Biografía

Vida

Pablo Neruda (Parral, 12 de julio de 1904 - Santiago, 23 de septiembre de 1973) deslumbró por su portentosa voz lírica y su capacidad única para transformar las emociones más intensas en versos inolvidables. Su vida estuvo consagrada al arte de la palabra, explorando el misterio del amor, el destino y la belleza del mundo con enorme carisma.

Frente a las incertidumbres de su tiempo, defendió con valentía la libertad de creación y la autenticidad del sentimiento más puro. Su obra poética permanece como una joya imperecedera que sigue emocionando a lectores de todas las generaciones por su frescura y hondura humana.

Poesia

Pablo Neruda

Pablo Neruda (Parral, 12 de julio de 1904 - Santiago, 23 de septiembre de 1973) fue un poeta chileno, Premio Nobel de Literatura en 1971.

Lírica y Versos

Poemas de Pablo Neruda

41 poemas seleccionados
1.

Agua sexual

Rodando a goterones solos, 
a gotas como dientes, 
a espesos goterones 
	de mermelada y sangre, 
	
rodando a goterones
cae el agua, 
como una espada en gotas,

	como un desgarrador río de vidrio, 
	
cae mordiendo, 
golpeando el eje de la simetría, pegando en las 
	costuras del alma,
rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

	
Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto, 
un líquido, un 
	sudor, un aceite sin nombre, 
	
un movimiento agudo, 
haciéndose, espesándose, 
cae el agua,
a 
	goterones lentos, 
	
hacia su mar, hacia su seco océano,
hacia su ola sin agua.

Veo 
	el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero, 
	
bodegas, cigarras, 
poblaciones, estímulos,
habitaciones, niñas 
	
durmiendo con las manos en el corazón,
soñando con bandidos, con 
	incendios, 
	
veo barcos, 
veo árboles de médula 
erizados como gatos rabiosos, 
	
veo sangre, puñales y medias de mujer,
y pelos de hombre,
veo 
	camas, veo corredores donde grita una virgen, 
	
veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos, 

	admito los postreros días,
y también los orígenes, y también los 
	recuerdos, 
	
como un párpado atrozmente levantado a la fuerza 
estoy mirando.

	
Y entonces hay este sonido:
un ruido rojo de huesos, 
un pegarse 
	de carne, 
	
y piernas amarillas como espigas juntándose.
Yo escucho entre el 
	disparo de los besos,
escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

	
Estoy mirando, oyendo,
con la mitad del alma en el mar y la mitad del 
	alma en la tierra,
y con las dos mitades del alma miro el mundo.

	
Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
veo caer 
	agua sorda, 
	
a goterones sordos.
Es como un huracán de gelatina, 
como una 
	catarata de espermas y medusas. 
	
Veo correr un arco iris turbio.
Veo pasar sus aguas a través de los 
	huesos.
2.

Amor

Mujer, yo hubiera sido tu 
	hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial,
por 
	mirarte y sentirte a mi lado, y tenerte
en la risa de oro y la voz de 
	cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en 
	los tristes huesos de polvo y cal,
porque tu ser pasara sin pena al lado 
	mío
y saliera en la estrofa --limpio de todo mal--.

	
¡Cómo sabría amarte, mujer cómo sabría
amarte, amarte como nadie supo 
	jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más.
3.

Ángela Adónica

Hoy me he 
	tendido junto a una joven pura
como a la orilla de un océano blanco,

	como en el centro de una ardiente estrella
de lento espacio.


	De su mirada 
	largamente verde
la luz caía como un agua seca,
en transparentes y 
	profundos círculos
de fresca fuerza.


	Su pecho como 
	un fuego de dos llamas
ardía en dos regiones levantado,
y en doble río 
	llegaba a sus pies,
grandes y claros.


	Un clima de 
	oro maduraba apenas
las diurnas longitudes de su cuerpo
llenándolo de 
	frutas extendidas
y oculto fuego.
4.

Canción del macho y de la hembra

¡Canción del 
	macho y de la hembra!
La fruta de los siglos 
exprimiendo su jugo

	en nuestras venas.


	Mi alma 
	derramándose en tu carne extendida
para salir de ti más buena,
el 
	corazón desparramándose
estirándose como una pantera,
y mi vida, hecha 
	astillas, anudándose
a ti como la luz a las estrellas!


	Me recibes

	como al viento la vela.


	Te recibo

	como el surco a la siembra.


	Duérmete sobre 
	mis dolores
si mis dolores no te queman,
amárrate a mis alas
acaso 
	mis alas te llevan,
endereza mis deseos
acaso te lastima su pelea.


	¡Tú eres lo 
	único que tengo
desde que perdí mi tristeza!
¡Desgárrame como una 
	espada
o táctame como una antena!
Bésame
muérdeme,
incéndiame,

	que yo vengo a la tierra
sólo por el naufragio de mis ojos de macho
en 
	el agua infinita de tus ojos de hembra!
5.

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo...

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo, 
	
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura, 
en regiones 
	contrarias, en un mediodía quemante: 
	
eras sólo el aroma de los cereales que amo. 

Tal vez te vi, te 
	supuse al pasar levantando una copa 
	
en Angola, a la luz de la luna de Junio, 
o eras tú la cintura de 
	aquella guitarra 
	
que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido. 

Te amé 
	sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria. 
	
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato. 
Pero yo 
	ya sabía cómo era. De pronto 
	

mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida: 
frente a mis 
	ojos estabas, reinándome, y reinas. 
	
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.
6.

Desnuda

Desnuda eres tan simple como una de tus manos:
lisa, terrestre, 
	mínima, redonda, transparente.
Tienes líneas de luna, caminos de manzana.

	Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.

	
Desnuda eres azul como la noche en Cuba:
tienes enredaderas y 
	estrellas en el pelo.
Desnuda eres redonda y amarilla
como el verano 
	en una iglesia de oro.

	
Desnuda eres pequeña como una de tus uñas:
curva, sutil, rosada hasta 
	que nace el día
y te metes en el subterráneo del mundo

	
como en un largo túnel de trajes y trabajos:
tu claridad se apaga, se 
	viste, se deshoja
y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.
7.

El amor

Pequeña

	rosa,
rosa pequeña,
a veces, 
	
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes, 
que 
	así voy a cerrarte
y a llevarte a mi boca,
pero 
	
de pronto 
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has 
	crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por 
	mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna 
	nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has desatado:

	mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para 
	besar la tierra.
8.

Era mi corazón un ala viva y turbia...

Era mi 
	corazón un ala viva y turbia...
un ala pavorosa llena de luz y anhelo.

	Era la primavera sobre los campos verdes.
Azul era la altura y era 
	esmeralda el suelo.

	
Ella -la que me amaba- se murió en primavera.
Recuerdo aún sus ojos 
	de paloma en desvelo.
Ella -la que me amaba- cerro sus ojos... tarde.

	Tarde de campo, azul. Tarde de alas y vuelos.
Ella -la que me amaba- se 
	murió en primavera...
y se llevó la primavera al cielo.
9.

Eres toda de espumas delgadas y ligeras...

Eres 
	toda de espumas delgadas y ligeras
y te cruzan los besos y te riegan los 
	días.
Mi gesto, mi ansiedad cuelgan de tu mirada.
Vaso de resonancias 
	y de estrellas cautivas.
Estoy cansado, todas las hojas caen, mueren.

	Caen, mueren los pájaros. Caen, mueren las vidas.

	
Cansado, estoy cansado. Ven, anhélame, víbrame.
Oh, mi pobre ilusión, 
	mi guirnalda encendida!
El ansia cae, muere. Cae, muere el deseo.

	Caen, mueren las llamas en la noche infinita.

	
Fogonazo de luces, paloma de gredas rubias,
líbrame de esta noche que 
	acosa y aniquila.

	
Sumérgeme en tu nido de vértigo y caricia.
Anhélame, retiéneme.
La 
	embriaguez a ]a sombra florida de tus ojos,
las caídas, los triunfos, los 
	saltos de la fiebre.
Ámame, ámame, ámame.
De pie te grito! Quiéreme.

	Rompo mi voz gritándote y hago horarios de fuego
en la noche preñada de 
	estrellas y lebreles.
Rompo mi voz y grito. Mujer, ámame, anhélame.
Mi 
	voz arde en los vientos, mi voz que cae y muere.

	
Cansado. Estoy cansado. Huye. Aléjate. Extínguete.
No aprisiones mi 
	estéril cabeza entre tus manos.
Que me crucen la frente los látigos del 
	hielo.
Que mi inquietud se azote Con los vientos atlánticos.
Huye, 
	Aléjate. Extínguete. Mi alma debe estar sola.
Debe crucificarse, hacerse 
	astillas, rodar,
verterse, contaminarse sola,
abierta a la marea de 
	los llantos,
ardiendo en el ciclón de las furias,
erguida entre los 
	cerros y los pájaros,
aniquilarse, exterminarse sola,
abandonada y 
	única como un faro de espanto.
10.

Farewell

Desde el fondo de ti, y arrodillado, 
	
un niño triste, como yo, nos mira. 
Por esa vida que arderá en sus 
	venas 
	
tendrían que amarrarse nuestras vidas. 
Por esas manos, hijas de tus 
	manos, 
	
tendrían que matar las manos mías. 
Por sus ojos abiertos en la 
	tierra 
	
veré en los tuyos lágrimas un día. 

Yo no lo quiero, Amada. 

	Para que nada nos amarre 
	
que no nos una nada. 
Ni la palabra que aromó tu boca, 
ni lo que 
	no dijeron las palabras. 
	
Ni la fiesta de amor que no tuvimos, 
ni tus sollozos junto a la 
	ventana. 
	

Amo el amor de los marineros 
que besan y se van. 
Dejan una 
	promesa. 
	
No vuelven nunca más. 
En cada puerto una mujer espera: 
los 
	marineros besan y se van. 
	
Una noche se acuestan con la muerte 
en el lecho del mar. 

Amo 
	el amor que se reparte 
	
en besos, lecho y pan. 
Amor que puede ser eterno 
y puede ser 
	fugaz. 
	
Amor que quiere libertarse 
para volver a amar. 
Amor divinizado 
	que se acerca 
	
Amor divinizado que se va.

Ya no se encantarán mis ojos en tus 
	ojos, 
	
ya no se endulzará junto a ti mi dolor. 
Pero hacia donde vaya 
	llevaré tu mirada 
	
y hacia donde camines llevarás mi dolor. 
Fui tuyo, fuiste mía. Qué 
	más? Juntos hicimos 
	
un recodo en la ruta donde el amor pasó. 
Fui tuyo, fuiste mía. Tu 
	serás del que te ame, 
	
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo. 
Yo me voy. Estoy 
	triste: pero siempre estoy triste. 
	
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy. 
Desde tu corazón me 
	dice adiós un niño. 
	
Y yo le digo adiós.
11.

Final

Matilde, años o días

	dormidos, afiebrados,

	aquí o allá,

	clavando,

	rompiendo el espinazo,

	sangrando sangre verdadera,

	despertando tal vez

	o perdido, dormido:

	camas clínicas, ventanas extranjeras,

	vestidos blancos de las sigilosas,

	la torpeza en los pies.

	

	Luego estos viajes

	y el mío mar de nuevo:

	tu cabeza en la cabecera,

	

	tus manos voladoras

	en la luz, en mi luz,

	sobre mi tierra.

	

	Fue tan bello vivir

	cuando vivías!

	

	El mundo es más azul y más terrestre

	de noche, cuando duermo

	enorme, adentro de tus breves manos.
12.

La

estudiante


	Oh tú, más dulce, más interminable
que la dulzura, carnal enamorada

	entre las sombras: de otros días
surges llenando de pesado polen
tu 
	copa, en la delicia.
                                     
	Desde la noche llena
de ultrajes, noche como el vino
desbocado, noche 
	de oxidada púrpura
a ti caí como una torre herida,
y entre las pobres 
	sábanas tu estrella
palpitó contra mí quemando el cielo.
Oh redes del 
	jazmín, oh fuego físico
alimentado en esta nueva sombra,
tinieblas que 
	tocamos apretando
la cintura central, golpeando el tiempo
con 
	sanguinarias ráfagas de espigas.
Amor sin nada más, en el vacío
de una 
	burbuja, amor con calles muertas,
amor, cuando murió toda la vida
y 
	nos dejó encendiendo los rincones.
Mordí mujer, me hundí desvaneciéndome

	desde mi fuerza, atesoré racimos,
y salí a caminar de beso en beso,

	atado a las caricias, amarrado
a esta gruta de fría cabellera,
a estas 
	piernas por labios recorridas:
hambriento entre los labios de la tierra,

	devorando con labios devorados
13.

La luz que de tus pies sube a tu cabellera...

La luz que de tus pies sube 
	a tu cabellera, 
la turgencia que envuelve tu forma delicada, 
no es 
	de nácar marino, nunca de plata fría: 
	
eres de pan, de pan amado por el fuego. 


	La harina levantó su 
	granero contigo 
	
y creció incrementada por la edad venturosa, 
cuando los cereales 
	duplicaron tu pecho 
	
mi amor era el carbón trabajando en la tierra. 


	Oh, pan tu frente, pan tus 
	piernas, pan tu boca, 
pan que devoro y nace con luz cada mañana, 

	bienamada, bandera de las panaderías, 
	


	una lección de sangre te 
	dio el fuego, 
	
de la harina aprendiste a ser sagrada, 
y del pan el idioma y el 
	aroma.
14.

Lamento

lento

	

	En la noche del corazón

	la gota de tu nombre lento

	en silencio circula y cae

	y rompe y desarrolla su agua.

	

	Algo quiere su leve daño

	y su estima infinita y corta,

	como el paso de un ser perdido

	de pronto oído.

	

	De pronto, de pronto escuchado

	y repartido en el corazón

	con triste insistencia y aumento

	como un sueño frío de otoño.

	

	La espesa rueda de la tierra

	su llanta húmeda de olvido

	hace rodar, cortando el tiempo

	en mitades inaccesibles.

	

	Sus copas duras cubren tu alma

	derramada en la tierra fría

	con sus pobres chispas azules

	volando en la voz de la lluvia.
15.

Las

furias y las penas

	

	

                                                 
	...Hay en mi corazón furias y penas...

                                                                                                      
	Quevedo

	

	En el fondo del pecho estamos juntos,

	en el cañaveral del pecho recorremos

	un verano de tigres,

	al acecho de un metro de piel fría,

	al acecho de un ramo de inaccesible cutis,

	con la boca olfateando sudor y venas verdes

	nos encontramos en la húmeda sombra que deja caer besos.

	

	Tú mi enemiga de tanto sueño roto de la misma manera

	que erizadas plantas de vidrio, lo mismo que campanas

	deshechas de manera amenazante, tanto como disparos

	de hiedra negra en medio del perfume,

	enemiga de grandes caderas que mi pelo han tocado

	con un ronco rocío, con una lengua de agua,

	no obstante el mudo frío de los dientes y el odio de los ojos,

	y la batalla de agonizantes bestias que cuidan el olvido,

	en algún sitio del verano estamos juntos

	acechando con labios que la sed ha invadido.

	Si hay alguien que traspasa

	una pared con círculos de fósforo

	y hiere el centro de unos dulces miembros

	y muerde cada hoja de un bosque dando gritos,

	tengo también tus ojos de sangrienta luciérnaga

	capaces de impregnar y atravesar rodillas

	y gargantas rodeadas de seda general.

