Poesía Universal

Nicolás Fernández de Moratín

Nicolás Fernández de Moratín es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde ...

Biografía lírica

Vida

Nicolás Fernández de Moratín es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Nicolás Fernández de Moratín

5 poemas seleccionados
1.

Atrevimiento amoroso

Amor, tú que me 
		diste los osados
intentos y la mano dirigiste 
		
y en el cándido seno la pusiste 
de Dorisa, en parajes no 
		tocados; 
		


		si miras tantos 
		rayos, fulminados
de sus divinos ojos contra un triste, 
		
dame el alivio, pues el daño hiciste 
o acaben ya mi vida y mis 
		cuidados. 
		


		Apiádese mi 
		bien; dile que muero
del intenso dolor que me atormenta; 
		
que si es tímido amor, no es verdadero; 


		que no es la 
		audacia en el cariño afrenta
ni merece castigo tan severo 
un 
		infeliz, que ser dichoso intenta.
2.

Bendita sea la hora, el año, el día...

Bendita sea la 
		hora, el año, el día 
y la ocasión y el venturoso instante 
en que 
		rendí mi corazón amante 
		
a aquellos ojos donde Febo ardía. 


		Bendito el 
		esperar y la porfía
y el alto empeño de mi fe constante 
		
y las saetas y arco fulminante 
con que abrasó Cupido el alma 
		mía. 
		


		Bendita la 
		aflicción que he tolerado
en las cadenas de mi dulce dueño 
y los 
		suspiros, llantos y esquiveces, 
		

los versos que a su gloria he consagrado
y han de vencer del 
		duro tiempo el ceño, 
		
y ella bendita innumerables veces.
3.

Dorisa

en traje magnífico


		¡Qué lazos de 
		oro desordena el viento,
entre garzotas altas y volantes!
¡Qué 
		riqueza oriental y qué cambiantes
de luz que envidia el sacro 
		firmamento!


		¡Qué pecho 
		hermoso do el Amor su asiento
puso, y de allí fulmina a los amantes,

		absortos al mirar sus elegantes
formas, su delicioso movimiento!


		¡Qué vestidura 
		arrastra, de preciado
múrice tinta y recamada en torno
de perlas 
		que produjo el centro frío!


		¡Qué extremo de 
		beldad, al mundo dado
para que fuese de él gloria y adorno!
¡Qué 
		heroico y noble pensamiento el mío!
4.

El gallo y el zorro

Un gallo muy 
		maduro, 
de edad provecta, duros espolones, 
		
pacífico y seguro, 
sobre un árbol oía las razones 
de un 
		zorro muy cortés y muy atento, 
		
más elocuente cuanto más hambriento. 

«Hermano», le decía, 
		
«ya cesó entre nosotros una guerra 
que cruel repartía 
sangre 
		y plumas al viento y a la tierra. 
		
Baja; daré, para perpetuo sello, 
mis amorosos brazos a tu 
		cuello.» 
		

«Amigo de mi alma», 
responde el gallo, «¡qué placer inmenso 
		
en deliciosa calma 
deja esta vez mi espíritu suspenso! 
Allá 
		bajo, allá voy tierno y ansioso 
		
a gozar en tu seno mi reposo. 

«Pero aguarda un instante, 

		porque vienen, ligeros como el viento, 
		
y ya están adelante, 
dos correos que llegan al momento, 
de 
		esta noticia portadores fieles, 
		
y son, según la traza, dos lebreles.» 
dijo el zorro, «que estoy 
		muy ocupado; 
		
luego hablaré contigo 
para finalizar este tratado.» 

El 
		gallo se quedó lleno de gloria, 
		
cantando en esta letra su victoria: 
Siempre trabaja en su daño 
		
el astuto engañador; 
a un engaño hay otro engaño, 
a un 
		pícaro otro mayor.
5.

El león y el ratón

Estaba un 
		ratoncillo aprisionado 
		
en las garras de un león; el desdichado 
en la tal ratonera no 
		fue preso 
		
por ladrón de tocino ni de queso, 
sino porque con otros 
		molestaba 
		
al león, que en su retiro descansaba. 

Pide perdón, llorando 
		su insolencia; 
		
al oír implorar la real clemencia, 
responde el Rey en majestuoso 
		tono 
		
(no dijera más Tito): «Te perdono.» 
Poco después, cazando, el 
		león tropieza 
		
en una red oculta en la maleza; 
quiere salir, mas queda 
		prisionero; 
		
atronando la selva ruge fiero. 

El libre ratoncillo, que lo 
		siente, 
		
corriendo llega; roe diligente 
los nudos de la red de tal manera 
		
que al fin rompió los grillos de la fiera. 
Conviene al poderoso 
		
para los infelices ser piadoso; 
tal vez se puede ver necesitado 
		
del auxilio de aquel más desdichado:

Versos y pensamientos de Nicolás Fernández de Moratín

4 citas
« Amor, tú que me / diste los osados »
Nicolás Fernández de Moratín · Atrevimiento amoroso
« Bendita sea la / hora, el año, el día »
Nicolás Fernández de Moratín · Bendita sea la hora, el año, el día...
« en traje magnífico / ¡Qué lazos de »
Nicolás Fernández de Moratín · Dorisa
« maduro, / de edad provecta, duros espolones, »
Nicolás Fernández de Moratín · El gallo y el zorro
Biblioteca poética

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