« Ahórrate el dolor, no tienes modo / de convencer al mundo de tu huida »
María Sanz · Ahórrate el dolor, no tienes modo...
Biografía y amplia selección de poemas de María Sanz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de María Sanz. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Ahórrate el dolor, no tienes modo de convencer al mundo de tu huida hacia aquellos placeres donde te desangraste. Los inviernos se siguen sin descanso, trazan la soledad de tantas horas como heridas, imponen sus manos en tus sienes tumefactas. Ahora no hay dulzor para más noches. Ese fin al que nunca renunciabas por mantener abierto tu desvelo, ya diluyó sus límites en un gozo transido, negándote el amor interminable después de la amargura. Los inviernos alivian el paisaje febril que te rodea, pero no es suficiente para alejar del mundo tu partida hacia el delirio donde agonizaste.
La cal de las paredes resbala por el aire. El azulejo enmarca peregrinos destellos. Todo está en calma ahora. Una extraña tiniebla envuelve los perfiles nocturnos. Cada instante que pasa, resucita convertido en recuerdo. Pero toca a su fin tanta dulzura cuando, al filo de alba, me desatas de ti calladamente.
Porque el destino mira siempre al frente, porque los cuatro puntos desleales de mi vida se pierden en un mapa cada vez más pequeño, yo diría, aprovechando que no me oye nadie, unas palabras, una frase, algo más que esos versos. Porque si el destino es una línea recta, si hay un norte orientado a las luces de poniente, yo quisiera decir o ser el eco, tan sólo el eco ya, de algún poema, aprovechando que no lee nadie en este libro abierto de mi vida.
Esto que escribo ahora es un minúsculo ensayo de mi vida, solamente un intento de llamar a las cosas por su nombre, a los días de luz por su tristeza. Esto que escribo ahora no tendría la menor importancia, si no fuese porque hay alguien que sigue siendo mi punto de partida, el punto que pongo en tantas íes como quedan en pie tras un amago de libertad con él, tras este intento de ensayarme en su ausencia de mi vida.
Intrépido muchacho aquél... Buscó mi templo entre cientos de islas para verme de cerca, por saber si era cierto que yo estaba desnuda entre unas míticas columnas cuyo blancor se alzaba sobre el índigo sereno de las olas. Bello muchacho aquél... Rozó mis piernas que ardían con el sol, tentó mi talle ceñido por la brisa, y en mis manos sus dorados cabellos se prendieron. Dulce muchacho aquél... Llegó a dormirse junto a mi pedestal, mas con el alba -siempre hay un alba-, regresó a su nave. Nunca se han explicado los arqueólogos estas huellas extrañas en mi cuerpo de mármol.
de la guadaña Una verdad me sigue por la calle. Casi roza su sombra con la mía. Oigo cómo se enreda entre las buganvillas, cómo gime implorando el abrazo de las tapias hasta caer inerte sobre el suelo. Dios mío, si es posible, pase de mí su rostro, este encuentro con ella a vida o muerte, la tristeza tan larga que me augura. La calle se hace ahora más estrecha, más húmeda y extraña. Continúan goteando su livor las buganvillas. Vuelvo la vista atrás. Allí está ella, erigida en el tiempo, modelada por caricias. La miro. Es sólo mi reverso.
propio ser Es la segunda vez. Como temblor de muerte, azul de despedida, sendero para un viento que destierra. Ausencia y abandono del propio ser. Locura sosegada moviendo sus océanos. Como ráfaga eterna, como alas de mármol, final para volver, ya sin principio. Es la segunda vez que nace el cuerpo.
Duro es sentirse humana a cada instante, cuando se cruzan límites amargos y hay que volver al punto de partida, verso tras verso, con las alas rotas. Y al ir hacia un paréntesis, te acuerdas de que tienes un cáliz esperándote, porque vivir es cosa de unos pocos y tú sólo conoces lo imposible.
En la morada de la luz escribo con una transparencia contenida, que me hace hueco, que me desenvuelve de tanta noche cruel y su amenaza. Voy de camino, siempre voy, a solas por las estancias donde iba antes de saber que ya no tengo regreso. En la morada de la luz, del cálido perfume que conforta mis poemas escribo hacia delante, como vivo.
Son seres grises, inequívocamente masculinos, que lo mismo me envían algún ramo de rosas con cuatro plenilunios de retraso, que intentan sorprenderme al llegar en su lata (léase coche) último modelo donde se sienten mágicos. Seres brillantes, portadores de un agua de colonia que anuncia su presencia con cuatro primaveras de adelanto; hombres al natural, de calle y riesgo, que buscan evadirse llevándome a cenar. Puedo ingerirlos antes de que caduquen, pero se me indigestan media hora después, y no merece la pena estropear esa velada. Madre Naturaleza, los pones a mi alcance, y agradezco tus sabias intenciones. Pero yo siempre he sido inequívocamente femenina, y declaro ante ti que cada vez es mayor la distancia que nos une.
Y llegará el verano. Yo sé que va a llegar, con su espejismo de nieve atravesando mis desiertos. Será un verano umbroso, con sol agonizante, cuyos rayos abrazarán la antigua figura de quien tuvo vientos para azotar múltiples alas, pero que se estremece al ver su tempestad a ras de tierra. Verano más cerca de la vida que del tiempo. ¿Habrá espigas que doren su llegada?
« Ahórrate el dolor, no tienes modo / de convencer al mundo de tu huida »
« La cal de las paredes / resbala por el aire. »
« Porque el destino mira siempre al frente, / porque los cuatro puntos »
« Esto que escribo ahora es un minúsculo / ensayo de mi vida, »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: