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Miquel Martí i Pol
Miquel Martí i Pol es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primer...
Vida
Miquel Martí i Pol es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Miquel Martí i Pol
1.
Ahora
Ahora
mismo Ahora mismo enhebro esta aguja con el hilo de un propósito que no digo y me pongo a remendar. Ninguno de los prodigios que anunciaban taumaturgos insignes se ha cumplido, y los años pasan de prisa. De nada a poco, y siempre con el viento de cara, qué largo camino de angustia y de silencios. Y estamos donde estamos, más vale saberlo y decirlo y asentar los pies en la tierra y proclamarnos herederos de un tiempo de dudas y de renuncias en que los ruidos ahogan las palabras y con muchos espejos medio enmascaramos la vida. De nada nos vale la añoranza o la queja, ni el toque de displicente melancolía que nos ponemos por jersey o corbata cuando salimos a la calle. Tenemos a penas lo que tenemos y basta: el espacio de historia concreta que nos corresponde, y un minúsculo territorio para vivirla. Pongámonos de pie otra vez y que se sienta la voz de todos solemne y claramente. Gritemos quién somos y que todos lo oigan. Y al acabar, que cada uno se vista como buenamente le apetezca, y ¡adelante! que todo está por hacer y todo es posible.
2.
Ahora que todo vuelve...
Ahora que todo vuelve...
Ahora que todo vuelve: el silencio y la espera, las palabras que hemos guardado en lugar seguro todo este julio de viento y nostalgia. Ahora que todo vuelve: la tibieza del cuerpo aquietado y dócil bajo las manos amantes y aquel perderse en las tardes tranquilas, bosque adentro, por el tapiz crujiente de hojas de pino, ¿no es su valor este esfuerzo cálido y el quererse con certeza a solas, la dura voluntad de permanecer, presente ausente a la vez, sin pensar que el tiempo es un vacío sin límites? Mujer: nada me cuesta decir tu nombre, aunque estés lejos. Lo escribo en las piedras y el agua, en la sombra acogedora de los árboles a la vera del río y en el comedor de casa. Sé que oirás mis palabras, porque llevas en las manos el signo de un tiempo nuevo, y has crecido en la esperanza de que alguien lo aceptara sin hacerte preguntas. De "He heredado la esperanza" Versión de Adolfo García Ortega
3.
Carta
Carta
Ahora que estoy muy solo y es de noche afuera te escribo apenas para decirte que las cosas nada han cambiado desde que nos dejamos, que los árboles mueren lentamente, como siempre, y el río sigue su curso de cada día. Te escribo en el Pueblo y me crecen líquenes en las manos, las palabras me resuenan silencio adentro, entre libros y sueños. Estoy tan solo que ni oso moverme. El tiempo se me va entre el estorbo que soy, si miro hacia atrás, y el horizonte de ti que se me aleja. Todo ahora es reposado, tal vez porque el riesgo es mayor y me maravilla saber que me lo juego a una palabra. Siempre hay un gesto profundo que no se mide ni con las manos ni con la voz, un gesto que nos deja tan enfrente de nosotros que se diría que hemos vuelto a nacer. Podría yo llenar de presencias este silencio enorme y, poco a poco, hacerlo el centro; podría decirte cosas más concretas para convertir en arena la soledad y arraigarme en ella, pero entonces un viento salado me heriría los labios y amo más el ocio de hablarte. He aquí pues: te escribo y es de noche afuera. ¿Qué más podría hacer por retenerte si el tiempo nada puede ya contra la espera que me he impuesto de ti, si no me llega rumor alguno de la noche y estoy inmóvil porque el silencio eres tú y temo perderte? Cada palabra es una mano que se abre para acoger a otra mano. Soy todo palabras y me entrego entero porque crecer no mancha ya mi piel ni me desconcierta. Sé esto desde que cada cosa se me hace presente, insólita y precisa, al cerrar los ojos, desde que me golpea la nostalgia como una pesadilla y vivo siempre hacia mí mismo. Hay días -créeme- en que me niego a pensar en ti. No quisiera separarte del silencio ni someterte a la medida del deseo, y en cambio te me muestras tan clara que parece que tengo la sangre llena de vidrios. Ahora te escribo, ya ves, para decirte apenas que todo es como antes, que nada cambia en el fondo si no lo tocamos nosotros, que sólo nos atañe este silencio compartido, y el riesgo de creer y crecer como árboles aislados que une, a ratos, un mismo viento o una misma lluvia. De "Autobiografía" Versión de Adolfo García Ortega
4.
Cosas
Cosas
Sólo quiero recordar de este verano la mirada cómplice de una vecina que tomaba el sol desnuda y sonrió complacida al darse cuenta de que la contemplaba, y aquel instante fugaz, irrepetible, de total quietud, en que el mundo quedó desierto de sí mismo y era un cristal transparente y de nuevo compacto. El verano no será otra cosa, este verano, quiero decir, y si alguien me habla de aquellas mil bagatelas inefables que componen los días y las noches, diré tranquilamente: -No me acuerdo. De "Cuaderno de vacaciones" Versión de Adolfo García Ortega
5.
* * *
* * *
5. Hay un remolino de agua donde las palabras se hacen dulces, donde las palabras se hacen lentas y claras como profundidades. Hay un lugar en el espacio donde la voz os resuena, donde la voz os rodea y seduce como si gritárais en una cueva. Si esto os digo es para sinceraros con vosotros mismos . No queráis descubrir qué fuerzas os mueven. Hay la vida y la muerte, inmutables. Lo demás son palabras. Amaos, hermanos, por lo que os duele y os hechiza. * * *
6.
Yo, entonces, me haré
visible en todas las cosas.
Yo, entonces, me haré visible en todas las cosas.
6. Aquellos a quienes no he amado, aquellos a quienes ni siquiera he conocido, conservarán la parte más pura de mí. Vosotros, solitarios, que diréis mi nombre y hallaréis la paz leyendo mis poemas. Para vosotros escribo con el afecto de un abrazo de hermano. No me améis por el esfuerzo que entraña. Escribir para vosotros es como repetirse lentamente los versos de un poema querido. Cuando leáis mis libros oiréis en ellos vuestra propia voz; el vacío elemental de vuestra vida que os llena las manos de viento. No queráis penetrar su sentido. Apartaos a jardines íntimos o a cuartos silenciosos y rogad con mis palabras -las vuestras- maravillosamente vivas y actuales. Yo, entonces, me haré visible en todas las cosas. * * *
7.
15.
15.
¿No sentirá cuando-huyas la rama que te sostiene un vacío de añoranza? Cómo te diría que tu canto me llena las manos de agua-luz, y que soy tan puro como la voz de un niño y tan grave y ligero como la tarde. Si yo te tuviera, pájaro, tendría el secreto de las cosas, porque todo ahora es tu canto y tu presencia, frágil, sobre la rama. De "Quince poemas" Versión de Adolfo García Ortega
8.
Descansas, Marta, y cierro los ojos...
Descansas, Marta, y cierro los ojos...
Descansas, Marta, y cierro los ojos para pensarte, para verte. Fuegos lejanos y músicas y fiestas en tu cuerpo. El alboroto extraño de los colores de este verano y el viento que revuelve los cabellos derramando su claridad. Cueva y torrente al mismo tiempo, gritaré tu certeza, la de estos instantes compartidos, y escucharé el eco de cada palabra al fondo de mí mismo; cueva y torrente, repetiré tu nombre y mis labios te proclamarán deseo y presencia a la vez. Tributo de hojas y arena, tiempo y juego calman la sed del caminante. Descansas, Marta, y yo descanso en ti, y te pienso dulcemente, y te veo, y te tengo. De "Amada Marta" Versión de Adolfo García Ortega
9.
Descubristeis que en sólo un instante...
Descubristeis que en sólo un instante...
Descubristeis que en sólo un instante puede amarse como en toda una vida. Descubrísteis el gozo como una isla desconocida que puede aparecer ante la proa de la nave que os lleva, una mañana ignorada, por una ruta antigua. Lanzáos ardientemente entonces a la locura de amaros, ahora que vuestro cuerpo es ágil, y haced trizas el ánfora que conservaba el viejo perfume, para aspirar de un solo golpe toda su intensidad dominadora, y quién sabe si morir después de la prueba. De "Palabras al viento" Versión de Adolfo García Ortega
10.
El
El
amor Todo en el amor se llena de sentido. La fuerza renovada de este corazón tan maltratado por la vida, ¿de dónde sale sino de su inmenso caudal de amor? Es, pues, solo por el amor que nos crecen rosas en los dedos y se nos revelan los misterios; y es que en el amor todo es justo y necesario. Cree en el cuerpo, por lo tanto, en él ensaya el perdurar, y haz que en él todo perdure dignificándolo siempre con amorosa solicitud : así darás vida.
11.
El año que viene ya nadie se fijará en nosotros...
El año que viene ya nadie se fijará en nosotros...
El año que viene ya nadie se fijará en nosotros. Ahora somos recién llegados y nos miran con desprecio hasta los que llevan aquí cuarenta años y nada les altera. Tenemos un aire aturdido y tenaz que hace reír a las mujeres y apenas si nos atrevemos a girar la cabeza por temor a perder el equilibrio. De aquí en un año, sin embargo, habremos mudado la piel, llevaremos la ropa con más desenvoltura, perseguiremos a las chicas y tendremos que decir palabras duras sin sentir que nos tiemblan las piernas. Será entonces el momento de esperar a los otros, a los recién llegados con turno de entrar en el juego formando parte ya para siempre del bando que odiábamos el momento de intentar formas nuevas de ganarse el halago con una risotada en estúpida complicidad, o tal vez una ruidosa blasfemia de sorpresa. Y envejeceremos deprisa, porque nada cansa tanto como lograr en un solo año todo lo que anhelábamos. De "La Fábrica" 1959 Versión de Adolfo García Ortega
12.
El paso del tiempo
El paso del tiempo
Se hace, pues, inútil retomar aquellos versos que guardamos muchos años atrás e intentar adaptarlos al nuevo ritmo del tiempo. Quiero decir que, en conciencia, ya no puede decirse ahora caridad ni amor ni libertad como entonces. Envejecen los versos y la voz se nos deforma si no tratamos, tenaces, de entender que ha cambiado el sentido vital de las palabras. Es una pendiente fácil y resbaladiza, que no nos deja crecer. Para los que luchan siempre se hace corto el tiempo; los otros se extasían y protestan, airados, contra cualquier viento que agite el agua del pilón que los conserva. Y se mojan entre sí, displicentes, con las viejas palabras. Porque el juego consiste en sentirse siempre húmedo, convencido, inefable. De "Autobiografía" Versión de Adolfo García Ortega
Versos y pensamientos de Miquel Martí i Pol
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« Ahora que estoy muy solo y es de noche afuera / te escribo apenas para decirte que las cosas »
« Sólo quiero recordar de este verano / la mirada cómplice »
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