazón?


		Fabio Fiallo      
		( República Dominicana,  1866 - 1942 )
5.

Ausencia del unicornio

Dulce bien,
¿cómo acordarse para no herir?
¿a qué costado?
Las 
		ventanas
se vuelven un coloquio.
Las paredes escuchan.

		
No acierto a contemplarme.

Y aquí estoy
guardando de nuevo 
		las reliquias.

		
Soy una tejedora que urde y trama
a su solo deseo,
la 
		guirnalda, la música,
las joyas, el fruto, el asta erguida,
el 
		espejo vacío:
el sol de los amantes.

		
Y aquí estoy
guardando de nuevo las reliquias.

Soy una 
		tejedora que urde y trama
a su solo deseo,
la guirnalda, la 
		música,
las joyas, el fruto, el asta erguida,
el espejo vacío:

		el sol de los amantes.


		ELVA MACÍAS     
		( México, 1944 )
6.

Baladas románticas

Hoy he tenido la visión
de mi niñez.
Tú tenías un corazón

		blanco de ensueño y candidez.
Al encontrarnos otra vez,
hoy he 
		tenido la visión
de mi niñez.

		
Después de tantos años, hoy
te he vuelto a ver.
Tú eres 
		idéntica y yo soy
una ironía de mi ayer.
En mí yo siento un otro 
		ser.
Después de tantos años, hoy
te he vuelto a ver.

		
Entonces era el porvenir
encantador.
Los dos queríamos vivir,

		porque la vida era el amor.
Y aunque entrevimos el dolor,
entonces 
		era el porvenir
encantador.

		
Por un momento nada más
tengamos fe.
¿Por qué no han de volver 
		jamás
aquellos días en que amé?


		ALBERTO J. URETA          
		( Perú, 1887 - 1966 )
7.

TERESA BERENGUER ( España )

Brindis por un instante


		Voy a bordar de tibias 
		lentejuelas
este instante que es mío,
a tapizar de fresas y 
		esperanzas
su borde inmaculado.


		Mientras mañana, o 
		todos los momentos
que velan tras el muro de las horas
permanezcan 
		ocultos,
voy a tomar alegre de la mano
el sol que ya comienza a 
		besar mi butaca,
el vaivén de las hojas
que sobrepasan libres los 
		últimos balcones,
el perro que dormita confiado.
Voy a beber la 
		copa del silencio
que siembra paz y amor en el ambiente
para 
		elevar un brindis de ternura
por el dulce recuerdo
de todos mis 
		amigos.


		Ahora, cuando el pájaro 
		del sueño
revolotea lejos de mis cuatro paredes,
voy a gustar el 
		vino sorbo a sorbo
de este instante de luz que me acompaña.


		TERESA BERENGUER        
		( España )
8.

Calla

En otros tiempos, 
		tiempos mejores,
los dos cumplimos nuestro deseo,
y sin querernos, 
		de unos amores
urdimos ambos el fantaseo.


		Los dos mentimos: 
		¡dulce mentira!
Yo te escuchaba con calma absorta
y, habla, te 
		dije, que amor te inspira;
miente y soñemos, la vida es corta.


		Hoy, fatigado de la 
		comedia,
porque la ruda verdad amarga,
y con engaños no se 
		remedia,
pienso al oírte: la vida es larga.


		¿A qué las frases que 
		me dijiste?
Mimos gastados, suspiros viejos...
¡Estoy tan solo, y 
		estoy tan triste!
Los que me quieren están muy lejos.


		FRANCISCO A. DE ICAZA        
		( México, 1863 - 1925 )
9.

Carta de una mujer perfumada

Para escribir cartas de amor
no es necesaria
la cautela
ni el 
		orden
ni encontrar la perfecta esquela
tan sólo encender la 
		lámpara
como se enciende el cuerpo del amor.
Untarse toda,

		perfumarse toda
de mieles y sortilegios
elegir la caligrafía más 
		desvelada,
la más humilde.
Entonces, se extiende
se acaricia el 
		empeine de sus plumajes
y comienzan a recogerse las palabras
como 
		el deseo del amor.

		
II 

Para escribir cartas de amor
es necesario estar 
		reposada
elegir las palabras como si fueran banquetes clandestinos

		vestirse toda de rojo, color deseo, color relámpago
y decir: en esta 
		tarde arrodillada de luz
yo te amo, te entrego un manojo de suaves 
		palabras
como la llave de mi alma

		
III

Me ilumino toda al nombrarte
nada se pierde
con 
		llamarte en el bosque fallido
con escribirte como sonámbula como

		maga toda vestida
de verde
escribir
más que una carta de amor

		basta con extender mi mano hacia la tuya
es esa la
vigencia
del 
		perfume.


		MARJORIE AGOSIN       
		( España )
10.

Confesiã“n

Confesión


		¿Es verdad que hubiera sido posible aquella noche?

		
Cada vez que recuerdo se me cierran los ojos.
Bebimos la ginebra 
		hasta el amanecer.
Acariciando sus cabellos, junto a aquel ventanal,

		hablamos, por fin, de nuestras cosas
(esto lleva el camino de 
		convertirse en un poema
romántico o en una confesión).
Había como 
		celos flotando en el ambiente,
celos de tanta realidad.

		
¿Es verdad que hubiera sido posible aquella noche?

Todo 
		estaba en su punto: el amor,
las ganas de gozar, el verano y cierta 
		admiración.
Así que (como siempre las cosas se pasan de vulgares)

		creí portarme bien prescindiendo de ti, amor,
de la noche, de aquella 
		libertad.
Y quedamos citados para el día siguiente
(aquello fue 
		una trampa).
Fue un error por mi parte el decirte
que podía 
		esperar, porque necesitaba
sentirte junto a mí, ya para siempre, para 
		siempre jamás.

		
EL HOMBRE -como dicen los verdaderos chinos-
ES UN ASNO QUE 
		VUELVE A TROPEZAR
EN LAS PIEDRAS DE LOS MISMOS CAMINOS


		JOAQUÍN MARCO       
		( España, 1935 )
11.

Cuando te pienso

Cuando te pienso
tan 
		lejos,
se amontonan, revueltas, 
		
las nubes en mis ojos.

Dejo el llanto y te recuerdo

		bebiendo en mis manos
como un pájaro sediento.

		
Y a pesar del dolor
y aunque no me queda
nada más que esta 
		tristeza,

		
me pregunto
qué podría ofrecerle a la vida
a cambio de tu 
		vuelta.


		CLARA DÍAZ PASCUAL       
		( España )
12.

Definiciones

Te propongo, con ánimo docente,
Varias definiciones de tu cuerpo.

		
La viajera: “Es un traje de turismo,
entre los muchos que ha de 
		usar tu ser
cumpliendo su moción helicoidal”.

		
La tenebrosa: “Es el cajón de muerte
o el ataúd grosero en que tu 
		alma 
		
yace y espera su liberación”.

La hotelera: “Tu cuerpo es una 
		casa
que has de habitar un día y una noche”.

		
La fabril: “Es un útil de trabajo, 
una herramienta noble 
		(martillo, escoplo, arado)
con que realiza el alma sus oficios 
		terrestres”.

		
Sea un útil o un traje, sea chalet o féretro,
cuidarás ese poco 
		de tierra necesaria.
Ni adores a tu cuerpo ni le des latigazos:
es 
		un buey de ojos tristes, pero muy obediente
si no lo abruma el yugo, 
		ni le sobra la alfalfa.

		
LEOPOLDO MARECHAL     ( Argentina, 1900 - 1970 )
13.

Despedida

"...es tan corto el amor
                             
		y es tan largo el olvido... "
                                                      
		Pablo Neruda

Te fuiste.
Como se va la primavera.
Como 
		se van todas las cosas.
Como se pierden en el mar las velas.
Y yo 
		me quedé solo,
con las uñas clavadas en la arena,
viendo como se 
		alejan las mareas.

		
Te fuiste.
Ni tu nombre recuerdo,
ni el color de tus ojos.

		Sólo que por las tardes leíamos a Neruda;
aún me llega el timbre de 
		tu voz profunda,
y el alarido de tu dicha, suelto,
huyendo a 
		medianoche por la playa.

		
Te fuiste.
Irremediablemente huiste de mi vida.
Fue el océano 
		tu cómplice fortuito:
zarpaste al borde de un balandro cualquiera

		una tarde cualquiera.
Yo me quedé sobre la playa dilatada,

		salpicado de ocaso, solitario en la arena.
Te fuiste.
Nos habíamos 
		amado con la furia de los 25 años.
Todo fue cerca al mar:
besos de 
		sal y yodo,
mordiscos de medusa enloquecida,
saltos de delfines en 
		celo,
abrazos hasta brotar la sangre marinera.

		
Te fuiste.
Como se fueron también la rada familiar,
las velas 
		madrugadoras de los camaroneros,
el lecho duro de nuestros combates 
		clandestinos.
Hasta el mar cambió de rostro y de fragancia;
la 
		codicia del hombre corrompió las aguas.
El aire mismo se llenó de 
		venenos y de miasmas.

		
Te fuiste.
Como se van todas las cosas.
Y yo me quedé solo,

		con las uñas clavadas en la arena,
viendo como se alejaban las 
		mareas.


		LUIS ZALAMEA BORDA      
		( Colombia, 1921 )
14.

Después de la despedida

El momento llegó de la partida.
Es hora ya de que el viajero ande.

		Lloras y eres más bella entristecida:
yo estoy triste también, y amo 
		mi herida
pues sé que es el dolor lo único grande
que hay en medio 
		del barro de la vida.


		Estamos juntos, sin 
		decirnos nada.
Tu amor perfuma, mi pasión florece;
tiembla el 
		llanto encendido en tu mirada,
pálida sombra en tus ojeras viste.

		Lloras; y en tanto que el silencio crece,
yo me pongo a mirar cómo 
		anochece
en tu mirada luminosa y triste...!


		La calle, el libro, el 
		oro del poniente
te hablarán al oído del ausente.
Oye: fija los 
		ojos en la altura;
y mientras yo por el erial me pierdo,
sé buena, 
		humilde y pura,
y calienta el jardín de tu ternura
con el rayo del 
		sol de mi recuerdo!


		* * *


		Así te dije. Al fin 
		llegóse el día
de marchar. La mañana estaba fría,
trivial e 
		indiferente.
Las campanas sonaban.
Era el día de Ceniza. 
		Lentamente
iban los transeúntes, y llevaban
la cruz de plomo en lo 
		alto de la frente.
Nosotros con el rito no cumplimos
pues la 
		ceniza en nuestro ser ya estaba.


		Casi serenos, la 
		piqueta oímos
que hora por hora en le olvido excava:
¿Qué importa 
		una existencia que es mentira?
se agranda el sol cuando la tarde 
		expira...
¡como el amor cuando el placer se acaba!


		Juntas las manos en 
		estrecho nudo,
te di el último beso, largo y mudo,
que fue como un 
		sarcasmo de la suerte:
pues él me pareció, ya enlutecido
por la 
		ausencia, a la hora de perderte,
¡un banquete de púrpura servido

		en la misma antesala de la muerte!


		Maldije, como farsa y 
		como escoria,
nombre y esfuerzo, juventud y gloria,
nulos ante 
		este idilio hecho pedazos...
Y dándote el adiós de despedida,

		crucifiqué los sueños de mi vida
sobre la cruz de mármol de tus 
		brazos.


		AURELIO MARTÍNEZ MUTIS   
		( Colombia, 1885 - 1954 )
15.

Digo tu nombre abierto para el mío...

Digo tu nombre abierto para el mío,
me ciño con tu nombre, 
		penetro por tu nombre,
me reposo en tu nombre, lo repito
en mi 
		vocabulario de quererte,
y repetir tu nombre,
modelarlo con voz de 
		amorosa costumbre,
es recoger palabras de sonrisa,
es recibir 
		palabras de colores,
es aceptar palabras de flor nueva,
de 
		complacencia,
y prosigo en tu nombre
en donde todo es bueno y es 
		de amor,
en donde abro ventanas de buen tiempo
y de noches 
		desnudas para vivir en ti.
Tu nombre es de piel tibia y pensamiento 
		claro.
Yo persisto en tu nombre. Soy tu nombre.


		ENRIQUE BADOSA         
		( España, 1927 )
16.

El baño

Hoy he vuelto del baño
con las carnes tostadas por el aire y el sol;

		con los cabellos polvoreados de arena.
A mis oídos traigo pegado un 
		caracol
donde la mar resuena
con su perenne arrastre de zumbidos.

		Traigo toda la mar en los oídos...

		
Al salir a la playa,
obstinada la mar me perseguía
con el 
		blanco mordisco de su espuma.
De su seno emergía
desnudándome de 
		agua y arrastrando
detrás de mí jirones de la fría
túnica de sus 
		ondas. Cuando
un nuevo paso hacia la orilla daba,
parecía que tras 
		de mí tiraba
de todo el mar que me siguió bramando.

		
Se desprendía de mis carnes, roto
en gotas que bañaban las arenas

		y evaporaba el sol con el castigo
de sus irradiaciones,

		inyecciones de vértigo en mis venas ;
pero el hecho es que el mar 
		salió conmigo
y aquí lo traigo en las palpitaciones
de mis carnes 
		morenas.

		
Siento en mis labios el sabor salobre
de sus besos, y sobre
mi 
		piel velluda el enconado diente
del sol; y además siento
rozar la 
		tibia comba de mi frente
el aletazo rítmico del viento.

		
El mar me ha perseguido con su aliento.
Lo siento a mis cabellos 
		adherido;
de todo el mar se penetró mi vida;
por mi epidermis su 
		contacto pasa,
y siento a ese contacto renacida
mi fuerza 
		espiritual, como una brasa.
Su clamor, su clamor muerde mi oído...

		Es que el mar me ha seguido
como un perro fantástico hasta casa.


		EMILIO FRUGONI           
		( Uruguay, 1881- 19??)
17.

El retorno inefable

Yo te pensé olvidada 
		para siempre, o ya muerta;
sin vida en el recuerdo de mi existencia 
		incierta,
sin ningún débil lazo que me ligara a ti,
y hoy veo que, 
		más fuerte que nunca, estás en mí.


		¿Qué asociaciones 
		psíquicas, qué vaga sugerencia
hacen que en esta tarde vuelvas a mi 
		existencia?


		Me acuerdo como antes 
		te amara, en el pasado,
allá abajo los árboles del campo perfumado;

		ebrios de luz, de oro y ensueños, cual de un vino,
cruzábamos el 
		bello paisaje campesino;
tú alegre y sonriente, soñando tus anhelos

		de amor bajo la clara belleza de los cielos.


		Morían los crepúsculos 
		en las tardes tranquilas
con un deslumbramiento genial en tus 
		pupilas,
y el ansia de un deseo clamaba en tu mirar
hondo, como el 
		supremo misterio de la mar...


		¡Cómo te he recordado, 
		después, solo en la vida!
Aunque ya sin aquella fuerza desconocida

		de la emoción pasada... poco a poco, lejana,
te vi perderte a modo de 
		estrella en la mañana.
Fulgor sólo de un astro que se oculta en la 
		sombra,
palabra azul que luego ya el labio nunca nombra.


		¿Por qué en mi vida 
		-estancia muda y abandonada-
enciendes hoy de nuevo la lámpara 
		apagada...?


		Estaba hoy solo y mudo, 
		solo frente al destino.
Los cielos eran diáfanos, límpido mi camino.

		Nada turbaba la honda serenidad del alma;
ni inquietud ni deseo 
		alteraban la calma
total de mis arterias; la paz fluía en las cosas

		vitales; en sutiles corrientes misteriosas,
en fluídicas ondas de luz 
		y de armonía
el alma de los mundos a los seres se unía...


		¿Qué vibración del éter 
		unió nuestra existencia
de pronto, en luminosa, mutua 
		correspondencia?
¿Qué esencia de las cosas, qué ley desconocida?


		La paz era en mi 
		espíritu y era en mi corazón.
Pero vibraste al ritmo de lo eterno en 
		mi vida...
¡Y he temblado en la tarde con humana emoción!


		REGINO PEDROSO   
		( Cuba, 1896 - 1983 )
18.

El sueño

He recorrido espacios contigo
y ahuecado la mano
paloma y nido 
		a la vez
para otra mano.


		Y sobre tu hombro

		como lo hace la luna sobre la ladera
lentamente he rodado mi cabeza.


		Hemos ido caminos de 
		cristal
hacia dentro del cielo

		
del alma.


		A veces tu voz me roza

		con la ternura de un ave sobre mi mejilla.
Otras , me aprieta el 
		vuelo
Cuando esto sucede
le cierro los ojos a la tarde
y 
		prefiero abrir mi mediodía
dentro del sueño.


		ANA MARÍA FRESCO      
		( Uruguay )
19.

Elegía

Cuando dos que se han 
		amado se separan 
		
-para siempre- 
algo se quiebra en el orden interno 
de la 
		noche. 
		
Una mano llama al guante ya perdido 
y un hálito 
se posa 
		tibiamente en la heredad 
		
del árbol. 
Cuando dos se dicen adiós ante el espejo 
-sin 
		tocarse- 
		
apoyando los dedos en las sombras 
la forma detiene el tiempo, 
		
y en el agua 
la luz adquiere imagen de ventana. 
Puede ser 
		que esa luz 
		
en forma deslumbrante se haga ancha 
como el mundo 
y un 
		pájaro multicolor caiga desplomado, 
		
herido por la sed 
que media en el instante 
de esos dos que 
		alguna vez se amaron para siempre. 
		
Cuando dos que se aman todavía 
-se separan- 
algo los cubre 
		suavemente 
		
y un lenguaje tácito se nace 
en el sitio en que esos dos dejaron 
		
la recíproca tortura de olvidarse. 
Algo envejece para siempre 
		sobre el aire. 
		
Posiblemente se suicide un ángel de tristeza 
al mirar cuando 
		esos dos desaparecen 
		
-separados por pasos y por besos- 
inventando historias y 
		cantando, 
		
mojados y oscuros de una lluvia 
que refleja el rumor de sus 
		palabras. 
		
Cuando dos que se amaron se separan, 
el verano sube sobre las 
		alas de la noche 
		
y una hoja, sobre el azul del cielo, 
abre los ojos y oculta su 
		estupor 
		
con un conjuro. 
Cuando dos que se aman se separan 
-sin 
		rencores o espadas- 
		
un fantasma encantado cobra vida 
y se inclina a recoger 
a 
		esos dos labios, 
		
desnudos para siempre de lenguajes. 


		ALFONSO CHASE       
		( Costa Rica, 1944 )
20.

En Colonia

En 
		la vieja Colonia, en el oscuro
     rincón de una 
		taberna,
tres estudiantes de Alemania un día
     
		bebíamos cerveza.
Cerca, el Rhin murmuraba entre la bruma,
     
		evocando leyendas,
y sobre el muerto campo y en las almas
     
		flotaba la tristeza.
Hablamos del amor, y Frank, el triste,
     
		el soñador poeta,
de versos enfermizos cual las hadas
     
		de sus vagos poemas:
"Yo brindo -dijo- por la amada mía,
     
		la que vive en las nieblas,
en los viejos castillos y en las sombras
     
		de las mudas iglesias;
por mi pálida Musa de ojos castos
     
		y rubia cabellera,
que cuando entro de noche en mi buhardilla
     
		en la frente me besa."
Y Kari, el de las rimas aceradas,
     
		el de la lira enérgica,
cantor del Sol, de los azules cielos
     
		y de las hondas selvas;
el poeta del pueblo, el que ha narrado
     
		sus campestres faenas,
el de los versos que en las almas vibran
     
		cual músicas guerreras:
"Yo brindo -dijo- por la Musa mía,
     
		la hermosa lorenesa
de ojos ardientes, de encendidos labios
     
		y riza cabellera;
por la mujer de besos ardorosos,
     
		que espera ya mi vuelta
en los verdes viñedos donde arrastra
     
		sus aguas el Mosela."
"Brinda tú" -me dijeron. Yo callaba,
     
		de codos en la mesa,
y ocultando una lágrima, alcé el vaso
     
		y dije con voz trémula:
"Brindo por el amor que nunca acaba!",
     
		y apuré la cerveza;
y entre risas y gritos, exclamamos:
     
		"¡Por la pasión eterna!",
y seguimos risueños, charladores,
     
		en nuestra alegre fiesta. ..
y allí mi corazón se me moría,
     
		se moría de frío y de tristeza.


		ISMAEL ENRIQUE 
		ARCINIEGAS      ( Colombia, 1865 - 1938 )
21.

Epitafio a la rosa

Rompo una rosa y no te 
		encuentro.
Al viento, así, columnas deshojadas,
palacio de la rosa 
		en ruinas.
Ahora -rosa imposible- empiezas:
por agujas de aire 
		entretejida
al mar de la delicia intacta,
donde todas las rosas

		-antes que rosa-
belleza son sin cárcel de belleza.


		MARIANO BRULL     
		( Cuba, 1891 - 1956 )
22.

Espiga taciturna, leve sombra

Espiga taciturna, leve 
		sombra,
pequeña alondra ciega,
te miraste en las aguas del que 
		amabas
y sólo pudiste ver, flotando en ellas
-entre ínsulas de 
		musgo y lentas ramas-
el pálido cadáver de tu rosa.


		LIL PICADO       
		(Costa Rica )
23.

Esta mujer que amo... y no me ama...

Esta mujer que amo... y 
		no me ama,
por amar a quien nunca la ha querido,
este humo que 
		tanto he perseguido
y que escapa de mí cual de la llama.


		Esta agua de azucena 
		que derrama
en la sed que por ella nunca ha ardido,
ni arderá 
		alguna vez, y no ha podido
derramar en la boca que se inflama.


		Esta mujer que me 
		persigue huyendo
y en vano el horizonte persiguiendo;
este cielo 
		distante de mi senda,


		este juego de amor, que 
		no comprendo,
esta mujer a quien la vida ofrendo
y que acaso no 
		valga ni la ofrenda...


		DOMINGO ALFONSO    
		( Cuba, 1935 )
24.

Estoy condenada...

Estoy condenada
a 
		amar a un ojo gris
a punto de quemarme
quemarme la lengua
con 
		la saliva bendita por tus dedos
que hechizan mi espacio
cada vez 
		que humedeces el goce 
		


		Es imposible no 
		sepultarme
en esta angustia
de no verte pegado a mi almohada

		Visto de negro
porque me siento poseída
por tu sombra
alrededor 
		de mi sexo 
		


		Tu sexo haciendo 
		circuito
con este tejido difuso
donde he aprendido
a susurrar 
		acertijos
que son tu nombre
de grillo húmedo 
		


		Soy la esclava perfecta

		perfecto
este instante 
		


		No se parece a ti
ni 
		el mar más salado
ése que me hunde en el lunar
negrísimo de tu 
		pecho 
		


		Te muerdo los labios

		perro blanco
amor mío
no llegas a ser mío
para ser mío
hay 
		que alborotar
la danza nocturna de mis sábanas
poner de cabeza

		mi colegio
encontrarte hasta en la sopa
sopa remojada por la gente 
		que nos mira
mira lo que pienso para atraparte


		ALEYDA QUEVEDO ROJAS        
		( Ecuador, 1972 )
25.

Fruto del sueño

A paloma de nieve 
		condenado
a flor de llama al viento sometido,
a lluvia desgajada 
		estatuido
fruto del sueño, ciervo degollado;


		te meces en el aire, 
		vulnerado
fantasma de los ojos desprendido,
carbón en cuyo rostro 
		se ha encendido
lo que la muerte tiene anticipado.


		Vienes con pasos 
		turbios de cautela,
en las frondas del sordo duermevela,
como las 
		huellas del asesinado


		amor que ayer nos 
		entregó la suerte
un minuto no más y que hoy se vierte
sobre el 
		fulgor del pecho derramado.


		ARTURO CAMACHO RAMÍREZ      
		( Colombia, 1910 - 1982 )
26.

Habana

"Tú me recuerdas el prado de los soñadores,
                         
		el muro que nos separa del mar si es de noche..."
                                                                                            
		Silvio Rodríguez


		Ya me dormí 
en tu 
		perfume, 
		
en la espuma 
de tu pecho líquido. 
  
He soñado 

		en el sonido 
		
de tu fosa de misterios, 
en la antología de tus lágrimas, 

		las mías... 
		
  
Ya he dormido en tu figura 
en tu escoria 
en tu 
		regazo derritiéndose 
		
con mis voces de monasterio. 
  
Ya te soñé conmigo, en 
		mi cama, 
		
con toda La Habana que te suda.


		XAVIER OQUENDO        
		( Ecuador, 1972 )
27.

He entendido por fin...

He entendido por fin

		que escribir es amar
sin amor que te bese.
Comprendo que la luz 
		
solamente se enciende 
cuando se va apagando.
He entendido que 
		el sueño
es la vida
como el misterio al rito.
Y, por eso, he 
		aceptado 
		
que no hay que buscar temas
para hablar
sino dejar que hablen 
		
nuestras sombras.

ANTONIO HERNÁNDEZ        
		( España )
28.

La

lluvia no dice nada


		Mientras muere el día,
llueve.
Es un agonía
breve.
La ciudad 
		se queda abrumada
con la tristeza de la hora.
La lluvia no dice 
		nada,
y llora.

		
Ciérranse puertas y vidrieras,
huye la gente
como de un mal, 
		por las aceras;
y un hombre mira, indiferente.

		
La lluvia parece cansada
cual un rosal que se desflora;
no 
		dice nada, nada, nada,
y llora...

		
Viene mandada por el río,
soltando besos de frescura,
deshace 
		en gotas el envío,
para que alcance su ternura.
Pero al sentirse 
		rechazada,
se vuelve un poco más sonora:
Va a hablar... y, al fin, 
		no dice nada,
y llora...

		
La lluvia tiene algo de loca:
gime un recuerdo de canción;

		todo la irrita, en todo choca
su vagorosa obstinación.
Ve la 
		ciudad atormentada,
y la campiña verde añora;
no dice nada,
y 
		llora...

		
¿Mira en el pueblo tanta pena,
que no hace más que lagrimear?

		¿O forma un lienzo de tan buena,
porque nos quiere consolar?
¿Es 
		que se sabe desdeñada,
y que su inútil fin deplora?
No dice nada, 
		nada, nada,
y llora...

		
Sobre el muerto día,
llueve
una melodía
leve.
La ciudad 
		se queda encantada
bajo una luz que se evapora...
La lluvia no 
		dice nada,
y llora...


		PEDRO MIGUEL OBLIGADO   
		( Argentina, 1892 - 1967 )
29.

RAFAEL LASSO DE LA VEGA ( España, 1890 - 1959 )

La noche azul


		¡La noche azul 
		intensamente dice
llanto a mi corazón, paz a mi alma!
Los luceros 
		tranquilos parpadean;
vierte su luz la luna solitaria.

		
En el balcón abierto ronda el aire
y se desliza hasta la oscura 
		estancia.
Y es un prodigio de constelaciones
el cielo azul entre 
		la risa clara
que esparce de su seno la alba luna...
La brisa 
		viene fresca y perfumada.

		
-No sé qué pasa en mí... La noche tiene
para mi corazón todas las 
		lágrimas...
¡Y yo siento un vacío sobre el pecho
y una paz 
		infinita sobre el alma!

		
Íntimamente se han abierto todas
mis amarguras y mis esperanzas,

		como las flores que a la brisa pura
esparcen bajo el cielo su 
		fragancia.


		RAFAEL LASSO DE LA VEGA    
		( España, 1890 - 1959 )
30.

La rosa

Esta rosa en el cielo, 
		inmóvil, pura;
y este aire, que la cerca, y la convida:
y ella, en 
		su propio sueño suspendida,
serena, en su voluble arquitectura.


		Es casi de cristal, en 
		la segura
presencia de su línea estremecida:
tan perfecta, en el 
		tono, y la medida,
exactos, de su tedio y su hermosura.


		El aire pasa, y ella, 
		sola, queda,
embriagada en su tácito perfume,
oculta entre su 
		tálamo de seda.
Y en la alta noche su virtud resume
trémula gota 
		que, en la sombra rueda,
y en estéril silencio se consume!

		
JOSÉ UMAÑA BERNAL        ( 
		Colombia, 1899 - 1982 )
31.

CARLOS MARTÍN Colombia, 1914

La voz sobre el olvido


		Soy la oscura mitad de 
		tu existencia.
Fruto de llanto abierto en la penumbra,
alondra 
		vegetal que se acostumbra
a la rama con sangre de tu ausencia.


		Sombra de una memoria 
		sin presencia
bajo la noche que tu llanto alumbra,
abierto corazón 
		que no vislumbra
su cielo derrumbado a tu sentencia.


		Colmena de ceniza, 
		dispersado
palomar de la nostalgia, voz tardía
de nocturno rumor, 
		atribulado


		fuego de soledad y de 
		agonía
donde la muerte con su musgo helado
cubre la rama de la 
		ausencia fría.


		CARLOS MARTÍN    
		Colombia, 1914
32.

La vuelta al bosque

Después de la muerte de mi esposo

		
«Vuelves por fin, ¡oh dulce desterrada!,
Con tu lira y tus 
		sueños,
Y la fuente plateada
Con bullicioso júbilo te nombra,
y 
		te besan los céfiros risueños
Bajo mi undoso pabellón de sombra».

		Así, al verme, dulcísimo gemía
El bosque de mis dichas confidente;

		¡Oh bosque! ¡oh bosque!, sollocé sombría,
Mira esta mustia frente,

		Y el triste acento dolorido sella,
Siglos de llanto ardiente
y 
		oscuridad de muerte traigo en ella.
Mira esta mano pura 
		
¡Ay! que ayer ostentó, resplandeciendo,
El cáliz del amor y la 
		ventura,
Hoy viene sobre el seno comprimiendo
Una herida mortal... 
		¡Bosque querido!
¡Tétricas hojas! ¡lago solitario!
¡Estrella que 
		en el cielo oscurecido
Rutilas como un cirio funerario!
¡Lúgubres 
		brisas y desierta alfombra!
Alzad eterno y funeral gemido,
Que el 
		mirto de mi amor estremecido
Cerró su flor y se cubrió de sombra!

		Sobre la frente pálida y querida
Que el genio coronaba esplendoroso,

		y la virtud con su inefable calma,
Sobre la frente ¡oh Dios! del 
		dulce esposo,
Y la virtud con su inefable calma,
Sobre la frente 
		¡oh Dios! del dulce esposo,
Ídolo de mi alma,
Y altar de humanidad 
		y de dulzura,
Alzó la muerte oscura
La pavorosa noche de sus alas;

		Y cual la tierna alondra que en su vuelo, 
		
Atraviesan las balas 
Y expirante y herida
Baja, bañada cn 
		sangrc desde el cielo,
		
Y queda yerta y rígida en el suelo 
Con el ala extendida, 
Así 
		mi corazón de espanto frío
Quedó al golpe ¡Dios mío!
Que mi vida 
		cubrió de eterno duelo.
Cuando volvió a la luz el alma inerte,
La 
		tierra, la montaña, el mar, el cielo,
No eran más que el sudario de 
		la muerte.
¡Oh bosque! ¡oh caro bosque! todavía
De este dolor la 
		tempestad sombría
Ruge en mi corazón estremecido,
y gira el 
		pensamiento desolado
Como un astro eclipsado
Entre tinieblas 
		lóbregas perdido.
Y aquí estoy otra vez... ¡oh qué tristeza
Me 
		rompe cl corazón...! Sola y errante
vago cn tu melancólica maleza,

		Por todas partes con dolor tendiendo
El mirar vacilante;
Ya me 
		detengo trémula, sintiendo
El próximo rumor de un paso amante;
Ora 
		hago palpitante
Ademán de silencio a bosque y prado,
Para escuchar 
		temblando y sin aliento,
Un eco conocido que ha pasado
En las alas 
		del viento;
Ora ¡oh Dios! de la luna entristecida
A los rayos 
		tranquilos,
Miro cruzar su idolatrada sombra
Por detrás de los 
		tilos:
Y la llamo y la busco estremecida
Entre el ramaje umbrío,

		En el terso cristal de la laguna,
Bajo las ramas del abeto escaso,

		Mas en parte alguna
Hallo señal ni huella de su paso.
¡Triste y 
		gimiente río
Que los pies de estos árboles plateas!
¿Por qué no 
		retuviste
y en tus urnas de hielo no esculpiste
Su fugitiva 
		imagen? ¡Aura triste
Que entre las hojas tu querella exhalas!
¿Por 
		qué no aprisionastes en tus alas
El eco tanto tiempo no escuchado

		De su adorada voz? ¡Oh bosque amado!
¡Oh gemebundo bosque! ya no 
		pidas
Sonrisas a estos labios sin colores
Que con dolor agito:

		Pues no pueden nacer hojas y flores
Sobre un tallo marchito.
Que 
		ya en el mundo, mis inciertos ojos
Sólo ven un sepulcro que engalana

		Flor macilenta con cerrado broche,
y allí me encuentran pálida y de 
		hinojos
Las lágrimas de luz de la mañana
y los insomnes astros de 
		la noche.
Otras veces aquí ¡cuán diferente
Vagué en su cariñosa 
		compañía!
El arroyo luciente
Como un velo de luz se estremecía

		Sobre la yerba humedecida y grata,
Allá el movible mar desenvolvía

		Encajes brillantísimos de plata,
y tembladoras, pálidas y bellas

		En el éter azul asemejaban
Abiertos lirios de oro las estrellas.

		Él con mi mano entre su mano pura
Bajo flores que alegres sonreían,

		Me hablaba de sus sueños de ternura;
Mientras con movimiento dulce y 
		blando,
Las copas de los álamos gemían
Nuestras unidas frentes 
		sombreando.
¡Oh vida de mi vida! ¡oh caro esposo!
¡Amante, tierno, 
		incomparable amigo!
¿Dónde, dónde está el mundo
De luz y amor que 
		respiré contigo?
¿Dónde están ¡ay! aquellas
Noches de encanto y de 
		placer profundo
En que estudié contigo las estrellas,
O escuchamos 
		los trinos
De las tórtolas bellas
Que cerraban las alas en los 
		pinos?
¿Y nuestras dulces confidencias puras
En estas rocas áridas 
		sentados?
¿Dónde están nuestras íntimas lecturas
Sobre la misma 
		página inclinados?
¿Nuestra plática tierna
Al eco triste de la mar 
		en calma?
¿Y dónde la dulcísima y eterna
Comunión de tu alma y de 
		mi alma?
¡Lágrima de dolor abrasadora
Que corres por mi pálida 
		mejilla!
Ya no hay flores ni aromas en el suelo,
Ya el ruiseñor no 
		llora,
Ya la luna no brilla,
Y en la desierta lividez del cielo

		Se borraron los astros y la aurora.
Que ya todo pasó, pasó ¡Dios mío!

		Para jamás volver; ¿adónde ¡oh cielo!
A dónde iré sin él, por el 
		vacío
De esta noche sin fin? ¡Fúnebre bosque!
Hoy todo es muerte 
		para mí en la tierra,
En la llanura con inmenso duelo
Se elevan 
		los cipreses desolados
Como espectros umbríos,
Las brumas en la 
		frente de la sierra
Crespones son que pasan enlutados,
Van en las 
		nubes féretros sombríos,
El mar gimiendo azota la ribera,
Con 
		sollozo de muerte el viento zumba,
Y es, ante mí, la creación entera

		La gigantesca sobra de una tumba.


		LUISA PÉREZ DE ZAMBRANA   
		( Cuba, 1835? - 1922 )
33.

La vuelta del amor

Sentí que 
		se desgajaba
tu corazón lentamente
como la rama que al peso
de 
		la nevada se vence;
sentí en tu mano un desfile
de golondrinas que 
		vuelven,
y vi llenando tus ojos
aquella locura alegre
de los 
		pájaros que cumplen
su fiesta sobre la nieve. 
		


		LUIS 
		ROSALES  ( España, 1910 - 1992 )
34.

Lágrimas frescas

En recuerdo de Victoria,
                               
		mi compañera desaparecida... 
		

Rosa que el fuego de mi amor consume,
ave que llora con 
		mi propio llanto;
fugóse el ave y me dejó su canto,
murió la rosa 
		y me dejó el perfume.

		
Y es que ese aroma y esa melodía
que me hicieron alegre y sano y 
		fuerte
serán incienso y fúnebre armonía.

		
Así, a fuerza de amante sin fortuna
que intenta huir a su destino 
		adverso,
voy a forjar un amoroso verso
a la memoria de Rosario 
		Luna,

		
aquella que me dio todo lo suyo,
aquella a quien le di todo lo 
		mío,
la que tuvo calor para mi frío,
la que no supo hablar si no 
		en arrullo,

		
la que para aliviar en su partida
mi carga de dolor y 
		desconsuelo,
a cambio de mis noches de desvelo
me mostraba su faz 
		agradecida.

		
Cuando vencido por la desventura
palpé el horror de mi existencia 
		vana,
tendiome al punto, como buena hermana,
el mullido plumón de 
		su ternura.

		
Si en cada poro me clavaba espinas
el dolor en que estoy 
		crucificado,
ella sobre mi cuerpo lacerado
hizo lo que a Jesús las 
		golondrinas.

		
Al reposar de la habitual lectura
que nuestro pensamiento 
		fatigaba,
mi corazón sumiso se extasiaba
en la piedad de su mirada 
		oscura.

		
Corría el tiempo desapercibido
sin que nuestro silencio se 
		turbara,
lo mismo que una mano que pasara
por sobre el lomo de un 
		lebrel dormido.

		
A veces, al relato de algún cuento,
mientras alzaba por temor el 
		hombro,
parpadeaban sus ojos en asombro
como dos mariposas contra 
		el viento.

		
Y si el amor que urdió la fantasía
tras el punto final quedaba 
		ileso,
me pagaba el relato con un beso
por compartir conmigo su 
		alegría.


		JULIÁN MARCHENA       
		( Costa Rica,  1941 )
35.

Me

da miedo quererte. Es mi amor tan violento...

Me da miedo 
		quererte. Es mi amor tan violento
que yo mismo me asusto de mi modo 
		de amar;
de tal forma me espanto mi propio pensamiento
que hay 
		noches que no quiero dormir por soñar.

		
No sé lo que me pasa. Pero hay veces que siento
unos 
		irresistibles deseos de matar:
respiro olor a sangre y luego me 
		arrepiento
y me entran unas ganas muy grandes de llorar.

		
¡Oh, si en estos momentos pudiera contemplarte
dormida entre mis 
		brazos!..., si pudiera besarte
como nunca hombre alguno a una mujer 
		besó...

		
después rodear tu cuello con un cordón de seda
y apretar bien el 
		nudo, ¡para que nadie pueda
poner los labios donde feliz los puse yo!


		PEDRO MATTA        
		( España, 1875 - 1946 )
36.

Mi poema de abril

Picoteando la cáscara
   de algún viejo recuerdo
con la 
		lluvia de Abril
   nacerá mi poema
le pondré mis colores
   
		los más puros y claros,
una música tenue
   y un perfume 
		de nardos.

		
Como una luciérnaga
   brillará titilando
subirá por 
		los aires
   escapando de mi alma
se estirarán mis manos
   
		sin poder alcanzarlo,
se quedarán mis labios
   como 
		siempre rogando:

		
Que una estrella lo guíe
   que lo acerque a tu lado,

		pues si tú lo encontraras,
   y llegas a escucharlo
mi 
		poema de Abril
   quizá viva... hasta Mayo.


		RAMÓN DE 
		ALMAGRO      ( Argentina )
37.

RAÚL FERRER ( Cuba, 1915 - 1993 )

Minuto del beso


		Con el 
		tiempo de amarte tan escaso
el tiempo de esperarte me devora,
si 
		estoy amenazado por la aurora
mientras ardo en las llamas del ocaso.


		Mira, 
		tiemblan las rosas en el vaso
y un gallo en el reloj gasta la hora,

		para quererte no me sobra ahora
ni un suspiro, ni un átomo, ni un 
		paso.


		Hay un 
		amor que no se sabe dónde
el minuto del beso nos esconde
cuando su 
		sed a liquidarnos entra.


		Y hay un  
		tiempo del hombre  que se gasta
que aunque un segundo de ese 
		amor le basta,
se cansa de buscarlo y no lo encuentra!


		RAÚL 
		FERRER     ( Cuba, 1915 - 1993 )
38.

Mírala por ahí viene

Mírala por ahí viene

		la primavera nos llama,
salió del naciente sol,
descalza, sin 
		esperarla!


		Su cuerpo, delgado 
		junco,
su pecho, verde manzana,
blanca luna son sus ojos,
su 
		tierra, luz alfombrada.


		¡Ay, de sus labios, 
		colores,
inundan rojo escarlata,
en su sangre de amapolas,
se 
		abraza naciendo el alba!


		Aún despierto, y en mis 
		sueños,
no me canso de mirarla,
sus aguas son de arco iris,
sus 
		olas, roja granada.


		¡Primavera, ven 
		conmigo,
quédate, nunca te vayas!
los dos soñaremos juntos,

		deja que tarde el mañana!


		EULOGIO DÍAZ GARCÍA       
		( España, 1935 )
39.

Mis amores

(Soneto Pompadour)

		
Amo el bronce, el cristal, las porcelanas,
las vidrieras de 
		múltiples colores,
los tapices pintados de oro y flores
y las 
		brillantes lunas venecianas.

		
Amo también las bellas castellanas,
la canción de los viejos 
		trovadores,
los árabes corceles voladores,
las flébiles baladas 
		alemanas,

		
el rico piano de marfil sonoro,
el sonido del cuerno en la 
		espesura,
del pebetero la fragante esencia

		
y el lecho de marfil, sándalo y oro,
en que deja la virgen 
		hermosura
la ensangrentada flor de la inocencia.


		JULIÁN DEL CASAL         
		( Cuba, 1863 - 1893 )
40.

Muchas veces también...

Muchas veces también,
por no decir que casi todas,
el amor se 
		halla en las cosas más simples,

		
un botón desabrochado, un pañuelo
con indicios de alguien, la 
		adivinanza
de una frase incompleta, o decir dos lo mismo
cuando no 
		sabíamos qué decir, o un punto de sal
en la piel, o una raya
de 
		plomo en una pierna. Todo aquello
que no esperábamos del amor, y que 
		viene de él.

		
Entonces,
alargamos las manos, palpamos el objeto
deseado, nos 
		lo quedamos, y no queremos
otro reino.

		
MÁRIUS SAMPERE     ( España )
41.

Mujeres

Yo tenía sueños que las mujeres
                             
		desparramaban con sus caricias
                                  
		para poseerme en su sombra...
                                                                        
		Paul Éluard 


		Yo aprendí 
		la embriaguez del beso impuro.
La emoción de las citas
breves y 
		tempestuosas
                                   
		procuraba.
Las mujeres sin fechas perdurables,
sus pasos 
		inexactos,
sus vestidos,
eran los visitantes de mis noches,
la 
		compañía de mis soledades.
Por eso
nuestro encuentro fue el 
		retorno
sencillo
hacia el comienzo,
al sendero de música y 
		latidos
donde nos aguardaba
la propia claridad inadvertida,
la 
		simple unión que forman dos mitades.
Por eso he comprendido

		-comprendemos- ahora
la razón de la existencia.
Por eso
desde 
		entonces -desde ahora-
amándonos queremos a los que aman
la vida 
		cotidiana y sus quehaceres.
Por eso, compañera,
los corazones con 
		que amanecemos
salen a trabajar por la alegría
del mundo,

		unidos,
como dos obreros. 
		


		ADOLFO 
		MENÉNDEZ ALBERDI    ( Cuba, 1906 - 1985 )
42.

No acabarán mis flores

No acabarán mis flores,
No cesarán mis cantos.
Yo cantor los 
		elevo,
Se reparten, se esparcen.
Aun cuando las flores
Se 
		marchitan y amarillecen,
Serán llevadas allá,
Al interior de la 
		casa
Del ave de plumas de oro.

		
Nezahualcóyotl     ( México, 1402 - 1472 )
43.

Nocturno de Vermont

Me han 
		contado también que allá las noches
tienen ojos azules
y lavan sus 
		cabellos en ginebra. 
		


		¿Es cierto 
		que allá en Vermont, cuando sueñas,
el silencio es un viento de jazz 
		sobre la hierba? 
		


		¿Y es 
		cierto que allá en Vermont los geranios
inclinan al crepúsculo,
y 
		en tu voz, a la hora de mi nombre,
en tu voz, las tristezas? 
		


		O tal vez, 
		desde Vermont enjoyado de otoño,
besada tarde a tarde por un idioma 
		pálido
sumerges en olvido la cabeza.
Porque en barcos de nieve, 
		diariamente,
tus cartas
no me llegan.
Y como el prisionero que 
		sostiene
con su frente lejana
las estrellas:
chamuscadas las 
		manos, diariamente
te busco entre la niebla. 
		


		Ni el 
		galope del mar; atrás quedaron
inmóviles sus cascos de diamante en la 
		arena. 


		Pero un 
		viento más bello
amanece en mi cuarto,
un viento más cargado de 
		naufragios que el mar. 
		


		(Qué luna 
		inalcanzable
desmadejan tus manos
en tanto el tiempo temporal 
		golpeando
como una puerta de silencio suena.) 
		


		Desde el 
		viento te escribo.
Y es cual si navegaran mis palabras
en los 
		frascos de nácar que los sobrevivientes
encargan al vaivén de las 
		sirenas. 
		


		A lo lejos 
		escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera.
(un 
		silencio de jazz sobre la hierba.) 
		


		Y pregunto 
		y pregunto:
¿Es cierto que allá en Vermont
las noches tienen ojos 
		azules
y lavan sus cabellos en ginebra? 
		


		¿Es cierto 
		que allá en Vermont los geranios
otoñan las tristezas? 


		¿Es cierto 
		que allá en Vermont es agosto
y en este mar, ausencia...?


		CÉSAR CALVO      
		( Perú, 1942 - 2000 )
44.

Nocturno y elegía

Si 
		pregunta por mí, traza en el suelo
una cruz de silencio y de ceniza

		sobre el impuro nombre que padezco.
Si pregunta por mí, di que me he 
		muerto
y que me pudro bajo las hormigas.
Dile que soy la rama de 
		un naranjo,
la sencilla veleta de una torre. 
		


		No le 
		digas que lloro todavía
acariciando el hueco de su ausencia
donde 
		su ciega estatua quedó impresa
siempre al acecho de que el cuerpo 
		vuelva.
La carne es un laurel que canta y sufre
y yo en vano 
		esperé bajo su sombra.
Ya es tarde. Soy un mudo pececillo. 
		


		Si 
		pregunta por mí dale estos ojos,
estas grises palabras, estos dedos:

		y la gota de sangre en el pañuelo.
Dile que me he perdido, que me he 
		vuelto
una oscura perdiz, un falso anillo
a una orilla de juncos 
		olvidados;
dile que voy del azafrán al lirio. 
		


		Dile que 
		quise perpetuar sus labios,
habitar el palacio de su frente.

		Navegar una noche en sus cabellos.
Aprender el color de sus pupilas

		y apagarme en su pecho suavemente,
nocturnamente hundido, aletargado

		en un rumor de venas y sordina.


		Ahora no 
		puedo ver aunque suplique
el cuerpo que vestí de mi cariño,
me 
		quedé fijo, roto, desprendido.
Y si dudáis de mi creed al viento,

		mirad al norte, preguntad al cielo.
Y os dirán si aún espero o si 
		anochezco.


		¡Ah! Si 
		pregunta dile lo que sabes.
De mí hablarán un día los olivos

		cuando yo sea el ojo de la luna,
impar sobre la frente de la noche,

		adivinando conchas de la arena,
el ruiseñor suspenso de un lucero

		y el hipnótico amor de las mareas.


		Es verdad 
		que estoy triste, pero tengo
sembrada una sonrisa en el tomillo,

		otra sonrisa la escondí en Saturno
y he perdido la otra no sé donde.

		Mejor será que espere a medianoche,
y a la vigilia del tejado fría.


		No me 
		recuerdes su entregada sangre
ni que yo puse espinas y gusanos
a 
		morder su amistad de nube y brisa.
No soy el ogro que escupió en su 
		agua
ni el que un cansado amor paga en monedas.
¡No soy el que 
		frecuenta aquella casa
presidida por una sanguijuela!


		( Allí se 
		va con un ramo de lirio
a que lo estruje un ángel de alas turbias.)

		No soy el que traiciona a las palomas,
a los niños, a las 
		constelaciones...
Soy una verde luz desamparada
que su inocencia 
		busca y solicita
con dulce silbo de pastor herido.


		Soy un 
		árbol, la punta de una aguja,
un alto gesto encuentre en equilibrio:

		la golondrina en cruz, el aceitado
vuelo de un búho, el susto de una 
		ardilla.
Soy todo, menos eso que dibuja
un índice con cieno en las 
		paredes
de los burdeles y los cementerios.


		Todo, 
		menos aquello que se oculta
bajo una seca máscara de esparto.

		Todo, menos la carne que procura
voluptuosos anillos de serpiente

		ciñendo en espiral viscosa y lenta.
Soy lo que me destines, lo que 
		inventes
para enterrar mi llanto en la neblina.


		Si 
		pregunta por mí, dile que habito
en la hoja del acanto y en la 
		acacia.
O dile, si prefieres, que me he muerto.
Dale el suspiro 
		mío, mi pañuelo;
mi fantasma en la nave del espejo.
Tal vez me 
		llore en el laurel o buque
mi recuerdo en la forma de una estrella.


		EMILIO 
		BALLAGAS     ( Cuba, 1908 - 1954 )
45.

Ocio

Ella duerme. La hora en que los hombres
ya se han despertado, y poca 
		luz
entra todavía para herirlos.

		
Con muy poco tenemos bastante. Solo 
el sentimiento de dos cosas:

		la tierra gira y las mujeres duermen.

		
Conciliados, caminemos
hacia el fin del mundo. No necesitamos

		hacer nada para ayudarlo.


		GABRIEL 
		FERRATER           ( 
		España, 1922 - 1972 )
46.

Olvídame

Olvídame. 
		Es mejor. Comprende, amado,
lo que ella sufriría siempre triste,

		viviendo de un recuerdo, de un pasado
por el terrible daño que le 
		hiciste.


		Ella te quiere más, es 
		más sincera
y más buena que yo, porque te ofrece
una dicha real, 
		más duradera.
Bendícela como ella se merece.


		Tú la has querido 
		mucho. ¿Acaso olvidas
las horas de ilusión, de dicha henchidas
que 
		a su lado pasaste? No lo creo.


		No podrás olvidarla 
		fácilmente.
Vuelve a su lado humilde, mansamente,
y ella te hará 
		feliz. ¡Es mi deseo!


		ANÓNIMO
47.

Pensaba

Pensaba 
si pudiera 
		tocar
cada mañana
tu presencia
en las cosas
cotidianas.

		Entonces,
el vaso, el cantar,
o esta almohada,
mutables,

		casi nada serían trascendidos;
los dedos
jugando torpemente

		recorriendo
de las uñas
las aristas.
Tan sólo
la ternura

		del gesto imprevisible.
Tan sólo
natural, querido,
tu ser allí 
		presente.


		ROSANA MOLLA      
		( Uruguay )
48.

Pienso a veces

Pienso a 
		veces que el mar es la nostalgia
de lo que siempre está: nostalgia de 
		nostalgia,
de un irse de sí mismo a su recuerdo
más azul, más 
		hondo, más eterno...
Y pienso en nuestro amor que algunas veces

		sueña con la idea de no serlo,
en huir de sí mismo y contemplarse

		aún más alto, más puro, más sereno...


		JOSÉ LUIS 
		HIDALGO    ( España, 1919 - 1947 )
49.

ORLANDO TIJERINO ( Nicaragua, 1930

Poema de la distancia 
		aniquilada


		Extiende tú la mano

		y mira como alcanzas la mía en la distancia;
si pareciera casi
que 
		un volcán de kilómetros, en erupción fantástica,
se transformara en 
		nube de cenizas,
se convirtiera en nada.
Tan cerca estás... tan 
		lejos,
que casi siento encima tu fragancia;
que casi tacto el 
		viento que surgía
de tus manos abiertas, como pampas!

		
Vuelve tus ojos como quien no quiere
y encontrarás los míos en 
		cada madrugada;
en el temblor que deja el horizonte
con cada sol 
		que se alza;
en cada nubarrón que trasnochó en la selva
y llevó 
		apenas una gota de agua
hasta la cara misma de la tierra
donde 
		dejé una lágrima...
quizá dirás entonces
que amaneció llorando la 
		tierra abandonada!


		Lanza un grito hacia el 
		cielo
y espera... La lejana
oquedad del abismo
le hará nacer un 
		eco a tu llamada,
multiplicada en el vacío inmenso
que habita en 
		mi garganta...
No será más el eco de tu grito
sino el alma del eco 
		del grito de mi alma!


		Ya ves, estamos 
		lejos... Estamos cerca... Estamos juntos...
¡En medio de una enorme 
		distancia aniquilada!


		ORLANDO TIJERINO    
		( Nicaragua, 1930
50.

Poema de tus manos

Tus manos son dos 
		nardos que mi boca
ensortija de besos. En tus manos,
transformose 
		el manojo de mis penas
en manojos de cantos.


		Cuando acarician mi 
		cabeza negra
hay en mi frente pensamientos blancos.


		Surgieron en el mar de 
		mi agonía
y se tendieron en mi sueño náufrago.


		Y no son manos 
		consteladas -iris
de zafiros, diamantes y topacios-:
son manos que 
		adornaron las virtudes
con las ásperas joyas del trabajo.


		Deja verlas, Amada. Que 
		mis besos
endulcen el dolor de su cansancio
y déjame anunciarte 
		que el mañana
es una blanca redención de nardos.


		JESÚS ORTA RUIZ   
		( Cuba, 1922 )
51.

Preludio de una foto con regreso

Ellos están allí, sobre 
		la borda.
El buque lento arriba a mi ciudad;
en marzo, el mar de 
		la mañana
sube una brisa helada hacia el futuro.
Ella lleva un 
		abrigo y un pañuelo,
él parece un actor americano,
es primavera 
		fría sobre el mundo,
muy cerca los parientes esperan en el puerto.

		Yo los miro llegar desde la foto,
el tiempo ha detenido su espuma en 
		el paisaje,
el horizonte vive detrás de los susurros,
y el mar no 
		es una tarde con campanas.
Muy cerca de sus ojos los nombres de sus 
		hijos,
el mío, fue el tercero, será de algún poeta,
delfines y 
		palabras tocando la muralla
y el tiempo de nosotros presentido sin 
		serlo.
Están mirando el agua que salpica,
las olas levantadas del 
		sueño de la vida,
la orilla de otra patria de luz de mi futuro

		llegando ya mis padres a tierras de regreso.


		JOSELA MATURANA       
		( España )
52.

Profecía

Algún día vendrás, 
		sabes que miento,
que no puedo ya más tender la seda
lunar de la 
		esperanza. Algún día
vendrás como una horca, el fiero
corazón 
		guardando la armadura
y los labios en flor como limones
sangrados 
		para el beso.
Peregrino lo sé, sé que algún día
recabarás aquí tu 
		singladura
y yo te aguardaré, aguardaré
tu oído del vacío, sé que 
		miento,
que no oiré nunca más
tu caracola niña. Puede ser
que 
		vengas algún día
de otoño o una noche
de fuego en las ventanas, 
		algún día
puede ser, pero sabes
que miento, yo no sé
si algún 
		día.


		JUANA CASTRO       
		( España )
53.

Puente

¡Cómo llegar a tu alma 
		sin un puente
de aéreas alas para tal altura!
Pájaro que llevara 
		sabiamente
mis pedazos de fuego a tu alma oscura.


		¡Cómo darte mi sangre 
		incandescente
que es un infierno casi de locura,
si estrecho no 
		hay, ni paso que alimente
mis pies desnudos sin arquitectura!


		No lloraré jamás tal 
		coyuntura,
aunque la fuerza de mi sangre aliente
tristeza grande 
		de esa desventura.


		Si muriese mi amor tan 
		fácilmente,
estaría empinado inútilmente
queriéndome alcanzar en 
		tu estatura.


		GUILLERMO GÓMEZ BRENES      
		( Nicaragua, 1930 )
54.

JOSÉ MARÍA RIVAS GROOT ( Colombia, 1865 - 1923 )

¿Qué es dolor?


		¿Preguntas 
		qué es dolor?... Un viejo amigo
inspirador de mis profundas quejas,

		que se halla ausente cuando estás conmigo,
que está conmigo cuando tú 
		te alejas.


		JOSÉ MARÍA 
		RIVAS GROOT      ( Colombia, 1865 - 1923 )
55.

Regreso al primer verde

He venido hasta acá 
		porque la vida
con fronteras exactas me asediaba,
he venido de 
		lejos: pretendía
embriagarme de espacio y libertad,
ver mi pupila 
		en el azul diluida,
quitar toda la herrumbre de mi espíritu,

		bañándolo en las fuentes de mi primera edad; 
		
quería festejar a mis retinas
con orgías de luz lejana,
con 
		derroches de forma y de color;
he venido hasta aquí porque sentía

		sed de paisaje, sed de clorofila,
avidez de montaña, hambre de sol...

		Y estoy aquí, tendido en la hojarasca,
las hojas  -allá arriba-  
		recortan el zafir,
pero ¿qué significan las lluvias de azahares

		que el follaje desata sobre mí?
¡Ah,  -si no me equivoco-  
		mi naranjal amigo
me está retribuyendo los suspiros que di!


		-¿Te acuerdas todavía

		de aquel abril dorado, hace unos años?
Allí escribiste los primeros 
		versos
para el ideal de entonces, que prefirió ser nada,
y en cada 
		espina de mi fronda oscura
hay siquiera una sílaba clavada..

		Guardas aquel amor, mi juventud
quedóse prisionera entre tus ramas,

		yo guardo tu dolor y tus suspiros,
tú guardas todo...menos la 
		esperanza;
esa se fue conmigo, se hizo añicos
contra la ruda arena 
		de la vida,
surgió de nuevo entre las ruinas grises,
más rebelde, 
		más fuerte...   dejó de ser la misma...


		¡Ojalá que sí hubiera 
		cuajado esa ilusión!
Ojalá  - dice mi alma-, volando hasta aquel 
		día
de ayer, en que el futuro fingía florecer -,
ojalá  -dice 
		ahora-  pero no es lo que ansía
porque no puede ansiarse lo que 
		no puede ser....
Mas el dolor que quiso ser eje de mi vida
ya no 
		hará de mis sueños sumisa caravana,
ya logré rebelarme, y haré de 
		cada herida
un surco en que se gesten los trigos del mañana.


		Han pasado esos años, y 
		todo está como antes:
el naranjal, las aves, la eterna lejanía......

		¿El?  Está como entonces, no ha cambiado, sus ojos
siguen siendo 
		la noche donde florece el día;
yo sé que al fin ha vuelto, de nuevo 
		para verme,
mas, aunque él es como antes, el pasado no es hoy;
él 
		en nada ha cambiado, pero ya no es el mismo,
pero ya no es el mismo 
		porque he cambiado yo.
Sé que todo concluye
y a los minutos 
		prófugos no volveré a llamar,
todo concluye  -sí-,  pero el 
		paisaje
se esmera en repetirme aquel abril
y en mí siento que un 
		átomo rebelde
se encapricha en gritar:
¡Eternidad!


		JAIME 
		FONTANA     ( Honduras )
56.

Renunciamiento

Si de 
		nuestro dolor somos los dueños
nadie podrá impedir que yo destruya

		mi corazón, para la dicha tuya, 
		
y sacrifique los más caros sueños.

Si de lo nuestro es el 
		dolor la esencia,
tanto más propio cuanto más profundo,
para que 
		tú no sufras ni un segundo 
		
yo he de sufrir por toda mi existencia,

Si el dolor que me 
		hiere es solo mío,
puedo darlo a mi antojo y mi albedrío,
porque 
		tú logres ser feliz, amada.

		
Que el verdadero amor es darlo todo
pro el amor en sí... y dar de 
		modo
tan simple, cual sin no se diera nada.


		JUAN 
		BURGHI      ( Uruguay, 1959 )
57.

Soledad

Yo no sé dónde  
		fue a parar mi acento;
tembló un instante y se perdió en el viento...

		Y pasó por tu espíritu, lo mismo
que una estrella sin luz por el 
		abismo


		Yo no sé dónde fue a 
		expirar tu acento:
flotó como un perfume sobre el viento,
llegó 
		como una música a mi oído...
¡Pero mi corazón siguió dormido!...


		¿Para qué 
		hablar?...Sigamos el camino,
¡mudos hasta morir!...¡Es el destino!...

		
Ayer te vi llorar...Por tu mejilla bruna,
las lágrimas caían en 
		gotas , una a una...
El cielo estaba claro, la tarde era tranquila,

		y era como si fuera de noche en tu pupila.

		
¡Y yo no sabré nunca la causa de tu pena!
Tal vez era tu espíritu 
		como un ánfora plena
tal vez te dio la muerte su beso largo y frío,

		o te envolvió en sus alas viscosas el hastío.


		Tu frente está sellada, 
		cerrada como un huerto.
Mi grito es el estéril clamor en el desierto.

		las almas están lejos, perdidas y calladas.
Estamos solos...  
		¡Solos!... Jamás sabremos nada.


		CARLOS MONCADA       
		( Chile )
58.

Soneto imperfecto

Para la frente de Pepilla Vidaurreta


		Aquella frente tuya, 
		rumorosa,
hecha de luna y caracol marino
fue la dueña absoluta de 
		la rosa
cuando emprendimos, juntos, el camino;


		aquel erguido vaso 
		peregrino
que encendió su presencia numerosa
ante cada dolor, y a 
		toda cosa
impuso la pasión de su destino,


		es esta misma frente 
		conmovida
y quieta en su clamor, lumbre nacida
de las sombras 
		mortales de la hora,


		que vuelve en tiempo y 
		luz y en la alborada
toda flecha enemiga disparada
sobre su fiel 
		planicie vencedora.


		JUAN MARINELLO  ( 
		Cuba, 1898 - 1977 )

Versos y pensamientos de Poemas sueltos

4 citas
« Abandonada a su dolor, un / día »
Poemas sueltos · Abandonada a su dolor, un día...
« Me llegaré al altar del hombre / en ofrenda de huída y rebeldía. »
Poemas sueltos · Al hombre sin nombre la mujer eterna
« Cada día mi amor ha ido creciendo / enriquecido en tanta confianza. »
Poemas sueltos · Aniversario
« la luna, anoche, como / en otro tiempo, »
Poemas sueltos · Astro muerto
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