Biografía

Vida

Nicanor Parra (San Fabián de Alico, 5 de septiembre de 1914 – La Reina, Santiago, 23 de enero de 2018) deslumbró por su portentosa voz lírica y su capacidad única para transformar las emociones más intensas en versos inolvidables. Su vida estuvo consagrada al arte de la palabra, explorando el misterio del amor, el destino y la belleza del mundo con enorme carisma.

Frente a las incertidumbres de su tiempo, defendió con valentía la libertad de creación y la autenticidad del sentimiento más puro. Su obra poética permanece como una joya imperecedera que sigue emocionando a lectores de todas las generaciones por su frescura y hondura humana.

Poesia

Nicanor Parra

Nicanor Parra (San Fabián de Alico, 5 de septiembre de 1914 – La Reina, Santiago, 23 de enero de 2018) fue un poeta chileno, Premio Cervantes en 2011.

Lírica y Versos

Poemas de Nicanor Parra

17 poemas seleccionados
1.

Agnus Dei

Horizonte de tierra
Astros de tierra
Lágrimas y sollozos 
		reprimidos
Boca que escupe tierra

		Dientes blandos
Cuerpo que no es más que un saco de tierra
Tierra 
		con tierra -tierra con lombrices.
Alma inmortal-espíritu de tierra.

		
Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
Dime cuántas 
		manzanas hay en el paraíso terrenal.
Cordero de dios que lavas los 
		pecados del mundo
Hazme el favor de decirme la hora.

		
Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
Dame tu lana para 
		hacerme un sweater.

		
Cordero de dios que lavas los pecados del mundo
Déjanos fornicar 
		tranquilamente:
No te inmiscuyas en ese momento sagrado.
2.

Aprovecho la hora del almuerzo...

Aprovecho la hora del almuerzo
para hacer un examen de conciencia

		¿Cuántos brazos me quedan por abrir?
¿Cuántos pétalos negros por 
		cerrar?
¡A lo mejor soy un sobreviviente!

		
El receptor de radio me recuerda
mis deberes, las clases, los 
		poemas
con una voz que parece venir
desde lo más profundo del 
		sepulcro.

		
El corazón no sabe que pensar.

Hago como que miro los espejos

		un cliente estornuda a su mujer
otro enciende un cigarro
otro lee 
		Las últimas noticias.

		
¡Qué podemos hacer, árbol sin hojas,
fuera de dar la última 
		mirada
en dirección del paraíso perdido!

		
Responde sol oscuro
ilumina un instante

aunque después te 
		apagues para siempre.
3.

Cambios de nombre

A los amantes de las bellas letras
Hago llegar mis mejores deseos

		Voy a cambiar de nombre a algunas cosas.
Mi posición es ésta :
El 
		poeta no cumple su palabra
Si no cambia los nombres de las cosas.

		¿Con qué razón el sol
Ha de seguir llamándose sol?
¡Pido que se 
		llame Micifuz
El de las botas de cuarenta leguas!

		
¿Mis zapatos parecen ataúdes?
Sepan que desde hoy en adelante

		Los zapatos se llaman ataúdes.
Comuníquese, anótese y publíquese

		Que los zapatos han cambiado de nombre :
Desde ahora se llaman 
		ataúdes.
Bueno, la noche es larga
Todo poeta que se estime a sí 
		mismo
Debe tener su propio diccionario
Y antes que se me olvide

		Al propio dios hay que cambiarle nombre
Que cada cual lo llame como 
		quiera :
Es es un problema personal.
4.

Cartas

a una desconocida

		
Cuando pasen los años, cuando pasen 
los años y el aire haya 
		cavado un foso 
		
entre tu alma y la mía; cuando pasen los años 
y yo sólo sea un 
		hombre que amó, 
		
un ser que se detuvo un instante frente a tus labios, 
un pobre 
		hombre cansado de andar por los jardines, 
		
¿dónde estarás tú? ¡Dónde 
estarás, oh hija de mis besos!
5.

Defensa

de Violeta Parra 
		
		

Dulce vecina de la verde selva 
		
Huésped eterno del abril florido 
Grande enemiga de la zarzamora 
		
Violeta Parra.

Jardinera 
                  
		locera
                               
		costurera 
Bailarina del agua transparente 
Árbol lleno de pájaros 
		cantores 
		
Violeta Parra.

Has recorrido toda la comarca 

		Desenterrando cántaros de greda 
		
Y liberando pájaros cautivos 
Entre las ramas.

Preocupada 
		siempre de los otros 
		
Cuando no del sobrino 
                                         
		de la tía
Cuándo vas a acordarte de ti misma 
Viola piadosa.


		Tu dolor es un círculo infinito 
		
Que no comienza ni termina nunca 
Pero tú te sobrepones a todo 
		
Viola admirable.

Cuando se trata de bailar la cueca 
De tu 
		guitarra no se libra nadie 
		
Hasta los muertos salen a bailar
Cueca valseada.

Cueca de 
		la Batalla de Maipú
Cueca del Hundimiento del Angamos 
		
Cueca del Terremoto de Chillán 
Todas las cosas.

Ni 
		bandurria
                        
		ni tenca
                                       
		ni zorzal
Ni codorniza libre ni cautiva 
Tú
solamente tú
                        
		tres veces tú 
                                           
		Ave del paraíso terrenal.

Charagüilla gaviota de agua dulce 

		Todos los adjetivos se hacen pocos 
		
Todos los sustantivos se hacen pocos 
Para nombrarte.


		Poesía 
		
             
		pintura 
		
                           
		agricultura
Todo lo haces a las mil maravillas 
Sin el menor 
		esfuerzo 
		
Como quien se bebe una copa de vino.

Pero los secretarios no 
		te quieren 
		
Y te cierran la puerta de tu casa 
Y te declaran la guerra a 
		muerte 
		
Viola doliente.

Porque tú no te vistes de payaso
Porque tú 
		no te compras ni te vendes 
		
Porque hablas la lengua de la tierra 
Viola chilensis.


		¡Porque tú los aclaras en el acto!

		
Cómo van a quererte
                                        
		me pregunto 
Cuando son unos tristes funcionarios 
Grises como las 
		piedras del desierto 
		
¿No te parece?

En cambio tú 
                         
		Violeta de los Andes 
Flor de la cordillera de la costa 
Eres un 
		manantial inagotable 
		
De vida humana.

Tu corazón se abre cuando quiere 
Tu 
		voluntad se cierra cuando quiere 
		
Y tu salud navega cuando quiere 
Aguas arriba!

Basta que 
		tú los llames por sus nombres 
		
Para que los colores y las formas
Se levanten y anden como Lázaro 
		
En cuerpo y alma.

¡Nadie puede quejarse cuando tú 
Cantas
6.

El hombre imaginario

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de 
		árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

		
De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros 
		imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan 
		hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y 
		tiempos imaginarios

		
Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y 
		se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que 
		consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios.

		
Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando 
		canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario.

		
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria

		que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor

		ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del 
		hombre imaginario.
7.

Epitafio

De estatura mediana,

		Con una voz ni delgada ni gruesa

		Hijo mayor de un profesor primario

		Y de una modista de trastienda;

		Flaco de nacimiento

		Aunque devoto de la buena mesa;

		De mejillas escuálidas

		Y de más bien abundantes orejas;

		Con un rostro cuadrado

		En que los ojos se abren apenas

		Y una nariz de boxeador mulato

		Baja a la boca del ídolo azteca

		-Todo esto bañado

		Por una luz entre irónica y pérfida-

		Ni muy listo detonto de remate

		Fui lo que fui: una mezcla

		De vinagre y aceite de comer

		¡Un embutido de ángel y bestia!
8.

Es olvido

Juro que no recuerdo ni su nombre, 
		
mas moriré llamándola María, 
no por simple capricho de poeta: 
		
por su aspecto de plaza de provincia. 
¡Tiempos aquellos!, yo un 
		espantapájaros, 
		
ella una joven pálida y sombría. 
Al volver una tarde del Liceo 
		
supe de la su muerte inmerecida, 
nueva que me causó tal 
		desengaño 
		
que derramé una lágrima al oírla. 
Una lágrima, sí, ¡quién lo 
		creyera!, 
		
y eso que soy persona de energía. 
Si he de conceder crédito a lo 
		dicho 
		
por la gente que trajo la noticia 
debo creer, sin vacilar un 
		punto, 
		
que murió con mi nombre en las pupilas, 
hecho que me sorprende, 
		porque nunca 
		
fue para mí otra cosa que una amiga. 
Nunca tuve con ella más que 
		simples 
		
relaciones de estricta cortesía, 
nada más que palabras y 
		palabras 
		
y una que otra mención de golondrinas. 
La conocí en mi pueblo 
		(de mi pueblo 
		
sólo queda un puñado de cenizas), 
pero jamás vi en ella otro 
		destino 
		
que el de una joven triste y pensativa. 
Tanto fue así que hasta 
		llegué a tratarla 
		
con el celeste nombre de María, 
circunstancia que prueba 
		claramente 
		
la exactitud central de mi doctrina. 
Puede ser que una vez la 
		haya besado,
¡quién es el que no besa a sus amigas!, 
		
pero tened presente que lo hice 
sin darme cuenta bien de lo que 
		hacía. 
		
No negaré, eso sí, que me gustaba 
su inmaterial y vaga compañía 
		
que era como el espíritu sereno 
que a las flores domésticas 
		anima. 
		
Yo no puedo ocultar de ningún modo 
la importancia que tuvo su 
		sonrisa 
		
ni desvirtuar el favorable influjo 
que hasta en las mismas 
		piedras ejercía. 
		
Agreguemos, aún, que de la noche 
fueron sus ojos fuente 
		fidedigna. 
		
Mas, a pesar de todo, es necesario 
que comprendan que yo no la 
		quería 
		
sino con ese vago sentimiento 
con que a un pariente enfermo se 
		designa. 
		
Sin embargo sucede, sin embargo, 
lo que a esta fecha aún me 
		maravilla, 
		
ese inaudito y singular ejemplo 
de morir con mi nombre en las 
		pupilas, 
		
ella, múltiple rosa inmaculada, 
ella que era una lámpara 
		legítima. 
		
Tiene razón, mucha razón, la gente 
que se pasa quejando noche y 
		día 
		
de que el mundo traidor en que vivimos 
vale menos que rueda 
		detenida: 
		
mucho más honorable es una tumba, 
vale más una hoja enmohecida, 
		
nada es verdad, aquí nada perdura, 
ni el color del cristal con 
		que se mira.

		
Hoy es un día azul de primavera, 
creo que moriré de poesía, 

		de esa famosa joven melancólica 
		
no recuerdo ni el nombre que tenía. 
Sólo sé que pasó por este 
		mundo
como una paloma fugitiva:
la olvidé sin quererlo, 
		lentamente,
como todas las cosas de la vida.
9.

Hasta luego

Ha llegado la hora de retirarse 
		
Estoy agradecido de todos 
Tanto de los amigos complacientes 

		Como de los enemigos frenéticos 
		
¡Inolvidables personajes sagrados!

Miserable de mí 
Si no 
		hubiera logrado granjearme 
		
La antipatía casi general: 
¡Salve perros felices
Que salieron 
		a ladrarme al camino! 
		
Me despido de ustedes 
Con la mayor alegría del mundo.


		Gracias, de nuevo, gracias 
		
Reconozco que se me caen las lágrimas 
Volveremos a vernos 
En 
		el mar, en la tierra donde sea.
Pórtense bien, escriban 
		
Sigan haciendo pan 
Continúen tejiendo telarañas 
Les deseo 
		toda clase de parabienes: 
		
Entre los cucuruchos 
De esos árboles que llamamos cipreses 

		Los espero con dientes y muelas.
10.

La doncella y la muerte

Una doncella rubia se enamora 
		
De un caballero que parece la muerte.

La doncella lo llama 
		por teléfono 
		
Pero él no se da por aludido. 

Andan por unos cerros 

		Llenos de lagartijas de colores. 
		

La doncella sonríe 
Pero la calavera no ve nada.


		Llegan a una cabaña de madera,
La doncella se tiende en un sofá
La 
		calavera mira de reojo.

		
La doncella le ofrece una manzana 
Pero la calavera la rechaza, 
		
Hace como que lee una revista.

La doncella rolliza 
Toma 
		una flor que hay en un florero 
		
Y se la arroja a boca de jarro.

Todavía la muerte no 
		responde.

		
Viendo que nada le da resultado 
La doncella terrible
Quema 
		todas sus naves de una vez: 
		
Se desnuda delante del espejo, 
Pero la muerte sigue 
		imperturbable.

		
Ella sigue moviendo las caderas 
Hasta que el caballero la posee.
11.

La mujer

La mujer llena de hijos no tenía donde vivir 
Una mujer que 
		era madre, que era hermana 
		
Esposa no era, había sido 
Una maldición pesaba sobre ella

		Sobre su cabeza pesaba un cielo lleno de nubes 
		
Y sobre sus pies pesaba todo 
Yo estaba ahí de paso 
Una 
		especie de antimujer que lo vislumbra todo 
		
El otro platillo de la balanza 
Pues podía ser hijo como que 
		efectivamente lo era 
		
Podía ser padre, hermano 
Podía ser esposo. 

La mujer 
		había elegido el lecho de un río para levantar sus tablas 
		
Los utensilios domésticos yacían amontonados
Paisajes, matorrales 
		se veían
Se veían piedras. 
		
Todo esto ocurría en el corazón de una isla 
Qué isla era aquella 
		dios santo 
		
Dios Santo 
quién era yo para reírme de Cronos 
Preguntaba a 
		la hija idiota qué es aquello 
		
Apuntando con el índice hacia unos cerros próximos 
¡Nieve! 
		respondía ella
Correcto, era nieve. En verdad era nieve. 
		
Me daba vuelta y sin dejar de reír preguntaba de nuevo
Mirando 
		ahora hacia el otro confín. 
		
Nieve respondía de nuevo. 
Estábamos rodeados de nieve
Pero 
		era el corazón del verano. 
		

Pensamiento profético: 
Toda esta gente va a desaparecer. 

		Pensé que esa gente podía desaparecer 
		
Los hijos mayores podían ser hermanos 
Porque la sangre se había 
		mezclado hacía tiempo 
		
Los hijos mayores hablaban 
Decían frases
Partirían ellos 

		Ellos se presentaban en forma de imágenes 
		
Tomaban sus sombreros y se retiraban.

"El frío los hará 
		desaparecer" 
		
Ese pensamiento siniestro se apoderó de mí 
El lecho del río se 
		llenará de agua 
		
Etc., etc. 

Entonces yo partí en busca de víveres 
Prometí 
		volver con algo seguro
Hacía esfuerzos para no fracasar 
		
Pero las piernas me temblaban 
Salí al camino 
Pero no, 
		felizmente no 
		
Aquélla no era una tierra desolada. 
A ambos lados del camino 
		descubrí chozas 
		
Los pequeños palacios de los campesinos 
Chozas miserables es 
		cierto 
		
Pero chozas de tierra: no de tablas 
Poco a poco me fui acercando 
		a ellas 
		
De ellas salía humo 
Con el rabo del ojo vi un corredor 

		Ensayé una pregunta, fracasé 
		
Ensayé otra pregunta que extraje del fondo del espíritu 
Fracasé

		
Aquellas mujeres me enjuiciaban 
Dios Santo para qué me 
		enjuiciaban aquellas mujeres 
		
Si yo sólo era un transeúnte 
Un quijote que no conoce los 
		caminos 
		
(Con el nombre de la isla me hubiera bastado) 
Pero ellas hacían 
		muecas 
		
Se reirían seguramente 
Pregunté dónde podría alquilar una casa 
		
Habrá por aquí una casa que se alquile?
La imagen de la mujer 
		anterior no desaparecía 
		
Yo trabajaba para ella 
Sufría posiblemente sufría 
Quería 
		sacarla del abismo

		
Seguí entonces por los caminos 
El camino mismo me hacía marchar 
		
Deambulando siempre 
Sin perder completamente las esperanzas 

		Siempre mirando hacia atrás 
		
Llegué a un villorrio 
Pero las chozas habían sido quemadas 

		Solo quedaban los esqueletos
En un recodo del camino encontré una 
		posada 
		
Un anciano que vendía menestras 
Vendía vino 
Descripción del 
		anciano: 
		
Recuerdo que usaba un guardapolvo 
Recuerdo las botellas de 
		diferentes tipos 
		
Pidió a otro cliente que me llevase en su automóvil 
Cuando el 
		motor ya estaba en marcha se acercó a la cabina 
		
Hizo un obsequio
Y me animó para que siguiera indagando 

		Siguiera buscando.
El chofer no era un isleño 
		
Pero había llegado antes que yo 
Fumaba 
Tenía una casa por 
		armar 
		
Veinticinco mil costaba esa casa 
La armaría en el lecho del río 
		
"Aquí no hay dónde levantar unos palos" 
"Sólo existe el lecho 
		del río" 
		
Y el invierno? 
"No hay que pensar en el invierno" 
"No 
		correrá más agua" 
		
"El agua estará en todas partes" 
"Pero no en el río" 
		
"Los tranques..." 
(Respuesta enigmática)

Pero yo estaba 
		seguro de la catástrofe 
		
Descripción de la catástrofe: 
Cuando asomamos al valle vimos 
		avanzar las aguas turbulentas 
		
El río se llenaba rápidamente 
Corrí hacia el puente 
Habrían 
		escapado los míos? 
		
Las aguas empezaban a apoderarse de todo 
Pero aquella mujer 
		valiente no ha sido derrotada 
		
Da voces 
Refunfuñando despierta esa mujer maldita 
No quiere 
		salvar a sus hijos 
		
"Después los iré a buscar" 
"Primero hay que averiguar quién 
		destapó los tranques" 
		
La culpa recae sobre un zorro que andaba en busca de alimento 
Lo 
		acorralan contra la ribera 
		
Gime 

Escupen sus ojos 
Yo rescato mi hija. La acerco al 
		fuego 
		
Froto su cuerpo 
Mueve los pies 
Trato de volverla a la vida

		Pero aquello parece una caja 
		
De su cabeza salen llamas
Tengo que volverla al agua 

		Recriminaciones de la mujer 
		
Tú eres el culpable de todo
Tú eres el culpable de todo.
12.

La víbora

Durante largos años estuve condenado a adorar a una mujer despreciable,

		sacrificarme por ella, sufrir humillaciones y burlas sin cuento,

		trabajar día y noche para alimentarla y vestirla,

		llevar a cabo algunos delitos, cometer algunas faltas,

		a la luz de la luna realizar pequeños robos,

		falsificaciones de documentos comprometedores,

		so pena de caer en descrédito ante sus ojos fascinantes.


		En horas 
		de comprensión solíamos concurrir a los parques

		y retratarnos juntos manejando una lancha a motor,

		o nos íbamos a un café danzante

		donde nos entregábamos a un baile desenfrenado

		que se prolongaba hasta altas horas de la madrugada.

		Largos años viví prisionero del encanto de aquella mujer

		que solía presentarse a mi oficina completamente desnuda

		ejecutando las contorsiones más difíciles de imaginar 

		con el propósito de incorporar mi pobre alma a su órbita 

		y, sobre todo, para extorsionarme hasta el último centavo.

		Me prohibía estrictamente que me relacionase con mi familia.

		Mis amigos eran separados de mí mediante libelos infamantes

		que la víbora hacía publicar en un diario de su propiedad.

		Apasionada hasta el delirio no me daba un instante de tregua,

		exigiéndome perentoriamente que besara su boca

		y que contestase sin dilación sus necias preguntas,

		varias de ellas referentes a la eternidad ya la vida futura,

		temas que producían en mí un lamentable estado de ánimo,

		zumbidos de oídos, entrecortadas náuseas, desvanecimientos prematuros

		que ella sabía aprovechar con ese espíritu práctico que la caracterizaba

		para vestirse rápidamente sin pérdida de tiempo

		y abandonar mi departamento dejándome con un palmo de narices.

		

		Esta situación se prolongó por más de cinco años.

		Por temporadas vivíamos juntos en una pieza redonda

		que pagábamos a medias en un barrio de lujo cerca del cementerio.

		(Algunas noches hubimos de interrumpir nuestra luna de miel

		para hacer frente a las ratas que se colaban por la ventana).

		Llevaba la víbora un minucioso libro de cuentas

		en el que anotaba hasta el más mínimo centavo que yo le pedía en 
		préstamo;

		o me permitía usar el cepillo de dientes que yo mismo le había regalado

		y me acusaba de haber arruinado su juventud:

		lanzando llamas por los ojos me emplazaba a comparecer ante el juez

		y pagarle dentro de un plazo prudente parte de la deuda

		pues ella necesitaba ese dinero para continuar sus estudios.

		Entonces hube de salir a la calle y vivir de la caridad pública,

		dormir en los bancos de las plazas,

		donde fui encontrado muchas veces moribundo por la policía

		entre las primeras hojas del otoño.

		Felizmente aquel estado de cosas no pasó más adelante,

		porque cierta vez que yo me encontraba en una plaza también

		posando frente a una cámara fotográfica

		unas deliciosas manos femeninas me vendaron de pronto la vista

		mientras una voz amada para mí me preguntaba quién soy yo.

		Tu eres mi amor, respondí con serenidad.

		¡Ángel mío, dijo ella nerviosamente,

		permite que me siente en tus rodillas una vez más!

		Entonces pude percatarme de que ella se presentaba ahora

                                                                              
		provista de un pequeño taparrabos.

		Fue un encuentro memorable, aunque lleno de notas discordantes:

		me he comprado una parcela, no lejos del matadero, exclamó,

		allí pienso construir una especie de pirámide

		en la que podamos pasar los últimos días de nuestra vida.

		Ya he terminado mis estudios, me he recibido de abogado,

		dispongo de un buen capital;

		dediquémonos a un negocio productivo, los dos, amor mío, agregó,

		lejos del mundo construyamos nuestro nido.

		Basta de sandeces, repliqué, tus planes me inspiran desconfianza.

		Piensa que de un momento a otro mi verdadera mujer

		puede dejarnos a todos en la miseria más espantosa.

		Mis hijos han crecido ya, el tiempo ha transcurrido,

		me siento profundamente agotado, déjame reposar un instante,

		tráeme un poco de agua, mujer,

		consígueme algo de comer en alguna parte,

		estoy muerto de hambre,

		no puedo trabajar más para ti,

		todo ha terminado entre nosotros.
13.

Madrigal

Yo me haré millonario una noche
Gracias a un truco que me 
		permitirá fijar las imágenes 
		
En un espejo cóncavo. O convexo.

Me parece que el éxito será 
		completo
Cuando logre inventar un ataúd de doble fondo 
		
Que permita al cadáver asomarse a otro mundo.

Ya me he 
		quemado bastante las pestañas
En esta absurda carrera de caballos

		En que los jinetes son arrojados de sus cabalgaduras 
		
Y van a caer entre los espectadores.

Justo es, entonces, que 
		trate de crear algo
Que me permita vivir holgadamente
O que por lo 
		menos me permita morir.

		
Estoy seguro de que mis piernas tiemblan,
Sueño que se me caen 
		los dientes
Y que llego tarde a unos funerales.
14.

Manifiesto

Señoras y señores
Esta es nuestra última palabra. 
		
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo. 
		

Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero 
		para nosotros
Es un artículo de primera necesidad: 
		
No podemos vivir sin poesía. 

A diferencia de nuestros 
		mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos

		Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos

		Un albañil que construye su muro: 
		
Un constructor de puertas y ventanas. 

Nosotros conversamos

		En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos. 
		

Además una cosa: 
El poeta está ahí
Para que el árbol no 
		crezca torcido. 
		

Este es nuestro lenguaje. 
Nosotros denunciamos al poeta 
		demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca. 
		

Todo estos señores
-Y esto lo digo con mucho respeto-

		Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire

		Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna

		Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París. 
		
Para nosotros no: 
El pensamiento no nace en la boca
Nace en 
		el corazón del corazón. 
		

Nosotros repudiamos
La poesía de gafas obscuras
La poesía 
		de capa y espada
La poesía de sombrero alón. 
		
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a 
		pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda. 
		

No creemos en ninfas ni tritones. 
La poesía tiene que ser 
		esto: 
		
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada. 

		
Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos 
		inmediatos, 
		
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos! 
Se refractaron y 
		dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal. 
		
Unos pocos se hicieron comunistas. 
Yo no sé si lo fueron 
		realmente. 
		
Supongamos que fueron comunistas, 
Lo que sé es una cosa: 
Que 
		no fueron poetas populares, 
		
Fueron unos reverendos poetas burgueses. 

Hay que decir las 
		cosas como son: 
		
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo. 
Cada vez 
		que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía 
		dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía 
		proletaria. 
		

Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un 
		desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano, 
		
Tablas viejas devueltas por el mar. 
Poesía adjetiva
Poesía 
		nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros

		Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de 
		que debe fundarse
En la revolución de las ideas. 
		
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos: 

		"Libertad absoluta de expresión". 
		

Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribirían esas 
		cosas
¿Para asustar al pequeño burgués? 
		
¡Tiempo perdido miserablemente! 
El pequeño burgués no reacciona

		Sino cuando se trata del estómago. 
		

¡Qué lo van a asustar con poesías! 

La situación es ésta: 
		
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una 
		poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer. 
		
Este es nuestro mensaje, 
Los resplandores de la poesía
Deben 
		llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos. 
		

Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
-Y esto sí que lo 
		digo con respeto-
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca 
		sagrada
La poesía de toro furioso. 
		

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía 
		de la tierra firma
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos 
		tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de 
		la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza 
		pública
La poesía de protesta social. 
		


		Los poetas bajaron del Olimpo.
15.

Me retracto de todo lo dicho

Antes de despedirme 
Tengo derecho a un último deseo: 

		Generoso lector 
		
                             
		quema este libro 
No representa 1o que quise decir
A pesar de que 
		fue escrito con sangre 
		
No representa lo que quise decir.

Mi situación no puede ser 
		más triste
Fui derrotado por mi propia sombra:
Las palabras se 
		vengaron de mí.

		
Perdóname lector 
Amistoso lector
Que no me pueda despedir de 
		ti
Con un abrazo fiel:
Me despido de ti 
		
con una triste sonrisa forzada.

Puede que yo no sea más que 
		eso
pero oye mi última palabra: 
		
Me retracto de todo lo dicho. 
Con la mayor amargura del mundo 
		
Me retracto de todo lo que he dicho.
16.

Mujeres

La mujer imposible, 
La mujer de dos metros de estatura, 
La 
		señora de mármol de Carrara 
		
Que no fuma ni bebe, 
La mujer que no quiere desnudarse
Por 
		temor a quedar embarazada, 
		
La vestal intocable 
Que no quiere ser madre de familia, 
La 
		mujer que respira por la boca, 
		
La mujer que camina 
Virgen hacia la cámara nupcial 
Pero que 
		reacciona como hombre, 
		
La que se desnudó por simpatía 
Porque le encanta la música 
		clásica 
		
La pelirroja que se fue de bruces, 
La que sólo se entrega por 
		amor 
		
La doncella que mira con un ojo,
La que sólo se deja poseer
En 
		el diván, al borde del abismo,
La que odia los órganos sexuales,

		La que se une sólo con su perro,
La mujer que se hace la dormida 
		
(El marido la alumbra con un fósforo)
La mujer que se entrega 
		porque sí
Porque la soledad, porque el olvido...
La que llegó 
		doncella a la vejez,
La profesora miope,
La secretaria de gafas 
		oscuras, 
		
La señorita pálida de lentes 
(Ella no quiere nada con el falo) 
		
Todas estas walkirias 
Todas estas matronas respetables
Con 
		sus labios mayores y menores 
		
Terminarán sacándome de quicio.
17.

Oda a unas palomas

Qué divertidas son
Estas palomas que se burlan de todo
Con 
		sus pequeñas plumas de colores
Y sus enormes vientres redondos.

		Pasan del comedor a la cocina
Como hojas que dispersa el otoño
Y 
		en el jardín se instalan a comer
Moscas, de todo un poco,
Picotean 
		las piedras amarillas
O se paran en el lomo del toro:
Más 
		ridículas son que una escopeta
O que una rosa llena de piojos.
Sus 
		estudiados vuelos, sin embargo,
Hipnotizan a mancos y cojos
Que 
		creen ver en ellas
La explicación de este mundo y el otro.
Aunque 
		no hay que confiarse porque tienen
El olfato del zorro,
La 
		inteligencia fría del reptil
Y la experiencia larga del loro.
Más 
		hipnóticas son que el profesor
Y que el abad que se cae de gordo.

		Pero al menor descuido se abalanzan
Como bomberos locos, 
		
Entran por la ventana al edificio
Y se apoderan de la caja de 
		fondos.

		
A ver si alguna vez
Nos agrupamos realmente todos
Y nos 
		ponemos firmes
Como gallinas que defienden sus pollos.

Frases y pensamientos de Nicanor Parra

10 citas
« Alza del pan origina nueva alza del pan. »
Nicanor Parra · De Inflación. El último apaga la luz: Obra selecta
« Creemos ser país y la verdad es que somos apenas paisaje. »
Nicanor Parra · Chile. En Obra gruesa. Santiago
« Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa. »
Nicanor Parra · Presentación en Memoria Chilena
« El tiempo lo ha borrado todo como una blanca tempestad de arena. »
Nicanor Parra · Hay un día feliz. Parra/Olivio (1971), p. 463
« Yo no soy derechista ni izquierdistaYo simplemente rompo con todo. »
Nicanor Parra · Artefactos. En Poesía política. Santiago
« Para salir del círculo vicioso es recomendable el acto gratuito. »
Nicanor Parra · Versos de salón, 1962. ISBN 8423992543
« No nos echemos tierra a los ojosEl automóvil es una silla de ruedasEl león está hecho de corderosLos poetas no tienen biografíaLa muerte es un hábito colectivoLos niños nacen para ser felicesLa realidad tiende a desaparecerFornicar es un acto diabólicoDios es un buen amigo de los pobres. »
Nicanor Parra · Frases. El último apaga la luz 2017
« Nosotros conversamosen el lenguaje de todos los días;no creemos en signos cabalísticos. »
Nicanor Parra · Parra/Olivio (1971), p. 460. Citado por el recopilador
« Revoluciones:Las idean los idealistasLas llevan a la práctica los fanáticosY se aprovechan de ellas los pícaroslos linces los sinvergüenzas. »
Nicanor Parra · Cárdenas
« Aunque ha sabido cultivar con fortuna la poesía de acento popular, la contribución más original de Nicanor Parra son sus antipoemas. »
Nicanor Parra · Parra/Olivio (1971), p. 460
« Alza del pan origina nueva alza del pan. »
Nicanor Parra
« Bien, y ahora ¿quién nos liberará de nuestros liberadores?. »
Nicanor Parra
« Creemos ser país y la verdad es que somos apenas paisaje. »
Nicanor Parra
« Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa. »
Nicanor Parra
« El tiempo lo ha borrado todo como una blanca tempestad de arena. »
Nicanor Parra
« Yo no soy derechista ni izquierdistaYo simplemente rompo con todo. »
Nicanor Parra
« Para salir del círculo vicioso es recomendable el acto gratuito. »
Nicanor Parra
« No nos echemos tierra a los ojosEl automóvil es una silla de ruedasEl león está hecho de corderosLos poetas no tienen biografíaLa muerte es un hábito colectivoLos niños nacen para ser felicesLa realidad tiende a desaparecerFornicar es un acto diabólicoDios es un buen amigo de los pobres. »
Nicanor Parra
« Nosotros conversamosen el lenguaje de todos los días;no creemos en signos cabalísticos. »
Nicanor Parra
« Revoluciones:Las idean los idealistasLas llevan a la práctica los fanáticosY se aprovechan de ellas los pícaroslos linces los sinvergüenzas. »
Nicanor Parra
« Aunque ha sabido cultivar con fortuna la poesía de acento popular, la contribución más original de Nicanor Parra son sus antipoemas. »
Nicanor Parra
Trayectoria lírica

Poemas y obras destacadas

Antología de poemas inmortales

Reúne las composiciones poéticas más aclamadas de Nicanor Parra, donde la maestría del verso y la hondura del sentimiento alcanzan su máxima expresión.

Sus versos exploran la belleza de la naturaleza, el anhelo del amor verdadero y la búsqueda de sentido ante los enigmas del destino.

Una antología indispensable que demuestra por qué su poesía sigue viva y resonando con fuerza en el corazón de los lectores actuales.

Algunos libros de poesía de Nicanor Parra:

Edición física recomendada para disfrutar de su obra lírica: