Poesía Universal

Pablo de Rokha

Biografía y amplia selección de poemas de Pablo de Rokha. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Pablo de Rokha. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Pablo de Rokha

7 poemas seleccionados
1.

A la manera de antaño

Gran hogar patriarcal lleno de nidos,
de muérdagos y rémoras felices;

		un pan de sal para los días idos
y un pan de mar para los días 
		grises.

		
La proa afronta contra la ola ( heridos ),
a los corsarios sobre 
		cien países,
o andamos por la aldea atardecidos
tragando sol o 
		cazando perdices.

		
Le invade de chacales la retórica,
pero yo echo la orinada 
		histórica
sobre sus catres de metales blandos.

		
Y aunque toda la horda nos acosa,
medio a medio de los caminos, 
		rosa
de humo y piedra, la tribu está brillando.


		
		"Dinamo" 1925
2.

Autorretrato de adolescencia

Entre serpientes verdes y verbenas,
mi 
		condición de león domesticado
tiene un rumor lacustre de colmenas

		y un ladrido de océano quemado.

		
Ceñido de fantasmas y cadenas,
soy religión podrida y rey 
		tronchado,
o un castillo feudal cuyas almenas
alzan tu nombre como 
		un pan dorado.

		
Torres de sangre en campos de batalla,
olor a sol heroico y a 
		metralla,
a espada de nación despavorida.

		
Se escuchan en mi ser lleno de muertos
y heridos, de cenizas y 
		desiertos,
en donde un gran poeta se suicida.
3.

Aventurero

Oriente de cobre duro, fino y ensangrentado,
de tiempo a tiempo
                                     
		tendido
de mundo a mundo.

                 
		¡Voluntad!

                 
		Soy el hombre de la danza oscura
y el ataúd de canciones degolladas;

		el automovilista lluvioso,
sonriente de horrores, gobernando
la 
		bestia ruidosa;
el tallador en piedra de catedrales hundidas:
el 
		bailarín matemático y lúgubre.
coronado de rosas de equilibrio;
el 
		vendedor de abismos, trágico,
dt cabellera de ciudades
y un canto 
		enorme en la capa raída.

		
                  
		Tren nocturno
con ]as hojas marchitas y un vientre humoso.

                  
		¡Ay! cómo aúllan en la tierra cóncova y madura
mis leones muertos...

		Voy de estrella en estrella
acariciándole los pechos violados a las 
		guitarras.
con mi mano única;
¡oh! jugador,
agarro mi gran 
		rueda de espanto,
despernancada,
y la arrojo contra las estrellas,

		arriba del cielo, más arriba del cielo
que no existe.

		
                    
		Y suelo estarme cuatro y cincn mil lunarios,
como un idiota yiejo,

		jugando con bolitas de tristeza,
jugando con bolitas de locura
que 
		hago yo mismo manoseando la soledad;
entonces me río,
con mis 33 
		dientes,
entonces me río,
entonces me río,
con la risa quebrada 
		de las motocicletas,
colgado de la cola del mundo.

		
                       
		La campana negra del sexo
toca a ánimas adentro de mi melancolía,

		y una mujer múltiple y una
múltiple y una
como un triángulo de 
		setenta lados y muchos claveles.
se desnuda multiplicando las heridas

		sobre mis mundos quemantes y llenos de senos de mujeres estupefactas.

		
"Agonal" 1925
4.

Balada de Pablo de Rokha

Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, 
		fatalmente, al azar de los sucesos, como quien come, 

		bebe o anda y porque sí; moriría si no cantase, moriría si no cantase; 
		el acontecimiento popular del poema estimula mis nervios sonantes, no 
		puedo hablar, entono, pienso en canciones, no puedo hablar, no puedo 
		hablar; las ruidosas, trascendentales 

		epopeyas me definen, e ignoro el sentido de mi flauta; aprendí a cantar 
		siendo nebulosa, odio, odio las utilitarias labores erradas, 
		cuotidianas, prosaicas, y amo la ociosidad ilustre de lo bello; cantar, 
		cantar, cantar...  he ahí lo único que sabes, Pablo de Rokha... 


		Los sofismas universales, las cósmicas, subterráneas leyes dinámicas, me 
		rigen, mi canción natural, polifónica se abre más allá 

		del espíritu, la ancha belleza subconciente, trágica, matemática, 
		fúnebre, guía mis pasos en la obscura claridad; cruzo las épocas 
		cantando como un gran sueño deforme, mi verdad es la verdadera verdad, 
		el corazón orquestal, musical, orquestal, dionisíaco, flota en la 
		augusta, perfecta, la eximia resonancia unánime, los fenómenos convergen 
		a él, y agrandan su sonora sonoridad sonora, sonora; y estas fatales 
		manos van, sonámbulas, apartando la vida externa, —conceptos, fórmulas, 
		costumbres, apariencias-; mi intuición sigue los caminos de las cosas, 
		vidente, iluminada y feliz, porque todo se hace canto en mis huesos, 
		todo se hace canto en mis huesos. 

Pus, llanto y nieblas 
		lúgubres, dolor, solo dolor mamo en los roñosos pechos de la vida, no 
		tengo casa y mi vestido es pobre; sin embargo, mis cantares 
		dramáticos-inéditos, modestísimos suman el pensamiento, todo el 
		pensamiento de la raza y la voz del instante; soy un país hecho poeta, 
		por la gracia de "Dios"; desprecio el determinismo de las ciencias 
		parciales, convencionales, pues mi sabiduría monumental surge pariendo 
		axiomas desde lo infinito, y su elocuencia errante, fabulosa y terrible 
		crea mundos e inventa universos continuamente; afirmo o niego, y mi 
		pasión gigante atraviesa tronando el pueblo imbécil del prejuicio, la 
		mala aldea clerical de la rutina. 

		
Atardeciendo me arrodillé junto a una inmensa y gris piedra humilde, 
		democrática, trágica, y su oratoria, su elocuencia inmóvil habló 
		conmigo, en aquel sordo lenguaje cosmopolita e ingenuo del ritmo 
		universal; hoy, tendido a la sombra de los lagos, he sentido el llanto 
		de los muertos flotando en las corolas; oigo crecer las plantas y morir 
		los viajeros planetas degollados igual que animales, el sol se pone al 
		fondo de mis años lúgubres, amarillos, amarillos, amarillos, las espigas 
		van naciéndome, a media noche los eternos ríos lloran a la orilla de mi 
		tristeza y a mis dolores maximalistas se les caen las hojas... "buenos 
		días, buenos días árbol", dije al reventar la mañana sobre las rubias 
		cumbres chilenas, y más tarde clamaba: "estrellas, sois estrellas, ¡oh 
		prodigio!..." 

Mis pensamientos hacen sonar los siglos contra los 
		siglos; voy caminando, caminando, caminando musicalmente y mis actos son 
		himnos, cánticos naturales, completamente naturales; las campanas del 
		tiempo repican cuando me oyen sentirme; constituyo el principio y la 
		razón primordial de todas las tonadas, el eco de mis trancos restalla en 
		la eternidad, los triángulos paradójicos de mi actitud resumen el gesto 
		de los gestos, el gesto, la figura del superhombre loco que balanceó la 
		cuna macabra del orbe e iba enseñándole a hablar. 

Los cantos de 
		mi lengua tienen ojos y pies, ojos y pies, músculos, alma, sensaciones, 
		grandiosidad de héroes y pequeñas costumbres modestas, simplicísimas, 
		mínimas, simplicísimas de recién nacidos, aúllan y hacen congojas 
		enormes, enormes, enormemente enormes, sonríen, lloran, sonríen, escupen 
		al cielo infame o echan serpientes por la boca, obran, obran lo mismo 
		que gentes o pájaros, dignifican el reino animal, el reino vegetal, el 
		reino mineral, y son bestias de mármol, bestias, bestias cuya sangre 
		ardiendo y triste-triste, asciende a ellos desde las entrañas del globo, 
		y cuyo ser poliédrico, múltiple, simultáneo está en los quinientos 
		horizontes geográficos; florecen gozosos, redondos, sonoros en octubre, 
		dan frutos rurales a principios de mayo o junio o a fines de agosto, 
		maduran todo el año y desde nunca a desde nunca; anarquistas, 
		estridentes, impávidos, crean un individuo y una gigante realidad nueva, 
		algo que antes, antes, algo que antes no estaba en la tierra, prolongan 
		mi anatomía terrible hacia lo absoluto, aún existiendo 
		independientemente; ¡tocad su cuerpo, tocad su cuerpo y os 
		ensangrentareis los dedos miserables!... 

Ariel y Calibán, 
		Grecia, Egipto, Roma,  el país judío y Chile, las polvosas naciones 
		prehistóricas, Jesús de Nazareth, los cielos, las montañas, el mar y los 
		hombres más hombres, las oceánicas multitudes, ciudades, campos, 
		talleres, usinas, árboles, flores, sepulcros, sanatorios, hospicios u 
		hospitales, brutos de piel terrosa y lejano mirar, lleno de églogas, 
		insectos y aves, pequeñas, armoniosas mujeres pálidas; el cosmos idiota, 
		maravilloso, maravilloso, maravilloso, orienta mis palabras, y rodaré 
		sonando eternamente, como el viejo del viejo, nidal en donde anidan 
		todos los gorjeos del mundo!...
5.

Círculo

Ayer 
		jugaba el mundo como un gato en tu falda;
hoy te lame las finas 
		botitas de paloma;
tienes el corazón poblado de cigarras,
y un 
		parecido a muertas vihuelas desveladas,
gran melancólica.

		
Posiblemente quepa todo el mar en tus ojos
y quepa todo el sol en 
		tu actitud de acuario;
como un perro amarillo te siguen los otoños,

		y, ceñida de dioses fluviales y astronómicos,
eres la eternidad en la 
		gota de espanto.

		
Tu ilusión se parece a una ciudad antigua,
a las caobas llenas de 
		aroma entristecido,
a las piedras eternas ya las niñas heridas;
un 
		pájaro de agosto se ahoga en tus pupilas,
y, como un traje obscuro, 
		se te cae el delirio.

		
Seria como una espada, tienes la gran dulzura
de los viejos y 
		tiernos sonetos del crepúsculo;
tu dignidad pueril arde como las 
		frutas;
tus cantos se parecen a una gran jarra obscura
que se 
		volcase arriba del ideal del mundo.

		
Tal como las semillas, te desgarraste en hijos,
y, lo mismo que 
		un sueño que se multiplicara,
la carne dolorosa se te llenó de niños;

		mujercita de invierno, nublada de suspiros,
la tristeza del sexo te 
		muerde la palabra.

		
Todo el siglo te envuelve como una echarpe de oro;
y, desde la 
		verdad lluviosa de mi enigma,
entonas la tonada de los últimos 
		novios;
tu arrobamiento errante canta en los matrimonios,
cual una 
		alondra de humo, con las alas ardidas.

		
Enterrada en los cubos sellados de la angustia,
como Dios en la 
		negra botella de los cielos,
nieta de hombres, nacida en pueblos de 
		locura,
a tu gran flor herida la acuestas en mi angustia,
debajo 
		de mis sienes aradas de silencio.

		
Asocio tu figura a las hembras hebreas,
y te veo, mordida de 
		aceites y ciudades,
escribir la amargura de las tierras morenas
en 
		la táctica azul de la gran danza horrenda
con la cuchilla rosa del 
		pie inabordable.

		
Niña de las historias melancólicas, niña,
niña de las novelas, 
		niña de las tonadas,
tienes un gesto inmóvil de estampa de provincia

		en el agua de asombro de la cara perdida
y en los serios cabellos 
		goteados de dramas.

		
Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente,
como la 
		eternidad encima de los muertos,
recuerdo que viniste y has existido 
		siempre,
mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres,
toda la especie 
		humana se lamenta en tus huesos.

		
Llenas la tierra entera, como un viento rodante,
y tus cabellos 
		huelen a tonada oceánica;
naranjo de los pueblos terrosos y joviales,

		tienes la soledad llena de soledades,
y tu corazón tiene la forma de 
		una lágrima.

		
Semejante a un rebaño de nubes, arrastrando
la cola inmensa y 
		turbia de lo desconocido
tu alma enorme rebasa tus hechos y tus 
		cantos,
y es lo mismo que un viento terrible y milenario

		encadenado a una matita de suspiros.

		
Te pareces a esas cántaras populares,
tan graciosas y tan 
		modestas de costumbres;
tu aristocracia inmóvil huele a yuyos 
		rurales,
muchacha del país, florida de velámenes,
y la greda 
		morena, triste de aves azules.

		
Derivas de mineros y de conquistadores,
ancha y violenta gente 
		llevó tu sangre extraña,
y tu abuelo, Domingo Sánderson fue un 
		HOMBRE;
yo los miro y los veo cruzando el horizonte
con tu actitud 
		futura encima de la espalda.

		
Eres la permanencia de las cosas profundas
y la amada geografía 
		llenando el Occidente;
tus labios y tus pechos son un panal de 
		angustia,
y tu vientre maduro es un racimo de uvas
colgado del 
		parrón colosal de la muerte.

		
Ay, amiga, mi amiga, tan amiga mi amiga,
cariñosa, lo mismo que 
		el pan del hombre pobre;
naciste tú llorando y sollozó la vida;
yo 
		te comparo a una cadena de fatigas
hecha para amarrar estrellas en 
		desorden.

		
Zig-Zag 1925
6.

El viajero de sí mismo

Voy pisando cadáveres de amantes
y viejas 
		tumbas llenas de pasado,
cubierto con cabello horripilante
del 
		gran sepulcro universal tragado.

		
Acumulo mi yo exorbitante
y mi ilusión de Dios ensangrentado,

		pues soy un espectáculo clamante
y un macho-santo ya desorbitado.

		
Mi amor te muerde como un perro de oro,
pero te exhibe en sus 
		ancas de oro.
Wínétt, como una flor de extranjería.

		
Porque sin ti no hubiera descubierto
como una jarra de agua en el 
		desierto
la mina antigua de mi poesía.
7.

Epitalamio

Dios te ampare, mujer, inmaculada y triste como una flor que oliese a 
		hojas caídas.

		
Universo, universo, universo, ave-niña, ilusión más ingenua, más 
		ingenua aún, más ingenua que las cunas azules 

		cuando el sol clarea los pueblos fúnebres, melancólicos.

		
Tú que pastoreabas las palomas del lugar por cuatro reales...

		
Filosofando caminas sobre las tumbas del planeta-Winétt.


		Reíste a los tres días de nacer, dulcemente de nacer, porque ya eras 
		madre de lo creado y abuela de los muertos.

Paz, sonora canción 
		nacida de un tajo hecho en la tierra, sin héroes  o niños divinos 
		antes de ayer.


		Y manas 
		sangre de árbol-árbol con olor a surcos llenos de simiente.


		Contigo el pánico florece y las tristezas dan frutos dulces.

		
E iluminas el camino hacia el hombre distante.

Desengañada te 
		crees y tus días son cuentos para niños.

		
He aquí que eres máquina de nieve encendida.


		Andas por 
		los caminos de la vida y la muerte con el ritmo enorme que fluyen 
		cantando a ciegas los fenómenos, 
		

		cantando a ciegas los fenómenos, cantando a ciegas los fenómenos.


		Yo conozco, siento que tus raíces cándidas horadaron mi estupor...


		
		Atardeciendo, cuando el farol invernal del crepúsculo alumbra lo 
		melancólico, el porvenir de las tumbas lluviosas 

		e irremediables, la cara absurda del vacío, entonces, yo estoy, querida, 
		deshojándote hoja a hoja... hoja a hoja...

Ejemplo de mujer 
		casada, niña de octubre y mariposa, mi corazón se está incendiando a tus 
		pies.

El cataclismo universal de tu agonía me tronchará los 
		huesos marchitos y sentiré que moriré llamándote.

Soy tuyo 
		entero, encadéname con sollozos y alimenta con besos golosos al animal 
		feroz que elegiste por amo.

Versos y pensamientos de Pablo de Rokha

4 citas
« Gran hogar patriarcal lleno de nidos, / de muérdagos y rémoras felices; »
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« Entre serpientes verdes y verbenas, / mi »
Pablo de Rokha · Autorretrato de adolescencia
« Oriente de cobre duro, fino y ensangrentado, / de tiempo a tiempo »
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« Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, / fatalmente, al azar de los sucesos, como quien come, »
Pablo de Rokha · Balada de Pablo de Rokha
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