Poesía Universal

Mihaï Beniuc

Mihaï Beniuc es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primera...

Biografía lírica

Vida

Mihaï Beniuc es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Mihaï Beniuc

5 poemas seleccionados
1.

Antes

del invierno

		

		Este es mi tiempo, el otoñal, el último. 

		Ataré mi caballo del tronco de algún árbol 

		en el lindero de la selva oscura 

		y me extraviaré por los campos que huelen 

		a lentas flores tristes, a frases muy maduras, 

		a hierbas marchitadas por la helada nocturna. 

		Podré escuchar al grillo que intermitentemente, 

		solitario, afligido, guarda su violín. 

		Golondrinas, halcones y grullas se marcharon, 

		ya no hay más resplandor que el de la estrella 

		de la tarde, en el cielo como un lar apagado. 

		La alta cima, de un día a otro, estará nevada, 

		y yo, cerca del fuego, en mi retiro, 

		me pondré mi zamarra de piel, amortajando 

		en los recuerdos el hogar del alma. 

		

		Cual si perteneciera a la edad de la piedra, 

		tanto se amontonaron, con los años que pasan, 

		tristezas, aventuras y residuos de sueños. 

		Este es mi tiempo, el otoñal, el último. 

		El lago está más claro, pero más fría la onda. 

		y la hoja verde, enrojecida, gualda, 

		se balancea y cae como antes lo hacía. 

		Voluptuoso juego este de ir al descenso 

		en los racimos de uvas que han guardado la fuerza 

		y la miel de la tierra en su granos pesados. 

		Se canta en los lagares y cuán hermosas son 

		las mujeres que hacen la vendimia riendo. 

		Sobre el lago azulado el viento se estremece 

		y un inquieto temblor se extiende por las aguas 

		como el que al primer beso aparece en los ojos 

		cuando al prender la fina cintura de la amada 

		se siente que el gran Eras te ha vencido. 

		¿Todavía el otoño tiene tales encantos 

		cuando ves en las cumbres la nieve deslumbrante? 

		¡Ah!, el otoño, el otoño es aún mucho más rico, 

		más denso de secretos y también más profundo, 

		con días cual lagartos que pasean al sol, 

		noches de terciopelo y brillantes estrellas 

		que parecen aún más altas y lejanas 

		de este globo terrestre, cuya pequeña barca 

		gira rápidamente alrededor del sol, 

		al tiempo que nosotros, entre tantos aromas, 

		somos, presos del vértigo y locos de entusiasmo, 

		como niños que montan caballos 'de madera. 

		Pronto de todos modos va a descender la noche 

		y hacia las casas vamos llorosos, pues los padres 

		-o el destino- nos tienen prohibido 

		dar vueltas en la feria también después de muertos. 

		Otoño, otoño, ay, mi estación bien amada, 

		cuánto, cuánto te quise, pero ya envejecí 

		y si en los caballitos de madera 

		no puedo montar más, es ciertamente signo 

		de que les llegó a otros el turno y la ocasión 

		de que el gran torbellino los lleve en su locura.


		Versión de Rafael 
		Alberti y María Teresa León

		Ediciones Era, S.A. 1966
2.

Caminos

(fragmentos)

		

		Yo vestiré de negro 

		de arriba abajo 

		mi soledad. 

		Igual que en el mes de agosto, 

		lloraré estrellas a montones. 

		Altivo dolor mío, 

		da tu voz, desde ahora, a las fuentes del canto, 

		hondamente encerradas en mi alma 

		como en el corazón de una montaña. 

		Que el cuerno de la muerte resuene nuevamente 

		a través de mis versos. 

		Os deshojáis así, os deshojáis, 

		últimos sueños míos, 

		en la magnificencia del otoño. 

		

		* * * * *

		

		Con mis pasos ansiosos de caminos, 

		devano el ovillo de la distancia. 

		El decir "a lo lejos" me es tan caro 

		como una mujer. 

		Para mí el horizonte mueve velos de nubes, 

		y las cimas de las montañas me sonríen 

		con sus dientes de nieve. 

		Los bosques acarician mis mejillas 

		con sus dedos de ramas. 

		Y la onda espumosa de los ríos, 

		igual que un perro amigo, 

		mueve a mis pies la cola, 

		ladrando alegremente. 

		Mi corazón celebra, campana de la boda, 

		la gran fiesta del Siglo 

		cuando el alba despliega banderolas 

		de llamas y de sangre. 

		La savia sube, rica, por los tallos, 

		nuncio de una gloriosa primavera. 

		

		En el fértil y rico 

		terreno de mi alma, 

		he trasplantado 

		el árbol no terreno del amor entre los hombres, 

		y en un inmenso abrazo 

		rindo el espíritu y grito: 

		¡Vida, vida!


		* * * * * 

		

		¡Oh, vosotros, los siglos, montones de ruinas!, 

		¿he de esperar aún el tiempo venidero, 

		pavo real de púrpura en lo alto de la casa, 

		cuando todo va a hervir, se va a quemar 

		y, flotando carteles y banderas, 

		va a transformar en lava las masas victoriosas? 

		

		Yo vestiré de negro 

		de arriba abajo 

		mi soledad. 

		Igual que el mes de agosto, 

		lloraré estrellas a montones. 

		Altivo dolor mío,

		da tu voz, desde ahora, a las fuentes del canto, 

		hondamente encerradas en mi alma 

		como en el corazón de una montaña. 

		Que el cuerno de la muerte nuevamente resuene 

		a través de mis versos. 

		¡Volad, volad 

		en la magnificencia del otoño, 

		volad, sueños dorados 

		de las primaveras que se avecinan!


		Versión de Rafael 
		Alberti y María Teresa León

		Ediciones Era, S.A. 1966
3.

1966

Canción de amor

		
		

		Ven, canción de amor, 

		desde el corazón de los elementos 

		sobre el ala de la tormenta 

		con el aullido de la tempestad, 

		ven desde los abismos de la noche, 

		a caballo sobre los torbellinos 

		con el hervor de las aguas profundas, 

		que te llevan los pastores del aire 

		en tropeles de estrellas 

		ladradas por el trueno. 

		Ven, torbellino de fantasmas, 

		carro de nubes 

		fustigado por el relámpago 

		roto sobre el espinazo 

		de las tinieblas. 

		Ven, toro del crepúsculo 

		rasgado por el diente de la luna, 

		hoz surgida de las encías del celo. 

		Ven, 

		conmoción de la aurora 

		con la aureola del sol sobre la cabeza, 

		despierta 

		al nenúfar del lago, 

		la tórtola en el nido, 

		la voz de la fábrica en su pecho de metal, 

		el niño en los brazos del sueño, 

		desliga a los borrachos de las heces del vino, 

		las enamoradas de los enlazamientos de la carne, 

		las abejas 

		del calor del panal. 

		Ven sobre mil senderos, 

		nieves fundidas, 

		lluvias mezcladas de sol, 

		hierbas invasoras, esplendor de los campos, 

		hojas caídas, 

		racimos vendimiados, aplastados en el lagar, 

		balbuceo del mosto en los toneles, 

		y cristalízate de un golpe 

		en tres palabras 

		murmuradas por el hombre al oído de la amada, 

		envueltas en el beso, 

		apenas comprendidas, 

		frágiles y cálidas: 

		Estoy cerca de ti. 


		1966


		Versión de Rafael 
		Alberti y María Teresa León

		Ediciones Era, S.A. 1966
4.

De

la 
		sombra

		

		Un día, por encima de los años, mi cuerpo 

		abandonará penas, alegrías, 

		la sed de ser, el sueño y los ensueños, 

		y despojándome de todo igual que la serpiente 

		de su vieja piel, 

		me deslizaré entre la hierba de los grandes silencios 

		fantasma de sátiro difunto, 

		y desde la insondable sombra veré la vida, 

		ella -con mozas gráciles y labios jóvenes, 

		y yo- con una copa destrozada en la mano. 

		Mis canciones, sonoras caracolas, 

		sin mí se quedarán en el ribazo, 

		amarillas, azules, rojas, blancas, 

		las finas espirales agudas hacia arriba. 

		En algunas, quizás, 

		los cangrejos de blandas espaldas 

		se acurrucarán 

		dejando sus tijeras cortadoras afuera, 

		temiendo a las estrellas de mar. 

		Otras, sin embargo, 

		los niños, dando saltos en la arena, 

		las alzarán al sol, resplandecientes, 

		y tal vez 

		sobre una, 

		alguna niña 

		apoyará el oído 

		para escuchar el son profundo de lo eterno,

		en tanto que el ardiente ímpetu del futuro, 

		de una orilla a la otra, 

		sobre los continentes, 

		tejerá sus canciones nuevas sobre las ondas. 

		¡Ay! Y yo no estaré allí 

		y de los agujeros de mis órbitas 

		se escurrirán grandes granos de oscuridad. 

		Pero las caracolas rojas, gualdas, azules, 

		que los niños harán danzar al sol, 

		brillarán más hermosas, 

		y una muchacha encantará su oído 

		con la sonora caracola 

		oyendo el porvenir.


		Versión de Rafael 
		Alberti y María Teresa León

		Ediciones Era, S.A. 1966
5.

1942

En mi 
		sangre

		
		

		Nada más tengo que decir, 

		que vengan otros, si así quieren, 

		a pescar en esta agua turbia. 

		Yo he vuelto las espaldas al poniente. 

		

		Como una peonía de corola arrancada, 

		miro el árbol gigante con asombro: 

		Veo un hombre pender de cada rama. 

		Yo no hubiera querido -¡no!- combatir aquí. 

		Vosotros, insaciables de las guerras, 

		¡venid, gustad sus frutos! 

		

		Sobre el mapa, el Espíritu del Mal está inclinado, 

		mordido en las entrañas de una sed insaciable 

		de espacio y sangre joven. 

		"¡Venid!", aúlla, oscura, la boca del abismo. 

		

		Nada más tengo que decir. 

		Hierven charcos de agua corrompida, 

		a cada paso yace alguno, 

		alguno del levante o del poniente. 

		

		¡Oh, hermanos míos, en mi sangre 

		llora la historia de mi tiempo! 


		1942


		Versión de Rafael 
		Alberti y María Teresa León

		Ediciones Era, S.A. 1966

Versos y pensamientos de Mihaï Beniuc

4 citas
« del invierno / Este es mi tiempo, el otoñal, el último. »
Mihaï Beniuc · Antes
« (fragmentos) / Yo vestiré de negro »
Mihaï Beniuc · Caminos
« Canción de amor / Ven, canción de amor, »
Mihaï Beniuc · 1966
« sombra / Un día, por encima de los años, mi cuerpo »
Mihaï Beniuc · De
Biblioteca poética

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