Poesía Universal

Paul Géraldy

Paul Géraldy es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras com...

Biografía lírica

Vida

Paul Géraldy es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Paul Géraldy

7 poemas seleccionados
1.

Casualidad

Y pensar que pudimos no habernos conocido!
¿No meditas cuán buena 
		nuestra fortuna ha sido
para que al fin estemos uno del otro al lado,

		para que seas mía, para ser yo tu amado?

		
"El uno para el otro nacimos... Así dices.
Pero ¡qué 
		coincidencias para ser tan felices!
Antes de que en la vida, con un 
		amor profundo,
la suerte unido hubiera tu corazón al mío
-siendo 
		el tiempo tan largo, siendo tan grande el mundo-;
vivimos separados, 
		solos, con hondo hastío...
¡Y pudimos entonces, por capricho del 
		hado,
en el haz de la tierra no habernos encontrado!

		
¿No has pensado, en el arduo sendero recorrido,
en los peligros 
		graves y azares que ha corrido
nuestra dicha -esa dicha, manantial de 
		ilusiones,
que el mundo entero ahora nos hace ver hermoso-
cuando 
		el uno hacia el otro, con poder misterioso,
gravitaban callados 
		nuestros dos corazones?

		
¿No sabes que ese viaje no tenía certeza,
el viaje hacia una 
		noche por mí no presentida,
de que un capricho apenas o un dolor de 
		cabeza
han podido apartarnos para siempre en la vida?

		
Nunca te había dicho, ¡cosa muy rara!, que
cuando por vez primera 
		te vi, no me fijé
en que eras tú bonita; lo digo francamente:
te 
		miré aquella noche con aire indiferente.

		
Con su risa, tu amiga mi tedio distraía;
fue más tarde cuando 
		ambos cruzamos la mirada,
y si algo sentí entonces que hacia ti me 
		atraía,
tú no lo comprendiste... Mas no me atreví a nada.

		
Si esa noche tu madre te hubiera conducido
más temprano a su 
		casa, ¿qué habría sucedido?
¿Y si el rubor no hubiera de pronto, 
		cuando el manto
te coloqué en los hombros, a tu rostro subido? .

		Porque ésa fue la causa de todo lo ocurrido.

		
Aquella noche, aquélla de inolvidable encanto,
un retardo 
		cualquiera, cualquier inconveniente
que en ese viaje hubiera surgido 
		de repente,
esta embriaguez de ahora ninguno sentiría,
ni este 
		placer sin nombre que absorbe nuestra mente.
En mi alma, que es otra, 
		tu amor no existiría,
y tu vida, en mi vida nada... nada sería!

		
Corazoncito mío, que me apartas lo triste
de la vida, y alegras 
		con luz mi porvenir...
Pienso en aquellos días cuando enferma 
		estuviste
y creíamos todos que te ibas a morir.

		
Versión de Ismael Enrique Arciniegas
2.

Confesión

Sé que soy 
		irritable, celoso, imperativo,
infeliz, exigente, que razones no 
		escucho;
que siempre estoy buscándote querellas sin motivo;
¡y 
		crees que no te quiero..y es que te quiero mucho!


		Te busco, 
		te regaño, y hago tu vida triste...
Serías más dichosa, por todos 
		consentida,
si para mí no fueras cuanto en el mundo existe,
y si 
		este amor no fuera todo el bien de mi vida.


		¡Si tú me 
		amaras, y si yo te amara,
cuánto te amaría!


		
		Versión de Ismael Enrique Arciniegas
3.

Distancia

Turbóme 
		como a un niño
tu cita telefónica.
Una hora antes dije
que 
		nadie me entraría
al cuarto, donde todas
las luces extinguía

		para esperarte a oscuras.
Zumbábanme las sienes.
Dudaba si en la 
		sombra
cargada de promesas
fragantes de tu voz
quizás no 
		sentiría

		el soplo de tu aliento.
De pronto el llamamiento.
Yo creo que mi 
		pulso
se detuvo un momento.
Hablaste. Yo te oía.
Las voces que 
		dijiste
venían de otro mundo.
De un sólo único impulso
tu pobre 
		voz debía
saltar colinas, llanos
ciudades, campos, selvas,

		correr por las riberas
de ríos y a lo largo
de rutas y de sendas.

		Por eso me llegaba
tu voz disminuida,
tan tenue y tan cambiada

		que quien me conversaba
aquí en el aposento
ya no era tu persona,

		más bien era una sombra,
fantasma de tu voz.
Díjeme antes, amada,

		que yo te sentiría
en mí como inclinada
sobre mi boca ardiente

		y que si no presente
al menos te hallaría
mil veces acercada.

		Así no fue; al contrario,
se me hizo ese instante
más largo. La 
		distancia
crecía inmensamente.
Y luego, de repente,
surgiste al 
		fin de ese hilo
engañador, más lejos,
horriblemente lejos,
y me 
		encontré delante
del aparato, triste,
más lúgubre e intranquilo,

		más solitario que antes.


		
		Versión de Ismael Enrique Arciniegas
4.

Dualismo

Explícame 
		por qué dices
      	"Mis rosas",
y "mi piano", y por qué 
		frecuentemente
"Tus libros" y "tu perro", indiferente;

		y di, por qué con aire placentero
me dices: "Unas cosas 
		
voy ahora a comprar con mi dinero".


		Lo mío es 
		siempre tuyo, eso es sabido.
¿Por qué dices palabras que entre los 
		dos han sido
y serán siempre odiosas?
"Mío y tuyo"... ¡Qué 
		extrañas tonterías!
Si me amaras, "los libros" tú dirías,
y 
		"el perro", y "nuestras rosas".


		
		Versión de Ismael Enrique Arciniegas
5.

Estereoscopio

No quiero 
		verlos, oye. Llévate esos clisés
que copian, según dices, nuestra 
		vida y su historia.
Mis recuerdos más bellos están en mi memoria.

		como evocarlos quieres, tanto tiempo después,
habrás de 
		evaporarlos... llévate esos clisés,
donde todo se achica, se esfuma, 
		y el pasado
si surge, es despojado
de su color y música, de su 
		encanto y su aroma,
mientras que impertinente detalle vida toma

		con visible importancia de relieve cruel.


		Mi memoria 
		es más fiel
aunque a veces olvida. Tal vez ha confundido
las 
		líneas, o un contorno no está bien definido;
pero siempre el 
		recuerdo, que a veces trae llanto,

		
le ha dado a mi memoria como imborrable encanto;
conserva mis 
		placeres, cuanto ha sido mi anhelo,
y al menor llamamiento, con toda 
		su dulzura,
ante los ojos míos los tiende, con la altura
de su 
		radiante cielo.


		Y las 
		horas felices que revivir ansío
me las da, si lo quiero, pues todo lo 
		ha guardado:
el acre olor del bosque, de aquel bosque sombrío
de 
		pinos en la playa, que nos dejó embriagado
el corazón; el viento que 
		se llevó en la duna
nuestros besos, al claro de la naciente luna;

		la aldeita, el estrecho recodo del camino
en donde disputamos al 
		fulgor vespertino;
nuestro largo regreso;
y cómo yo con modos 
		fingidos o reales
te regañaba, el tiempo que empleaste ex-profeso

		comprando bagatelas y tarjetas postales;
después perdón y llanto, la 
		entrada en la capilla
con aroma de incienso; nuestra casa sencilla;

		en tardes de verano, bajo cielo violeta,
nuestros largos paseos en 
		veloz bicicleta;
nuestros cantos y gritos, nuestras horas sombrías;

		y por el campo, aquellas alegres correrías...
Todo eso es mi memoria, 
		con imborrable acopio
de recuerdos, me vuelve, recuerdos de otros 
		días...
¿No piensas que ella vale más que tu estereoscopio?


		¿No 
		piensas que lo tuyo semeja cosa trunca,
esos blancos y negros, 
		conjunto deslustrado
de ataúdes en donde vivo quedó el pasado,
y 
		de donde a la vida no ha de salir ya nunca?
Habrás de mostrar esos 
		sarcófagos sombríos
en donde nuestros días se encuentran prisioneros,

		y dirán tus amigos con rostros placenteros:
"¡Qué grande vuestra 
		playa, qué campos y qué ríos,
y qué árboles teníais! ¿Solos en esta 
		aldea
vivísteis?"  Para luego reír a costa mía
de mi torpe 
		apostura. ¡Que eso tu encanto sea!


		Tú, 
		diviértete, y hazlos que vivan nuestro viaje;
mas todos esos sitios y 
		muros y paisaje
que tan feliz me hicieron y que guardo en la mente,

		cuadros en donde surges con aire diferente,
siempre aire placentero,

		guárdalos sin mostrármelos, porque verlos no quiero.
De otras bellas 
		imágenes mi mente está repleta,
y me interesan más...
Tus clisés 
		no me importan. El recuerdo es poeta,
pero ¡por Dios! no lo hagas 
		historiador jamás.


		
		Versión de Ismael Enrique Arciniegas
6.

Final

Adiós, 
		pues. ¿Nada olvidas? Está bien. Puedes irte.
Ya nada más debemos 
		decirnos... ¿Para qué?
Te dejo. Partir puedes. Pero aguarda un 
		momento...
está lloviendo. Espera que deje de llover.


		Abrígate. 
		Está haciendo mucho frío en la calle.
Ponte capa de invierno. Y 
		abrígate muy bien.
¿Todo te lo he devuelto? ¿Nada tuyo me queda?

		¿Tu retrato te llevas y tus cartas también?


		Por última 
		vez mírame. Vamos a separarnos.
Óyeme. No lloremos, pues necedad 
		sería...
¡Y qué esfuerzo debemos los dos hacer ahora
para ser lo 
		que fuimos... lo que fuimos un día!


		Se habían 
		nuestras almas tan bien compenetrado,
y hoy de nuevo su vida cada 
		cual ha tomado.
Con un distinto nombre por senda aparte iremos,
a 
		errar, a vivir solos... Sin duda sufriremos.


		Sufriremos 
		un tiempo. Después vendrá el olvido,
lo solo que perdona. Tú, de mí 
		desunida,
serás lo que antes fuiste. Yo, lo que antes he sido...

		Dos distintas personas seremos en la vida.


		Vas a 
		entrar desde ahora por siempre en mi pasado;
tal vez nos encontremos 
		en la calle algún día.
Te veré desde lejos con aire descuidado,
y 
		llevarás un traje que no te conocía.


		Después 
		pasarán meses sin que te vea. En tanto,
habrán de hablarte amigos de 
		mí. Yo bien lo sé;
y cuando en mi presencia te recuerden, encanto

		que fuiste de mi vida, «¿Cómo está?» les diré.


		Y qué 
		grandes creímos nuestros dos corazones,
¡y qué pequeños! ¡Cómo nos 
		quisimos tú y yo!
¿Recuerdas otros días? ¡Qué gratas ilusiones!
Y 
		mira en lo que ahora nuestra pasión quedó.


		Y 
		nosotros, lo mismo que los demás mortales,
en promesas ardientes de 
		eterno amor creyendo.
¡Verdad que humilla! ¿Todos somos acaso 
		iguales?
¿Somos como los otros? Mira, sigue lloviendo.


		Quédate. 
		¡Ven! No escampa. Y en la calle hace frío.
Quizá nos entendamos. Yo 
		no sé de qué modo.
Aunque han cambiado tanto tu corazón y el mío,

		tal vez al fin digamos: «¡No está perdido todo!»


		Hagamos lo 
		posible. Que acabe este desvío.
Vencer nuestras costumbres es inútil. 
		¿Verdad?
¡Ven, siéntate! A mi lado recobrarás tu hastío,
y volverá 
		a tu lado mi triste soledad.


		
		Versión de Ismael Enrique Arciniegas
7.

¿Intentas otra vez reñir?

¿Intentas 
		otra vez reñir? Ya escucho
llanto y explicaciones.
Sí mucho 
		amamos, regañamos mucho,
y así termina todo en discusiones.
Por 
		esta sola vez quiero que calles,
mientras, yo con cariño,
sin 
		recordar disputas y detalles
desato tu corpiño...
Lo que intentas 
		decirme de antemano
te digo que lo sé;
explicarte, reñir, hablar 
		en vano,
y todo ... ¿para qué?
Cuando luego el vestido desabroche,

		te sentirás mejor sin ese velo...
¡Además, sin recelos,
mucho más 
		te querré toda la noche!
No hagas mohines. Mírame sin celos,
y 
		desde ahora, estrechamente unidos
amémonos de veras
poniendo en 
		ello todos los sentidos.
Ven hacia mí, que haré lo que tú quieras.

		Bien sabes que nos unen fuertes lazos
que el juramento anuda.

		Apura, ¡vamos!, échate en mis brazos
así... ¡toda desnuda!

Versos y pensamientos de Paul Géraldy

4 citas
« Y pensar que pudimos no habernos conocido! / ¿No meditas cuán buena »
Paul Géraldy · Casualidad
« Sé que soy / irritable, celoso, imperativo, »
Paul Géraldy · Confesión
« como a un niño / tu cita telefónica. »
Paul Géraldy · Distancia
« "Mis rosas", / y "mi piano", y por qué »
Paul Géraldy · Dualismo
Biblioteca poética

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