« Dadme el silencio, el agua, la esperanza. Dadme la lucha, el hierro, los volcanes. Apegadme los cuerpos como imanes. Acudid a mis venas y a mi boca. Hablad por mis palabras y mi sangre.. »
Pablo Neruda
Pablo Neruda (Parral, 12 de julio de 1904 - Santiago, 23 de septiembre de 1973) fue un poeta chileno, Premio Nobel de Literatura en 1971.
Poemas de Pablo Neruda
1.
Agua sexual
Agua sexual
Rodando a goterones solos, a gotas como dientes, a espesos goterones de mermelada y sangre, rodando a goterones cae el agua, como una espada en gotas, como un desgarrador río de vidrio, cae mordiendo, golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma, rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro. Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto, un líquido, un sudor, un aceite sin nombre, un movimiento agudo, haciéndose, espesándose, cae el agua, a goterones lentos, hacia su mar, hacia su seco océano, hacia su ola sin agua. Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero, bodegas, cigarras, poblaciones, estímulos, habitaciones, niñas durmiendo con las manos en el corazón, soñando con bandidos, con incendios, veo barcos, veo árboles de médula erizados como gatos rabiosos, veo sangre, puñales y medias de mujer, y pelos de hombre, veo camas, veo corredores donde grita una virgen, veo frazadas y órganos y hoteles. Veo los sueños sigilosos, admito los postreros días, y también los orígenes, y también los recuerdos, como un párpado atrozmente levantado a la fuerza estoy mirando. Y entonces hay este sonido: un ruido rojo de huesos, un pegarse de carne, y piernas amarillas como espigas juntándose. Yo escucho entre el disparo de los besos, escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos. Estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, y con las dos mitades del alma miro el mundo. Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente, veo caer agua sorda, a goterones sordos. Es como un huracán de gelatina, como una catarata de espermas y medusas. Veo correr un arco iris turbio. Veo pasar sus aguas a través de los huesos.
2.
Amor
Amor
Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte la leche de los senos como de un manantial, por mirarte y sentirte a mi lado, y tenerte en la risa de oro y la voz de cristal. Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal, porque tu ser pasara sin pena al lado mío y saliera en la estrofa --limpio de todo mal--. ¡Cómo sabría amarte, mujer cómo sabría amarte, amarte como nadie supo jamás! Morir y todavía amarte más. Y todavía amarte más.
3.
Ángela Adónica
Ángela Adónica
Hoy me he tendido junto a una joven pura como a la orilla de un océano blanco, como en el centro de una ardiente estrella de lento espacio. De su mirada largamente verde la luz caía como un agua seca, en transparentes y profundos círculos de fresca fuerza. Su pecho como un fuego de dos llamas ardía en dos regiones levantado, y en doble río llegaba a sus pies, grandes y claros. Un clima de oro maduraba apenas las diurnas longitudes de su cuerpo llenándolo de frutas extendidas y oculto fuego.
4.
Canción del macho y de la hembra
Canción del macho y de la hembra
¡Canción del macho y de la hembra! La fruta de los siglos exprimiendo su jugo en nuestras venas. Mi alma derramándose en tu carne extendida para salir de ti más buena, el corazón desparramándose estirándose como una pantera, y mi vida, hecha astillas, anudándose a ti como la luz a las estrellas! Me recibes como al viento la vela. Te recibo como el surco a la siembra. Duérmete sobre mis dolores si mis dolores no te queman, amárrate a mis alas acaso mis alas te llevan, endereza mis deseos acaso te lastima su pelea. ¡Tú eres lo único que tengo desde que perdí mi tristeza! ¡Desgárrame como una espada o táctame como una antena! Bésame muérdeme, incéndiame, que yo vengo a la tierra sólo por el naufragio de mis ojos de macho en el agua infinita de tus ojos de hembra!
5.
Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo...
Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo...
Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo, sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura, en regiones contrarias, en un mediodía quemante: eras sólo el aroma de los cereales que amo. Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa en Angola, a la luz de la luna de Junio, o eras tú la cintura de aquella guitarra que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido. Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria. En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato. Pero yo ya sabía cómo era. De pronto mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida: frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas. Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.
6.
Desnuda
Desnuda
Desnuda eres tan simple como una de tus manos: lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente. Tienes líneas de luna, caminos de manzana. Desnuda eres delgada como el trigo desnudo. Desnuda eres azul como la noche en Cuba: tienes enredaderas y estrellas en el pelo. Desnuda eres redonda y amarilla como el verano en una iglesia de oro. Desnuda eres pequeña como una de tus uñas: curva, sutil, rosada hasta que nace el día y te metes en el subterráneo del mundo como en un largo túnel de trajes y trabajos: tu claridad se apaga, se viste, se deshoja y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.
7.
El amor
El amor
Pequeña rosa, rosa pequeña, a veces, diminuta y desnuda, parece que en una mano mía cabes, que así voy a cerrarte y a llevarte a mi boca, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido, suben tus hombros como dos colinas, tus pechos se pasean por mi pecho, mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada línea de luna nueva que tiene tu cintura: en el amor como agua de mar te has desatado: mido apenas los ojos más extensos del cielo y me inclino a tu boca para besar la tierra.
8.
Era mi corazón un ala viva y
turbia...
Era mi corazón un ala viva y turbia...
Era mi corazón un ala viva y turbia... un ala pavorosa llena de luz y anhelo. Era la primavera sobre los campos verdes. Azul era la altura y era esmeralda el suelo. Ella -la que me amaba- se murió en primavera. Recuerdo aún sus ojos de paloma en desvelo. Ella -la que me amaba- cerro sus ojos... tarde. Tarde de campo, azul. Tarde de alas y vuelos. Ella -la que me amaba- se murió en primavera... y se llevó la primavera al cielo.
9.
Eres toda de espumas delgadas y
ligeras...
Eres toda de espumas delgadas y ligeras...
Eres toda de espumas delgadas y ligeras y te cruzan los besos y te riegan los días. Mi gesto, mi ansiedad cuelgan de tu mirada. Vaso de resonancias y de estrellas cautivas. Estoy cansado, todas las hojas caen, mueren. Caen, mueren los pájaros. Caen, mueren las vidas. Cansado, estoy cansado. Ven, anhélame, víbrame. Oh, mi pobre ilusión, mi guirnalda encendida! El ansia cae, muere. Cae, muere el deseo. Caen, mueren las llamas en la noche infinita. Fogonazo de luces, paloma de gredas rubias, líbrame de esta noche que acosa y aniquila. Sumérgeme en tu nido de vértigo y caricia. Anhélame, retiéneme. La embriaguez a ]a sombra florida de tus ojos, las caídas, los triunfos, los saltos de la fiebre. Ámame, ámame, ámame. De pie te grito! Quiéreme. Rompo mi voz gritándote y hago horarios de fuego en la noche preñada de estrellas y lebreles. Rompo mi voz y grito. Mujer, ámame, anhélame. Mi voz arde en los vientos, mi voz que cae y muere. Cansado. Estoy cansado. Huye. Aléjate. Extínguete. No aprisiones mi estéril cabeza entre tus manos. Que me crucen la frente los látigos del hielo. Que mi inquietud se azote Con los vientos atlánticos. Huye, Aléjate. Extínguete. Mi alma debe estar sola. Debe crucificarse, hacerse astillas, rodar, verterse, contaminarse sola, abierta a la marea de los llantos, ardiendo en el ciclón de las furias, erguida entre los cerros y los pájaros, aniquilarse, exterminarse sola, abandonada y única como un faro de espanto.
10.
Farewell
Farewell
Desde el fondo de ti, y arrodillado, un niño triste, como yo, nos mira. Por esa vida que arderá en sus venas tendrían que amarrarse nuestras vidas. Por esas manos, hijas de tus manos, tendrían que matar las manos mías. Por sus ojos abiertos en la tierra veré en los tuyos lágrimas un día. Yo no lo quiero, Amada. Para que nada nos amarre que no nos una nada. Ni la palabra que aromó tu boca, ni lo que no dijeron las palabras. Ni la fiesta de amor que no tuvimos, ni tus sollozos junto a la ventana. Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa. No vuelven nunca más. En cada puerto una mujer espera: los marineros besan y se van. Una noche se acuestan con la muerte en el lecho del mar. Amo el amor que se reparte en besos, lecho y pan. Amor que puede ser eterno y puede ser fugaz. Amor que quiere libertarse para volver a amar. Amor divinizado que se acerca Amor divinizado que se va. Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos, ya no se endulzará junto a ti mi dolor. Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada y hacia donde camines llevarás mi dolor. Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos un recodo en la ruta donde el amor pasó. Fui tuyo, fuiste mía. Tu serás del que te ame, del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo. Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste. Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy. Desde tu corazón me dice adiós un niño. Y yo le digo adiós.
11.
Final
Final
Matilde, años o días dormidos, afiebrados, aquí o allá, clavando, rompiendo el espinazo, sangrando sangre verdadera, despertando tal vez o perdido, dormido: camas clínicas, ventanas extranjeras, vestidos blancos de las sigilosas, la torpeza en los pies. Luego estos viajes y el mío mar de nuevo: tu cabeza en la cabecera, tus manos voladoras en la luz, en mi luz, sobre mi tierra. Fue tan bello vivir cuando vivías! El mundo es más azul y más terrestre de noche, cuando duermo enorme, adentro de tus breves manos.
12.
La
La
estudiante
Oh tú, más dulce, más interminable
que la dulzura, carnal enamorada
entre las sombras: de otros días
surges llenando de pesado polen
tu
copa, en la delicia.
Desde la noche llena
de ultrajes, noche como el vino
desbocado, noche
de oxidada púrpura
a ti caí como una torre herida,
y entre las pobres
sábanas tu estrella
palpitó contra mí quemando el cielo.
Oh redes del
jazmín, oh fuego físico
alimentado en esta nueva sombra,
tinieblas que
tocamos apretando
la cintura central, golpeando el tiempo
con
sanguinarias ráfagas de espigas.
Amor sin nada más, en el vacío
de una
burbuja, amor con calles muertas,
amor, cuando murió toda la vida
y
nos dejó encendiendo los rincones.
Mordí mujer, me hundí desvaneciéndome
desde mi fuerza, atesoré racimos,
y salí a caminar de beso en beso,
atado a las caricias, amarrado
a esta gruta de fría cabellera,
a estas
piernas por labios recorridas:
hambriento entre los labios de la tierra,
devorando con labios devorados
13.
La luz que de tus pies sube a tu
cabellera...
La luz que de tus pies sube a tu cabellera...
La luz que de tus pies sube a tu cabellera, la turgencia que envuelve tu forma delicada, no es de nácar marino, nunca de plata fría: eres de pan, de pan amado por el fuego. La harina levantó su granero contigo y creció incrementada por la edad venturosa, cuando los cereales duplicaron tu pecho mi amor era el carbón trabajando en la tierra. Oh, pan tu frente, pan tus piernas, pan tu boca, pan que devoro y nace con luz cada mañana, bienamada, bandera de las panaderías, una lección de sangre te dio el fuego, de la harina aprendiste a ser sagrada, y del pan el idioma y el aroma.
14.
Lamento
Lamento
lento En la noche del corazón la gota de tu nombre lento en silencio circula y cae y rompe y desarrolla su agua. Algo quiere su leve daño y su estima infinita y corta, como el paso de un ser perdido de pronto oído. De pronto, de pronto escuchado y repartido en el corazón con triste insistencia y aumento como un sueño frío de otoño. La espesa rueda de la tierra su llanta húmeda de olvido hace rodar, cortando el tiempo en mitades inaccesibles. Sus copas duras cubren tu alma derramada en la tierra fría con sus pobres chispas azules volando en la voz de la lluvia.
15.
Las
Las
furias y las penas
...Hay en mi corazón furias y penas...
Quevedo
En el fondo del pecho estamos juntos,
en el cañaveral del pecho recorremos
un verano de tigres,
al acecho de un metro de piel fría,
al acecho de un ramo de inaccesible cutis,
con la boca olfateando sudor y venas verdes
nos encontramos en la húmeda sombra que deja caer besos.
Tú mi enemiga de tanto sueño roto de la misma manera
que erizadas plantas de vidrio, lo mismo que campanas
deshechas de manera amenazante, tanto como disparos
de hiedra negra en medio del perfume,
enemiga de grandes caderas que mi pelo han tocado
con un ronco rocío, con una lengua de agua,
no obstante el mudo frío de los dientes y el odio de los ojos,
y la batalla de agonizantes bestias que cuidan el olvido,
en algún sitio del verano estamos juntos
acechando con labios que la sed ha invadido.
Si hay alguien que traspasa
una pared con círculos de fósforo
y hiere el centro de unos dulces miembros
y muerde cada hoja de un bosque dando gritos,
tengo también tus ojos de sangrienta luciérnaga
capaces de impregnar y atravesar rodillas
y gargantas rodeadas de seda general.
Cuando en las reuniones
el azar, la ceniza, las bebidas,
el aire interrumpido,
pero ahí están tus ojos oliendo a cacería,
a rayo verde que agujerea pechos,
tus dientes que abren manzanas de las que cae sangre,
tus piernas que se adhieren al sol dando gemidos,
y tus tetas de nácar y tus pies de amapola,
como embudos llenos de dientes que buscan sombra,
como rosas hechas de látigo y perfume, y aun,
aun más, aun más,
aun detrás de los párpados, aun detrás del cielo,
aun detrás de los trajes y los viajes, en las calles donde la
gente orina,
adivinas los cuerpos,
en las agrias iglesias a medio destruir, en las cabinas que
el mar lleva en las manos,
acechas con tus labios sin embargo floridos,
rompes a cuchilladas la madera y la plata,
crecen tus grandes venas que asustan:
no hay cáscara, no hay distancia ni hierro,
tocan manos tus manos,
y caes haciendo crepitar las flores negras.
Adivinas los cuerpos!
Como un insecto herido de mandatos,
adivinas el centro de la sangre y vigilas
los músculos que postergan la aurora, asaltas sacudidas,
relámpagos, cabezas,
y tocas largamente las piernas que te guían.
Oh conducida herida de flechas especiales!
Hueles lo húmedo en medio de la noche?
O un brusco vaso de rosales quemados?
Oyes caer la ropa, las llaves, las monedas
en las espesas casas donde llegas desnuda?
Mi odio es una sola mano que te indica
el callado camino, las sábanas en que alguien ha dormido
con sobresalto: llegas
y ruedas por el suelo manejada y mordida,
y el viejo olor del semen como una enredadera
de cenicienta harina se desliza a tu boca.
Ay leves locas copas y pestañas,
aire que inunda un entreabierto río
corno una sola paloma de colérico cauce,
como atributo de agua sublevada,
ay substancias, sabores, párpados de ala viva
con un temblor, con una ciega flor temible,
ay graves, serios pechos como rostros,
ay grandes muslos llenos de miel verde,
y talones y sombra de pies, y transcurridas
respiraciones y superficies de pálida piedra,
y duras olas que suben la piel hacia la muerte
llenas de celestiales harinas empapadas.
Entonces, este río
va entre nosotros, y por una ribera
vas tú mordiendo bocas?
Entonces es que estoy verdaderamente, verdaderamente lejos
y un río de agua ardiendo pasa en lo oscuro?
Ay cuántas veces eres la que el odio no nombra,
y de qué modo hundido en las tinieblas,
y bajo qué lluvias de estiércol machacado
tu estatua en mi corazón devora el trébol.
El odio es un martillo que golpea tu traje
y tu frente escarlata,
y los días del corazón caen en tus orejas
como vagos búhos de sangre eliminada, ·
y los collares que gota a gota se formaron con lágrimas
rodean tu garganta quemándote la voz como con hielo.
Es para que nunca, nunca
hables, es para que nunca, nunca
salga una golondrina del nido de la lengua
y para que las ortigas destruyan tu garganta
y un viento de buque áspero te habite.
En dónde te desvistes?
En un ferrocarril, junto a un peruano rojo
o con un segador, entre terrones, a la violenta
luz del trigo?
O corres con ciertos abogados de mirada terrible
largamente desnuda, a la orilla del agua de la noche?
Miras: no ves la luna ni el jacinto
ni la oscuridad goteada de humedades,
ni el tren de cieno, ni el marfil partido:
ves cinturas delgadas como oxígeno,
pechos que aguardan acumulando peso
e idéntica al zafiro de lunar avaricia
palpitas desde el dulce ombligo hasta las rosas.
Por qué sí? Por qué no? Los días descubiertos
aportan roja arena sin cesar destrozada
a las hélices puras que inauguran el día,
y pasa un mes con corteza de tortuga,
pasa un estéril día,
pasa un buey, un difunto,
una mujer llamada Rosalía,
y no queda en la boca sino un sabor de pelo
y de dorada lengua que con sed se alimenta.
Nada sino esa pulpa de los seres,
nada sino esa copa de raíces.
Yo persigo como en un túnel roto, en otro extremo
carne y besos que debo olvidar injustamente,
y en las aguas de espaldas cuando ya los espejos
avivan el abismo, cuando la fatiga, los sórdidos relojes
golpean a la puerta de hoteles suburbanos, y cae
la flor de papel pintado, y el terciopelo cagado por las ratas
y la cama
cien veces ocupada por miserables parejas, cuando
todo me dice que un día ha terminado, tú y yo
hemos estado juntos derribando cuerpos,
construyendo una casa que no dura ni muere,
tú y yo hemos corrido juntos un mismo río
con encadenadas bocas llenas de sal y sangre,
tú y yo hemos hecho temblar otra vez las luces verdes
y hemos solicitado de nuevo las grandes cenizas.
Recuerdo sólo un día
que tal vez nunca me fue destinado,
era un día incesante,
sin orígenes. Jueves.
Yo era un hombre transportado al acaso
con una mujer hallada vagamente,
nos desnudamos
como para morir o nadar o envejecer
y nos metimos uno dentro del otro,
ella rodeándome como un agujero,
yo quebrantándola como quien
golpea una campana,
pues ella era el sonido que me hería
y la cúpula dura decidida a temblar.
Era una sorda ciencia con cabello y cavernas
y machacando puntas de médula y dulzura
he rodado a las grandes coronas genitales
entre piedras y asuntos sometidos.
Éste es un cuento de puertos adonde
llega uno, al azar, y sube a las colinas,
suceden tantas cosas.
Enemiga, enemiga,
es posible que el amor haya caído al polvo
y no haya sino carne y huesos velozmente adorados
mientras el fuego se consume
y los caballos vestidos de rojo galopan al infierno?
Yo quiero para mí la avena y el relámpago
a fondo de epidermis,
y el devorante pétalo desarrollado en furia,
y el corazón labial del cerezo de junio,
y el reposo de lentas barrigas que arden sin dirección,
pero me falta un suelo de cal con lágrimas
y una ventana donde esperar espumas.
Así es la vida,
corre tú entre las hojas, un otoño
negro ha llegado,
corre vestida con una falda de hojas y un cinturón de metal
amarillo,
mientras la neblina de la estación roe las piedras.
Corre con tus zapatos, con tus medias,
con el gris repartido, con el hueco del pie, y con esas manos
que el tabaco salvaje adoraría,
golpea escaleras, derriba
el papel negro que protege las puertas,
y entra en medio del sol y la ira de un día de puñales
a echarte como paloma de luto y nieve sobre un cuerpo.
Es una sola hora larga como una vena,
y entre el ácido y la paciencia del tiempo arrugado
transcurrimos,
apartando las sílabas del miedo y la ternura,
interminablemente exterminados.
16.
Llénate de mí
Llénate de mí
Llénate de mí. Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame. Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame. Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora. Soy el que pasó saltando sobre las cosas, el fugante, el doliente. Pero siento tu hora, la hora de que mi vida gotee sobre tu alma, la hora de las ternuras que no derramé nunca, la hora de los silencios que no tienen palabras, tu hora, alba de sangre que me nutrió de angustias, tu hora, medianoche que me fue solitaria. Libértame de mí. Quiero salir de mi alma. Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre. Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que canta. No, no quiero ser esto. Ayúdame a romper estas puertas inmensas. Con tus hombros de seda desentierra estas anclas. Así crucificaron mi dolor una tarde. Libértame de mí. Quiero salir de mi alma. Quiero no tener límites y alzarme hacia aquel astro. Mi corazón no debe callar hoy o mañana. Debe participar de lo que toca, debe ser de metales, de raíces, de alas. No puedo ser la piedra que se alza y que no vuelve, no puedo ser la sombra que se deshace y pasa. No, no puede ser, no puede ser, no puede ser. Entonces gritaría, lloraría, gemiría. No puede ser, no puede ser. Quién iba a romper esta vibración de mis alas? Quién iba a exterminarme? Qué designio, qué palabra? No puede ser, no puede ser, no puede ser. Libértame de mí. Quiero salir de mi alma. Porque tú eres mi ruta. Te forjé en lucha viva. De mi pelea oscura contra mí mismo, fuiste. Tienes de mí ese sello de avidez no saciada. Desde que yo los miro tus ojos son más tristes. Vamos juntos, Rompamos este camino juntos. Será la ruta tuya. Pasa. Déjame irme. Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame. Haz tambalear los cercos de mis últimos límites. Y que yo pueda, al fin, correr en fuga loca, inundando las tierras como un río terrible, desatando estos nudos, ah Dios mío, estos nudos destrozando, quemando, arrasando como una lava loca lo que existe, correr fuera de mí mismo, perdidamente, libre de mí, furiosamente libre. Irme, Dios mío, irme!
17.
Material nupcial
Material nupcial
De pie como un cerezo sin cáscara ni flores, especial, encendido, con venas y saliva, y dedos y testículos, miro una niña de papel y luna, horizontal, temblando y respirando y blanca y sus pezones como dos cifras separadas, y la rosal reunión de sus piernas en donde su sexo de pestañas nocturnas parpadea. Pálido, desbordante, siento hundirse palabras en mi boca, palabras como niños ahogados, y rumbo y rumbo y dientes crecen naves, y aguas y latitud como quemadas. La pondré como una espada o un espejo, y abriré hasta la muerte sus piernas temerosas, y morderé sus orejas y sus venas, y haré que retroceda con los ojos cerrados en un espeso río de semen verde. La inundaré de amapolas y relámpagos, la envolveré en rodillas, en labios, en agujas, la entraré con pulgadas de epidermis llorando y presiones de crimen y pelos empapados. La haré huir escapándose por uñas y suspiros, hacia nunca, hacia nada, trepándose a la lenta médula y al oxígeno, agarrándose a recuerdos y razones como una sola mano, como un dedo partido agitando una uña de sal desamparada. Debe correr durmiendo por caminos de piel en un país con cuchillos, y sábanas, y hormigas, y con ojos que caen en ella como muertos, y con gotas de negra materia resbalando como pescados ciegos o balas de agua gruesa.
18.
Me falta tiempo para celebrar
tus cabellos...
Me falta tiempo para celebrar tus cabellos...
Me falta tiempo para celebrar tus cabellos. Uno por uno debo contarlos y alabarlos: otros amantes quieren vivir con ciertos ojos, yo sólo quiero ser tu peluquero. En Italia te bautizaron Medusa por la encrespada y alta luz de tu cabellera. Yo te llamo chascona mía y enmarañada: mi corazón conoce las puertas de tu pelo. Cuando tú te extravíes en tus propios cabellos, no me olvides, acuérdate que te amo, no me dejes perdido ir sin tu cabellera.
19.
Por las montañas vas como viene la brisa...
Por las montañas vas como viene la brisa...
Por las montañas vas como viene la brisa o la corriente brusca que baja de la nieve o bien tu cabellera palpitante confirma los altos ornamentos del sol en la espesura. Toda la luz del Cáucaso cae sobre tu cuerpo como en una pequeña vasija interminable en que el agua se cambia de vestido y de canto a cada movimiento transparente del río. Por los montes el viejo camino de guerreros y abajo enfurecida brilla como una espada el agua entre murallas de manos minerales, hasta que tú recibes de los bosques de pronto el ramo o el relámpago de unas flores azules y la insólita flecha de un aroma salvaje.
