« otra mano, allí / donde me crecían las estrellas, lejos »
Paul Celan
Paul Celan es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras compo...
Vida
Paul Celan es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Paul Celan
1.
A una y otra mano...
A una y otra mano...
A una y otra mano, allí donde me crecían las estrellas, lejos de todos los cielos, cerca de todos los cielos: ¡Cómo se vela allí! ¡Cómo se nos abre el mundo a través de nosotros! Tú estás donde tu ojo está, estás arriba, estás abajo, yo encuentro salida. Oh ese centro errante, vacío, hospitalario. Separados, te caigo en suerte, me caes en suerte, uno del otro caído, vemos a través: Lo Mismo nos ha perdido, lo Mismo nos ha olvidado, lo Mismo nos ha - De "La rosa de nadie" 1963 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999
2.
Alabanza
Alabanza
de lo lejano En el venero de tus ojos viven las redes de los pescadores de la mar errabunda. En el venero de tus ojos el mar mantiene su promesa. En ella arrojo yo, un corazón que entre los hombres ha morado, lejos de mí mis vestiduras y el resplandor de un juramento. Más oscuro en lo oscuro, más desnudo estoy. Tan sólo al desertar soy fiel. Yo soy tú cuando soy yo. En el venero de tus ojos derivo y sueño un rapto. En una red, una red queda apresada y nos abandonamos enlazados. En el venero de tus ojos estrangula su cuerda un ahorcado. (De Mohn und Gedáchtnis, 1952.) Versión de José Ángel Valente
3.
Aquí
Aquí
Aquí -es decir, aquí donde la flor del cerezo quiere ser más negra que allí. Aquí -es decir, esta mano que le ayuda a serlo. Aquí -es decir, aquel barco en el que remonté el río de arena: amarrado fondea en el sueño que esparciste. Aquí -es decir, un hombre que conozco: sus sienes son blancas, como las ascuas que apagó. Me arrojó su vaso a la frente y volvió, pasado un año, para besar la cicatriz. Profirió su maldición y su bendición y no volvió a hablar desde entonces. Aquí -es decir, esta ciudad, regida por ti y la nube, desde sus tardes. De "Umbral en umbral" 1955 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999
4.
Argumentum e silentio
Argumentum e silentio
Para René Char A la cadena atada entre oro y olvido: la noche. Ambos quisieron prenderla. Ambos consintió en su hacer. Pon, pon también ahora allí lo que quiere albear del crepúsculo junto a los días: la palabra sobrevolada de estrellas, sobrebañada de mar. A cada uno la palabra. A cada uno la palabra que le cantó, cuando la jauría le atacó por la espalda - A cada uno la palabra que le cantó y quedó helada. A ella, a la noche, lo sobrevolado de estrellas, lo sobrebañado de mar, a ella lo logrado al silencio, cuya sangre no cristalizó cuando el colmillo del veneno traspasó las sílabas. A ella la palabra lograda al silencio. Contra las otras que pronto, prostituidas por las orejas de los desolladores, también trepan por el tiempo y los tiempos, testimonia por último, por último, cuando sólo cadenas resuenan, testimonia por la que allí yace entre oro y olvido, hermana de ambos de siempre - ¿Pues dónde alborea, di, sino en ella, que en la cuenca de su río de lágrimas a los soles sumergiéndose la semilla muestra una y otra vez? De "Umbral en umbral" 1955 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999
5.
Asís
Asís
Noches de Umbría.
Noches de Umbría con la plata del címbalo y de las hojas del olivo.
Noches de Umbría con el canto que hasta aquí trajiste.
Noches de
Umbría con el canto.
Mudo
cuanto ascendió a la vida, mudo.
Desocupa y vuelve a llenar los
cántaros.
Cántaro de barro.
Cántaro de barro con el que creció la mano del alfarero.
Cántaro de
barro que cerró para siempre la mano de una sombra.
Cántaro de barro
con el sello de la sombra.
Cantos por doquier,
cantos.
Deja que entre el borrico.
Borriquillo.
Borriquillo en la nieve que esparce la mano más desnuda.
Borriquillo
ante el verbo que se cerró de golpe.
Borriquillo que come el sueño de
la mano.
Brillo que a consolar
no alcanza, brillo.
Los muertos, los muertos aún mendigan, Francisco.
De "Umbral en
umbral" 1955
Versión de Felipe Boso
6.
Bisiestos siglos...
Bisiestos siglos...
Bisiestos siglos, bisiestos segundos bisiestos nacimientos, novembreantes, bisiestas muertes, en automáticos panales archivados bits on chips El poema-menorá de Berlín, (¿inasilado, in- archivado, in- asistido? ¿En vida?), estaciones de lectura en la palabra tardía, puntas de llamas vigilantes en el cielo, perfil de crestas bajo el fuego sensaciones, tejidas por la helada, arranque en frío- con hemoglobina. De "Compulsión de luz" 1970 Versión de José Ángel Valente
7.
Será decapitado con los
tulipanes.
Será decapitado con los tulipanes.
Canción a una dama en la sombra
Cuando la Taciturna
llegue y decapite los tulipanes,
¿Quién saldrá ganando?
¿Quién saldrá perdiendo?
¿Quién se asomará a la ventana?
¿Quién pronunciará primero su
nombre?
Alguien que es portador
de mis cabellos.
Los lleva como se lleva a los muertos en las manos.
Los lleva
como llevó el cielo mis cabellos aquel año en que amé.
Los lleva así
por vanidad.
Ese saldrá ganando.
No saldrá perdiendo.
No se asomará a la ventana.
No pronunciará su nombre.
Es alguien que está en
posesión de mis ojos.
Los tiene desde que se cierran los portones.
Los lleva en los dedos, como anillos.
Los lleva como añicos de fruición y zafiro:
era ya mi hermano en
otoño;
y ya cuenta los días y las noches.
Ese saldrá ganando.
No saldrá perdiendo.
No se asomará a la ventana.
Pronunciará su nombre el último.
Es alguien que tiene lo
que dije.
Lo lleva bajo el brazo, como un bulto.
Lo lleva como el reloj su
peor hora.
Lo lleva de umbral en umbral, mas no lo arroja.
Ese no saldrá ganando.
Saldrá perdiendo.
Se asomará a la ventana.
Pronunciará su nombre el primero.
Será decapitado con los
tulipanes.
De "Amapola y
memoria" 1952
Versión de Felipe Boso
8.
Ciégate para siempre...
Ciégate para siempre...
Ciégate para siempre: también la eternidad está llena de ojos- allí se ahoga lo que hizo caminar a las imágenes al término en que han aparecido, allí se extingue lo que del lenguaje también te ha retirado con un gesto, lo que dejabas iniciarse como la danza de dos palabras sólo hechas de otoño y seda y nada. De "Cambio de aliento" 1967 Versión de José Ángel Valente
9.
Coagula
Coagula
También tu herida, rosa. Y la astada luz de tus búfalos rumanos en lugar de una estrella sobre el lecho de arena, en el émbolo que habla, el superrojoceniciento. De "Cambio de aliento" 1967 Versión de Felipe Boso
10.
Con todos los pensamientos me fui...
Con todos los pensamientos me fui...
Con todos los pensamientos me fui fuera del mundo: allí estabas tú, mi sosegada, mi abierta, y- nos recibiste. ¿Quién dice que se nos murió todo cuando se nos quebraron los ojos? Todo despertó, todo comenzó. Grande vino un sol flotando, radiantes se le enfrentaron alma y alma, claras, imperiosas le presilenciaron su órbita. Suve se abrió tu seno, silente subió un aliento al éter, y lo que se hizo nube ¿no era, no era forma y a partir de nosotros, no era tanto así como un nombre? De "La rosa de nadie" 1963 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999
11.
Corona
Corona
En mi mano el otoño come su hoja: somos amigos. Extraemos el tiempo de las nueces y le enseñamos a caminar: regresa el tiempo a la nuez. En el espejo es domingo, en el sueño se duerme, la boca dice la verdad. Mi ojo asciende al sexo de la amada: nos miramos, nos decimos palabras oscuras, nos amamos como se aman amapola y memoria, nos dormimos como el vino en los cuencos, como el mar en el rayo sangriento de la luna. Nos mantenemos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle: tiempo es de que se sepa, tiempo es de que la piedra pueda florecer, de que en la inquietud palpite un corazón. Tiempo es de que sea tiempo. Es tiempo. De "La arena de las urnas" 1948 Versión de José Ángel Valente
12.
Cristal
Cristal
No busques en mis labios tu boca, ni en la puerta al extraño, ni en el ojo la lágrima. Siete noches más arriba pasa el rojo hacia el púrpura, siete corazones más adentro insiste la mano en la puerta, siete rosas más tarde se escucha el rumor de la cisterna. De "Amapola y memoria" 1952 Versión de José María Pérez Gay
13.
Cualquier piedra que levantes...
Cualquier piedra que levantes...
Cualquier piedra que levantes- desnudas a los que piden la salvaguardia de las piedras: desnudos renuevan el entramado desde hoy. Cualquier árbol que abatas- armas el lecho en donde las almas nuevamente se acumulan, como si no temblase a su vez este eón. Cualquier palabra que pronuncies- das las gracias a la corrupción. De "Umbral en umbral" 1955 Versión de José Ángel Valente
14.
De oscuridad en oscuridad
De oscuridad en oscuridad
Abriste los ojos -Veo vivir mi oscuridad. La veo hasta el fondo: aún allí es mía y vive. ¿Traslada como tal a la otra orilla? ¿Se despierta al hacerlo? ¿De quién es esta luz que sigue mi paso, para que apareciera un barquero? De "Umbral en umbral" 1955 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999
15.
De viaje
De viaje
Hay una hora que hace del polvo tu escolta, de tu casa en Paris, lugar de sacrificio de tus manos, de tu ojo negro, el más negro ojo. Hay una estancia donde un tiro de caballos se detiene para tu corazóm. Tu cabello quisiera ondear en el viento cuando te vas - eso le está prohibido. Los que quedan y hacen signos de adiós no lo saben. De "Amapola y memoria" 1952 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999
16.
Elogio de la lejanía
Elogio de la lejanía
En la fuente de tus ojos viven las redes de los pescadores de la mar del extravío. En la fuente de tus ojos el mar cumple su promesa. Aquí arrojo yo, un corazón que se detuvo entre los hombres, mi ropa y el esplendor de un juramento: Más negro en lo negro, más desnudo voy. Sólo infidente soy fiel. Yo soy tú si yo soy yo. En la fuente de tus ojos desvarar suelo y sueño un rapto. Una red prendió una red: nos separamos enlazados. En la fuente de tus ojos un ahorcado estrangula la soga. De "Amapola y memoria" 1952 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999
17.
En los ríos, al norte
del futuro...
En los ríos, al norte del futuro...
En los ríos, al norte del futuro, tiendo la red que tú titubeante cargas de escritura de piedras, sombras. De "Cambio de aliento" 1967 Versión de José Ángel Valente
18.
Esa única...
Esa única...
Esa única noche de estrellas propias. Enhebrada de aliento de cenizas hora va, hora viene, por el sombreado de los párpados de ojos cerrados de sueño, reafilados en almas finas como flechas, enmudecidas en la plática con tartaleantes carcajes con barbas de algas aéreas. Una colma concha de luz pasa por una conciencia. De "Soles filamentos" 1968 Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999
19.
Estaba...
Estaba...
Estaba la pizzca de higo en tu labio, estaba Jerusalén a nuestro alrededor, estaba el aroma de los pinos albares sobre el barco danés que regraciamos, yo estaba en ti. De "Estancia del tiempo" Poesía póstuma Versión de José Luis Reina Palazón Obras completas - Editorial Trota 1999
20.
Fuga de la muerte
Fuga de la muerte
Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y
en la mañana y en la noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace
estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las
serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de
oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas
silba a sus
mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza
Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana
y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las
serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de
oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el
aire no
se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más
profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo
blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los
otros tocad para la
danza
Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y
la mañana y al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro
Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y
subiréis como
humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace
estrechamente allí
Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la
muerte es un maestro venido de
Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un
maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala
de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus
cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos
sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un
maestro venido
de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza
Sulamita
De "Amapola y
memoria" 1952
Versión de
José Ángel Valente
21.
Había tierra en ellos...
Había tierra en ellos...
Había tierra en ellos y cavaban. Cavaban y cavaban y pasaba así el día y pasaba la noche. No alababan a Dios que, según les dijeron, quería todo esto, que, según les dijeron, sabía todo esto. Cavaban y nada más oían; y no se hicieron sabios ni inventaron un canto ni imaginaron un lenguaje nuevo. Cavaban. Vino una calma y vino una tormenta y todos los océanos vinieron. Yo cavo y tú cavas e igual cava el gusano y aquel remoto canto dice: cavan. Oh uno, oh nadie, oh ninguno, oh tú: ¿Adónde iba si hacia nada iba? Oh, tú cavas y yo cavo, yo me cavo hacia ti, y en el dedo se nos despierta el anillo. De "La rosa de nadie" 1963 Versión de José Ángel Valente
Versos y pensamientos de Paul Celan
4 citas« de lo lejano / En el venero de tus ojos »
« Aquí -es decir, aquí donde la flor del cerezo quiere ser más negra que / allí. »
« Para René Char / A la cadena atada »
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