	

	Cuando en las reuniones

	el azar, la ceniza, las bebidas,

	el aire interrumpido,

	pero ahí están tus ojos oliendo a cacería,

	a rayo verde que agujerea pechos,

	tus dientes que abren manzanas de las que cae sangre,

	tus piernas que se adhieren al sol dando gemidos,

	y tus tetas de nácar y tus pies de amapola,

	como embudos llenos de dientes que buscan sombra,

	como rosas hechas de látigo y perfume, y aun,

	aun más, aun más,

	aun detrás de los párpados, aun detrás del cielo,

	aun detrás de los trajes y los viajes, en las calles donde la

	gente orina,

	adivinas los cuerpos,

	en las agrias iglesias a medio destruir, en las cabinas que

	el mar lleva en las manos,

	acechas con tus labios sin embargo floridos,

	rompes a cuchilladas la madera y la plata,

	crecen tus grandes venas que asustan:

	no hay cáscara, no hay distancia ni hierro,

	tocan manos tus manos,

	y caes haciendo crepitar las flores negras.

	

	Adivinas los cuerpos!

	Como un insecto herido de mandatos,

	adivinas el centro de la sangre y vigilas

	los músculos que postergan la aurora, asaltas sacudidas,

	relámpagos, cabezas,

	y tocas largamente las piernas que te guían.

	

	Oh conducida herida de flechas especiales!

	

	Hueles lo húmedo en medio de la noche?

	

	O un brusco vaso de rosales quemados?

	

	Oyes caer la ropa, las llaves, las monedas

	en las espesas casas donde llegas desnuda?

	

	Mi odio es una sola mano que te indica

	el callado camino, las sábanas en que alguien ha dormido

	con sobresalto: llegas

	y ruedas por el suelo manejada y mordida,

	y el viejo olor del semen como una enredadera

	de cenicienta harina se desliza a tu boca.

	

	Ay leves locas copas y pestañas,

	aire que inunda un entreabierto río

	corno una sola paloma de colérico cauce,

	como atributo de agua sublevada,

	ay substancias, sabores, párpados de ala viva

	con un temblor, con una ciega flor temible,

	ay graves, serios pechos como rostros,

	ay grandes muslos llenos de miel verde,

	y talones y sombra de pies, y transcurridas

	respiraciones y superficies de pálida piedra,

	y duras olas que suben la piel hacia la muerte

	llenas de celestiales harinas empapadas.

	Entonces, este río

	va entre nosotros, y por una ribera

	vas tú mordiendo bocas?

	

	Entonces es que estoy verdaderamente, verdaderamente lejos

	y un río de agua ardiendo pasa en lo oscuro?

	Ay cuántas veces eres la que el odio no nombra,

	y de qué modo hundido en las tinieblas,

	y bajo qué lluvias de estiércol machacado

	tu estatua en mi corazón devora el trébol.

	

	El odio es un martillo que golpea tu traje

	y tu frente escarlata,

	y los días del corazón caen en tus orejas

	como vagos búhos de sangre eliminada, ·

	y los collares que gota a gota se formaron con lágrimas

	rodean tu garganta quemándote la voz como con hielo.

	

	Es para que nunca, nunca

	hables, es para que nunca, nunca

	salga una golondrina del nido de la lengua

	y para que las ortigas destruyan tu garganta

	y un viento de buque áspero te habite.

	

	En dónde te desvistes?

	En un ferrocarril, junto a un peruano rojo

	o con un segador, entre terrones, a la violenta

	luz del trigo?

	O corres con ciertos abogados de mirada terrible

	largamente desnuda, a la orilla del agua de la noche?

	

	Miras: no ves la luna ni el jacinto

	ni la oscuridad goteada de humedades,

	ni el tren de cieno, ni el marfil partido:

	ves cinturas delgadas como oxígeno,

	pechos que aguardan acumulando peso

	e idéntica al zafiro de lunar avaricia

	palpitas desde el dulce ombligo hasta las rosas.

	

	Por qué sí? Por qué no? Los días descubiertos

	aportan roja arena sin cesar destrozada

	a las hélices puras que inauguran el día,

	y pasa un mes con corteza de tortuga,

	pasa un estéril día,

	pasa un buey, un difunto,

	una mujer llamada Rosalía,

	y no queda en la boca sino un sabor de pelo

	y de dorada lengua que con sed se alimenta.

	Nada sino esa pulpa de los seres,

	nada sino esa copa de raíces.

	

	Yo persigo como en un túnel roto, en otro extremo

	carne y besos que debo olvidar injustamente,

	y en las aguas de espaldas cuando ya los espejos

	avivan el abismo, cuando la fatiga, los sórdidos relojes

	golpean a la puerta de hoteles suburbanos, y cae

	la flor de papel pintado, y el terciopelo cagado por las ratas

	y la cama

	cien veces ocupada por miserables parejas, cuando

	todo me dice que un día ha terminado, tú y yo

	hemos estado juntos derribando cuerpos,

	construyendo una casa que no dura ni muere,

	tú y yo hemos corrido juntos un mismo río

	con encadenadas bocas llenas de sal y sangre,

	tú y yo hemos hecho temblar otra vez las luces verdes

	y hemos solicitado de nuevo las grandes cenizas.

	

	Recuerdo sólo un día

	que tal vez nunca me fue destinado,

	era un día incesante,

	sin orígenes. Jueves.

	Yo era un hombre transportado al acaso

	con una mujer hallada vagamente,

	nos desnudamos

	como para morir o nadar o envejecer

	y nos metimos uno dentro del otro,

	ella rodeándome como un agujero,

	yo quebrantándola como quien

	golpea una campana,

	pues ella era el sonido que me hería

	y la cúpula dura decidida a temblar.

	

	Era una sorda ciencia con cabello y cavernas

	y machacando puntas de médula y dulzura

	he rodado a las grandes coronas genitales

	entre piedras y asuntos sometidos.

	

	Éste es un cuento de puertos adonde

	llega uno, al azar, y sube a las colinas,

	suceden tantas cosas.

	

	Enemiga, enemiga,

	es posible que el amor haya caído al polvo

	y no haya sino carne y huesos velozmente adorados

	mientras el fuego se consume

	y los caballos vestidos de rojo galopan al infierno?

	

	Yo quiero para mí la avena y el relámpago

	a fondo de epidermis,

	y el devorante pétalo desarrollado en furia,

	y el corazón labial del cerezo de junio,

	y el reposo de lentas barrigas que arden sin dirección,

	pero me falta un suelo de cal con lágrimas

	y una ventana donde esperar espumas.

	

	Así es la vida,

	corre tú entre las hojas, un otoño

	negro ha llegado,

	corre vestida con una falda de hojas y un cinturón de metal

	amarillo,

	mientras la neblina de la estación roe las piedras.

	

	Corre con tus zapatos, con tus medias,

	con el gris repartido, con el hueco del pie, y con esas manos

	que el tabaco salvaje adoraría,

	golpea escaleras, derriba

	el papel negro que protege las puertas,

	y entra en medio del sol y la ira de un día de puñales

	a echarte como paloma de luto y nieve sobre un cuerpo.

	

	Es una sola hora larga como una vena,

	y entre el ácido y la paciencia del tiempo arrugado

	transcurrimos,

	apartando las sílabas del miedo y la ternura,

	interminablemente exterminados.
16.

Llénate de mí

Llénate de mí.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Pídeme. 
	Recógeme, contiéneme, ocúltame.
Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, 
	es tu hora.
Soy el que pasó saltando sobre las cosas,
el fugante, el 
	doliente.

	
Pero siento tu hora,
la hora de que mi vida gotee sobre tu alma,

	la hora de las ternuras que no derramé nunca,
la hora de los silencios 
	que no tienen palabras,
tu hora, alba de sangre que me nutrió de 
	angustias,
tu hora, medianoche que me fue solitaria.

	
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Yo soy esto que gime, esto 
	que arde, esto que sufre.
Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que 
	canta.
No, no quiero ser esto.
Ayúdame a romper estas puertas 
	inmensas.
Con tus hombros de seda desentierra estas anclas.
Así 
	crucificaron mi dolor una tarde.
Libértame de mí. Quiero salir de mi 
	alma.

	
Quiero no tener límites y alzarme hacia aquel astro.
Mi corazón no 
	debe callar hoy o mañana.
Debe participar de lo que toca,
debe ser de 
	metales, de raíces, de alas.
No puedo ser la piedra que se alza y que no 
	vuelve,
no puedo ser la sombra que se deshace y pasa.

	
No, no puede ser, no puede ser, no puede ser.
Entonces gritaría, 
	lloraría, gemiría.
No puede ser, no puede ser.
Quién iba a romper esta 
	vibración de mis alas?
Quién iba a exterminarme? Qué designio, qué 
	palabra?
No puede ser, no puede ser, no puede ser.
Libértame de mí. 
	Quiero salir de mi alma.

	
Porque tú eres mi ruta. Te forjé en lucha viva.
De mi pelea oscura 
	contra mí mismo, fuiste.
Tienes de mí ese sello de avidez no saciada.

	Desde que yo los miro tus ojos son más tristes.
Vamos juntos, Rompamos 
	este camino juntos.
Será la ruta tuya. Pasa. Déjame irme.
Ansíame, 
	agótame, viérteme, sacrifícame.
Haz tambalear los cercos de mis últimos 
	límites.

	
Y que yo pueda, al fin, correr en fuga loca,
inundando las tierras 
	como un río terrible,
desatando estos nudos, ah Dios mío, estos nudos

	destrozando,
quemando,
arrasando
como una lava loca lo que existe,

	correr fuera de mí mismo, perdidamente,
libre de mí, furiosamente libre.

	Irme,
Dios mío,
irme!
17.

Material nupcial

De pie como un 
	cerezo sin cáscara ni flores,
especial, encendido, con venas y saliva,

	y dedos y testículos,
miro una niña de papel y luna,
horizontal, 
	temblando y respirando y blanca
y sus pezones como dos cifras separadas,

	y la rosal reunión de sus piernas en donde
su sexo de pestañas nocturnas 
	parpadea.


	Pálido, 
	desbordante,
siento hundirse palabras en mi boca,
palabras como niños 
	ahogados,
y rumbo y rumbo y dientes crecen naves,
y aguas y latitud 
	como quemadas.


	La pondré como 
	una espada o un espejo,
y abriré hasta la muerte sus piernas temerosas,

	y morderé sus orejas y sus venas,
y haré que retroceda con los ojos 
	cerrados
en un espeso río de semen verde.


	La inundaré de 
	amapolas y relámpagos,
la envolveré en rodillas, en labios, en agujas,

	la entraré con pulgadas de epidermis llorando
y presiones de crimen y 
	pelos empapados.


	La haré huir 
	escapándose por uñas y suspiros,
hacia nunca, hacia nada,
trepándose a 
	la lenta médula y al oxígeno,
agarrándose a recuerdos y razones
como 
	una sola mano, como un dedo partido
agitando una uña de sal desamparada.


	Debe correr 
	durmiendo por caminos de piel
en un país con cuchillos, y sábanas, y 
	hormigas,
y con ojos que caen en ella como muertos,
y con gotas de 
	negra materia resbalando
como pescados ciegos o balas de agua gruesa.
18.

Me falta tiempo para celebrar tus cabellos...

Me falta tiempo para 
	celebrar tus cabellos. 
Uno por uno debo contarlos y alabarlos:
otros 
	amantes quieren vivir con ciertos ojos, 
	
yo sólo quiero ser tu peluquero.


	En Italia te bautizaron 
	Medusa 
	
por la encrespada y alta luz de tu cabellera. 
Yo te llamo chascona 
	mía y enmarañada:
mi corazón conoce las puertas de tu pelo.


	Cuando tú te extravíes en 
	tus propios cabellos, 
no me olvides, acuérdate que te amo, 
no me 
	dejes perdido ir sin tu cabellera.
19.

Por las montañas vas como viene la brisa...

Por las 
	montañas vas como viene la brisa 
o la corriente brusca que baja de la 
	nieve 
	
o bien tu cabellera palpitante confirma 
los altos ornamentos del sol 
	en la espesura. 
	
Toda la luz del Cáucaso cae sobre tu cuerpo 
como en una pequeña 
	vasija interminable 
	
en que el agua se cambia de vestido y de canto 
a cada movimiento 
	transparente del río. 
	
Por los montes el viejo camino de guerreros 
y abajo enfurecida 
	brilla como una espada 
	
el agua entre murallas de manos minerales, 
hasta que tú recibes de 
	los bosques de pronto 
	
el ramo o el relámpago de unas flores azules 
y la insólita flecha de 
	un aroma salvaje.
20.

Ritual de mis piernas

Largamente he 
	permanecido mirando mis largas piernas
con ternura infinita y curiosa, 
	con mi acostumbrada pasión,
como si hubieran sido las piernas de una 
	mujer divina
profundamente sumida en el abismo de mi tórax:
y es que, 
	la verdad, cuando el tiempo, el tiempo pasa,
sobre la tierra, sobre el 
	techo, sobre mi impura cabeza,
y pasa, el tiempo pasa, y en mi lecho no 
	siento de noche que
una mujer está respirando, durmiendo, desnuda y a mi 
	lado,
entonces, extrañas, oscuras cosas toman el lugar de la ausente,

	viciosos, melancólicos pensamientos
siembran pesadas posibilidades en mi 
	dormitorio,
y así, pues, miro mis piernas como si pertenecieran a otro 
	cuerpo,
y fuerte y dulcemente estuvieran pegadas a mis entrañas.

	
Como tallos o femeninas, adorables cosas,
desde las rodillas suben, 
	cilíndricas y espesas,
con turbado y compacto material de existencia:

	como brutales, gruesos brazos de diosa,
como árboles monstruosamente 
	vestidos de seres humanos,
como fatales, inmensos labios sedientos y 
	tranquilos,
son allí la mejor parte de mi cuerpo:
lo enteramente 
	substancial, sin complicado contenido
de sentidos o tráqueas o intestinos 
	o ganglios:
nada, sino lo puro, lo dulce y espeso de mi propia vida,

	nada, sino la forma y el volumen existiendo,
guardando la vida, sin 
	embargo, de una manera completa.

	
Las gentes cruzan el mundo en la actualidad
sin apenas recordar que 
	poseen un cuerpo y en él la vida,
y hay miedo, hay miedo en el mundo de 
	las palabras que designan el cuerpo,
y se habla favorablemente de la 
	ropa,
de pantalones es posible hablar, de trajes,
y de ropa interior 
	de mujer (de medias y ligas de «señora»),
como si por las calles fueran 
	las prendas y los trajes vacíos por completo
y un oscuro y obsceno 
	guardarropas ocupara el mundo.

Tienen existencia los trajes, color, 
	forma, designio,
y profundo lugar en nuestros mitos, demasiado lugar,

	demasiados muebles y demasiadas habitaciones hay en el mundo,
y mi cuerpo 
	vive entre y bajo tantas cosas abatido,
con un pensamiento fijo de 
	esclavitud y de cadenas.

	
Bueno, mis rodillas, como nudos,
particulares, funcionarios, 
	evidentes,
separan las mitades de mis piernas en forma seca:
y en 
	realidad dos mundos diferentes, dos sexos diferentes
no son tan 
	diferentes como las dos mitades de mis piernas.

	
Desde la rodilla hasta el pie una forma dura,
mineral, fríamente útil 
	aparece,
una criatura de hueso y persistencia,
y los tobillos no son 
	ya sino el propósito desnudo,
la exactitud y lo necesario dispuestos en 
	definitiva.

	
Sin sensualidad, cortas y duras, y masculinas,
son allí mis piernas, 
	y dotadas
de grupos musculares como animales complementarios,
y allí 
	también una vida, una sólida, sutil, aguda vida
sin temblar permanece, 
	aguardando y actuando.

	
En mis pies cosquillosos,
y duros como el sol, y abiertos como 
	flores,
y perpetuos, magníficos soldados
en la guerra gris del 
	espacio,
todo termina, la vida termina definitivamente en mis pies,
lo 
	extranjero y lo hostil allí comienza,
los nombres del mundo, lo 
	fronterizo y lo remoto,
lo sustantivo y lo adjetivo que no caben en mi 
	corazón,
con densa y fría constancia allí se originan.

	
Siempre,
productos manufacturados, medias, zapatos,
o simplemente 
	aire infinito,
habrá entre mis pies y la tierra
extremando lo aislado 
	y lo solitario de mi ser,
algo tenazmente supuesto entre mi vida y la 
	tierra,
algo abiertamente invencible y enemigo.
21.

Sed de ti

Sed de ti me 
	acosa en las noches hambrientas.
Trémula mano roja que hasta su vida se 
	alza.
Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.
Sed de metal 
	ardiendo, sed de raíces ávidas......


	Por eso eres 
	la sed y lo que ha de saciarla.
Cómo poder no amarte si he de amarte por 
	eso.
Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.
Cómo si hasta mis 
	huesos tienen sed de tus huesos.
Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.

	Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
Los ojos tienen sed, 
	para qué están tus ojos.


	La boca tiene 
	sed, para qué están tus besos.
El alma está incendiada de estas brasas 
	que te aman.
El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.
De 
	sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.
Y en ella se aniquila como el 
	agua en el fuego.
22.

Serenata

En tu frente 
	descansa el color de las amapolas,
el luto de las viudas halla eco, oh 
	apiadada:
cuando corres detrás de los ferrocarriles, en los campos,
el 
	delgado labrador te da la espalda,
de tus pisadas brotan temblando los 
	dulces sapos.

	
El joven sin recuerdos te saluda, te pregunta por su olvidada voluntad,

	las manos de él se mueven en tu atmósfera como pájaros,
y la humedad es 
	grande a su alrededor:
cruzando sus pensamientos incompletos,

	queriendo alcanzar algo, oh buscándote,
le palpitan los ojos pálidos en 
	tu red
como instrumentos perdidos que brillan de súbito.

	
O recuerdo el día primero de la sed,
la sombra apretada contra los 
	jazmines,
el cuerpo profundo en que te recogías
como una gota 
	temblando también.

	
Pero acallas los grandes árboles, y encima de la luna, sobrelejos,

	vigilas el mar como un ladrón.
Oh noche, mi alma sobrecogida te pregunta

	desesperadamente a ti por el metal que necesita.
23.

Siento

tu ternura allegarse a mi tierra...


		Siento tu ternura allegarse a mi tierra,
mirada de mis ojos, huir,

		la veo interrumpirse para seguirme hasta la hora
de mi silencio 
		absorto y de mi afán de ti.
Hela aquí tu ternura de ojos dulces que 
		esperan.
Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha.
Siento que se 
		me suben los musgos de tu pena
y me crecen a tientas en el alma 
		infinita.

		
Era esto el abandono, y lo sabías,
era la guerra oscura del 
		corazón y todos,
era la queja rota de angustias conmovidas,
y la 
		ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir,
y era eso mi vida,
era eso 
		que el agua de tus ojos llevaba,
era eso que en el hueco de tus manos 
		cabía.

		
Ah, mariposa mía y arrullo de paloma,
ah vaso, ah estero, ah 
		compañera mía!
Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba,
en las 
		abiertas noches de estrellas frías
ahora, en el otoño, en el baile 
		amarillo
de los vientos hambrientos y las hojas caídas!

		
Dímelo, te llegaba
aullando o cómo o sollozando 
en la hora de 
		la sangre fermentada
cuando la tierra crece y se cimbra latiendo

		bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar?

		
Dímelo, me sentiste
trepar hasta tu forma por todos los 
		silencios,
y todas las palabras?

		
Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde.
Es más allá de ti. Lo 
		comprendes, hermana?
Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos

		y ruedan las estrellas antes de mi mirada.

		
Siento que soy la aguja de una infinita flecha,
y va a clavarse 
		lejos, no va a clavarse nunca,
tren de dolores húmedos en fuga hacia 
		lo eterno,
goteando en cada tierra sollozos y preguntas.

		
Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío,
lo tuyo, lo que 
		es mío, lo que es tuyo y me inunda,
hela aquí que me llena los 
		miembros de abandono,
hela aquí, tu ternura,
amarrándose a las 
		mismas raíces,
madurando en la misma caravana de frutas,
y 
		saliendo de tu alma rota bajo mis dedos
como el licor del vino del 
		centro de la uva.
24.

Tango del viudo

Oh maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
y 
		habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y 
		madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del 
		atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre
y ya no 
		podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos, 
		
mis comidas,
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí 
		aún 
		
quejándome del trópico de los coolíes corringhis, 
de 
		las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño 
		
y de los espantosos ingleses que odio todavía.

¡Maligna, la 
		verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! 
		
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, 
a almorzar en 
		los restaurantes comida fría, y otra vez 
		
tiro al suelo los pantalones y las camisas, 
no hay perchas en mi 
		habitación, ni retratos de nadie en las paredes. 
		
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
y 
		qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra 
		invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

		
Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde 
el cuchillo que 
		escondí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente 
		quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al 
		brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas 
		raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y 
		la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables 
		substancias divinas.

		
Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas

		recostadas como detenidas y duras aguas solares, 
		
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el 
		perro de furia que asilas en el corazón, 
		
así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, 
		
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, 
el largo, 
		solitario espacio que me rodea para siempre. 
		

Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración 

		oída en largas noches sin mezcla de olvido, 
		
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. 
Y 
		por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, 
		
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, 

		cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, 
		
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma 
		de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas 
		desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente 
		inseparables y perdidas.
25.

Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo...

Tengo 
		hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo
y por las calles voy sin 
		nutrirme, callado,
no me sostiene el pan, el alba me desquicia,

		busco el sonido líquido de tus pies en el día.


		Estoy 
		hambriento de tu risa resbalada,
de tus manos color de furioso 
		granero,
tengo hambre de la pálida piedra de tus uñas,
quiero 
		comer tu piel como una intacta almendra.


		Quiero 
		comer el rayo quemado en tu hermosura,
la nariz soberana del 
		arrogante rostro,
quiero comer la sombra fugaz de tus pestañas


		y 
		hambriento vengo y voy olfateando el crepúsculo
buscándote, buscando 
		tu corazón caliente
como un puma en la soledad de Quitatrúe.
26.

Testamento de otoño

MATILDE URRUTIA, aquí te dejo
lo que tuve y lo que no tuve,
lo que 
		soy y lo que no soy.
Mi amor es un niño que llora:
no quiere salir 
		de tus brazos,
yo te lo dejo para siempre:
eres para mí la más 
		bella.

		
Eres para mí la más bella,
la más tatuada por el viento
como 
		un arbolito del sur,
como un avellano en agosto.
Eres para mí 
		suculenta
como una panadería,
es de tierra tu corazón,
pero tus 
		manos son celestes.

		
Eres roja y eres picante,
eres blanca y eres salada
como 
		escabeche de cebolla.
Eres un piano que ríe
con todas las notas 
		del alma
y sobre mí cae la música
de tus pestañas y tu pelo.
Me 
		baño en tu sombra de oro
y me deleitan tus orejas
como si las 
		hubiera visto
en las mareas de coral:
por tus uñas luché en las 
		olas
contra pescados pavorosos.

		
De Sur a Sur se abren tus ojos
y de Este a Oeste tu sonrisa,

		no se te pueden ver los pies
y el sol se entretiene estrellando
el 
		amanecer en tu pelo.
Tu cuerpo y tu rostro llegaron,
como yo, de 
		regiones duras,
de ceremonias lluviosas,
de antiguas tierras y 
		martirios.

		
Sigue cantando el Bío-Bío
en nuestra arcilla ensangrentada,

		pero tú trajiste del bosque
todos los secretos perfumes
y esa 
		manera de lucir
un perfil de flecha perdida,
1Ina medalla de 
		guerrero.

		
Tú fuiste mi vencedora
por el amor y por la tierra,
porque tu 
		boca me traía
antepasados manantiales,
citas en bosques de otra 
		edad,
oscuros tambores mojados:
de pronto oí que me llamaban,

		era de lejos y de cuando
me acerqué al antiguo follaje
y besé mi 
		sangre en tu boca,
corazón mío, mi araucana.

		
Qué puedo dejarte si tienes,
Matilde Urrutia, en tu costado

		ese aroma de hojas quemadas,
esa fragancia de frutillas
y entre 
		tus dos pechos marinos
el crepúsculo de Cauquenes
y el olor de 
		peumo de Chile?

		
En el alto otoño del mar
lleno de niebla y cavidades,
la 
		tierra se extiende y respira,
se le caen al mes las hojas.
Y tú 
		inclinada en mi trabajo
con tu pasión y tu paciencia
deletreando 
		las patas verdes,
las telarañas, los insectos
de mi mortal 
		caligrafía.
Oh leona de pies pequeñitos,
qué haría sin tus manos 
		breves,
dónde andaría caminando
sin corazón y sin objeto,
en 
		qué lejanos autobuses,
enfermo de fuego o de nieve?

		
Te debo el otoño marino
con la humedad de las raíces
y la 
		niebla como una uva
y el sol silvestre y elegante:
te debo este 
		cajón callado
en que se pierden los dolores
y sólo suben a la 
		frente
las corolas de la alegría.

		
Todo te lo debo a ti,
tórtola desencadenada,
mi codorniza 
		copetona,
mi jilguero de las montañas,
mi campesina de Coihueco.

		
Alguna vez si ya no somos,
si ya no vamos ni venimos
bajo 
		siete capas de polvo
y los pies secos de la muerte,
estaremos 
		juntos, amor ,
extrañamente confundidos.
Nuestras espinas 
		diferentes,
nuestros ojos maleducados,
nuestros pies que no se 
		encontraban
y nuestros besos indelebles,
todo estará por fin 
		reunido,
pero de qué nos servirá
la unidad de un cementerio?

		
Que no nos separe la vida
y se vaya al diablo la muerte!
27.

Veinte

poemas 
	de amor y una canción desesperada:
28.

Poema 01... Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos...

Cuerpo de mujer, blancas 
	colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.

	Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar al hijo del fondo 
	de la tierra.


	Fui sólo como un túnel. De 
	mí huían los pájaros,
y en mí la noche entraba en su invasión poderosa.

	Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como 
	una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.

	Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
¡Ah los vasos del 
	pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!
¡Ah las rosas del pubis! ¡ Ah tu voz 
	lenta y triste!


	Cuerpo de mujer mía, 
	persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!

	Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue y el dolor 
	infinito.


		* * * * *
29.

Poema 02... En su llama mortal la luz te envuelve...

En su llama mortal la 
		luz te envuelve. 
		
Absorta, pálida doliente, así situada 
contra las viejas hélices 
		del crepúsculo 
		
que en torno a ti da vueltas. 


		Muda, mi amiga, 

		sola en lo solitario de esta hora de muertes 
		
y llena de las vidas del fuego, 
pura heredera del día destruido. 
		


		Del sol cae un racimo 
		en tu vestido oscuro. 
De la noche las grandes raíces 
crecen de 
		súbito desde tu alma, 
		
y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas, 
de modo que un 
		pueblo pálido y azul 
		
de ti recién nacido se alimenta. 


		Oh grandiosa y fecunda 
		y magnética esclava 
del círculo que en negro y dorado sucede: 

		erguida, trata y logra una creación tan viva 
		
que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.


		

		* * * * *
30.

Poema

03... Ah vastedad de 
		pinos, rumor de olas quebrándose...


		Ah vastedad de pinos, 
		rumor de olas quebrándose,
lento juego de luces, campana solitaria, 

		crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca, 
		
caracola terrestre, en ti la tierra canta! 

En ti los ríos 
		cantan y mi alma en ellos huye 
		
como tú lo desees y hacia donde tú quieras. 
Márcame mi camino en 
		tu arco de esperanza 
		
y soltaré en delirio mi bandada de flechas. 


		En torno a mí estoy 
		viendo tu cintura de niebla 
y tu silencio acosa mis horas 
		perseguidas, 
y eres tú con tus brazos de piedra transparente 
		
donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida. 

Ah tu voz 
		misteriosa que el amor tiñe y dobla 
		
en el atardecer resonante y muriendo! 
Así en horas profundas 
		sobre los campos 
		
he visto doblarse las espigas en la boca del viento.


		

		* * * * *
31.

Poema 04... Es la mañana llena de tempestad...

Es la 
		mañana llena de tempestad
en el corazón del verano.


		Como 
		pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,
el viento las sacude con 
		sus viajeras manos.


		
		Innumerable corazón del viento
latiendo sobre nuestro silencio 
		enamorado.


		Zumbando 
		entre los árboles, orquestal y divino,
como una lengua llena de 
		guerras y de cantos.


		Viento que 
		lleva en rápido robo la hojarasca
y desvía las flechas latientes de 
		los pájaros.


		Viento que 
		la derriba en ola sin espuma
y sustancia sin peso, y fuegos 
		inclinado.


		Se rompe y 
		se sumerge su volumen de besos
combatido en la puerta del viento del 
		verano.


		

		* * * * *
32.

Poema 05... Para que tú me oigas...

Para 
		que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las 
		huellas de las gaviotas en las playas.


		Collar, 
		cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.


		Y las 
		miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en 
		mi viejo dolor como las yedras.


		Ellas 
		trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego 
		sangriento.


		Ellas 
		están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo 
		llenas.


		Antes 
		que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que 
		tú a mi tristeza.


		Ahora 
		quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como 
		quiero que me oigas.


		El 
		viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños 
		aún a veces las tumban


		
		Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, 
		sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. 
		Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.


		Pero se 
		van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo 
		ocupas.


		Voy 
		haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves 
		como las uvas.


		

		
		* * * * *
33.

Poema 06... Te recuerdo como eras en el último otoño...

Te recuerdo como eras 
		en el último otoño. 
Eras la boina gris y el corazón en calma. 
En 
		tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo. 
		
Y las hojas caían en el agua de tu alma. 


		Apegada a mis brazos 
		como una enredadera,
      	
las hojas recogían tu voz lenta y en calma. 
Hoguera de estupor 
		en que mi sed ardía. 
		
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma. 


		Siento viajar tus ojos 
		y es distante el otoño: 
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa 

		hacia donde emigraban mis profundos anhelos 
		
y caían mis besos alegres como brasas. 


		Cielo desde un navío. 
		Campo desde los cerros. 
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque 
		en calma! 
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos. 
		
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.


		

		
		* * * * *
34.

Poema 07... Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes...

Inclinado en las tardes 
		tiro mis tristes redes 
a tus ojos oceánicos. 


		Allí se estira y arde 
		en la mas alta hoguera
mi soledad que da vueltas los brazos como un

		náufrago. 
		


		Hago Rojas señales 
		sobre tus ojos ausentes 
que olean como el mar a la orilla de un 
		faro. 


		Sólo guardas tinieblas, 
		hembra distante y mía, 
de tu mirada emerge a veces la costa del 
		espanto. 


		Inclinado en las tardes 
		echo mis tristes redes 
a ese mar que sacude tus ojos oceánicos. 


		Los pájaros nocturnos 
		picotean las primeras 
estrellas 
que centellean como mi alma 
		cuando te amo. 
		


		Galopa la noche en su 
		yegua sombría 
		
desparramando espigas azules sobre el campo. 


		

		
		* * * * *
35.

Poema 08... Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma...

Abeja blanca zumbas 
		-ebria de miel- en mi alma 
y te tuerces en lentas espirales de humo. 


		Soy el desesperado, la 
		palabra sin ecos, 
		
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. 


		Ultima amarra, cruje en 
		ti mi ansiedad última. 
En mi tierra desierta eres la última rosa. 


		Ah silenciosa! 
		


		Cierra tus ojos 
		profundos. Allí aletea la noche. 
Ah desnuda tu cuerpo de estatua 
		temerosa. 


		Tienes ojos profundos 
		donde la noche alea. 
Frescos brazos de flor y regazo de rosa. 


		Se parecen tus senos a 
		los caracoles blancos. 
Ha venido a dormirse en tu vientre una 
		mariposa de sombra. 
		


		Ah silenciosa! 
		


		He aquí la soledad de 
		donde estás ausente. 
Llueve. El viento del mar caza errantes 
		gaviotas. 


		El agua anda descalza 
		por las calles mojadas. 
De aquel árbol se quejan, como enfermos, las 
		hojas. 
		


		Abeja blanca, ausente, 
		aún zumbas en mi alma. 
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa. 


		Ah silenciosa! 
		


		

		* * * * *
36.

Poema 09... Ebrio de trementina y largos besos...

Ebrio de trementina y 
		largos besos, 
		
estival, el velero de las rosas dirijo, 
torcido hacia la muerte 
		del delgado día, 
		
cimentado en el sólido frenesí marino. 


		Pálido y amarrado a mi 
		agua devorante 
		
cruzo en el agrio olor del clima descubierto, 
aún vestido de 
		gris y sonidos amargos, 
		
y una cimera triste de abandonada espuma. 


		Voy, duro de pasiones, 
		montado en mi ola única, 
lunar, solar, ardiente y frío, repentino, 

		dormido en la garganta de las afortunadas 
		
islas blancas y dulces como caderas frescas. 


		Tiembla en la noche 
		húmeda mi vestido de besos 
locamente cargado de eléctricas 
		gestiones, 
de modo heroico dividido en sueños 
		
y embriagadoras rosas practicándose en mí. 


		Aguas arriba, en medio 
		de las olas externas, 
tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos 

		como un pez infinitamente pegado a mi alma 
		
rápido y lento en la energía subceleste. 


		

		
		* * * * *
37.

Poema 10... Hemos perdido aún este crepúsculo...

Hemos perdido aún este 
		crepúsculo. 
		
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas 
mientras la noche 
		azul caía sobre el mundo. 
		


		He visto desde mi 
		ventana 
		
la fiesta del poniente en los cerros lejanos. 


		A veces como una moneda 
		
se encendía un pedazo de sol entre mis manos. 


		Yo te recordaba con el 
		alma apretada 
		
de esa tristeza que tú me conoces. 


		Entonces, dónde 
		estabas? 
		
Entre qué gentes? 
Diciendo qué palabras? 
Por qué se me 
		vendrá todo el amor de golpe 
		
cuando me siento triste, y te siento lejana? 


		Cayó el libro que 
		siempre se toma en el crepúsculo, 
y como un perro herido rodó a mis 
		pies mi capa. 
		


		Siempre, siempre te 
		alejas en las tardes 
		
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.


		

		
		* * * * *
38.

Poema 11... Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas...

Casi fuera del cielo 
		ancla entre dos montañas 
la mitad de la luna. 
Girante, errante 
		noche, la cavadora de ojos. 
		
A ver cuántas estrellas trizadas en la charca. 


		Hace una cruz de luto 
		entre mis cejas, huye. 
Fragua de metales azules, noches de las 
		calladas luchas, 
mi corazón da vueltas como un volante loco. 
		
Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos, 
a veces fulgurece 
		su mirada debajo del cielo. 
		
Quejumbre, tempestad, remolino de furia, 
cruza encima de mi 
		corazón, sin detenerte. 
		
Viento de los sepulcros acarrea, destroza, 

		dispersa tu raíz soñolienta. 

Desarraiga los grandes árboles al 
		otro lado de ella. 
		
Pero tú, clara niña, pregunta de humo, espiga. 
Era la que iba 
		formando el viento con hojas iluminadas. 
		
Detrás de las montañas nocturnas, blanco lirio de incendio, 
ah 
		nada puedo decir! Era hecha de todas las cosas. 
		


		Ansiedad que partiste 
		mi pecho a cuchillazos, 
es hora de seguir otro camino, donde ella no 
		sonría. 
Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de 
		tormentas 
para qué tocarla ahora, para qué entristecerla. 

		
Ay seguir el camino que se aleja de todo, 
		
donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno, 
con 
		sus ojos abiertos entre el rocío.


		

		* * * * *
39.

Poema 12... Para mi corazón basta tu pecho...

Para mi corazón basta 
		tu pecho, 
		
para tu libertad bastan mis alas. 
Desde mi boca llegará hasta el 
		cielo 
		
lo que estaba dormido sobre tu alma. 


		Es en ti la ilusión de 
		cada día. 
		
Llegas como el rocío a las corolas. 
Socavas el horizonte con tu 
		ausencia. 
		
Eternamente en fuga como la ola. 


		He dicho que cantabas 
		en el viento 
		
como los pinos y como los mástiles. 
Como ellos eres alta y 
		taciturna. 
		
Y entristeces de pronto, como un viaje. 


		Acogedora como un viejo 
		camino. 
		
Te pueblan ecos y voces nostálgicas. 
Yo desperté y a veces 
		emigran y huyen 
		
pájaros que dormían en tu alma. 


		

		
		* * * * *
40.

Poema 13... He ido marcando con cruces de fuego...

He ido marcando con 
		cruces de fuego 
		
el atlas blanco de tu cuerpo. 
Mi boca era una araña que cruzaba 
		escondiéndose. 
		
En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta. 


		Historias que contarte 
		a la orilla del crepúsculo, 
muñeca triste y dulce, para que no 
		estuvieras triste. 
Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre. 
		
El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal. 


		Yo que viví en un 
		puerto desde donde te amaba. 
La soledad cruzada de sueño y de 
		silencio. 
Acorralado entre el mar y la tristeza. 
		
Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles. 


		Entre los labios y la 
		voz, algo se va muriendo. 
Algo con alas de pájaro, algo de angustia 
		y de olvido. 
Así como las redes no retienen el agua. 
		
Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando. 
Sin embargo, algo 
		canta entre estas palabras fugaces. 
		
Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca. 
Oh poder celebrarte 
		con todas las palabras de alegría.
		
Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. 

		Triste ternura mía, qué te haces de repente? 
		
Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío 
mi corazón se 
		cierra como una flor nocturna.


		

		
		* * * * *
41.

Poema 14... Juegas todos los días con la luz del universo...

Juegas todos los días 
		con la luz del universo. 
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el 
		agua. 
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto 
		
como un racimo entre mis manos cada día. 


		A nadie te pareces 
		desde que yo te amo. 
		
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. 
Quién escribe tu 
		nombre con letras de humo 
		
entre las estrellas del sur? 
Ah déjame recordarte cómo eras 
		entonces, 
		
cuando aún no existías. 


		De pronto el viento 
		aúlla y golpea mi ventana cerrada. 
El cielo es una red cuajada de 
		peces sombríos. 
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. 
		
Se desviste la lluvia. 


		Pasan huyendo los 
		pájaros. 
		
El viento. El viento. 
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de 
		los hombres. 
		
El temporal arremolina hojas oscuras 
y suelta todas las barcas 
		que anoche amarraron al cielo. 
		


		Tú estás aquí. Ah tú no 
		huyes. 
		
Tú me responderás hasta el último grito. 
Ovíllate a mi lado como 
		si tuvieras miedo. 
		
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.
		


		Ahora, ahora también, 
		pequeña, me traes madreselvas, 
y tienes hasta los senos perfumados. 

		Mientras el viento triste galopa matando mariposas 
		
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. 


		Cuanto te habrá dolido 
		acostumbrarte a mí, 
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos 
		ahuyentan. 
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los 
		ojos 
		
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos 
		girantes.
		


		Mis palabras llovieron 
		sobre ti acariciándote. 
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar 
		soleado. 
Hasta te creo dueña del universo. 
		
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, 
avellanas 
		oscuras, y cestas silvestres de besos. 
		


		Quiero hacer contigo 
		
lo que la primavera hace con los cerezos.


		

		
		* * * * *

Frases y pensamientos de Pablo Neruda

16 citas
« Dadme el silencio, el agua, la esperanza. Dadme la lucha, el hierro, los volcanes. Apegadme los cuerpos como imanes. Acudid a mis venas y a mi boca. Hablad por mis palabras y mi sangre.‎. »
Pablo Neruda · en GLibros
« El fuego para el gran ladrón, la cárcel para el que roba un pan. »
Pablo Neruda · Señor (1997), p. 319
« No crean que voy a morirme, me pasa todo lo contrario, sucede que voy a vivirme, sucede que soy y que sigo. »
Pablo Neruda · CVC
« Puedo escribir los versos más tristes esta noche; escribir, por ejemplo: La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos. »
Pablo Neruda · Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Univ. de Chile
« Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos. »
Pablo Neruda · Eso no estaba en mi libro de botánica
« Como todas las cosas están llenas de mi almaemerges de las cosas, llena del alma mía.Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,y te pareces a la palabra melancolía. »
Pablo Neruda · Veinte poemas de amor... poema 15. Universidad de Chile
« Dónde está el niño que yo fui,sigue adentro de mí o se fue?Sabe que no lo quise nuncay que tampoco me quería?. »
Pablo Neruda · Libro de las preguntas Universidad de Chile
« El dinero para los ricos. Para los pobres el trabajo. Para los ricos la casa grande. El tugurio para los pobres. El fuero para el gran ladrón. La cárcel al que roba un pan. »
Pablo Neruda · Señor (1997), p. 319
« Yo tenía catorce añosy era orgullosamente oscuro,delgado, ceñido y fruncido, funeral y ceremonioso. »
Pablo Neruda · De ¿Dónde estará la Guillermina?. Una entrevista imaginaria. Universidad de Chile en línea
« Era un liante, un vividor y un infantil, y no es sorprendente que su vida aventurera haya sido inmortalizada no solo en libros, sino también en películas, oratorios, álbumes de roch y novelas policiíacas. Pero entre sus miles de poemas hay más de una docena que son difíciles de olvidar. »
Pablo Neruda
« Hay dos maneras de refutar a Neruda: una es no leyéndolo, la otra es leyéndolo a mala fe. Yo he practicado ambas, pero ninguna me dio resultado. Señores y señoras, yo no soy un nerudista improvisado. El tema de Neruda me atrae vigorosamente desde que tengo uso de razón, no hay día que no piense una vez en él por lo menos. »
Pablo Neruda · Discurso de bienvenida en honor de Pablo Neruda el 30 de marzo de 1962
« La poesía del continente americano limita al norte con Walt Whitman y al sur con Pablo Neruda. »
Pablo Neruda · Antología poética de Pablo Neruda
« Por la poesía de Neruda pasa Chile entero, con sus ríos, sus montañas, sus nieves eternas y tórridos desiertos. »
Pablo Neruda · Se abrirán las grandes alamedas
« ¡Quiero ser gordo como Balzac! ¡Y no flaco como Bécquer!. »
Pablo Neruda · Algunos autores atribuyen esta frase al propio Neruda. Ver 39 escritores y medio
« Se mantiene frente al mundo lleno de sincero asombro y le fallan los dos elementos con los que han vivido tantos falsos poetas, el odio y la ironía. »
Pablo Neruda · Presentación de Pablo Neruda en Biblioteca Nacional Digital
« Veinte poemas de amor y una canción desesperada. »
Pablo Neruda
« Conocer el amor de los que amamos es el fuego que alimenta la vida. »
Pablo Neruda
« Dadme el silencio, el agua, la esperanza. Dadme la lucha, el hierro, los volcanes. Apegadme los cuerpos como imanes. Acudid a mis venas y a mi boca. Hablad por mis palabras y mi sangre.‎. »
Pablo Neruda
« El fuego para el gran ladrón, la cárcel para el que roba un pan. »
Pablo Neruda
« En un beso, sabrás todo lo que he callado. »
Pablo Neruda
« No crean que voy a morirme, me pasa todo lo contrario, sucede que voy a vivirme, sucede que soy y que sigo. »
Pablo Neruda
« Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. »
Pablo Neruda
« Para que nada nos separe, que nada nos una. »
Pablo Neruda
« Puedo escribir los versos más tristes esta noche; escribir, por ejemplo: La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos. »
Pablo Neruda
« Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos. »
Pablo Neruda
« Quizás no he vivido en mi propio cuerpo, quizás he vivido la vida de otros... mi vida está hecha de todas las vidas: las vidas del poeta. »
Pablo Neruda
« Sobre la Tierra, antes que la escritura y la imprenta, existió la poesía. »
Pablo Neruda
« Yo creía que la ruta pasaba por el hombre, y que de allí tenía que salir el destino. »
Pablo Neruda
« Como todas las cosas están llenas de mi almaemerges de las cosas, llena del alma mía.Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,y te pareces a la palabra melancolía. »
Pablo Neruda
« Dónde está el niño que yo fui,sigue adentro de mí o se fue?Sabe que no lo quise nuncay que tampoco me quería?. »
Pablo Neruda
« El dinero para los ricos . Para los pobres el trabajo . Para los ricos la casa grande . El tugurio para los pobres . El fuero para el gran ladrón . La cárcel al que roba un pan. »
Pablo Neruda
« Yo tenía catorce añosy era orgullosamente oscuro,delgado, ceñido y fruncido, funeral y ceremonioso. »
Pablo Neruda
« Era un liante, un vividor y un infantil, y no es sorprendente que su vida aventurera haya sido inmortalizada no solo en libros, sino también en películas, oratorios, álbumes de roch y novelas policiíacas. Pero entre sus miles de poemas hay más de una docena que son difíciles de olvidar. »
Pablo Neruda
« Hay dos maneras de refutar a Neruda: una es no leyéndolo, la otra es leyéndolo a mala fe. Yo he practicado ambas, pero ninguna me dio resultado. Señores y señoras, yo no soy un nerudista improvisado. El tema de Neruda me atrae vigorosamente desde que tengo uso de razón, no hay día que no piense una vez en él por lo menos. »
Pablo Neruda
« La poesía del continente americano limita al norte con Walt Whitman y al sur con Pablo Neruda. »
Pablo Neruda
« Por la poesía de Neruda pasa Chile entero, con sus ríos, sus montañas, sus nieves eternas y tórridos desiertos. »
Pablo Neruda
« ¡Quiero ser gordo como Balzac! ¡Y no flaco como Bécquer!. »
Pablo Neruda
« Se mantiene frente al mundo lleno de sincero asombro y le fallan los dos elementos con los que han vivido tantos falsos poetas, el odio y la ironía. »
Pablo Neruda
« Veinte poemas de amor y una canción desesperada. »
Pablo Neruda
Trayectoria lírica

Poemas y obras destacadas

Antología de poemas inmortales

Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Pablo Neruda, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.

Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.

Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.

Algunos libros de poesía de Pablo Neruda:

Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: