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Miguel Labordeta · Amor de hombre
Biografía y amplia selección de poemas de Miguel Labordeta. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Miguel Labordeta. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Como un don planetario recién nacido celeste a mí al rebelde varón de mirada perpleja has llegado por las venas secretas de tus pupilas debutantes en edades remotas haciéndote dulce relámpago de sangre en los resecos destierros de mi pecho roto bajo la apagada lluvia de los monos que dejan sobrecitos con niños de pecho en las puertas de aquellas casas en que alguien va a morir por Nochebuena. Ya tan sólo es un querido momento desmayado de éxtasis de paloma y león que se encontraran tras un viaje perdido por las zonas glaciales de los túneles donde el mundo rueda tras de sí mismo mordiéndose impasible su nada. Huirán verticales cosechas de zapatos buscando las estrellas que se contienen en las miradas de los buzos perdidos de mis días y mis noches agonizantes por tu labio desnudo dulcísimo. Escucharé derrumbado por las esquinas el gemido de mis muertos más viejos esforzándose por ponerse de pie para verte mejor y a mis aún no nacidos encaramarse por las farolas que todavía no existen para cantarte el regazo primario con que las tiernas montañas iniciaron su idilio con los poderosos dioses-canguros. No sirven ya las jóvenes palabras masculinas pues el temblor es sísmico de larva solar y la mudez cala en el centro de mis lagunas donde tú oculta mensajera temblorosa de la dulce carne que morirá emerges ritmo tímido de rosas madrugadas pálida estremecida bajo mi asombro de sólo océano viril terriblemente sediento de tu pan. Reconociéndote con aquel aire púrpura que cuando yo era niño rodeaba de sábados azules las altas torres de nuestra ciudad... ...y el vasto mundo se hace sentido puro. De "Punto y aparte" (pag. 57) Editorial Ciencia nueva 1967
huéspedes Todos los caminos han conducido a mí. El idilio de las abuelas y las lluvias sobre los estanques en las lejanas mañanas perezosas. Las indiferentes ruecas de pasadas primaveras marchitas y el viento entre colinas golpeando el atardecer. Las anchas fauces olvidadas exhaustas ya de tierra madre desorbitadas total exangües de silencio y espera. Aquel que preguntó el otro que no fue bien amado ese que rudamente habló a Dios y todos estos que en legión más cercana y antigua sorbieron la humilde gota misteriosa que nos es ofrecida por incumplidos cauces de promesa y de sangre. Estáis allí atónitos huéspedes de cada primavera en desvanecimiento convertidos ya absorbidos en el puro eco sin respuesta de mis manos contemplando el mundo y los enamorados de abril. ¡Ah hermanos... hermanos míos en la muerte...! Sagrados emigrantes hacia la orilla de los Cielos sobre mi corazón resbaláis hondamente como los ciervos moribundos al caer en la nieve. Millones de días como éste sin sentido reposan en ceniza y mis sueños sonríen quedamente deslizados por vuestros ríos secos. Los pinceles del sol han esponjado tierra y de vuestra savia una sabiduría extraña su zumo ha cimentado para nuevas mañanas con cuello de muchacha y flores de gacela. Habéis conducido a mí... mas yo soy el que canta yo sólo... sí... yo sólo... que contengo un otoño bajo mis suelas rotas de vagabundo dios de las bodegas. Han desaparecido las nubes y diviso las primeras estrellas de los rojos equinoccios de marzo. De "Punto y aparte" (pag. 42) Editorial Ciencia nueva 1967
jóvenes Asesinados jóvenes nacimos cierta vez insistiendo sobre los guardagujas de los lagos los vestigios de turbas de viejos profesores sin voz y que hasta nosotros llegaban hablándonos de la nada que rodea a los tranvías azules. * * * Asesinados jóvenes caminamos por las calles entramos en los cines y en los bares incendiamos los rostros con ceniza y con sombra y mientras dragones ciegos surgen de las bocas húmedas de los metros anhelando asaltar los cables telegráficos nosotros sorprendidos vampiros auscultamos el corazón de las tiernas existentes. * * * Asesinados jóvenes ansiamos perdernos en el naufragio que cubre las aceras y los parques de futbolistas ahogados en la sangre de los besos y desnudos marchando al bronce nocturno de las playas desiertas con ojos de caballos robados por sonrisa acuciar el sentido total de los planetas sobre las ropas usadas ;~ de hambrientos transeúntes con reuma. * * * Asesinados jóvenes no amamos el gesto de hastío del domingo ni comprendemos el súbito crecer de las lecciones bajo la trampa prodigiosa de la hierba y así atónitos salvajes de vaticinios intentamos aprender lo que hay de purísimo en la faz con presagios de las charcas podridas. * * * En la esquina de enfrente un hermoso niño miserable medita sobre el final que tendrán las inmensas ciudades cuando las aguas cubran sus horrendos campanarios de zinc. De "Punto y aparte" (pag. 33) Editorial Ciencia nueva 1967
Dame minuto perdido tu sentido entero. Dame nube olvidada tu hermosa tristeza sin arraigo. Dame Vida mía única tu imposible verdad. Dame mi soledad tu repleta cosecha de renuncias. Dame muerte mía tu relámpago de abrasado total. Y tu -electrón terrible, y tu -velocidad de la luz, y tu -vértigo de distancias, y tu -infinitud de guarismos :y tu -secreto goce germinal de las pequeñas larvas que bucean hacia el sol, y tu -lindo caballito de cartón de mis sueños de niño destripador, dadme en seguro trance vuestro centro inexorable de palpitar dulcísimo; entregadme en éxtasis deslumbrado el devenir ciego de tanta primavera tronchada. A ver si así solo y con todo compongo de mi sed indecible el tremendo suceder de la Totalidad. De "Punto y aparte" (pag. 86) Editorial Ciencia nueva 1967
Consunción de la víspera Me sumo en las violentas ignorancias de las destrozadas hojitas de hierba para encontrar sus almas de hojadelata. * * * Manadas de caballos furiosos asaltan los arbustos donde orinan los niños de las escuelas reivindicando antigüedad en el escalafón de los automóviles. * * * Tiernos catedráticos arañan las paredes derruidas de los viejos palacios bombardeados y las muchedumbres verdes examinando con detención el excremento pálido de su tórax se lanzan locamente hacia los laberintos fogosos de las llameantes carteleras de cine. * * * Aquel sabio mendigo que llegó a las terrazas de los labios desbordando los ríos de las pleuras y las colinas donde yacen larvas de disecados relojes en el instante fijo de la roña nos trae el mensaje milagroso de la caducidad de Júpiter arrojándose por fin a sollozar sobre ideales parejas de tuberculosos. * * * El hombre gris se aburre en su jardín y las jovencitas pálidas que sufrirán de apendicitis sueñan con los monos biceps de románticos boxeadores. * * * Me he quedado tranquilo. Supongo certezas de muerte en las claras vaguedades de las estatuas en el himno de los adoquines en el gesto ambiguo de los ferroviarios y en los ventanales perdidos de olvidos nubes paloma. * * * Por el agujero que una rata comió de la frente desdentada de un hermoso guardia de la porra muerto de amor yo miro al mundo consumiéndose atroz infinitamente gozoso y conmovido. De "Punto y aparte" (pag. 35) Editorial Ciencia nueva 1967
Confesión del inicuo Este momento mío lo soñaré asesinado ya. Estos pájaros rojos de hambre que maman de mis sienes por ti un claro volcán de medianoche los engendré cuando los niños pasábamos lista ante el temible profesor del Otoño. Aquella criatura que será lluvia la nutro con mis actuales combates. Un tiempo denso de soles y de muertos recorre la impávida gruta de mis ríos hacia tu hermoso corazón de mendigo. Confieso una furtiva confidencia con esos náufragos que aman las estrellas, con esa gota amarga de las minas que secretamente aspira a una muerte profunda. Pero nada poseeremos. Toda piel se hará nube, todo beso beberá de la arcilla rojiza de los futuros marzos y ésta mi pupila milagrosa se envolverá en la remota túnica de sus destrucciones. De amanecida mis mastines silban los funestos presagios de la sed lentamente en deriva hacia las palpitantes brasas de los difuntos relojes de arena. Mas dejadme olvido de la certeza, esperadme, mi dulce amor, en la cita oceánica de mi tumba. A las veintiuna y quince hoy veintitrés de marzo de cierto punto perdido del continuo finito. De "Punto y aparte" (pag. 71) Editorial Ciencia nueva 1967
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