Poesía Universal

Mía Gallegos

Biografía y amplia selección de poemas de Mía Gallegos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Mía Gallegos. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Mía Gallegos

7 poemas seleccionados
1.

Coreografía

Para mí amigo Carlos Cortés

		
En fin
que no he vivido nada.
No sé qué cosa es una 
		guerra
y tengo como prisión al cuerpo
y alma como campo de 
		batalla.

		
Me debato entre la duda
de reflexionar o fluir;
esto es 
		situarse en el palco de los espectadores,
o estar
en cada íntimo 
		instante del milagro.

		
Vivo de pedacitos,
pero aspiro a la totalidad,
es decir a 
		Mozart y al poema que me redima
y me revele los espacios absolutos

		y la nada.

		
Percibo de mí
los sitios más secretos:
la culpa,
una 
		tercera conciencia de las cosas,
la dualidad del pensamiento,
la 
		ira pequeña
por lo que ya ocurrió.
Pero he vivido poco. Treinta 
		años.
Dos amores de piel
y un querer abandonar
esta espera que 
		me señala la vida.

		
Anhelo la anarquía,
el más tierno desorden del amor,
la cábala

		los relojes de arena y una habitación sencilla.

		
Quiero tener un destino trazado de antemano,
encontrarme con Dios

		y los abismos
y no tener conciencia de la llama.
Ser la llama 
		misma y la aventura.

		
Pero vengo de soledades últimas,
de conversaciones que nunca 
		concluyeron,
de espejos que me miraron desde la infancia hasta ahora,

		de abandonados armarios de caoba que fueron
de tías o de abuelas 
		remotísimas.

		
Cuán poco he vivido.
No conozco la guerra. Y tampoco la paz.

		Me duele la orfandad,
el desarraigo,
el sentirme extranjera en 
		cualquier sitio,
el no pertenecer
a una familia o a una patria.


		No puedo 
		narrar una batalla;
ni hablar del hambre y de la peste,
ni 
		escribir la canción de algún soldado herido,
ni hablar de mujer 
		violada,
ni decir cómo es un cementerio después de una llovizna.

		
Pero anhelo decir en el poema
que la vida me conmueve,
que 
		respiro mejor cuando me entrego,
que necesito amar de la manera más 
		simple y primitiva.
Me gusta la paz y la defiendo
y la guerra 
		cuando es justa,
y el sabor de las mandarinas cuando llega el verano,

		que me gusta ser una y arraigarme en el cosmos,
y sentir que mi vida 
		palpita al mismo tiempo que la vida,
aunque no haya vivido,
aunque 
		mi hambre sea de infinito,
aunque no sepa expresar
que por alguna 
		razón precisa estoy aquí,
a punto de vencer,
a punto de morir,

		de vivir.
2.

De «Los reductos del sol»

III
Me aferro al cuerpo
como único reducto permitido.


		Carezco de sitios de ternuras y llantos.
De nuevo palpo la llama del 
		pájaro quebrado.
Busco abrigo en lana.

		
He puesto mis pies debajo de las aguas
y por la presión
de mis 
		párpados callados
sé que no soy ni siquiera una isla.

		
VIII
Vivir, ya he dicho:
Tener sobre las manos un fajo de 
		papeles:
un lápiz, libros, dibujos, sueños.

		
El alma al descubierto
vulnerable.
Estar así. Beberse a uno 
		mismo.
Sollozar.

		
Tomar el invierno para tejer 
una mansión de lino 
Vigilantes 
		los senos, 
		
escondidos en la piel. 
Vibrar 
Repasar las camisas, acomodar 
		los sueños, 
		
dejar en perfecta armonía los clavos, la canela,
el azúcar y los 
		aromas.

		
Dejar el alma al despoblado,
musitar pequeños versos de Sor 
		Juana,
olvidar castigos y derrotas.
Recordar el olor de un verano 
		en Guanacaste.
Fruncir el ceño por placer ,
sonreír por malicia.

		Vivir,
acodada entre sombras,
aniñando los ojos
y olvidar, 
		olvidar.
3.

El

claustro elegido


		No busco nada.
A nadie aguardo en este día.

		
Esperar es una de las raras
estratagemas de Dios

		para detenernos en un punto.

		
Mi país:
montaña verde y lluvia.

		Un caballo se pierde en la llanura
imaginada,

		que ahora está vedada a mis ojos.

		
Busco la intensa reflexión:
la de los libros amigos,

		la luz interna que preciso para vivir,
el candil de oro,

		el Eclesiastés y la paciencia de Job.

		
A mi edad y en un país de lluvia,
el claustro es una elección.

		
Ahí se pierden los contornos.
La vida se diluye en un ir y venir

		del trabajo al café,
del café a la taberna.

		
Busco la infancia que soy:

		la llanura, la sombra del árbol gigantesco,
el único mar sin fondo,

		el caballo desbocado en su furia,

		el verdor de la montaña junto al cielo.

		
Me gusta quedarme a solas

		sintiendo como la sangre me nutre de nuevas vestiduras.

		
A solas me pertenezco.
No hay dicotomía entre el espejo y yo.

		Una vive y la otra sueña.
Juntas recordamos a un hombre.

		Juntas hemos escrito estos versos.
4.

El ojo de la aguja

VII
Al amor llegué con un grito de seda
y puse las dos mejillas,

		el cuerpo y la conciencia.

		
Nada quedó de mí,
ni siquiera una carta,
ni siquiera un espejo 
		en donde reconocerme.
Mas aprendí a pasar
por el ojo de la aguja,

		es decir a perdonar sinceramente.
A dejar la piel en el alambre,
a 
		dolerme desde los pies
a la cabeza.

		
Lo perdí todo.
Y cuando entendí que no sabía defenderme de la 
		gente,
respondí con una bofetada de ternura,
porque yo sé
que 
		sólo los dulces heredarán la tierra.
5.

En mi habitación tejo el viento...

En mi habitación tejo el viento.

		Ignoro si son remotas mis lágrimas

		o si están guardadas al lado de amarillas
                
		fotografías,
junto a dedales y agujas que sollozaron.

		
Cavilo uniendo las puntas de la aguja
                
		con la lana.
Desatiendo la espera.
Tejo y olvido.

		
De pronto pierdo el punto
y un agujero se deshace sobre el sillón
               
		y mis manos.
Quedo entrelazada toda
en un ovillo de amor y lumbre.

		
No sé
si tejo para esperarte
o si trazo en círculos

		el viento
y mi mortaja.
6.

Hay dos caminos en mi vida...

II
Hay dos caminos en mi vida. Siempre
los hubo. En cada uno hallé 
		un ánfora
con el agua hasta los bordes. De las dos
aguas he bebido 
		hasta saciarme. Mas
ahora, he llegado al final de cada trecho
y 
		las aguas han sido consumidas.
Me coloco el peplo y te escojo a ti, 
		vida,
como tercer camino.
7.

Hija

de la tierra soy


		III
Hija la tierra soy. Amante de la muerte.
A menudo en mis 
		sueños la verdad se revela por
completo.
Crecen mis manos y mis 
		pies hasta enroscarse
en un enorme tronco.

		
Deja que sea yo quien te penetre. Aunque
sea por una sola vez.

		
Soy dueña tan solo de mis lágrimas.
No sé llorar por dentro.

Versos y pensamientos de Mía Gallegos

4 citas
« Para mí amigo Carlos Cortés / En fin »
Mía Gallegos · Coreografía
« Me aferro al cuerpo / como único reducto permitido. »
Mía Gallegos · De «Los reductos del sol»
« claustro elegido / No busco nada. »
Mía Gallegos · El
« VII / Al amor llegué con un grito de seda »
Mía Gallegos · El ojo de la aguja
Biblioteca poética

Libros de Mía Gallegos recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: