Odette Alonso

Biografía y amplia selección de poemas de Odette Alonso. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica. Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Antología lírica (11 poemas seleccionados)

Antesala del miedo

Supe de la neblina
y salí al mundo.
El miedo era un planeta extraño

verte venir desde la acera opuesta
toda tu luz burlando el mediodía.

Yo que apuré el asfalto
todo el viento del mundo reteniéndome.

De qué sirve el amor

qué extraña esencia nutre su llegada
para que se convierta en una
espera

en una melodía.
Calle para mis pasos
y el mar que desemboca a la
vuelta de tus ojos

como el deseo de ser mar
encrucijada.
Qué luz viene de ti que me
enceguece.

No puedo darte la felicidad sino su anverso.
Voy a decir amor trazo
de sombra y no te marches.

El miedo es un planeta absurdo y cierto.

Odette Alonso

Bailarina

Saltó desde mi ojo a la ventana

desnuda está en la acera mojada a la intemperie
bajo una luna
extraña.

De pronto ya no baila
me sigue el rastro ajeno taciturno
la ira
del zapato sobre el lomo.

Salta la bailarina
me recorre la espalda
habla de Irlanda en mis
hombros y no entiendo

la hago saltar a punta de pistola
dolor para gritar malas palabras

y no aguantar ni un poco
y no tener piedad.
Gritar para que
salte disparar

y ver su cuerpecito llevado por el aire
danzando a contraluz.

Odette Alonso

Balcã“n

Balcón al mar

Llego a tus costas
como al reverso menos cruel de la moneda
y tengo
todo el tiempo para amarte
aunque el amor no sea más que alguna carta

a veces una espera.
Me desvisto en el muelle
me deslumbro
tiendo mi
mano para hallar otra respuesta
y allí estás tú
allí vuelvo a
encontrarte
toda tu firma voluntad sobre mis huesos.
La Habana
al
otro lado
es una mancha
una extensa muchacha de luces en la espalda

siempre llena de veredas y centauros.
Porque no soy igual a los demás es
que te amo
cuando la muerte es una rosa de los vientos
un golpe de
suerte
una limpia palmada sobre el hombro.
Porque no soy igual a los
demás es que te canto
que asciende mi canción buscando un puerto
un
balcón frente al mar
donde dejar mi mano
donde dejar toda mi voz a
buen recaudo
sobre el reverso menos cruel de la moneda.

Odette Alonso

Caja de música

A Veleta. A Piri

Alza la tapa.
Escucha.
La música será como un alivio
como un
bálsamo azul
como un portazo y luego este silencio.
Los amigos se
fueron
perdieron el camino y los recuerdos.
Sólo queda esa música.

Alza la tapa y oye.
Piensa que ellos han vuelto y empujarán la puerta

que traen los rones viejos y la inconformidad
que bailarán de nuevo
aquella melodía
aunque no sea igual
aunque no lleguen nunca
aunque
alces la tapa y no suene la música.

Odette Alonso

Canción del manso pastorzuelo

Ella alzaba el martillo
y lo dejaba caer una vez y otra vez sobre mi
frente
luego abría las piernas
y yo volvía a entrar en un mundo
cercano a la esperanza.
Decía las manzanas la luz el precipicio
y
dejaba mi cuerpo enlodarse en la pendiente.
Mentira tras mentira

levantamos la casa y acunamos al hijo
soñamos un futuro que supimos
incierto.
Yo cortaba la leña
y encendía la hoguera que me consumiría

yo le decía amor
y esperaba anhelante la primera patada
o el beso más
certero.
Oteaba la llanura desde lo alto
veía con envidia a las ovejas
descarriarse
y regresaba manso al calor de su falda.
Lloré todas las
noches
un llanto recalentado y torpe
y así la vi partir
sin
voltearse a mirar el humo de la choza.

Odette Alonso

En el puente

A Dora

Al extremo del puente la luz es más intensa
enceguece
la luz cambia nociones.
Las brújulas atrofian su certeza
los mapas
desdibujan sus contornos
la noche apaga la verdad del firmamento.
Sólo
queda un camino lleva al final del puente.
Basta
extender las manos y preparar el salto
caer hacia el abismo luminoso de
tus ojos.

Odette Alonso

Eva o el pecado original

Nada fue como dicen.
Yo descubrí mi cuerpo mojado en la maleza
y lo
empecé a palpar.
Era mi cuerpo solo el que se hinchaba
inflamada mi
vela.
No supe qué corría por mi vientre
trepaba hasta mi pecho

enceguecía.
Tuve miedo y grité
tuve miedo y rodé por la maleza.
Era
fuego era sangre era lava de volcán
era espejismo.
No supe qué pasaba
y tuve miedo
pero dejé rodar mi cuerpo y la llovizna
y algo estalló
vibrante quién sabe en qué recodo.
Después dormí tranquila
un tiempo
inexplicablemente largo.
Después quizás llegara Adán pero ya no lo vi

otra vez la llovizna humedeció mi cuerpo
y me sentí gritar.

Odette Alonso

Fábula del aguador y la ciudad de enfrente

Ella confunde la piel con algún río

y al corazón con la ciudad de enfrente

F. A. Dopico

Ella confunde la piel con un estanque
canta
junto a mi oído su vieja melodía.

Yo le traía el agua
vaciaba la botija en sus arenas
mitigaba su
sed.

La sed mi corazón en la ciudad de enfrente
un río subterráneo para
mis pies cansados.

Yo ganaba su sed
y me iba a buscar frutas al pie de la montaña

para escanciar el néctar sobre sus dientes nuevos.

Un día no volví
al pie de la montaña era el abismo
pozo donde
caer agua que hierve.

Ella confunde el corazón con una espera larga
canta junto a la
fuente

espera por las aguas que no llegan.
Oh mi ciudad dormida
qué
silbido recuerda a las aguas de antaño

que corriente vendrá de nuevo a tus orillas.

Odette Alonso

Helena o la otra cara del silencio

Sentada ante la rueca
Helena piensa en Paris.
Sus hijos
crecen

y Menelao dormita entre las mantas
en un rincón desde donde la mira
a veces.

Ella hilando la rueca
está pensando en Paris
la hermosura y el
pánico

y tal vez una lágrima o un pálpito
mientras el hilo corre entre sus
dedos

y Menelao dormita
y sus hijos persiguen mariposas
y Paris es un
sueño que el tiempo le devuelve detenido

engalanado vencedor de nada
en esta dulce tarde en que Helena está
hilando su recuerdo

con una limpia lágrima o un pálpito.

Odette Alonso

Historia breve de una mujer de lejos

Una mujer espera en el andén
y se asoma al hueco breve de su
impronta.
Cuando llegó
sin haberlo previsto
el sol quebró su
cápsula rojiza
y sorprendió un quejido de escorpiones.
Quizá entonces
no pensara en la estampida
y fuera un simple juego comenzar
pero hoy
el sol es una moraleja.
Con su abolida oscuridad de cobres
oculta una
nostalgia entre los hombros
y destruye el cascarón
oyendo voces

quizás pasos ascendiendo la escalera
o algún ruido inusual
inesperado.

Una mujer de lejos se convence
desdice sus arranques y sus duda
con
tal de que alguien quiera responderle
de que alguien quiera amar
de
que alguien pueda.
Una mujer recoge caracoles
insuficientes como
cuello de botella
y cuelga en su cadena una angustia amarilla.

Disfraza cuanto puede su estirpe de ermitaño
pidiendo a gritos una
desbandada
y el corazón se vuelve un rótulo impreciso
que dice ya no
puedo.

Odette Alonso

Insomnios

en la noche del
espejo

Como sombras danzantes saliendo del telón
azules los anillos te
atenazan
bajo una lluvia espesa.
Era tibio tu cuerpo
arañas
asesinas sobre los vidrios rotos
y el atrio de la iglesia donde jugaba un
niño.
Voces lejanas alegres pesadillas
bailan sobre la inútil falange
enfebrecida
colman como lamentos la noche del espejo.
La luz no será
alivio
el sueño no vendrá.

Odette Alonso

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