Poesía Universal

Nicolás Guillén

Biografía y amplia selección de poemas de Nicolás Guillén. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Nicolás Guillén. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Nicolás Guillén

13 poemas seleccionados
1.

Agua del recuerdo

¿Cuándo fue? 
No lo sé. 
Agua del recuerdo 
voy a navegar. 
		

Pasó una mulata de oro, 
y yo la miré al pasar: 
moño de 
		seda en la nuca, 
		
bata de cristal, 
niña de espalda reciente, 
tacón de reciente 
		andar. 
		

Caña 
(febril le dije en mí mismo), 
caña 
temblando 
		sobre el abismo, 
		
¿quién te empujará? 
¿Qué cortador con su mocha 
te cortará? 
		
¿Qué ingenio con su trapiche 
	
te molerá? 

El tiempo corrió después, 
corrió el tiempo sin 
		cesar, 
		
yo para allá, para aquí, 
yo para aquí, para allá, 
para allá, 
		para aquí, 
		
para aquí, para allá... 

Nada sé, nada se sabe, 
ni nada 
		sabré jamás, 
		
nada han dicho los periódicos, 
nada pude averiguar, 
de 
		aquella mulata de oro 
		
que una vez miré al pasar, 
moño de seda en la nuca, 
bata de 
		cristal, 
		
niña de espalda reciente, 
tacón de reciente andar.
2.

Alma música

Yo 
	soy borracho. Me seduce el vino 
	
luminoso y azul de la Quimera 
que pone una explosión de Primavera 
	
sobre mi corazón y mi destino. 
Tengo el alma hecha ritmo y armonía; 
	
todo en mi ser es música y es canto, 
desde el réquiem tristísimo de 
	llanto 
	
hasta el trino triunfal de la alegría. 

Y no porque la vida mi 
	alma muerda  
	
ha de rimar su ritmo mi alma loca: 
aun mas que por la mano que la 
	toca 
	
la cuerda vibra y canta porque es cuerda. 
Así, cuando la negra y 
	dura zarpa 
	
de la muerte destroce el pecho mío, 
mi espíritu ha de ser en el 
	vacío 
	
cual la postrera vibración de un arpa. 
Y ya de nuevo en el astral 
	camino 
	
concretara sus ansias de armonía 
en la cascada de una sinfonía, 

	o en la alegría musical de un trino.
3.

Angustia segunda

Tus venas, la raíz de nuestros árboles

La raíz de mi árbol, 
	retorcida;
la raíz de mi árbol, de tu árbol,
de todos nuestros 
	árboles,
bebiendo sangre, húmeda de sangre,
la raíz de mi árbol, de tu 
	árbol.
Yo la siento,
la raíz de mi árbol, de tu árbol,
de todos 
	nuestros árboles,
la siento
clavada en lo más hondo de mi tierra,

	clavada allí, clavada,
arrastrándome y alzándome y hablándome,

	gritándome.
La raíz de tu árbol, de mi árbol.
En mi tierra, clavada,

	con clavos ya de hierro,
de pólvora, de piedra,
y floreciendo en 
	lenguas ardorosas,
y alimentando ramas donde colgar los pájaros cansados,

	y elevando sus venas, nuestras venas,
tus venas, la raíz de nuestros 
	árboles.
4.

Angustia cuarta

Federico

	
Toco a la puerta de un romance.
-¿No anda por aquí Federico?
Un 
	papagayo me contesta:
-Ha salido.

	
Toco a una puerta de cristal.
-¿No anda por aquí Federico?
Viene 
	una mano y me señala:
-Está en el río.

	
Toco a la puerta de un gitano.
-¿No anda por aquí Federico?
Nadie 
	responde, no habla nadie...
-¡Federico! ¡Federico!

	
La casa oscura, vacía;
negro musgo en las paredes;
brocal de pozo 
	sin cubo,
jardín de lagartos verdes.

	
Sobre la tierra mullida
caracoles que se mueven,
y el rojo viento 
	de julio
entre las ruinas, meciéndose.

	
¡Federico!
¿Dónde el gitano se muere?
¿Dónde sus ojos se enfrían?

	¡Dónde estará, que no viene!

	
(Una canción)

«Salió el domingo, de noche,
salió el domingo, y 
	no vuelve.
Llevaba en la mano un lirio,
llevaba en los ojos fiebre;

	el lirio se tornó sangre,
la sangre tornóse muerte».

	
(Momento en García Lorca)

Soñaba Federico en nardo y cera,
y 
	aceituna y clavel y luna fría.
Federico, Granada y Primavera.

	
En afilada soledad dormía,
al pie de sus ambiguos limoneros,

	echado musical junto a la vía.

