Poesía Universal

Poemas, coplas y cantos anónimos hasta el siglo XVI

Poemas, coplas y cantos anónimos hasta el siglo XVI es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sens...

Biografía lírica

Vida

Poemas, coplas y cantos anónimos hasta el siglo XVI es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Poemas, coplas y cantos anónimos hasta el siglo XVI

9 poemas seleccionados
1.

A

Cristo crucificado


	
Anónimo del siglo XVI

	
No me mueve, mi Dios, para quererte, 
el cielo que me tienes 
	prometido, 
	
ni me mueve el infierno tan temido 
para dejar por eso de ofenderte.

	
¡Tú me mueves, Señor!, muéveme el verte 
clavado en una cruz y 
	escarnecido, 
	
muéveme ver tu cuerpo tan herido, 
muévenme tus afrentas y tu muerte.

	
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera 
que aunque no hubiera 
	cielo yo te amara, 
	
y aunque no hubiese infierno te temiera.

No me tienes que dar 
	porque te quiera, 
	
porque, aunque lo que espero no esperara, 
lo mismo que te quiero te 
	quisiera.
2.

«A una señora que aquí está...»

Anónimo (S. XV)

A una señora que aquí está,
yo la 
	tendré o me costará.

	
Una señora de cuerpo gentil,
una señora de cuerpo gentil,
a la 
	muerte me lleva sin piedad.

	Yo la tendré o me costará.

Una señora de cuerpo galante,

	una señora de cuerpo galante,
penando me mantiene sin piedad.

	Yo la tendré o me costará.
3.

«¿de

«¿De dónde 
	sois que tan alto venís...?»

	
Anónimo (finales del s. XVI)

¿De dónde sois que tan alto 
	venís
      don Pipiripío?

	
Por lo despacio de vuestro cantar
y por quemaros donde no hay hogar,

	debéis ser de cualquier lugar
nacido en medio del estío,
      
	don Pipiripío.

Ya que nos dais tanto placer,
es justo que 
	os demos mujer,
mas me gustaría saber
de dónde sois con vuestro 
	hechizo,
      
	don Pipiripío.

Con vuestra danza y vuestras mañas,
y 
	vueltecitas tan extrañas,
debéis venir de las montañas,
donde la 
	alondra hace su nido,
     
	don Pipiripío.
4.

Disputa de Buc con su caballo

(fragmento) Anónimo (finales del s. XIV)

	
-«Puesto que nada quieres dar,
Buc, te conviene ayunar.»

	-«¿Qué dices, caballo? ¿Que ayune?
Nunca ayuné de grado.
Ciertamente, 
	ya ayuné
cuando no tuve qué comer,
pues no me atrevía a mostrarme,

	todo el día escondido,
de tal modo estaba perseguido.
Mas luego, 
	cuando llegaba la noche,
no creas que me quedaba en la cama.»

	-«Entonces, Buc, ¿no harás bien alguno?»
-«Sí que haré: lo menos que 
	pueda.
Dame leve penitencia
si quieres que la cumpla.»
-«Ya que 
	limosna no quieres dar,
Buc, ni quieres ayunar,
reza entonces 
	oraciones
y ruega a Dios de rodillas.»
-«Tal cosa, caballo, sí haré.

	Mas, ¿qué oraciones diré?»
-«¿No conoces los Salmos de David?»
-«¿Cómo 
	voy a conocerlos si jamás los vi?»
-«¿No sabes los Salmos penitenciales?»

	-«Si los sé, tenme por malvado y falso.»
-«¿No sabes el Padrenuestro?»

	-«Si lo sé, todo cuanto tengo es tuyo.»
-«¿No sabes el Ave María?»

	-«Si lo sé, caballo, muérame de repente.»
-«¿No sabes el Creo en Dios?»

	-«Si lo sé, ahorcados seamos los dos.»
-«¿No sabes el Salvum me fac?»

	-«Si lo sé, arráncame la testa.»
-«¿No sabes ninguna oración?»
-«No, 
	caballo, ¡y Dios me dé su perdón! »
-«¿Cómo has podido vivir así?»

	-«De pan, de carne y de vino.»
-«Bien, pero yo te hablo de rezar a Dios.»

	-«Caballo, siempre pasé sin ello.»
-«¿Y aprendiste algo así?»

	-«Caballo, ¡tienes el seso de una criatura!
El arte que mi padre me 
	enseñó
bien lo aprendí, no se me olvidó.
Otro arte ni otro saber

	nunca me preocupé de aprender.»
-«Puesto que nada quieres dar,
ni te 
	parece bien el ayunar ,
ni quieres a Dios rezar,
¿qué penitencias 
	harás?»
-«Mira lo que he acordado,
a fin de lavar mis pecados:

	Cuando desvalije o robe,
dos o tres dineros daré,
siempre que el 
	caudal sea tal
que a mí no me cause mal;
si robo oveja o ternero,

	daré el despojo, mas no la piel;
si robo gallina o capón,
las plumas y 
	tripas daré yo;
y del pescado daré la escama:
no me busques otra 
	solución.
No me puedes imponer más penitencia
que ésta: con ello te 
	conformarás.»
Dijo el caballo: -«Quedo enterado.
Desde hoy, entre Dios 
	y tú queda el pacto.
Mas no me parece que seas cristiano.»
Y dijo Buc: 
	-«Y qué más da?
Cristiano o judío,
Bernat des Buc soy yo:
no me 
	quita el sueño la cuestión.
Dios me dé pan, vino y carne
y encuentre 
	yo ropa que hurtar.»
5.

«don

«Don 
	clavel, válgame Dios...»

	
Anónimo (s. XVI)

¡Don clavel, válgame Dios,
qué 
	bellos olores tenéis!

	
Don clavel, verde y florido,
mi señora os ha cogido.
¡Qué 
	bellos olores tenéis!

	
Don clavel, verde y granado,
mi señora os ha segado.
¡Qué 
	bellos olores tenéis!
6.

«el

«El 
	mal de amor, pastora...»


	
	Anónimo (segunda mitad del s. XVI)

El mal de amor, pastora,

	voluntad lo ha de causar;
de lo que el querer se duele,
ni el querer 
	lo dejará.

	
Tan pronto te descubrí,
del Amor supe la maña;
turbóme el corazón,

	en viéndote en la montaña.
Y, queriendo, no hubo tiempo
de poderme 
	retirar:

	de lo que el querer se duele 
ni el querer lo dejará.


	Bien sabe Dios que yo quise
poder aquello rehuir,
mas la voluntad 
	primera
no lo quiso consentir.
Amar la hiciera traidora
pero no 
	hará desamar:

	de lo que el querer se duele,
ni el querer lo dejará.


	Cuanto tengo ya te he dado,
pues voluntad ha vencido;
ya no está en mi 
	libertad
no querer lo que he querido.
Si más pudiese, pastora,
cómo 
	te lo iba a negar:

	de lo que el querer se duele
ni el querer lo dejará.


	Aunque ingrata tú me fueras,
no podría desamarte,
que no quiere mi 
	querer
sino poder contentarte.
Descontento yo estuviera
si no 
	viniera a pensar:

	de lo que el querer se duele,
ni el querer la dejará.
7.

El templo de la gloria

(fragmentos) Anónimo (principios del s. XIX)

	
Rodeado por la sombra formidable,
que difunde la muerte asoladora,

	desterrado en una tierra inhabitable
que a sus tristes moradores cruel 
	devora,
¿cómo cantaré la luz inagotable
del sol eterno que brilla sin 
	aurora,
que no vio del ocaso la tumba oscura
ya torrentes derrama la 
	dicha pura?

	
Sentado con los hermanos del cautiverio
en la enlutada y fúnebre 
	ribera
de los negros ríos del Babilonio imperio,
sufriendo de los 
	enemigos la saña fiera,
y los dardos de la burla y el vituperio,
en 
	una tierra extraña y forastera,
¿cómo cantaré tan trágicas escenas

	entre grilletes, esposas y cadenas?

	
¡Oh vos, que resplandecéis en las alturas
de la Santa Sion, Dios de 
	grandeza,
abismo inagotable de dulzuras,
dad vigor y aliento a mi 
	flaqueza!
Sumergido en un mar de amarguras,
hablar de vuestra gloria 
	es ardua empresa,
mas yo entraré en la senda peregrina,
si vuestra 
	preciosa luz a ella me encamina.

	
Renovaba una tarde la memoria
de los esforzados héroes que portaron

	en sí mismos la inmortal victoria
y con ilustres hazañas decoraron
los 
	fastos indelebles de la historia,
y de eternos laureles se coronaron,

	cuando me rinde un sueño apacible
y subo a la morada inaccesible.

	
Por las etéreas regiones navegaba
sin rumbo, sin carta y sin guía;

	una aura dulce y fresca respiraba,
ya mi corazón dilataba la alegría;

	una calma benéfica reinaba,
y la pálida luna resplandecía;
y 
	centelleando las vívidas estrellas
inmensos mares forman de luces bellas. 
	( ...)

	
(...) Entre dulces suspiros la luz admiro,
más hermosa a mis ojos que 
	el alba bella,
encantadora luz por la cual suspiro
más que el errante 
	piloto del mar la estrella:
¡por ti, luz eterna, por ti respiro!
¡Tú 
	iluminas, divina maravilla,
mis extraviados pasos en noche oscura,
y 
	en tus rayos encuentro la senda segura!

	
Así en mi entusiasmo dirigía
todo mi corazón a tu luz encantadora,

	sumergido en patética alegría,
cuando un mármol nevado es nueva aurora

	que al titubeante paso sirve de guía,
pues, en una inscripción 
	consoladora,
se presenta la senda suspirada
con inmortales caracteres 
	grabada.

	
«Oh vosotros, que errantes en tierra extraña
suspiráis por la gloria 
	verdadera,
no habéis de buscarla en la patraña
de un mundo que da 
	incienso a una quimera:
escalad esforzados esta montaña,
no aterre a 
	vuestros corazones su presencia fiera ;
no dejaros engañar por falsa 
	estrella:
esta es la senda, caminad por ella. » (...)
8.

El vulgo comúnmente se aficiona...

El 
	vulgo comúnmente se aficiona

	a la que sabe que es doncella y moza,

	porque ansí le parece al que la goza

	que le coge la flor de su persona.

	

	Yo, para mí, más quiero una matrona

	que con mil arteficios se remoza,

	y, por gozar de aquel que la retoza,

	una hora de la noche no perdona.


	La 
	doncella no hace de su parte,

	cuando la gozan, cosa que aproveche,

	ni se menea, ni da dulces besos.

	

	Mas la otra lo hace de tal arte,

	y amores os dirá, que en miel y leche

	convierte las médulas de los huesos.
9.

«Infeliz, más me hubiera valido»

ANÓNIMO (primera mitad del s. XIV)

Infeliz, más me 
	hubiera valido
     ser casada,
o tener un cortés 
	amigo
     que haber sido monja ordenada.

	
A monja me metieron para mi daño:
     gran 
	pecado
hiceron, según mi parecer;
mas a quienes aquí me metieron
     
	más daño
les dé Dios y los aborrezca.
Porque si yo lo hubiera sabido

	-mas fui un poco necia-
ni que todo Montagut me dieran
aquí hubiera 
	entrado.

Versos y pensamientos de Poemas, coplas y cantos anónimos hasta el siglo XVI

4 citas
« Cristo crucificado / Anónimo del siglo XVI »
Poemas, coplas y cantos anónimos hasta el siglo XVI · A
« Anónimo (S. XV) / A una señora que aquí está, »
Poemas, coplas y cantos anónimos hasta el siglo XVI · «A una señora que aquí está...»
« Anónimo (finales del s. XVI) / ¿De dónde sois que tan alto »
Poemas, coplas y cantos anónimos hasta el siglo XVI · «¿de
« (fragmento) Anónimo (finales del s. XIV) / -«Puesto que nada quieres dar, »
Poemas, coplas y cantos anónimos hasta el siglo XVI · Disputa de Buc con su caballo
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