Poesía Universal

Pilar Paz Pasamar

Biografía y amplia selección de poemas de Pilar Paz Pasamar. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Pilar Paz Pasamar. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Pilar Paz Pasamar

8 poemas seleccionados
1.

Amantes en la orilla

Me gustaría daros,
amantes en la orilla,
el tronco de algún árbol

		donde pudierais todos
grabar las iniciales.
Un álamo o un pino,

		o un roble, o algún chopo,
o la acacia de un parque
meticuloso y 
		frío
que desdeñáis por este
salobre aire del mar.
Sí, un árbol 
		para cada
pareja, un árbol trise
como todas las cosas
que 
		sirven al recuerdo.
En el largo paseo
ni una mata, ni un trino,

		ni una sombra. En lugar
de rosa y margarita
que deshojar, el alga,

		la podrida y rotunda,
fuerte esencia marina.
El faro allá a lo 
		lejos
ilumina de pronto
el abrazo furtivo
y hace, cómplice, 
		guiños.
Un árbol sin raíces,
al aire, os traería.
Si alguna vez 
		amantes
de este rincón, hubiera
olvidado el mensaje
de mayo, y 
		la que os canta,
mi voz, ya no sintiera
su anuncio, os dejaría

		mi garganta, y en ella
-como en un viejo tronco-
grabaríais el 
		clásico
corazón, la promesa,
la inicial, y tal día
de tal año, 
		en cualquiera
y feliz primavera.
Mi garganta aún podría
servir 
		de algo al amor.
2.

Coplillas de un secreto

Nadie lo sabe y lo dice:
sólo tú por mi secreto,
¿Con qué llave 
		penetraste
por la cárcel de mi sueño? 
		
Teníamos la frontera: 
una almohada de por medio 
y de pronto, 
		enredadera 
		
que va alzándose del suelo,
le diste alcance a mi sombra
y se 
		iluminó el momento.
Está, bien, mucho mejor.
Así nos sabrán más 
		frescos
los abrazos, ya no queda
vallado entre los dos huertos.

		Si alzábamos ese muro
fue por gusto de romperlo
después, que sabe 
		mejor
lo que antes tuvo misterio.
Cada noche, colocaba
en tus 
		manos el llavero.
mira si lo deseaba,
y ya me estaba doliendo

		que tú supieras de mí
todo, y un poquito menos.
Mi secreto ya no 
		era
ni la sombra de un secreto.
Con tu amor, subió hacia arriba,

		flotaba como algo muerto
sobre mi mar porque tú
alzaras después su 
		peso:
y ya ni pesa siquiera.
Casi vuela, al extenderlo
como una 
		sábana limpia
debajo de nuestros cuerpos.
Nos hizo cómplices. Puso

		su sal, bajo nuestros besos
y que el mundo pareciese
recién 
		estrenado, nuevo.
Que yo no quiero tener
-ay, amor, que no quiero 
		tenerlo-,
que no quiero conservar
ni siquiera un pensamiento

		con las raíces antiguas
clavándose en el pecho.
3.

De tierra adentro a mar, de trecho a trecho...

De tierra 
		adentro a mar, de trecho a trecho
desde el invierno hasta el feliz 
		verano,
de la estepa encendida de la mano
a la región volcánica 
		del pecho

		
va posándose amor, y va en acecho
amor de cima a sima, y sobre el 
		llano,
y va implantando en todos, soberano,
su ley, su ejecución y 
		su derecho.

		
Rey de la geografía del semblante,
encendedor de lumbres abisales

		toda región desconsolada anima.

		
Cruza desde el poniente hasta el levante
implantando sus órdenes 
		reales:
su agua, su luz, su voluntad, su clima...
4.

El rebelde

A 
		mí la nieve me quema
siendo la nieve tan fría...

		
¿Que dentro? Salgo a la calle.
¿Que fuera? -No, ¿Que de día?

		-Yo salgo de noche. ¿Que
de noche?
Y mi alma se empina
para 
		darse contra el sol
rotundo del mediodía.

		
No. Si me tiendes tu mano
la apartaré de las mías,
si ponéis 
		entre barandas
mi regresada alegría,
romperé los barandales
en 
		seguida.

		
Ni tú, ni el otro, ni vuestra,
ni de nosotros. Mi vida
un «no» 
		contra todo y siempre:
«no, así no», como una fría
espada de 
		pesadumbre
contra márgenes y guías,

		
¿Que los demás? Los demás
podrán, pero yo no. Mira:
es 
		preferible quedarse
seco como la ceniza.


		No, a mí 
		no. Descalzo y limpio
mi corazón no se agria,
pájaro neutral de 
		marzo
vivo como él todavía.


		Mi pie, mi 
		mano. La mía.


		¡A mí la 
		nieve me quema
siendo la nieve tan fría!
5.

Hasta luego

Me vais a perdonar, es ya la hora
de esconderme en el alma.
Una 
		jornada como ésta tiene
demasiada luz.

		
¿Cuánta palabra hubo, cuánto vuelo
agobiador formaron los 
		petreles?


		El camino 
		quedó como camino
debajo de los pasos?

		
Y tú, pobre emoción de cada día,
retornarás después de esta 
		mañana?

		
¡Cómo duele ir al paso de las ancas,
las orejas tibias,
como 
		se cansa el dedo que acaricia
las cosas cotidianas!

		
Hasta luego. Mi pecho no os resiste.
Ya vuestra mansedumbre me 
		hace daño
¡y hay tanto que esperar en el silencio!

		
Mañana, quiera Dios, será otro día.
6.

Hemos llevado juntos esta pena...

Hemos 
		llevado juntos esta pena
como vaso de frágil porcelana.
Nos hemos 
		arropado con el mismo
cobertor de tristeza. Hoy has cabido
dentro 
		de un puño frío y apretado,
pero, a pesar de todo, te dormiste.

		Eres hombre cabal hasta en el sueño.
Te duermes sin caer, sin 
		derribarte,
te duermes como deben de dormirse
los cíclopes, los 
		hércules, los dioses.
Los centauros, las fieras, así duermen.

		Tienes el abandono de los grandes
y si el sueño te llega, tu victoria

		la pregona las sombras y los mástiles.
Toda la tierra vela cuando 
		duermes:
hombre, pecho de mar, párpado oscuro,
pan de trabajo, río 
		de sudores,
hombre puro de cara a la fatiga
acosado de dientes y 
		veranos.
Eres más hombre aún cuando se encierra
tu limpia forma de 
		mirar la vida.
Hombre mío, cansado y solitario,
tenaz defendedor 
		de pan y risas,
condenado al amor y al sufrimiento,
hombre, amor 
		al que arrimo mi desvelo,
compañero de almohada y despertares.
Si 
		tú has dormido al fin, también yo puedo,
y si tú velas, en amor yo 
		velo.
Venga ya para mí un trozo de olvido,
tome mi pecho el ritmo 
		de tu pecho.
No nos pudo la pena, y de tu mano
corrió la sombra y 
		se apagó en mi río,
corrió el dolor y se agostó en mi vena,
me 
		inundaste de sueño junto al tuyo
y me dormí junto a tus costillares.
7.

Intermediario ser, anfibio alado...

Intermediario ser, anfibio alado.
Amor hecho de raptos y de ausencia,

		a otros alimentaste con tu ciencia
desposeyéndome del esperado.

		
Bien sé cómo eres, aunque disfrazado
cruzaras tantas veces mi 
		dolencia,
haciéndome creer que era experiencia
de ti lo que ni 
		apenas tu recado.

		
Ahora, burlada, llega el importuno
labio de quien te sabe a 
		repetirme
tu nombre con informes y resabios.

		
Condenada a la espera y al ayuno
no te alzaré la voz ni habrás de 
		oírme
porque la soledad no tiene labios.
8.

La casa

La 
		casa es como un pájaro
prisionero en sí mismo,
que no medirá nunca

		la longitud del trino.
Encarcelada ella
que no yo, pues la habito

		conociéndola, y pongo
mi cuidado y mi tino
en algo que no sabe

		ni sabrá de mi cuido.
¿No me siente por dentro
removerme, lo mismo

		que se siente en la entraña
la presencia del hijo?
Me ignoran los 
		cristales
no nos sienten los vidrios
tras los cuales luchamos

		contra el mar y sus ruidos.
No sabe que en sus muros
crece el 
		amor, que hay sitio
para soñar, y que hay mundos
y faros 
		escondidos.
Ignora de qué modo
la nombro y la bendigo.
Le digo 
		muchas cosas;
la pongo por testigo
de todos mis secretos.
De 
		lejos, si la miro,
me parece que tiene
la tristeza de un niño

		abandonado. Subo
sus peldaños, le digo
mi nombre, porque note

		que he regresado. Giro
por su caliente espuma,
me afano por su 
		brillo,
la quiero clara, alegre
la enciendo con mis gritos,
con 
		el sol, con el aire
del salado vecino.
Casa nuestra, mi casa...

		¡Cómo crecen sus filos!
¡Cómo crece la sombra
de Dios aquí 
		escondido!
¡Qué inevitable y fácil
la soledad, contigo!

Versos y pensamientos de Pilar Paz Pasamar

4 citas
« Me gustaría daros, / amantes en la orilla, »
Pilar Paz Pasamar · Amantes en la orilla
« Nadie lo sabe y lo dice: / sólo tú por mi secreto, »
Pilar Paz Pasamar · Coplillas de un secreto
« De tierra / adentro a mar, de trecho a trecho »
Pilar Paz Pasamar · De tierra adentro a mar, de trecho a trecho...
« ¿Que dentro? Salgo a la calle. / ¿Que fuera? -No, ¿Que de día? »
Pilar Paz Pasamar · El rebelde
Biblioteca poética

Libros de Pilar Paz Pasamar recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: