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Miguel Veyrat · El
Biografía y amplia selección de poemas de Miguel Veyrat. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Miguel Veyrat. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
poeta I
Jaime Gil de Biedma
In memoriam
Veyrat está de pie
Frente al paisaje.
Ya sabe que no sabe
Y casi no presiente.
Tuvo sueños y poco tiene
Que no haya profanado.
Palabras ofrecidas
Como putas, cansadas
Frases que un día
Pudiera unir un muchacho
En versos verdaderos.
Sólo le queda resignarse a morir,
Como un hecho ineludible de la especie.
Querría salir de la barbarie
E iniciarse en la noche temblorosa,
Al aire limpio, al frágil tallo.
Quién sabe, tras cruzar la sombra o el amor.
Ha perdido a su hermano.
Elegía en Tholos
A Martine Broda,
In memoriam
Mas si creemos que nuestro único sujeto
es el deseo y al mismo tiempo
nuestra esencia, querríamos ser el objeto
perdido y olvidar todo lenguaje.
Dormir en la colina disfrazados de chopos
y cantuesos. Dormir junto a las cosas
enterradas bajo un horizonte
de leche negra -dormir entre las zarzas
jaras y sarmientos que un día fueron
sujetos abrasados. Y también con los muertos
de dolor o de una borrachera. Dormir
bajo la grava junto a las flores de Víznar
o Bagdad, crucificadas de noche
por el odio que despierta la conciencia
de ser libre. Dormir en la colina
de Spoon River tras un mausoleo cualquiera,
bajo el manzano de un huerto
o sobre una sima del mar. Ser para siempre
un ser aunque muerto deslumbrante
de deseo -y conseguir que dure al menos
el tiempo de regreso hasta el chispazo inicial.
Sólo un gesto. Y dormir para siempre
de la mano de nadie -como duerme Martine
con su enjuto cuerpo entregado
en ofrenda a sus amantes lares, Jouve
Juarroz, Celan o Lacan. Todos duermen
ahora en la colina de Tholos. Y nosotros también
muertos con ella como objetos cosas
húmedas entre la seca arena -este silencio.
in arcadia ego Arrastra tu canto el viento con su voz de bestia inmemorial. Deja en las zarzas hojas de carne arrebatada al río de sombras -rival turbio de lo eterno, cuando la vida se detiene obstruida en la garganta. Porque ya conozco de memoria esta muerte inventada por nosotros en una noche oscura, quiero ser expulsado otra vez del Paraíso para morir tranquilo -tras colgar como hilo de araña mi grito rebelde desde el abismo a la nada.
Nunca hubo jardín. Tu nombre es laberinto y la patria perdida el hilo roto de tu hija Adriana que el viento trae y aleja, uncido al ritmo entrecortado de lo vivo: Barre las hojas de la especie en tanto que tu pierna herida de Rimbaud enhebra de nuevo el camino de regreso. Nunca hubo jardín ni patria conocida. Tu nombre es estela -y lo borran constantes el viento y las mareas.
desintegración de la rosa I Fue primero tierna y rosa apretado botón contra mi alma donde oculto el escorpión se agazapaba. Se abrió después al sol de otoño y sus órganos al viento y sus pétalos estaban abiertos como manos. Fue luego secando su vientre breve fecundado, y mustia la tersura pudo separarse de su tallo y otra rosa brotó en la carne y yace rosa seca verde y rosa vieja enjuta y deshojada. II Pergamino de su carne descarnada ilumina a veces el tubo de ensayo literario. Sola, rota y sola en alacrán desintegrada. III ...venas que han gloriosamente ardido...
dormeur du val He roto ya el silencio porque se marcharon todos. Y ahora la amapola en el cráneo es una herida que escucha la oscura canción. Así es el corazón: a los pájaros libres no les gusta que les miren.
Tan sólo el rayo podría gobernarte. El que rápido ilumina para después fulminarte. En él naces, Donde el espíritu golpea y huye: Donde amaste.
y pecios Y si trazas el mapa de tu propio cuerpo, sentirás cómo coincide con el universo de tu palabra. Y también que a las ínsulas se llega solamente por los ríos de la sangre que anega las selvas, las praderas y los cielos. Proa siempre hacia lo incierto que tú configuras sin precisar de sextante ni instrumentos. Pero no hay regreso, capitán. Atrás quedan las estatuas que nunca o pronto volverán a la arena por las playas -en la medida que progrese, extrañamente encendida, la palabra sobre el cuerpo en la luz de la razón que no naufraga. Mas ¿quién podrá saberlo? Casi nadie ahora junta pecios para después leerlos.
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