20.
Ritual de mis piernas
Ritual de mis piernas
Largamente he permanecido mirando mis largas piernas con ternura infinita y curiosa, con mi acostumbrada pasión, como si hubieran sido las piernas de una mujer divina profundamente sumida en el abismo de mi tórax: y es que, la verdad, cuando el tiempo, el tiempo pasa, sobre la tierra, sobre el techo, sobre mi impura cabeza, y pasa, el tiempo pasa, y en mi lecho no siento de noche que una mujer está respirando, durmiendo, desnuda y a mi lado, entonces, extrañas, oscuras cosas toman el lugar de la ausente, viciosos, melancólicos pensamientos siembran pesadas posibilidades en mi dormitorio, y así, pues, miro mis piernas como si pertenecieran a otro cuerpo, y fuerte y dulcemente estuvieran pegadas a mis entrañas. Como tallos o femeninas, adorables cosas, desde las rodillas suben, cilíndricas y espesas, con turbado y compacto material de existencia: como brutales, gruesos brazos de diosa, como árboles monstruosamente vestidos de seres humanos, como fatales, inmensos labios sedientos y tranquilos, son allí la mejor parte de mi cuerpo: lo enteramente substancial, sin complicado contenido de sentidos o tráqueas o intestinos o ganglios: nada, sino lo puro, lo dulce y espeso de mi propia vida, nada, sino la forma y el volumen existiendo, guardando la vida, sin embargo, de una manera completa. Las gentes cruzan el mundo en la actualidad sin apenas recordar que poseen un cuerpo y en él la vida, y hay miedo, hay miedo en el mundo de las palabras que designan el cuerpo, y se habla favorablemente de la ropa, de pantalones es posible hablar, de trajes, y de ropa interior de mujer (de medias y ligas de «señora»), como si por las calles fueran las prendas y los trajes vacíos por completo y un oscuro y obsceno guardarropas ocupara el mundo. Tienen existencia los trajes, color, forma, designio, y profundo lugar en nuestros mitos, demasiado lugar, demasiados muebles y demasiadas habitaciones hay en el mundo, y mi cuerpo vive entre y bajo tantas cosas abatido, con un pensamiento fijo de esclavitud y de cadenas. Bueno, mis rodillas, como nudos, particulares, funcionarios, evidentes, separan las mitades de mis piernas en forma seca: y en realidad dos mundos diferentes, dos sexos diferentes no son tan diferentes como las dos mitades de mis piernas. Desde la rodilla hasta el pie una forma dura, mineral, fríamente útil aparece, una criatura de hueso y persistencia, y los tobillos no son ya sino el propósito desnudo, la exactitud y lo necesario dispuestos en definitiva. Sin sensualidad, cortas y duras, y masculinas, son allí mis piernas, y dotadas de grupos musculares como animales complementarios, y allí también una vida, una sólida, sutil, aguda vida sin temblar permanece, aguardando y actuando. En mis pies cosquillosos, y duros como el sol, y abiertos como flores, y perpetuos, magníficos soldados en la guerra gris del espacio, todo termina, la vida termina definitivamente en mis pies, lo extranjero y lo hostil allí comienza, los nombres del mundo, lo fronterizo y lo remoto, lo sustantivo y lo adjetivo que no caben en mi corazón, con densa y fría constancia allí se originan. Siempre, productos manufacturados, medias, zapatos, o simplemente aire infinito, habrá entre mis pies y la tierra extremando lo aislado y lo solitario de mi ser, algo tenazmente supuesto entre mi vida y la tierra, algo abiertamente invencible y enemigo.
21.
Sed de ti
Sed de ti
Sed de ti me acosa en las noches hambrientas. Trémula mano roja que hasta su vida se alza. Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía. Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas...... Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla. Cómo poder no amarte si he de amarte por eso. Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo. Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos. Sed de ti, guirnalda atroz y dulce. Sed de ti que en las noches me muerde como un perro. Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos. La boca tiene sed, para qué están tus besos. El alma está incendiada de estas brasas que te aman. El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo. De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed. Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.
22.
Serenata
Serenata
En tu frente descansa el color de las amapolas, el luto de las viudas halla eco, oh apiadada: cuando corres detrás de los ferrocarriles, en los campos, el delgado labrador te da la espalda, de tus pisadas brotan temblando los dulces sapos. El joven sin recuerdos te saluda, te pregunta por su olvidada voluntad, las manos de él se mueven en tu atmósfera como pájaros, y la humedad es grande a su alrededor: cruzando sus pensamientos incompletos, queriendo alcanzar algo, oh buscándote, le palpitan los ojos pálidos en tu red como instrumentos perdidos que brillan de súbito. O recuerdo el día primero de la sed, la sombra apretada contra los jazmines, el cuerpo profundo en que te recogías como una gota temblando también. Pero acallas los grandes árboles, y encima de la luna, sobrelejos, vigilas el mar como un ladrón. Oh noche, mi alma sobrecogida te pregunta desesperadamente a ti por el metal que necesita.
23.
Siento
Siento
tu ternura allegarse a mi tierra... Siento tu ternura allegarse a mi tierra, mirada de mis ojos, huir, la veo interrumpirse para seguirme hasta la hora de mi silencio absorto y de mi afán de ti. Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas! Dímelo, te llegaba aullando o cómo o sollozando en la hora de la sangre fermentada cuando la tierra crece y se cimbra latiendo bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar? Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras? Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde. Es más allá de ti. Lo comprendes, hermana? Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos y ruedan las estrellas antes de mi mirada. Siento que soy la aguja de una infinita flecha, y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca, tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno, goteando en cada tierra sollozos y preguntas. Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío, lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda, hela aquí que me llena los miembros de abandono, hela aquí, tu ternura, amarrándose a las mismas raíces, madurando en la misma caravana de frutas, y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos como el licor del vino del centro de la uva.
24.
Tango del viudo
Tango del viudo
Oh maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas, sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún quejándome del trópico de los coolíes corringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. ¡Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
25.
Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo...
Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo...
Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo y por las calles voy sin nutrirme, callado, no me sostiene el pan, el alba me desquicia, busco el sonido líquido de tus pies en el día. Estoy hambriento de tu risa resbalada, de tus manos color de furioso granero, tengo hambre de la pálida piedra de tus uñas, quiero comer tu piel como una intacta almendra. Quiero comer el rayo quemado en tu hermosura, la nariz soberana del arrogante rostro, quiero comer la sombra fugaz de tus pestañas y hambriento vengo y voy olfateando el crepúsculo buscándote, buscando tu corazón caliente como un puma en la soledad de Quitatrúe.
26.
Testamento de otoño
Testamento de otoño
MATILDE URRUTIA, aquí te dejo lo que tuve y lo que no tuve, lo que soy y lo que no soy. Mi amor es un niño que llora: no quiere salir de tus brazos, yo te lo dejo para siempre: eres para mí la más bella. Eres para mí la más bella, la más tatuada por el viento como un arbolito del sur, como un avellano en agosto. Eres para mí suculenta como una panadería, es de tierra tu corazón, pero tus manos son celestes. Eres roja y eres picante, eres blanca y eres salada como escabeche de cebolla. Eres un piano que ríe con todas las notas del alma y sobre mí cae la música de tus pestañas y tu pelo. Me baño en tu sombra de oro y me deleitan tus orejas como si las hubiera visto en las mareas de coral: por tus uñas luché en las olas contra pescados pavorosos. De Sur a Sur se abren tus ojos y de Este a Oeste tu sonrisa, no se te pueden ver los pies y el sol se entretiene estrellando el amanecer en tu pelo. Tu cuerpo y tu rostro llegaron, como yo, de regiones duras, de ceremonias lluviosas, de antiguas tierras y martirios. Sigue cantando el Bío-Bío en nuestra arcilla ensangrentada, pero tú trajiste del bosque todos los secretos perfumes y esa manera de lucir un perfil de flecha perdida, 1Ina medalla de guerrero. Tú fuiste mi vencedora por el amor y por la tierra, porque tu boca me traía antepasados manantiales, citas en bosques de otra edad, oscuros tambores mojados: de pronto oí que me llamaban, era de lejos y de cuando me acerqué al antiguo follaje y besé mi sangre en tu boca, corazón mío, mi araucana. Qué puedo dejarte si tienes, Matilde Urrutia, en tu costado ese aroma de hojas quemadas, esa fragancia de frutillas y entre tus dos pechos marinos el crepúsculo de Cauquenes y el olor de peumo de Chile? En el alto otoño del mar lleno de niebla y cavidades, la tierra se extiende y respira, se le caen al mes las hojas. Y tú inclinada en mi trabajo con tu pasión y tu paciencia deletreando las patas verdes, las telarañas, los insectos de mi mortal caligrafía. Oh leona de pies pequeñitos, qué haría sin tus manos breves, dónde andaría caminando sin corazón y sin objeto, en qué lejanos autobuses, enfermo de fuego o de nieve? Te debo el otoño marino con la humedad de las raíces y la niebla como una uva y el sol silvestre y elegante: te debo este cajón callado en que se pierden los dolores y sólo suben a la frente las corolas de la alegría. Todo te lo debo a ti, tórtola desencadenada, mi codorniza copetona, mi jilguero de las montañas, mi campesina de Coihueco. Alguna vez si ya no somos, si ya no vamos ni venimos bajo siete capas de polvo y los pies secos de la muerte, estaremos juntos, amor , extrañamente confundidos. Nuestras espinas diferentes, nuestros ojos maleducados, nuestros pies que no se encontraban y nuestros besos indelebles, todo estará por fin reunido, pero de qué nos servirá la unidad de un cementerio? Que no nos separe la vida y se vaya al diablo la muerte!
27.
Veinte
Veinte
poemas de amor y una canción desesperada:
28.
Poema 01... Cuerpo de
mujer, blancas colinas, muslos blancos...
Poema 01... Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos...
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, te pareces al mundo en tu actitud de entrega. Mi cuerpo de labriego salvaje te socava y hace saltar al hijo del fondo de la tierra. Fui sólo como un túnel. De mí huían los pájaros, y en mí la noche entraba en su invasión poderosa. Para sobrevivirme te forjé como un arma, como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda. Pero cae la hora de la venganza, y te amo. Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme. ¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia! ¡Ah las rosas del pubis! ¡ Ah tu voz lenta y triste! Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia. Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso! Oscuros cauces donde la sed eterna sigue, y la fatiga sigue y el dolor infinito. * * * * *
29.
Poema 02... En su llama mortal la luz te envuelve...
Poema 02... En su llama mortal la luz te envuelve...
En su llama mortal la luz te envuelve. Absorta, pálida doliente, así situada contra las viejas hélices del crepúsculo que en torno a ti da vueltas. Muda, mi amiga, sola en lo solitario de esta hora de muertes y llena de las vidas del fuego, pura heredera del día destruido. Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro. De la noche las grandes raíces crecen de súbito desde tu alma, y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas, de modo que un pueblo pálido y azul de ti recién nacido se alimenta. Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava del círculo que en negro y dorado sucede: erguida, trata y logra una creación tan viva que sucumben sus flores, y llena es de tristeza. * * * * *
30.
Poema
Poema
03... Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose... Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose, lento juego de luces, campana solitaria, crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca, caracola terrestre, en ti la tierra canta! En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye como tú lo desees y hacia donde tú quieras. Márcame mi camino en tu arco de esperanza y soltaré en delirio mi bandada de flechas. En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla y tu silencio acosa mis horas perseguidas, y eres tú con tus brazos de piedra transparente donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida. Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla en el atardecer resonante y muriendo! Así en horas profundas sobre los campos he visto doblarse las espigas en la boca del viento. * * * * *
31.
Poema 04... Es la mañana llena de tempestad...
Poema 04... Es la mañana llena de tempestad...
Es la mañana llena de tempestad en el corazón del verano. Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, el viento las sacude con sus viajeras manos. Innumerable corazón del viento latiendo sobre nuestro silencio enamorado. Zumbando entre los árboles, orquestal y divino, como una lengua llena de guerras y de cantos. Viento que lleva en rápido robo la hojarasca y desvía las flechas latientes de los pájaros. Viento que la derriba en ola sin espuma y sustancia sin peso, y fuegos inclinado. Se rompe y se sumerge su volumen de besos combatido en la puerta del viento del verano. * * * * *
32.
Poema 05... Para que tú me oigas...
Poema 05... Para que tú me oigas...
Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando en mi viejo dolor como las yedras. Ellas trepan así por las paredes húmedas. Eres tú la culpable de este juego sangriento. Ellas están huyendo de mi guarida oscura. Todo lo llenas tú, todo lo llenas. Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, y están acostumbradas más que tú a mi tristeza. Ahora quiero que digan lo que quiero decirte para que tú las oigas como quiero que me oigas. El viento de la angustia aún las suele arrastrar. Huracanes de sueños aún a veces las tumban Escuchas otras voces en mi voz dolorida. Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas. Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme. Sígueme, compañera, en esa ola de angustia. Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras. Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas. Voy haciendo de todas un collar infinito para tus blancas manos, suaves como las uvas. * * * * *
33.
Poema 06... Te recuerdo como eras en el último otoño...
Poema 06... Te recuerdo como eras en el último otoño...
Te recuerdo como eras
en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En
tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos
como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor
en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos
y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío.
Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque
en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
* * * * *
34.
Poema 07... Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes...
Poema 07... Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes...
Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos. Allí se estira y arde en la mas alta hoguera mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago. Hago Rojas señales sobre tus ojos ausentes que olean como el mar a la orilla de un faro. Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía, de tu mirada emerge a veces la costa del espanto. Inclinado en las tardes echo mis tristes redes a ese mar que sacude tus ojos oceánicos. Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas que centellean como mi alma cuando te amo. Galopa la noche en su yegua sombría desparramando espigas azules sobre el campo. * * * * *
35.
Poema 08... Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma...
Poema 08... Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma...
Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma y te tuerces en lentas espirales de humo. Soy el desesperado, la palabra sin ecos, el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. Ultima amarra, cruje en ti mi ansiedad última. En mi tierra desierta eres la última rosa. Ah silenciosa! Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa. Tienes ojos profundos donde la noche alea. Frescos brazos de flor y regazo de rosa. Se parecen tus senos a los caracoles blancos. Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra. Ah silenciosa! He aquí la soledad de donde estás ausente. Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas. El agua anda descalza por las calles mojadas. De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas. Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma. Revives en el tiempo, delgada y silenciosa. Ah silenciosa! * * * * *
36.
Poema 09... Ebrio de trementina y largos besos...
Poema 09... Ebrio de trementina y largos besos...
Ebrio de trementina y largos besos, estival, el velero de las rosas dirijo, torcido hacia la muerte del delgado día, cimentado en el sólido frenesí marino. Pálido y amarrado a mi agua devorante cruzo en el agrio olor del clima descubierto, aún vestido de gris y sonidos amargos, y una cimera triste de abandonada espuma. Voy, duro de pasiones, montado en mi ola única, lunar, solar, ardiente y frío, repentino, dormido en la garganta de las afortunadas islas blancas y dulces como caderas frescas. Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos locamente cargado de eléctricas gestiones, de modo heroico dividido en sueños y embriagadoras rosas practicándose en mí. Aguas arriba, en medio de las olas externas, tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos como un pez infinitamente pegado a mi alma rápido y lento en la energía subceleste. * * * * *
37.
Poema 10... Hemos perdido aún este crepúsculo...
Poema 10... Hemos perdido aún este crepúsculo...
Hemos perdido aún este crepúsculo. Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas mientras la noche azul caía sobre el mundo. He visto desde mi ventana la fiesta del poniente en los cerros lejanos. A veces como una moneda se encendía un pedazo de sol entre mis manos. Yo te recordaba con el alma apretada de esa tristeza que tú me conoces. Entonces, dónde estabas? Entre qué gentes? Diciendo qué palabras? Por qué se me vendrá todo el amor de golpe cuando me siento triste, y te siento lejana? Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo, y como un perro herido rodó a mis pies mi capa. Siempre, siempre te alejas en las tardes hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas. * * * * *
38.
Poema 11... Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas...
Poema 11... Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas...
Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas la mitad de la luna. Girante, errante noche, la cavadora de ojos. A ver cuántas estrellas trizadas en la charca. Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye. Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas, mi corazón da vueltas como un volante loco. Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos, a veces fulgurece su mirada debajo del cielo. Quejumbre, tempestad, remolino de furia, cruza encima de mi corazón, sin detenerte. Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta. Desarraiga los grandes árboles al otro lado de ella. Pero tú, clara niña, pregunta de humo, espiga. Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas. Detrás de las montañas nocturnas, blanco lirio de incendio, ah nada puedo decir! Era hecha de todas las cosas. Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos, es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría. Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas para qué tocarla ahora, para qué entristecerla. Ay seguir el camino que se aleja de todo, donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno, con sus ojos abiertos entre el rocío. * * * * *
39.
Poema 12... Para mi corazón basta tu pecho...
Poema 12... Para mi corazón basta tu pecho...
Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas. Desde mi boca llegará hasta el cielo lo que estaba dormido sobre tu alma. Es en ti la ilusión de cada día. Llegas como el rocío a las corolas. Socavas el horizonte con tu ausencia. Eternamente en fuga como la ola. He dicho que cantabas en el viento como los pinos y como los mástiles. Como ellos eres alta y taciturna. Y entristeces de pronto, como un viaje. Acogedora como un viejo camino. Te pueblan ecos y voces nostálgicas. Yo desperté y a veces emigran y huyen pájaros que dormían en tu alma. * * * * *
40.
Poema 13... He ido marcando con cruces de fuego...
Poema 13... He ido marcando con cruces de fuego...
He ido marcando con cruces de fuego el atlas blanco de tu cuerpo. Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta. Historias que contarte a la orilla del crepúsculo, muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste. Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre. El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal. Yo que viví en un puerto desde donde te amaba. La soledad cruzada de sueño y de silencio. Acorralado entre el mar y la tristeza. Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles. Entre los labios y la voz, algo se va muriendo. Algo con alas de pájaro, algo de angustia y de olvido. Así como las redes no retienen el agua. Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando. Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces. Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca. Oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría. Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. Triste ternura mía, qué te haces de repente? Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío mi corazón se cierra como una flor nocturna. * * * * *
41.
Poema 14... Juegas todos los días con la luz del universo...
Poema 14... Juegas todos los días con la luz del universo...
Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. Eres más que esta blanca cabecita que aprieto como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. Pasan huyendo los pájaros. El viento. El viento. Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Tú estás aquí. Ah tú no huyes. Tú me responderás hasta el último grito. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, y tienes hasta los senos perfumados. Mientras el viento triste galopa matando mariposas yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. Hasta te creo dueña del universo. Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos. * * * * *
Frases y pensamientos de Pablo Neruda
16 citas« El fuego para el gran ladrón, la cárcel para el que roba un pan. »
« No crean que voy a morirme, me pasa todo lo contrario, sucede que voy a vivirme, sucede que soy y que sigo. »
« Puedo escribir los versos más tristes esta noche; escribir, por ejemplo: La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos. »
« Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos. »
« Como todas las cosas están llenas de mi almaemerges de las cosas, llena del alma mía.Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,y te pareces a la palabra melancolía. »
« Dónde está el niño que yo fui,sigue adentro de mí o se fue?Sabe que no lo quise nuncay que tampoco me quería?. »
« El dinero para los ricos. Para los pobres el trabajo. Para los ricos la casa grande. El tugurio para los pobres. El fuero para el gran ladrón. La cárcel al que roba un pan. »
« Yo tenía catorce añosy era orgullosamente oscuro,delgado, ceñido y fruncido, funeral y ceremonioso. »
« Era un liante, un vividor y un infantil, y no es sorprendente que su vida aventurera haya sido inmortalizada no solo en libros, sino también en películas, oratorios, álbumes de roch y novelas policiíacas. Pero entre sus miles de poemas hay más de una docena que son difíciles de olvidar. »
« Hay dos maneras de refutar a Neruda: una es no leyéndolo, la otra es leyéndolo a mala fe. Yo he practicado ambas, pero ninguna me dio resultado. Señores y señoras, yo no soy un nerudista improvisado. El tema de Neruda me atrae vigorosamente desde que tengo uso de razón, no hay día que no piense una vez en él por lo menos. »
« La poesía del continente americano limita al norte con Walt Whitman y al sur con Pablo Neruda. »
« Por la poesía de Neruda pasa Chile entero, con sus ríos, sus montañas, sus nieves eternas y tórridos desiertos. »
« ¡Quiero ser gordo como Balzac! ¡Y no flaco como Bécquer!. »
« Se mantiene frente al mundo lleno de sincero asombro y le fallan los dos elementos con los que han vivido tantos falsos poetas, el odio y la ironía. »
« Veinte poemas de amor y una canción desesperada. »
« Conocer el amor de los que amamos es el fuego que alimenta la vida. »
« Dadme el silencio, el agua, la esperanza. Dadme la lucha, el hierro, los volcanes. Apegadme los cuerpos como imanes. Acudid a mis venas y a mi boca. Hablad por mis palabras y mi sangre.. »
« El fuego para el gran ladrón, la cárcel para el que roba un pan. »
« En un beso, sabrás todo lo que he callado. »
« No crean que voy a morirme, me pasa todo lo contrario, sucede que voy a vivirme, sucede que soy y que sigo. »
« Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. »
« Para que nada nos separe, que nada nos una. »
« Puedo escribir los versos más tristes esta noche; escribir, por ejemplo: La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos. »
« Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos. »
« Quizás no he vivido en mi propio cuerpo, quizás he vivido la vida de otros... mi vida está hecha de todas las vidas: las vidas del poeta. »
« Sobre la Tierra, antes que la escritura y la imprenta, existió la poesía. »
« Yo creía que la ruta pasaba por el hombre, y que de allí tenía que salir el destino. »
« Como todas las cosas están llenas de mi almaemerges de las cosas, llena del alma mía.Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,y te pareces a la palabra melancolía. »
« Dónde está el niño que yo fui,sigue adentro de mí o se fue?Sabe que no lo quise nuncay que tampoco me quería?. »
« El dinero para los ricos . Para los pobres el trabajo . Para los ricos la casa grande . El tugurio para los pobres . El fuero para el gran ladrón . La cárcel al que roba un pan. »
« Yo tenía catorce añosy era orgullosamente oscuro,delgado, ceñido y fruncido, funeral y ceremonioso. »
« Era un liante, un vividor y un infantil, y no es sorprendente que su vida aventurera haya sido inmortalizada no solo en libros, sino también en películas, oratorios, álbumes de roch y novelas policiíacas. Pero entre sus miles de poemas hay más de una docena que son difíciles de olvidar. »
« Hay dos maneras de refutar a Neruda: una es no leyéndolo, la otra es leyéndolo a mala fe. Yo he practicado ambas, pero ninguna me dio resultado. Señores y señoras, yo no soy un nerudista improvisado. El tema de Neruda me atrae vigorosamente desde que tengo uso de razón, no hay día que no piense una vez en él por lo menos. »
« La poesía del continente americano limita al norte con Walt Whitman y al sur con Pablo Neruda. »
« Por la poesía de Neruda pasa Chile entero, con sus ríos, sus montañas, sus nieves eternas y tórridos desiertos. »
« ¡Quiero ser gordo como Balzac! ¡Y no flaco como Bécquer!. »
« Se mantiene frente al mundo lleno de sincero asombro y le fallan los dos elementos con los que han vivido tantos falsos poetas, el odio y la ironía. »
« Veinte poemas de amor y una canción desesperada. »
Poemas y obras destacadas
Antología de poemas inmortales
Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Pablo Neruda, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.
Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.
Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.
Algunos libros de poesía de Pablo Neruda:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: