Biografía

Vida

Oliverio Girondo (Buenos Aires, 17 de agosto de 1891 - Buenos Aires, 24 de enero de 1967) deslumbró por su portentosa voz lírica y su capacidad única para transformar las emociones más intensas en versos inolvidables. Su vida estuvo consagrada al arte de la palabra, explorando el misterio del amor, el destino y la belleza del mundo con enorme carisma.

Frente a las incertidumbres de su tiempo, defendió con valentía la libertad de creación y la autenticidad del sentimiento más puro. Su obra poética permanece como una joya imperecedera que sigue emocionando a lectores de todas las generaciones por su frescura y hondura humana.

Poesia

Oliverio Girondo

Oliverio Girondo (Buenos Aires, 17 de agosto de 1891 - Buenos Aires, 24 de enero de 1967) fue un poeta, articulista y escritor argentino.

Lírica y Versos

Poemas de Oliverio Girondo

19 poemas seleccionados
1.

Aparición urbana

¿Surgió de bajo tierra?
¿Se desprendió del cielo?
Estaba entre los 
	ruidos,
herido,
malherido,
inmóvil,
en silencio,
hincado ante 
	la tarde,
ante lo inevitable,
las venas adheridas
al espanto,
al 
	asfalto,
con sus crenchas caídas,
con sus ojos de santo,
todo, todo 
	desnudo,
casi azul, de tan blanco.
Hablaban de un caballo.
Yo creo 
	que era un ángel.
2.

¡Azotadme!

¡Azotadme!

	Aquí estoy,
¡azotadme!
Merezco que me azoten.
No lamí la rompiente,

	la sombra de las vacas,
las espinas,
la lluvia;
con fervor,

	durante años;
descalzo,
estremecido,
absorto,
iluminado.
No 
	me postré ante el barro,
ante el misterio intacto
del polen,
de la 
	cama,
del gusano,
del pasto;
por timidez,
por miedo,
por 
	pudor,
por cansancio.
No adoré los pesebres,
las ventanas heridas,

	los ojos de los burros,
los manzanos,
el alba;
sin restricción,

	de hinojos,
entregado,
desnudo,
con los poros erectos,
con los 
	brazos al viento,
delirante,
sombrío;
en comunión de espanto,
de 
	humildad,
de ignorancia,
como hubiera deseado...
¡como hubiera 
	deseado!
3.

Balaúa

De oleaje 
	tú de entrega de redivivas muertes 
		
en el la maramor 
plenamente amada 
tu néctar piel de pétalo 
	desnuda 
		
tus bipanales senos de suave plena luna 
con su eromiel y zumbos 
	y ritmos y mareas
	
tus tús y más que tús 
tan eco de eco mío 
y llamarada suya de la 
	muy sacra cripta mía tuya 
		
dame tu 
Balaúa
4.

Calle de las sierpes

A D. Ramón Gómez de la Serna

Una corriente de brazos y de 
	espaldas
nos encauza
y nos hace desembocar
bajo los abanicos,

	las pipas,
los anteojos enormes
colgados en medio de la calle;

	únicos testimonios de una raza
desaparecida de gigantes.

	
Sentados al borde de las sillas,
cual si fueran a dar un brinco
y 
	ponerse a bailar,
los parroquianos de los cafés
aplauden la actividad 
	del camarero,
mientras los limpiabotas les lustran los zapatos
hasta 
	que pueda leerse
el anuncio de la corrida del domingo.

	
Con sus caras de mascarón de proa,
el habano hace las veces de 
	bauprés,
los hacendados penetran
en los despachos de bebidas,
a 
	muletear los argumentos
como si entraran a matar;
y acodados en los 
	mostradores,
que simulan barreras,
brindan a la concurrencia
el 
	miura disecado
que asoma la cabeza en la pared.

	
Ceñidos en sus capas, como toreros,
los curas entran en las 
	peluquerías
a afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez
y cuando 
	salen a la calle
ya tienen una barba de tres días.

	
En los invernáculos
edificados por los círculos,
la pereza se da 
	como en ninguna parte
y los socios la ingieren
con churros o con 
	horchata,
para encallar en los sillones
sus abulias y sus laxitudes de 
	fantoches.

	
Cada doscientos cuarenta y siete hombres,
trescientos doce curas
y 
	doscientos noventa y tres soldados,
pasa una mujer.
A medida que nos 
	aproximamos
las piedras se van dando mejor.
5.

Campo nuestro

En 
	lo alto de esas cumbres agobiantes
hallaremos laderas y peñascos,

	donde yacen metales, momias de alga,
peces cristalizados;
pero jamás 
	la extensa certidumbre
de que antes de humillarnos para siempre,
has 
	preferido, campo, el ascetismo
de negarte a ti mismo.
Fuiste viva 
	presencia o fiel memoria
desde mis más remota prehistoria.
Mucho antes 
	de intimar con los palotes
mi amistad te abrazaba en cada poste.

	Chapaleando en el cielo de tus charcos
me rocé con tus ranas y tus 
	astros.
Junto con tu recuerdo se aproxima
el relente a distancia y 
	pasto herido
con que impregnas las botas... la fatiga.
Galopar. 
	Galopar. ¿Ritmo perdido?
hasta encontrarlo dentro de uno mismo.

	Siempre volvemos, campo, de tus tardes
con un lucero humeante...
entre 
	los labios.
Una tarde, en el mar, tú me llamaste,
pero en vez de tu 
	escueta reciedumbre
pasaba ante la borda un campo equívoco
de andares 
	voluptuosos y evasivos.
Me llamaste, otra vez, con voz de madre
Y en 
	tu silencio sólo halló una vaca
junto a un charco de luna arrodillada;

	arrodillada, campo, ante tu nada.
Cuando me acerco, pampa, a tu recuerdo,

	te me vas, despacio, para adentro...
al trote corto, campo, al trotecito.

	Aunque me ignores, campo, soy tu amigo.
Entra y descansa, campo. 
	Desensilla.
Deja de ser eterna lejanía.
Cuanto más te repito y te 
	repito
quisiera repetirte al infinito.
Nunca permitas, campo, que se 
	agote
nuestra sed de horizonte y de galope.
Templa mis nervios, campo 
	ilimitado,
al recio diapasón del alambrado.
Aquí mi soledad. Esta mi 
	mano.
Dondequiera que vayas te acompaño.
Si no hubieras andado siempre 
	solo
¿todavía tendrías voz de toro?
Tu soledad, tu soledad... ¡la mía!

	Un sorbo tras el otro, noche y día,
como si fuera, campo, mate amargo.

	A veces soledad, otras silencio,
pero ante todo, campo: padre-nuestro.
6.

Cansancio

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,

	veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,

	grisáceos,
fragmentarios.

	
Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan 
	casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé 
	mientras vivía.

	
Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en 
	cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no 
	este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

	
Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada 
	día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las 
	mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar 
	la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de 
	magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos 
	meses, adentro de una piedra.
7.

Dicotomía

Dicotomía incruenta


	Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y 
	forman una mano.

	
Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro 
	cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.

	
Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya 
	estaba
antes de haber llegado.

	
Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me 
	rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de 
	esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.
8.

Dietética

Hay que ingerir distancia,
lanudos nubarrones,
secas parvas de siesta,

	arena sin historia,
llanura,
vizcacheras,
caminos con tropillas

	de nubes,
de ladridos,
de briosa polvareda.
Hay que rumiar la yerba

	que sazonan las vacas
con su orín,
y sus colas;
la tierra que se 
	escapa
bajo los alambrados,
con su olor a chinita,
a zorrino,
a 
	fogata,
con sus huesos de fósil,
de potro,
de tapera,
y sus 
	largos mugidos
y sus guampas, al aire,
de molino,
de toro...
Hay 
	que agarrar la tierra,
calentita o helada,
y comerla
¡comerla!
9.

¿Dónde?

¿Me extravié en la 
	fiebre? 
¿Detrás de las sonrisas? 
		
¿Entre los alfileres? 
¿En la duda? 
¿En el rezo? 
¿En 
	medio de la herrumbre? 
		
¿Asomado a la angustia, 
al engaño, 
a lo verde?... 
No 
	estaba junto al llanto, 
		
junto a lo despiadado, 
por encima del asco, 
adherido a la 
	ausencia, 
		
mezclado a la ceniza, 
al horror, 
al delirio. 
No estaba 
	con mi sombra, 
		
no estaba con mis gestos, 
más allá de las normas, 
más allá 
	del misterio, 
		
en el fondo del sueño, 
del eco, 
del olvido. 
No estaba. 
		
¡Estoy seguro! 
No estaba.
10.

El puro no

El no 

	el no inóvulo 
el no nonato 
		
el noo 
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan 
	noan
	
y nooan 
y plurimono noan al morbo amorfo noo 
no démono 
no 
	deo
	
sin son sin sexo ni órbita 
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
	
sin poros ya sin nódulo 
ni yo ni fosa ni hoyo 
el macro no ni 
	polvo 
		
el no más nada todo 
el puro no 
sin no
11.

Ella

Es una intensísima corriente 
un relámpago ser de lecho 
		
una dona mórbida ola 
un reflujo zumbo de anestesia 
una 
	rompiente ente florescente
	
una voraz contráctil prensil corola entreabierta 
y su rocío 
	afrodisíaco 
		
y su carnalesencia 
natal 
letal 
alveolo beodo de violo 
		
es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que 

	estrellan y disgregan 
		
aunque Dios sea su vientre 
pero también es la crisálida de una 
	inalada larva de la nada 
		
una libélula de médula 
una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de 
	frotes 
		
un chupochupo súcubo molusco 
que gota a gota agota boca a boca 
		
la mucho mucho gozo 
la muy total sofoco 
la toda ¡shock! tras 
	¡shock!
	
la íntegra colapso 
es un hermoso síncope con foso 
un ¡cross! de 
	amor pantera al plexo trópico 
		
un ¡knock out! técnico dichoso 
si no un compuesto terrestre de 
	líbido edén infierno
	
el sedimento aglutinante de un precipitado de labios 
el obsesivo 
	residuo de una solución insoluble 
		
un mecanismo radioanímico 
un terno bípedo bullente 
un 
	¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio
	
y espasmos lírico-dramáticos 
aunque tal vez sea un espejismo 
un 
	paradigma 
		
un eromito 
una apariencia de la ausencia 
una entelequia 
	inexistente 
		
las trenzas náyades de Ofelia 
o sólo un trozo ultraporoso de 
	realidad indubitable
	
una despótica materia 
el paraíso hecho carne 
una perdiz a la 
	crema.
12.

Escrúpulo

Me 
	parece que vivo
que estoy entre los ruidos
que miro las paredes,

	que estas manos son mías,
pero quizás me engañe
y paredes y manos

	sólo sean recuerdos
de una vida pasada.
He dicho "me parece"
yo no 
	aseguro nada.
13.

Gratitud

Gracias aroma 
azul, 
fogata 
		
encelo. 
Gracias pelo 
caballo 
mandarino. 
Gracias 
	pudor 
		
turquesa 
embrujo 
vela, 
llamarada 
quietud 
azar 
		
delirio. 
Gracias a los racimos 
a la tarde, 
a la sed 

	al fervor 
		
a las arrugas, 
al silencio 
a los senos 
a la noche, 
a 
	la danza 
		
a la lumbre 
a la espesura. 
Muchas gracias al humo 
a los 
	microbios, 
		
al despertar 
al cuerno 
a la belleza, 
a la esponja 
a 
	la duda 
		
a la semilla 
a la sangre 
a los toros 
a la siesta. 

	Gracias por la ebriedad, 
		
por la vagancia, 
por el aire 
la piel 
las alamedas, 

	por el absurdo de hoy 
		
y de mañana, 
desazón 
avidez 
calma 
alegría, 

	nostalgia 
		
desamor 
ceniza 
llanto. 
Gracias a lo que nace, 
a lo 
	que muere, 
		
a las uñas 
las alas 
las hormigas, 
los reflejos 
el 
	viento 
		
la rompiente, 
el olvido 
los granos 
la locura. 
Muchas 
	gracias gusano. 
		
Gracias huevo. 
Gracias fango, 
sonido. 
Gracias piedra. 
		
Muchas gracias por todo. 
Muchas gracias. 
Oliverio Girondo,
	
agradecido.
14.

Hazaña

Todo,

	todo,
en el aire,
en el agua,
en la tierra
desarraigado y ácido,

	descompuesto,
perdido.
El agua hecha caballo antes que nube y lluvia.

	Los toros transformados en sumisas poleas.
El engaño sin malla,
sin 
	"tutu",
sin pezones.

	
La impúdica mentira exhibiendo el trasero
en todas las posturas,

	en todas las esquinas.
Las polillas voraces de expediente cocido,

	disfrazadas de hiena,
de tapir con mochila.
Las techumbres que emigran 
	en oscuras bandadas.
Las ventanas que escupen dentaduras de piano,

	cacerolas,
espejos,
piernas carbonizadas.

	
Porque mirad
sin musgo,
mi corazón de yesca,
qué hicimos,

	qué hemos hecho
con nuestras pobres manos,
con nuestros esqueletos de 
	invierno y de verano.

	
Desatar el incendio.
Aplaudir el desastre.
Trasladar,
sobre 
	caucho,
apetitos de pústula.
Prostituir los crepúsculos.
Adorar los 
	bulones
y los secos cerebros de nuez reblandecida...
Como si no 
	existiera más que el sudor y el asco;
como si sólo ansiáramos nutrir con 
	nuestra sangre
las raíces del odio;
como si ya no fuese bastante 
	deprimente
saber que sólo somos un pálido excremento
del amor,
de 
	la muerte.
15.

Llorar

a lágrima viva...


	Llorar a lágrima viva. 
		
Llorar a chorros. 
Llorar la digestión. 
Llorar el sueño. 

	Llorar ante las puertas y los puertos. 
		
Llorar de amabilidad y de amarillo. 
Abrir las canillas, 
las 
	compuertas del llanto. 
		
Empaparnos el alma, la camiseta. 
Inundar las veredas y los 
	paseos, 
		
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto. 
Asistir a los cursos de 
	antropología, llorando. 
		
Festejar los cumpleaños familiares, llorando. 
Atravesar el 
	África, llorando. 
		
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... 
si es verdad que los 
	cacuíes y los cocodrilos
	
no dejan nunca de llorar. 
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. 

	Llorarlo con la nariz, con las rodillas. 
		
Llorarlo por el ombligo, por la boca. 
Llorar de amor, de hastío, 
	de alegría. 
		
Llorar de frac, de flato, de flacura. 
Llorar improvisando, de 
	memoria. 
		
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
16.

Lo que esperamos

Tardará, tardará. 

	

	Ya sé que todavía 

	los émbolos, 

	la usura, 

	el sudor, 

	las bobinas 

	seguirán produciendo, 

	al por mayor, 

	en serie, 

	iniquidad, 

	ayuno, 

	rencor, 

	desesperanza; 

	para que las lombrices con huecos portasenos, 

	las vacas de embajada, 

	los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, 

	se sacien de adulterios, 

	de hastío, 

	de diamantes, 

	de caviar, 

	de remedios. 

	

	Ya sé que todavía pasarán muchos años 

	para que estos crustáceos 

	del asfalto 

	y la mugre 

	se limpien la cabeza, 

	se alejen de la envidia, 

	no idolatren la saña, 

	no adoren la impostura, 

	y abandonen su costra 

	de opresión, 

	de ceguera, 

	de mezquindad. 

	de bosta. 

	

	Pero, quizás, un día, 

	antes de que la tierra se canse de atraernos 

	y brindarnos su seno, 

	el cerebro les sirva para sentirse humanos, 

	ser hombres, 

	ser mujeres, 

	-no cajas de caudales, 

	ni perchas desoladas-, 

	someter a las ruedas, 

	impedir que nos maten, 

	comprobar que la vida se arranca y despedaza 

	los chalecos de fuerza de todos los sistemas; 

	y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas 

	se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. 

	

	Y entonces... 

	¡Ah!, ese día 

	abriremos los brazos 

	sin temer que el instinto nos muerda los garrones, 

	ni recelar de todo, 

	hasta de nuestra sombra; 

	y seremos capaces de acercarnos al pasto, 

	a la noche, 

	a los ríos, 

	sin rubor, 

	mansamente, 

	con las pupilas claras, 

	con las manos tranquilas; 

	y usaremos palabras sustanciosas, 

	auténticas; 

	no como esos vocablos erizados de inquina 

	que babean las hienas al instarnos al odio, 

	ni aquellos que se asfixian 

	en estrofas de almíbar 

	y fustigada clara de huevo corrompido; 

	sino palabras simples, 

	de arroyo, 

	de raíces, 

	que en vez de separarnos 

	nos acerquen un poco; 

	o mejor todavía 

	guardaremos silencio 

	para tomar el pulso a todo lo que existe 

	y vivir el milagro de cuanto nos rodea, 

	mientras alguien nos diga, 

	con una voz de roble, 

	lo que desde hace siglos 

	esperamos en vano.
17.

Mi lu

mi lubidulia 
mi golocidalove 
mi lu tan luz tan tu que me 
	enlucielabisma
	
y descentratelura 
y venusafrodea 
y me nirvana el suyo la crucis 
	los desalmes 
		
con sus melimeleos 
sus erpsiquisedas sus decúbitos lianas y 
	dermiferios limbos y gormullos
	
mi lu 
mi luar 
mi mito 
demonoave dea rosa 
mi pez hada 
		
mi luvisita nimia 
mi lubísnea 
mi lu más lar 
más lampo 
		
mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio 
mi 
	lubella lusola
	
mi total lu plevida 
mi toda lu 
lumía
18.

Milonga

Sobre las mesas, 
botellas decapitadas de «champagne» con corbatas 
	blancas de payaso, 
		
baldes de níquel que trasuntan enflaquecidos brazos y espaldas de 
	«cocottes»
El bandoneón canta con esperezos de gusano baboso, 

	contradice el pelo rojo de la alfombra, 
		
imana los pezones, los pubis y la punta de los zapatos.
Machos 
	que se quiebran en corte ritual, la cabeza hundida entre los hombros,
la 
	jeta hinchada de palabras soeces.
Hembras con las ancas nerviosas, 
		
un poquito de espuma en las axilas y los ojos demasiado aceitados.

	De pronto se oye un fracaso de cristales. 
		
Las mesas dan un corcovo y pegan cuatro patadas en el aire. 
Un 
	enorme espejo se derrumba con las columnas y la gente que tenía dentro; 

	mientras en un oleaje de brazos y de espaldas estallan las trompadas, 
		
como una rueda de cohetes de bengala.
Junto con el vigilante, 
	entra la aurora vestida de violeta.
19.

Mito

Mito

	mito mío
acorde de luna sin piyamas
aunque me hundas tus psíquicas 
	espinas
mujer pescada poco antes de la muerte
aspirosorbo hasta el 
	delirio tus magnolias calefaccionadas
cuanto decoro tu lujosísimo 
	esqueleto
todos los accidentes de tu topografía
mientras declino en 
	cualquier tiempo
tus titilaciones más secretas
al precipitarte

	entre relámpagos
en los tubos de ensayo de mis venas.

Frases y pensamientos de Oliverio Girondo

15 citas
« Aunque se alteren todas nuestras concepciones sobre la Vida y la Muerte, ha llegado el momento de denunciar la enorme superchería de las Meninas” que —siendo las propias Meninas” de carne y hueso— colgaron un letrerito donde se lee Velázquez para que nadie descubra el auténtico y secular milagro de su inmortalidad. »
Oliverio Girondo · Girondo (1999) p. 63
« Confecciónate una nueva virginidad cada cinco minutos y escucha estos consejos como si te los diera una moldura, pues aunque la experiencia sea una enfermedad que ofrece tan poco peligro de contagio, no debes exponerte a que te influencie ni tan siquiera tu propia sombra. »
Oliverio Girondo · [https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-68482006000200007 Faúndez V
« Delatemos un onanismo más: el de izar la bandera cada cinco minutos. »
Oliverio Girondo · Girondo (1999) p. 417
« Estamos tan pervertidos que la inhabilidad de lo ingenuo nos parece el sumum” del arte. »
Oliverio Girondo
« ¿Estupidez? ¿Ingenuidad? ¿Política?... Seamos argentinos gritan algunos...” Sin advertir que la nacionalidad es algo tan fatal como la conformación de nuestro esqueleto. »
Oliverio Girondo · Girondo (1999) p. 417
« Hasta las ideas más optimistas toman un coche fúnebre para pasearse por mi cerebro. »
Oliverio Girondo · Anales de literatura hispanoamericana. Universidad Complutense: Cátedra de Literatura Hispanoamericana
« La arquitectura árabe consiguió proporcionarle a la luz, la dulzura y la voluptuosidad que adquiere la luz en una boca entreabierta de mujer. »
Oliverio Girondo · Revista de literaturas modernas
« La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas. »
Oliverio Girondo · A través de la vanguardia hispanoamericana. Editorial Publicacions Universitat Rovira i Virgili
« Las venus griegas tienen cuarenta y siete pulsaciones.Las vírgenes españolas, ciento tres. »
Oliverio Girondo · Boedo y Florida: antología. Volumen 64. Editorial Centro Editor de América Latina
« Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor. »
Oliverio Girondo · Sucre
« Los críticos olvidan, con demasiada frecuencia, que una cosa es cacarear, otra poner el huevo. »
Oliverio Girondo
« Los cubistas cometieron el error de creer que una manzana era un tema menos literario y frugal que las nalgas de Madame Recamier. »
Oliverio Girondo · Grunfeld
« Los únicos brazos entre los cuales nos resignaríamos a pasar la vida son los brazos de las Venus que han perdido los brazos. »
Oliverio Girondo · Ruiz Otero
« Musicalmente, el clarinete es un instrumento muchísimo más rico que el diccionario. »
Oliverio Girondo · Fines de siglo y modernismo
« Por eso —aunque me creas completamente chocha— nunca me cansaré de repetirte que no debes renunciar ni a tu derecho de renunciar. »
Oliverio Girondo · Espantapájaros: al alcance de todos. Editorial Proa, 1932
« Aunque se alteren todas nuestras concepciones sobre la Vida y la Muerte, ha llegado el momento de denunciar la enorme superchería de las Meninas” que —siendo las propias Meninas” de carne y hueso— colgaron un letrerito donde se lee Velázquez para que nadie descubra el auténtico y secular milagro de su inmortalidad. »
Oliverio Girondo
« Confecciónate una nueva virginidad cada cinco minutos y escucha estos consejos como si te los diera una moldura, pues aunque la experiencia sea una enfermedad que ofrece tan poco peligro de contagio, no debes exponerte a que te influencie ni tan siquiera tu propia sombra. »
Oliverio Girondo
« Delatemos un onanismo más: el de izar la bandera cada cinco minutos. »
Oliverio Girondo
« Estamos tan pervertidos que la inhabilidad de lo ingenuo nos parece el sumum” del arte. »
Oliverio Girondo
« ¿Estupidez? ¿Ingenuidad? ¿Política?... Seamos argentinos gritan algunos...” Sin advertir que la nacionalidad es algo tan fatal como la conformación de nuestro esqueleto. »
Oliverio Girondo
« Hasta las ideas más optimistas toman un coche fúnebre para pasearse por mi cerebro. »
Oliverio Girondo
« La arquitectura árabe consiguió proporcionarle a la luz, la dulzura y la voluptuosidad que adquiere la luz en una boca entreabierta de mujer. »
Oliverio Girondo
« La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas. »
Oliverio Girondo
« Las venus griegas tienen cuarenta y siete pulsaciones.Las vírgenes españolas, ciento tres. »
Oliverio Girondo
« Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor. »
Oliverio Girondo
« Los críticos olvidan, con demasiada frecuencia, que una cosa es cacarear, otra poner el huevo. »
Oliverio Girondo
« Los cubistas cometieron el error de creer que una manzana era un tema menos literario y frugal que las nalgas de Madame Recamier. »
Oliverio Girondo
« Los únicos brazos entre los cuales nos resignaríamos a pasar la vida son los brazos de las Venus que han perdido los brazos. »
Oliverio Girondo
« Musicalmente, el clarinete es un instrumento muchísimo más rico que el diccionario. »
Oliverio Girondo
« Un libro debe construirse como un reloj y venderse como un salchichón. »
Oliverio Girondo
« Por eso —aunque me creas completamente chocha— nunca me cansaré de repetirte que no debes renunciar ni a tu derecho de renunciar. »
Oliverio Girondo
Trayectoria lírica

Poemas y obras destacadas

Antología de poemas inmortales

Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Oliverio Girondo, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.

Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.

Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.

Algunos libros de poesía de Oliverio Girondo:

Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: