Poesía Universal

Matilde Alba Swann

Biografía y amplia selección de poemas de Matilde Alba Swann. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Matilde Alba Swann. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Matilde Alba Swann

12 poemas seleccionados
1.

Apuntes para un reproche

Te esperé hasta recién;
estás de fiesta.
Mi casi otoño
no me 
		deja ambular
tu primavera.
Esperé tu regreso;
yo quería

		escucharte contar, luz de alborozo
las campanas de amor
que 
		resonaron
en tu trémulo espacio.
Te esperé hasta recién;
tú ni 
		recuerdas
esta lámpara
lenta
que te aguarda.
Tu padre lee, 
		él no sabe
de estas cosas
profundas
de mujeres. Tus hermanos,

		florecidas cabezas
en la almohada
que parecen jugar
a estar 
		durmiendo...

		
Tardas mucho; te esperé
hasta recién,
ya no te espero.
He 
		de mirar tu lecho,
puro nardo,
el libro
que dejaste abierto,

		tus todavía muñecos, las paredes,
y devuelta
de este inmóvil vagar

		por un paisaje
de presencias sin nadie,
pensaré,
con la misma 
		tristeza inevitable
de otras noches iguales,
que tal vez
no sé,

		no fuera absurdo
que me hubieras llevado.

		
Tu padre lee; él no sabe, ni sufre.

Las mujeres
nos 
		sentimos tan viejas
si quedamos.
2.

Aventura mayor

Me dieron un puñado de 
		rosas
a la hora
del ánfora en la comba rupestre del estío,
y 
		debo hacer un hombre con él,
y no se cómo. 
		

Me dieron un arrullo torcaz
en el ocaso,
con rudos 
		cazadores 
		
debajo de sus alas,
y debo hacer un hombre con él
y no se 
		cómo.

		
Me dieron un miedoso balido
en el descenso de cumbres, 
cuando 
		el lobo despierta
y agazapa, 
		
y debo hacer un hombre con él
y no sé cómo.

Me dieron un 
		remanso de peces
asombrados, y arenas,
y guijarros filosos en el 
		fondo,
y debo hacer un hombre con él
y no sé cómo.

		
Me dieron un susurro mecido
de improviso 
gritando
por la 
		herida de corzas y de nardos,
y debo hacer un hombre con él
y no 
		sé cómo.

		
Qué simple y que dramáticamente 
aventurado
un hombre,
un 
		hombre,
un hombre...

		
Me dieron todo esto
que traigo desde el fondo
del sueño que 
		desborda
mis pobres brazos,
flechas, 
		
y miedos, y tabúes, y mitos, y leyendas,
y hogueras y perfumes, y 
		altares
y brutales
sangrientos sacrificios,
proezas, 
		sumisiones, recuerdos, 
		
profecías, castigos; traigo a todos 
los hombres en este hombre 
		fundamental
el hombre... !

		
El hombre,
el hombre
el hombre
que voy a hacer de mi hijo.
3.

Bajo

tu lástima


		Quiero huir de tu 
		lástima, y tropiezo
con mis zarzas de miedo
y con mi nido
de 
		alegrías dormidas, y desgarro.


		Has tendido
tu 
		sonrisa en piedad a mi costado,
y te quedas
a mirarme ceder, 
		sombra inclinada
como un tronco crujido
de castigos.


		Tus dos brazos 
		cruzados, y ya ajenos,
y una boca de beso
que se guarda.


		Nunca me vi pequeña 
		como ahora,
a los pies de tu altura
compasiva.


		Nunca, como hoy, 
		descalza
y azotada,
a un instante del nunca, irremediable.


		Ya no vibra mi carne

		en paraísos,
ni en infiernos, ni en manzanas, serpientes,
ni en 
		exilios.


		Una lacia
sensación 
		de desgano que me arrastra,
un insomne desorden
de cabello, una 
		pena tremenda de estar triste,
y un deseo
de morirme mañana,

		antes que partas, y dejarte
sonreír de piedad sobre mi ausencia.
4.

Canto a tu distancia

Yo he de sentir en mi escollera
el miedo,
golpear por mis 
		costados,
cuando partas.
Levantarás el ancla
enganchada en mi 
		limo caliente,
y arrancarás un tiempo de latido
y soltarás 
		amarras.
Escucharé que partes,
tu sirena, una espiral opaca,

		silenciará la lumbre de mi cuerpo.
Escalofrío de nieve,
me quedaré 
		distante con el rostro en nostalgia
de los muelles.
Será un 
		desmayo largo, y estremecido al fin,
como un abrazo.
Eco en 
		blanco,
yo no sabré hasta donde
te llevarán las aguas y los 
		vientos.
Solo sabré que desgarraste
del minuto inicial de mi 
		comienzo,
desde el impulso que generó mi germen,
desde la huella 
		de mi pie viniendo.
Tierra firme,
me dormiré en las rocas de la 
		orilla,
y alguna vez retornarán las olas
ondulando un mensaje de 
		regreso.
Romperán sobre mí en voces tuyas
y tu espuma
ha de 
		nevar mi noche,
y una caricia ausente, sigilosa
transitará mi 
		sombra.
Yo he de saber entonces,
que en alguna parte
te has 
		quitado tu ropa de viajero
y aquietaste tu mar
para evocarme.

		Yo sentiré tu mano abierta al tiempo,
y el resignado olvido de tu 
		carne,
y tu misterio.
Te sentiré fluyendo entre las horas ásperas,

		y ha de traerme el aire
la canción acostada que me cantes,
ávido 
		pasto,
por un suelo de cal que resquebraja.
Inhallado rumor,

		ausente imagen,
fibra mordida en la oxidada punta de la lanza,
he 
		de crecer al cielo
por captarte,
dispersaré en girones por el 
		viento,
y anclaré en tus pupilas,
y has de saber entonces,
que 
		yo parto.
5.

Crónica de mí misma

Y querer merecerme; de 
		veras merecerme. 
Revisar mis dispersas escrituras, 
mi palabra, 
		revisarme el sollozo, 
la garganta, 
auscultarme el latido, 
		desollarme, 
revisarme las venas, las arterias. 
todo el complejo 
		existencial 
que asumo.
Revisar mi conducta, mis proyectos, 
lo 
		soñado, ensoñado, 
lo vivido, 
conformarme de nuevo, aun no 
		inscripta, 
sin visión, sin recuerdo, sin mentiras, 
sin verdades 
		ocultas, temerosas, 
sin impulsos, 
sin deserción, sin este yo 

		impreciso.

		
Revisarme hasta el fondo, descifrarme, 
prenderme, saberme, 
		perdonarme, 
tanto pude y no hice, 
tanto hice febril
a 
		manotazos, 
en apremio suicida, lograr algo, dejar
algo, quedarme 
		allí incrustada, 
en la trama inicial, impenetrable, 

		indestructible, quedar, estar, 
ser siempre, 
y vencer de la 
		muerte, 
y de la vida.

		
Permanecer y ser, por solo acto 
de ingerencia en un sino 
de 
		criatura.

		
Despedacé mi carne, carne mía, fatigada 
de esfuerzo y 
		sinsabores, me derramé, me di, 
me hice guiñapo; al costado de 
		holgura, 
fui miseria.
Quise tanto y a tantos, y la tierra, 

		ese soplo de polvo que me aguarda, 
y mi aventura batalladora hecha 

		de timidez, de inermidad
y miedo.
Estos árboles rudos que me 
		vencen 
la mirada, cada vez menos útil, y esta noche
que circunda 
		mis noches y me azuza y me manda 
no dormir, y pensar, y sentir 
		frío, 
y volver al dolor que hice a un costado. 
Yo debo revisarme 
		desde el antes, 
descubrir el motivo, causa, impulso, la razón, 

		el por qué, y el hacia adónde, y el por qué 
del por qué de la 
		pregunta.
Ascender la montaña hacia la cima, 
y mirarme, un 
		abismo, 
en el abismo, y elevarme al azul 
por propio esfuerzo 
		apoyándome en mí, 
envolviéndome en mí, 
desde mí misma, 
tirar 
		de mí hacia arriba; tocar siquiera 
una sola estrella, una sola, o su 
		fulgor 
siquiera, o siquiera seguirla 
desnudando
mi vergüenza 
		a su luz. Esta corteza, 
que resquebraja
cada vez que pienso, 

		y estas raíces que me petrifican
bajo la inercia de un planeta 

		muerto.
Quiero salir maleza a herir caminos, 
y punzarme de 
		heridas, ser, de pronto, 
este mundo y un próximo intuido, 
y 
		recordar, de pronto, un otro antiguo 
mundo en seres golpeados que 
		lloraron 
mucho antes de mí, y que derramaron 
en mi llanto de 
		hoy, su sal y acíbar.

		
Ser el ánfora quieta de una ignota,
milenaria mansión
sin nada 
		dentro, 
y esperando.

		
Un océano en peces y vitrales, y en suicidas 
y barcos 
		milenarios; ser la orilla, el camino 
sobre el agua, ser la brújula, 
		el sol rojo 
de noche y el marinero que perdió la novia, 
la 
		llegada y el puerto, abigarradas 
multitudes ruidosas, 
y en mí, 
		nadie.

		
Asomarme a la ardiente boca ígnea 
de un volcán que despierta en 
		el incendio, 
y saber que soy fuego y quemadura, 
que la lava soy 
		yo, 
descascarando;
desnudada, sentirme leña al rojo, derramado 

		mineral, 
embistiendo la ladera, burbujeante y hervida.

		
Merecerme, de veras merecerme; 
en cuclillas orar, sin darme 
		cuenta, 
porque quiera la entraña de mi madre, 
exhalarme a la 
		luz, y ser pequeña, 
respirar, prometer, ser la esperanza 
para 
		alguien, sin nada más que el hilo, 
que amenaza romper de una 
		esperanza.

		
Merecerme de veras; ya retorno 
del altar y del lodo, del 
		sollozo, 
del gemido y del canto, de mi propio 
funeral, y me 
		escucho como corro 
anhelante y jadeante
a mi bautismo.
6.

Descifrarme

Me sacudo de horas y 
		lugares; aquietada
me hundo, llego al fondo,
bosques líquidos, 
		peces asustados.
Quiero saber qué traigo escrito adentro,
la 
		palabra en la sangre, la condena
taladrada en el hueso,
la 
		implacable
mordedura prendida en la neurona.
Esa caverna que 
		todavía habito
y esos hombres
cubiertos de pelambre.

		Laberintos, uno dentro del otro,
sin embargo,
en la memoria del 
		latido, algo
salva malezas, libra de la asfixia,
ilumina derrotas 
		y naufragios,
triunfa de todos los goliats
y emerge
desde el 
		candor dormido y balbucea.
Alguien de mí, yo misma, desde el hondo

		misterioso subsuelo de mi carne,
me ilumina y me hiere de señales.

		Siento un bosque de copas derrumbadas,
una canción distante que 
		evapora,
y un osario de nidos sin amparo,
Una manzana muerta a 
		picotazos,
el redondel quemado a cigarrillo,
un sol sin rostro, 
		solamente rayos,
y niñitos tomados de la mano,
con sus piernas 
		torcidas, con su ombligo
sosteniendo una comba triste en hambre.

		Miro en torno, de nuevo estoy ausente,
de nuevo tengo miedo de 
		asustarme,
escribo un corazón en todas partes,
bajo lluvia de 
		azahares, bebo cielo.
Me crecen hijos de todas mis aristas,
en 
		ellos crezco, mientras van sembrando.
Sola en el tiempo, el bosque es 
		tan espeso,
van cayendo mis hojas una a una,
tantas lobos detrás 
		de los crujidos,
mi corteza sangrada en arañazos.
Un cazador 
		acecha... está nevando.
Mi dedo tenso en el gatillo grita
por la 
		boca de un fusil de espanto.
Quiero dormirme, mas llevar conmigo,

		lo que tuve y no tengo.
Ser el amor de quienes me quisieron.

		Borroneada, tachada, magullada,
toda estallada y muda
me refugio,

		sumergida en mí misma, toco fondo,
y una página blanca me descifra.

		Papá... mamá... 
		
yo amo a mi mamá... mamá me ama.
7.

El mar

El mar soñó en voz alta 
		
que tú me besarías.
Libérame un instante los labios,
necesito 
		
contarte sobre el filo 
de aurora en que amaneces conmigo, 

		que fue cierto, 
		
que sí, 
que nos amamos.
Y ya antes 
que deshaga de 
		espumas,
-el mar sueña que muero a tu costado-
reanúdate,
yo 
		quedo.
Y déjame tus manos.
O llévate apretados contigo 
		
estos dos gozas y miedos y gemidos.
Mis dos gritos a un tiempo;

		dos tigres, dos palomas;
dos himnos, dos sollozos;
dos triunfos, 
		dos nostalgias;
dos culpas 
		
y una sola locura 
y un milagro.
O déjame tus manos.
Dos 
		potros, dos tormentos 
		
dos blancos dulces perros lamiéndome 
los pasos;
dos 
		náufragos, dos puertos;
dos fuerzas, dos desmayos;
dos gotas de 
		una lluvia de estío;
dos blasfemias, 
		
dos templos, dos guaridas;
dos cielos, dos infiernos,
dos 
		dioses, y una génesis sola 
		
sobre el caos.
La sal 
ancla en el fondo del mar
castillos 
		blancos.
Desátame los brazos 
		
o apaga estos caminos de viento 
que me llaman.
O vuélveme a 
		la hoguera 
		
del beso hasta que queden cenizas.
Desde el nácar 
profundo

		sueña un niño celeste, que amanece.
8.

En

este día de lluvia


		Un gris limpio, 
		monótono, inasible,
en este día de lluvia
y cielo enfermo,
el 
		corazón del agua está soñando
con bandadas de pájaros
de vidrio,

		y en la rama otoñal, junta la ausencia,
luces mojadas, y voces
de 
		aluminio.
Hay como un gato gris
rondando en torno,
así de 
		blando,
así
de ojo amarillo.
Es casi tarde, mi niñez descalza,

		viene a buscarme por un largo río,
bajo un mar vertical

		deshilachado,
y un silencio de océano dormido.
Salgo a su 
		encuentro, quedo de su mano,
me desnudo en su piel, líquida cuna,

		vuelvo a mi antiguo manantial,
deshago,
gota a gota, pausada, 
		mansa,
muerta.
Bajo un llanto de techos castigados,

		somnolientos, reencarno,  

		soy de lluvia.
9.

Enigma

Y mi duda,

		Descartes, tu «pienso, luego existo»
no alcanza ni conforma.

		Insaciable y hambrienta, mi duda
es una loba
que corre tras la 
		carne
por la escarcha desierta.
A qué distancia vivo de mi ser 
		verdadero,
no aquél que deja huella de pasos
en el suelo, no aquél

		que pone sombra fugaz sobre la tierra.
Qué hay de mío en mi angustia,

		cuánto hay de mí en mi pena,
o es que esto que me agobia
me viene 
		desde lejos
en secular herencia.
Quien diseñó mi cuna, quién 
		proyectó mi horca.
Y desde la penumbra al umbral de la gota

		primera de mis venas, un dios
que se me mofa.
Y no es el Dios 
		solemne que se signa
en mayúscula,
altiva inconsistencia por sobre 
		nuestras culpas
Hablo de un Dios humilde, hecho 
		
a mi imagen propia.
Un Dios sin petulancia que peca y se 
		equivoca,
que lo llevo aquí dentro, sostén
de mi maqueta carnal de 
		imperfección.
Que tan pronto me anima, me apacigua
y me alienta, 
		así como me humilla,
me apostrofa y blasfema.
Y mi pregunta 
		eterna, y eterna sin respuesta.
Qué será de mí luego; qué fui antes 
		de ahora,
y qué es esto que vivo cautiva 
		
de mi forma.
Y nada hay que me sirva de todo este tatuaje
que 
		guardo en la memoria.
Puesta sobre el abdomen abrupto de la tierra,

		una piedra entre piedras, una planta
entre plantas,
un hombre 
		entre los hombres, y entre las bestias
bestia, igual y misma cosa

		para una eterna mutación de sombras.
Un fuego fatuo apenas, mi azul 
		fosforescencia,
ya preoscila en la cuerda...
Y bajará mi duda, a 
		saciarse en la húmeda
carne de la tierra.
10.

Esta lluvia, el perdón y mis rosales

Y la lluvia sonríe, 
		canta dentro
del cristal que me habita
y repercute
sobre un 
		suelo ya antiguo
en otras lluvias, y otras tardes miradas
desde 
		lejos.
Mi ventana de ver el mundo, abierta,
y mi puerta a algún 
		náufrago,
descubro
que no hay puertas,
que nunca hubo ninguna

		para abrir, ni cerrar; que estuve afuera.
Y esta lluvia...
La 
		tarde me habla quedo
como un hombre, cansado ya de días,
que 
		repite y repite la aventura
no vivida,
y es su única aventura.

		Que no sea la noche aún, imploro;
que esta penumbra se prolongue
y 
		siga.
Que no llegue la sombra, que no arribe
la hora parda,
y 
		el agua me columpia; recién nazco,
es temprano, necesito
de la 
		gracia de un pétalo de tiempo,
del milagro de dar
mi voz exacta.

		Un rocío ya apenas, esta lluvia
se ha quedado fulgiendo
en las 
		corolas
amarillas y rojas de mi patio.
En cada gota  
		–yo te absuelvo– escucho,
de la espina y la herida
que 
		causaste.
Esta lluvia, el perdón, y mis rosales.
Emplumada de 
		gris, vuela la tarde.
11.

Lluvia

Lluvia, hoy no te siento.
Hoy no eres nada
mas que agua 
		vertical.
Apenas si te escucho
golpear el pavimento
y llamar 
		con tu clave 
		
sobre mi ventanal

Lluvia, hoy no eres nada
para mi 
		desaliento
nocturno y abismal.

		
Cuando era niña hallaba 
en tu canción un cuento,
y ya en mi 
		adolescencia 
		
me diste un madrigal.
Ahora, lluvia, tengo
tanta tristeza 
		adentro,
que no me dices nada,
sólo te oigo golpear.
12.

Mañana es siempre

Cómo quisiera despertar 
		cantando.
Pero amanezco, en cambio,
dolorida
de no haberme 
		quedado en ese espacio,
en ese tiempo de morir prestada. 
		
Una isla no inscrita
en ningún mapa,
una célula enferma de 
		ignorancia,
un asfixiado mundo en miniatura,
una avanzada 
		humanidad triunfante,
en clarines y hogueras
homicidas.
Tabla 
		sola, sin náufrago siquiera,
y luchando,
relincho hacia la costa,

		y animada no más por el recuerdo
de un aliento mordido a sus 
		astillas.
Cómo quisiera despertar cantando,
y me muero de sed y 
		hambre
de canto
mientras desborda la preñada aurora
en 
		promisorio bermellón de vinos,
y expandida,
hoguera en panes, 
		horneándose a lo alto.
Yo estoy abajo,
debajo de la historia,

		sepultada en antorchas apagadas
y estandartes marchitos.
Sumergida 
		en humores subterráneos
y en cenizas de huesos
de bandido,
soy 
		el ser que no fue, lo que no pudo,
la olvidada, desdeñada semilla,

		pero existo.
Dentro,
tengo un sauce inclinado que me llora.
Un 
		niño triste me llama, sin nombrarme.
Me doy cuenta,
me doy cuenta, 
		yo existo.

		Mañana espero despertar, cantando.

Versos y pensamientos de Matilde Alba Swann

4 citas
« Te esperé hasta recién; / estás de fiesta. »
Matilde Alba Swann · Apuntes para un reproche
« a la hora / del ánfora en la comba rupestre del estío, »
Matilde Alba Swann · Aventura mayor
« Quiero huir de tu / lástima, y tropiezo »
Matilde Alba Swann · Bajo
« Yo he de sentir en mi escollera / el miedo, »
Matilde Alba Swann · Canto a tu distancia
Biblioteca poética

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