Poesía Universal

Marosa di Giorgio

Biografía y amplia selección de poemas de Marosa di Giorgio. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Marosa di Giorgio. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Marosa di Giorgio

9 poemas seleccionados
1.

A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar...

A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar 
a la 
		alcoba, se me aparecían los ángeles.
Alguno, quedaba allí de pie, en 
		el aire, como un gallo
blanco -oh, su alarido-, como una llamarada de 
		azucenas
blancas como la nieve o color rosa.
A veces, por los 
		senderos de la huerta, algún ángel me
seguía casi rozándome; su 
		sonrisa y su traje, cotidianos; 
		
se parecía a algún pariente, a algún vecino (pero, aquel
plumaje 
		gris, siniestro, cayéndole por la espalda 
		
hasta los suelos...). Otros eran como mariposas negras 
pintadas 
		a la lámpara, a los techos, hasta que un día 
		
se daban vuelta y les ardía el envés del ala, el pelo, 
un número 
		increíble.
Otros eran diminutos como moscas y violetas e iban
todo 
		el día de aquí para allá y ésos no nos infundían miedo, 
		
hasta les dejábamos un vasito de miel en el altar.

De 
		"Historial de las violetas" 1965
2.

Anoche,

volvió, otra vez, La 
		Sombra; aunque ya habían pasado...


		Anoche, volvió, otra vez, La Sombra; aunque ya habían pasado
		
cien años, bien la reconocimos. Pasó el jardín violetas, 
el 
		dormitorio, la cocina; rodeó las dulceras, los platos blancos 
		
como huesos, las dulceras con olor a rosa.
Tomó al dormitorio, 
		interrumpió el amor, los abrazos; los que
que estaban despiertos, 
		quedaron con los ojos fijos; soñaban, 
		
igual la vieron. 
El espejo donde se miró o no se miró, cayó 
		trizado. Parecía 
		
que quería matar a alguno. Pero, salió al jardín. Giraba, cavaba,
		
en el mismo sitio, como si debajo estuviese enterrado un muerto. 

		La pobre vaca, que pastaba cerca de la violetas, se enloqueció, 
		
gemía como una mujer o como un lobo. Pero, La Sombra se fue 
		volando,
		
se fue hacia el sur. Volverá dentro de un siglo.

De "Los 
		papeles salvajes" 1971
3.

Árbol de magnolias...

Árbol de magnolias,
te conocí el día primero de mi infancia,
a lo 
		lejos te confundes con la abuela, de cerca, eres el aparador
de donde 
		ella sacaba el almíbar y las tazas.
De ti bajaron los ladrones;

		Melchor, Gaspar y Baltasar;
de ti bajaban los pastores y los gatos;

		los pastores, enamorados como gatos,
los gatos, serios como hombres, 
		con sus bigotes y sus ojos de enamorados
Esclava negra sosteniendo 
		criaturitas, inmóviles, nacaradas.
Virgen María de velo negro,
de 
		velo blanco, allá en el patio.
Eres la abuela, eres mamá, eres 
		Marosa, todo eres, con tu
eterna
juventud, tu vejez eterna,

		niña de Comunión, niña de novia,
niña de muerte.
De ti sacaban las 
		estrellas como tazas,
las tazas como estrellas.
Estuvo oculto en 
		tus ramos el Libro del Destino.
Te has quedado lejos, te has ido 
		lejos.
Pero, voy retrocediendo hacia ti,
voy avanzando hacia ti.

		Te veré en el cielo.
No puede ser la eternidad sin ti.

		
De "Los papeles salvajes" 1991
4.

Bajó una mariposa a un lugar oscuro...

Bajó una mariposa a un lugar oscuro; al parecer, de
hermosos colores; 
		no se distinguía bien. La niña más chica 
		
creyó que era una muñeca rarísima y la pidió; los otros 
niños 
		dijeron: -Bajo las alas hay un hombre.
Yo dije: -Sí, su cuerpo parece 
		un hombrecito. 
		
Pero, ellos aclararon que era un hombre de tamaño natural.
Me 
		arrodillé y vi. Era verdad lo que decían los niños. ¿Cómo
cabía un 
		hombre de tamaño normal bajo las alitas?
Llamamos a un vecino. Trajo 
		una pinza. Sacó las alas. Y un
hombre alto se irguió y se marchó.

		Y esto que parece casi increíble, luego fue pintado
prodigiosamente 
		en una caja.

		
De "La liebre de marzo"  1981
5.

De

súbito, estalló la guerra. Se 
		abrió como una bomba de azúcar... 
		
		

		
De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar 

		arriba de las calas. Primero, creíamos que era juego;
después, vimos 
		que la cosa era siniestra. El aire quedó
ligeramente envenenado. Se 
		desprendían los murciélagos
desde sus escondites, sus cuevas ocultas 
		caían a los platos,
como rosas, como ratones que volvieran del 
		infinito,
todavía, con las alas.
Por protegerlos de algún modo, 
		enumerábamos los seres y las cosas: 
		
"Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...".
Pero, 
		ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, tenía
calavera y 
		tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance 
		
de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó

		la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el 
		este, 
		
el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se 
		divorciaran. 
		
De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra, 

		arriba de las calas.

		
De "Los papeles salvajes" 1991
6.

Domingo a la tarde...

Domingo a la tarde, y voy 
		por el huerto sin recordar cómo salí y llegué hasta acá. El cielo es de 
		oro, deslumbrador, y de los naranjos caen frutas y flores.

		Trepo a uno, según mi costumbre antigua. Estoy un rato. Los pájaros 
		saltan de rama en rama. Desciendo. Subo. Tomo una fruta. 

		Al bajar, ya veo un cadáver. Vestido y tendido. Y más allá, otro. Y 
		otro. Por todos lados, aparecen. Vestidos y tendidos. 

		Y cada uno con el hígado destrozado o el corazón. Pero ¿quiénes son? 
		Acaso, no me percaté y hubo una rápida guerra?

		En puntas de pie, voy hacia la casa; desolada paso el jardín de 
		celedonias y “conejitos”. Adentro, no queda nadie. Voy a gritar; para 
		qué, si nadie oye. Algunas mariposas chocan en los vidrios.

		Sobre la mesa hay un álbum que no conocía; al entremirarlo, veo dibujada 
		la batalla, los cadáveres y las plantas. En blanco y negro. Y en 
		colores. La noche cae de súbito; las luces se encienden solas.

		Y aparecen más cadáveres entre las plantas.
7.

Ellos tenían siempre la cosecha más roja, la uva centelleante...

Ellos tenían siempre la cosecha más roja, la uva centelleante.
A 
		veces, al mediodía, cuando el sol embriaga -si no, nunca
nos 
		atreviéramos-, mi madre y yo, tomadas de la mano,
íbamos por los 
		senderos de la huerta, hasta pasar la línea
casi invisible, hasta la 
		vid de los monjes. La uva erguía 
		
bien alto su farol de granos; cada grano era como un rubí 
sin 
		facetas con una centella dentro. Ellos estaban aquí y allá 
		
con las sayas negras o rojas, y parecían escudriñar diminutas

		estampillas, grandes láminas, o meditar profundamente sobre
el Santo 
		de esos lugares. A nuestro rumor alguno dirigía
hasta nosotras la 
		mirada como una flecha de oro o de plata.
Y nosotras huíamos sin 
		volvernos, temblando bajo 
		
el inmenso sol.

De "Historial de las violetas" 1965
8.

Había nacido con zapatos. Rojos, finos, de taco alto...

Había nacido con zapatos. Rojos, finos, de taco alto, 
		
que fueron la desesperación de todos los que vivimos juntos 
en 
		aquel tiempo.
Y en la cara tenía varias dentaduras, y lentes celestes 
		como
el fuego.
Al pasar, por la tarde, parecía el ángel de la 
		devoración con
pie punzó.
Mas, en realidad, amó la luz solar. 
		Comía guindas, llevándose
una a cada boca.
Y sentía temor y amor 
		hacia el Maestro Tigre que llegaba 
		
en  la noche a buscar doncellas.
Y nunca la eligió.


		De "La 
		liebre de marzo"  1981
9.

La naturaleza de los sueños

Al alba bebía la leche, minuciosamente, bajo la mirada vigilante de mi 
		madre; pero, luego, ella apartaba un poco, 

		volvía a hilar la miel, a bordar a bordar, y yo huía hacia la inmensa 
		pradera, verde y gris.
A lo lejos, pasaban las gacelas con sus caras 
		de flor; parecían lirios con pies, algodoneros con alas. Pero, yo sólo 
		miraba 

		a las piedras, a los altos ídolos, que miraban a arriba, a un destino 
		aciago.
Y, qué podía hacer; tenderme allí, que mi madre no viese, que 
		me pasara, otra vez, aquello horrible y raro.

De "Los papeles 
		salvajes" 1991

Versos y pensamientos de Marosa di Giorgio

4 citas
« A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar / a la »
Marosa di Giorgio · A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar...
« Anoche, volvió, otra vez, La Sombra; aunque ya habían pasado / cien años, bien la reconocimos. Pasó el jardín violetas, »
Marosa di Giorgio · Anoche,
« Árbol de magnolias, / te conocí el día primero de mi infancia, »
Marosa di Giorgio · Árbol de magnolias...
« Bajó una mariposa a un lugar oscuro; al parecer, de / hermosos colores; »
Marosa di Giorgio · Bajó una mariposa a un lugar oscuro...
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