« Aunque se alteren todas nuestras concepciones sobre la Vida y la Muerte, ha llegado el momento de denunciar la enorme superchería de las Meninas” que —siendo las propias Meninas” de carne y hueso— colgaron un letrerito donde se lee Velázquez para que nadie descubra el auténtico y secular milagro de su inmortalidad. »
Oliverio Girondo
Oliverio Girondo (Buenos Aires, 17 de agosto de 1891 - Buenos Aires, 24 de enero de 1967) fue un poeta, articulista y escritor argentino.
Poemas de Oliverio Girondo
1.
Aparición urbana
Aparición urbana
¿Surgió de bajo tierra? ¿Se desprendió del cielo? Estaba entre los ruidos, herido, malherido, inmóvil, en silencio, hincado ante la tarde, ante lo inevitable, las venas adheridas al espanto, al asfalto, con sus crenchas caídas, con sus ojos de santo, todo, todo desnudo, casi azul, de tan blanco. Hablaban de un caballo. Yo creo que era un ángel.
2.
¡Azotadme!
¡Azotadme!
¡Azotadme! Aquí estoy, ¡azotadme! Merezco que me azoten. No lamí la rompiente, la sombra de las vacas, las espinas, la lluvia; con fervor, durante años; descalzo, estremecido, absorto, iluminado. No me postré ante el barro, ante el misterio intacto del polen, de la cama, del gusano, del pasto; por timidez, por miedo, por pudor, por cansancio. No adoré los pesebres, las ventanas heridas, los ojos de los burros, los manzanos, el alba; sin restricción, de hinojos, entregado, desnudo, con los poros erectos, con los brazos al viento, delirante, sombrío; en comunión de espanto, de humildad, de ignorancia, como hubiera deseado... ¡como hubiera deseado!
3.
Balaúa
Balaúa
De oleaje tú de entrega de redivivas muertes en el la maramor plenamente amada tu néctar piel de pétalo desnuda tus bipanales senos de suave plena luna con su eromiel y zumbos y ritmos y mareas tus tús y más que tús tan eco de eco mío y llamarada suya de la muy sacra cripta mía tuya dame tu Balaúa
4.
Calle de las sierpes
Calle de las sierpes
A D. Ramón Gómez de la Serna Una corriente de brazos y de espaldas nos encauza y nos hace desembocar bajo los abanicos, las pipas, los anteojos enormes colgados en medio de la calle; únicos testimonios de una raza desaparecida de gigantes. Sentados al borde de las sillas, cual si fueran a dar un brinco y ponerse a bailar, los parroquianos de los cafés aplauden la actividad del camarero, mientras los limpiabotas les lustran los zapatos hasta que pueda leerse el anuncio de la corrida del domingo. Con sus caras de mascarón de proa, el habano hace las veces de bauprés, los hacendados penetran en los despachos de bebidas, a muletear los argumentos como si entraran a matar; y acodados en los mostradores, que simulan barreras, brindan a la concurrencia el miura disecado que asoma la cabeza en la pared. Ceñidos en sus capas, como toreros, los curas entran en las peluquerías a afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez y cuando salen a la calle ya tienen una barba de tres días. En los invernáculos edificados por los círculos, la pereza se da como en ninguna parte y los socios la ingieren con churros o con horchata, para encallar en los sillones sus abulias y sus laxitudes de fantoches. Cada doscientos cuarenta y siete hombres, trescientos doce curas y doscientos noventa y tres soldados, pasa una mujer. A medida que nos aproximamos las piedras se van dando mejor.
5.
Campo nuestro
Campo nuestro
En lo alto de esas cumbres agobiantes hallaremos laderas y peñascos, donde yacen metales, momias de alga, peces cristalizados; pero jamás la extensa certidumbre de que antes de humillarnos para siempre, has preferido, campo, el ascetismo de negarte a ti mismo. Fuiste viva presencia o fiel memoria desde mis más remota prehistoria. Mucho antes de intimar con los palotes mi amistad te abrazaba en cada poste. Chapaleando en el cielo de tus charcos me rocé con tus ranas y tus astros. Junto con tu recuerdo se aproxima el relente a distancia y pasto herido con que impregnas las botas... la fatiga. Galopar. Galopar. ¿Ritmo perdido? hasta encontrarlo dentro de uno mismo. Siempre volvemos, campo, de tus tardes con un lucero humeante... entre los labios. Una tarde, en el mar, tú me llamaste, pero en vez de tu escueta reciedumbre pasaba ante la borda un campo equívoco de andares voluptuosos y evasivos. Me llamaste, otra vez, con voz de madre Y en tu silencio sólo halló una vaca junto a un charco de luna arrodillada; arrodillada, campo, ante tu nada. Cuando me acerco, pampa, a tu recuerdo, te me vas, despacio, para adentro... al trote corto, campo, al trotecito. Aunque me ignores, campo, soy tu amigo. Entra y descansa, campo. Desensilla. Deja de ser eterna lejanía. Cuanto más te repito y te repito quisiera repetirte al infinito. Nunca permitas, campo, que se agote nuestra sed de horizonte y de galope. Templa mis nervios, campo ilimitado, al recio diapasón del alambrado. Aquí mi soledad. Esta mi mano. Dondequiera que vayas te acompaño. Si no hubieras andado siempre solo ¿todavía tendrías voz de toro? Tu soledad, tu soledad... ¡la mía! Un sorbo tras el otro, noche y día, como si fuera, campo, mate amargo. A veces soledad, otras silencio, pero ante todo, campo: padre-nuestro.
6.
Cansancio
Cansancio
Cansado. ¡Sí! Cansado de usar un solo bazo, dos labios, veinte dedos, no sé cuántas palabras, no sé cuántos recuerdos, grisáceos, fragmentarios. Cansado, muy cansado de este frío esqueleto, tan púdico, tan casto, que cuando se desnude no sabré si es el mismo que usé mientras vivía. Cansado. ¡Sí! Cansado por carecer de antenas, de un ojo en cada omóplato y de una cola auténtica, alegre, desatada, y no este rabo hipócrita, degenerado, enano. Cansado, sobre todo, de estar siempre conmigo, de hallarme cada día, cuando termina el sueño, allí, donde me encuentre, con las mismas narices y con las mismas piernas; como si no deseara esperar la rompiente con un cutis de playa, ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia, acariciar la tierra con un vientre de oruga, y vivir, unos meses, adentro de una piedra.
7.
Dicotomía
Dicotomía
Dicotomía incruenta Siempre llega mi mano más tarde que otra mano que se mezcla a la mía y forman una mano. Cuando voy a sentarme advierto que mi cuerpo se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse adonde yo me siento. Y en el preciso instante de entrar en una casa, descubro que ya estaba antes de haber llegado. Por eso es muy posible que no asista a mi entierro, y que mientras me rieguen de lugares comunes, ya me encuentre en la tumba, vestido de esqueleto, bostezando los tópicos y los llantos fingidos.
8.
Dietética
Dietética
Hay que ingerir distancia, lanudos nubarrones, secas parvas de siesta, arena sin historia, llanura, vizcacheras, caminos con tropillas de nubes, de ladridos, de briosa polvareda. Hay que rumiar la yerba que sazonan las vacas con su orín, y sus colas; la tierra que se escapa bajo los alambrados, con su olor a chinita, a zorrino, a fogata, con sus huesos de fósil, de potro, de tapera, y sus largos mugidos y sus guampas, al aire, de molino, de toro... Hay que agarrar la tierra, calentita o helada, y comerla ¡comerla!
9.
¿Dónde?
¿Dónde?
¿Me extravié en la fiebre? ¿Detrás de las sonrisas? ¿Entre los alfileres? ¿En la duda? ¿En el rezo? ¿En medio de la herrumbre? ¿Asomado a la angustia, al engaño, a lo verde?... No estaba junto al llanto, junto a lo despiadado, por encima del asco, adherido a la ausencia, mezclado a la ceniza, al horror, al delirio. No estaba con mi sombra, no estaba con mis gestos, más allá de las normas, más allá del misterio, en el fondo del sueño, del eco, del olvido. No estaba. ¡Estoy seguro! No estaba.
10.
El puro no
El puro no
El no el no inóvulo el no nonato el noo el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan y nooan y plurimono noan al morbo amorfo noo no démono no deo sin son sin sexo ni órbita el yerto inóseo noo en unisolo amódulo sin poros ya sin nódulo ni yo ni fosa ni hoyo el macro no ni polvo el no más nada todo el puro no sin no
11.
Ella
Ella
Es una intensísima corriente un relámpago ser de lecho una dona mórbida ola un reflujo zumbo de anestesia una rompiente ente florescente una voraz contráctil prensil corola entreabierta y su rocío afrodisíaco y su carnalesencia natal letal alveolo beodo de violo es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que estrellan y disgregan aunque Dios sea su vientre pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada una libélula de médula una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes un chupochupo súcubo molusco que gota a gota agota boca a boca la mucho mucho gozo la muy total sofoco la toda ¡shock! tras ¡shock! la íntegra colapso es un hermoso síncope con foso un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico un ¡knock out! técnico dichoso si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno el sedimento aglutinante de un precipitado de labios el obsesivo residuo de una solución insoluble un mecanismo radioanímico un terno bípedo bullente un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio y espasmos lírico-dramáticos aunque tal vez sea un espejismo un paradigma un eromito una apariencia de la ausencia una entelequia inexistente las trenzas náyades de Ofelia o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable una despótica materia el paraíso hecho carne una perdiz a la crema.
12.
Escrúpulo
Escrúpulo
Me parece que vivo que estoy entre los ruidos que miro las paredes, que estas manos son mías, pero quizás me engañe y paredes y manos sólo sean recuerdos de una vida pasada. He dicho "me parece" yo no aseguro nada.
13.
Gratitud
Gratitud
Gracias aroma azul, fogata encelo. Gracias pelo caballo mandarino. Gracias pudor turquesa embrujo vela, llamarada quietud azar delirio. Gracias a los racimos a la tarde, a la sed al fervor a las arrugas, al silencio a los senos a la noche, a la danza a la lumbre a la espesura. Muchas gracias al humo a los microbios, al despertar al cuerno a la belleza, a la esponja a la duda a la semilla a la sangre a los toros a la siesta. Gracias por la ebriedad, por la vagancia, por el aire la piel las alamedas, por el absurdo de hoy y de mañana, desazón avidez calma alegría, nostalgia desamor ceniza llanto. Gracias a lo que nace, a lo que muere, a las uñas las alas las hormigas, los reflejos el viento la rompiente, el olvido los granos la locura. Muchas gracias gusano. Gracias huevo. Gracias fango, sonido. Gracias piedra. Muchas gracias por todo. Muchas gracias. Oliverio Girondo, agradecido.
14.
Hazaña
Hazaña
Todo, todo, en el aire, en el agua, en la tierra desarraigado y ácido, descompuesto, perdido. El agua hecha caballo antes que nube y lluvia. Los toros transformados en sumisas poleas. El engaño sin malla, sin "tutu", sin pezones. La impúdica mentira exhibiendo el trasero en todas las posturas, en todas las esquinas. Las polillas voraces de expediente cocido, disfrazadas de hiena, de tapir con mochila. Las techumbres que emigran en oscuras bandadas. Las ventanas que escupen dentaduras de piano, cacerolas, espejos, piernas carbonizadas. Porque mirad sin musgo, mi corazón de yesca, qué hicimos, qué hemos hecho con nuestras pobres manos, con nuestros esqueletos de invierno y de verano. Desatar el incendio. Aplaudir el desastre. Trasladar, sobre caucho, apetitos de pústula. Prostituir los crepúsculos. Adorar los bulones y los secos cerebros de nuez reblandecida... Como si no existiera más que el sudor y el asco; como si sólo ansiáramos nutrir con nuestra sangre las raíces del odio; como si ya no fuese bastante deprimente saber que sólo somos un pálido excremento del amor, de la muerte.
15.
Llorar
Llorar
a lágrima viva... Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto. Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando. Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos no dejan nunca de llorar. Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca. Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
16.
Lo
que esperamos
Lo que esperamos
Tardará, tardará. Ya sé que todavía los émbolos, la usura, el sudor, las bobinas seguirán produciendo, al por mayor, en serie, iniquidad, ayuno, rencor, desesperanza; para que las lombrices con huecos portasenos, las vacas de embajada, los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, se sacien de adulterios, de hastío, de diamantes, de caviar, de remedios. Ya sé que todavía pasarán muchos años para que estos crustáceos del asfalto y la mugre se limpien la cabeza, se alejen de la envidia, no idolatren la saña, no adoren la impostura, y abandonen su costra de opresión, de ceguera, de mezquindad. de bosta. Pero, quizás, un día, antes de que la tierra se canse de atraernos y brindarnos su seno, el cerebro les sirva para sentirse humanos, ser hombres, ser mujeres, -no cajas de caudales, ni perchas desoladas-, someter a las ruedas, impedir que nos maten, comprobar que la vida se arranca y despedaza los chalecos de fuerza de todos los sistemas; y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. Y entonces... ¡Ah!, ese día abriremos los brazos sin temer que el instinto nos muerda los garrones, ni recelar de todo, hasta de nuestra sombra; y seremos capaces de acercarnos al pasto, a la noche, a los ríos, sin rubor, mansamente, con las pupilas claras, con las manos tranquilas; y usaremos palabras sustanciosas, auténticas; no como esos vocablos erizados de inquina que babean las hienas al instarnos al odio, ni aquellos que se asfixian en estrofas de almíbar y fustigada clara de huevo corrompido; sino palabras simples, de arroyo, de raíces, que en vez de separarnos nos acerquen un poco; o mejor todavía guardaremos silencio para tomar el pulso a todo lo que existe y vivir el milagro de cuanto nos rodea, mientras alguien nos diga, con una voz de roble, lo que desde hace siglos esperamos en vano.
17.
Mi lu
Mi lu
mi lubidulia mi golocidalove mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma y descentratelura y venusafrodea y me nirvana el suyo la crucis los desalmes con sus melimeleos sus erpsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y gormullos mi lu mi luar mi mito demonoave dea rosa mi pez hada mi luvisita nimia mi lubísnea mi lu más lar más lampo mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio mi lubella lusola mi total lu plevida mi toda lu lumía
18.
Milonga
Milonga
Sobre las mesas, botellas decapitadas de «champagne» con corbatas blancas de payaso, baldes de níquel que trasuntan enflaquecidos brazos y espaldas de «cocottes» El bandoneón canta con esperezos de gusano baboso, contradice el pelo rojo de la alfombra, imana los pezones, los pubis y la punta de los zapatos. Machos que se quiebran en corte ritual, la cabeza hundida entre los hombros, la jeta hinchada de palabras soeces. Hembras con las ancas nerviosas, un poquito de espuma en las axilas y los ojos demasiado aceitados. De pronto se oye un fracaso de cristales. Las mesas dan un corcovo y pegan cuatro patadas en el aire. Un enorme espejo se derrumba con las columnas y la gente que tenía dentro; mientras en un oleaje de brazos y de espaldas estallan las trompadas, como una rueda de cohetes de bengala. Junto con el vigilante, entra la aurora vestida de violeta.
19.
Mito
Mito
Mito mito mío acorde de luna sin piyamas aunque me hundas tus psíquicas espinas mujer pescada poco antes de la muerte aspirosorbo hasta el delirio tus magnolias calefaccionadas cuanto decoro tu lujosísimo esqueleto todos los accidentes de tu topografía mientras declino en cualquier tiempo tus titilaciones más secretas al precipitarte entre relámpagos en los tubos de ensayo de mis venas.
Frases y pensamientos de Oliverio Girondo
15 citas« Confecciónate una nueva virginidad cada cinco minutos y escucha estos consejos como si te los diera una moldura, pues aunque la experiencia sea una enfermedad que ofrece tan poco peligro de contagio, no debes exponerte a que te influencie ni tan siquiera tu propia sombra. »
« Delatemos un onanismo más: el de izar la bandera cada cinco minutos. »
« Estamos tan pervertidos que la inhabilidad de lo ingenuo nos parece el sumum” del arte. »
« ¿Estupidez? ¿Ingenuidad? ¿Política?... Seamos argentinos gritan algunos...” Sin advertir que la nacionalidad es algo tan fatal como la conformación de nuestro esqueleto. »
« Hasta las ideas más optimistas toman un coche fúnebre para pasearse por mi cerebro. »
« La arquitectura árabe consiguió proporcionarle a la luz, la dulzura y la voluptuosidad que adquiere la luz en una boca entreabierta de mujer. »
« La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas. »
« Las venus griegas tienen cuarenta y siete pulsaciones.Las vírgenes españolas, ciento tres. »
« Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor. »
« Los críticos olvidan, con demasiada frecuencia, que una cosa es cacarear, otra poner el huevo. »
« Los cubistas cometieron el error de creer que una manzana era un tema menos literario y frugal que las nalgas de Madame Recamier. »
« Los únicos brazos entre los cuales nos resignaríamos a pasar la vida son los brazos de las Venus que han perdido los brazos. »
« Musicalmente, el clarinete es un instrumento muchísimo más rico que el diccionario. »
« Por eso —aunque me creas completamente chocha— nunca me cansaré de repetirte que no debes renunciar ni a tu derecho de renunciar. »
« Aunque se alteren todas nuestras concepciones sobre la Vida y la Muerte, ha llegado el momento de denunciar la enorme superchería de las Meninas” que —siendo las propias Meninas” de carne y hueso— colgaron un letrerito donde se lee Velázquez para que nadie descubra el auténtico y secular milagro de su inmortalidad. »
« Confecciónate una nueva virginidad cada cinco minutos y escucha estos consejos como si te los diera una moldura, pues aunque la experiencia sea una enfermedad que ofrece tan poco peligro de contagio, no debes exponerte a que te influencie ni tan siquiera tu propia sombra. »
« Delatemos un onanismo más: el de izar la bandera cada cinco minutos. »
« Estamos tan pervertidos que la inhabilidad de lo ingenuo nos parece el sumum” del arte. »
« ¿Estupidez? ¿Ingenuidad? ¿Política?... Seamos argentinos gritan algunos...” Sin advertir que la nacionalidad es algo tan fatal como la conformación de nuestro esqueleto. »
« Hasta las ideas más optimistas toman un coche fúnebre para pasearse por mi cerebro. »
« La arquitectura árabe consiguió proporcionarle a la luz, la dulzura y la voluptuosidad que adquiere la luz en una boca entreabierta de mujer. »
« La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas. »
« Las venus griegas tienen cuarenta y siete pulsaciones.Las vírgenes españolas, ciento tres. »
« Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor. »
« Los críticos olvidan, con demasiada frecuencia, que una cosa es cacarear, otra poner el huevo. »
« Los cubistas cometieron el error de creer que una manzana era un tema menos literario y frugal que las nalgas de Madame Recamier. »
« Los únicos brazos entre los cuales nos resignaríamos a pasar la vida son los brazos de las Venus que han perdido los brazos. »
« Musicalmente, el clarinete es un instrumento muchísimo más rico que el diccionario. »
« Un libro debe construirse como un reloj y venderse como un salchichón. »
« Por eso —aunque me creas completamente chocha— nunca me cansaré de repetirte que no debes renunciar ni a tu derecho de renunciar. »
Poemas y obras destacadas
Antología de poemas inmortales
Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Oliverio Girondo, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.
Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.
Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.
Algunos libros de poesía de Oliverio Girondo:
Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: