« Gran hogar patriarcal lleno de nidos, / de muérdagos y rémoras felices; »
Pablo de Rokha · A la manera de antaño
Biografía y amplia selección de poemas de Pablo de Rokha. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Pablo de Rokha. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Gran hogar patriarcal lleno de nidos, de muérdagos y rémoras felices; un pan de sal para los días idos y un pan de mar para los días grises. La proa afronta contra la ola ( heridos ), a los corsarios sobre cien países, o andamos por la aldea atardecidos tragando sol o cazando perdices. Le invade de chacales la retórica, pero yo echo la orinada histórica sobre sus catres de metales blandos. Y aunque toda la horda nos acosa, medio a medio de los caminos, rosa de humo y piedra, la tribu está brillando. "Dinamo" 1925
Entre serpientes verdes y verbenas, mi condición de león domesticado tiene un rumor lacustre de colmenas y un ladrido de océano quemado. Ceñido de fantasmas y cadenas, soy religión podrida y rey tronchado, o un castillo feudal cuyas almenas alzan tu nombre como un pan dorado. Torres de sangre en campos de batalla, olor a sol heroico y a metralla, a espada de nación despavorida. Se escuchan en mi ser lleno de muertos y heridos, de cenizas y desiertos, en donde un gran poeta se suicida.
Oriente de cobre duro, fino y ensangrentado,
de tiempo a tiempo
tendido
de mundo a mundo.
¡Voluntad!
Soy el hombre de la danza oscura
y el ataúd de canciones degolladas;
el automovilista lluvioso,
sonriente de horrores, gobernando
la
bestia ruidosa;
el tallador en piedra de catedrales hundidas:
el
bailarín matemático y lúgubre.
coronado de rosas de equilibrio;
el
vendedor de abismos, trágico,
dt cabellera de ciudades
y un canto
enorme en la capa raída.
Tren nocturno
con ]as hojas marchitas y un vientre humoso.
¡Ay! cómo aúllan en la tierra cóncova y madura
mis leones muertos...
Voy de estrella en estrella
acariciándole los pechos violados a las
guitarras.
con mi mano única;
¡oh! jugador,
agarro mi gran
rueda de espanto,
despernancada,
y la arrojo contra las estrellas,
arriba del cielo, más arriba del cielo
que no existe.
Y suelo estarme cuatro y cincn mil lunarios,
como un idiota yiejo,
jugando con bolitas de tristeza,
jugando con bolitas de locura
que
hago yo mismo manoseando la soledad;
entonces me río,
con mis 33
dientes,
entonces me río,
entonces me río,
con la risa quebrada
de las motocicletas,
colgado de la cola del mundo.
La campana negra del sexo
toca a ánimas adentro de mi melancolía,
y una mujer múltiple y una
múltiple y una
como un triángulo de
setenta lados y muchos claveles.
se desnuda multiplicando las heridas
sobre mis mundos quemantes y llenos de senos de mujeres estupefactas.
"Agonal" 1925
Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, fatalmente, al azar de los sucesos, como quien come, bebe o anda y porque sí; moriría si no cantase, moriría si no cantase; el acontecimiento popular del poema estimula mis nervios sonantes, no puedo hablar, entono, pienso en canciones, no puedo hablar, no puedo hablar; las ruidosas, trascendentales epopeyas me definen, e ignoro el sentido de mi flauta; aprendí a cantar siendo nebulosa, odio, odio las utilitarias labores erradas, cuotidianas, prosaicas, y amo la ociosidad ilustre de lo bello; cantar, cantar, cantar... he ahí lo único que sabes, Pablo de Rokha... Los sofismas universales, las cósmicas, subterráneas leyes dinámicas, me rigen, mi canción natural, polifónica se abre más allá del espíritu, la ancha belleza subconciente, trágica, matemática, fúnebre, guía mis pasos en la obscura claridad; cruzo las épocas cantando como un gran sueño deforme, mi verdad es la verdadera verdad, el corazón orquestal, musical, orquestal, dionisíaco, flota en la augusta, perfecta, la eximia resonancia unánime, los fenómenos convergen a él, y agrandan su sonora sonoridad sonora, sonora; y estas fatales manos van, sonámbulas, apartando la vida externa, —conceptos, fórmulas, costumbres, apariencias-; mi intuición sigue los caminos de las cosas, vidente, iluminada y feliz, porque todo se hace canto en mis huesos, todo se hace canto en mis huesos. Pus, llanto y nieblas lúgubres, dolor, solo dolor mamo en los roñosos pechos de la vida, no tengo casa y mi vestido es pobre; sin embargo, mis cantares dramáticos-inéditos, modestísimos suman el pensamiento, todo el pensamiento de la raza y la voz del instante; soy un país hecho poeta, por la gracia de "Dios"; desprecio el determinismo de las ciencias parciales, convencionales, pues mi sabiduría monumental surge pariendo axiomas desde lo infinito, y su elocuencia errante, fabulosa y terrible crea mundos e inventa universos continuamente; afirmo o niego, y mi pasión gigante atraviesa tronando el pueblo imbécil del prejuicio, la mala aldea clerical de la rutina. Atardeciendo me arrodillé junto a una inmensa y gris piedra humilde, democrática, trágica, y su oratoria, su elocuencia inmóvil habló conmigo, en aquel sordo lenguaje cosmopolita e ingenuo del ritmo universal; hoy, tendido a la sombra de los lagos, he sentido el llanto de los muertos flotando en las corolas; oigo crecer las plantas y morir los viajeros planetas degollados igual que animales, el sol se pone al fondo de mis años lúgubres, amarillos, amarillos, amarillos, las espigas van naciéndome, a media noche los eternos ríos lloran a la orilla de mi tristeza y a mis dolores maximalistas se les caen las hojas... "buenos días, buenos días árbol", dije al reventar la mañana sobre las rubias cumbres chilenas, y más tarde clamaba: "estrellas, sois estrellas, ¡oh prodigio!..." Mis pensamientos hacen sonar los siglos contra los siglos; voy caminando, caminando, caminando musicalmente y mis actos son himnos, cánticos naturales, completamente naturales; las campanas del tiempo repican cuando me oyen sentirme; constituyo el principio y la razón primordial de todas las tonadas, el eco de mis trancos restalla en la eternidad, los triángulos paradójicos de mi actitud resumen el gesto de los gestos, el gesto, la figura del superhombre loco que balanceó la cuna macabra del orbe e iba enseñándole a hablar. Los cantos de mi lengua tienen ojos y pies, ojos y pies, músculos, alma, sensaciones, grandiosidad de héroes y pequeñas costumbres modestas, simplicísimas, mínimas, simplicísimas de recién nacidos, aúllan y hacen congojas enormes, enormes, enormemente enormes, sonríen, lloran, sonríen, escupen al cielo infame o echan serpientes por la boca, obran, obran lo mismo que gentes o pájaros, dignifican el reino animal, el reino vegetal, el reino mineral, y son bestias de mármol, bestias, bestias cuya sangre ardiendo y triste-triste, asciende a ellos desde las entrañas del globo, y cuyo ser poliédrico, múltiple, simultáneo está en los quinientos horizontes geográficos; florecen gozosos, redondos, sonoros en octubre, dan frutos rurales a principios de mayo o junio o a fines de agosto, maduran todo el año y desde nunca a desde nunca; anarquistas, estridentes, impávidos, crean un individuo y una gigante realidad nueva, algo que antes, antes, algo que antes no estaba en la tierra, prolongan mi anatomía terrible hacia lo absoluto, aún existiendo independientemente; ¡tocad su cuerpo, tocad su cuerpo y os ensangrentareis los dedos miserables!... Ariel y Calibán, Grecia, Egipto, Roma, el país judío y Chile, las polvosas naciones prehistóricas, Jesús de Nazareth, los cielos, las montañas, el mar y los hombres más hombres, las oceánicas multitudes, ciudades, campos, talleres, usinas, árboles, flores, sepulcros, sanatorios, hospicios u hospitales, brutos de piel terrosa y lejano mirar, lleno de églogas, insectos y aves, pequeñas, armoniosas mujeres pálidas; el cosmos idiota, maravilloso, maravilloso, maravilloso, orienta mis palabras, y rodaré sonando eternamente, como el viejo del viejo, nidal en donde anidan todos los gorjeos del mundo!...
Ayer jugaba el mundo como un gato en tu falda; hoy te lame las finas botitas de paloma; tienes el corazón poblado de cigarras, y un parecido a muertas vihuelas desveladas, gran melancólica. Posiblemente quepa todo el mar en tus ojos y quepa todo el sol en tu actitud de acuario; como un perro amarillo te siguen los otoños, y, ceñida de dioses fluviales y astronómicos, eres la eternidad en la gota de espanto. Tu ilusión se parece a una ciudad antigua, a las caobas llenas de aroma entristecido, a las piedras eternas ya las niñas heridas; un pájaro de agosto se ahoga en tus pupilas, y, como un traje obscuro, se te cae el delirio. Seria como una espada, tienes la gran dulzura de los viejos y tiernos sonetos del crepúsculo; tu dignidad pueril arde como las frutas; tus cantos se parecen a una gran jarra obscura que se volcase arriba del ideal del mundo. Tal como las semillas, te desgarraste en hijos, y, lo mismo que un sueño que se multiplicara, la carne dolorosa se te llenó de niños; mujercita de invierno, nublada de suspiros, la tristeza del sexo te muerde la palabra. Todo el siglo te envuelve como una echarpe de oro; y, desde la verdad lluviosa de mi enigma, entonas la tonada de los últimos novios; tu arrobamiento errante canta en los matrimonios, cual una alondra de humo, con las alas ardidas. Enterrada en los cubos sellados de la angustia, como Dios en la negra botella de los cielos, nieta de hombres, nacida en pueblos de locura, a tu gran flor herida la acuestas en mi angustia, debajo de mis sienes aradas de silencio. Asocio tu figura a las hembras hebreas, y te veo, mordida de aceites y ciudades, escribir la amargura de las tierras morenas en la táctica azul de la gran danza horrenda con la cuchilla rosa del pie inabordable. Niña de las historias melancólicas, niña, niña de las novelas, niña de las tonadas, tienes un gesto inmóvil de estampa de provincia en el agua de asombro de la cara perdida y en los serios cabellos goteados de dramas. Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente, como la eternidad encima de los muertos, recuerdo que viniste y has existido siempre, mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres, toda la especie humana se lamenta en tus huesos. Llenas la tierra entera, como un viento rodante, y tus cabellos huelen a tonada oceánica; naranjo de los pueblos terrosos y joviales, tienes la soledad llena de soledades, y tu corazón tiene la forma de una lágrima. Semejante a un rebaño de nubes, arrastrando la cola inmensa y turbia de lo desconocido tu alma enorme rebasa tus hechos y tus cantos, y es lo mismo que un viento terrible y milenario encadenado a una matita de suspiros. Te pareces a esas cántaras populares, tan graciosas y tan modestas de costumbres; tu aristocracia inmóvil huele a yuyos rurales, muchacha del país, florida de velámenes, y la greda morena, triste de aves azules. Derivas de mineros y de conquistadores, ancha y violenta gente llevó tu sangre extraña, y tu abuelo, Domingo Sánderson fue un HOMBRE; yo los miro y los veo cruzando el horizonte con tu actitud futura encima de la espalda. Eres la permanencia de las cosas profundas y la amada geografía llenando el Occidente; tus labios y tus pechos son un panal de angustia, y tu vientre maduro es un racimo de uvas colgado del parrón colosal de la muerte. Ay, amiga, mi amiga, tan amiga mi amiga, cariñosa, lo mismo que el pan del hombre pobre; naciste tú llorando y sollozó la vida; yo te comparo a una cadena de fatigas hecha para amarrar estrellas en desorden. Zig-Zag 1925
Voy pisando cadáveres de amantes y viejas tumbas llenas de pasado, cubierto con cabello horripilante del gran sepulcro universal tragado. Acumulo mi yo exorbitante y mi ilusión de Dios ensangrentado, pues soy un espectáculo clamante y un macho-santo ya desorbitado. Mi amor te muerde como un perro de oro, pero te exhibe en sus ancas de oro. Wínétt, como una flor de extranjería. Porque sin ti no hubiera descubierto como una jarra de agua en el desierto la mina antigua de mi poesía.
Dios te ampare, mujer, inmaculada y triste como una flor que oliese a hojas caídas. Universo, universo, universo, ave-niña, ilusión más ingenua, más ingenua aún, más ingenua que las cunas azules cuando el sol clarea los pueblos fúnebres, melancólicos. Tú que pastoreabas las palomas del lugar por cuatro reales... Filosofando caminas sobre las tumbas del planeta-Winétt. Reíste a los tres días de nacer, dulcemente de nacer, porque ya eras madre de lo creado y abuela de los muertos. Paz, sonora canción nacida de un tajo hecho en la tierra, sin héroes o niños divinos antes de ayer. Y manas sangre de árbol-árbol con olor a surcos llenos de simiente. Contigo el pánico florece y las tristezas dan frutos dulces. E iluminas el camino hacia el hombre distante. Desengañada te crees y tus días son cuentos para niños. He aquí que eres máquina de nieve encendida. Andas por los caminos de la vida y la muerte con el ritmo enorme que fluyen cantando a ciegas los fenómenos, cantando a ciegas los fenómenos, cantando a ciegas los fenómenos. Yo conozco, siento que tus raíces cándidas horadaron mi estupor... Atardeciendo, cuando el farol invernal del crepúsculo alumbra lo melancólico, el porvenir de las tumbas lluviosas e irremediables, la cara absurda del vacío, entonces, yo estoy, querida, deshojándote hoja a hoja... hoja a hoja... Ejemplo de mujer casada, niña de octubre y mariposa, mi corazón se está incendiando a tus pies. El cataclismo universal de tu agonía me tronchará los huesos marchitos y sentiré que moriré llamándote. Soy tuyo entero, encadéname con sollozos y alimenta con besos golosos al animal feroz que elegiste por amo.
« Gran hogar patriarcal lleno de nidos, / de muérdagos y rémoras felices; »
« Entre serpientes verdes y verbenas, / mi »
« Oriente de cobre duro, fino y ensangrentado, / de tiempo a tiempo »
« Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, / fatalmente, al azar de los sucesos, como quien come, »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: