« Que mi pie te despierte, sombra a sombra / he bajado hasta el fondo de la patria. »
Miguel Otero Silva · Anchas sílabas
Biografía y amplia selección de poemas de Miguel Otero Silva. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Miguel Otero Silva. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Que mi pie te despierte, sombra a sombra he bajado hasta el fondo de la patria. Hoja a hoja, hasta dar con la raíz amarga de mi patria. Que mi fe te levante, sima a sima he salido a la luz de la esperanza. Hombro a hombro, hasta ver un pueblo en pie de paz, izando un alba. Que mi voz brille libre, letra a letra restregué contra el aire las palabras. Ah, las palabras. Alguien heló los labios -bajo el sol- de España.
mi sed, amor, en tus vertientes... Calma mi sed, amor, en tus vertientes, enraízame, amor, en tus sembrados, llévame, amor, por mares encrespados, clávame, amor, tus uñas y tus dientes. Di palabras, amor, incoherentes, gime versos, amor, jamás pensados, sacude, amor, tus pétalos mojados, amor, sobre mis huesos combatientes. Hiéreme, amor, con filo de claveles, átame, amor, con tu dogal de mieles, quémame, amor, en tu rosal de fuego. Cimbra, amor, tu silencio estremecido, dame tu boca, amor, que la he perdido, muere conmigo, amor, que ya estoy ciego.
de la mujer Tántalo, en fugitiva fuente de oro Cuerpo de la mujer, río de oro donde, hundidos los brazos, recibimos un relámpago azul, unos racimos de luz rasgada en un frondor de oro. Cuerpo de la mujer o mar de oro donde, amando las manos, no sabemos si los senos son olas, si son remos los brazos, si son alas solas de oro... Cuerpo de la mujer, fuente de llanto donde, después de tanta luz, de tanto tacto sutil, de Tántalo es la pena. Suena la soledad de Dios. Sentimos la soledad de dos. Y una cadena que no suena, ancla en Dios almas y limos.
El aire ya no es aire, sino aliento; el agua ya no es agua, sino espejo, porque el agua es apenas tu reflejo y ruta de tu voz es sólo el viento. Ya mi verso no es verso, sino acento; ya mi andar no es andar, sino cortejo, porque vuelvo hacia ti cuando te dejo y es sombra de tu luz mi pensamiento. Ya la herida es floral deshojadura y la muerte es fluencia de ternura que a ti me liga con perpetuos lazos: tornóse en rosa espléndida la herida y ya no es muerte, sino dulce vida, la muerte que me das entre tus brazos.
Nos separaba de la calle el cristal empañado de lluvia. Yo estaba lejos del mundo, hoja caída en el remanso de su llanto. Ella era menuda y tierna y se hacía más menuda entre mis brazos y más tierna bajo mis ojos. Entre nosotros y la calle y la lluvia y el cristal de la ventana eran dos abismos de plata. La vida estaba allí naufragando en sus ojos la belleza dormía en sus senos perfumados la luz -toda la luz- se me daba en su boca la humanidad - mi humanidad - era ella. Más allá del cristal más allá de la lluvia pasaron... Yo separé los ojos de los ojos de ella para verlos pasar. Marchaban chapoteando en el barro los pies descalzos. Desfilaban los rostros anochecidos de hambre. Y las manos encallecidas de miseria y las almas curvadas de injusticia y las voces amanecidas de odio desfilaban los pies descalzos. Iba la madre con el hijo al cuadril y el anciano rumoreando penas. Y el mozo flameando la bandera, iban de frente hacia la vida armoniosamente rebeldes. No sé si me lo gritaron ellos o si me lo grité yo mismo. Pero en las filas, de los que pasaban estaban mi puesto, mi bandera y mi grito. El cristal empañado de lluvia esfumaba los rasgos de la calle por donde pasaban los míos. Volví los ojos hacia ella que se hacia casi yo entre mis brazos y le dije: -Me llaman los que pasan. Sus ojos empañados me separaban de su alma como el cristal con lluvia me separaba de la calle. Me dijo lentamente: -No te vayas. Y se hizo más menuda entre mis brazos y me ofreció su boca palpitante y sentí junto a mí, temblorosos sus senos. Yo escuchaba chapotear en el barro los pies descalzos y presentía los rostros anochecidos de hambre. Mi corazón fue un péndulo entre ella y la calle... Y no sé con qué fuerza me libré de sus ojos me zafé de sus brazos. Ella quedó nublando de lágrimas su angustia. Tras de la lluvia y del cristal pero incapaz para gritarme: -¡Espérame! ¡Yo me marcho contigo!
y callar Si han muerto entre centellas fementidas inmolados por cráteres de acero, ahogados por un río de caballos, aplastados por saurios maquinales, degollados por láminas de forja, triturados por hélices conscientes, quemados por un fuego dirigido, ¿enterrar y callar? Si han caído de espaldas en el fango con un hoyo violeta en la garganta, si buitres de madera y aluminio desde el más alto azul les dieron muerte, si el aire que bebieron sus pulmones fue un resuello de nube ponzoñosa, si así murieron sin haber vivido, ¿enterrar y callar? Si las voces de mando los mandaron deliberadamente hacia el abismo, si humedeció sus áridos cadáveres el llanto encubridor de los hisopos, si su sangre de jóvenes, su sangre fue tan sólo guarismo de un contrato, si las brujas cabalgan en sus huesos, ¿enterrar y callar? Enterrar y gritar.
Hallazgo de la piedra: la piedra es el rescate de formas y volúmenes que fueron soterrados por el talón del viento. Paráfrasis del lirio: el lirio es el desquite de yerbales y frondas que extinguieron sus verdes en el barro del lirio. Génesis de la lluvia: la lluvia es el repliegue de arroyos y esteros que asaltaron el cielo por la arcada del sol. Venero de una voz: tu voz, joven poeta iluminado, trazador de epiciclos, descubridor de orbes, esa voz que te brota de la insólita entraña en resaca de gritos de los poetas muertos. Es la cal de los huesos de los poetas muertos, blanca semilla que germina sobre tu corazón.
« Que mi pie te despierte, sombra a sombra / he bajado hasta el fondo de la patria. »
« Calma mi sed, amor, en / tus vertientes, »
« de la mujer / Tántalo, en fugitiva fuente de oro »
« El aire ya no es aire, / sino aliento; »
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