« Finalmente / una tarde a punto de extinguirse »
Paulina Vinderman · Cónsul honoraria II
Biografía y amplia selección de poemas de Paulina Vinderman. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Paulina Vinderman. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Finalmente una tarde a punto de extinguirse llega la notificación. Habla de un destino remoto, tropical, casi ansiado, de una inseguridad sutil. Pero esta ciudad es una serpiente que muda de piel y ya no puede recordar sus sueños. La luz cae como una casa que se derrumba y me enamoro de este corredor de piedra, de esta orfandad cargada de lenguaje. El cafetero espera para cobrar su deuda mientras hago entrar en una caja azul varios años y un día. Es una derrota y un salvoconducto y la emoción un simulacro de incendio de la memoria tan fallido como real. Miro mi árbol y guardo el lápiz mordido en la base, como si fuera un incensario precolombino. Esa mujer que se pierde en la noche, incandescente de angustia, debo ser yo. Una noche suave, indefinida, lavada por las estrellas jóvenes. Bajo las arcadas del Paseo veo cómo la luna se fotografía a sí misma sobre cada columna: vaticinios de una chatarra que no contemplaré. La migración es tan vieja como la historia, pero la historia es una laguna seca esta noche. Voy por un mapa, los poemas de Yeats y alguna camisa para dormir. No me daré vuelta, no bordé mis iniciales sobre nada ni nadie en esta ciudad calcinada (la ciudad donde los leones lloran). De "El muelle" 2003
Escalera de incendio Me asomo a la ventana como todas las tardes para escribirte. Este cielo es tan pálido que da miedo mirarlo (y de los jacarandáes con el abuelo basta.) Sé que estoy viva, es decir camino calles y Veo el trabajo del azar en la arboleda. Nada resplandece en los papeles que rondo, el muchacho de la batería toca de seis a siete mientras su madre visita amigas con alguna receta para dejar de amar. En todo caso la soledad es la que resplandece y a veces la sequía, quiero ver al infinito revolotear en esa torpe batería: una señal, la traición de una señal, la ficción de una señal. Nada es seguro, ya ni siquiera me desvelo por una palabra para hacerle feliz. De "Transparencias" 2005
del viento Pertenecer. Pertenecerse. Un lugar para estar y un lugar para morir. Sabíamos sin decirlo cuál era el lugar y la cantidad exacta de aire que había que aspirar para llegar a él. El viento era el amo, pero era sabio y fuerte y si nos estrujaba demasiado, aún como muñequitos tambaleantes de papel pintado cruzaríamos el río. Pequeños dioses de viento y de papel. ¿Por qué nos abandonaron? La poesía era el lugar y sigue siéndolo aquí. Pero este llano, este desierto... Yo no soñaba sino con pinos dorados. Yo pensaba en romper la música y dibujar con palabras el aliento de los pinos. Pertenecer. Pertenecerse. Obtener agua y continuar ensombreciendo el sol con las verdades. Sobrevivir. ¿Es ésto lo que queríamos? Queríamos vivir, no sobrevivir. Y qué es el poema sino un puñado de pájaros muertos en la mano. Y qué es el poema sino un disparo al sol desde detrás de un peñasco de colores. Y qué es el poema sino sobrevivir entre piedras calcinadas y antiguas. El laúd está roto y el viento escapó desde el agujero preciado en que lo reteníamos. Hay que inventar un viento. Hay que inventar un agua en la garganta. Hay que encontrar esas voces pequeñitas que deambulan por los desiertos como notas escapadas de un pentagrama enrejado, envejecido. Pertenecer. Pertenecerse. Es esto todo al fin cuanto queríamos. Un silencio incompleto. Un lugar de ceremonias sencillas y perfectas. Sólo falta que inventemos un viento. De "La mirada de los héroes" 1982
balada de Cordelia
IV
Gracias Juan, me apena
tu partida.
Pero no puedo viajar, no tengo pies.
Me he convertido
en una enorme raíz,
una especie de anti-árbol
de memoria y de miedo.
Tengo a la India en mi ventana
en forma de azalea.
Y mi corazón es un barco sin cubierta,
con todos sus camarotes vacíos
para que yo los llene.
Para mudar de uno a otro
cada noche, y esperarme.
Volveré un día al pueblo por los dos.
La plaza debe sentirse tan sola
con sus faroles nuevos.
Te envío siempre mi amor.
Cordelia
De "La balada de Cordelia" 1984
La muerte de la imaginación
"Lo que
más temo es la muerte de la imaginación"
Sylvia Plath
El corazón no tiene quien le escriba,
nadie se atreve a cruzar la noche remando
en la intemperie
( nadie se ve )
Y si no fue más que un amor negro, susurrante
que nada da,
el viaje más lejano fue el de mi cabeza
hacia su hombro
( el más inútil )
La rama golpea en la terraza
pero es solamente oscura. El miedo
se sienta a comer un pastel en la cocina
( y dice que es real )
¿Alguien pudo tocar a la desesperación?
Terciopelo, papel de diario, una lata oxidada,
no hay vacuna contra las superficies.
El mundo es un hueco tapado con barniz
( y no respira. )
De
"Bulgaria" 1998
Los días se han vuelto cada vez más escasos... Los días se han vuelto cada vez más escasos. "Si yo fuera el invierno mismo", hablaría de culpas, frías como el alcohol sobre la piel, frías como la cama al lado de la ventana rota. Esta es una isla de detención (rodeada por un mar que no vemos). Las voluntarias vestidas de rosa son tan dulces y compasivas que provocan furor, no pueden con el invierno, (no pueden con nuestro invierno.) El aire es tan denso que a su través, puedo ver las partículas de dolor como flores de un empapelado envejecido. Flores de ceniza, flores de estuco. Palabras que ya nunca diremos. Lavo la taza y las cucharas mientras espío la caída del sol: un vertiginoso cielo color limón que cae del otro lado del mundo, sobre árboles talados demasiado temprano. De "Hospital de veteranos" 2006
espejos y los puentes XXII La robaron el sueño, amor, se lo robaron. La muñequita tonta, vestida de alfileres que siempre muere acunando un sueño púrpura entre brazos que no le pertenecen. De noche fue, cuando siempre se mueren realidades. Y se quedó mirando la luz del farol en el aljibe-memoria. Se habrá quedado allí, en el agua, dolor, buscando las vertientes. El sueño boquiabierto de estrellas como el sapo del cuento. La muñequita ojos cerrados de luna volverá a su país sin duda cuando acabe el número de sueños permitidos. Habrá estatuas de cal y viejos terciopelos. A su pequeño sol, al fin, lo habrán anochecido. De "Los espejos y los puentes" 1978
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