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Olavo Bilac
Olavo Bilac es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras comp...
Vida
Olavo Bilac es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Olavo Bilac
1.
A las campanas
A las campanas
Campanas de las torres, resonad clamorosas! La tierra nuestro anhelo de infinito no sacia, queremos la conquista de un mundo en que las cosas se eternicen en una primavera de gracia. Desde aquí, desde el fango de estas playas tediosas hasta donde el zafiro de los cielos se espacia, llevad en vuestras voces nuestras voces llorosas y el grito milenario de la tierra en desgracia. En repiques festivos, en dobles de amargura, en rebatos de angustia, todo lo que sufrimos llevadlo a la impasible soledad de l'altura. Y ¡oh campanas! decidles en clamores supremos, nuestro dolor a aquellos astros en que nacimos, nuestra esperanza a aquellos astros a donde iremos! Versión de Miguel Rasch-Isla
2.
Abstracción
Abstracción
Hay millares de estrellas en la altura que puedes alcanzar con la mirada; mas tú buscas la estrella que, ignorada, en espacios ilímites fulgura. Hay mujeres de núbil hermosura que te cercan en ronda apasionada; pero tú buscas la mujer soñada, una mujer pretérita y futura. Arriba, el cielo es fúnebre, nublado; la tierra en rededor es yermo triste... y así habrás de morir abandonado, con los sueños de amor que perseguiste: la imposible mujer que no has amado y la estrella ideal que nunca viste. Versión de Delio Seraville
3.
El pecador
El pecador
Pecó, mas es el pecador sereno que sofoca el sollozo en la garganta, y que a los labios, sin temblar, levanta la rebosante copa de veneno. Manchó su excelsa clámide en el cieno del mal. Y al cabo de flaqueza tánta, ningún remordimiento lo quebranta, ni lo sonroja el parecer ajeno. Lleva ocultas las lágrimas consigo, y erguido lleva el corazón doliente cual un pendón de reto enarbolado. Y acepta la amargura del castigo, con la misma altivez con que sonriente probó todo el deleite del pecado. Versión de Miguel Rasch-Isla
4.
Exilio
Exilio
¿Ya no me
amas? ¡Bien! Partiré desterrado
de mi primer amor a otro amor que imagino...
Adiós carne amorosa, rapazuelo divino
de mis sueños, ¡adiós bello cuerpo adorado!
En ti, como en
un valle, me adormecí embriagado
en un sueño de amores a mitad del camino;
quiero darte ya mi último beso peregrino
como quien abandona la patria, desterrado.
¡Adiós, cuerpo
fragante, patria de mi embeleso,
nido de blandas plumas de mi primer idilio,
jardín, en que hecho flores, brotó mi primer beso!
¡Adiós! Ese
otro amor ha de amargarme tanto,
como el pan que se come lejos, en el exilio,
amasado con hieles y humedecido en llanto.
Versión de
Eduardo Castillo
5.
Oración
Oración
Bendito el que en la tierra hizo el agua y el fuego; el que unció a la carreta al buey manso y amigo; el que encontró la azada, y el que del fango luégo hizo brotar el oro milagroso del trigo. El que fundió los bronces; el que talló en sosiego la cuna de la infancia, y el que al primer mendigo dio la primer limosna conmovido a su ruego, y el que labró este lecho que compartes conmigo. El que echó al mar la quilla y a los vientos las velas; el que inventó las trovas; el que encoldó la lira; el que domó los rayos y aplacó las procelas. Mas, bendito entre todos, aquel que en lo profundo descubrió la esperanza, la divina mentira, que dora las siniestras espesuras del mundo. Versión de Miguel Rasch-Isla
Versos y pensamientos de Olavo Bilac
4 citas« Hay / millares de estrellas en la altura »
« Pecó, mas es el pecador sereno / que sofoca el sollozo en la garganta, »
« ¿Ya no me / amas? ¡Bien! Partiré desterrado »
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