Oscar Acosta

Biografía y amplia selección de poemas de Oscar Acosta. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica. Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Antología lírica (5 poemas seleccionados)

Cabello de muchacha

Tu cabello es de humo dorado,
una copa con un jugo encendido,
un
caracol de ondeado vidrio,
una flor de bronce tímido.

Tu pelo existe, tiembla suavemente
cuando mi mano llega a su rocío,

cuando lo beso entusiasmado,
cuando llora como los niños.

Tu cabello es un odre con frío,
una estrella dulce, un pistilo
que
lucha por ser lirio.

Es una paloma convertida en durazno,
una corona que alumbra con sus
cirios
y que calienta la sangre como el vino.

Oscar Acosta

Carta desde Torremolinos

Un laurel es tu mano entre mi mano

y agua unitiva el río de tu brazo,

ansias somos unidas por un lazo

tenso de resistir y cotidiano.

El roce de tus labios no fue en vano

y para comprobarlo te doy plazo:

sobre mi pecho de hombre está tu trazo

y tu aliento a mi boca está cercano.

Mujer ausente y todopoderosa

no deseo olvidar tu cuerpo fino,

ni tu caricia misericordiosa.

Amo tu risa de fulgente lino

y al recordarte ahora, dolorosa

se me vuelve la sangre y agrio el vino.

Oscar Acosta

El fuego

Frotó
el indio la yesca,
el pedernal, el pino
con otro pino viejo,
la
madera, las hojas
de roble, la corteza
de los ceibos caídos,
el
cuerpo del animal
salvaje, el carbón
mineral endurecido.

El mundo cambió entonces
otro espejo movible
que no era el del
agua,
alzó su brazo rojo
en la espesa maleza,
en el ámbito crudo

de miles de años
a la sombra, iluminados
solamente por el rayo
o
por el centelleo
de los lúcidos ojos
de las fieras.

Tú te callaste entonces
viendo crecer la lengua
clarísima, la
llama
que levantó su lanza,
su corona de espinas
y que lamió la
noche
como animal salvaje.
Ante tu limpio rostro
de indígena
doncella
nacía otro milagro:
el milagro del fuego.

Oscar Acosta

El nombre de la Patria

Mi patria es altísima.

No puedo escribir una letra sin oír
el viento que viene de su
nombre.

Su forma irregular la hace más bella
porque dan deseos de formarla,
de hacerla

como a un niño a quien se enseña a hablar,
a decir palabras tiernas
y verdaderas,

a quien se le muestran los peligros del mundo.

Mi patria es
altísima.

Por eso digo que su nombre se descompone
en millones de cosas para
recordármela.

Lo he oído sonar en los caracoles incesantes.
Venía en los caballos
y en los fuegos

que mis ojos han visto y admirado.
Lo traían las muchachas hermosas
en la voz

y en una guitarra.

Mi patria es altísima.
No puedo
imaginármela bajo el mar

o escondiéndose bajo su propia sombra.
Por eso digo que más allá del
hombre,

del amor que nos dan en cucharadas,
de la presencia viva del
cadáver,

está ardiendo el nombre de la patria.

Oscar Acosta

El rostro

De tu
rostro purísimo y resplandeciente
surge una luz silenciosa
que todo lo
desnuda, descubre
paraísos y mares de ceniza,

oculta sombras con su bella campana
y vuela como un pájaro.

Olvidar tu rostro es ahogar el corazón,
tratar de ignorarlo es vivir
a
ciegas, dando tumbos;
no es necesario volver a decir
que tu rostro nos
promete un reino
en un universo inmóvil y destruido.

Oscar Acosta

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