	
Alta la noche, ardiente de luceros,
arrastraba su cola transparente

	por todos los caminos carreteros.

	
«¡Federico!», gritaron de repente,
con las manos inmóviles, atadas,

	gitanos que pasaban lentamente.

	
¡Qué voz la de sus venas desangradas!
¡Qué ardor el de sus cuerpos 
	ateridos!
¡Qué suaves sus pisadas, sus pisadas!

	
Iban verdes, recién anochecidos;
en el duro camino invertebrado

	caminaban descalzos los sentidos.

	
Alzóse Federico, en luz bañado.
Federico, Granada y Primavera.
y 
	con luna y clavel y nardo y cera,
los siguió por el monte perfumado.
5.

Caminando

Caminando, caminando,
¡caminando!
Voy sin rumbo caminando,

	caminando;
voy sin plata caminando,
caminando;
voy muy triste 
	caminando,
caminando.
Está lejos quien me busca,
caminando;

	quien me espera está más lejos,
caminando;
y ya empeñé mi guitarra,

	caminando.
Ay,
las piernas se ponen duras,
caminando;
los ojos 
	ven desde lejos,
caminando;
la mano agarra y no suelta,
caminando.

	Al que yo coja y lo apriete,
caminando,
ése la paga por todos, 
	
caminando;
a ése le parto el pescuezo,
caminando,
y aunque me 
	pida perdón,
me lo como y me lo bebo,
me lo bebo y me lo como,

	caminando,
caminando,
caminando...
6.

Canción

¡De que 
	callada manera 
se me adentra usted sonriendo, 
	
como si fuera la primavera ! 
(Yo, muriendo.) 

Y de que modo 
	sutil 
	
me derramó en la camisa 
todas las flores de abril 

¿Quién le 
	dijo que yo era 
	
risa siempre, nunca llanto, 
como si fuera 
la primavera? 
(No 
	soy tanto.) 
	

En cambio, ¡Qué espiritual 
que usted me brinde una rosa 
de 
	su rosal principal! 
	

De que callada manera 
se me adentra usted sonriendo, 
como si 
	fuera la primavera 
	
(Yo, muriendo.)
7.

Cómo no ser romántico y siglo XIX...

Cómo no ser 
	romántico y siglo XIX,
no me da pena,
cómo no ser Musset
viéndola 
	esta tarde
tendida casi exangüe,
hablando desde lejos,
lejos de 
	allá del fondo de ella misma,
de cosas leves, suaves, tristes.


	Los shorts 
	bien shorts
permiten ver sus detenidos muslos
casi poderosos,
pero 
	su enferma blusa pulmonar
convaleciente
tanto como su 
	cuello-fino-Modigliani,
tanto como su piel-margarita-trigo-claro,

	Margarita de nuevo ( así preciso ),
en la chaise-longue ocasional tendida

	ocasional junto al teléfono,
me devuelven un busto transparente
( 
	Nada, no más un poco de cansancio ).


	Es sábado en 
	la calle, pero en vano.
Ay, cómo amarla de manera
que no se me 
	quebrara
de tan espuma tan soneto y madrigal,
me voy no quiero verla,

	de tan Musset y siglo XIX
cómo no ser romántico.
8.

De

que callada manera...


	¡De que callada manera

	se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera !
¡Yo, 
	muriendo!

	
Y de que modo sutil
me derramo en la camisa
todas las flores de 
	abril

	
¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si 
	fuera
la primavera?
¡No soy tanto!

	
En cambio, ¡Qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su 
	rosal principal!

	
De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera 
	la primavera
¡Yo, muriendo!
9.

Ejercicio de piano con amapola de siete a nueve de la mañana

Año de 1910

	

	Sobre la quemadura de la amapola

	aplícate jazmines ,que eso la cura;

	si acaso fuese grave la quemadura

	usarás la camelia, pero una sola.

	

	Cuando el cielo en verano se tornasola

	y ni una nube vaga de cruel blancura,

	y el hastío te invade como una impura

	serpiente que te aprieta y asfixia y viola,

	

	búscate una muchacha que toque viola,

	siempre que de ella sea la partitura,

	y quémala tú mismo con amapola;

	

	una muchacha fresca, sonriente y pura

	y dale una camelia, pero una sola,

	si acaso fuese grave la quemadura...
10.

El abuelo

Esta 
	mujer angélica de ojos septentrionales,
que vive atenta al ritmo de su 
	sangre europea,
ignora que en lo hondo de ese ritmo golpea
un negro el 
	parche duro de roncos atabales.

	
Bajo la línea escueta de su nariz aguda,
la boca, en fino trazo, 
	traza una raya breve,
y no hay cuervo que manche la solitaria nieve
de 
	su carne, que fulge temblorosa y desnuda.

	
¡Ah, mi señora! Mírate las venas misteriosas;
boga en el agua viva 
	que allá dentro te fluye,
y ve pasando lirios, nelumbios, lotos, rosas;

	
que ya verás, inquieta, junto a la fresca orilla
la dulce sombra 
	oscura del abuelo que huye,
el que rizó por siempre tu cabeza amarilla.
11.

Guitarra

A Francisco Guillén

	
Tendida en la madrugada,
la firme guitarra espera:
voz de 
	profunda madera
desesperada.

	
Su clamorosa cintura,
en la que el pueblo suspira,
preñada de son, 
	estira
la carne dura.

	
Arde la guitarra sola,
mientras la luna se acaba;
arde libre de su 
	esclava
bata de cola.

	
Dejó al borracho en su coche,
dejó el cabaret sombrío,
donde se 
	muere de frío,
noche tras noche,

	
y alzó la cabeza fina,
universal y cubana,
sin opio, ni mariguana,

	ni cocaína.

	
¡Venga la guitarra vieja,
nueva otra vez al castigo
con que la 
	espera el amigo,
que no la deja!

	
Alta siempre, no caída,
traiga su risa y su llanto,
clave las uñas 
	de amianto
sobre la vida.

	
Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcol la boca,
y en esa 
	guitarra, toca
tu son entero.

	
El son del querer maduro,
tu son entero;
el del abierto futuro,

	tu son entero;
el del pie por sobre el muro,
tu son entero...

	
Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcol la boca,
y en esa 
	guitarra, toca
tu son entero.
12.

La

tarde pidiendo amor...


	La tarde 
	pidiendo amor.
Aire frío, cielo gris.
Muerto sol.
La tarde pidiendo 
	amor.

	
Pienso en sus ojos cerrados,
la tarde pidiendo amor,
y en sus 
	rodillas sin sangre,
la tarde pidiendo amor,
y en sus manos de uñas 
	verdes,
y en su frente sin color,
y en su garganta sellada...
La 
	tarde pidiendo amor,
la tarde pidiendo amor,
la tarde pidiendo amor.

	
No.
No, que me sigue los pasos,
no;
que me habló, que me 
	saluda,
no;
que miro pasar su entierro,
no;
que me sonríe, 
	tendida,
tendida, suave y tendida,
sobre la tierra, tendida,
muerta 
	de una vez, tendida...
No.
13.

Llegada

¡Aquí 
	estamos!
La palabra nos viene húmeda de los bosques,
y un sol enérgico 
	nos amanece entre las venas.
El puño es fuerte
y tiene el remo.

	
En el ojo profundo duermen palmeras exorbitantes.
El grito se nos 
	sale como una gota de oro virgen.
Nuestro pie,
duro y ancho,

	aplasta el polvo en los caminos abandonados
y estrechos para nuestras 
	filas.
Sabemos dónde nacen las aguas,
y las amamos porque empujaron 
	nuestras canoas bajo
         los 
	cielos rojos.
Nuestro canto
es como un músculo bajo la piel del alma,

	nuestro sencillo canto.

	
Traemos el humo en la mañana,
y el fuego sobre la noche,
y el 
	cuchillo, como un duro pedazo de luna,
apto para las pieles bárbaras;

	traemos los caimanes en el fango,
y el arco que dispara nuestras ansias,

	y el cinturón del trópico,
y el espíritu limpio.
Traemos
nuestro 
	rasgo al perfil definitivo de América.

	
¡Eh, compañeros, aquí estamos!
La ciudad nos espera con sus palacios, 
	tenues
como panales de abejas silvestres;
sus calles están secas como 
	los ríos cuando no llueve en la montaña,
y sus casas nos miran con los 
	ojos pávidos
          de 
	las ventanas.
Los hombres antiguos nos darán leche y miel
y nos 
	coronarán de hojas verdes.

	
¡Eh, compañeros, aquí estamos!
Bajo el sol
nuestra piel sudorosa 
	reflejará los rostros húmedos
              
	de los vencidos,
y en la noche, mientras los astros ardan en la punta
              
	de nuestras llamas,
nuestra risa madrugará sobre los ríos y los pájaros.

Versos y pensamientos de Nicolás Guillén

4 citas
« Agua del recuerdo / voy a navegar. »
Nicolás Guillén · Agua del recuerdo
« Yo / soy borracho. Me seduce el vino »
Nicolás Guillén · Alma música
« Tus venas, la raíz de nuestros árboles / La raíz de mi árbol, »
Nicolás Guillén · Angustia segunda
« Federico / Toco a la puerta de un romance. »
Nicolás Guillén · Angustia cuarta
Biblioteca poética

Libros de Nicolás Guillén recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: